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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Joel»
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Mensaje 7

LA HISTORIA DE DIOS CON EL HOMBRE Y LA HISTORIA DE DIOS EN EL HOMBRE

  Lectura bíblica: Jl. 1:4; 2:28-29; 3:11-21

  La Biblia es un libro maravilloso. Debido a que la Biblia es maravillosa, ella es misteriosa. Aunque un gran número de personas ha leído y continúa leyendo la Biblia, son pocos los que saben de qué trata la Biblia. La Biblia tiene mucho que decir acerca de Dios, de Cristo, de Israel y de muchas otras cosas, pero ¿de qué trata la Biblia? Para responder a esta pregunta, es necesario que estudiemos los Profetas Menores.

LOS PROFETAS MENORES: UNA CLAVE PARA ENTENDER LA BIBLIA

  Los Profetas Menores son una clave para entender la Biblia. En nuestro estudio de los Profetas Menores hemos recalcado cuatro asuntos: la disciplina que Dios aplica a Israel, el castigo de Dios sobre las naciones, la manifestación de Cristo y la restauración de todas las cosas. Mediante la disciplina que Dios aplica a Israel y Su castigo sobre las naciones se produce la manifestación de Cristo, y la manifestación de Cristo trae consigo la restauración. La restauración no solamente incluirá a Israel, sino también a todo el linaje humano, a la tierra y al universo entero. El cielo nuevo y la tierra nueva con la Nueva Jerusalén será la restauración eterna de todas las cosas. Estos cuatro asuntos son revelados en la Biblia, en particular en los Profetas Menores.

LA BIBLIA ES LA HISTORIA DE DIOS EN DOS PARTES

  La Biblia puede ser considerada la historia de Dios. Si nosotros, los seres humanos, tenemos una historia, no sólo como linaje humano sino aun como individuos, entonces con mayor razón la persona única, universal y maravillosa de Dios también debe tener una historia. ¿Dónde encontramos la historia de Dios? La historia de Dios, la historia divina, está relatada en la Biblia.

  La historia de Dios consta de dos partes: la historia de Dios con el hombre, hallada en el Antiguo Testamento, y la historia de Dios en el hombre, hallada en el Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, la historia de Dios era la historia con el hombre. En el Nuevo Testamento, la historia de Dios es la historia en el hombre, pues esta historia incluye el hecho de que Dios es uno con el hombre. Por tanto, la historia de Dios en el Nuevo Testamento es la historia divina en la humanidad.

La historia de Dios con el hombre

  Dios creó al hombre conforme a Sí mismo, esto es, a Su imagen y conforme a Su semejanza (Gn. 1:26-27). Podríamos decir que el hombre creado a imagen de Dios era la “fotografía” de Dios. Del mismo modo en que la fotografía de una persona nos muestra algo con respecto a la persona misma hasta cierto grado, así también el hombre creado por Dios como una fotografía de Dios puede mostrar a Dios únicamente en grado limitado. Después de crear al hombre, Dios estaba con el hombre, pero Él todavía estaba fuera del hombre. Por tanto, en el Antiguo Testamento no vemos a Dios en el hombre ni uno con el hombre, sino simplemente con el hombre. En Génesis, Éxodo, Salmos y en todo el Antiguo Testamento, Dios estaba con el hombre, pero todavía no estaba en el hombre y todavía no era uno con el hombre.

  El Antiguo Testamento no habla principalmente con respecto al hombre; más bien, habla principalmente con respecto a Dios. Dios cumple el papel principal, y el hombre cumple un papel subordinado. La historia en el Antiguo Testamento es, por tanto, la historia de Dios, la historia de Dios con el hombre.

La historia de Dios en el hombre

  La historia de Dios en el Nuevo Testamento es muy diferente. Comenzando con el primer capítulo de Mateo y continuando hasta el último capítulo de Apocalipsis, vemos que Dios entra en el hombre y es uno con el hombre. El Nuevo Testamento revela que Dios está ahora en el hombre y es uno con el hombre. Por tanto, la historia de Dios en el Nuevo Testamento es la historia de Dios en el hombre.

La encarnación logra dos cosas

Introduce a Dios en el hombre

  Con respecto a la historia de Dios en el hombre, la encarnación de Cristo logró dos cosas. Primero, la encarnación introdujo a Dios en el hombre. Antes de la encarnación, como revela el Antiguo Testamento, Dios meramente estaba con el hombre; Él estaba fuera del hombre. Pero, mediante la encarnación, Dios entró en el hombre y desde entonces la historia de Dios ha sido diferente. Mientras que en el pasado Dios estaba con el hombre y Su historia era la historia de Él con el hombre, ahora Dios está en el hombre y Su historia comenzó a ser la historia de Dios en el hombre.

Hace que Dios sea uno con el hombre

  Segundo, la encarnación hizo que Dios fuese uno con el hombre. Como resultado de la encarnación, hay una maravillosa persona: una persona que es la mezcla de Dios con el hombre. Esta persona, Jesús, no es solamente Dios, y Él no es meramente un hombre. Él es el Dios completo y el hombre perfecto; más aún, Él no solamente es Dios en el hombre: Él es Dios mezclado con el hombre.

  Con base en esto podemos ver que la encarnación fue un evento sin precedentes. Antes de la encarnación no existía tal persona, una persona que fuese tanto Dios como hombre. Pero ahora, como resultado de la encarnación, existe una persona maravillosa que es la mezcla de Dios con el hombre.

Estamos involucrados con el Dios-hombre

  Como creyentes, todos hemos pasado a estar involucrados con esta maravillosa persona, quien es Dios y hombre. Un versículo que nos habla de esto es Apocalipsis 22:17a, que dice: “El Espíritu y la novia dicen: Ven”. El Espíritu es el Dios Triuno consumado, y la novia es el hombre tripartito transformado. Como este versículo revela, estos dos, el Espíritu y la novia, se casarán, uniéndose para llegar a ser una sola entidad, una persona corporativa. Ésta es una clara indicación de que, en el Nuevo Testamento, Dios está en el hombre y es uno con el hombre. La Nueva Jerusalén es una señal maravillosa que muestra cómo Dios está en el hombre y es uno con el hombre.

EL HOMBRE NO TOMA EL CAMINO DE DIOS

  La historia de Dios con el hombre y de Dios en el hombre no es asunto sencillo. Dios estaba con el hombre con la intención de entrar en el hombre y ser uno con el hombre. El hombre fue creado por Dios para este propósito. Pero aunque Dios tenía tal propósito al crear al hombre, el hombre tiene otro propósito sutil, y estos dos propósitos no concuerdan entre sí. Dios tiene Su camino, y el hombre tiene su camino. Debido a esto, incluso cuando el hombre coopera con Dios, no lo hace siguiendo el camino de Dios, sino que lo hace siguiendo su propio camino. Por tanto, hay dos líneas: la línea de Dios y la línea del hombre. Dios desea entrar en el hombre y ser uno con el hombre; sin embargo, el hombre no toma el camino de Dios, sino que insiste en tomar su propio camino. Esta insistencia ha causado, y continúa causando, un gran fracaso. Como resultado de ello, a los ojos de Dios el hombre se ha vuelto pecaminoso, corrupto y abominable.

DIOS INTERVIENE PARA DISCIPLINAR A SU PUEBLO ESCOGIDO Y PARA CASTIGAR A LAS NACIONES

  Debido a que el hombre, incluyendo a Israel, ha tomado su propio camino y se ha vuelto pecaminoso y corrupto, Dios interviene para disciplinar a Israel, Su pueblo elegido, y para castigar a las naciones. Cuando Dios disciplina a Israel, no tiene la intención de destruirlo completamente. Por un lado, Dios disciplina a Israel; por otro, Él ha prometido no destruirlo completamente.

  A fin de disciplinar a Israel, Dios necesita una “vara”, un medio para aplicar la disciplina, y esta vara es las naciones. En Joel 1:4 las naciones son comparadas a langostas en cuatro etapas: la langosta que corta (el Imperio babilónico), la langosta que pulula (el Imperio medo-persa), la langosta que lame (el Imperio greco-macedónico) y la langosta que consume (el Imperio romano). De estas cuatro clases de langostas —babilónica, persa, griega y romana—, hoy todavía están con nosotros las langostas romanas.

  Aunque Dios permite que las langostas corten, pululen, laman y consuman, Él no les permite destruir del todo a Su pueblo. Siempre que las langostas se han excedido, actuando sin consideración alguna por la justicia, Dios ha intervenido para castigarlas. Si bien Dios usa a las naciones para disciplinar a Israel, Él también castiga a las naciones por haberse excedido.

LA DISCIPLINA QUE DIOS APLICA A ISRAEL Y SU CASTIGO SOBRE LAS NACIONES PERMITE QUE CRISTO SEA MANIFESTADO PARA LA RESTAURACIÓN DEL UNIVERSO CAÍDO

  La disciplina que Dios aplica a Israel y Su castigo sobre las naciones ha permitido que Cristo sea manifestado. Por tanto, los Profetas Menores no solamente nos hablan de la disciplina aplicada a Israel y del castigo infligido a las naciones, sino también del resultado de tal disciplina y castigo: la manifestación de Cristo.

  La manifestación de Cristo tiene una meta, y esta meta es restaurar el universo caído. La caída del universo fue causada por dos rebeliones. La primera rebelión fue la rebelión de Satanás y de los ángeles que le siguieron; la segunda fue la rebelión del hombre. Estas dos rebeliones —la angélica y la humana— han profanado y contaminado el universo, de modo que el universo que fue creado por Dios requiere de restauración.

  Esta restauración puede ser traída únicamente mediante la manifestación de Cristo. La manifestación de Cristo implica Su encarnación, Su redención y muchos otros asuntos. La manifestación de Cristo ha venido ocurriendo por un largo período de tiempo y continuará hasta que el universo caído haya sido plenamente restaurado. A la postre, en la consumación de la restauración, habrá el cielo nuevo y la tierra nueva que tendrán como centro la Nueva Jerusalén. En la Nueva Jerusalén todos disfrutaremos de Cristo y expresaremos a Cristo por la eternidad. Ésta es la historia de Dios con el hombre y en el hombre revelada en la Biblia.

LA LECCIÓN PARA NOSOTROS HOY

Nuestro fracaso

  La historia de Dios en la Biblia provee una lección para nosotros hoy. Dios nos creó con la intención de ganarnos a fin de que Él pudiera entrar en nosotros y ser uno con nosotros. Sin embargo, a nosotros no nos importa Dios o nos importa Dios pero según nuestro propio camino. El resultado es siempre un fracaso total. Pablo confesó su fracaso cuando exclamó: “¡Miserable de mí!” (Ro. 7:24a).

Necesitamos recibir la disciplina de Dios

  Debido a que somos un fracaso y a que nos encontramos en una situación deplorable, terrible y miserable, necesitamos recibir la disciplina de Dios. Por esta razón, nuestra vida humana como cristianos es una vida de ser disciplinados mediante los sufrimientos causados por diversas clases de “langostas”. Nuestro esposo o esposa, nuestros niños, nuestro trabajo, nuestro deseo por una mejor educación, nuestros intentos por ganar más dinero: todas estas cosas son langostas que nos cortan, que pululan sobre nosotros, que nos lamen y que nos consumen. Estas “langostas” hacen que nuestra vida sea una vida de sufrimiento y que nuestros días sean días en que experimentamos la disciplina de Dios. La meta, el propósito, de esta disciplina es que Cristo sea manifestado en nosotros para la restauración del universo. Finalmente, la manifestación de Cristo que es resultado del sufrimiento y la disciplina alcanzarán su consumación en la restauración del universo entero.

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