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Mensaje 113

El atrio del tabernaculo

(4)

  Lectura bíblica: Éx. 27:14-16, 19

DISFRUTAR LA VIDA DIVINA

  El tabernáculo y el atrio nos muestran dos aspectos de la expresión de Dios. Externamente, la expresión de Dios es la justicia, representada por el lino. Internamente, la expresión de Dios es la santidad, representada por el oro. ¿Cómo podemos entrar en la esfera, de la justicia de Dios? Entramos en esta esfera a través de la entrada del juicio de Dios, dónde todo lo que se relaciona con nosotros es juzgado. Entonces estamos calificados para llevar la justicia de Dios como Su expresión.

  Además, también tenemos el terreno, la manera y los medios para entrar en el oro, o sea, en la naturaleza de Dios, y para disfrutar de la naturaleza divina como el todo para nosotros. Como ya dijimos, en el Lugar Santo y en el Lugar Santísimo todo es de oro. Esto significa que la naturaleza de Dios es todo para nosotros. Al disfrutar de la naturaleza divina, tenemos la expresión interna de Dios, a saber, la santidad como la expresión de Su naturaleza, de Su ser. La expresión externa de Dios se relaciona con lo que El hace, Sus actos. La expresión interna se relaciona con lo que El es, Su ser. Estar en el Lugar Santísimo es estar en la naturaleza dorada de Dios.

LA EXPERIENCIA DEL JUICIO

  Espero que todos veamos lo esencial en cuanto al juicio de Dios. Todo aquel que desea entrar en el edificio de Dios debe ser juzgado. No se puede entrar al edificio de Dios sino es por medio del juicio. Por medio del juicio de Dios entramos a Su casa.

  Juan 16:8 dice que el Espíritu de realidad “convencerá al mundo de pecado, de justicia, y de juicio”. Esto quiere decir que El llevará a cabo el juicio de Dios sobre el mundo de una manera positiva, no para que la gente se pierda sino para que sean salvos. El verdadero arrepentimiento es estar bajo el juicio de Dios. Cada vez que una persona se arrepiente, se coloca a sí misma bajo el juicio de Dios. Solamente la experiencia del juicio puede mantener nuestra vida espiritual y nuestra vida de iglesia estables.

UNA VIDA BAJO EL JUICIO DE DIOS

  Una vida humana adecuada es una vida que está constantemente bajo el juicio. A fin de tener una vida matrimonial placentera, tanto el esposo como la esposa tienen que vivir una vida que es juzgada todo el tiempo. Sin embargo, si el esposo trata de justificarse todo el tiempo, tendrá problemas en su matrimonio. Una de las causas primordiales de separación y divorcio es la auto-justificación. Siempre que un esposo piensa que está justificado, que él tiene la razón en todo, éste automáticamente condenará a su esposa. Si la que tiene tal actitud es ella, entonces ella condenará a su esposo. Como resultado, se les hará imposible continuar juntos. El esposo se justifica a sí mismo y condena a la esposa, y la esposa se justifica a sí misma y condena al esposo. Esto hace que una vida matrimonial llegue a ser imposible.

  Sin embargo, supongamos que el esposo se condena a sí mismo y piensa que no tiene nada bueno, que ni siquiera sus buenas intenciones son aceptables para Dios. Por la misericordia y la gracia del Señor, él permanece bajo el juicio de Dios. Entonces se dirá a sí mismo: “Si mi esposa está en lo correcto o no, no es mi problema. Mi preocupación es mantenerme bajo el juicio de Dios”. Si tanto el esposo como la esposa tienen esta actitud, tendrán buenos sentimientos el uno hacia el otro y disfrutarán de una vida matrimonial muy placentera.

  En la vida de iglesia también debemos estar bajo el juicio de Dios. Si nos justificamos a nosotros mismos, no podremos mantenernos en la vida de iglesia. Cuanto más nos justificamos, más condenamos a otros. Finalmente, nos iremos de la iglesia. Aquellos que condenan a los demás no pueden estar junto a otros. Dios lleva a cabo Su juicio en la iglesia.

EXPRESAR LA JUSTICIA DE DIOS

  Después de que hemos estado bajo el juicio de Dios de una manera cabal, la justicia de Dios se expresará sobre nosotros. Esto es cierto tanto en la vida de iglesia como en la vida matrimonial. Si un hermano y su esposa están dispuestos a estar bajo el juicio de Dios, espontáneamente la justicia de Dios estará sobre ellos. Cuando otros vayan a su casa, podrán ver la justicia de Dios. Pero, si el esposo se justifica a sí mismo y la esposa a sí misma, los que les visiten no verán nada de la justicia de Dios. Más bien, ellos verán dos expresiones fuertes de su yo.

EL BRONCE, LA PLATA Y EL LINO

  Los elementos que componían la entrada del atrio del tabernáculo eran el bronce, la plata y el lino. El bronce utilizado en las basas y en las columnas es el material básico. Las basas son la base, y las columnas son el soporte. Ya vimos que los capiteles de las columnas estaban cubiertas de plata. Estos capiteles eran una corona y nos muestran que la redención es la corona del juicio de Dios. El juicio de Dios trae la redención, y ésta corona de gloria trae el juicio de Dios. Además, los capiteles que se utilizaban para atar el lino a las columnas eran de plata, y las molduras también. Por medio de estos, las columnas se podían mantener en pie como una sola cosa y mantener el lino atado a ellas.

  Debemos dar énfasis al hecho de que el lino representa la justicia de Dios. Por lo tanto, aquí tenemos al juicio de Dios con la obra redentora de Cristo como la corona que mantiene la justicia de Dios. Esta es la parte delantera del edificio.

  Cuando los pecadores que están fuera de este edificio escuchan las buenas nuevas y se arrepienten, sienten una condenación producida por el Espíritu de realidad. El Espíritu de realidad trabaja en ellos para que reconozcan sus pecados y hace que condenen su yo. Esto los lleva al arrepentimiento delante de Dios; se dan cuenta de que debido a que son seres caídos, deben estar bajo el juicio de Dios.

  En nosotros, las criaturas caídas, no hay nada que pueda ser justificado por Dios. Por esta razón, Pablo dice en Romanos que ninguna carne será justificada ante de Dios (Ro. 3:20). Mas bien, toda la vieja creación debe ser juzgada, condenada, por Dios. Si nos sometemos a este juicio divino y a la condenación, simultáneamente tendremos la experiencia de la redención de Cristo. Entonces veremos que Cristo no sólo murió por nuestros pecados, sino también por nosotros. Cuando nos damos cuenta de esto, la redención nos corona y nos une con la justicia de Dios. En otras palabras, la redención introduce la justicia de Dios como nuestra expresión.

  En primer lugar somos juzgados por Dios y luego somos redimidos por Cristo. Ahora Cristo está sobre nosotros como la justicia de Dios. Llevamos la justicia de Dios como la expresión y el testimonio de El. Por lo tanto, somos aquellos que han sido juzgados por Dios y redimidos por Cristo. Para los demás somos la iglesia que llega a ser el testimonio de Dios. Seguimos siendo seres humanos, pero somos seres humanos que han sido juzgados, redimidos y unidos a la justicia de Dios, que llevan a Cristo como Su expresión. Ahora llevamos al Dios Triuno como nuestro testimonio.

PREDICAR UN EVANGELIO ELEVADO

  Todos necesitamos aprender a predicar el evangelio conforme a lo que revela la tipología de la entrada del atrio. Debemos ejercitar nuestra fe para predicar tal evangelio elevado. No debemos predicar un evangelio que ha sido degradado a lo que pensamos es el nivel de entendimiento que tiene la gente. En lugar de llevar a la gente al nivel alto del evangelio, lo hemos degradado. Por años, yo hacía esto al predicar el evangelio. Me daba cuenta de que muchos en la audiencia eran paganos. Algunos eran budistas. No conocían a Dios, no sabían nada acerca del evangelio y no habían escuchado jamás el nombre de Jesucristo. Al analizar su situación, no les predicaba un evangelio elevado. Los misioneros en China tenían esta práctica. Ellos pensaban que los chinos no podían comprender asuntos tales como la redención, justificación y regeneración. Esto los hizo degradar el nivel del evangelio que predicaban. Esto es un error. Debemos darnos cuenta de que dentro del hombre hay un talento creado por Dios, una capacidad, para recibir a Dios y para recibir y entender Su evangelio.

  En la educación se han dado cuenta de que los niños pueden comprender mucho más de lo que los antiguos maestros pensaban. Así como en ocasiones los niños pueden entender más de lo que los maestros piensan, las personas pueden entender más del evangelio de lo creemos. Siempre que predicamos el evangelio, debemos creer que los que nos escuchan fueron creados con una capacidad particular, un talento, para recibir y entender su mensaje. Debemos mejorar nuestra predicación del evangelio. Debemos predicar un evangelio elevado y jamás degradarlo.

  En ocasiones nuestra predicación del evangelio ha sido demasiado sencilla. Tal vez nos basemos en que sin Cristo la vida es vana y la gente está vacía, pero con Cristo hay realidad. Tenemos que predicar un evangelio elevado, uno que abarque más que lo básico de la salvación de Dios. Esto calmará el hambre y la sed que existe dentro del hombre debido a la manera en que éste fue creado por Dios. También despertará el interés por la predicación del evangelio en los que lo escuchan. De lo contrario sólo vendrán una vez. Si reciben un simple vaso de agua, no van a querer volver.

  Quisiera animar a los hermanos responsables en todas las iglesias a que tengan comunión acerca de cómo presentar el evangelio, particularmente cómo enriquecer y mejorar nuestros mensajes del evangelio. No estoy diciendo que es necesario dar una clase larga o un sermón. En un mensaje corto podemos presentar algo sólido y elevado.

  El hombre fue creado con la intención de pertenecerle a Dios, y dentro de él existe la capacidad de comprender las cosas de Dios y tener hambre por ellas. Por lo tanto, mientras predicamos el evangelio de una manera elevada, debemos creer que los oyentes pueden entender lo que estamos diciendo.

  Predicadores del evangelio tales como George Whitefield y Charles Finney tenían la habilidad de ganar personas para Dios. Whitefield oraba a diario, en ocasiones por horas. Como resultado, al hablarle a las personas, éstas experimentaban un avivamiento. Esto sucedía también con Charles Finney. Me dijeron que una vez fue a una fábrica. Tan pronto entró a un salón y miró a los empleados, algunos comenzaron a llorar. Este es el poder que aviva. Sin embargo, en este mensaje no les estoy hablando acerca del poder del evangelio, sino acerca del contenido de los mensajes del evangelio. Debemos enriquecer y elevar nuestra predicación del evangelio.

POR MEDIO DE CONOCER Y EXPERIMENTAR EL EVANGELIO

  Si queremos predicar un evangelio elevado, nosotros mismos debemos conocerlo y experimentarlo. Especialmente, debemos conocer las verdades acerca del evangelio tipificadas por la entrada del atrio del tabernáculo. Debemos conocer el significado de los números tres y cuatro y de los materiales, los elementos, el bronce, la plata y el lino. Debemos conocer el juicio, la redención y la justicia, y saber que el Dios Triuno es un Dios de juicio, de redención y de justicia. Tal como lo muestra la entrada del atrio, el Dios Triuno está mezclado con el hombre. Esta mezcla tiene los elementos del juicio, la redención y la justicia. Cuando predicamos el evangelio, debemos declarar que Dios es así.

  Con este mensaje culminamos nuestro estudio del tabernáculo como tal. Más adelante estudiaremos la luz de las lámparas y las vestiduras de los sacerdotes. Espero que todos quedemos impresionados con un cuadro claro del edificio de Dios. Este cuadro será más útil que mil palabras. No sólo debemos verlo, sino debe estar fuertemente impregnado en lo profundo de nuestro ser. Entonces tendremos el entendimiento apropiado del bronce, la plata, el oro y el lino. ¡Aleluya por este cuadro del tabernáculo, del atrio y de la entrada!

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