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Mensaje 118

Las vestiduras sacerdotales (3)

(3)

  Lectura bíblica: Éx. 28:1-4; 1 P. 2:5, 9; Ap. 1:6; 5:9-10; Jn. 1:14; He. 1:3; Jn. 17:22; Lc. 24:19

SEIS COSAS

  Según 28:1-4 los sacerdotes debían llevar vestiduras especiales. Los militares deben llevar el uniforme apropiado. Bajo el mismo principio, como un grupo de servidores, los sacerdotes del Antiguo Testamento debían llevar vestiduras designadas para los sacerdotes. Exodo 28:4 menciona que estas vestiduras incluían seis cosas: “Las vestiduras son estas: el pectoral, el efod, el manto, la túnica bordada, la mitra y el cinturón. Hagan pues las vestiduras sagradas para Aarón tu hermano, y para sus hijos, para que sean mis sacerdotes”.

  El pectoral se componía de doce piedras preciosas encrustadas en oro. Debajo de éste estaba el efod. En hebreo efod quiere decir unir. El efod era parecido a un chaleco. El manto era un vestido largo que se extendía desde los hombros hasta los pies, que cubría completamente el cuerpo del sacerdote. Dios requería que los sacerdotes se cubrieran por completo, que ninguna parte de su cuerpo estuviese al descubierto. Es difícil decir que era la túnica en realidad. Era más corta que el manto, posiblemente llegaba hasta las rodillas. Por lo tanto, se puede comparar con una capa corta. Además de estas cuatro cosas, estaban la mitra y el cinturón. La mitra era una cubierta para la cabeza, y el cinturón se usaba para ceñir los lomos.

LA EXPRESION DE CRISTO

  En los próximos mensajes estudiaremos en detalle cada una de las vestiduras sacerdotales. Pero en este mensaje la meta es que tengamos un entendimiento general de la importancia de las mismas.

  Las vestiduras sacerdotales indican que los que sirven a Dios como sacerdotes deben tener una expresión especial. Estas pueden ser comparadas al uniforme de un policía. Cuando vemos a alguien vestido de policía, sabemos que es un policías; porque su uniforme lo expresa. Esto también es cierto en cuanto a las vestiduras de un juez en una corte. Estos dos casos nos muestran el hecho de que la ropa representa la expresión. Según el Nuevo Testamento, las vestiduras sacerdotales representan la expresión de Cristo. Cada aspecto de estas vestiduras representa un atributo o virtud de Cristo. Por lo tanto, éstas son la expresión de Cristo por parte de los servidores.

Estas califican a los sacerdotes para servir

  Las vestiduras sacerdotales, así como su expresión, calificaban a los sacerdotes. Si los sacerdotes llevaban otro tipo de vestiduras, no estaban calificados para servir como tal. De nuevo podemos usar como ejemplo el uniforme de policía. Un policía debe llevar el uniforme apropiado cuando está de guardia. El uniforme es lo que lo califica para servir. Si lleva otra ropa, aunque sea muy fina y costosa, no estará calificado. Para estar calificado debe llevar el uniforme de policía. Siguiendo el mismo principio, la expresión de Cristo califica a los sacerdotes para servir. Tal vez digamos que somos los sacerdotes, pero ¿tenemos la expresión de Cristo que nos califica para servir como sacerdotes? La expresión de Cristo determina si estamos calificados o no para ser los sacerdotes. Esta expresión es lo que nos califica.

Santifica a los sacerdotes

  Las vestiduras sacerdotales también santifican a los sacerdotes. Estsa los separaban de la otra gente. Esto también sucede en el caso de un policía con uniforme. Un oficial de policía se separa de los demás. Si un hombre con un uniforme de policía se acerca a usted y le habla, con toda seguridad usted le mostrara respeto. Pero, si alguien sin el uniforme apropiado trata de actuar como si fuera un policía, usted no le mostrará el mismo respeto. Por no llevar puesto el uniforme no será considerado diferente a los demás. Del mismo modo, los sacerdotes estaban santificados, separados para Dios, por sus vestiduras. Exodo 28:3 dice: “Que hagan las vestiduras de Aarón, para consagrarle para que sea mi sacerdote”. En este versículo consagrarle significa separar para Dios, para Su propósito único. Los sacerdotes eran consagrados por medio de la expresión de Cristo, Si expresamos a Cristo, esta expresión nos calificará y nos santificará.

  Los versículos 2 y 4 de Exodo 28 hablan de “las vestiduras sagradas”. El versículo 3 dice que las vestiduras de Aarón lo consagraban para servir como un sacerdote para Dios. Las palabras “sagradas” y “consagrar” indican que un sacerdote de Dios debe estar separado para El, para Su propósito. Estar separado de esta manera es lo mismo que ser sagrado y consagrado.

PARA GLORIA Y HERMOSURA

La honra de la divinidad de Cristo

  Exodo 28:2 dice: “Y harás vestiduras sagradas a Aarón tu hermano, para gloria y hermosura” (heb.). Las palabras “gloria” y “hermosura” abarcan mucho. La frase “para gloria” significa expresar la divinidad de Cristo (Jn. 1:14; He. 1:3Jn. 17:22). La palabra “hermosura” significa expresar la humanidad de Cristo (Lc. 24:19). La gloria se refiere a la divinidad de Cristo. En nuestra expresión de Cristo debe haber algo de la naturaleza divina. Esta es tipificada por el oro que era parte de las vestiduras sacerdotales. Esto tipifica que la divinidad, la naturaleza divina, es parte de la expresión de Cristo. Un sacerdote debe expresar la divinidad de Cristo.

  Si leemos los evangelios con detenimiento, veremos que aunque Jesús de Nazaret tuvo un vivir humano, Su humanidad expresaba la gloria de Dios. Esto quiere decir que la divinidad estaba presente en Su vivir humano, la cual es tipificada por el oro en las vestiduras sacerdotales. El Señor Jesús verdaderamente expresó la gloria de Dios. Juan 1:14 dice: “Y contemplamos Su gloria, gloria como del Unigénito del Padre”. Los discípulos contemplaron la gloria de Jesús, la gloria del Hijo unigénito de Dios. Además, Hebreos 1:3 dice que Cristo es el resplandor de la gloria de Dios. Esto quiere decir que El expresa a Dios con los atributos divinos.

La hermosura de la humanidad de Cristo

  Las vestiduras sacerdotales eran tanto para la hermosura como para gloria. La hermosura en 28:2 se refiere a la expresión de la humanidad de Cristo. Su divinidad se relaciona con la gloria, y Su humanidad a la hermosura. Los evangelios revelan que en la vida y en el diario vivir del Señor Jesús podemos ver la gloria divina y también Su hermosura humana. En el Señor la divinidad y la humanidad se mezclan de una manera muy positiva. Están mezcladas como los hilos en un tejido. En el Señor Jesús la gloria divina ha sido tejida con la hermosura humana. Por esta razón, en El contemplamos la gloria divina y la hermosura de Sus virtudes.

  En Primera de Pedro 2:9 dice: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de Aquel que os llamó de las tinieblas a Su luz admirable”. Aquí las virtudes o excelencias son la gloria divina, los atributos divinos y la hermosura humana son las virtudes humanas.

  Si vivimos a Cristo y El vive en nosotros, será expresado. Si tenemos tal expresión, otros se darán cuenta de que en nuestro vivir hay algo glorioso. A la vez, tendrán el sentir de que en nuestro diario vivir hay una expresión hermosa de las virtudes humanas. En la expresión de Cristo se pueden ver la gloria divina y la hermosura humana.

  Por treinta y tres años y medio, el Señor Jesús expresó la gloria divina con la hermosura humana. El tuvo esta expresión cada hora, cada minuto, de Su vida en la tierra. La gloria divina y la hermosura humana nunca le faltaron ni por un momento.

UNA VIDA QUE EXPRESA A CRISTO

  Sin embargo, nosotros somos diferentes al Señor Jesús en este asunto. Tal vez expresemos al Señor con Su gloria y hermosura en la mañana, pero más tarde, expresamos algo pobre y bajo. Es como si la gloría divina se hubiera ido y la hermosura humana hubiera desaparecido. En lugar expresamos la vida natural caída. Yo debo confesar, que ésta es mi experiencia a menudo. En este asunto, todos somos igual y padecemos la misma enfermedad espiritual. La única diferencia que puede haber entre nosotros es el grado en que esto ocurre.

  Debido a que mayormente expresamos más la vida natural caída que a Cristo con la gloria divina y la hermosura humana, debemos pedir al Señor Su misericordia, humillándonos y orar: “Señor, ten misericordia de mi. Se que debo expresarte con la gloria divina y la hermosura humana, pero Señor, sabes que a menudo fallo en expresarte de este modo. Ten misericordia Señor, y concédeme la gracia para poder permanecer junto a la gloria divina y la hermosura humana. Señor, no quiero estar separado de tus atributos divinos y virtudes humanas. Necesito este tipo de vivir para estar consagrado y ser apto para estar en el sacerdocio”.

  Quisiera hacer énfasis en el hecho de que lo que nos consagra y nos hace aptos para ser el sacerdocio es una vida que expresa a Cristo con la gloria divina y la hermosura humana. Si no estamos expresando la gloria divina y la hermosura humana, estamos separados del sacerdocio, del conjunto de los sacerdotes. Si éste es el caso, entonces no estamos en el edificio. Pero siempre que expresamos la gloria divina mezclada con la hermosura humana, estamos verdaderamente en el edificio. Estamos edificados como el sacerdocio.

  Lo que se expresa en nuestro vivir no es sólo un asunto de doctrina; sino práctico y de la experiencia. Si analiza su experiencia, se dará cuenta de que siempre que se ha separado de los santos y ha sido individualista, inmediatamente ha expresado la vida natural caída en lugar de expresar a Cristo con la gloria divina y la hermosura humana. Aquellos que tienen trabajos seculares tal vez no expresan la gloria divina y la hermosura humana, y hasta aquellos que trabajan para el ministerio puede que fallen en esto. Hasta los que aman al Señor, y al ministerio, y desean ayudar en el servicio tal vez no estén en realidad edificados con otros. Por el contrario, algunos podrían estar aislados e individuales. Siempre que nos separamos de los santos, dejamos de expresar la gloria divina o la hermosura humana.

  Alabamos al Señor porque en la vida de iglesia hemos sido verdaderamente agraciados por El. Los hermanos y hermanas en la iglesia son uno genuinamente. Por lo tanto, en la mesa del Señor podemos proclamar nuestra unidad. No obstante, por lo menos en ocasiones no tenemos la expresión de la gloria divina y la hermosura humana en nuestro servicio. Esto quiere decir que no llevamos nuestras vestiduras sacerdotales, las vestiduras sagradas para gloria y hermosura. Si nos falta la gloria divina y hermosura humana, no tenemos el sacerdocio, ya que no estamos calificados ni tenemos la consagración necesaria para el sacerdocio. Espero que recibamos la ayuda de esta palabra y reconsideremos nuestra situación y condición.

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