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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Mateo»
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Mensaje 55

EL TRONO DEL REINO Y LA COPA DE LA CRUZ

  Después de que el Señor habló acerca de los requisitos del reino y de la recompensa del reino, a El aún le preocupaba la situación espiritual de Sus seguidores. Por lo tanto, después de dar a Sus discípulos una definición de la recompensa del reino, les habló de nuevo acerca de Su inminente crucifixión y resurrección. El Señor también conoce nuestra verdadera situación actual. Aunque nosotros pensemos que no necesitamos una palabra adicional o más revelación, el Señor conoce nuestra verdadera necesidad.

I. CONOCER LA CRUCIFIXION Y RESURRECCION DE CRISTO

  En Mt. 20:17-19 el Señor reveló por tercera ocasión Su crucifixión y resurrección. La primera ocasión fue en Cesarea de Filipo, antes de Su transfiguración (Mt. 16:13, 21); la segunda fue en Galilea después de Su transfiguración (Mt. 17:22); y la tercera, en el camino hacia Jerusalén. Esta revelación fue una profecía, completamente ajena al concepto natural de los discípulos, mas cumplida literalmente en cada detalle.

  Me parece muy inusual que después de que el Señor dio la definición de la recompensa del reino, El volviera a revelar el hecho de que iba a ser crucificado y luego resucitaría. Aparentemente esto no tiene sentido, pero si entramos en las profundidades de este libro, veremos que está lleno de significado. Para recibir la recompensa del reino necesitamos experimentar la crucifixión y la resurrección. Aunque conozcamos todo lo relacionado con el reino, necesitamos entender bien el significado de la crucifixión y resurrección del Señor. Sin experimentar la cruz y la resurrección del Señor, es imposible experimentar Su vida y así obtener la recompensa del reino. En Filipenses 3 Pablo dijo que por causa de Cristo él contaba todas las cosas como estiércol. Luego dijo que deseaba conocer a Cristo y el poder de Su resurrección para poder ser conformado a la semejanza de Su muerte. Pablo tenía un adecuado entendimiento de la muerte y resurrección del Señor. Basándonos en este entendimiento, podemos experimentar a Cristo como nuestra vida para el reino. A fin de obtener la recompensa del reino necesitamos experimentar la crucifixión y resurrección del Señor. Con esto vemos que Mateo 20:17-19 es una continuación de la sección anterior.

  La tercera vez que el Señor reveló Su crucifixión y resurrección, se lo reveló de nuevo a Sus discípulos. Mientras iba en camino a Jerusalén, El apartó a Sus doce discípulos y les dijo que Su crucifixión y resurrección estaban cerca. El Señor debe haber tenido un propósito específico para hacer esto. Específicamente les dijo a los doce que debía ir a Jerusalén, y que allí sería entregado a los principales sacerdotes y escribas, quienes le condenarían a muerte, le entregarían a los gentiles para que le escarnecieran, le azotaran y le crucificaran; y que luego El resucitaría al tercer día. El habló a Sus discípulos acerca de Su muerte y resurrección de una manera detallada.

II. EL TRONO DEL REINO

  ¿Cuál fue la reacción de los discípulos ante la revelación plena de Su crucifixión y resurrección? Ellos no dijeron: “Amén, Señor. La primera y segunda vez no vimos esto. Gracias, Señor, por habernos tomado aparte esta vez y a propósito hablarnos de este asunto. Ahora comprendemos que Tú debes pasar por la muerte y resurrección. No hay duda de que esto nos incluye a nosotros. Finalmente nosotros también experimentaremos esta maravillosa muerte y resurrección”. Los discípulos definitivamente no reaccionaron de esta manera. En cambio, los versículos 20 y 21 dicen: “Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, adorándole y pidiéndole algo. El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Di que estos dos hijos míos se sienten uno a Tu derecha y otro a Tu izquierda en Tu reino”. La madre de los hijos de Zebedeo era la tía del Señor, la hermana de Su madre; y los hijos de Zebedeo, Jacobo y Juan, eran Sus primos. Así que, existía una relación natural entre ellos y el Señor. Inmediatamente después de que el Señor había revelado Su muerte y resurrección por tercera vez, la madre de Jacobo y Juan vino a El pidiéndole que sus dos hijos se sentaran uno a Su derecha y el otro a Su izquierda en el reino. Aunque el Señor había hablado de Su crucifixión y resurrección, la mente de ellos estaba fijada en el trono. A menudo nosotros actuamos como Juan y Jacobo. Una y otra vez ellos oyeron de la crucifixión y resurrección, pero en ellos y en su madre sólo estaba el deseo por el trono. Esta es la ambición que busca una posición. La madre de Jacobo y Juan podía haber pensado para sí: “Un día, cuando el Señor sea entronizado, tal vez mis dos hijos se sentarán uno a Su derecha y el otro a Su izquierda. ¡Qué glorioso sería esto!” Esta fue la reacción hacia lo que el Señor dijo acerca de Su muerte y resurrección.

III. LA COPA DE LA CRUZ

  En los versículos 22 y 23 el Señor contestó: “No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que Yo he de beber? Y ellos le dijeron: Podemos. El les dijo: Mi copa sí la beberéis, pero el sentarse a Mi derecha y a Mi izquierda, no es Mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por Mi Padre”. Si pedimos ser sentados en el trono en el reino, debemos estar dispuestos a beber la copa de sufrimiento. Sufrir la cruz es el camino para entrar en el reino (Hch. 14:22). La petición egoísta de la madre de Juan y Jacobo brindó al Señor la oportunidad de revelar el camino para entrar en el reino.

  Al contestar a la madre de Juan y Jacobo el Señor dijo: “...el sentarse a Mi derecha y a Mi izquierda, no es Mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por Mi Padre” (v. 23). Estas palabras indican que el Señor tiene un espíritu sumiso. El no asume ninguna autoridad, sino que deja todo en manos del Padre. En Su posición de hombre El estaba totalmente sujeto al Padre; no asumió ningún derecho a hacer nada aparte del Padre. Todos necesitamos aprender a dejarlo todo en manos del Señor. Nosotros no tenemos derecho a pedir nada con respecto a la posición que hemos de ocupar en el reino.

IV. LA RIVALIDAD CARNAL DE LOS DISCIPULOS

  En el versículo 24 vemos la rivalidad carnal que existía entre los discípulos: “Cuando los diez oyeron esto, se indignaron por los dos hermanos”. Los discípulos estaban más que enojados, estaban indignados, temiendo, al parecer, que no tenían ninguna posición de importancia. Los doce estaban llenos hasta el borde de ambición por obtener una posición; nada en absoluto de la muerte y la resurrección del Señor penetraba en ellos. ¡Qué situación tan lastimosa! Si esto hubiera sucedido en el capítulo cuatro, tal vez hubiéramos compadecido con ellos. Pero ésta fue su reacción después de haber presenciado la promulgación de la constitución del reino, después de haber recibido tantas revelaciones acerca de la persona de Cristo, después de haber visto revelado el misterio del reino, y de haber experimentado muchos factores negativos en el camino hacia la gloria. Después de todo esto, los doce aún estaban ocupados y preocupados con cuál posición ocuparan. Lucas 22:24 dice que los discípulos contendían entre sí acerca de quién de ellos sería el mayor. Pedro, Andrés, Jacobo, Juan, y todos los demás estaban compitiendo por ser el más grande.

  Mateo menciona la rivalidad que existía entre los discípulos para exponer que ambicionaban una posición, tal como nosotros hacemos hoy en lo secreto del corazón, aunque estamos en la iglesia. Algunos tienen ambición por ser ancianos o diáconos, y si no pueden lograr esta meta, al menos aspiran a ser un líder de un grupo de creyentes.

V. EL EJERCICIO DE LA VIDA DEL REINO

  Hay pasajes en los que aparentemente la Biblia se contradice. Por ejemplo, en Mateo 23 el Señor dice que no debemos ser llamados maestros. Pero en Efesios 4 Pablo dice que Cristo dio algunos maestros. Además, Mateo 23 dice que no debemos tener líderes. Pero en las epístolas se nos dice que en la iglesia hay líderes (He. 13:17, 24). No obstante, la Biblia no se contradice. Debemos darnos cuenta de que lo que está en la mente del Señor es completamente diferente de lo que está en nuestra mentalidad natural. Según el Señor, los ancianos o líderes no deben controlar a otros. En la vida de iglesia no debe existir ningún control. Pero esto no quiere decir que no exista ningún gobierno, ninguna dirección. Dirigir o gobernar es una cosa, y controlar es otra muy distinta. Todos los líderes de las iglesias deben entender esto claramente. En las iglesias del Señor necesitamos dirección, sin nada de control.

  Aquí necesitamos leer 1 Corintios 12:28, que dice: “Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, en segundo lugar profetas, en tercer lugar maestros, luego obras poderosas, después dones de sanidad, ayudas, administraciones, diversos géneros de lenguas”. Las “ayudas” mencionadas en este versículo se refieren al servicio de los diáconos, y se mencionan antes de las administraciones, las cuales denotan la función de los ancianos. De aquí que, en el Nuevo Testamento hay un versículo, la cual afirma que la administración de los ancianos es menor que las ayudas de los diáconos. Este hecho puede parecernos muy sorprendente. De acuerdo con nuestro concepto natural, los ancianos tienen una función mucho más importante que los diáconos. Pero el apóstol Pablo, bajo la inspiración de Dios, ubicó la función de los ancianos después de la de los diáconos. En este versículo, Pablo a propósito invirtió el orden de los ancianos y los diáconos, mencionando el oficio de los ancianos justo antes del último lugar de la lista, el cual está ocupado por el hablar en lenguas. Cuando Pablo escribió el libro de Efesios, Corinto era un semillero del pentecostalismo. Al escribir este libro, él a propósito minimizó la importancia de hablar en lenguas, colocándolo al último de la lista, y mencionó la función de los ancianos antes de ésta y después de la función de los diáconos.

  Todo el que es designado anciano llega a ser un esclavo. Los ancianos no son los reyes, sino los esclavos. Como uno que está en el ministerio del Señor, yo también soy un esclavo. Otros hermanos pueden disfrutar de su libertad, pero yo no tengo ninguna libertad porque he sido comprado para ser un esclavo. De igual manera, todo anciano es un esclavo. En el mundo, tener una posición significa tener gloria. Pero en la iglesia, tener una posición significa estar en esclavitud. En el catolicismo existe la jerarquía de los sacerdotes, obispos, arzobispos, cardenales, y por encima de todos, el papa; todos estos se hallan sobre los laicos. Esto es una vanagloria. Pero en la iglesia no existe dicha vanagloria; más bien se halla la esclavitud.

  Es una vergüenza que algunos ambicionen posición con el fin de ganar honor y gloria. Esto es un “escorpión” que se arrastra la vida de iglesia. Si no fuera por causa de nuestra función, yo no me sentaría en la primera fila. No piense que es una gloria sentarse enfrente. Yo preferiría sentarme atrás. Pero si los ancianos empezaran a sentarse atrás, entonces a los ojos de los hermanos las sillas de atrás serían las más honorables, lo cual indica que no es un asunto de dónde se sienten los ancianos, si en el frente o atrás, porque el honor de sus sillas existe sólo en nuestra mentalidad. ¡Oh, cuánto necesitamos que nuestra mentalidad sea renovada! Por causa del nuevo hombre, necesitamos ser renovados en el espíritu de nuestra mente y desechar el concepto infernal de posición.

  Durante los años que estuve con el hermano Nee, observé que cualquier hermano que ambicionaba ser anciano nunca fue designado uno de ellos. Por causa de la vida del reino debemos aniquilar la ambición que busca obtener una posición. Es una vergüenza aun hablar de posición, o de quién es superior a los demás. Buscar posición en la vida de iglesia no es una gloria, sino una vergüenza.

  Con respecto al asunto de buscar posición, dos cosas son verdad: la primera se encuentra en 1 Corintios 12:28 donde Pablo coloca la función de los ancianos después de la función de los diáconos; y la segunda es que ser anciano equivale a ser esclavo, lo cual corresponde con lo que el Señor afirmó en Mateo 20:25-27 al decir: “Entonces Jesús, llamándolos, dijo: Sabéis que los gobernantes de los gentiles se enseñorean de ellos, y los que son grandes ejercen sobre ellos potestad. Mas entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro esclavo”. ¡Cuán distinto es esto a nuestra mente egoísta! El liderazgo es una forma de esclavitud. Todo líder debe ser un esclavo. Así que, no deberían existir jerarquías entre nosotros. Por el contrario, todos los hermanos deben estar en el mismo nivel. La indignación de los diez discípulos proporcionó al Señor una oportunidad para revelar la manera de estar en el reino, esto es, estar dispuestos a servir a los demás como siervos, e incluso como esclavos, en lugar de procurar controlarlos.

  El versículo 28 dice: “Así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar Su vida en rescate por muchos”. En este libro acerca del reino, el Señor siempre se mantuvo en la posición de hombre. Aunque el reino de los cielos está constituido de la vida divina, se lleva a cabo en la esfera humana.

  Es de gran ayuda ver la diferencia que existe entre dirigir y controlar. Controlar a otros quiere decir hacer decisiones por ellos y decirles lo que deben hacer y lo que deben no hacer. Es poner a la gente bajo la voluntad de uno mismo. En el recobro del Señor debemos odiar esta clase de control. Nadie debería ejercer control, porque todos estamos bajo un solo Señor, y en nosotros mora un solo Espíritu vivificante, quien nos dirige. No obstante, todavía tenemos necesidad de estar bajo cierta autoridad. Si en una reunión a los santos se les dice lo que deben hacer, esto es control. Sin embargo, todavía debe haber cierta dirección en la reunión. Por ejemplo, supongamos que algunos adoran a un ídolo y reclaman tener completa libertad para hacerlo. Se necesita autoridad para impedir esto. Aún necesitamos algún liderazgo para decidir los horarios de las reuniones. Si somos completamente democráticos y no hay ningún reglamento, algunos pueden insistir en reunirse a las cuatro de la mañana, mientras que otros pueden sugerir reunirse a una hora igual de inconveniente por la tarde. De manera que los ancianos necesitan acudir al Señor en oración, tener comunión con los hermanos, y usar su sentido espiritual para discernir el sentir de los santos de manera que puedan determinar el mejor horario para las reuniones. Luego, los ancianos deben tomar una decisión. Esto no es control, sino dirección.

  No es fácil ser un anciano. Para ser un anciano se necesita tener un buen sentido espiritual para discernir la situación de los santos. Además, se requiere un vivir adecuado, un espíritu claro con una intuición aguda para conocer la voluntad de Dios. Luego se requiere la capacidad para tomar decisiones correctas. En ocasiones los ancianos hacen decisiones acerca del tiempo de las reuniones de acuerdo con sus conveniencias. Esto es un error. El horario de las reuniones no debe conformarse a la conveniencia de los ancianos, sino a la situación de los santos. Por esta razón, se debe ejercitar la intuición hacia Dios para saber lo que El quiere.

  Los ancianos hacen tales decisiones porque el gobierno de la iglesia está encomendado en sus manos. Pero no debemos pensar que el gobernar es más elevado que las ayudas. Nuestro concepto acerca de estas necesidades debe cambiar. Necesitamos un entendimiento espiritual y un concepto celestial acerca de los asuntos de la iglesia. Lo que se revela en la Biblia es completamente distinto de nuestro entendimiento natural. No debemos pensar que ser anciano significa ocupar una posición alta. Repito que ser anciano equivale a ser esclavo. Cuando un hermano es designado anciano, debe decir: “He sido reclutado dentro del cuerpo de ancianos, y no tengo otra alternativa. No quiero ser anciano, pero no puedo escapar. El Señor me ha reclutado y me ha hecho un anciano”. Las hermanas que son esposas de los ancianos deben decir: “Cuando mi esposo fue hecho anciano, se convirtió en esclavo. Pero estoy feliz de que el Señor lo haya metido en un camino tan celestial”. Cuando nuestro concepto haya sido cambiado completamente, la vergüenza de ambicionar una posición será borrada.

  En Mateo 23 el Señor Jesús dijo que no debía haber maestros ni líderes entre nosotros, sino que todos debíamos ser hermanos. Pero cuando el apóstol Pablo se refiere a los maestros y a los líderes, él no habla de reyes ni de jerarquía. Así que, tanto el Señor Jesús como el apóstol Pablo hablaron la misma cosa, y la Biblia nunca se contradice. Estoy agradecido por la palabra que Pablo dio en 1 Corintios 12:28 y por la palabra que el Señor dio respecto a aquellos que están en el liderazgo, a saber, que deben hacerse esclavos. Debido a que la ambición por obtener alguna posición mata la vida del reino, debemos eliminar el concepto de posición y de jerarquía.

VI. LA CEGUERA NECESITA SER SANADA

  En Mateo 20:29-34 tenemos una narración acerca de la sanidad de dos hombres ciegos. El hecho de que este suceso venga inmediatamente después del caso de la madre de Jacobo y Juan, indica que Jacobo y Juan estaban cegados. Ellos deben haber pensado que estaban siguiendo a Cristo, pero en realidad se encontraban al lado del camino, porque ellos aún no habían visto el camino. En lugar de tener un entendimiento apropiado de la crucifixión y resurrección del Señor, todavía procuraban obtener una posición. Debido a su ceguera necesitaban ser sanados.

  De acuerdo con el Antiguo Testamento, la sanidad de la ceguera se relaciona con el milenio. El principio es el mismo en el Nuevo Testamento. Hechos 26:18 dice: “Para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios”. Esto indica que la sanidad de la ceguera es un asunto del reino. Ningún ciego se encuentra en el camino del reino. Aparentemente Jacobo y Juan se hallaban en el camino, pero en realidad estaban ciegos, y se encontraban al lado del camino. Sus ojos aún no habían sido abiertos para ver el camino de la cruz.

  En Mateo 20:17:34 vemos tres hechos: la revelación de la cruz y de la resurrección; la pobre reacción de los discípulos motivada por la ambición por obtener cierta posición; y la sanidad de los dos hombres ciegos. Todo el que tiene ambición está ciego. Si tenemos ambición, estamos al lado del camino y necesitamos ser sanados. Tan pronto como los dos hombres ciegos recibieron la vista, siguieron al Señor en el camino, lo cual indica que cuando vemos la cruz y la resurrección, estamos en el camino siguiendo al Señor. Cuando los dos hombres ciegos que habían sido sanados empezaron a seguir al Señor Jesús, se encontraron en el camino, y no estuvieron más al lado de él. Fue desde que estos dos hombres fueron sanados, que Jacobo y Juan empezaron a seguir al Señor.

  El Señor les había preguntado si podían beber la copa que El había de beber, y ellos dijeron que sí podían (20:22). La palabra del Señor aquí puede ser considerada como una profecía. Beber la copa de la cruz significa morir como mártir. Jacobo fue el primero de los doce discípulos en ser hecho mártir, y Juan fue el último.

  La cruz y la resurrección tienen mucho significado para nosotros, pero es necesario aplicar la cruz a la ambición por obtener una posición. Si somos ambiciosos, seguimos siendo ciegos y estamos al lado del camino; no estamos en el camino siguiendo a Cristo. Debido a nuestra ceguera, necesitamos ser sanados. No estamos en el recobro del Señor para obtener una posición, sino para seguir al Señor hacia la cruz. En lugar de hablar acerca del trono, preferimos beber la copa de la cruz, y estar listos para morir como mártires.

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