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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Jueces»
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Mensaje 7

LA DEPLORABLE HISTORIA DE CÓMO ISRAEL ABANDONA A DIOS

Capítulos 2—16

(5)

EL SEXTO CICLO DE LA DEPLORABLE HISTORIA DE ISRAEL

  Lectura bíblica: Jue. 10:6-18; Jue. 11; Jue. 12:1-15

  Tengo la carga de hablar más con respecto a abandonar a Dios y unirse a Satanás. Este tema se halla plenamente revelado y presentado en las Escrituras. El primer hombre fue envenenado por esto, y la primera familia fue devastada por esto. Desde los tiempos correspondientes a Génesis 3, el hombre ha venido abandonando a Dios y uniéndose a Satanás al tomar muchas cosas como reemplazos de Dios. En sus catorce epístolas, Pablo ministró el Cristo todo inclusivo y universalmente extenso, pero también lidió con todo aquello que reemplazaba a Cristo.

  El libro de Jueces nos muestra cuánto se había degradado y corrompido Israel. Es difícil de imaginar que los hijos de Israel —quienes tenían la ley de Dios y habían sido escogidos, enseñados, adiestrados y disciplinados por Dios— pudiesen caer en tal podredumbre. Su degradación comenzó cuando ellos abandonaron a Dios y empezaron a adorar ídolos, y tuvo como resultado que ellos dieran rienda suelta a su concupiscencia carnal y que se destruyeran a sí mismos desenfrenadamente. Sansón, el último de los jueces mencionados en este libro, era una persona muy poderosa, pero el factor determinante de su fracaso fue que dio rienda suelta a sus concupiscencias sexuales. Al final del libro de Jueces encontramos el relato de una matanza desenfrenada, en la cual toda la tribu de Benjamín estuvo a punto de ser extinguida por Israel. El factor que ocasionó tal degradación fue que ellos habían abandonado completamente a Dios y se habían vuelto a los ídolos. Aquí vemos que la idolatría está estrechamente vinculada a la fornicación y al homicidio. Si alguno se vuelve idólatra, será una persona que dará rienda suelta a sus concupiscencias sexuales y que estará llena de odio hacia los demás.

  He servido al Señor por cerca de sesenta y un años y he meditado mucho sobre estos asuntos. Me he percatado de que todos los pecados, todas las maldades, todas las iniquidades, tienen su origen en una sola cosa: abandonar a Dios y unirse a algo que se convierte en un reemplazo de Dios. Esto se aplica incluso a asuntos pequeños. Por ejemplo, la manera en que una hermana se peina, puede ser un ídolo. Si una hermana presta excesiva atención a su cabello, dándole excesivo honor, tal clase de honor es una adoración. Tal hermana quizás no tenga tiempo en las mañanas para pasar diez minutos a solas con el Señor, pero ciertamente tiene mucho tiempo para peinar su cabello. Quizás sea necesario que las hermanas consulten al Señor al respecto, diciéndole: “Señor, la manera en que me peino, ¿se ha convertido en algo que te reemplaza?”. Si una hermana consulta con el Señor de esta manera, el Señor le responderá, su conciencia le responderá y su intuición en su espíritu también le responderá.

  En años recientes, algunos se han apartado de nosotros y han formados divisiones. Tal parece que los líderes entre ellos se dedican íntegramente a viajar de un lugar a otro a fin de crear y fortalecer tales divisiones. La división se ha convertido en lo que motiva y da energías a esas personas. La meta de sus actividades consiste en apartar a los santos del disfrute del ministerio neotestamentario. Ellos tienen la intención de envenenar a los santos a fin de traerles muerte, enfriarlos y sembrar en ellos dudas con respecto al recobro del Señor. El principal factor con tales personas es que ellos han dejado la iglesia y se han unido al “demonio” de la división.

  He publicado un libro titulado The Fermentation of the Present Rebellion [La fermentación de la presente rebelión], donde se presenta toda la historia plenamente documentada. Ese libro concluye diciendo que es necesario que “rechacemos toda clase de división (1 Co. 1:10), resistamos todo viento de enseñanza y la propagación de muerte espiritual (Ef. 4:14; 2 Ti. 2:16-17) y nos separemos de los que contagien tales cosas, esto es: ponerlos en cuarentena” (Tit. 3:10; Ro. 16:17). Sin embargo, algunos no han estado de acuerdo en poner a tales personas en cuarentena y han optado por la división. Ellos han sido engañados a tal extremo que la división se ha convertido en un ídolo para ellos.

  En nuestra vida espiritual, aun tomar algo pequeño, tal como peinarnos de cierta manera o comprar ciertas cosas, puede equivaler a tomar otro marido. Hasta cierto punto, esto es abandonar a Cristo. Incluso al aferrarnos a cierto pensamiento, prefiriendo esto o aquello, tal preferencia puede convertirse en un ídolo. Quizás ustedes digan que todavía están con el Señor, pero es posible que estén con el Señor de una manera general; pero en términos particulares, en ciertos asuntos específicos, es probable que ustedes no estén con el Señor.

  El Espíritu de Dios mora en nosotros y nos habla todo el tiempo. A veces quisiera decirle algo a mi esposa, incluso algo espiritual, pero hay alguien en mí que me dice: “No hables”. Si yo optara por mi preferencia al hablar, ello equivaldría a hacer de tal cosa un ídolo y me haría caer en el caos. Pero obedecer el hablar interior equivale a asirnos de nuestro único Señor, único Amo, única Cabeza y único Marido.

  Volvamos ahora a Jueces 10:6—12:15 y consideremos el sexto ciclo de la deplorable historia de Israel.

VI. EL SEXTO CICLO

A. Israel vuelve a hacer lo malo ante los ojos de Jehová

  Israel volvió a hacer lo malo ante los ojos de Jehová. Ellos sirvieron a los Baales, a las Astartes, a los dioses de Aram, a los dioses de Sidón, a los dioses de Moab, a los dioses de los hijos de Amón y a los dioses de los filisteos, y abandonaron a Jehová y no le sirvieron (10:6).

B. La ira de Jehová se enciende contra Israel

  La ira de Jehová se encendió contra Israel, y Jehová los vendió en manos de los filisteos y en manos de los hijos de Amón, quienes los oprimieron por dieciocho años. Los hijos de Israel se angustiaron en gran manera (vs. 7-9).

C. Israel clama a Jehová

  Los hijos de Israel clamaron a Jehová, diciendo: “Nosotros hemos pecado contra Ti, porque hemos abandonado a nuestro Dios, y servido a los Baales” (v. 10). Entonces, ellos oraron pidiendo liberación y se volvieron a Jehová (vs. 15-16a).

D. Jehová reprende a Israel

  Los versículos del 11 al 14 relatan la reprensión de Jehová a Israel. En primer lugar, Él les preguntó si no había sido Él quien los había salvado de los egipcios, de los amorreos, de los hijos de Amón y de los filisteos. También les recordó que Él los había salvado cuando ellos eran oprimidos por los sidonios, Amalec y Maón. Después, les dijo: “Mas vosotros me habéis abandonado y habéis servido a otros dioses; por tanto, Yo no os salvaré más. Andad y clamad a los dioses que os habéis escogido; que os salven ellos en el tiempo de vuestra angustia” (vs. 13-14).

E. Jehová no puede soportar más la aflicción de Israel

  El versículo 16b nos dice que Jehová no pudo soportar más la aflicción de Israel.

F. El asedio de los amonitas, y la necesidad de uno que fuese cabeza de Israel para tomar la delantera en la lucha contra los hijos de Amón

  Los versículos del 17 al 18 hablan sobre el asedio de los amonitas y sobre la necesidad de uno que fuese cabeza de Israel para tomar la delantera en la lucha contra los hijos de Amón. Los príncipes de Galaad se dijeron cada uno a su compañero: “¿Quién es el varón que comenzará la batalla contra los hijos de Amón? Él será cabeza sobre todos los habitantes de Galaad” (v. 18).

G. El surgimiento de Jefté

  Jueces 11:1-11 relata el surgimiento de Jefté, un hombre fuerte de Galaad, hijo de una ramera. Él había sido rechazado por sus hermanastros, pero fue recibido por hombres indignos (vs. 2-3). A la postre, los ancianos de Galaad le pidieron que fuese cabeza y jefe de los habitantes de Galaad a fin de combatir contra los amonitas (vs. 4-11).

H. Las negociaciones de Jefté con el rey de los amonitas

  Jefté negoció con el rey de los amonitas. Él basó su negociación en el hecho de que durante trescientos años de historia, jamás los hijos de Amón habían tenido motivo de combatir contra Israel (vs. 12-27). Sin embargo, el rey de los amonitas no quiso escuchar las palabras de Jefté (v. 28).

I. El Espíritu de Jehová viene sobre Jefté, y Jehová entrega en sus manos a los amonitas

  El Espíritu de Jehová vino sobre Jefté, y Jehová entregó en sus manos a los amonitas (vs. 29-32).

J. Jefté derrota a los amonitas

  Jefté derrotó a los amonitas y tomó sus veinte ciudades. Por tanto, los amonitas fueron sometidos delante de los hijos de Israel (v. 33).

K. Jefté hace voto a Jehová

  Los versículos 30 y 31 hablan del voto que Jefté hizo a Jehová. Según los versículos del 34 al 40, la hija de Jefté cumplió dicho voto al mantenerse virgen durante toda su vida.

L. Los hombres de Efraín disputan con Jefté, y Jefté combate contra ellos

  En 12:1-6 vemos que los hombres de Efraín disputaron con Jefté, y él combatió contra ellos.

M. Jefté juzga a Israel por seis años

  Jefté juzgó a Israel por seis años; luego, Jefté murió y fue sepultado en una de las ciudades de Galaad. Después de él, Ibzán, que tenía treinta hijos y treinta hijas, juzgó a Israel por siete años (vs. 7-9). Ibzán murió y fue sepultado en Belén. Después, Elón, el zabulonita, juzgó a Israel por diez años; a éste le siguió Abdón, hijo de Hilel, el piratonita, quien tenía cuarenta hijos y treinta nietos, el cual juzgó a Israel por ocho años. En total, estos jueces juzgaron a Israel por treinta y un años (vs. 10-15).

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