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Mensaje 180

El tiempo que Moisés paso con Dios

(3)

  Lectura bíblica: Éx. 34

  En el mensaje anterior, vimos que Exodo 34:18-35 presenta tres asuntos importantes: el festejo y el descanso con el Señor, cinco condiciones para disfrutar al Señor como nuestra fiesta, y la impartición de Dios en Moisés por Su hablar. En el mensaje anterior, consideramos el asunto de festejar y descansar con el Señor. En este mensaje, proseguimos y vamos a considerar las cinco condiciones que debemos cumplir si queremos festejar con Dios.

REDIMIR EL PRIMOGENITO DE UN ASNO CON UN CORDERO

  La primera de las cinco condiciones aparece en el versículo 20 “pero redimirás con cordero el primogénito del asno; y si no lo redimieres, quebrará su cerviz. Redimirás todo primogénito de sus hijos; y ninguno se presentará delante de mí con las manos vacías.” Esto significa que nuestro hombre natural debe ser sustituido por Cristo para que llevemos una vida santificada para Dios. Somos redimidos, pero naturales todavía. Somos unos “asnos”, animales impuros; no somos corderos. Efectivamente hemos sido redimidos, pero no somos puros. Por consiguiente, como “asnos”, necesitamos que nuestro ser natural sea sustituido por Cristo como el Cordero.

  En cuanto a la santificación, no somos ovejas ni bueyes; somos asnos. Hemos sido redimidos, pero nuestro hombre natural sigue impuro a los ojos de Dios. Por lo tanto, necesitamos que Cristo sea nuestro sustituto a fin de ser santificados para el Señor. El cordero pascual representa a Cristo como nuestro redentor. Hemos sido redimidos por medio de El, nuestro sustituto. No obstante, y por ser todavía impuros y naturales, no podemos ser un sacrificio viviente que satisfaga a Dios. Necesitamos que Cristo sea nuestro sustituto en santificación. Si usted desea mayor información en cuanto al primogénito de un asno redimido con un cordero, véase el estudio de Exodo, mensaje 27, página 305-307.

  Por muy agradables o muy buenos que seamos, somos todavía naturales. Por una parte, me gusta reunirme con personas agradables; por otra parte, veo que cuanto más simpática es una persona, más natural es. Por supuesto, no estoy diciendo que si queremos ser espirituales, debemos ser rudos, y no simpáticos. Deseo hacer hincapié el hecho de que aún nuestra simpatía natural debe ser sustituida por Cristo. Debemos recordar que en nuestra vida natural somos “asnos”. Hemos sido redimidos, pero todavía somos asnos. Muchos “asnos” se han reunido en la vida de iglesia. Ahora todos nosotros debemos ser sustituidos por Cristo: si nuestra “vida natural de asno” no es sustituida por Cristo, eso nos impedirá disfrutar las fiestas y también observar el sábado. El reemplazo de nuestra vida natural por la vida de Cristo es una condición para festejar y descansar con el Señor.

NO OFRECER LA SANGRE DEL SACRIFICIO DEL SEÑOR CON PAN LEUDADO

  Vemos la segunda condición en Exodo 34:25a “No ofrecerás cosa leudada junto con la sangre de Mi sacrificio”. Esto indica que no debemos mezclar la redención de Cristo con nuestra vida pecaminosa. Jamás deberíamos mezclar la redención de Cristo con una vida de pecado. No debemos declarar que somos redimidos y luego seguir viviendo en pecado. Eso equivaldría a ofrecer la sangre del sacrificio del Señor con pan leudado. Una persona que permanece en el pecado no debería jactarse de haber sido redimida.

  Hemos señalado que debemos observar la fiesta de los panes sin levadura. Esto significa que debemos eliminar todo lo pecaminoso como evidencia de que hemos sido redimidos por la sangre de Cristo. Cuando un creyente aclara su vida pecaminosa, este es un testimonio de que él ha sido redimido por Cristo.

  Nos resulta fácil entender que no podemos disfrutar a Cristo si seguimos viviendo en el pecado, proclamando que hemos sido redimidos. Todos hemos sido redimidos por la sangre de Cristo con el fin de disfrutar a Cristo. No obstante, todavía debemos cumplir la condición de desechar toda levadura, el requisito de no mezclar la redención de Cristo con una vida de pecado.

NO DEJAR HASTA LA MAÑANA NADA DEL SACRIFICIO DE LA FIESTA DE LA PASCUA

  La segunda parte del versículo 25 revela la tercera condición para festejar y descansar con el Señor: “ni se dejará hasta la mañana nada del sacrificio de la fiesta de la Pascua. ” ¿Qué significa el hecho de no dejar hasta la mañana nada del sacrifico de la fiesta de la Pascua? Esto significa que debemos disfrutar de las riquezas de Cristo en esta era y no dejarlas para la próxima era. Debemos disfrutar a Cristo ahora. Debemos disfrutarle plenamente en la presente era. No podemos agotar el disfrute de Cristo. Podemos disfrutar a lo sumo una porción particular de El. Toda porción que recibimos de Cristo, la debemos disfrutar hoy en día. No debemos dejar nada para la siguiente “mañana”, es decir, no debemos posponer el disfrute de Cristo hasta la era venidera. Disfrute a Cristo ahora. No espere disfrutarle a El en el futuro.

  Algunos santos piensan que pueden esperar cierto tiempo antes de disfrutar a Cristo. Algunos jóvenes pretenden lo mismo: “todavía soy joven. Voy a disfrutar de las cosas mundanas durante algún tiempo. Más tarde volveré al disfrute de Cristo. ” No cometan este error. Si usted pone a un lado el disfrute de Cristo para el futuro, no cumplirá la tercera condición de festejar con el Señor: el requisito de no dejar hasta la mañana el sacrificio de la fiesta de la Pascua. No se espere para disfrutar de las riquezas de Cristo.

LLEVAR A LA CASA DE DIOS LAS PRIMICIAS

  Leamos Exodo 34:26a “Las primicias de primeros frutos de tu tierra llevarás a la casa de Jehová, tu Dios.” Vemos ahora otra condición: llevar las primicias de los primeros frutos a la casa de Dios. Esto significa llevar la experiencia máxima de Cristo a las reuniones de la iglesia para satisfacer a Dios.

  Muchos santos carecen de la experiencia de Cristo. El resultado es éste: no llevan ningún fruto. Algunos quizá lleven fruto, pero este fruto en general no es las primicias. Todos debemos tener algunas experiencias máximas de Cristo. No debemos compartir estas experiencias de Cristo con nadie hasta que llevemos estas personas a las reuniones de la iglesia para la satisfacción de Dios. Los que poseen una experiencia adecuada saben lo que significa llevar la máxima experiencia de Cristo a las reuniones de la iglesia para la satisfacción de Dios.

NO COCER EL CABRITO EN LA LECHE DE SU MADRE

  Llegamos ahora a la última condición, la cuál parece muy extraña : “no cocerás el cabrito en la leche de su madre” (v. 26b). Ustedes quedarán sorprendidos por el significado de este requisito de no cocer un cabrito en la leche de su madre. Este requisito indica o tipifica que no debemos hervir a los nuevos creyentes con la leche de la palabra, es decir, no debemos hervirlos con la palabra de vida, la cual es destinada a nutrirlos (1 P .2:2).

  Antes algunas personas probablemente hervían cabritos en la leche materna. Quizá hayan considerado eso como un plato delicioso. Como lo hemos indicado, no deberíamos usar la leche de la Palabra para hervir a los nuevos creyentes. Esto equivale a usar la leche de la palabra, la cual es destinada a nutrir la vida, para matar a los jóvenes. El punto es éste: la leche de la palabra de Dios sirve para nutrir, pero muchos cristianos contemporáneos usan la palabra para matar a los creyentes jóvenes. Tengan mucho cuidado en no usar jamás la palabra para matar a los jóvenes. La palabra sirve para nutrir a los creyentes. Se puede usar la palabra para nutrir a los santos o para hervirlos, es decir, matarlos. En el pasado, muchos de nosotros hemos usado la palabra de Dios para hervir a los santos.

  Me tomó mucho tiempo y esfuerzos para aprender por qué estos puntos aparentemente insignificantes están mencionados en un capítulo tan crucial como Exodo 34, un capítulo que habla del recobro del pacto quebrantado. ¿Por qué Dios no sustituyó estos puntos con los cinco últimos mandamientos? Para nosotros estos mandamientos son mucho más importantes en significado que las cinco condiciones mencionadas en estos versículos. Sin embargo, Dios no deseaba que Su pueblo guardara sus mandamientos. Es importante que veamos eso. La intención de Dios era ésta: los hijos de Israel debían disfrutar a los productos de la buena tierra. Hoy en día Dios desea que disfrutemos a Cristo. El no desea que seamos buenos, éticos o morales. Por supuesto, eso no significa que no deberíamos tener ética ni moral. Si disfrutamos a Cristo cada día y descansamos con El a toda hora, viviremos a Cristo y la vida de Cristo rebasará la norma más elevada de moralidad. Lo importante aquí es lo que preocupa Dios: que Su pueblo disfrute a Cristo.

  El capítulo 34 es repetitivo. Contiene muchas cosas que vimos anteriormente. El propósito de este capítulo repetitivo consiste en recobrar el pacto quebrantado. Eso está relacionado con el disfrute de Cristo representado por las tres fiestas mencionadas aquí: la fiesta de los panes sin levadura, las fiestas de la semana, y la fiesta de las primicias de la siega del trigo, y el descanso con el Señor representado por la observancia del sábado. El festejar y descansar con el Señor requiere la observancia de cinco condiciones. Primero debemos reemplazar nuestra “vida natural de asno”, nuestra vida natural por Cristo. No confíe en su “naturaleza de asno.” Por muy buena que parezca ser, todavía necesita ser sustituida. Segundo, usted desechará toda levadura de su vida. Entonces disfrutará a Cristo como su porción y ofrecerá a Dios las primicias de la experiencia de Cristo en las reuniones para satisfacerle la El. Finalmente usted se esmerará en no usar la palabra de Dios para matar a los nuevos, y los nutrirá con la leche de la palabra. Si poseemos una experiencia espiritual adecuada, nos daremos cuenta que estas cinco condiciones son cruciales para nuestro disfrute diario de Cristo.

LA SECUENCIA DE LAS CINCO CONDICIONES

  Me gustaría añadir algunas palabras acerca de estas condiciones para que quedemos profundamente impresionados con ellas, particularmente con la secuencia en la cual están presentadas. Cada condición es muy significativa, pero además la secuencia de estas cinco condiciones tiene un sentido muy particular. La primera condición se refiere a la redención del primogénito de un asno con un cordero. Esto indica que si deseamos disfrutar al Señor, debemos darnos cuenta de que somos “asnos”, que somos unos animales lamentables bajo una carga pesada. Además, como asnos somos impuros. En Levítico 11, el asno se encuentra en las lista de los animales impuros. Hemos visto que el asno representa aquí nuestra vida natural, nuestro ser natural. No podemos disfrutar al Señor con nuestro ser natural. Si seguimos siendo animales impuros con una carga pesada, no podemos disfrutar a Cristo como las fiestas, y no podremos descansar con El. Por lo tanto, nuestra vida natural debe ser sustituida. El Nuevo Testamento está lleno de luz al respecto. La vida natural ha sido crucificada en la cruz. Ahora debemos rechazarla y abandonarla totalmente en nuestra vida cristiana.

  La secuencia muestra que la condición siguiente requiere que nosotros, como redimidos, no mezclemos la sangre redentora con una vida pecaminosa. Si deseamos disfrutar al Señor, debemos apartarnos de la levadura.

  Lógicamente, esta condición viene en segundo lugar, y no en el primer lugar. Sería ilógico exigir que no se mezclase la sangre redentora con levadura y luego exigir que nuestra vida natural fuese reemplazada. La secuencia adecuada exige que primero nuestra vida natural sea sustituida por Cristo. Después de este reemplazo, debemos aprender a quedar alejados de las cosas pecaminosas. Esto equivale a cumplir la condición de no mezclar la sangre redentora con levadura.

  Veamos la tercera condición: debemos disfrutar de nuestra porción presente de Cristo a lo sumo y no dejar ninguna parte de ella para la siguiente era. No obstante, muy pocos cristianos contemporáneos agotan el disfrute de su porción de Cristo. Pocos cristianos, incluyéndonos a nosotros, disfrutan a Cristo a lo sumo.

  Demos un ejemplo de la tercera condición: una madre le pide a su pequeño bebé que acabe su comida, que limpie su plato. Quizá ella le diga: “yo quiero que comas todo. Limpia tu plato. Si no terminas lo que tienes, ya no te daré nada de comer”. Algunas madres son severas con sus hijos al respecto, pero otras son demasiado indulgentes y permiten rápidamente que sus hijos hagan lo que quieran. Le dan algo de comer a su hijo, y si no le gusta, le dará otra cosa. Otras madres insistirán para que sus hijos coman lo que tienen antes de darles otra cosa. Yo creo que eso ilustra perfectamente la manera en que Dios nos entrena a disfrutar a Cristo hoy en día. El dirá: “Termina lo que ya te he dado de Cristo. Si no disfrutas la porción que tienes ahora, no te daré nada más. Debes consumir tu porción de Cristo ahora.”

  Veamos la condición siguiente presentada en la secuencia : disfrutaremos plenamente nuestra porción de Cristo, reservaremos la máxima porción, las primicias, para el disfrute y satisfacción de Dios. Llevaremos esta porción máxima de nuestro disfrute de Cristo a la casa de Dios para Su satisfacción.

  La última condición exige que no matemos a ningún creyente, especialmente a los nuevos en la esfera del suplir de vida. La leche en Exodo 34:26 Indica la esfera del suplir de vida. Mientras disfrutamos a Cristo a lo sumo y ofrecemos a Dios algo de Cristo para Su satisfacción, debemos tener cuidado y evitar matar a los demás. Jamás deberíamos hervir un cordero en la leche de su madre.

  Estas cinco condiciones describen la experiencia actual del disfrute del Señor. Llegué a entender estas condiciones a través de mi experiencia en la vida cristiana. Mi experiencia me ha mostrado que en mi vida natural yo soy un asno y que debo ser sustituido. Veo también que debo apartarme de la levadura, y ser obediente al requisito de disfrutar a Cristo hoy en día y tener la máxima experiencia del disfrute del Señor para satisfacción de Dios, y no cometer ninguna clase de matanza espiritual en la esfera del suplir de vida. Yo creo que muchos de nosotros podemos testificar que el significado de estas cinco condiciones corresponde a nuestra experiencia espiritual.

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