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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Mateo»
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Mensaje 7

LOS ANTEPASADOS Y LA CONDICION DEL REY

(7)

  Ahora llegamos al capítulo dos de Mateo. En los mensajes anteriores hemos tratado la genealogía de Cristo y el nacimiento de Cristo. En este mensaje consideraremos la juventud de Cristo.

III. SU JUVENTUD

A. La crónica acerca de la juventud de Cristo en Mateo y en Lucas

  Si prestamos atención a los cuatro Evangelios, veremos que en Juan y en Marcos no se relata la juventud de Cristo. Juan nos dice que Cristo es Dios, y Dios no tiene juventud ni vejez. Dios es antiguo, pero nunca cambia. Por lo tanto, no hay cuestión de juventud con respecto a Dios. En Marcos, Cristo se revela como esclavo. Nadie se ocupa de la juventud de un esclavo. En cambio, Lucas y Mateo narran la juventud de Cristo. Sin embargo, igual que con las genealogías, existe una diferencia entre los dos relatos de la juventud de Cristo.

1. Lo relatado en Lucas demuestra la humanidad de Cristo

  El Evangelio de Lucas demuestra que Cristo era un hombre perfecto. Por lo tanto, el relato de Lucas da testimonio de la humanidad de Jesús y la demuestra (Lc. 2:21-52). Los hechos de la juventud de Cristo narrados por Lucas muestran que Jesús era un hombre normal y recto. Jesús fue circuncidado el octavo día según la ley judía (Lc. 2:21). Además, según la costumbre judía, le pusieron por nombre Jesús en el octavo día, y no en el primer día. Fue ofrecido a Dios con sacrificio de un par de tórtolas, o dos palominos (Lc. 2:22-24). El hecho de que María y José sólo podían ofrecer un sacrificio pequeño indica que eran pobres. No obstante, cumplieron el requisito de la ley. Además, Jesús fue llevado a Jerusalén cada año durante la fiesta de la Pascua (Lc. 2:41). Esto también estaba en conformidad con la ley que requiere que todos los varones israelitas tenían que asistir a las fiestas tres veces al año. Lucas específicamente hace notar que Jesús fue llevado a la fiesta cuando tenía doce años (Lc. 2:42). También deja constancia que Jesús creció físicamente, que se fortalecía en Su espíritu, y que halló favor para con Dios y para con los hombres (Lc. 2:40, 52). Todos estos puntos que constan en Lucas demuestran que Jesús era un hombre típico.

2. Lo relatado en Mateo demuestra el reinado de Cristo

  Lo narrado por Mateo demuestra que el joven Jesús era el Rey del pueblo de Dios (Mt. 2:1-23). Lucas no incluye este punto, pero Mateo, pasando por alto todos los puntos tratados en el Evangelio de Lucas, ocupa mucho tiempo en éste. Con esto vemos que la Biblia tiene un propósito: en Lucas tiene como fin demostrar que Jesús era hombre, mientras que en Mateo tiene como fin mostrar que Jesús era un niño real. Ahora examinaremos el relato de Mateo para ver cómo Jesús era un niño real.

  No debemos tratar de entender la Biblia sólo por lo escrito. Tenemos que profundizar en ella y hallar algo de vida en ella. Mateo 1 nos dice que el Antiguo Testamento contiene profecías acerca de Cristo y que el pueblo de Dios esperaba Su venida. En Mateo 1 Jesús vino. Cristo fue introducido en la humanidad; apareció en la tierra. El capítulo dos continúa y trata la manera de encontrar a Cristo. Su venida fue profetizada, El ha venido y está aquí. Sin embargo, existe un problema: dónde encontrarlo.

a. Hallado en Belén por los paganos

  Mateo 1 revela que Jesús, el Mesías, ha venido. Si usted hubiera sido israelita en aquellos días, habría dicho: “Usted me dice que Jesús ha venido, pero ¿dónde puedo encontrarlo?” Gracias al Señor porque el hecho de encontrar a Jesús fue iniciado por Dios y no por nosotros.

  Consideremos la historia. En los días del nacimiento de Jesús, había una religión de nombre judaísmo. Esta era fundamental, sana, espiritual y fue formada, organizada y constituida conforme a los treinta y nueve libros del Antiguo Testamento. Por lo que vemos en Mateo 2, sabemos que el judaísmo se aferraba a la Biblia. Sin embargo, casi nadie de esa religión se había enterado de que Cristo había venido. No podemos encontrar nada en el Nuevo Testamento que nos diga que algunos de aquellos religiosos fueron a buscar a Cristo. Por lo contrario, consta que algunos paganos, los magos, fueron a encontrarlo (2:1-12). Por supuesto, esto fue iniciado por Dios y no por ellos.

(1) Guiados por la estrella, la visión celestial

  Dios dio a los magos una estrella resplandeciente como guía (2:2). Aquella estrella no apareció en la Tierra Santa. Apareció a los hombres que moraban a gran distancia de la Tierra Santa; muy lejos de la ciudad santa, muy lejos del templo santo y de la religión santa, muy lejos de la Biblia Sagrada, la gente santa y los sacerdotes santos. A gran distancia de todo lo santo la estrella resplandeciente apareció a algunos paganos en una tierra pagana. El brillo de esa estrella incitó a aquellos paganos sabios a buscar al Rey de los judíos. No sé cómo los paganos sabios fueron despertados a buscar al Rey de los judíos y no quiero adivinar. Ya basta con todas las imaginaciones acerca de aquellos sabios. De todos modos, vinieron del oriente, y se dieron cuenta de que la estrella mostraba el camino al Rey de los judíos.

  Los sabios tenían la visión viva, la estrella celestial, y los religiosos judíos tenían la Biblia. ¿Cuál prefiere usted? ¿la Biblia o la estrella? Es mejor tener las dos. Prefiero tener en mano la Biblia y ver la estrella en los cielos. Es mejor ser pagano y judío a la vez. En cuanto a la Biblia, soy judío; con respecto a la estrella, soy un pagano sabio.

(2) Distraídos por el concepto humano

  Después de que los magos experimentaron la visión de la estrella celestial, causaron problemas. Los problemas provinieron de su concepto natural. Aunque tengamos la Biblia y la estrella, debemos reconocer que podemos causar problemas con nuestro concepto natural. Los magos tuvieron la visión y, dándose cuenta de que mostraba donde estaba el Rey de los judíos, asumieron que debían ir a Jerusalén, la capital de la nación judía, donde el Rey de los judíos estaría (vs. 1-2). La decisión de ir a Jerusalén no fue motivada por el brillo de la estrella. Fueron a Jerusalén porque se habían distraído y desviado del camino por su concepto natural. Jerusalén no era el lugar. Era la capital y la ciudad donde estaba el templo, pero no era el lugar donde nació Jesús. El hecho de que los magos se hubieran desviado causó un gran problema, y por poco el niño Jesús fue muerto. Sin la soberanía de Dios, el joven Jesús habría sido muerto como resultado del error de los magos. Ese error costó las vidas de muchos pequeños (vs. 16-18). Tenga cuidado: aunque tenga la Biblia y la estrella, no debe seguir su concepto natural.

(3) Corregidos por las Escrituras

  Muchas veces tenemos la visión, pero cuando la consideramos, somos distraídos y desviados por el concepto natural. El concepto humano nos distrae sacándonos del camino. Cuando somos distraídos así, necesitamos la Biblia. Después de llegar al lugar equivocado, necesitamos el libro correcto. Después de que los magos habían ido a Jerusalén, el lugar equivocado, recibieron corrección por medio de las Escrituras. Al leerlas aprendieron que Belén era el lugar, y no Jerusalén (vs. 4-6). Si no hubieran sido desviados por su concepto natural, indudablemente la estrella les habría dirigido al lugar donde estaba Jesús en Belén. Pero fueron distraídos y se desviaron. Así que, necesitamos ser corregidos por el conocimiento de la Biblia. Cuando los magos habían sido corregidos por las Escrituras, cuando habían partido de Jerusalén y regresado al camino correcto, la estrella se les apareció de nuevo (v. 9). La visión viva siempre concuerda con las Escrituras.

  Sin embargo, ninguno de los religiosos de Jerusalén fue con los magos a Belén. Esto es muy extraño. Si usted hubiera sido sacerdote entre los demás, ¿habría ido con los magos para ver si Jesús de verdad había nacido en Belén? Si yo hubiera estado allí, sin lugar a dudas habría ido para ver personalmente si Cristo había nacido de verdad o no. Pero ninguno de ellos fue. Tenían el conocimiento y podían decirles a otros que el Mesías iba a nacer en Belén; sin embargo, ninguno de ellos fue. Aunque les gusta tener el conocimiento de la Biblia, no les gusta ver la Persona viviente del Mesías.

  ¿Y qué diríamos de la situación de hoy? Muchos son muy bíblicos, pero sólo se ocupan de las Escrituras y no del Cristo viviente. Si los religiosos judíos se hubieran ocupado de Cristo, habrían ido a Belén, la cual no estaba muy lejos de Jerusalén, aun para los antiguos medios de transporte. Aunque Belén no estaba lejos, ninguno de los escribas, ancianos o sacerdotes se tomaron la molestia de ir a ver. Esto comprueba que uno puede poseer el conocimiento de la Biblia sin querer buscar al Cristo viviente. Tener la visión es una cosa, conocer la Biblia es otra, y buscar al Cristo viviente es todavía otra cosa. Todos necesitamos orar: “Señor, dame un corazón que te busque. Quiero ver la visión y quiero conocer la Biblia. Pero aún más, quiero un corazón que te busque”.

(4) Guiados de nuevo por la estrella para buscar y adorar a Cristo

  Después de que los magos volvieron a ver la estrella, ésta los guió al lugar donde estaba Cristo (Mt. 2: 9-10). La estrella los guió no sólo a la ciudad de Belén, sino al mismo lugar donde estaba Jesús.

  Los cristianos dicen con frecuencia que para conocer al Señor es suficiente tener solamente la Biblia. En cierto sentido, estoy de acuerdo. Pero en otro sentido, y lo digo cuidadosamente, no estoy completamente de acuerdo. Aunque tengamos la Biblia, todavía necesitamos una visión viva. La Biblia dice que Cristo nacería en Belén, pero no dice dónde, en qué calle, o en cuál casa. La estrella viva guió a los magos a la ciudad de Belén, y también al mismo lugar y casa donde estaba el niño. En aquel lugar, se detuvo la estrella (v. 9). Los magos no necesitaron tocar las puertas; sabían exactamente dónde estaba Jesús. Esto comprueba que todos necesitamos una visión clara y actual que nos guíe directamente al lugar donde está Jesús.

  Los magos no sólo encontraron a Cristo, sino que también lo adoraron (v. 11). Entre los israelitas, no era permitido recibir adoración de otros. Era considerado un insulto para Dios, una blasfemia en contra de El. Según ellos, sólo Dios era digno de la adoración de hombres. Pero los magos adoraron a un niño, y ese niño era Dios. Isaías 9:6 dice: “Porque un niño nos es nacido ... y se llamará su nombre Dios fuerte”. El niño que los magos hallaron fue llamado Dios fuerte. Los magos lo adoraron y le ofrecieron oro, olíbano y mirra (v. 11).

  Debemos saber el significado del oro, del olíbano y de la mirra. En la tipología de la Biblia, el oro significa la naturaleza divina, lo cual indica que el niño Jesús tenía la naturaleza divina. El era divino. El olíbano significa la fragancia de la resurrección. Según nuestra mentalidad religiosa y natural, la resurrección de Jesús tuvo lugar después de Su muerte. No obstante, antes de morir Jesús les dijo a María y a Marta que El era la resurrección y la vida (Jn. 11:25). Por lo tanto, aun antes de morir El era la resurrección. La vida que Cristo llevó en la tierra era una vida en resurrección. Lucas 2:52 dice que incluso en Su niñez halló favor para con Dios y para con los hombres. Eso no era algo natural; era la vida de resurrección. Lo que consta en Lucas 2 revela que el niño era extraordinario. Era un niño único porque estaba en resurrección. En toda Su vida humana y en todo Su vivir había una fragancia, la dulzura de la resurrección. La muerte no pudo retenerlo ni tocarlo. No sólo era la vida, sino también la resurrección.

  La mirra significa la muerte y también la fragancia de ella. Entre la humanidad, la muerte no tiene fragancia; no obstante, con Jesús había fragancia de muerte.

  Cuando los magos presentaron oro, olíbano y mirra, no creo que supieran el significado de sus regalos. Es cierto que ofrecieron los regalos bajo la inspiración del Espíritu Santo. Presentaron oro, olíbano y mirra, los cuales indicaban que la vida de Jesús sería una vida de resurrección, llena de la fragancia del olíbano, y que Su vida estaría llena de la fragancia de la muerte.

  Cuando Jesús tenía doce años, fue a Jerusalén con Sus padres (Lc. 2:42). Lo que la gente hacía en la casa del Padre, el templo, le interesaba mucho a Jesús; por eso, se quedó en Jerusalén después de la fiesta (Lc. 2:43). María y José no lo entendieron. Le buscaban y por fin lo encontraron en el templo (vs. 44-48). En cierto sentido, María lo reprendió. Si yo hubiera sido Jesús, le habría reprendido a ella. Habría respondido: “¿No sabes lo que estoy haciendo aquí? Por qué vienes a molestarme?” Al leer el relato hecho por Lucas, vemos que Jesús sí les dijo algo. Respondió diciendo: “¿No sabíais que en los asuntos de Mi Padre me es necesario estar? (v. 49). Después de decir esto, les acompañó y regresó con ellos a Nazaret. Eso en realidad era un tipo de aniquilación para El. Lo que El quería hacer fue anulado, y en eso podemos oler la mirra. No fue la fragancia del olíbano, sino el dulce aroma de la mirra.

  Al leer los cuatro Evangelios, las biografías de Jesús, vemos que en la vida de Jesús el oro, el olíbano y la mirra eran prevalecientes. El siempre vivía en la vida de resurrección, y continuamente experimentaba la aniquilación de la cruz. No esperó hasta cumplir treinta y tres años para pasar por la cruz y ser crucificado. En toda Su vida continuamente era crucificado. Por consiguiente, no sólo tenía la fragancia de la resurrección, sino también la mirra de la cruz.

  Los magos hallaron al niño real, Jesús, en Belén, del cual se dice en Miqueas 5:2 es “pequeña para estar entre los miles de Judá” (heb.). Nació en un pueblo humilde en circunstancias pobres. Pero, debido a la visión traída por la estrella, los magos le honraron al niño real, sin considerar el lugar. Por lo tanto, le ofrecieron las tres cosas preciosas. Cada una de estas cosas significa algún elemento precioso de la naturaleza y vida del Señor Jesús. En casi todas las páginas de los cuatro Evangelios, vemos lo preciosa que era la humanidad del Señor, la fragancia de Su vida de resurrección, y el dulce aroma de la muerte que El sufrió en sacrificio. Aun en los primeros días, poco después del nacimiento del Señor, los magos hicieron algo muy apropiado, que correspondió exactamente a la naturaleza y vida del Señor. Su ofrenda fue presentada, sin lugar a dudas, bajo la inspiración del Espíritu Santo.

  Puede ser que estos tesoros valiosos ofrecidos por los magos les proporcionaron medios para el viaje de Judea a Egipto y de Egipto a Nazaret.

(5) Advertidos por Dios a regresar por otro camino

  Después de que los magos encontraron a Cristo, lo adoraron y le ofrecieron estos valiosos tesoros, Dios les advirtió que regresaran por otro camino (Mt. 2:12). El otro camino, y no el original, era el camino correcto. Cuando encontramos a Cristo y le conocemos, siempre nos dicen que no debemos regresar por el camino original. Encontrar a Cristo y conocerle siempre nos pone en otro camino.

  La situación actual es exactamente igual. Tenemos la Biblia, y Cristo viene, pero ¿cómo lo vamos a encontrar? El principio fundamental no se encuentra en la Biblia. Aunque la Biblia nos ayuda, el principio fundamental se halla en la estrella viva, la visión celestial.

  Ahora debemos ver cómo podemos obtener esta estrella, o sea, esta visión celestial. La Biblia nos dice que la estrella viva es Cristo. Fue profetizado que Cristo sería la estrella (Nm. 24:17). El vino como la estrella (Mt. 2) y así permanece (Ap. 22:16). El está resplandeciendo. ¿Cómo podemos experimentar a Cristo como la estrella? Según 2 Pedro 1:19, la estrella está relacionada con la Biblia. Pedro dice que debemos “estar atentos a la palabra profética más segura”. Si estamos atentos a esta palabra segura, algo dentro de nosotros amanecerá y la estrella de la mañana nacerá en nuestros corazones. Estar más atentos a la palabra segura es prestar atención a la Palabra viva. No es simplemente leer la Palabra; es profundizar la Palabra hasta que algo nazca en nosotros. Podemos llamarlo el alba o la estrella de la mañana. La palabra griega es fosfóros, una substancia luminosa. Un pedazo de fósforo brilla en la oscuridad. Cristo es el fósforo verdadero que resplandece en la presente oscuridad. Pero la Palabra no puede resplandecer sobre alguien, si éste no está atento a ella. Es necesario estar atento hasta que algo empiece a resplandecer en nuestro interior. Ese resplandor llegará a ser el fósforo en nuestro corazón. Entonces nosotros tendremos la estrella de la mañana. Seremos como los magos, los sabios, y algo de los cielos resplandecerá sobre nosotros.

  Cristo es la estrella. La Biblia dice que los seguidores de Cristo son estrellas también. Apocalipsis 1:20 nos dice que todos los que están en la delantera en la vida de iglesia son estrellas, y eso porque son los que resplandecen. Daniel 12:3 dice que los justos resplandecerán como estrellas. Los que guían a muchos a la justicia, o sea, del camino equivocado al camino correcto, resplandecerán como estrellas.

  En la actualidad sólo hay dos maneras en que la estrella puede resplandecer sobre usted. Según la primera, usted debe acudir a la Palabra segura y abrir todo su ser a ella —su boca, sus ojos, su mente, su espíritu, y su corazón— hasta que algo nazca en usted y resplandezca sobre usted. Eso es Cristo. La segunda manera es acudir a los santos resplandecientes, los que siguen en pos de Cristo. Si acude a ellos, recibirá luz. También recibirá dirección, pues le van a conducir al lugar donde está Cristo.

  Las dos maneras de conseguir la estrella están relacionadas con el Espíritu y la iglesia. Inmediatamente después de Apocalipsis 22:16, donde dice que el Señor Jesús es la estrella de la mañana, el siguiente versículo dice: “Y el Espíritu y la novia dicen ...” Esto comprueba que, como estrella de la mañana, el Señor Jesús está ligado con el Espíritu y con la iglesia, la cual es la novia. Apocalipsis 3:1 dice que el Señor Jesús tiene siete Espíritus y siete estrellas, y Apocalipsis 1:20 dice que las siete estrellas son los ángeles de las iglesias. Estos versículos muestran que las estrellas están relacionadas no sólo con el Espíritu, sino también con las iglesias. Si queremos conseguir la estrella viva o las estrellas vivas, necesitamos al Espíritu y la iglesia. Por el Espíritu y mediante la iglesia, nos será fácil conseguir la visión celestial para que encontremos a Cristo y le demos nuestro aprecio.

b. Huye de Egipto

  Hallaron a Cristo en Belén. Este descubrimiento provocó un disturbio. Dios usó el disturbio para sacar al niño de Belén y llevarlo a Egipto (Mt. 2:13-18). Oseas 11:1 profetizó que Jesús sería llamado de Egipto. Sin el disturbio provocado después de que Jesús fue hallado en Belén, no se habría encontrado motivo para que El huyera a Egipto.

  Esto tiene gran significado. Los magos cometieron un gran error, pero éste le dio a Dios la oportunidad para cumplir Su profecía. Pero no debemos cometer errores a propósito. Eso no servirá. Haga usted todo lo posible por hacer las cosas de modo correcto. No obstante, por mucho que intente hacer lo recto, finalmente cometerá un gran error como lo hicieron los magos. Nunca diga: “Hagamos males para que vengan bienes”. Si hace mal, lo bueno no vendrá. No obstante, si trata de hacer lo recto y aún así comete un error, éste dará a Dios una oportunidad para cumplir Su propósito.

  José huyó con María y Jesús a Egipto; por eso, el niño Jesús se escapó del primer martirio, el cual fue provocado por el error de los magos. Satanás siempre está ocupado, esperando una oportunidad para provocar un martirio. Pero Dios es soberano sobre todos, incluyendo a Satanás, y por Su soberanía preserva a Sus amados guardándolos de las maquinaciones del enemigo. Jesús fue preservado por la mano soberana de Dios.

c. Criado en Nazaret

  Ahora presentaré un poco de historia. Aunque usted la conoce, es posible que necesite más luz. María concibió a un niño en Nazaret (Lc. 1:26-27, 31). Pero según lo profetizado en Miqueas 5:2, Cristo tenía que nacer en Belén. Bajo el arreglo soberano de Dios, César Augusto ordenó el primer censo del Imperio Romano (Lc. 2:1-7). Esto obligó a que todos los que moraban allí regresaran a sus pueblos natales. María y José tenían que regresar a Belén, su pueblo natal. Inmediatamente después de llegar a Belén, el niño Jesús nació. El error de los magos incitó la ira y los celos del rey Herodes, pues estaba enojado porque un niño real nació. Luego José fue instruido en un sueño a llevar al niño a Egipto (Mt. 2:13-15). Esto le dio a Dios la oportunidad para cumplir la profecía hallada en Oseas 11:1. Después de que murió Herodes, José recibió instrucción en un sueño a regresar a la Tierra Santa (vs. 19-20). Cuando José había regresado y aprendido que Arqueas, hijo de Herodes, tenía poder, tenía miedo de quedarse en el territorio que rodeaba a Belén. Por lo tanto, fue a Nazaret, donde criaron a Jesús (vs. 21-23). Es por esta razón que Jesús se llamaba Jesús de Nazaret.

  ¿Qué significa todo esto? Significa que cuando Jesús nació en la humanidad, apareció de una manera muy oculta; en cierto sentido no apareció de manera manifiesta ni evidente. A veces he oído usar la palabra “furtivo” para describirlo. Todo el mundo le llamaba Jesús de Nazaret, porque era nazareno. Pero la Biblia dijo que Cristo nacería en Belén. Lo oculto del nacimiento de Cristo molestó a todos los religiosos. Cuando Felipe conoció a Jesús, se dio cuenta de que Jesús era el Mesías. Luego Felipe fue a Natanael para decirle que había conocido al Mesías y que éste era hijo de José, un hombre de Nazaret. Inmediatamente, Natanael dijo: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” (Jn. 1:45-46). ¿Acaso Felipe dio a Natanael información incorrecta? Es difícil decir. Felipe sólo sabía que Jesús era el hijo de José y que era nazareno. Aunque Jesús era de Nazaret y era nazareno, había nacido no en Nazaret sino en Belén. Natanael estaba perturbado. Sin embargo, Felipe no discutió con él; simplemente dijo: “Ven y ve” (Jn. 1:46).

  En otra ocasión Nicodemo, quien había llegado a conocer a Jesús, trató de discutir con los fariseos acerca de Jesús. Los fariseos le preguntaron: “¿Eres tú también galileo?” (Jn. 7:52). Galilea era una región de los gentiles, y la Biblia la llama: “Galilea de las naciones” (Mt. 4:15). Parece que los fariseos decían a Nicodemo: “¿Eres tú de Galilea? Sabemos que Jesús vino de Galilea. Pero no viene profeta de Galilea”. Aparentemente, Jesús era de Galilea, de Nazaret; en realidad, nació en Belén. De esta manera oculta y secreta El apareció a la gente.

  El principio es el mismo hoy en día. Le remito usted a la tipología del tabernáculo. Este fue cubierto de la piel tosca y cruda de tejones; afuera, no era muy atractivo. No obstante, adentro había lino fino, oro y piedras preciosas. El principio espiritual de la iglesia es el mismo. No mire usted la iglesia desde afuera. Necesita entrar en la iglesia. Estoy seguro de que si el apóstol Pablo lo visitara a usted, usted se sorprendería y preguntaría: “¿Eres tú el hermano Pablo? Creía que el apóstol Pablo sería como un ángel resplandeciente. Pero, ¿cómo eres tú? Eres un simple hombre pequeño sin ningún atractivo”.

  No debemos exhibirnos; ni debemos conocer a otros según la apariencia. Debemos conocerlos según el espíritu interior. En apariencia, Jesús era nazareno, pero dentro de El había oro, olíbano y mirra. Dentro de El estaba la gloria de Dios. En 2 Corintios 5:16 dice que no debemos conocer a Cristo ni a ningún hombre según la apariencia. Más bien, debemos discernir la realidad interior de Cristo.

  Debemos guardar este principio hoy en día. Para poder encontrar a Cristo, necesitamos la estrella resplandeciente. No debemos actuar según la apariencia, sino según lo que está en el interior. Si usted quiere conocer a la iglesia o a los santos, no debe ocuparse de la apariencia. No estime lo externo, tal como las catedrales inmensas, los edificios eclesiásticos grandes y los órganos de pipas. Olvide todo eso. Jesús no tenía nada externo que sobresalía. El era un nazareno pequeño, uno que creció en una provincia llamada “Galilea de las naciones” y que fue criado en una ciudad menospreciada por la gente: “¿De Nazaret puede salir algo de bueno?” Pero si usted “viene y ve” y entra en El, le apreciará y será capturado por El. Del mismo modo, necesitará entrar en la iglesia y quedarse por un rato. Si lo hace, hallará algo valioso. Es lo mismo con respecto a los santos que buscan al Señor. Cuanto más buscan al Señor, más esconden sus experiencias de las cosas espirituales. Usted necesita acudir a ellos y permanecer con ellos. Verá el olíbano, la mirra y muchos otros tesoros preciosos. Entonces será atraído y cautivado. Esta es la manera de hallar a Cristo y apreciar todo lo que es y todo Sus cosas valiosas: el oro, el olíbano y la mirra.

  Mateo 2:23 dice que Jesús sería llamado nazareno. Algunos adivinaron que la palabra “nazareno” se refiere a la palabra “nazareo” mencionado en Números 6:2. Otros adivinaron que se refiere a la palabra hebrea netzer traducida rama en Isaías 11:1. Nosotros no creemos que debemos adivinar mucho. Sabemos que en apariencia Jesús era nazareno, según lo hablado por los profetas.

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