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Mensaje 147

El altar de oro para el incienso

(1)

  Lectura bíblica: Éx. 30:1-5; 37:25-28

  Después de tantos mensajes acerca del capítulo veintinueve, ahora llegamos a un asunto maravilloso que aparece en el capítulo treinta: el altar del incienso dorado para el incienso (30:1-5).

  Al estudiar los tipos que aparecen en el Antiguo Testamento, en especial los de Exodo y Levítico, lo más difícil de ver es como aplicarlos a nuestra vida cristiana cotidiana. No es tan difícil estudiarlos y entenderlos de una forma doctrinal. Pero aplicar estos tipos de una manera practica a nuestra vida diaria como cristianos requiere de cierta experiencia.

ES EL LUGAR DONDE COMIENZA EL SERVICIO SACERDOTAL

  En cuanto al altar del incienso, quisiera preguntarles esto: ¿Por qué el altar del incienso es una de las últimas cosas que se revelan en el libro de Exodo? Si leemos el capítulo veinticinco nos damos cuenta de que la primera cosa que se revela es el arca. El relato continúa con la mesa, el candelero y la edificación del tabernáculo. Mientras leemos los capítulos veinticinco y veintiséis, nos preguntaremos por qué no se menciona el altar del incienso es esta sección. Además, el capítulo veintisiete describe el altar de bronce y el atrio del tabernáculo; el veintiocho habla de las vestiduras sacerdotales; y el veintinueve se relaciona con la santificación de los sacerdotes. De hecho, Exodo 29 se trata de la comida de los sacerdotes. Por lo tanto, el capítulo veintiocho habla acerca de la vestimenta de los sacerdotes, y el veintinueve, de su comida. Después de todo esto en 30:1-5 tenemos la descripción del altar dorado para el incienso. Por ende, el altar del incienso el último mobiliario del tabernáculo que se revela. Este se describe después de la revelación del tabernáculo con el resto del mobiliario y la preparación del sacerdocio. O sea, el altar del incienso es mencionado una vez el tabernáculo junto con el resto del mobiliario ha sido revelado.

  Ya vimos que el altar del incienso se describe después del capítulo concerniente a la santificación de los sacerdotes. Cuando los sacerdotes están vestidos y comen, son manos están llenas, y están listos para servirle a Dios. Al final del capítulo veintinueve el tabernáculo junto con su mobiliario está listo, así como el sacerdocio. En ese momento es que comienza el servicio santo. Pero, ¿con qué debe comenzar este servicio santo, este servicio sacerdotal? Tal vez algunos piensen que este servicio sacerdotal debería comenzar con el altar del holocausto. Sin embargo, según el relato divino que aparece en Exodo, este servicio comienza con el candelero dorado para el incienso, el cual es el segundo altar.

  En cuanto al tabernáculo, hay dos altares: el altar del holocausto que estaba en el atrio, el primer altar, y el altar dorado para el incienso que estaba en el Lugar Santo, el segundo altar. Ante los ojos de Dios, el servicio sacerdotal comienza en el altar del incienso, el lugar donde se ofrecen las oraciones a Dios. Yo creo que en nuestra vida cristiana es muy útil que estudiemos por un tiempo la importancia de que el servicio sacerdotal comience en el altar del incienso.

LA POSICION DEL ALTAR DEL INCIENSO

  A fin de que nos impresione la importancia del altar del incienso, les pido que presten atención al diagrama del tabernáculo que se encuentra en este mensaje. La entrada al atrio está al este, hacia la salida del sol. El altar del holocausto y el lavacro estaban en el atrio. El tabernáculo, una estructura que medía treinta codos de largo, diez de ancho y diez de alto, se dividía en dos partes: el Lugar Santo, el cual medía veinte codos por diez, y el Lugar Santísimo, que era un cubo que medía diez codos de largo, de ancho y de alto. La mesa estaba al lado norte del Lugar Santo, y el candelero estaba al sur. El arca, el punto de enfoque de todo el tabernáculo, estaba en el Lugar Santísimo. Pero, ¿dónde estaba el altar del incienso? En el Lugar Santo, muy cerca del velo que separaba el Lugar Santo del Lugar Santísimo.

 

  De hecho existe cierta ambigüedad en las Escrituras en cuanto a la localización del altar del incienso. Es difícil decir si estaba fuera del velo o dentro de este. En relación con la localización del altar del incienso, aparentemente hay una discrepancia entre lo que se menciona en el Antiguo Testamento y lo que se menciona en el Nuevo Testamento. Exodo 30:6 dice que el altar del incienso estaba “antes del velo”, es decir, fuera del velo. Esto indica claramente que el altar del incienso se encontraba en el Lugar Santo, el cual estaba fuera del velo, y no en el Lugar Santísimo, el cual estaba dentro del velo. Pero en Hebreos 9:4 dice que el Lugar Santísimo contenía el altar del incienso. Por lo tanto, muchos maestros cristianos y lectores de la Biblia piensan que debe haber ocurrido algún error. ¡Sin embargo este no es el caso! Conforme a varios puntos la aparente discrepancia tiene un gran significado espiritual.

  En primer lugar, el relato del Antiguo Testamento acerca de la localización del altar del incienso implica la relación más cercana del altar con el arca del testimonio, sobre el cual estaba la cubierta del propiciatorio, donde Dios se reunía con su pueblo (Éx. 30:6). El relato dice que el altar del incienso estaba colocado “antes del arca del testimonio”, sin hacer mención de la separación del velo que estaba entre ellos (Éx. 40:5).

  Segundo, según otra versión, en 1 Reyes 6:22 dice que el altar del incienso “pertenecía al oráculo”. El “oráculo” aquí significa el lugar donde Dios habla; denota el Lugar Santísimo, en el cual estaba el arca del testimonio junto con la cubierta del propiciatorio, donde Dios hablaba a Su pueblo. Por lo tanto, el Antiguo Testamento ya había indicado que el altar del incienso pertenecía al Lugar Santísimo. (Aunque estaba en el Lugar Santo, su función se relacionaba con el arca del testimonio dentro del Lugar Santísimo. En el día de la expiación, tanto el altar del incienso como el la cubierta del propiciatorio del arca del testimonio se rociaban con la misma sangre para expiación, Exodo 30:10; Lv. 16:15-16). Por lo tanto, en Exodo 26:35 sólo se menciona que la mesa y el candelero estaban en el Lugar Santo. No se menciona el altar del incienso.

  En tercer lugar, el altar del incienso está relacionado con la oración (Lc. 1:10-11), y en Hebreos vemos que orar es entrar en el Lugar Santísimo (He. 10:9) e ir al trono de la gracia, representado por la cubierta del propiciatorio sobre le arca del testimonio que estaba en el Lugar Santísimo. A menudo nuestras oraciones comienzan en nuestra mente, la cual es parte de nuestra alma, y que es representada por el Lugar Santo. Pero nuestras oraciones nos deben llevar a nuestro espíritu, que es representado por el Lugar Santísimo. Debido a todos estos puntos, el escritor de Hebreos calcula que el altar del incienso pertenecía al Lugar Santísimo. Hebreos 9:4 no dice que el altar de oro para el incienso estaba en el Lugar Santísimo, como el candelero y la mesa estaban en el Lugar Santo en el versículo 2. Lo que dice es que el Lugar Santísimo tenía un altar de oro, ya que pertenecía al Lugar Santísimo. Este concepto encaja con todo el énfasis del libro de Hebreos, este es, que debemos pasar del alma (representada por el Lugar Santo) al espíritu (representado por el Lugar Santísimo).

EL CENTRO DE LA ADMINISTRACION DE DIOS

  Según el diagrama del tabernáculo y del atrio, el punto centra era el arca. Sin embargo, en la practica el centro es el altar del incienso, lo cual indica que la vida intercesora de Cristo es el centro de la practica divina, de la administración divina. En el universo existe una cosa la cual puede ser llamada la economía, la administración, la practica divina. Podemos usar diferentes términos para describir este asunto: economía, administración, practica, impartición, mover, gobierno. Todas estas cosas pueden considerarse sinónimos, ya que se refieren a una misma cosa. Esto quiere decir que la economía de Dios, impartición, administración, gobierno, mover, y practica, todos se refieren a la misma cosa. Dios no es ocioso; El es un Dios de propósito. El tiene un propósito, y El se está moviendo, trabajando, actuando, impartiendo, administrando. Este diagrama del tabernáculo es un cuadro muy preciso y detallado de la administración de Dios, Su economía, en este universo.

  Cuando estudiamos el altar del incienso, estudiamos el asunto más grande en todo el universo. No hay nada más central que esto. Aunque no somos políticos, definitivamente somos dignatarios celestiales. Además, estamos estudiando “la política” universal", es decir, la política de Dios. El arca que estaba en el Lugar Santísimo es la cede del gobierno, nuestra capital celestial. El altar del incienso se puede considerar como nuestra cede de gobierno celestial. Esto quiere decir que todo es ejecutado, se motiva y se lleva a cabo desde este centro divino. La intercesión de Cristo es la cede gubernamental de Dios. La vida intercesora de Cristo, Su vida de oración, es el centro de la administración de Dios.

  El libro de Apocalipsis trata de la administración de Dios, la ejecución divina. Revela el trono de Dios y Su administración en el todo el universo. Sin embargo, todo lo mencionado en Apocalipsis 8 se ejecuta en el altar del incienso, no en el trono. Apocalipsis 8:3 dice: “Otro Angel vino entonces y se paró ante el altar, con un incensario de oro; y se le dio mucho incienso para que lo ofreciese junto con las oraciones de todos los santos, sobre el altar de oro que estaba delante del trono”. Sobre este altar se ofrecen a Dios las oraciones de los santos, y el incienso de Cristo se añade a ellas. Cuando las oraciones de los santos suben a Dios junto con el incienso de Cristo, Dios ejecuta Su administración.

LA VIDA DE ORACION DEL CRISTO CORPORATIVO

  El centro de la ejecución del gobierno de Dios aquí en la tierra es la vida de oración de Cristo, según lo indica Apocalipsis 8. Tal vez algunos lectores del capítulo ocho de Apocalipsis digan: “No podemos ver la oración de Cristo en Apocalipsis 8. Sólo podemos ver las oraciones de los santos”. Sin embargo, los santos son uno con Cristo. Las oraciones mencionadas en Apocalipsis 8 ya no son las oraciones de un Cristo individual, sino que se han convertido en las oraciones de Cristo corporativo. Ciertamente los santos son uno con Cristo en cuanto al asunto de la ejecución que se da en el altar del incienso. Por lo tanto, cuando hablamos en este mensaje acerca de la vida de oración de Cristo, nos referimos a la vida de oración del Cristo corporativo.

  Además, debemos tener presente que siempre que oramos en el espíritu, Cristo ora en nuestra oración. El Nuevo Testamento habla de orar en el nombre del Señor, lo cual, de hecho es orar en Cristo. Al hacerlo, en realidad es Cristo quien ora. Por ejemplo, suponga que va al banco para hacer una transacción a nombre de otra persona. ¿Reconocerá el banco su nombre o el de la persona que usted representa? El banco no prestará atención a su nombre; pero, reconocerá el nombre de quien lo envía. Realmente, debido a que usted está representado a esa persona, usted es esa persona, ya que usted está actuando en su nombre. De igual manera, cuando oramos en el nombre de Cristo, oramos en El, y es el que ora. El ora en nosotros; El ora en nuestra oración. A los ojos de Dios, las oraciones apropiadas de los santos y de las iglesias son las oraciones de Cristo y son parte de Su intercesión.

UN LIBRO REPRESENTATIVO

  La Biblia es un libro de cuadros. El cuadro presentado en la Biblia corresponde con el diagrama del tabernáculo y del atrio. La Biblia tiene un libro que puede ser considerado cono el representante de toda la Biblia. Este libro representativo es el Evangelio de Juan.

  La Biblia comienza con las palabras: “En el principio...” El Evangelio de Juan comienza de una manera muy similar. Génesis 1:1 nos dice que Dios creó los cielos y la tierra. Al hablar del Verbo, que estaba con Dios y que era Dios, Juan 1:3 dice: “Todas las cosas por medio de El llegaron a existir, y sin El nada de cuanto existe ha llegado a la existencia”. Todo lo que existe ha llegado a la existencia por medio de El. Por ende, en el Evangelio de Juan tenemos el asunto de la creación.

  El Antiguo Testamento dice mucho acerca del tabernáculo. También encontramos el tabernáculo en el Evangelio de Juan: “El verbo se hizo carne, y fijó tabernáculo entre nosotros” (Jn. 1:14). El relato que aparece en Juan es acerca del tabernáculo. En este evangelio el Señor Jesús mismo es el tabernáculo de Dios.

  Al hablar acerca del Señor Jesús, Juan el Bautista dijo: “¡He aquí el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo!” (Jn. 1:29). Aquí tenemos el altar. En el capítulo tres de Juan tenemos el lavacro, ya que este capítulo habla acerca del lavamiento que se obtiene por medio de la regeneración. Debido a que al regeneración es un tipo de lavamiento, Tito 3:5 usa la expresión “lavamiento de la regeneración”. Esta regeneración que nos lava es el lavacro.

  A medida que pasamos del altar en el capítulo 1 de Juan y del lavacro en el capítulo 3, llegamos a la mesa del pan de la proposición en el capítulo 6. El pan de esta mesa se menciona en el versículo 33: “Porque el pan de Dios es Aquel que desicende del cielo y da vida al mundo”.

  El candelero se presenta en el capítulo 8. En el versículo 12 el Señor Jesús dice: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, jamás andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Por lo tanto, tenemos el tabernáculo, el altar, el lavacro, la mesa y el candelero.

  En el Evangelio de Juan, ¿dónde encontramos el arca? El arca está el los capítulos catorce, quince y dieciséis, estos tres capítulos revelan el Lugar Santísimo. Aquí vemos que podemos entrar en Dios, al lugar donde Dios está. Estos capítulos también hablan de la muerte y la resurrección de Cristo. Mediante Su muerte y resurrección Cristo ha preparado el camino para que entremos al Lugar Santísimo, es decir, para que entremos en Dios mismo.

  El altar del incienso se puede ver en Juan 17. En este capítulo tenemos las oraciones intercesoras. Los cuatro Evangelios presentan otras ocasiones en las que el Señor Jesús oró, pero ningún relato de la oración de Cristo es tan preciso, excelente y maravilloso como el que se encuentra en Juan 17. Todos los santos y todas las iglesia deben aprender a orar tomando como base Juan 17. La oración presentada en este capítulo es un modelo, un patrón, de la oración corporativa de Cristo. Por lo tanto, todos debemos aprender esta oración en el nombre del Señor Jesús. Sin embargo, no me refiero, a que debemos recitar esta oración. Más bien, debemos aprender a orar en el nombre del Señor de la misma forma en que El lo hizo. La oración presentada en Juan 17 debe llegar a ser nuestra oración.

LA EFICACIA DEL ALTAR DEL INCIENSO

  Si no fuera por el altar del incienso, nadie se acercaría al altar del holocausto. Nadie se arrepentirá ni confesaría sus pecados. La oración que se eleva en el altar del incienso es la que motiva a los pecadores a ir al altar del holocausto. Debido a que alguien hizo esta oración, un día nos arrepentimos. ¿Por qué se arrepiente uno? Porque el altar del incienso, la cede del gobierno celestial, le envió un mensaje que lo hizo arrepentirse. Por lo tanto, sin el altar del incienso, el altar del holocausto no tendría función, y nadie se arrepentiría.

  Tal vez algunos tengan la experiencia del arrepentimiento, pero quizás no hayan sido regenerados aún. Por lo tanto, se necesita más oración en el altar del incienso. Ya sea Cristo como la Cabeza o la iglesia como el Cuerpo deben orar así, “Oh Padre, mira a estas personas. Ellas se han arrepentido, pero no han sido regeneradas. Padre, perdona sus pecados y regenéralos”. Como resultado de todas estas oraciones, otros serán motivados a ir al lavacro. Querrán ser sumergidos en el lavacro y dentro del Espíritu.

  Hoy en día muchos santos están hambrientos espiritualmente. En Anaheim tenemos la carga de orar para aquellos que tienen hambre vayan a la mesa de la proposición para comer de Cristo. Aunque muchos están hambrientos, no están dispuestos a ir a Cristo para disfrutarle como el suministro de vida. De entre millones de cristianos en al tierra ¿cuántos se alimentan de Cristo en la mesa? La gran mayoría ni siquiera tienen un cesto pequeño de comida, mucho menos una mesa. A raíz de esto podemos ver que hay mucha necesidad de oración frente al altar del incienso a fin de que los creyentes sean motivados a ir a la mesa que se encuentra en el Lugar Santo para disfrutar a Cristo como su provisión de vida.

  Poco a poco más creyentes están tomando el camino del recobro del Señor. El número todavía es limitado y el progreso es lento, pero es un hecho indiscutible que más personas del pueblo del Señor están yendo a Su mesa. He recibido muchas cartas de apreciación por parte de los santos que me dicen cuan nutridos han sido por medio de los mensajes de Estudios-Vida. No hace mucho me enteré de que hay una iglesia en Costa Rica. Una carta enviada desde la capital de Costa Rica, San José, me informó que hay una iglesia en esa ciudad y creyentes buscadores algunas ciudades cercanas. Los santos en estos lugares aprecian el alimento que reciben de la Palabra. Cristo la Cabeza y muchas iglesias están orando por esto.

  En la cede de gobierno celestial se ofrece oración continuamente, no sólo para que los creyentes sean nutridos mediante la Palabra, sino para que también sean alumbrados. Se tiene contacto con la luz después de la mesa de los panes de la proposición. En el Lugar Santo primero vamos a la mesa para ser nutridos y después vamos al candelero para ser alumbrados. La secuencia es la misma en el Evangelio de Juan. En Juan 6 tenemos el pan, y en Juan 8 tenemos la luz. Cuando somos alimentados, recibimos la luz. Sin embargo, si los santos quieren ser alimentados y alumbrados, deben ofrecer oración en el altar del incienso con este propósito.

  Después de ser alimentados y iluminados en el Lugar Santo, debemos entrar en el Lugar Santísimo a fin de tener contacto a Dios. El recobro del Señor no se concentra en llevar a cabo una labor; sino en ser el testimonio de Dios. Ciertamente no estamos laborando en el campo; sino en el Lugar Santísimo como testimonio. No obstante algunas de las iglesias no han entrado al Lugar Santísimo para tener contacto con el testimonio de Dios. Más bien, todavía se encuentran en el Lugar Santo junto a la mesa de los panes de la proposición, por eso necesitan más oración. Me preocupan quienes se detienen en la mesa y que no han pasado al Lugar Santísimo para tocar el centro del tabernáculo, el testimonio de Dios. Se necesita más oración al respecto. Tengo la certeza de que este tipo de oración se está ofreciendo en el altar del incienso.

  A medida que el incienso sube y se quema en el altar de oro, se ejecuta la administración de Dios. Esta ejecución es la respuesta de Dios a las oraciones ofrecidas en dicho altar.

  ¿Puede explicar por qué está en el recobro del Señor? Pocos han tomado este camino por amigos o familiares. Al contrario, tal vez algunos de estos le prohibían que fuera a las reuniones de la iglesia. Aunque algunos trataron de impedirlo, usted tomó este camino debido al altar del incienso. Por lo tanto, si nos preguntaran que causó que viniéramos al recobro del Señor o quién nos trajo, deberíamos decir que fuimos motivados y traídos por el altar del incienso.

  Algunos de los que se oponían al recobro del Señor tomaron la decisión de hacer todo lo posible por destruir el recobro. Pero yo no le temo a lo que elloshagan. Al contrario, considero la oposición como una confirmación de que estamos en el camino correcto. ¿Por qué surge la oposición? Surge porque somos motivados por la oración que hacemos en el altar del incienso. De hecho, cuanto más oposición haya, más motivación divina tendremos. Los opositores están ocupados, pero el Intercesor y los intercesores están más ocupados. Finalmente, la oración que proviene de la cede de nuestro gobierno prevalecerá. Este es muy serio ya que se relaciona con el centro de la administración de Dios.

  Si consideramos Juan 17 a la luz de lo que se ha cubierto en este mensaje, nuestra apreciación por este capítulo aumentaría grandemente. La intercesión en el capítulo diecisiete de Juan implica la efectividad del altar del holocausto, las riquezas de la mesa del pan de la proposición, el brillo del candelero, y especialmente el Lugar Santísimo junto con el arca del testimonio. En Juan 17 se ve el altar del incienso dentro del tabernáculo, el lugar desde el cual se motivan todas las actividades que se llevan a cabo en todas las partes del tabernáculo. El altar del incienso causa que la gente vaya al altar del holocausto, al lavacro, a la mesa del pan de la proposición, al candelero y al arca que se encuentra dentro del Lugar Santísimo. La oración del Señor Jesús presentada en Juan 17 es un cuadro maravilloso del altar del incienso.

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