Mensaje 11
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Lectura bíblica: Jer. 7; Jer. 8; Jer. 9; Jer. 10
En este mensaje seguiremos considerando la adoración hipócrita de Israel ofrecida a Jehová.
El tabernáculo y el Arca habían estado alguna vez en Silo, un lugar que después fue derrotado y conquistado. En 7:12-14 Jehová dijo que Él hará a la casa que era llamada por Su nombre, como hizo a Silo.
Jehová echará a Israel de delante de Él, tal como echó a toda la descendencia de Efraín (v. 15).
Jehová hará del valle de Tofet el valle de la matanza para enterrarlos allí, y sus cadáveres servirán de comida para las aves del cielo y para las bestias de la tierra (vs. 32-33). Jehová hará que la voz de alegría y la voz de gozo cesen en las ciudades de Judá y en las calles de Jerusalén. Él hará que la tierra se convierta en desolación (v. 34). No habrá gozo, sino que toda la tierra se convertirá en desolación.
Los huesos de los reyes de Judá, de sus príncipes, de sus profetas y de los habitantes de Jerusalén serán sacados de sus sepulcros y esparcidos al sol, a la luna y a todo el ejército del cielo, a quienes Israel amó y sirvió, en pos de quienes anduvo, a quienes buscó y adoró. Estos huesos no serán recogidos ni enterrados, sino que serán dejados como estiércol sobre la faz de la tierra. Y escogerá la muerte antes que la vida todo el remanente que quede de esta familia malvada, en todos los lugares adonde los haya arrojado Jehová (8:1-3). ¡Qué cuadro tenemos aquí!
Este cuadro indica que Israel se había degradado a tal extremo que, con ellos, la revelación divina estaba en el ocaso. En realidad ellos ya estaban en tinieblas y no tenían ninguna luz.
En 8:10 Jehová dice que Él dará las mujeres de ellos a otros, y sus campos a quienes los han de poseer.
El versículo 16 procede a decir que desde Dan se puede oír el bufido de los caballos de los enemigos y que al sonido de los relinchos de sus corceles tiembla toda la tierra. Ellos vienen a devorar la tierra y su plenitud, la ciudad y los que moran en ella.
Jehová envía serpientes, áspides, sobre Israel para que los muerdan (v. 17).
Jehová los deja, y su Rey no está en ella (v. 19). Su siega pasó y terminó el verano, y el pueblo no fue salvo (v. 20). Su recobro no ocurrió (vs. 21-22).
Según 9:7, Jehová refinará a Israel y lo pondrá a prueba.
Jehová reducirá a Jerusalén a un montón de ruinas, a una morada de chacales. Él convertirá las ciudades de Judá en desolación donde no quede un solo habitante (v. 11).
Jehová alimentará a Israel con ajenjo y les dará a beber aguas envenenadas (8:14; 9:15). Sus alimentos serán amargos, y sus bebidas venenosas.
Jehová esparcirá a Israel entre las naciones y enviará la espada en pos de ellos hasta que los acabe (9:16).
Jeremías 9:19 habla de una voz de llanto que se oye procedente de Sion. La voz decía: “¡Cómo hemos sido destruidos! / ¡En gran manera hemos sido avergonzados!, / porque hemos abandonado la tierra / a causa de que han derribado nuestras moradas”.
La muerte ha subido por las ventanas de Israel. Entró en sus palacios para exterminar a los niños de las calles y a los jóvenes de las plazas. Los cadáveres de los hombres caerán como estiércol sobre la faz del campo y como manojo tras el segador, y no habrá quien los recoja (vs. 21-22).
“He aquí, vienen días, declara Jehová, en que castigaré a todo circuncidado que sigue siendo incircunciso” (v. 25). Israel había sido circuncidado físicamente, en sus cuerpos, pero no psicológicamente, en su ser interior.
Jehová hará que todo orfebre sea avergonzado por su ídolo y castigará su imagen fundida que es falsedad, pues tales imágenes son vanidad, obra de embuste (10:14-15).
Jehová arrojará con honda a los habitantes de Israel y los pondrá en angustia (v. 18). Él los arrojará como piedras.
Un gran alboroto vendrá de la tierra del norte (Babilonia) para convertir las ciudades de Judá en desolación, en morada de chacales (v. 22). Las naciones han devorado a Jacob y lo han consumido (v. 25).
Jehová intervino para corregir a Sus adoradores hipócritas, y Jeremías reaccionó a esta corrección de Israel por parte de Jehová. Podemos ver la reacción de Jeremías en ciertos pasajes de los capítulos 8, 9 y 10. Estos pasajes nos muestran que la reacción del profeta fue muy tierna, conmiserativa y compasiva.
Jeremías anhelaba que alguien lo consolase en su tristeza, y su corazón desfallecía dentro de él (8:18). Él podía oír la voz del clamor de la hija de su pueblo procedente de una tierra muy lejana. Él mismo estaba quebrantado por el quebrantamiento de la hija de su pueblo (vs. 19, 21). En el versículo 22 él dijo: “¿No hay bálsamo en Galaad? / ¿No hay allí médico? / ¿Por qué, entonces, no ha ocurrido / el recobro de la hija de mi pueblo?”. Aquí el profeta suspira con respecto al pueblo de Israel.
Al reaccionar ante la situación de Israel, Jeremías deseó que su cabeza fuese aguas y sus ojos fuentes de lágrimas, para poder llorar día y noche por los muertos de la hija de su pueblo (9:1). Después procedió a decir: “¡Oh quien me diera en el desierto albergue de caminantes, / para que dejara a mi pueblo y me apartara de ellos!, / porque todos ellos son adúlteros y asamblea de pérfidos” (v. 2). Jeremías se sintió disgustado con Israel y deseó vivir en el desierto apartado de ellos.
En 10:19-25 tenemos las palabras que el profeta dijo por el pueblo de Israel. En el versículo 19 Jeremías habla de su quebranto, su herida y su aflicción. En el versículo 21 él dice que los pastores, quienes son torpes, no han buscado a Jehová; por tanto, no han prosperado. Todo su ganado se ha dispersado. En los versículos 24 y 25 él se dirige a Jehová diciendo: “Corrígeme, oh Jehová, mas con medida; / no con Tu furor, no sea que me reduzcas a nada. / Derrama Tu ira sobre las naciones / que no te conocen, / y sobre las familias / que no invocan Tu nombre; / porque han devorado a Jacob, sí, lo han devorado y lo han consumido, / y han asolado su morada”.
En el capítulo 9 no solamente vemos la corrección que Jehová aplica a Israel, sus adoradores hipócritas, sino también Su sentir con respecto al sufrimiento de Israel bajo Su corrección.
Jehová dijo que levantaría llanto y plañido por los montes y lamentación por los pastos del desierto. Él haría esto debido a que ellos fueron quemados, de modo que ninguno pasa por allí ni se oye bramido de ganado. Tanto las aves del cielo como las bestias huyeron y se fueron (9:10). Luego Jehová dijo: “Reduciré a Jerusalén a un montón de ruinas, / a una morada de chacales, / y convertiré las ciudades de Judá / en desolación donde no quede un solo habitante” (v. 11). Esto indica que aun cuando Jehová castigaba a Israel, Él todavía era conmiserativo con ellos. Por un lado, Él castigaba a Israel; por otro, sentía conmiseración por Su pueblo castigado.
“Así dice Jehová de los ejércitos: / Considerad y llamad a las plañideras, que vengan; / enviad por las que son diestras, que vengan; / que se den prisa y levanten llanto por nosotros, / para que derramen lágrimas nuestros ojos / y destilen aguas nuestros párpados. / Porque de Sion fue oída / voz de llanto: / ¡Cómo hemos sido destruidos! / ¡En gran manera hemos sido avergonzados!, / porque hemos abandonado la tierra / a causa de que han derribado nuestras moradas” (vs. 17-19). Aquí Jehová propuso que las mujeres que plañen, las plañideras de oficio, vinieran y levantasen llanto “por nosotros”. El uso de nosotros y nuestros en estos versículos indica que Jehová se había unido a Su pueblo que sufría y era uno con ellos en sus sufrimientos. El Dios conmiserativo que los castigaba era también Aquel que estaba en medio de Su pueblo castigado. Él se unió a ellos y permaneció con ellos. A la postre, quienes plañían no lo hacían sólo por Israel, sino también por Jehová. Jehová mismo estaba llorando en conmiseración por Su pueblo. Él era como una madre que, mientras disciplina a su hijo, llora junto con él.
Lo escrito por Jeremías en estos capítulos es amplio. Él escribió sobre la hipocresía y corrupción de Israel, sobre la corrección de Jehová a Israel, sobre su propia reacción a esta corrección y sobre el sentir de Jehová con respecto al sufrimiento de Israel bajo Su corrección. Finalmente, dio algunas palabras de sabiduría al Israel extraviado y sufriente. Como último punto de este mensaje, consideraremos estas palabras de sabiduría.
Jeremías 9:23 y 24 dicen que el sabio no debe gloriarse en su sabiduría, que el poderoso no debe gloriarse en su poder y que el rico no debe gloriarse en sus riquezas; más bien, el que se gloríe debe gloriarse en tener perspicacia y conocer a Jehová, Aquel que ejerce benevolencia amorosa, derecho y justicia en la tierra y se deleita en estas cosas. Estas palabras de sabiduría acerca del gloriarse en el Señor son citadas por Pablo en 1 Corintios 1:31 y 2 Corintios 10:17.
En Jeremías 10:6 el profeta declara que no hay nadie como Jehová; Él es grande, y Su nombre es grande en poder. A continuación, en el versículo 7, dice: “¿Quién no te temerá, / oh Rey de las naciones? / Porque a Ti te corresponde el ser temido, / porque entre todos los sabios de las naciones / y en todos sus reinos, / no hay nadie como Tú”.
Jehová es el Dios verdadero. Él es el Dios vivo y el Rey eterno (v. 10).
Jehová es Aquel que hizo la tierra con Su poder, quien estableció el mundo con Su sabiduría. Con Su entendimiento, Él extendió los cielos (v. 12).
Finalmente, en el versículo 23, Jeremías declaró que él sabía que el hombre no es dueño de su camino. No es del hombre que camina el dirigir sus pasos.