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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Mateo»
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Mensaje 47

LA SENDA QUE CONDUCE A LA GLORIA

(6)

  El libro de Mateo a menudo relaciona eventos que aparentemente no tienen conexión entre sí. Podemos ver esto al final del capítulo quince y al principio del capítulo dieciséis. ¿Por qué Mt. 16:1 habla acerca de cómo los religiosos intentaron tentarle al Señor Jesús? ¿Qué relación existe entre dicha tentación y el final del capítulo quince, donde vemos el asunto de la alimentación corporativa? Aquí cuatro mil hombres, sin contar a las mujeres ni a los niños, fueron alimentados con sólo siete panes y unos cuantos peces. Aparentemente Mt. 16:1-12 no tiene ninguna relación con el capítulo quince, pero cuando escudriñamos a fondo la doctrina revelada en Mateo, encontramos que sí existe relación entre estos pasajes.

IX. GUARDARSE DE LA LEVADURA DE LOS FARISEOS Y DE LOS SADUCEOS

  Al alimentarnos debemos ser muy cuidadosos de no comer ningún tipo de levadura. En Mateo 16:1-12 lo crucial no consiste en la tentación de parte de los fariseos y los saduceos, sino en la levadura que estos religiosos mezclaron ocultamente en sus palabras. La levadura es un ingrediente que se utiliza en la elaboración del pan para leudar la masa. Sin embargo, lo que se muestra no es la levadura sino el pan. Cuando comemos pan, no nos damos cuenta de que también estamos comiendo levadura, pues ésta se halla escondida en el pan de modo que no puede verse. Aunque nadie puede ver la levadura escondida en la tentación de los fariseos y saduceos, se encuentra ahí de manera oculta.

  Como hemos visto, el capítulo quince trata de la alimentación. Desde Mateo 15:1 hasta 16:12, el relato está estrechamente relacionado con la comida. Comer cosas inmundas puede contaminarnos (15:1-20). Tenemos más necesidad de nutrirnos interiormente que de lavarnos exteriormente. Comer es la manera de participar de Cristo (15:21-28) y de convertirnos de perrillos gentiles en hijos de Dios, en personas apropiadas. Al comer nos alimentamos del suministro de Cristo, que es una provisión ilimitada e inagotablemente rica (15:32-39). Mateo 15 concluye con la narración del comer corporativo; sin embargo, debemos guardarnos de comer levadura (16:5-12), especialmente la levadura escondida en la gente religiosa, como los fariseos y los saduceos. Los fariseos representan a los fundamentalistas; y los saduceos, a los modernistas. Le agradezco mucho al Señor porque la Biblia los menciona a ambos. En la religión actual también hay fundamentalistas y modernistas. Los primeros, los fundamentalistas, tienen unas creencias profundamente escriturales; los segundos, los modernistas, niegan lo que la Biblia afirma.

  En Mateo 16 Cristo fue presentado como el pan, pero los religiosos lo dañaron añadiendo levadura ocultamente. Repito que Cristo vino como el pan, pero los religiosos, tanto los fundamentalistas como los modernistas, fueron la levadura. La religión introduce sutilmente la levadura. Recordemos la parábola de la levadura en Mateo 13:33. Cristo es la flor de harina que alimenta al pueblo de Dios para la satisfacción de Dios, pero la mujer, la apóstata Iglesia Católica Romana, tomó levadura y la escondió en la harina. Aparentemente la levadura logra que la flor de harina sea más fácil de comer, pero en realidad, la contamina. En el capítulo quince vemos que el pan no sólo está disponible para los perrillos gentiles, sino también para la multitud que está en el desierto. En el capítulo dieciséis el Señor les advirtió a Sus discípulos, y parecía estar diciendo: “Tened cuidado con lo que coméis, está bien que comáis de Mí, pero debéis tener cuidado de la levadura religiosa”. En los tiempos del Señor ya existían los fariseos y los saduceos, y actualmente también los encontramos. Estos religiosos, si son fundamentalistas o modernistas, llevan consigo una levadura oculta y secreta.

  Ahora podemos ver claramente la relación que existe entre los capítulos quince y dieciséis. Podemos entender la razón por la que Mateo presenta el asunto de la levadura inmediatamente después del comer corporativo. Tenga cuidado, pues mientras disfruta del comer corporativo es fácil que la levadura se introduzca inadvertidamente a usted y aun a toda la iglesia. En efecto, la levadura sí se introdujo en la iglesia. La iglesia no se mantuvo muy alerta al respecto y no mucho después del Pentecostés, la levadura fue introducida. El pan del cual la iglesia se había estado alimentando fue completamente leudado. De manera que la palabra del Señor en Mateo 16:6 y 11 no fue únicamente una advertencia, sino una profecía.

  Al final del capítulo quince los discípulos entendieron que el Señor Jesús vino como el pan para los hijos de Dios. Inicialmente, los gentiles eran perrillos sucios, pero después de comer de Cristo fueron regenerados y llegaron a ser hijos de Dios, hombres apropiados que pueden disfrutar a Cristo de una manera corporativa. Cuando los discípulos comprendieron todo esto, deben de haber estado felices. Sin embargo, el Señor parecía decir: “Es bueno que me comáis y que disfrutéis del comer corporativo, pero debéis saber que hay gente religiosa que en el nombre de Dios, aparentando adorar a Dios, introducirán levadura. Estos serán utilizados por el enemigo para introducir secretamente algo que dañará y contaminará la masa. Debéis tener cuidado de esto”.

  El Señor Jesús vino como el pan para que los pecadores lo comieran y así ser regenerados como hijos de Dios y transformados en hombres apropiados para alimentarse de Cristo corporativamente. Aunque esto es maravilloso, existe el peligro de que la levadura sea introducida por los religiosos. En el cristianismo los religiosos son grandemente respetados, pero yo hablo de ellos negativamente porque yo sé que los religiosos siempre tienen algo de levadura, y bajo la apariencia religiosa introducen ciertos asuntos que perjudican y contaminan la obra de Dios. Por lo tanto, debemos aprender a guardarnos de la levadura mientras disfrutamos a Cristo como nuestro pan celestial.

  La levadura siempre proviene de la religión, de los fariseos y los saduceos. Marcos 8:15 habla también de la levadura de Herodes. Mateo no menciona este tipo de levadura porque su propósito es mostrar que al alimentarnos de Cristo, corremos el riesgo de tomar también algo religioso. Cualquier cosa religiosa puede contener levadura. La levadura de los fariseos y los saduceos estaba en sus enseñanzas (16:12). Los fariseos enseñaban de tal manera que la gente no se daba cuenta del daño que les causaban. Pues de otra manera nadie los habría escuchado. Esto mismo sucedía con los saduceos. Si ellos no hubieran dado la impresión a la gente de que sus enseñanzas les ayudarían, nadie los habría escuchado. El principio es el mismo hoy en día. En la cristiandad de hoy se da enseñanza tras enseñanza, y cada una parece ayudar a la gente. Nadie le diría a usted que la enseñanza que le imparte posiblemente podría hacerle daño o desviarle. Por el contrario, todo el que tiene una enseñanza pretende que su enseñanza es buena y de gran ayuda. Esta es la razón por la cual a la gente le gustan las enseñanzas. Pero debemos saber que la levadura puede a menudo estar escondida bajo la apariencia de enseñanzas religiosas.

  Cristo es el pan celestial enviado por Dios y de Dios. Sin embargo, la levadura es algo enviado por Satanás y de Satanás. De manera que Dios envió el pan, y el enemigo envió la levadura. Dios se ocupa de introducir a Cristo en Su pueblo, y el enemigo sigue procurando añadir levadura mientras los hijos de Dios se alimentan de Cristo. Este principio es evidente en el catolicismo actual. Tomemos por ejemplo la Navidad. El nacimiento y la encarnación de Cristo son la flor de harina que nos nutre. Pero la Navidad es levadura. El nacimiento de Cristo es puro. ¡Cuán puro es el que Dios se haya encarnado! Pero ¡cuánta contaminación y corrupción hay en la práctica de la Navidad! Incluso podemos hallar bailes de Navidad y posadas. ¡Cuánta levadura hay en el asunto de la Navidad! La tradición navideña está tan llena de levadura que difícilmente podemos encontrar en ella algo de la harina fina.

  Podemos aplicar este principio a casi todas las prácticas de la cristiandad actual. Por ejemplo, no hay nada malo con ser un siervo de Dios pero, ¿por qué la gente utiliza el título de reverendo? Llamarse a sí mismo reverendo es introducir la levadura. También es levadura que el cristianismo se denomina con varios nombres, como por ejemplo: luterano o bautista. Todos estos títulos son levadura. Asimismo, alabar al Señor es una práctica pura, pero presentar un solista es introducir levadura. Aunque podemos disfrutar el comer corporativo de Jesús, debemos guardarnos de la levadura religiosa y escondida. Incluso es posible que los amados santos que están en el recobro del Señor se pregunten: ¿Qué hay de malo con presentar un solista con algún canto especial en la reunión? ¡Oh, cuánto debemos cuidarnos de todo tipo de levadura! No es fácil discernir que la levadura está oculta en el pan.

A. Los fariseos y los saduceos intentan tentarle al Señor

1. Le demandan una señal

  Mateo 16:1 dice: “Se le acercaron los fariseos y los saduceos, y para tentarle le pidieron que les mostrase una señal del cielo”. Aquellos que introducen levadura siempre desean ver señales y milagros. Nada es más engañoso que los milagros. Suponga que el anticristo le apareciera y edificara su imagen frente a usted, y que el falso profeta fuera capaz de hacer que esa imagen le hablara. Fácilmente podría ser engañado por esto y decir: “Esto es maravilloso. Si esto no fuera un verdadero milagro, ¿cómo podría él hacer que la imagen hablara?” La levadura siempre se infiltra por medio de sutiles milagros. En Mateo 16:1-12 las dos palabras clave son “señal” y “levadura”. Los fanáticos religiosos, o sea, los fariseos y saduceos, se acercaron al Señor y le pidieron que les mostrara una señal de los cielos. Sin embargo, el Señor se negó a darles tal señal. El pan puro, el Cristo puro, no realiza señales; más bien, y como veremos, El mismo es la única señal.

2. No saben discernir las señales de los tiempos

  En los versículos 2 y 3 el Señor les da a entender a los fariseos y saduceos que aunque ellos saben discernir el aspecto del cielo, no saben discernir las señales de los tiempos. Las señales de los tiempos eran, por un lado, que esa generación era perversa y adúltera, y por otro, que Cristo iba a morir y a resucitar por ella. Los fariseos y saduceos no podían discernir estas cosas.

3. La generación malvada y adúltera no recibe señal excepto la señal de Jonás

  El versículo 4 dice: “La generación malvada y adúltera busca señal; pero señal no le será dada, sino la señal de Jonás. Y dejándolos, se fue”. Jonás fue el profeta que se volvió de Israel hacia los gentiles y que fue puesto en el vientre del gran pez. Después de estar allí tres días, salió y llegó a ser una señal a esa generación para arrepentimiento (Jon. 1:2, 17; 3:2-10). Jonás tipificaba a Cristo, el cual, como Profeta enviado por Dios a Su pueblo (Dt. 18:15, 18), iba a volverse de Israel a los gentiles, ser sepultado en el corazón de la tierra tres días, y luego resucitaría, llegando a ser así una señal a esa generación para salvación. Lo que el Señor dijo aquí implica que para aquella generación judía tan religiosa, una generación maligna y adúltera, la única señal que el Señor les iba a dar sería morir y resucitar, que es la señal más significativa, a fin de que, si creían, fueran salvos. Al hablar de la señal de Jonás el Señor parecía estar diciendo: “Vosotros los fariseos y saduceos no necesitáis milagros, lo que necesitáis es discernir que esta generación es maligna, creer en Mí y recibirme en vuestro interior como el crucificado y resucitado. Necesitáis arrepentiros como la gente de Nínive lo hizo, y creer que Yo moriré por vuestros pecados y resucitaré para impartirme dentro de vuestro ser como vida. Esta es la señal para esta generación. Ninguna otra señal os será dada. Yo soy la señal para vosotros, la señal del Cristo crucificado y resucitado. Tenéis que arrepentiros y recibirme como vuestro pan”.

B. La levadura de los fariseos y los saduceos

  En ese momento el Señor mencionó el asunto de la levadura, diciendo: “Mirad y guardaos de la levadura de los fariseos y saduceos” (v. 6). Como ya hemos señalado esta levadura es la enseñanza de los fariseos y de los saduceos (v. 12). La enseñanza de los fariseos estaba llena de hipocresía (23:13, 15, 23, 25, 27, 29), y la enseñanza de los saduceos, la cual negaba la resurrección, los ángeles y los espíritus (Hch. 23:8), era similar al modernismo de hoy. Así que, tanto la enseñanza de los fariseos como la de los saduceos eran impuras y malignas y eran comparadas con la levadura, la cual no debe encontrarse entre el pueblo de Dios (Ex. 13:7).

  Una vez más digo que las palabras “señal” y “levadura” son las dos palabras cruciales de esta sección. No debemos creer en ningún milagro que no contenga la esencia de la crucifixión y resurrección de Cristo. He observado los llamados servicios de sanidad en el movimiento pentecostés. Sin embargo, hablando honestamente se halla mucha levadura ahí. Carecen de la esencia de la crucifixión de Cristo y de Su vida de resurrección. Cada milagro o señal debe estar basado en el principio de la crucifixión y resurrección. La señal de Jonás, la señal del Cristo crucificado y resucitado, debe estar incluida en cada milagro genuino. De otra manera los milagros serán simplemente algún tipo de levadura. Una gran cantidad de cristianos han sido leudados por los milagros. Actualmente el así llamado don de lenguas ha llegado a ser un tipo de levadura y muchos de los que hablan en lenguas han sido leudados por esta práctica. Cuando ellos asisten a las reuniones lo único que les interesa es hablar en lenguas, sin importarles si las lenguas son genuinas o falsas. Si se manifiestan las “lenguas”, ellos están felices. Esto muestra cuán leudados están. No tienen interés por el pan puro, la señal pura con la esencia de la crucifixión y la resurrección de Cristo. Por el contrario, están leudados. Una vez más afirmo que debemos guardarnos de toda clase de levadura.

X. RECIBIR LA REVELACION EN CUANTO A CRISTO Y LA IGLESIA

  En Mateo 16:13-20 llegamos a la sección del Evangelio de Mateo relacionada con la revelación de Cristo y la iglesia. Pero antes de entrar a los detalles de esta sección, debemos ver la conexión que existe entre esta sección y la anterior (vs. 1-12).

A. La revelación se da en la región de Cesarea de Filipo

  El versículo 13 dice que el Señor Jesús entró a la región de Cesarea de Filipo con Sus discípulos, y ahí les preguntó: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Parece que esto no está relacionado con la levadura. Cesarea de Filipo yace al norte de la tierra santa, cerca de la frontera, al pie del monte Hebrón, donde el Señor se transfiguró (17:1-2). Además estaba lejos de la ciudad santa y el templo santo, donde la vieja religión judía había creado cierto ambiente que influía tanto en el pensamiento de todo hombre que no había lugar para Cristo, el nuevo Rey. El Señor llevó a Sus discípulos intencionalmente a un lugar donde existía un cielo despejado, para que el pensamiento de ellos estuviera libre de los efectos del entorno religioso de la ciudad santa y del templo santo, y para revelarles algo nuevo con respecto a Sí mismo y a la iglesia, la cual es el pulso vital de Su reino celestial. Fue en Cesarea de Filipo donde Pedro recibió la visión de que el Señor era el Cristo, el Hijo del Dios viviente (vs. 16-17). Fue allí también donde la iglesia fue revelada y mencionada por primera vez como el medio por el cual traer el reino de los cielos (vs. 18-19).

  Hace algunos meses otros hermanos y yo visitamos ambos lugares, Jerusalén y Cesarea de Filipo. La atmósfera religiosa de Jerusalén era sucia y terrible. La atmósfera era física, mental y espiritualmente sofocante. Lo que vimos allí nos molestó. Pero un día viajamos hacia el norte, hacia Cesarea de Filipo y ¡cuán fresco era el aire en ese lugar! Vimos una de las tres fuentes de donde procede el río Jordán. Paseamos allí por un rato, disfrutamos nuestro almuerzo y pasamos un tiempo agradable. La razón por la que el Señor Jesús trajo a Sus discípulos a Cesarea de Filipo fue para sacarlos de la atmósfera religiosa y confusa de Jerusalén y de la religión judía. Sólo hasta después de que el Señor hubo traído a Sus discípulos a Cesarea de Filipo, se puso a preguntarles acerca de quién creían ellos que era El. Cesarea de Filipo fue el lugar donde el Señor Jesús pudo revelarse a Sus discípulos, y también fue el lugar apropiado para darles la revelación acerca de la iglesia.

  No obstante, todavía no hemos visto la relación entre estas dos porciones de la Palabra. La relación es ésta: si permanecemos bajo la influencia de la levadura religiosa, nunca tendremos una visión clara de Cristo y la iglesia. Para recibir esta visión debemos eliminar toda levadura. No sólo tenemos que alejarnos del centro religioso, de la ciudad santa y del templo santo con su ambiente sofocante y contaminado, lleno de conceptos religiosos, sino que también necesitamos ser purificados de la levadura religiosa. Si la levadura permanece en nosotros, estaremos bajo un velo, y no podremos ver a Cristo y la iglesia. Para ver a Cristo y la iglesia tenemos que salir del centro religioso y de todo lo que se supone ser santo, sean cosas, lugares o personas, además de eliminar toda clase de levadura.

  Aunque algunos cristianos aman a Dios, no ven la iglesia. Tampoco pueden ver a Cristo de una manera pura y genuina debido a que están saturados de la levadura religiosa. Ahora podemos entender por qué Mateo colocó la primera parte del capítulo dieciséis inmediatamente después del relato del comer corporativo. En nuestro comer necesitamos guardarnos de la levadura. Además, si hemos de ver a Cristo y la iglesia no debemos tener ninguna levadura religiosa. Necesitamos un cielo despejado y una atmósfera clara; también necesitamos una mente y un entendimiento claros; nuestro entendimiento no debe estar afectado por la levadura religiosa. Si nos aferramos al concepto de que no hay nada malo con la Navidad ni con las denominaciones, éste es un indicio de que nuestro entendimiento ha sido saturado de la sutil levadura religiosa, la cual no forma una neblina externa, sino una espesa niebla interior que produce una visión borrosa. Si existe esta niebla dentro de nosotros, nuestra visión será distorsionada. La condición interior de algunos santos es así, y por eso se encuentran llenos de niebla. De vez en cuando les aparece algún claro, y pueden ver una porción de cielo. Sin embargo, el claro es cubierto inmediatamente por la espesa niebla. Algunos de estos santos quizá digan: “Qué hay de malo en el título Bautistas del Sur? Una denominación no es un casino de juegos, ¿verdad?” Si usted piensa de esta manera, su visión se enturbiará. Preguntas como ésta indican que uno permanece encerrado en los conceptos religiosos leudados.

  Muchos de nosotros hemos sido leudados desde el momento de nuestro nacimiento. Durante nuestra niñez estuvimos constantemente bajo la influencia de la levadura. Aunque usted no sabía nada acerca de Cristo, Santa Claus, la Navidad ni el árbol decorado con luces de colores, le eran muy familiares. Sus pensamientos y emociones estaban completamente leudadas. Para usted la iglesia era un templo con una torre alta y una campana. Esto indica que inconsciente y subconscientemente usted estaba ya leudado. Además, cuanto más era educado y adiestrado en una escuela, más levadura llenaba su ser. Por lo tanto, necesitamos salir del centro religioso y viajar hacia el norte, hasta la región de Cesarea de Filipo, donde el cielo es claro. También necesitamos decirle al Señor interiormente: “Señor Jesús, purifícame de toda levadura. No quiero tener neblina exterior ni niebla interior, quiero ser una persona purificada y estar bajo un cielo despejado”.

  Vuelvo a decir que el pan en la cristiandad es impuro y está leudado. Lo que la religión de hoy predica y enseña acerca de la persona de Cristo, ha sido del todo leudado. Consideremos cuánta levadura encontramos en la predicación referente a Cristo y en la enseñanza acerca de la iglesia. El “pan” de la iglesia, que es la verdad respecto a la iglesia, ha sido especialmente leudado. Recientemente sentí pena al oír que algunos predicadores cristianos han hecho un llamamiento para que todos los cristianos regresen a la llamada iglesia histórica. ¿Acaso no saben que los concilios de la iglesia histórica tomaron muchas decisiones malignas, una de las cuales se llevó a cabo en el Concilio de Efeso (431 a. de C.), con respecto a la adoración a María? Como ustedes saben, el movimiento carismático ha penetrado a la Iglesia Católica y aun se ha mezclado con la adoración a María. ¿Cómo pueden aquellos que han tenido la experiencia carismática tolerar tal idolatría? Sin embargo, hay quienes dicen aun en la radio que en el catolicismo no existe idolatría. Cierto grupo de Berkeley está tratando de investigar acerca de nosotros. Me pregunto ¿por qué no investigan mejor a la Iglesia Católica? ¿Por qué no van al Vaticano y analizan el paganismo, la idolatría y las herejías que hay allí? El hecho de que nos investiguen a nosotros y no a la Iglesia Católica expone su maligna intención, que es suprimirnos y terminar con nosotros. En cada rincón de la cristiandad actual está escondida la levadura. No hay nada puro allí. Toda la cristiandad ha sido leudada. Esta no es mi palabra, sino la palabra profética del Señor Jesús en Mateo 13:33, donde el Señor dijo que “todo fue leudado”. Sin embargo, nosotros estamos en contra de la levadura y damos testimonio solamente del Jesús puro. Aunque sea una ofensa para muchos, no podemos hacer otra cosa. Debemos seguir dando testimonio del Cristo puro y estar en contra de toda levadura.

B. Recibir la revelación con respecto a Cristo

  En el versículo 13 el Señor hizo una pregunta a Sus discípulos: “¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?” Como hombre, Cristo era un misterio para aquella generación, tal como lo es para la gente hoy en día.

1. Cristo niega ser Juan el Bautista, Elías, Jeremías o uno de los profetas

  El versículo 14 dice: “Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o uno de los profetas”. Sin la revelación celestial, lo único que la gente puede comprender es que Cristo es el mayor de los profetas; nadie puede saber que El es el Cristo, el Hijo del Dios viviente (v. 16).

2. Cristo es el Hijo del Dios viviente

  Después de que el Señor pidió que Sus discípulos dijeran quién pensaban ellos que era El, Simón Pedro contestó y dijo: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente” (v. 16). “El Cristo”, término que se refiere al ungido de Dios, alude a la comisión del Señor, mientras que “el Hijo del Dios viviente”, expresión que denota al segundo del Dios Triuno, habla de Su persona. Su comisión consiste en cumplir el propósito eterno de Dios por medio de Su crucifixión, resurrección, ascensión y segunda venida; mientras que Su Persona contiene y expresa al Padre, y tiene su consumación en el Espíritu para producir una plena expresión del Dios Triuno.

  El Dios viviente está en contraste con la religión muerta. El Señor es la corporificación del Dios viviente y no tiene nada que ver con la religión muerta.

3. Se recibe la revelación no por carne y sangre, sino por el Padre celestial, y bajo Su bendición

  El versículo 17 dice: “Entonces le respondió Jesús y dijo: Bienaventurado eres, Simón Barjona, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino Mi Padre que está en los cielos”. Carne ni sangre se refiere al hombre, quien está compuesto de carne y sangre. Sólo el Padre conoce al Hijo (11:27); así que, sólo El puede revelarnos al Hijo.

C. Recibir la revelación con respecto a la iglesia

  En el versículo 18 el Señor dijo: “Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”. La revelación que el Padre da acerca de Cristo es sólo la primera mitad del gran misterio, el cual es Cristo y la iglesia (Ef. 5:32). Así que, era necesario que el Señor revelara a Pedro la segunda mitad, la cual se relaciona con la iglesia.

1. La edificación de la iglesia

a. Realizada por Cristo

  En el versículo 18 el Señor dijo que edificaría Su iglesia. El Señor comenzó a edificar Su iglesia en el día de Pentecostés (Hch. 2:1-4, 41-42). No obstante, la profecía que el Señor da aquí no se ha cumplido todavía, ni siquiera en el siglo veinte. El Señor no está edificando Su iglesia en la cristiandad, la cual se compone de la Iglesia Católica Romana apóstata y de las denominaciones protestantes. Esta profecía se está cumpliendo mediante el recobro del Señor, donde se lleva a cabo la edificación de la iglesia genuina.

  La expresión “Mi iglesia” indica que la iglesia es del Señor, y no de alguna otra persona o cosa. La iglesia no es como las denominaciones, las cuales toman el nombre de sus fundadores o de sus prácticas.

b. Sobre la roca

  El Señor dijo a Pedro que edificaría Su iglesia sobre “esta roca”. La expresión “esta roca” se refiere no sólo a Cristo, sino también a la revelación de Cristo, la cual Pedro recibió del Padre. La iglesia es edificada sobre esta revelación de Cristo.

  El catolicismo romano afirma que la roca del versículo 18 se refiere a Pedro, mientras que la mayoría de los cristianos fundamentalistas aseguran que se refiere a Cristo. Aunque es correcto decir que la roca denota a Cristo, ni siquiera este entendimiento es del todo adecuado. La roca aquí no se refiere sólo a Cristo, sino a la revelación referente a Su Persona. En este capítulo, el Padre revela algo de los cielos a Pedro. Esta revelación celestial es la roca. Es un asunto de gran importancia que la iglesia sea edificada sobre la persona de Cristo así como sobre la revelación con respecto a El. Las denominaciones no son edificadas sobre esta roca. Por ejemplo, la denominación de los bautistas del sur está edificada sobre la revelación del bautismo por inmersión, y no sobre la revelación de Cristo. En el mismo principio, la denominación presbiteriana está edificada sobre la doctrina del presbiterio. De igual forma, las iglesias o grupos carismáticos no están edificadas sobre la revelación de Cristo, sino sobre su conocimiento de los asuntos carismáticos y sobre sus experiencias carismáticas. De la misma manera, la denominación cuadrangular está edificada sobre la revelación del evangelio cuadrangular y no sobre la revelación de Cristo.

  La iglesia que se edifica sobre la revelación de Cristo es la iglesia genuina, y no es sectaria. El problema de hoy radica en que a los cristianos les gusta formar grupos o llamadas iglesias conforme a sus conceptos y puntos de vista. El problema es que su concepto no corresponde a la revelación de Cristo. La iglesia debe ser edificada sobre “esta roca”, esto es, sobre la revelación de Cristo. Si vemos esto, seremos salvos de la división. Unicamente la iglesia es edificada sobre la revelación de Cristo. Todo grupo edificado sobre doctrinas, puntos de vista, prácticas o conceptos, no es la iglesia genuina, la cual se edifica únicamente sobre la revelación de Cristo. La revelación respecto a Cristo es la roca sobra la cual el Señor Jesús está edificando Su iglesia.

c. Con las piedras

  La palabra griega traducida “Pedro” en el versículo 18 puede también traducirse “una piedra”, el cual es el material del edificio de Dios. Como Pedro, todos los creyentes necesitan ser transformados en piedras para la edificación de la iglesia (1 P. 2:5).

d. Las puertas del Hades no prevalecerán contra la iglesia

  En el versículo 18 el Señor también dijo que las puertas del Hades no prevalecerían contra Su iglesia. La expresión “las puertas del Hades” se refiere a la potestad o poder de las tinieblas que pertenece a Satanás (Col. 1:13; Hch. 26:18), la cual no puede prevalecer contra la iglesia genuina, que Cristo ha edificado sobre la revelación acerca de El como la roca, usando piedras tales como Pedro, un ser humano transformado. Esta palabra del Señor también indica que el poder de las tinieblas que pertenece a Satanás atacará a la iglesia. Por tanto, hay una guerra espiritual entre el poder de Satanás, el cual es su reino, y la iglesia, la cual es el reino de Dios.

  Cuando estuvimos en Roma hace algunos meses, visitamos la catedral de San Pedro. En la cúpula estaban escritas algunas palabras de Mateo 16:18: “Sobre esta roca edificaré Mi iglesia”. Sin embargo, la última parte de este versículo “...y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella”, no estaban escritas allí. Tal vez esto indique que las puertas del Hades han prevalecido completamente sobre la Iglesia Católica. La iglesia en el recobro del Señor, sin embargo, está realmente edificada sobre la revelación acerca de Cristo, y contra esta iglesia las puertas del Hades no pueden prevalecer.

2. La iglesia es el reino de los cielos

  El versículo 19 habla del reino de los cielos. Aquí “el reino de los cielos” y “la iglesia” mencionada en el versículo anterior se usan de modo intercambiable. Esto es una evidencia clara de que la iglesia genuina es el reino de los cielos en esta era, lo cual es confirmado en Romanos 14:17, donde se menciona el reino de Dios como referencia obvia a la vida apropiada de iglesia.

a. Las llaves dadas a Pedro

  En el versículo 19 el Señor dijo a Pedro: “Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos”. Según la historia había dos llaves. Pedro usó una de ellas el día de Pentecostés para abrirles la puerta del reino de los cielos a los creyentes judíos (Hch. 2:38-42), y Pedro mismo usó la otra llave en la casa de Cornelio para abrir la puerta a los creyentes gentiles (Hch. 10:34-48).

b. Para atar y desatar en la tierra conforme a lo que haya sido atado y desatado en los cielos

  En el versículo 19 el Señor también dijo a Pedro: “Lo que ates en la tierra habrá sido atado en los cielos; y lo que desates en la tierra habrá sido desatado en los cielos”. El Evangelio de Mateo trata del reino de los cielos, el cual tiene que ver con la autoridad. La iglesia revelada en este libro representa el reino y su gobierno. Así que, la autoridad de atar y desatar no sólo fue dada a Pedro, el apóstol de la iglesia, sino también a la iglesia misma (18:17-18). Todo lo que los miembros de la iglesia aten o desaten en la tierra, debe ser lo que ya ha sido atado y desatado en los cielos. Sólo podemos atar o desatar lo que ya ha sido atado o desatado en los cielos.

D. Guardar en secreto la revelación acerca de Cristo y la iglesia

  El versículo 20 dice: “Entonces mandó a los discípulos que a nadie dijesen que El era el Cristo”. La revelación acerca de Cristo y Su iglesia queda siempre escondida para las personas religiosas.

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