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Mensaje 1

INTRODUCCION

  En las Escrituras la revelación divina es progresiva, pues se presenta y se desarrolla libro tras libro, capítulo tras capítulo. Los sesenta y seis libros de la Biblia se escribieron en un período de unos mil seiscientos años. Durante ese largo tiempo, Dios no habló una sola vez ni en un momento determinado, sino que habló progresivamente a Su pueblo, en varias ocasiones, durante un período extenso.

  En Colosenses 1:25 Pablo dice que él fue hecho ministro conforme a la economía de Dios “para completar la Palabra de Dios”. En los días de Pablo, la revelación de Dios en las Escrituras no se había completado. Por tanto, era necesario que Pablo tomara la carga de hablar y escribir para completar la Palabra de Dios. Aún así, lo escrito por Juan en el libro de Apocalipsis constituye la consumación de la revelación divina en las Escrituras. Puesto que la revelación es completa, las Escrituras nos advierten que no debemos añadir ni quitar nada de las palabras de la revelación de Dios (Ap. 22:18-19). Ahora que la revelación progresiva de Dios en las Escrituras está completa, nadie está autorizado para añadirle nada. Lo que debemos hacer hoy en día es leer, estudiar y escudriñar progresivamente la Biblia, libro tras libro.

I. COMPARACION

  Después del Estudio-vida de Génesis, llegamos al libro de Exodo. Exodo es la continuación cronológica de Génesis. Sin embargo, en nuestra experiencia, Exodo no es la continuación de Génesis. La experiencia espiritual muestra que lo descrito en Exodo no es una continuación de las experiencias de Abraham, Isaac y Jacob, mencionadas en Génesis. En nuestro estudio de Génesis, hicimos notar que las experiencias de Abraham, Isaac y Jacob conforman tres secciones de la experiencia de una sola persona, un solo creyente, o sea, la experiencia de ser llamado y vivir en comunión con Dios en la fe (Abraham); la experiencia de disfrutar de la herencia (Isaac), y la experiencia de la transformación (Jacob). En Génesis vemos claramente las tres secciones principales de la experiencia espiritual de un creyente. Debido a que presenta un cuadro tan claro y detallado de la experiencia espiritual, el Antiguo Testamento ha llegado a ser muy precioso para mí, y ahora lo tengo en alta estima.

  La experiencia espiritual no sólo tiene secciones, sino también distintos lados y aspectos. La descripción de nuestra experiencia en Génesis abarca un solo lado, una sola línea. En Exodo vemos otro lado, otra línea. Génesis presenta un relato maravilloso de la experiencia, pero no está completo. Necesitamos otro aspecto, el que se encuentra en Exodo, para ver el cuadro completo.

A. Un cuadro de la redención

  Al comparar Exodo con Génesis, podemos ver que Exodo presenta un lado, una línea, de la experiencia espiritual que no encontramos en Génesis. Por ejemplo, en Génesis, no vemos un cuadro claro de la redención. En el caso de Abraham vemos el llamado de Dios, pero no se habla de su redención. Abraham fue un ejemplo típico de una persona llamada; él fue llamado por Dios a salir de Caldea, de la tierra de Babel, una tierra de rebelión e idolatría. Cuando Abraham todavía vivía en Babel, el Dios de gloria se le apareció y lo llamó (Hch. 7:2, 3). Pero no vemos ninguna expresión específica acerca de la redención. El cuadro que vemos en toda la experiencia de Isaac es una descripción del deleite que tenemos de la rica herencia, más que un cuadro de la redención. Tampoco vemos un cuadro de la redención en el relato de la experiencia de Jacob. Jacob finalmente fue transformado en Israel, un príncipe de Dios, pero no se nos dice nada acerca de la redención de Jacob. Entonces, ¿dónde fueron redimidos Abraham, Isaac y Jacob? Fueron redimidos en Exodo. En este libro vemos un cuadro completo y claro de la redención que Dios efectúa.

  Además de la Pascua, ¿qué podría presentar más claramente la redención? Ni siquiera en el Nuevo Testamento encontramos un cuadro tan detallado. La Pascua es un cuadro hermoso de nuestra redención. En dicho cuadro, vemos que la cruz está implícita. Leí una vez un artículo que describía la manera en que los judíos inmolaban el cordero pascual. Según ese artículo, ellos tomaban dos palos de madera y formaban una cruz, luego ataban dos patas del cordero al pie de la cruz y las otras dos extendidas al transversal de la cruz. Después, el cordero era inmolado para que se derramara su sangre. Por tanto, en el cuadro de la Pascua, vemos la cruz. Además, mientras observamos el cuadro de la Pascua, recibimos una impresión clara del poder de la sangre del Cordero de Dios. Exodo 12:13 dice: “Y la sangre os será por señal en las casas donde vosotros estéis; y veré la sangre y pasaré de vosotros, y no habrá en vosotros plaga de mortandad cuando hiera la tierra de Egipto”. Este cuadro admirable sólo se encuentra en Génesis, sino en Exodo.

B. El Señor cuida a Su pueblo redimido

  Vemos otro contraste entre Génesis y Exodo en cuanto al cuidado que tiene el Señor con Su pueblo. Abraham, después de ser llamado, empezó a seguir al Señor. No sabía adónde iba, y disfrutó la presencia del Señor como su mapa viviente. El simplemente viajó conforme a la presencia del Señor. Abraham recorrió una distancia larga desde Caldea hasta la tierra de Canaán, pero el libro de Génesis no nos dice cómo lo sustentaba y lo cuidaba el Señor. Por supuesto, sabemos de manera general que el Señor proveyó a Abraham todo lo que éste necesitaba, pero en Génesis no tenemos la misma clase de ejemplos explícitos que muestren el cuidado directo del Señor para con Abraham, como lo vemos en Exodo. Desde el mismo principio de Exodo tenemos un relato claro y detallado de la manera en que el Señor cuidó de Su pueblo redimido. Cuando les faltó comida, El les suministró el maná. Cuando no tuvieron agua para beber, El les dio del agua viva que salía de la peña hendida. En Exodo no vemos solamente la dirección del Señor sino también un cuadro claro de la manera en que suplió las necesidades cotidianas de Su pueblo redimido. En este aspecto, Exodo es más detallado y concreto que Génesis. Ni siquiera en el Nuevo Testamento encontramos este cuadro del suministro de la vida espiritual. Esto debería dejar marcado en nosotros cuán significativo e importante es el libro de Exodo.

C. La dirección del Señor

  Otras comparaciones nos marcarán mucho más. El Señor condujo a Abraham por Su presencia, pero la dirección del Señor en Génesis es bastante difusa y abstracta. Sin embargo, en Exodo es mucho más concreta y sólida, pues en Exodo el Señor guiaba a Su pueblo por medio de la columna, la cual era algo fuerte y sólido. Como todos sabemos, durante el día la presencia del Señor era una columna de nube, y durante la noche era una columna de fuego. Puesto que la dirección del Señor tenía una sustancia visible, todo el pueblo la podía reconocer.

D. La revelación y la edificación de la morada de Dios

  En Génesis 18 Dios visitó a Abraham y comió con él. El permaneció con Abraham parte del día. No obstante, Génesis no revela claramente el tabernáculo como morada de Dios. Exodo no solamente contiene la revelación del modelo de la morada de Dios, sino también un relato detallado de la construcción de la morada de Dios en la práctica. En Génesis, Dios apareció a Su pueblo escogido repetidas veces, pero no tenía una morada concreta entre ellos. No obstante, el libro de Exodo contiene, de una manera completa, la revelación y la edificación del tabernáculo como morada de Dios en la tierra.

E. La experiencia individual y la corporativa

  Vemos otro contraste entre Génesis y Exodo en la diferencia que existe entre la experiencia individual y la corporativa. En Génesis la experiencia es esencialmente individual, pero lo que se experimenta de Exodo es corporativo. Por ejemplo, Abraham fue llamado como individuo. Inclusive lo que el Señor ganó al transformar a Jacob en Israel fue un asunto individual. Jacob tuvo doce hijos, de los cuales sólo José satisfacía la norma de Dios. Al contrario, toda la experiencia descrita en Exodo es corporativa. La redención, la dirección, la revelación y la edificación son asuntos corporativos.

  Nuestra experiencia espiritual presenta dos lados: el lado individual y el lado corporativo. Sin lugar a dudas, el aspecto individual es fundamental, pero el aspecto corporativo es más rico, más elevado y más grandioso. La consumación y la conclusión final de nuestra experiencia como creyentes no es algo individual, sino corporativo. En Génesis vemos la experiencia fundamental e individual, pero en Exodo vemos la experiencia final y corporativa.

  Como ejemplo, consideremos el uso del nombre “Israel” en estos dos libros. El libro de Génesis concluye con un Israel individual, pero Exodo concluye con un Israel corporativo. Exodo 14:30 dice: “Así salvó Jehová aquel día a Israel de la mano de los egipcios; e Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar”. En este versículo la palabra “Israel” se usa de una manera corporativa y se refiere a los israelitas en conjunto. Pero en Génesis el nombre “Israel” se usa de un modo personal e individual con relación al Jacob transformado (Gn. 35:10, 21). En Génesis Israel es un individuo, pero en Exodo, es un pueblo. El Israel individual del final de Génesis puede compararse con el pequeño brote de una semilla, pero el Israel corporativo del final de Exodo es semejante a un árbol plenamente desarrollado que lleva fruto. El Israel corporativo, compuesto de los descendientes del Israel individual, es el incremento y el agrandamiento del mismo. En Exodo 40 no vemos a un Israel limitado a una sola persona, sino a un Israel agrandado como una entidad corporativa compuesta de los descendientes del Israel individual. Es vital que veamos este asunto.

  Además, en Exodo la salvación no es un asunto individual, sino que comprende a todos los hijos de Israel. Cuando los israelitas salieron de Egipto, eran como dos millones, y todos ellos fueron salvos simultáneamente, pues pasaron por el juicio de Dios al mismo tiempo.

  Por una parte, nosotros los cristianos fuimos salvos individual y personalmente. Por otra parte y a los ojos de Dios, fuimos salvos en conjunto, corporativamente. Este es el concepto de Pablo en Efesios 2:6, donde vemos que juntamente fuimos resucitados y sentados en los lugares celestiales. En este versículo la palabra “juntamente” significa uno con otro. A los ojos de Dios, todos resucitamos al mismo tiempo. Pedro no resucitó en un momento dado, Esteban en otro, y Pablo en otro. Todos resucitamos corporativamente en Cristo al mismo tiempo independientemente de la fecha de nuestro nacimiento.

  Aunque fuimos redimidos colectivamente, en cierto sentido somos llamados individualmente. Ninguno de nosotros fue llamado cuando el apóstol Pablo fue llamado. En cuanto al llamamiento de Dios, hay un elemento individual; pero en lo que atañe a la redención, no hay nada individual, pues todo es corporativo.

  Hemos destacado que al final de Génesis tenemos a un Israel individual. Pero en el último capítulo de Exodo tenemos un vaso corporativo, la morada de Dios con el hombre en la tierra. Este contraste nos hace ver la diferencia entre la línea de Génesis y la de Exodo. Génesis presenta la línea de la experiencia individual, mientras que Exodo nos muestra la línea de la experiencia corporativa. En Génesis salieron de Caldea dos personas: Abraham y su esposa, pero en Exodo más de dos millones de personas salieron de Egipto. ¡Qué contraste tan marcado!

F. La gloria de Dios

  El libro de Génesis tiene muchas riquezas, pero allí no vemos la gloria de Dios manifestada entre Su pueblo de una manera palpable. Mientras que en el capítulo cuarenta de Exodo, la gloria de Dios descendió de manera visible y tangible cuando el tabernáculo fue erigido. La gloria de Dios no sólo bajó sobre el tabernáculo, sino que también lo llenó.

G. La caída

  Vemos otro contraste entre Génesis y Exodo en cuanto a la manera en que estos dos libros presentan la caída. La Biblia nos muestra distintos aspectos de la caída del hombre. En Génesis la caída fue una caída en rebeldía e idolatría, es decir, el hombre cayó en Babel. Antes de ser salvos, estábamos en Babel, una tierra de rebeldía e idolatría. Pero también estábamos en Egipto, el lugar de la caída descrito en Exodo. Egipto es el país del deleite carnal, el cual esclaviza a la gente. Por consiguiente, en la Biblia, Egipto representa el mundo como el deleite carnal que nos esclaviza. Antes de ser salvos, por una parte estábamos en Babel y por otra en Egipto. Esto significa que estábamos en rebeldía e idolatría y también en el mundo con sus placeres, incluyendo los deportes y los entretenimientos. Los placeres carnales que hay en el mundo tienen como fin satisfacer al hombre natural. Mediante el deleite carnal y mundano, el hombre caído es mantenido en cautiverio bajo Satanás como su faraón. Los hombres caídos son como las personas de Babel y como los hijos de Israel en Egipto. Si nos limitáramos a la línea de Abraham, Isaac y Jacob que consta en el libro de Génesis, solamente veríamos el aspecto de nuestra caída que se describe en Babel. Veríamos la rebeldía y la idolatría, mas no la esclavitud ni el cautiverio producidos por el placer que se halla en el mundo. En la caída del hombre vemos dos líneas. Por una parte, somos Abraham, Isaac y Jacob; por otra, somos los hijos de Israel.

  Después de ver tantos contrastes entre Génesis y Exodo, no deberíamos pensar que Exodo es la continuación de Génesis en lo que respecta a nuestra experiencia. Repito: Exodo no es la continuación de la experiencia espiritual de Génesis, sino que revela otro aspecto u otra línea de la experiencia del creyente. La experiencia de Génesis es algo difusa y abstracta, pero la experiencia presentada en Exodo es sólida y concreta. Todos los aspectos de la experiencia de Exodo son sólidos, desde la presencia del Señor como columna hasta la gloria que llena el tabernáculo.

H. Un libro de cuadros

  Tanto Génesis como Exodo contienen cuadros que muestran experiencias espirituales que se describen en el Nuevo Testamento. Sin embargo, los cuadros presentados en Génesis no son tan definidos como los de Exodo. De principio a fin, Exodo es un libro de cuadros. Por ejemplo, tanto Faraón como la tierra de Egipto son cuadros. Faraón tipifica a Satanás, y Egipto el aspecto rico y productivo del mundo (el aspecto pecaminoso del mundo es representado por Sodoma). A Egipto lo riega el Nilo y produce pepinos, ajos, puerros y cebollas. En los años en que los hijos de Israel vagaron por el desierto, se quejaron de la falta de estos alimentos, pues estaban acostumbrados a comerlos en Egipto. Allí los israelitas disfrutaban bastante los productos egipcios, pero en el desierto, sólo tenían maná para comer. Esto es un cuadro.

  Recuerde al leer el libro de Exodo que no está leyendo simples palabras, sino que está mirando cuadros. La celebración de la Pascua y la muerte de los primogénitos por parte del ángel destructor constituyen cuadros. Mientras todos los primogénitos de Egipto fueron muertos, los hijos de Israel disfrutaban de paz, descanso y seguridad al comer el cordero pascual en sus casas bajo la cubierta de la sangre. ¡Qué maravilloso cuadro! El hecho de que Faraón y sus ejércitos persiguieran a los israelitas también constituye un cuadro de Satanás y sus huestes de ángeles rebeldes persiguiendo a los redimidos de Dios. Al llegar al libro de Exodo, vemos un televisor celestial. En éste, vemos cuadros de nuestra propia redención y salvación. Faraón y su ejército persiguieron a los hijos de Israel hasta el mar Rojo y allí fueron ahogados. Sin embargo, los israelitas caminaron triunfalmente por el mar. En ninguna otra parte de la Biblia encontramos este cuadro.

  Vemos más cuadros en el llamamiento de Moisés. Cuando Dios llamó a Moisés, primero le dio una visión de una zarza que ardía sin ser consumida (Éx. 3:2-4). Moisés no pudo escaparse del llamamiento de Dios, y expresó su preocupación de que los hijos de Israel no le creerían ni lo escucharían (Éx. 4:1). Por tanto, Dios le dijo que echara su vara al suelo. Cuando Moisés lo hizo, ésta se convirtió en serpiente. Pero cuando Moisés tomó la serpiente por la cola, volvió a ser una vara (Éx. 4:2-4). Entonces el Señor mandó que Moisés pusiera su mano en su pecho. Cuando Moisés sacó la mano de su pecho, se había vuelto leprosa como la nieve (Éx. 4:6). El Señor le pidió que volviese a meter la mano en el pecho, y cuando lo hizo, su mano estaba sana como la otra (Éx. 4:7). Después de mostrar estas señales a Moisés, las cuales habían de ser pruebas para los hijos de Israel de que el Señor verdaderamente se le había aparecido, el Señor dijo: “Y si aún no creyeren a estas dos señales, ni oyeren tu voz, tomarás de las aguas del río y las derramarás en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra” (Éx. 4:9). Esta era una señal más.

  Estas señales son muy significativas. La zarza denota nuestro hombre natural. El hecho de que la zarza se quemaba sin consumirse indica que cuando Dios nos llama, El no procura usar nuestro hombre natural.

  La vara representa un apoyo que no es Dios. La vara que se hace serpiente revela que todo lo que esté fuera de Dios y en lo cual nosotros confiemos, es una serpiente, el diablo. Por tanto, si usted confía en su cónyuge, éste es una “serpiente”. Sucede lo mismo con su educación o su cuenta bancaria. Cuando obedecemos al Señor y arrojamos la vara, ésta se convierte en serpiente. Pero Dios no quiere que echemos la vara para siempre. Cuando El lo pida, debemos volverla a tomar por “la cola”. Debemos asir nuestra educación o nuestra cuenta bancaria por “la cola”.

  El hecho de que la mano de Moisés se haya vuelto leprosa indica que en nuestra carne no hay nada bueno; nuestra carne es la corporificación de la lepra. Si nos tocamos a nosotros mismos, llegamos a ser leprosos.

  Finalmente, el cambio de las aguas del Nilo en sangre significa que el deleite que se tiene del mundo es muerte.

  Estas señales indican que Dios no usará nuestro hombre natural, que todas las cosas en que confiamos fuera de Dios son Satanás, que nuestra carne es leprosa, y que el deleite que tenemos del mundo es muerte. Estos son algunos cuadros que constan en Exodo. Dicho libro contiene otros cuadros relacionados con el mar Rojo, el maná, el agua que brota de la peña herida, y el tabernáculo con su mobiliario.

II. EL PANORAMA GENERAL

  El panorama general de Exodo muestra primeramente cómo los hijos de Israel fueron esclavizados en Egipto (Éx. 1:8-14). Luego revela que los hijos de Israel fueron redimidos y salvos (Éx. 12:27; 14:30). Después de ser redimidos y salvos, el Señor los condujo al desierto (Éx. 13:17-18, 21, 22; 17:1; 19:1-2; 40:36-38). Fueron guiados por la columna de nube y por la columna de fuego. Además, el maná caía del cielo, y el agua viva fluía de la peña herida. Los hijos de Israel en sus jornadas fueron conducidos finalmente por el Señor al monte Sinaí donde recibieron una revelación del propósito eterno de Dios, el cual consiste en obtener Su morada en la tierra (25:8-9, 40). Después de recibir esta revelación, construyeron el tabernáculo para que fuese la habitación de Dios (Éx. 39:32; 40:2, 34-35).

  Exodo no es solamente un libro que relata cómo los israelitas salieron de Egipto, sino un libro de redención, suministro, revelación y edificación. El éxodo de Egipto fue simplemente el comienzo. Después vienen el suministro, la revelación y la edificación.

LA IDEA CENTRAL

  La idea central de Exodo consiste en que Cristo es la redención, la salvación y el suministro del pueblo de Dios y el medio para que ellos adoren y sirvan a Dios a fin de que sean juntamente edificados para que se reúnan, comuniquen y moren mutuamente con El. Vemos a Cristo en todo el libro de Exodo. El como la Pascua es el medio de nuestra redención. Como la gran salvación del pueblo de Dios, El nos salva de las manos de Faraón, es decir, de Satanás. Como el maná y el agua viva, El es nuestra provisión de vida. Además, el mar Rojo representa la muerte de Cristo en la cual somos bautizados (1 Co. 10:2). Romanos 6:3 declara que los que han sido bautizados en Cristo son bautizados en Su muerte.

  En Exodo, Cristo representa muchas cosas más: la columna de nube y la columna de fuego, las setenta palmeras y las doce fuentes de aguas en Elim, y el tabernáculo con todo su mobiliario. Mediante el tabernáculo y su mobiliario el pueblo redimido de Dios pudo servirle y adorarle. Esto indica que Cristo es el medio por el cual servimos a Dios y lo adoramos. El pueblo escogido de Dios debe ser edificado como una sola entidad, el tabernáculo, donde Dios y el hombre se reúnen, se comunican y moran. En Cristo nosotros y Dios, Dios y nosotros, somos edificados juntamente, nos reúnimos y constituimos una morada. Esta es la idea central del libro de Exodo.

IV. LAS SECCIONES

  Podemos hacer un bosquejo sencillo de las secciones de Exodo. Dicho libro está organizado en cinco secciones: fueron esclavizados (Éx. 1:1-22), redimidos y salvos (2:11— 5:21), guiados (15:22—18:27), recibieron la revelación (19:1—34:35), y construyeron el tabernáculo (35:1—40:38). Con esta introducción delante de nosotros, examinaremos los detalles de este libro en los mensajes siguientes.

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