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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Mateo»
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Mensaje 71

LA INJUSTICIA DEL HOMBRE Y LA JUSTICIA DE DIOS

  En Mt. 27 vemos un contraste entre la injusticia del hombre y la justicia de Dios. En la crucifixión de Cristo, la injusticia del hombre dio lugar a que Dios manifestara Su justicia. Tenemos que ver este asunto claramente.

LA INJUSTICIA DEL HOMBRE

  Como mencionamos en el mensaje anterior, el Señor Jesús estuvo en la cruz por seis horas. Durante las primeras tres horas El fue juzgado por los hombres, y durante las últimas tres horas fue juzgado por Dios. Todo lo que los hombres le hicieron al Señor Jesús en el capítulo veintisiete fue injusto. No sólo Pilato fue injusto para con El, sino que los líderes judíos también fueron injustos; ellos arrestaron, juzgaron y condenaron a Cristo de una manera injusta. Por supuesto, Judas también fue injusto al traicionarle. Los soldados romanos también trataron al Señor injustamente; ellos actuaron sin justicia burlándose de El, escupiéndole y golpeándole. Además, ellos forzaron injustamente a Simón el cireneo a llevar la cruz del Señor. Así que, por el lado humano, no hubo ningún acto justo.

LA INJUSTICIA DEL HOMBRE DA LUGAR A QUE DIOS MANIFIESTE SU JUSTICIA

  ¡Alabado sea Dios porque la injusticia humana dio lugar a que El manifestara Su justicia! Lo único que los hombres pudieron hacer fue maltratar al Señor y sacrificarlo en la cruz como el Cordero pascual. Pero lo que ellos le hicieron al Señor Jesús estableció el escenario para que la justicia de Dios interviniera. Por parte del hombre, todo era negro; sin embargo, por parte de Dios, todo era blanco. Por el lado del hombre todo era injusto, pero por el lado de Dios todo era justo. La injusticia de los hombres preparó el camino para que la justicia de Dios se manifestara plenamente. De este modo, la injusticia del hombre se convirtió en la justicia de Dios. La crucifixión de Cristo puso de manifiesto la injusticia del hombre; no obstante, ésta introdujo la justicia de Dios. Así que, la muerte de Cristo fue la primera manera en que la injusticia del hombre introdujo la justicia de Dios.

CRISTO PONE AL DESCUBIERTO LA INJUSTICIA DEL HOMBRE

  Sin embargo, ésta no fue la manera básica. Fue por medio de Cristo que la injusticia de los hombres dio lugar a que se manifestara la justicia de Dios. Para lograr que la injusticia de los hombres se convirtiera en la justicia de Dios, Cristo primero puso al descubierto la injusticia del hombre. En toda la historia de la humanidad nunca ha habido otro caso en el que la injusticia humana haya sido tan evidente como en la crucifixión de Cristo. Como todos sabemos, la injusticia abunda en el área jurídica de todo gobierno terrenal; pero ninguna otra corte humana ha visto tanta injusticia como la que se mostró en el juicio y la crucifixión del Señor Jesús. El Señor Jesús puso en evidencia la injusticia humana. Hemos visto que Judas traicionó al Señor injustamente; además, los ancianos, principales sacerdotes y el sanedrín fueron todos injustos. De manera que, el caso de la crucifixión de Cristo fue único en cuanto a estar tan lleno de injusticia. Casi todos los que se involucraron en este caso actuaron injustamente. Este caso fue injusto en toda manera y en todo aspecto. La simple presencia de Cristo en esta situación injusta puso de manifiesto la injusticia de los hombres.

CRISTO LLEVA SOBRE SI LA INJUSTICIA DEL HOMBRE

  En segundo lugar, el Cristo que puso de manifiesto la injusticia del hombre, también llevó sobre Sí mismo toda esa injusticia. El primero puso en evidencia la injusticia de los hombres y luego la llevó a la cruz. Esto es como limpiar la casa. Si uno no hace limpieza, no podrá ver el polvo escondido bajo los muebles. Al limpiar una habitación, lo primero que notamos es el polvo, luego lo barremos y lo recogemos. De igual manera, en el día de la Pascua el Señor Jesús primero puso en evidencia todo el “polvo”, es decir, puso al descubierto toda la injusticia del hombre. Luego, El limpió el “polvo” que se había manifestado. Oh, la simple presencia del Señor Jesús puso en evidencia cada partícula del “polvo” que estaba escondido en todo el universo. Finalmente el Señor Jesús, Cristo mismo, llegó a ser el “recogedor” y todo el “polvo” fue puesto sobre El. Durante las primeras tres horas que estuvo en la cruz, el cual fue el tiempo en que el hombre lo maltrató, fueron puestos sobre El todos los pecados, todas las injusticias, todo el “polvo” del universo. Mientras El colgaba en la cruz, era el “recogedor” universal, dentro del cual todo el “polvo” del universo fue reunido. Así que, después de que toda la injusticia del hombre hubo sido puesta en evidencia, fue llevada por Cristo a la cruz. Esto preparó las circunstancias para que la justicia de Dios interviniera a fin de juzgar a los injustos y sus injusticias.

  Sin el color negro de trasfondo, el blanco no podría manifestarse claramente. Debido a que todo el “polvo”, todas las injusticias del hombre, fueron llevadas a la cruz, se preparó el escenario para que la justicia de Dios fuera revelada. Si no hubiera habido tanta injusticia, no habría sido posible que tanta justicia fuera manifestada. Toda la injusticia de la humanidad fue amontonada sobre el Señor en la cruz a fin de que la justicia de Dios pudiera manifestarse. El Dios justo intervino para ejercer Su justicia al juzgar toda esta injusticia. Esta es la razón por la cual la injusticia del hombre finalmente se convirtió en la justicia de Dios por medio de Cristo. Es por esto que hemos sido salvos.

  Cristo es el factor que produce el cambio. Por medio de Cristo la injusticia del hombre dio lugar a que Dios manifestara Su justicia. Primero, Cristo puso de manifiesto la injusticia del hombre, y luego, al ser juzgado por la justicia de Dios, El llevó sobre Sí mismo toda esa injusticia. ¿Se encuentra usted todavía en la injusticia del hombre, o está ahora mismo bajo la justicia de Dios? ¡Aleluya, los que somos salvos estamos bajo la justicia de Dios!

LA JUSTICIA DE DIOS REVELADA EN EL EVANGELIO

  La justicia es un aspecto crucial de la verdad del evangelio, puesto que la justicia es nuestra base para ser salvos. Nuestra salvación reposa sobre la sólida roca de la justicia de Dios. Romanos 1:16-17 dicen: “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego. Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe...” Debido a la justicia de Dios, el evangelio es poderoso para salvar a todo aquel que cree en el Señor Jesús. El evangelio de Cristo es muy poderoso, no por el amor de Dios ni por Su gracia, sino por la justicia de Dios.

  Hablando en términos legales, tanto el amor como la gracia pueden fluctuar, pero la justicia, en especial la justicia de Dios, nunca cambia. La señora Guyón dijo en una ocasión que aun si Dios quisiera invalidar la salvación de ella, simplemente no podría hacerlo porque ya la había juzgado en la cruz. Por medio de Cristo como nuestro Substituto, nosotros ya fuimos juzgados en la cruz de acuerdo con la justicia. Por lo tanto Dios tiene que salvarnos. Dios es un Dios justo. Debido a que el Dios justo ya ha tratado con nosotros jurídicamente, El ahora está obligado a salvarnos. Nosotros podemos decirle atrevidamente: “Dios, no me dirijo a Ti sobre la base de Tu amor ni de Tu gracia, sino de Tu justicia. Apelo a Ti sobre la base de Tu justicia. De acuerdo con Tu justicia, Tú estás obligado a salvarme. Si no me salvas, manifestarás que no eres justo”. Si decimos esto a Dios, El contestará: “Ciertamente debo salvarte”.

  Nada compromete tanto a Dios como Su justicia. Salmos 89:14 dice: “Justicia y juicio son el cimiento de Tu trono”. Si la justicia de Dios pudiera ser quitada, Su trono se derrumbaría. Nosotros podemos decir: “¡Alabado sea el Señor! ¡Aun si Dios quisiera cambiar de opinión, El no podría hacerlo porque es un Dios justo!” ¡Cuán significativo es esto!

LA JUSTICIA, EL AMOR Y LA GRACIA

  La justicia es un asunto jurídico; por el contrario, el amor es algo que depende de la emoción. Si yo lo amo a usted, le doy mi atención; pero si no lo amo, simplemente me olvido de usted. A muchos cristianos les gusta citar Juan 3:16, el cual dice que Dios amó tanto al mundo que dio a Su Hijo unigénito. Sí, Dios amó mucho al mundo, pero Su amor no es tan firme como Su justicia. Por supuesto, Dios no cambiará en Su amor. Pero supongamos que Su amor pudiera cambiar. Dios tiene el derecho de cambiar en cuanto a Su amor, pero El no tiene el derecho de cambiar en cuanto a Su justicia. Ya sea que Dios nos ame o nos abandone, El no sería injusto. Tampoco sería injusto si nos mostrara Su gracia o nos la quitara, porque la gracia es algo que depende del deseo de Dios. En Mateo 20 el Señor le dijo a Pedro que quería darle la misma recompensa al último como al primero. Este asunto depende del deseo de Dios, y no hay nada malo en ello. Pero la justicia no depende de la emoción ni del deseo, sino que es un asunto jurídico. Un asunto jurídico se relaciona con la ejecución de la ley, es decir, con la legislación. El evangelio de Dios es un asunto totalmente jurídico, un asunto que tiene que ver con la legislación divina. Dios nos salvó jurídicamente. Por supuesto, la salvación de Dios es iniciada por Su amor y llevada a cabo por Su gracia; sin embargo, finalmente da por resultado Su justicia. Por consiguiente, la salvación que recibimos hoy no es simplemente un asunto del amor o de la gracia de Dios, sino también un asunto jurídico que proviene de la justicia de Dios. Nuestra salvación fue sellada y confirmada por la justicia de Dios. Ahora, ni Dios mismo puede cambiar nuestra salvación.

EL REINO DE DIOS SE EDIFICA SOBRE LA JUSTICIA

  El reino de Dios se edifica sobre esta justicia. ¿Ha visto usted el contraste entre la injusticia del hombre y la justicia de Dios, entre el reino del hombre y el reino de Dios? El reino del hombre no está edificado sobre la justicia. Este hecho es evidente por la forma en que Pilato, el gobernador romano, trató al Señor Jesús. En el capítulo veintiséis Mateo puso de manifiesto la debilidad de la vida natural de Pedro, y en el capítulo veintisiete puso en evidencia la injusticia del hombre. La injusticia del hombre puede verse aun después de que Cristo es sepultado. Los principales sacerdotes y los fariseos se reunieron ante Pilato y le dijeron: “Señor, nos acordamos que aquel engañador dijo, viviendo aún: Después de tres días resucitaré. Manda, pues, que se asegure la tumba hasta el tercer día, no sea que vengan Sus discípulos, y lo hurten, y digan al pueblo: Resucitó de entre los muertos. Y será el postrer engaño peor que el primero” (27:63-64). Pilato respondió: “Llevad una guardia; id, aseguradlo como mejor sepáis” (v. 65). La respuesta de Pilato a los principales sacerdotes y fariseos fue injusta. Más tarde, en Mateo 28:11-15, los principales sacerdotes y los ancianos sobornaron a los soldados pagándoles mucho dinero para que mintieran acerca de la resurrección de Cristo. Esto muestra que los soldados romanos también fueron injustos. Por tanto, con respecto al gobierno humano, esta narración revela muchas injusticias, lo cual comprueba que el gobierno humano está edificado sobre la injusticia. Pero el gobierno de Dios está edificado sobre la justicia, pues ésta es el cimiento sólido del reino de Dios. Somos salvos por la justicia de Dios. Por lo tanto, el cimiento de nuestra salvación es sólido.

  En el capítulo veintisiete hemos visto la injusticia del hombre y la justicia de Dios. ¡Alabado sea el Señor que finalmente la injusticia del hombre dio lugar a que Dios manifestara Su justicia! Nosotros solíamos ser hombres injustos, pero ahora estamos bajo la justicia de Dios y en el reino de Dios. El reino de Dios es el reino de la justicia, y nosotros somos el pueblo justo en Su reino.

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