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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Mateo»
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Mensaje 4

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY

(4)

  Ahora llegamos a la última parte de la genealogía de Cristo según Mateo. En el mensaje anterior dije que esta parte de la Palabra no es leche ni carne, sino hueso. Todos los puntos de este mensaje nos ayudarán a penetrar en el hueso para ver lo que contiene.

R. El rey David engendra a Salomón

  Mateo 1:6 dice: “David engendró a Salomón”. Comparemos esta declaración con lo narrado en Lucas: “Natán, hijo de David” (Lc. 3:31). También Natán era hijo de David. La genealogía de Mateo dice que el hijo de David era Salomón, y la genealogía presentada en Lucas dice que el hijo de David era Natán. Al leer 1 Crónicas 3:1 y 5, vemos que éstas son dos personas diferentes. Lo narrado en Lucas es la genealogía de Natán, hijo de David y antepasado de María, mientras que lo relatado en Mateo es la genealogía de Salomón, hijo de David y el antepasado de José. Una genealogía es del linaje de María, el de la esposa; la otra es del linaje de José, la del marido. María y José eran descendientes de David, pero de dos familias distintas que procedieron del mismo abuelo. Una familia es la de Salomón; la otra es la de Natán. Bajo la soberanía de Dios, María y José, descendientes de las dos familias, se casaron y produjeron a Cristo. Se puede considerar a Cristo como descendiente de David mediante Salomón así como Natán. Esta es la razón por la cual El tiene dos genealogías.

  El parentesco que Salomón tiene con Cristo no es directo. Hablando con propiedad, Salomón no era un antepasado directo de Cristo. Fue emparentado con Cristo indirectamente mediante el matrimonio de José, su descendiente, y María, los cuales juntos produjeron a Cristo (Mt. 1:16).

  El Antiguo Testamento no dijo que Cristo sería el descendiente de Salomón, pero de hecho profetizó repetidas veces que Cristo sería el descendiente de David (2 S. 7:13-14, 16; Jer. 23:5). Aunque Cristo no es un descendiente directo de Salomón, fueron cumplidas las profecías del Antiguo Testamento que hablaron de El.

S. Rehoboam

  Ahora continuamos con Rehoboam, hijo de Salomón (Mt. 1:7). En Rehoboam, el reino de David fue dividido (1 R. 11:9-12; 12:1-17). De las doce tribus, una fue preservada por amor a David (1 R. 11:13), es decir, por Cristo. El reino que pertenecía a la casa de David lo necesitaba Cristo porque El tenía que nacer como heredero del trono de David. Si todo el reino se hubiera disuelto, nada habría quedado para que Cristo naciese como heredero real de David. Por lo tanto, Dios preservó a una de las tribus por amor a David. Aparentemente era preservada para David; en realidad era guardada para Cristo.

  Dos partes surgieron de la división del reino de David: la parte al norte, llamada el reino de Israel, y la parte al sur, llamada el reino de Judá. La parte al norte fue llamada el reino de Israel, el cual es un nombre universal, porque se componía de las diez tribus de Israel; la parte al sur fue llamada el reino de Judá, un nombre local, porque se componía de dos tribus, la de Judá y la de Benjamín. En cuanto a usted se refiere, ¿cuál título conlleva el mejor significado? ¿el reino de Israel o el reino de Judá? Sin lugar a dudas yo sería partidario del reino de Israel, pues es algo universal, algo para la mayoría. Nunca preferiría a Judá, porque es muy local, muy estrecho. Sin embargo, aunque el reino de Israel era más universal que el de Judá, no está incluido ni siquiera un nombre de los reyes de Israel en la genealogía de Cristo. Eran universales, pero quedaron excluidos de la genealogía de Cristo. Fueron excluidos porque no estaban relacionados con Cristo.

  Este cuadro, tal como todos los otros puntos que vemos en el Antiguo Testamento, fue presentado para que aprendiéramos, y tipifica lo que ocurre en la edad neotestamentaria. En la actualidad vemos lo mismo. Según el principio, al comienzo la iglesia era una. Pero después de cierto tiempo, la iglesia se dividió, no en dos partes, sino tal vez en más de dos mil partes. Es posible que algunos digan: “¿No eran los del reino de Israel considerados el pueblo de Dios?” Indudablemente. Eran parte del pueblo de Dios pero quedaron fuera del linaje de Cristo. ¿Qué quiere decir esto? Estar fuera del linaje de Cristo significa que, aunque usted pertenece al pueblo de Dios, no está dedicado por completo a Cristo. Tiene interés en algo aparte de Cristo. Consideremos la situación actual. Todos somos verdaderos cristianos, el pueblo de Dios. Sin embargo, ¿todo nuestro ser está dedicado a Cristo de manera exclusiva, pura y plena? ¿o tenemos intereses adicionales? Si usted tiene otro interés aparte de Cristo, entonces está fuera del linaje de Cristo. Por esto, ninguno de los reyes del reino del norte, el reino más grande y universal, está incluido en la genealogía de Cristo.

T. Joram engendra a Uzías

  Mateo 1:8 dice: “Joram engendró a Uzías”. Comparemos este relato con 1 Crónicas 3:11 y 12, donde dice: “...de quien fue hijo Joram, cuyo hijo fue Ocozías, hijo del cual fue Joás, del cual fue hijo Amasías cuyo hijo fue Azarías” (quien es Uzías; véase 2 R. 15:1, 13). Mateo omitió tres generaciones mencionadas en 1 Crónicas: Ocozías, Joás y Amasías.

  Esto debe de ser el resultado de que Joram se hubiera casado con la hija de Acab y Jezabel, un matrimonio maligno que corrompió a sus descendientes (2 Cr. 21:5-6; 22:1-4). Acab era el rey del reino del norte, y su esposa, Jezabel, era una mala mujer que estaba estrechamente relacionada con los ídolos. Ella era uno con el diablo; como consecuencia, corrompió a su marido. Ellos engendraron una hija, y Joram, uno de los reyes de Judá, se casó con ella. Esta mujer enseñó a Joram a adorar a los ídolos y a entrar en unión con ellos. De este modo su familia se corrompió. Según Exodo 20:5, tres generaciones de los descendientes de Joram fueron cortadas del linaje de Cristo. Exodo 20:5 dice que todo el que abandone a Dios y se incline a los ídolos se corrompe y sufrirá la maldición de Dios hasta la tercera y cuarta generación. Por lo tanto, tres generaciones del rey Joram fueron cortadas de la genealogía de Cristo. De esto debemos aprender. Si queremos asociarnos con Cristo, nunca debemos involucrarnos en lo relacionado con los ídolos. Dios es celoso y nunca tolerará la idolatría.

U. Josías engendra a Jeconías

  Mateo 1:11 dice: “Josías engendró a Jeconías”. Comparemos este relato con “los hijos de Josías ... el segundo Joacim ... Jeconías su hijo” (1 Cr. 3:15-16). Una generación —Joacim— fue omitida en la genealogía de Cristo. Esto indudablemente se debía a que Joacim fuese hecho rey por el faraón de Egipto, para que recaudara impuestos para él (2 R. 23:34-35). Por estar íntimamente relacionado con Egipto, fue excluido de la genealogía de Cristo. Egipto representa el mundo. Con estos dos relatos podemos ver que todo el que se relacione con los ídolos o se asocie con el mundo será excluido de la genealogía de Cristo.

V. Los cautivos llevados a Babilonia

  Los que fueron llevados a Babilonia bajo cautiverio (Mt. 1:11-12) tenían una relación indirecta con Cristo por el matrimonio de su descendiente, José, con María. Es por ese motivo que aun estos cautivos están incluidos en el sagrado relato de la genealogía de Cristo.

W. Jeconías

  Jeconías no fue contado como rey en esta genealogía, porque nació durante el cautiverio y fue un cautivo (2 Cr. 36:9-10, Joaquín es Jeconías). Según la profecía de Jeremías 22:28-30, ninguno de los descendientes de Jeconías heredaría el trono de David. Todos sus descendientes fueron excluidos del trono de David. Si Cristo hubiera sido un descendiente directo de Jeconías, no habría tenido derecho al trono de David. Aunque Jeremías 22:28-30 dice que todos los descendientes de Jeconías están excluidos del trono de David, en el capítulo siguiente, el versículo 5, dice que Dios levantaría a David un Renuevo, un Rey que reinaría y prosperaría. El Renuevo es Cristo. Esta profecía confirma que Cristo sería descendiente de David, aunque no era descendiente directo de Jeconías, y que heredaría el trono de David.

X. Jeconías engendra a Salatiel, y Salatiel engendra a Zorobabel

  Mateo 1:12 dice: “Jeconías engendró a Salatiel; y Salatiel engendró a Zorobabel”. Comparemos este relato con el de 1Crónicas 3:17-19: “Los hijos de Jeconías ... Salatiel ... Pedaías ... Los hijos de Pedaías: Zorobabel...”, lo cual muestra que Zorobabel fue hijo de Pedaías, hermano de Salatiel. Zorobabel no era hijo de Salatiel, sino sobrino; no obstante, llegó a ser su heredero. Tal vez éste fue un caso conforme al principio de Deuteronomio 25:5-6, donde dice que si un hombre moría y no tenía hijo por heredero, su hermano debía casarse con su esposa para producir dicho heredero. Aun esa porción de Deuteronomio está relacionada con la genealogía de Cristo.

Y. Zorobabel

  Esdras 5:1 y 2 dicen que Zorobabel era uno de los líderes que regresaron del cautiverio de Babilonia a Jerusalén. El ocupaba posición de líder en el recobro del Señor. Esto es muy importante. Además, era líder en la reedificación del templo de Dios (Zac. 4:7-10).

  Si el pueblo de Dios no hubiera regresado del cautiverio, no habría sido posible que Cristo naciera en Belén. El Antiguo Testamento claramente predijo que Cristo, como descendiente de David, nacería en Belén (Mt. 2:4-6; Mi. 5:2). Supongamos que ninguno de entre el pueblo de Israel hubiera regresado a Judá, y llegara el tiempo en que Cristo iba a nacer en Belén. Nadie habría estado allí. Ahora podemos entender la razón por la que Dios mandó que los cautivos regresaran. Su mandato no sólo tenía como fin la reedificación del templo, sino también hacer los preparativos para que Cristo naciese en Belén.

  Sucede lo mismo ahora. Algunos preguntarían: “¿Cuál es la diferencia entre quedarse en Babilonia y regresar a Jerusalén? ¿No viene a ser lo mismo, con tal que adoremos a Dios y andemos en el espíritu?” Tal vez le dé igual a usted, pero no a Cristo. Cristo necesita que algunos le lleven a Belén. Quizá usted adore a Dios y ande en el espíritu en Babilonia, pero le aseguro que Cristo nunca podrá nacer en la humanidad a través de usted. Esto exige un lugar específico. Es menester salir de Babilonia y regresar a Judá. Cuando el Señor Jesús iba a nacer, algunos israelitas, descendientes de los cautivos que habían regresado, esperaban en Judá. En aquel tiempo José y María no estaban en Babilonia, sino en Judá. Para la primera venida de Cristo a la tierra, era necesario que algunos de entre Su pueblo cautivo regresaran a Judá. Para Su segunda venida, Cristo nuevamente necesita que algunos de entre Su pueblo cautivo regresen del cautiverio para estar en la vida de iglesia.

Z. Jacob engendra a José

  La genealogía presentada en Mateo dice: “Jacob engendró a José” (v. 16), pero Lucas 3:23 dice: “José, hijo de Elí”. ¿De quien era hijo José? El libro de Lucas dice “como se suponía”. Una traducción literal es “según la ley”, lo cual indica que José no era en realidad hijo de Elí, sino que fue contado como hijo según la ley. José era el yerno de Elí, quien era padre de María. Tal vez lo indicado aquí sea un ejemplo del caso mencionado en Números 27:1-8 y 36:1-12, donde encontramos una ordenanza dada por Dios, la cual dice que si algunos padres tenían sólo hijas por herederas, su herencia debía pasar a las hijas. Luego éstas tenían que casarse con un hombre de su tribu para guardar la herencia dentro de aquella tribu. Si no tuviéramos el capítulo uno de Mateo, tal vez nos preguntaríamos por qué tal caso se relata en Números. Ahora vemos que no simplemente nos cuenta de cierta regla, sino que está relacionado con Cristo, porque una hija, la virgen, dio a luz a Cristo, y por ella fue narrado el caso en Números. Creemos que los padres de María no tenían hijos y que, por tanto, ella recibió la herencia de sus padres y se casó con José, un varón de su tribu, la tribu de Judá. Hasta la regla mencionada en Números 27 y 36 está ligada a la genealogía de Cristo. Toda la Biblia, directa o indirectamente, cuenta la historia de Cristo.

AA. José, marido de María, de la cual nació Jesús

  Ahora, la genealogía no dice “José engendró a Jesús” como se refiere a las personas anteriores, sino: “José, marido de María, de la cual nació Jesús” (v. 16). Jesús nació de María, no de José, porque fue profetizado que de la mujer Cristo sería simiente y que de una virgen nacería (Gn. 3:15; Is. 7:14). Cristo no sería de José, porque éste era varón y descendiente de Jeconías, a cuyos descendientes no se les permitió que heredasen el trono (Jer. 22:28-30). Si Cristo hubiera sido engendrado por José, habría sido excluido del trono de David. No obstante, María, siendo virgen (Lc. 1:27) y descendiente de David (Lc. 1:31-32), era la persona de quien Cristo debía nacer. El matrimonio de José y María, relacionó a José con Cristo y unió en un solo linaje las dos líneas genealógicas de Cristo, produciendo así a Cristo.

  Ahora deberíamos examinar el diagrama (p. 52), el cual muestra que la genealogía de Cristo comienza con Dios y continúa hasta llegar a Jesús. El primer nombre es Dios, y el último es Jesús. Va de Dios a Adán, de Adán a Abraham, de Abraham pasa por Isaac y Jacob, y llega a David. Después de David, se divide en dos líneas, la primera de las cuales va de Natán a María, y la segunda, de Salomón a José. Finalmente, bajo la soberanía de Dios estas dos líneas se unen con el matrimonio de María y José para producir a Cristo. Si nos demoramos un poco para examinar este diagrama, nos daremos cuenta de cuán maravillosa es la soberanía de Dios.

  Todos los matrimonios están bajo la soberanía de Dios, especialmente los matrimonios relacionados con Cristo. La genealogía seguía una línea de Dios a David, y de éste a Jesús eran dos; no obstante, las dos líneas fueron unidas mediante el matrimonio de José y María. Aquel Jesús producido por medio de María cumple las profecías: la que trata de la simiente de la mujer (Gn. 3:15); la de la virgen que produciría un hijo (Is. 7:14); la de la simiente de Abraham que traería bendición a todas las naciones (Gn. 22:18); la que trata de Isaac y Jacob, la cual es la misma profecía dicha a Abraham (Gn. 26:4; 28:14); la que fue proclamada a Judá con respecto a que la tribu real procedería de él (Gn. 49:10); y la profecía declarada a David (2 S. 7:12-13). Aunque el nacimiento de Jesús cumplió muchas profecías halladas en el Antiguo Testamento, El no era descendiente de Jeconías. Aparentemente, los descendientes de Jeconías permanecían en el linaje real. Pero bajo la soberanía de Dios, María, la madre de Jesús, se casó con José, descendiente de Jeconías, quien parecía estar en la línea de la familia real. Parecía que Jesús era descendiente de Jeconías; en realidad, no era. El era descendiente de David. Sólo Dios puede disponer las cosas así. ¡Alabémosle!

  Si usted considera su historia de salvación, verá que el principio es igual. No piense que el matrimonio de José y María sucedió por casualidad. No fue así; más bien Dios lo planeó bajo Su mano soberana. Del mismo modo, la asociación que usted tiene con Cristo, o sea, su salvación, no sucedió por casualidad; también fue planeada bajo la mano divina. A veces he dicho al Señor con mucho agradecimiento: “Estoy muy contento de que Tú no me pusieras en la tierra en el año 20 a. de C., sino en el siglo veinte. Me colocaste en la tierra en un lugar adonde vinieron los misioneros llevando consigo la Biblia. Un día nací de una madre cristiana. Más tarde, tuve la oportunidad de escuchar el evangelio y fui salvo. ¡Aleluya!” No sucedió por casualidad. Ni tampoco la asociación que usted tiene con Cristo llegó a ser por casualidad. Dios lo planeó todo con esmero. Dios lo ha dispuesto todo para nosotros los seres humanos. No es un asunto insignificante. Cuando entremos en la eternidad, es posible que nos asombremos y proclamemos en voz alta: “¡Alabado sea el Señor!”

BB. María

  Ahora llegamos a María, la virgen (1:16). Por ser virgen, ella era diferente de las otras mujeres mencionadas en esta genealogía. María era pura y única en su género. Concibió por el Espíritu Santo, no por el hombre, para producir a Cristo (Lc. 1:34-35; Mt. 1:18b, 20b). El relato de las cuatro mujeres que volvieron a casarse y la virgen comprueba que todas las personas mencionadas en esta genealogía nacieron en pecado, salvo Cristo, quien nació en santidad.

CC. Aquel que es llamado Cristo

  Mateo incluye las palabras: “quien es llamado el Cristo” (v. 16) En la genealogía de Lucas, el título “Cristo” no se menciona. Lucas usa el nombre “Jesús” porque en el libro de Lucas se demuestra que el Señor vino a ser hombre, no a ser el Ungido, el Rey, el Mesías. Mateo, por otro lado, demuestra que Jesús es el Rey, el Mesías profetizado en el Antiguo Testamento. Por eso, Mateo añadió las palabras: “quien es llamado el Cristo”.

DD. Abraham, David y María

  Abraham, David y María son nombres placenteros en la Biblia, nombres agradables a los oídos de Dios (vs. 2, 6, 16). Abraham representa una vida por fe, David representa una vida sometida a la operación de la cruz, y María representa una vida absolutamente entregada al Señor. Por medio de estas tres clases de vidas Cristo fue introducido en la humanidad.

  El principio sigue igual ahora. Consideremos la predicación del evangelio. El propósito de predicar el evangelio es introducir a Cristo en la humanidad. Esto requiere que uno tenga mucha fe, que viva bajo la operación de la cruz, y que se entregue por completo al Señor. Si vivimos así, indudablemente introduciremos a Cristo en la humanidad.

EE. Para David y de David

  David es el fin de las generaciones de los antepasados y el comienzo de las generaciones de los reyes (v. 17). Era la única persona que Dios utilizó como una marca divisoria para concluir la sección de los antepasados y empezar la sección de los reyes.

FF. Hasta la deportación y desde ella

  En los tiempos de la degradación, no hubo ninguna persona que sirviera de marca divisoria para las generaciones tal como lo fueron Abraham y David. Así que, la deportación vino a ser una marca, pero una marca de vergüenza. En aquel tiempo, la marca divisoria no era una persona, sino un evento: la deportación a Babilonia. La Biblia nos muestra claramente que ninguna persona sobresalió como marca divisoria de aquella generación. Eso fue una vergüenza.

GG. Tres grupos de catorce generaciones

  El versículo 17 menciona tres grupos de catorce generaciones. El número catorce se compone de diez más cuatro. El número cuatro representa las criaturas. En Apocalipsis 4:6 tenemos los cuatro seres vivientes, y en Apocalipsis 7:1 tenemos “los cuatro ángulos de la tierra” y “los cuatro vientos”. El número diez significa plenitud. A menudo hablamos de un décimo, el cual significa la décima parte de la plenitud (Gn. 14:20). Por lo tanto, en Mateo 25:1 tenemos diez vírgenes. Mire usted las manos y los pies; usted tiene diez dedos en las manos y diez dedos en los pies. Por ende, el número diez denota plenitud, y el número catorce significa los seres vivientes en plenitud.

  Tres por catorce generaciones indica que el Dios Triuno se mezcla con los seres vivientes en plenitud. Esto tiene mucho significado. Las personas del Dios Triuno son el Padre, el Hijo y el Espíritu. Esta genealogía contiene tres secciones: la sección de los patriarcas, la sección de los reyes y la sección de los civiles, la cual incluye a los cautivos y a los recobrados. Dios el Padre corresponde a la sección de los patriarcas; Dios el Hijo, a la sección de los reyes; y Dios el Espíritu, a la sección de los civiles. ¡Esto es maravilloso! Por lo tanto, tres por catorce significa que el Dios Triuno se mezcla con Sus criaturas. La presentación de la genealogía de Cristo indica esta mezcla.

  El Dios Triuno pasó por Abraham e Isaac, Jacob y Judá, Booz y Obed, Isaí y David y luego pasó por muchas generaciones hasta llegar a María y José. Finalmente, Jesús vino. ¿Quién es Jesús? Es el Dios Triuno pasando por todas las generaciones y llegando como la mezcla de lo divino con lo humano.

  Tres por catorce es cuarenta y dos. Cuarenta es el número de pruebas, tentaciones y sufrimientos (He. 3:9; Mt. 4:2; 1 R. 19:8). Cristo es la cuadragésima segunda generación. Cuarenta y dos significa reposo y satisfacción después de la prueba. Números 33:5-48 muestra que los hijos de Israel pasaron cuarenta y dos estaciones antes de entrar en Canaán. Según lo narrado en el Antiguo Testamento, los israelitas sufrieron al pasarlas. Fueron probados, tentados, y no tenían reposo. Sin embargo, después de pasar las cuarenta y dos estaciones, entraron en el reposo. Esto no sólo ocurrió en el pasado, sino que volverá a suceder en lo porvenir. En Apocalipsis 13, vemos que habrá cuarenta y dos meses, tres años y medio. Estos meses constituirán la parte concluyente de los últimos siete años, la última semana mencionada en Daniel 9:24-27. Hay setenta semanas: las primeras setenta semanas, luego sesenta y dos semanas, y entonces la última; cada cual representa siete años. La segunda mitad de los últimas siete años, un período de cuarenta y dos meses, será la gran tribulación, la cual será horrible. Habrá muchas pruebas, tentaciones y sufrimientos. Pero cuando se terminen los cuarenta y dos meses, el reino vendrá y habrá reposo. En el período de Abraham a María había muchos sufrimientos, muchas pruebas y tentaciones. Después de todas las generaciones de pruebas, tentaciones y sufrimientos, Cristo vino como la cuadragésima segunda generación para ser nuestro reposo completo y nuestra plena satisfacción.

  Al leer la historia dada en el libro de Crónicas, descubrimos que hubo en realidad cuarenta y cinco generaciones de Abraham a Cristo. ¿Por qué, entonces, Mateo sólo cuenta cuarenta y dos? Restando de éstas las tres generaciones malditas y una generación impropia, y luego añadiendo una, haciendo de David dos generaciones (una, la de los antepasados y la otra, la de los reyes), las generaciones suman cuarenta y dos, y están divididas en tres eras de catorce generaciones cada una.

  Debemos recordar que el estudio que hacemos del libro de Mateo no es solamente un estudio centrado en la vida, sino también un estudio bíblico. Por eso, necesitamos conocimiento. Debemos ver que lo que consta en Mateo no tiene como fin dar una crónica histórica, sino doctrinal. Lo narrado en el libro de Juan, por otro lado, concuerda con la historia, porque Juan escribió su evangelio según los acontecimientos históricos. Conforme a la historia, hubo cuarenta y cinco generaciones, pero conforme al propósito de Mateo, el de relatar la doctrina, hubo cuarenta y dos generaciones. Debía de haber sido algo relacionado con la doctrina que obligó a Mateo a decir que hubo catorce generaciones de Abraham a David, de éste a la deportación, catorce generaciones, y de la deportación a Cristo, otras catorce generaciones. Al decirlo así, Mateo no se equivocó. Tres generaciones fueron omitidas porque no tenían los requisitos necesarios, y la cuarta generación fue incapacitada y cortada. Pero el rey David, quien era una persona maravillosa, tenía el doble de los requisitos. El llegó a abarcar dos generaciones, concluyendo una sección y dando comienzo a otra. El introdujo el reino, pues por él fue establecido el mismo. Así que, al ser contado David como dos generaciones, la genealogía de Cristo presentada en Mateo puede consistir de cuarenta y dos generaciones en tres secciones de catorce generaciones cada una.

HH. “Hasta el Cristo”

  Ahora consideremos las palabras “hasta el Cristo” (v. 17). Lo narrado en el libro de Lucas comienza con Jesús y se remonta a Dios, una totalidad de setenta y siete generaciones. Lo relatado en el libro de Mateo va de Abraham a Cristo. Lucas regresa y asciende a Dios; Mateo marcha adelante y desciende a Cristo. Todas las generaciones estaban dirigidas hacia Cristo y lo trajeron. Sin Cristo, hay solamente cuarenta y una generaciones; no hay meta, ni consumación ni conclusión. Cuarenta y uno no es un número bueno; necesitamos la cuadragésima segunda. Cristo es la meta, la consumación, la conclusión, el completamiento y la perfección de todas las generaciones; como tal, El cumple las profecías, resuelve los problemas y satisface las necesidades de estas generaciones. Cristo vino a cumplir todas las profecías, las que se refieren a Abraham, a Isaac, a Jacob, a Judá y a David. Si Cristo no hubiera venido, todas estas profecías habrían sido en vano. Cuando Cristo viene, trae consigo la luz, la vida, la salvación, la satisfacción, la sanidad, la libertad, el reposo, el consuelo, la paz, el gozo. De ahí en adelante, todo el Nuevo Testamento es una exposición completa de este Cristo maravilloso. Los veintisiete libros del Nuevo Testamento —los Evangelios, los Hechos, las Epístolas y Apocalipsis— nos enseñan cómo este Cristo cumple todas las profecías, resuelve todos nuestros problemas, y satisface todas nuestras necesidades. Además nos cuenta cómo El es el todo para nosotros. ¡Aleluya, Cristo ha venido!

  [La genealogía de Jesucristo]

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