Mensaje 13
Capítulos 12—20
(3)
Lectura bíblica: Job 16; Job 18
En este mensaje abarcaremos del capítulo 16 al 18.
Según 16:1-6, Job rechazó lo dicho por sus amigos. Aunque sus amigos vinieron a él con el propósito de consolarlo, él los calificó de “consoladores molestos” y les dijo que sus palabras eran “palabras vacías”. Él les pregunta: “¿O qué te provoca para que así respondas?” (v. 3b). La respuesta es que ellos fueron provocados por el árbol del conocimiento del bien y del mal. En los versículos 4 y 5 Job continuó diciendo: “También yo podría hablar como vosotros, / si vuestra alma estuviera en lugar de la mía; / yo podría hilvanar contra vosotros mis palabras / y ante vosotros menear mi cabeza. / Podría fortaleceros con mi boca, / y el movimiento de mis labios aliviaría vuestro dolor”. Job comprendió que las palabras dichas por sus amigos eran vanidad y, por ello, las rechazó.
Job deseaba que Dios defendiera su causa en la penosa situación suscitada por Dios (16:7—17:16).
Job se quejó de que Dios lo había fatigado y había asolado toda su compañía, a pesar de no haber violencia en sus manos y de haber sido pura su oración (16:7-17). Job llegó a decir que Dios lo había despedazado, que lo había entregado a los injustos y lo había dejado caer en manos de los impíos, que lo había desmenuzado, que lo había arrebatado por la cerviz para despedazarlo y que lo había puesto por blanco Suyo. Por tanto, el rostro de Job estaba enrojecido de tanto llorar, y había sombra de muerte sobre sus párpados.
Job clamó pidiendo a la tierra que no cubra su sangre ni detenga su clamor (v. 18). Después, él dijo: “Incluso ahora, allí en los cielos está mi Testigo, / y Aquel que atestigua a mi favor está en las alturas. / Mis amigos se burlan de mí; / ante Dios corren las lágrimas de mis ojos, / para que Él defienda la causa de un hombre ante Dios / y la de un hijo de hombre ante su prójimo” (vs. 19-21). Aquí vemos que Job no liberaría a Dios, no habría de dejar ir a Dios; más bien, Job expresó su deseo de que Dios mismo defendiera su causa. La manera en que Job contiende aquí indica que él esperaba que le fuera concedido un tiempo para rogar ante Dios respecto a su caso.
Job dijo que su espíritu estaba quebrantado, que sus días se habían extinguido y que estaba preparado su sepulcro (17:1). Job continuó diciendo que sus escarnecedores lo provocaban, aunque él era recto, justo y se mantenía aun con más fuerza en su camino (vs. 2-16). En el versículo 9 Job declaró: “No obstante, se mantendrá el justo en su camino, / y el limpio de manos aumentará su fuerza”. Aquí Job estaba diciendo que él era un hombre justo que se mantenía en su camino.
En el capítulo 18 tenemos la reprensión y la advertencia hechas por Bildad.
Al reprender a Job (vs. 1-4), Bildad le pregunta hasta cuándo andaría rebuscando palabras. Después, Bildad le pregunta a Job: “¿Por qué somos tenidos por bestias, / y a vuestros ojos somos inmundos?” (v. 3). Esto indica que Job pensaba que sus amigos eran semejantes a bestias. Bildad continúa preguntándole a Job si la tierra sería abandonada por causa suya.
El resto del capítulo 18 consiste en la advertencia hecha por Bildad que Job podría tener el fin miserable de los impíos. Bildad declaró: “Ciertamente la luz de los malvados se apaga, / y no resplandece la llama de su fuego. / La luz en su tienda se oscurece, / y se apaga sobre él su lámpara” (vs. 5-6). Con respecto a los impíos, Bildad sigue diciendo que a tal persona de todas partes lo estremecen los temores, sus fuerzas se desgastan por el hambre, a su lado está preparada la calamidad, es arrancado de su tienda, azufre es esparcido sobre su morada, su recuerdo perece de la tierra, de la luz es lanzado a las tinieblas, es echado fuera del mundo y no tiene posteridad ni prole en su pueblo. Luego, Bildad concluye diciendo: “Ciertamente tales son las moradas del injusto, / y éste es el lugar del que no conoce a Dios” (v. 21). Bildad trató de aconsejar a Job, pero sus palabras fueron un desperdicio. Su lógica y su advertencia estaban basadas en el principio del bien y del mal.