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Mensaje 135

La santificacion de Aarón y de sus hijos para ser los sacerdotes

(3)

  Lectura bíblica: Éx. 29:15-28; 40:14-15

  Me parece que el Señor quiere hablarnos de manera muy clara acerca del capítulo veintinueve de Exodo. Sin embargo, esta porción de la Biblia no es fácil de entender. Conforme leemos este capítulo, debemos ejercitar nuestra mente. De otro modo, nos perderíamos. Para entender este capítulo debemos tener calma y ser muy sobrios.

  Hace más de cincuenta años, algunos maestros de la Biblia me enseñaron, que según el Nuevo Testamento; todos los creyentes somos sacerdotes, ya sean mayores o jóvenes, con experiencia o sin ella. Yo estaba contento de escuchar este hablar acerca del sacerdocio universal. Aunque hice lo más que pude por practicar el sacerdocio, no encontré la manera. En 1953, estaba estudiando el Pentateuco con los santos en Taiwán en 1953, y comencé a ver cómo podemos servir a Dios como sacerdotes.

  Podemos leer el Nuevo Testamento docenas de veces sin encontrar la manera de servir como sacerdotes. Pero, la encontramos por medio del estudio de la tipología del Antiguo Testamento. Nunca debemos despreciar el valor de esto. Algunos tipos son tan valiosos como lo estipulado en el Nuevo Testamento.

  Primera de Pedro 2:5 dice que somos un sacerdocio santo ofreciendo sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. En el versículo 9 de ese capítulo se nos describe como un real sacerdocio. Además, Apocalipsis 1:6 y 5:10 dicen que somos sacerdotes. Somos un real sacerdocio y santo. Somos sacerdotes, y podemos servir a Dios como tales. Por tanto, no somos el clero ni los laicos, sino el sacerdocio.

  El sistema de cleros y laicos tiene su origen en el diablo; y definitivamente no está de acuerdo con la Biblia. La Biblia revela que todos los creyentes son sacerdotes. Pero el sistema de cleros y laicos mata y anula el ejercicio del sacerdocio. Es nuestro derecho por nacimiento servirle a Dios. Pero el sistema tradicional nos lo ha quitado. Por esta razón, digo con determinación que el diablo es el origen de este sistema y no la Biblia.

  Aunque el Nuevo Testamento nos dice que somos sacerdotes, no nos dice cómo serlo. Por el Nuevo Testamento conocemos que hemos sido salvos, lavados con la sangre de Cristo, regenerados por el Espíritu, y recibimos ciertos dones. Pero necesitamos más ayuda para conocer cómo servir a Dios como sacerdotes. Cuando estudié la tipología del Antiguo Testamento con los santos en 1953 obtuve luz con respecto a Exodo 29 para revelar la manera de servir como un sacerdote.

NO SON ORDENADOS NI CONSAGRADOS, SINO SANTIFICADOS

  Exodo 29 habla acerca de la santificación de Aarón y de sus hijos para ser sacerdotes. Por tanto, no se refiere a la santificación de pecadores, que no son creyentes ni salvos. El versículo 1 dice: “Esto es lo que harás para santificarlos, para que sean mis sacerdotes” (heb.). En este versículo no se habla de consagrar a Aarón y a sus hijos ni de ordenarlos. En lo que se refiere a este capítulo, vamos a evitar usar la palabra consagración y hablar de santificación.

  La palabra “consagrar” es muy tradicional. Bajo su influencia, podemos obtener un concepto equivocado en cuanto a la santificación de los que son salvos por Dios para ser Sus sacerdotes. Por lo tanto, quiero dar énfasis al hecho de que aquí no se nos encomienda a consagrar a Aarón ni a sus hijos, sino de santificarlos. La palabra apropiada que describe lo que se resalta en este capítulo es “santificar”. Aarón y sus hijos fueron santificados para ser sacerdotes que sirven a Dios.

  Existe una gran diferencia entre consagración y santificación, y mucha más entre santificación y ordenación. Cuando una persona se ordena algunos del clero ponen sus manos sobre él y oran por él. La consagración, según el uso común y ordinario, significa presentarnos a nosotros mismos para Dios. Pero lo que Exodo 29 describe no es ordenación ni tampoco consagración, sino un caso de santificación.

  Supongamos que en lugar de ser santificado como lo describe el capítulo veintinueve, Aarón hubiese sido ordenado de forma religiosa y tradicional. En ese caso, otros hubieran puestos sus manos sobre él y orado por él. Si ese fuera el caso, Aarón se hubiese quedado con las manos vacías. Antes y después de su ordenación, continuaría con sus manos vacías. A fin de ser un sacerdote para Dios y servirle como tal, el necesitaba algo con que servirle.

  Ahora supongamos que en lugar de ser ordenado hubiese sido simplemente consagrado al Señor, ofrecido y presentado. Aún siendo consagrado de esta forma, Aarón habría continuado vacío y no hubiese tenido nada con servir a Dios. La santificación de Aarón y sus hijos para servir como sacerdotes es muy diferente a la ordenación y a la consagración.

SOMOS SANTIFICADOS CUANDO NUESTRAS MANOS SON LLENADAS

  Según lo que se revela en el capítulo veintinueve de Exodo, las manos de los sacerdotes debían ser llenadas a fin de servir a Dios. Sus manos debían estar llenas con la grosura del carnero, para la ofrenda de paz, el pan, las tortas y las hojaldres. Cuando un sacerdote tiene sus manos llenas con la dulzura y las riquezas de Cristo, es diferente a otros. Los demás tienen las manos vacías, pero las suyas están llenas. Como resultado, está santificado, separado, de la gente común. Además, tiene las riquezas de Cristo con las cuales sirve a Dios como un sacerdote.

  La manera de santificar un santo para que sirva como sacerdotes es llenando sus manos con las riquezas de Cristo. Antes de que un creyente es santificado de este modo, el ya es un santo. Piense acerca de la situación de Aarón. El ya había tenido la experiencia de la Pascua, había sido salvado del juicio de Dios, y había sido liberado de la tiranía del faraón y de la usurpación del mundo. Además, había cruzado el Mar Rojo, disfrutado de la comida celestial y del agua viva, y había recibido una educación divina en el Monte Sinaí. También había tenido muchas experiencias en el desierto. El era verdaderamente un santo, alguien que era salvo y sacado de Egipto, experimentado las cosas de Dios en el desierto. Esto era cierto no sólo en cuanto a Aarón, sino también para todos los hijos de Israel. Estos habían sido sacados de Egipto y llevados al monte de Dios para ser adiestrados por El. Entonces el Señor le dijo a Moisés algunos en el pueblo de Dios debían ser santificados para ser sacerdotes. Esto indica que no es suficiente ser un santo. Después de ser santo, debemos ser santificados para que podamos servir a Dios como un sacerdote.

  Ser santificados para servir como sacerdotes es diferente a disfrutar a Cristo como la Pascua o como el maná. Tampoco es lo mismo que disfrutar el Espíritu de Cristo como el agua viva. Esta santificación incluye más que todas estas preciosas experiencias. Esto quiere decir que es algo más que la Pascua, el maná y el agua viva. Como mencionamos, no es una ordenación ni consagración, sino el llenar de nuestras manos con las riquezas de Cristo. Es muy importante que veamos que a fin de servir como sacerdotes, necesitamos algo además que el disfrute de Cristo como la Pascua, el maná y el agua viva. ¡Qué veamos todo esto!

  Cuando vi este asunto en Exodo 29, me puse muy contento. Realmente fue una gran luz. No tengo palabras para expresar cuan contento estaba cuando esto sucedió. Durante los primeros veinticinco años de mi experiencia cristiana, sabía que los creyentes éramos sacerdotes, pero no sabía como servir a Dios como tal de manera práctica. Pero por medio de estudiar este capítulo bajo la luz del Señor, comencé a ver la manera. ¡Cuán contento estaba! ¡Cuánto me regocijé en la misericordia del Señor al mostrarme la manera de servir como sacerdote! Esta es, por medio de tener experiencias adicionales de Cristo, adicionales a la Pascua, el maná y el fluir del agua viva.

  Cuando era un joven cristiano, escuché que Cristo es la Pascua y el maná. Aprendí que El es la roca que fue golpeada para que fluyera el agua viva. Pero nunca me dijeron que, según Exodo 29, necesitamos experiencias adicionales de Cristo a fin de servir como sacerdotes. Este capítulo revela que podemos experimentar a Cristo como el becerro, los carneros, las tortas y las hojaldres. Por medio de experimentar de Cristo como se presenta en este capítulo, llegamos a ser los sacerdotes de manera practica.

  Es verdaderamente sorprendente que entre los millones de cristianos muy pocos le sirven a Dios como sacerdotes. ¿Cuánto le servía como sacerdote, usted antes? Antes de que recibiera esta luz por medio de Exodo 29, yo pensaba que le servía a Dios como sacerdote cuando visitaba a un santo en su hogar o cuando ayudaba a limpiar el local de reunión. Finalmente, me di cuenta que tal visitación y limpieza son el servicio levítico, no sacerdotal. El servicio sacerdotal es un asunto de ofrecer Cristo a Dios en detalles. Lo precioso del capítulo veintinueve de Exodo consiste en que revela la manera en la que podemos ser sacerdotes.

LAVADOS Y VESTIDOS

  El primer paso en la santificación de Aarón y sus hijos fue lavarlos. Exodo 29:4 dice: “Y llevarás a Aarón y a sus hijos a la puerta del tabernáculo de reunión, y los lavarás con agua”.

  Después de que Aarón y sus hijos fueron lavados, se pusieron las vestiduras sacerdotales. Los versículos 5 y 6 dicen, en cuanto a Aarón: “Y tomarás las vestiduras, y vestirás a Aarón la túnica, el manto del efod, el efod y el pectoral, y le ceñirás con el cinto del efod y pondrás la mitra sobre su cabeza, y sobre la mitra pondrás la diadema santa”. Los versículos ocho y nueve también hablan acerca de la vestimenta de los sacerdotes: “Y harás que se acerquen sus hijos, y les vestirás las túnicas. Les ceñirás el cinto a Aarón y a sus hijos, y les atarás las tiaras, y tendrán el sacerdocio por derecho perpetuo. Así consagrarás a Aarón y a sus hijos”. Estas vestiduras cubrían su desnudez.

  La desnudez representa la exposición de nuestro ser natural. ¿Sabe lo que es desnudez espiritual? Es pecaminoso y una expresión desagradable de nuestro ser natural. Aunque seamos buenos por naturaleza, debido a que somos descendientes de Adán, nuestro ser natural está desnudo delante de Dios. Esto es totalmente desagradable y abominable para El. Después de que Adán y Eva cayeron, ellos se dieron cuenta de que estaban desnudos y trataron de cubrirse con hojas de higos. Se dieron cuenta de que su desnudez necesitaba ser cubierta. La vestimenta de Aarón y de sus hijos en Exodo veintinueve nos muestra el cubrir de nuestro ser natural.

REDENCION Y GENERACION

  Los versículos del uno al tres dicen: “Toma un becerro de la vacada, y dos carneros sin defecto; y panes sin levadura y tortas sin levadura amasadas con aceite, y hojaldres sin levadura untadas con aceite; las harás de flor de harina de trigo. Y las pondrás en un canastillo, y en el canastillo las ofrecerás, con el becerro y los dos carneros”. Aquí tenemos tres animales, un becerro y dos carneros perfectos. También tenemos el pan, las tortas y las hojaldres. Aunque el pan puede haber sido un poco grueso, el idioma hebrea indica que las tortas no sólo eran delgadas, sino que estaban perforadas y por ende eran fáciles de comer.

  El pan, las tortas y las hojaldres, claro está, provienen de la vida vegetal, en contraste con la vida animal presentada por el becerro y los carneros. En tipología la vida animal representa la vida que redime, una vida que tiene sangre para ser derramada por la redención. Por su parte la vida vegetal denota un generar, una vida que produce. El pan, las tortas y las hojaldres estaban hechas de harina de trigo. Según Juan 12:24, un grano de trigo cae en la tierra y produce muchos granos. Esta es la vida vegetal una vida que genera.

  Cristo tiene la vida que redime y la que genera, una vida que produce. El evangelio de Juan revela ambos aspectos de la vida de Cristo. Juan 1:29 dice: “¡He aquel el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” Esta es la vida animal que redime. En Juan 12:24 el Señor Jesús dice: “De cierto de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto”. Esta es la vida vegetal que genera, o sea produce. La santificación de aquellos que van a servir a Dios como sacerdotes abarca la vida animal para la redención y la vegetal para la generación.

REDIMIDOS DE NUESTRA NATURALEZA PECAMINOSA

  Conforme a 29:10-14, el becerro era una ofrenda por el pecado. Este se llevaba al tabernáculo de reunión, Aarón y sus hijos ponían sus manos sobre la cabeza del mismo, y luego se sacrificaba delante del Señor. Un poco de la sangre se ponía sobre los cuernos del altar, y el resto se vertía al pie del altar. Las partes tiernas, dulces del becerro se quemaban sobre el altar, y el resto, la carne, la piel y el estiércol se quemaban fuera del campamento. Este es el cuadro de la ofrenda por el pecado.

  Esta ofrenda siempre debe recordarnos nuestra naturaleza pecaminosa. Aunque no hayamos cometido pecado, pero como somos descendientes de Adán, tenemos la naturaleza pecaminosa. No sólo eso, es pecado como tal. Esto significa que en nuestra carne sólo somos pecado. Por lo tanto, a fin de servir de manera práctica, primero debemos experimentar a Cristo como nuestra ofrenda por el pecado. Todos los días, temprano en la mañana, debemos ofrecer Cristo a Dios como tal ofrenda. Espontáneamente esto nos recordará que somos pecadores, hasta el pecado como tal. Nuestra naturaleza es pecaminosa, y somos una totalidad del pecado.

  Día a día empleamos parte de nuestro tiempo pensando en nosotros mismos. Cuando hacemos esto, no pensemos que somos pecaminosos. Por el contrario, pensamos que somos muy buenos. Sin embargo, pensar de esta manera puede causarnos problemas en cuanto al sacerdocio. ¿Cómo podemos servir a Dios como sacerdotes de manera práctica mientras seguimos pensando que somos buenos? ¡Es por esto que tenemos dificultad al colaborar con otros! Tenemos problemas con los demás al laborar juntos principalmente porque pensamos que somos mejor que ellos. Por lo tanto, debemos recordar que somos pecaminosos por naturaleza y ofrecer Cristo a Dios como nuestra ofrenda por el pecado.

  Si la experiencia de Cristo como la ofrenda por el pecado nos recuerda de nuestra naturaleza, ¿cómo es que podemos discutir con otros? ¿Podría un hermano pelear con su esposa? Claro que no. Si un hermano recordara continuamente que tiene una naturaleza pecaminosa, se controlaría al discutir con su esposa.

  Es muy importante que veamos para ser sacerdotes de manera práctica, debemos experimentar a Cristo como nuestra ofrenda por el pecado. Nosotros quienes queremos ser los sacerdotes de Dios debemos tener presente en nosotros que somos pecado. Si tenemos tal entendimiento y realización, nos discutiremos con los demás. Conocer que tenemos una naturaleza pecaminosa y ofrecer Cristo a Dios como nuestra ofrenda por el pecado nos protegerá y nos preservará a fin de que podamos servir a Dios como Sus sacerdotes.

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