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Mensaje 17

La exigencia de Dios y la resistencia de Faraón

(3)

  El libro de Exodo revela que Dios desea rescatar a Su pueblo de todo lo que no sea El mismo, que El quiere liberarlos de todo lo que no es Dios. Después del éxodo de Egipto, el pueblo de Dios recibió una visión celestial por la cual llegó a conocer a Dios, y además, a conocer la clase de vivir conforme a El. Entonces pudieron ser edificados como la morada de Dios en la tierra. Este es el concepto básico del libro de Exodo.

  Dios anhela rescatar a Su pueblo escogido de toda usurpación y preocupación para que no tengan otra cosa que no sea Dios mismo. Después de ser liberados de Egipto y de haber pasado por el mar Rojo, los hijos de Israel llegaron al monte Horeb, el monte de Dios. Antes, el pueblo de Dios estaba en Egipto, llevando una vida egipcia y cumpliendo una labor egipcia bajo la tiranía de Faraón. Algunos de ellos no pensaban en Dios, pero de todos modos eran el pueblo escogido de Dios, ya que habían sido predestinados por Dios a fin de ser separados para El. Los primeros capítulos de Exodo revelan que el pueblo de Dios fue usurpado por Satanás y mantenido en cautiverio bajo la mano de Satanás. En aquel tiempo, todo lo relacionado con ellos era egipcio. No había nada acerca de ellos que fuese para Dios. Por consiguiente, Dios vino a liberarlos, separarlos de la usurpación de Satanás y de las preocupaciones de Egipto, y llevarlos al monte de Dios, donde no hay nada egipcio. Allí, en el monte de Dios, el pueblo que El había escogido podía estar a solas con El. Cuando los hijos de Israel llegaron al monte Horeb, Dios fue su centro, propósito, labor y vida. El era hasta su casa. Dios lo era todo para ellos. En el desierto, y particularmente en el monte de Dios, el monte Horeb, los hijos de Israel no tenían nada aparte de Dios. Muchos cristianos de hoy hablan de ser salvos. Pero pocos se dan cuenta de que ser salvo significa ser llevado a un lugar donde no hay nada más que Dios.

  Más que cualquier otro libro en la Biblia, el libro de Exodo expone al mundo. El Nuevo Testamento habla mucho acerca del mundo, hasta nos dice que el mundo entero yace en el maligno (1 Jn. 5:19), pero no nos presenta un cuadro claro de lo que es el mundo. Por esta razón, necesitamos el libro de Exodo, con todos sus cuadros. Si leemos los capítulos cinco al doce correctamente, veremos una serie de cuadros vivos que describen la naturaleza y el significado de la vida en el mundo.

  Dios desea que Su pueblo vea al mundo tal como es. Si el elemento del mundo permanece en nosotros, seremos perjudicados en cuanto al cumplimiento del propósito de Dios. Cuando los hijos de Israel estuvieron en el desierto, se acordaron del disfrute que tenían en Egipto. Se acordaron del sabor de los puerros, cebollas y ajos (Nm. 11:5). Por esto, tuvieron un problema con la morada de Dios. Pasa lo mismo con los cristianos hoy en día. Muchos cristianos todavía están en Egipto, y por esta razón no tienen nada que ver con la morada de Dios. Los que han sido separados de Egipto todavía pueden recordar los placeres de Egipto. Por consiguiente, todos debemos ver un cuadro claro de la vida y del vivir en Egipto.

  Las diez plagas no eran solamente una advertencia ni un castigo para los egipcios, sino también una revelación para el pueblo de Dios. Mediante estas plagas, los hijos de Israel debieron ver la situación real del vivir egipcio. Como resultado de estas plagas, debieron aborrecer su vivir en Egipto. Dios deseaba que la vida en Egipto quedase expuesta para que Su pueblo la aborreciera y tuviese el deseo de huir de ella. Por consiguiente, el propósito de Dios al mandar las diez plagas no era solamente advertir a los egipcios y castigarlos. Consistía también en mostrar a Su propio pueblo lo que era el mundo.

  El mundo también debe ser revelado al pueblo de Dios hoy en día. Dios desea que Su pueblo sea Su morada en la tierra. No obstante, este deseo puede ser cumplido solamente si hemos sido liberados del mundo y si no tenemos nada fuera de Dios. En estos días, hemos recalcado la necesidad de edificar a las iglesias. Pero si deseamos ver a las iglesias edificadas de una manera práctica, debemos salir totalmente del mundo.

  Por el lado negativo, el libro de Exodo revela el mundo. Por el lado positivo, revela la morada de Dios. Primero, la verdadera naturaleza, significado, y resultado de la vida en Egipto quedan expuestos al pueblo de Dios. Al dar esta revelación, Dios deseaba que Su pueblo aborreciera a Egipto, lo dejara atrás, y se separara para El a fin de que obtuviese Su morada. El principio es el mismo hoy en día. Si no somos separados del mundo, no podemos convertirnos en la morada de Dios. Para la edificación de la morada de Dios, debemos ver al mundo tal como es en realidad. Además, debemos aborrecer la manera de vivir del mundo y estar dispuestos a rechazarla.

  Si vemos el propósito de Dios tal como lo revela el libro de Exodo, nos resultará más fácil entender el significado de las plagas. La intención de Dios al mandar las plagas no era solamente castigar a los egipcios, sino también exponer el vivir egipcio. Así como los egipcios en el libro de Exodo, el pueblo en el mundo actual no tiene ninguna comprensión de la situación actual en el mundo. La gente mundana ha sido arrastrada. Bajo la influencia arrastadora de Satanás, están contentos con su vida en el mundo. No se dan cuenta de lo que es vivir sin Dios en el mundo. En la experiencia de ellos, las aguas del mundo deben volverse sangre. Entonces conocerán la naturaleza de la vida en el mundo, y el resultado de vivir en el mundo. La naturaleza de la vida en el mundo es muerte, y el resultado de vivir en el mundo también es muerte.

IV. EL CUARTO CONFLICTO

A. En cuanto a Dios

  En el cuarto conflicto con Faraón, el Señor envió ranas a todo el territorio egipcio (8:2). Las ranas vinieron de las aguas, ríos, arroyos y estanques. Al caer sobre Faraón y todos sus siervos y todos los egipcios, las ranas destruyeron el disfrute del vivir egipcio agradable. ¡Cuán molestas eran las ranas! Al enviar esta plaga sobre los egipcios, el Señor deseaba que los egipcios se dieran cuenta de que su vida en Egipto no era verdaderamente una vida de disfrute, sino una vida de problemas. Los egipcios no se dieron cuenta de que a los ojos de Dios, todo el disfrute que tenían era “ranas”. Todo lo que ellos recogían del Nilo, la fuente del suministro del mundo, eran ranas. Las aguas de Egipto que antes produjeron peces ahora producían ranas.

  En principio, podemos experimentar lo mismo hoy en día. Durante mi vida, he recogido muchas cosas que finalmente fueron “ranas”. Al principio, disfrutaba de estas cosas, pero se convirtieron en “ranas” una por una. Lo que pensaba ser un “pez” era en realidad una “rana”. Tarde o temprano, todo lo que usted gane en este mundo se convertirá en una “rana”. Esto significa que todo lo que usted recoja del “Nilo”, la fuente del suministro para el mundo, le causará problemas. Las posesiones materiales y aún la gente que usted quiere pueden ser “ranas”. Cuando las cosas que atesoramos se convierten en “ranas”, entonces nos damos cuenta de que el disfrute del mundo no es el verdadero disfrute. Por el contrario, es muy molesto.

  Las ranas de Egipto no mataron a nadie, pero fueron una molestia para todos. Estaban en todas partes. En las casas, habitaciones, camas, hornos y artesas. ¡Qué molestia tan grande!

  El que la plaga de las ranas fuese un tipo de castigo o una revelación dependía de la actitud del pueblo que pasaba por la plaga. Si ellos hubieran recibido la misericordia del Señor, la exposición de Egipto y su disfrute como tierra de ranas, habría sido una revelación para ellos. Este es el significado del vivir del mundo. Todos los aspectos del disfrute del mundo son una “rana”. No obstante, los que rehusaban la misericordia del Señor tenían que padecer la plaga de las ranas como castigo.

B. En cuanto a Faraón

  Los magos egipcios pudieron imitar tres de las cosas que hizo Aarón con su vara: cambiar el agua en sangre, cambiar la vara en serpiente, y producir ranas. Con sus hechizos, los magos de Faraón trajeron ranas al país de Egipto (8:7). No obstante, no pudieron quitar las ranas.

  Un predicador del evangelio debe ser capaz de producir “ranas”. Esto significa que él debe ayudar a la gente a darse cuenta de que todos los disfrutes y preocupaciones del mundo son “ranas”. Sin embargo, ciertos maestros de filosofía también pueden ayudar a la gente a darse cuenta de que las cosas del mundo los usurpan y los perjudican. Los evangelistas exponen la verdadera situación del vivir en el mundo, pero algunos “magos” o filósofos pueden hacer exactamente lo mismo. Mientras predicábamos el evangelio en China, a menudo nos enfrentamos a esos “magos”, los filósofos del mundo. Enseñamos a la gente que la vida en el mundo los usurpaba. Algunos filósofos enseñaban lo mismo. Por ejemplo, el taoísmo enseña la simplicidad y el hecho de no ser egoísta. Nosotros también enseñamos a la gente que el disfrute de este mundo en realidad es una forma de muerte. Algunos filósofos también enseñaban esto.

  No obstante, así como los magos egipcios no pudieron deshacerse de las ranas, tampoco los “magos” actuales pueden hacerlo con las “ranas” que molestan a la gente en la actualidad. Aquellos filósofos en China pudieron producir “ranas”, pero no deshacerse de ellas. Cuando Moisés clamó al Señor por causa de las ranas, el Señor hizo conforme a la palabra de Moisés (8:12-13), y las ranas murieron. En el mismo principio, un evangelista digno de este nombre no sólo produce “ranas”, sino que también las quita de en medio.

  A veces, mientras le predicábamos a la gente rica en China, hicimos que se les aparecieran “ranas”. Esto les convenció de que el disfrute del mundo en realidad es una molestia, la razón de muchos problemas. Nos pidieron que oráramos por ellos, lo hicimos y las “ranas” desaparecieron. Pero eso sólo nos mostró que la condición de ellos era la misma que Faraón después de que las ranas desaparecieron. Cuando Faraón vio que había una tregua, él endureció su corazón y no escuchó a Moisés ni a Aarón (8:15). En el mismo principio, cuando estas personas ricas vieron que las “ranas” habían desaparecido y que su situación mejoraba, rehusaron arrepentirse y creer en el Señor.

V. EL QUINTO CONFLICTO

A. En cuanto a Dios

  En el quinto conflicto, el Señor le dijo a Moisés: “Di a Aarón: extiende tu vara y golpea el polvo de la tierra, para que se vuelva piojos por todo el país de Egipto” (8:16). Cuando Aarón extendió su mano con su vara y golpeó el polvo de la tierra, “el cual se volvió piojos, así en los hombres como en las bestias; todo el polvo de la tierra se volvió piojos en el país de Egipto” (v. 17). Anteriormente, el polvo de Egipto producía granos que se usaban para la comida. Pero en esta plaga, el polvo se convirtió en piojos que molestaron mucho a los egipcios. Los piojos irritan muchísimo. No obstante, la plaga de los piojos no fue solamente un castigo, sino también una revelación de que al fin y a la postre, el polvo de Egipto produce piojos, y no granos para la alimentación.

  En estas plagas, Dios era sabio y también misericordioso. El no usó un arma poderosa para darles a los egipcios una lección de una vez por todas. Por el contrario, El usó algo muy pequeño. Si Dios hubiera destruido de repente a todos los egipcios, no habría ninguna advertencia, ningún recuerdo ni ninguna revelación. En Su sabiduría y misericordia, Dios usó a los piojos para exponer la situación del vivir en Egipto y alentar a Su pueblo a salir de Egipto.

  Dios hace lo mismo en principio hoy en día. El nos muestra continuamente que Egipto es algo que no debemos amar, y El nos recuerda que no debemos permanecer en Egipto. El nos hace ver que la vida en Egipto es repugnante. Las aguas producen ranas, y el polvo produce piojos. El sabe que si Su pueblo entiende claramente la situación en Egipto, desearán ser separados de ella. Mediante las plagas, el pueblo de Dios llegó a entender que su vivir no debe ser como el mundo, sino un vivir para Dios en el desierto.

  La plaga de las ranas revela la naturaleza de las aguas de Egipto, mientras que la de los piojos revela la naturaleza del polvo de Egipto. El polvo que se convierte en piojos implica que la fuente del suministro de nuestra vida en el mundo finalmente se convierte en una causa de irritación. En la actualidad todo el mundo depende de agua y polvo para su vivir. Sin ellos, sería imposible tener el suministro de vida. El agua y el polvo fueron creados por Dios para nosotros. Pero fueron usurpados por Satanás y usados para su propio propósito maligno. Por consiguiente, en Su juicio, Dios expuso la verdadera naturaleza de las aguas y del polvo en su condición caída. El cambió el agua en sangre y el polvo en piojos.

  Las tres primeras plagas: las plagas de la sangre, las ranas, y los piojos, nos revelan la naturaleza, significado, y resultado del vivir en el mundo. Los que siguen viviendo en el mundo se enfrentarán a la muerte, los problemas, y la irritación. Todos debemos recibir esta revelación del vivir en el mundo hoy. Que esta visión nos deje una impresión profunda que nunca olvidaremos.

B. En cuanto a Faraón

  Los magos de Faraón intentaron producir piojos, pero no pudieron hacerlo. Reconocieron y dijeron a Faraón que el dedo de Dios había causado que el polvo de Egipto se convirtiera en piojos. No dijeron que fue la mano de Dios, sino el dedo de Dios. Esto indica que Jehová, el Dios de los hebreos, era todopoderoso. En su entendimiento, Dios sólo había usado Su dedo para hacer algo que ellos no podían hacer. No obstante, el corazón de Faraón permaneció duro, terco, y él no escuchó a Moisés ni a Aarón, como Jehová había dicho.

  En este mensaje mi intención no es enseñar a los santos que no deben amar al mundo, sino señalar el cuadro descrito en el libro de Exodo. Observe como las plagas de la sangre, las ranas, y los piojos exponen al mundo actual. ¿Usted todavía desea establecerse en el mundo? ¿ todavía lo considera como el mejor lugar para morar? Si quedamos impresionados por el cuadro que nos presenta el libro de Exodo, tendremos el deseo de salir del Egipto actual. En Su misericordia, Dios nos ha mostrado un cuadro claro que revela la naturaleza, significado y consecuencias de vivir en el mundo. El desea rescatarnos del mundo y llevarnos a Sí mismo al monte Horeb, el monte de Dios. En este monte, no tenemos ninguna plaga de sangre, ranas, ni piojos. Por el contrario, tenemos la luz, revelación, propósito, la presencia de Dios y un futuro lleno del suplir de Dios. ¡Qué contraste más grande entre la vida en Egipto y la vida en el monte Horeb! ¿Desea usted estar en Egipto con la sangre, las ranas, y los piojos, o desea usted estar con Dios en el monte Horeb? Nadie necesita darnos el consejo de salir del mundo. Si vemos el cuadro descrito en Exodo, espontáneamente aborreceremos al mundo, huiremos de él, y nos reuniremos con el Señor en el monte de Dios.

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