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Mensaje 25

La Pascua

(3)

  Lectura bíblica: Éx. 12:11-28, 43-51; 13:2-11; 1 Co. 5:7-8

  La redención efectuada por Cristo es misteriosa, y va más allá de nuestra comprensión. Creo que ésta es la razón por la cual la Pascua en el Antiguo Testamento describe todos los elementos, factores y aspectos de la redención de Cristo revelados en el Nuevo Testamento. Si tuviesemos únicamente las palabras del Nuevo Testamento sin el cuadro del Antiguo Testamento, nos sería difícil ver todos los detalles de la redención maravillosa y misteriosa de Cristo. ¡Cuánto le agradecemos al Señor por el cuadro de la redención presentado en el libro de Exodo!

  En los mensajes anteriores, vimos muchos detalles acerca de la Pascua. Vimos que Cristo no es solamente el cordero pascual, sino también los panes sin levadura, las hierbas amargas y la casa. La sangre del cordero fue puesta sobre el dintel y los postes de las casas; y que se comía todo el cordero, incluyendo la cabeza, las patas y las entrañas. Al comer el cordero, los hijos de Israel debían ceñir sus lomos, ponerse los zapatos y tener un bordón en sus manos. Además, tenían que comer el cordero apresuradamente. El cordero no debía ser comido ni crudo ni hervido, sino asado por fuego. Además, el hisopo, que representa la fe, se usaba para untar la sangre del cordero pascual sobre el dintel y los postes. Los hijos de Israel debían observar todos estos detalles mientras participaban de la Pascua. En este mensaje, continuaremos estudiando algunos detalles adicionales acerca de la manera en que debemos aplicar el cordero pascual.

  La Pascua duraba un solo día. Se celebraba el día catorce del primer mes, el mes de Abib. Después de la fiesta de la Pascua, había otra fiesta, la fiesta de los panes sin levadura, que duraba siete días. En la Biblia, siete días representan un período de tiempo completo. Por consiguiente, esos siete días representan el transcurso de nuestra vida en la tierra. A los ojos de Dios, toda nuestra vida no dura más que siete días.

  La fiesta de los panes sin levadura empezaba y terminaba con los días de fiesta. En el primer día y en el último, no se permitía ningún trabajo. Lo único que se les permitía a los hijos de Israel era comer.

  Los detalles que cubriremos en este mensaje son particularmente cruciales. Lo que hemos cubierto hasta ahora está relacionado con la fiesta de la Pascua, que duraba un solo día. Pero lo que cubriremos en este mensaje se relaciona con una fiesta que duraba siete días, un período de tiempo que representa el transcurso de la vida humana.

D. No debían comer ni poseer ningún tipo de levadura

  En cuanto a la Pascua, la Biblia recalca principalmente el comer la Pascua, y no el guardar la Pascua. Por ejemplo, Lucas 22 declara que el Señor comía la Pascua con Sus discípulos (vs. 11, 15). En este pasaje la Pascua es una fiesta donde comemos. Exodo 12 habla de comer la carne, los panes sin levadura y las hierbas amargas. El significado de comer está en el hecho de que vivimos por lo que comemos. En la vida humana, nada es más importante que la comida.

  Los hijos de Israel no debían de comer panes con levadura por un período de siete días. En Exodo 12:15 dice: “Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas”. Según Exodo 12:19, no debían poseer levadura en sus casas, y según Exodo 13:7, no debía haber ninguna levadura. En los días de la fiesta de los panes sin levadura, los hijos de Israel no debían comer pan con levadura, ni debía encontrarse levadura en sus casas

  El comer el pan sin levadura indica que el pueblo de Dios no debe vivir en pecado, es decir, no debe llevar una vida pecaminosa. En la Biblia, la levadura representa lo pecaminoso, maligno, corrupto e impuro a los ojos de Dios. En 1 Corintios 5:8 Pablo habla de “la levadura de malicia y de maldad”.

  La levadura hace que algo sea más placentero al comer. Supongamos que el pan se hace sin levadura. Esta clase de pan sería duro y difícil de masticar. Pero si se le pone levadura a la masa, el pan será ligero y fácil de comer. La función del pecado es similar a la de la levadura; ablanda las cosas y facilita su ingestión. Por consiguiente, el principio de levadura consiste en añadir un elemento que ablanda algo duro. Por ejemplo, las bromas puede ser una clase de levadura que convierte una situación difícil en algo más fácil.

E. La fiesta de los panes sin levadura como continuación de la fiesta de la Pascua

1. Durante siete días

  Los hijos de Israel celebraban la fiesta de los panes sin levadura como continuación de la fiesta de la Pascua. (12:15-20; 13:6-7). Exodo 12:18 dice: “En el mes primero comeréis los panes sin levadura desde el día catorce del mes por la tarde hasta el día veintiuno del mes por la tarde”. Ya mencionamos que cuando los hijos de Israel comían el cordero pascual, también debían comer los panes sin levadura. Vimos que la fiesta de la Pascua duraba un solo día, mientras que la fiesta de los panes sin levadura continuaba durante siete días. Por consiguiente, la fiesta de los panes sin levadura era la continuación de la fiesta de la Pascua.

  La carne del cordero pascual representa la vida de Cristo que no tiene pecado. Recibimos a Cristo no sólo en su muerte y resurrección sino también en su vida sin pecado, ya que no sólo es una vida crucificada y resucitada, sino también una vida sin pecado. Por ende, debemos comer la carne del cordero y también los panes sin levadura. Esto significa que desde el momento en que recibimos a Cristo, fuimos salvos y tuvimos un nuevo comienzo en vida, empezamos a llevar una vida sin levadura, una vida sin pecado.

  Exodo 13:7 afirma que no se debía ver ninguna levadura junto con los hijos de Israel. En nuestra vida cristiana, no debería haber ninguna levadura. Es imposible no tener ninguna levadura, pero es posible que la levadura no se vea. Aunque es imposible no tener pecado, debemos eliminar todo pecado manifestado, todo pecado visible. Esto significa que somos responsables de eliminar el pecado del cual tenemos conciencia. Cuando descubrimos algo pecaminoso en nuestras vidas, debemos eliminarlo. No obstante, esto no significa que no tenemos ningún pecado. Podemos tener muchos pecados en nuestras vidas o en nuestro entorno, pero quizá no estemos conscientes de ello. Sin embargo, en cuanto tomamos conciencia de ello, debemos eliminarlo. Debemos rechazar el pecado del cual estamos conscientes. No debemos tolerar ninguna manifestación de pecado.

  En 12:19, los hijos de Israel recibieron una palabra muy severa: “Cualquiera que comiere leudado, así extranjero como natural del país será cortado de la congregación de Israel”. Ser cortado de la congregación de Israel significaba ser cortado de la comunión del pueblo escogido de Dios. Esta palabra severa corresponde con lo que dijo Pablo en 1 Corintios 5:13 “Quitad a ese perverso de entre vosotros”. Quitar a una persona significa cortarla de la comunión de la iglesia.

  Si toleramos el pecado cuando haya sido expuesto, nuestra comunión será cortada. Eso significa que como cristianos debemos llevar una vida sin pecado, y no tolerar ningún pecado que haya sido expuesto. Eliminar el pecado manifestado consiste en celebrar la fiesta de los panes sin levadura.

  Exodo 12:14 dice: “Y ese día os será en memoria y lo celebraréis como fiesta solemne para Jehová durante vuestras generaciones; por estatuto perpetuo lo celebraréis”. Este versículo indica que la Pascua debía ser celebrada como fiesta. Este también era el caso de la fiesta de los panes sin levadura (12:17). Una fiesta incluye comer y disfrutar. Cuando comemos sin el propósito de disfrutar de nuestra comida, ésta es común. Pero cuando comemos para el disfrute, nuestra comida llega a ser una fiesta. Por ejemplo, quizá desayunemos, almorcemos y cenemos a diario sin sentir ningún disfrute especial. Pero a veces nos reunimos para celebrar. En esas ocasiones, el propósito de nuestra comida es el disfrute. Comer la Pascua se consideraba la fiesta de la Pascua porque era una comida para el disfrute.

  Cuando fuimos salvos, disfrutamos de la fiesta de la Pascua. Pero esta fiesta debería ser seguida inmediatamente por la fiesta de los panes sin levadura. Esto indica que el disfrute de un cristiano no debe cesar. No obstante, en la experiencia de muchos cristianos la fiesta de la Pascua no es seguida por la fiesta de los panes sin levadura. En el momento de su conversión, estaban gozosos. Pero este disfrute no duró, porque ellos no celebraron la fiesta de los panes sin levadura. Esto significa que ellos no acabaron con su vivir pecaminoso. Al contrario, permitieron que la levadura expuesta permaneciera. No eliminaron el pecado que quedó expuesto. Por esta razón, muchos cristianos no celebran la fiesta de los panes sin levadura.

  Después de recibir al Señor y de ser salvos, deberíamos prolongar nuestro disfrute al acabar con el pecado. Esto no debería durar un solo día, sino siete días. Esto significa que debería durar toda nuestra vida. Después de nuestra salvación, toda nuestra vida debería ser una fiesta de panes sin levadura.

  Este era el concepto de Pablo en 1 Corintios 5. En el versículo 7, Pablo declara: “Limpiaos de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois, porque nuestra Pascua, que es Cristo fue sacrificada”. Luego en el versículo 8, él continúa: “Celebremos la fiesta, no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y de maldad sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”. Día tras día, debemos guardar la fiesta de los panes sin levadura. Debemos celebrar esta fiesta durante toda nuestra vida cristiana hasta que veamos al Señor.

  En cuanto nos negamos a eliminar todo pecado que ha quedado expuesto, dejamos de celebrar la fiesta de los panes sin levadura. Eso significa que perdemos el disfrute de esta fiesta. El hecho de tolerar el pecado nos hace perder el disfrute. Al contrario, cuanto más nos deshacemos del pecado que ha sido manifestado y expuesto, más disfrutamos. Esto es celebrar la fiesta de los panes sin levadura.

  Yo aprecio la manera en que Pablo hace una alegoría de la Pascua y la fiesta de los panes sin levadura. El dice que Cristo nuestra Pascua fue sacrificado, que debemos limpiarnos de toda vieja levadura, y que debemos celebrar la fiesta de los panes sin levadura. La celebramos al eleminar el pecado y al llevar una vida sin pecado. Cuando algo pecaminoso queda expuesto, inmediatamente lo eliminamos. De esta manera, no se verá ninguna levadura en nuestras casas. Cristo es el pan sin levadura. Cuanto más comemos de El, menos levadura tendremos. La única manera de eliminar el pecado consiste en comer de la vida crucificada, resucitada y sin pecado de Cristo.

2. No debían trabajar el primer día ni el séptimo, sólo podían comer

  Exodo 12:16 dice: “El primer día habrá santa convocación, y asímismo en el séptimo día tendréis una santa convocación; ninguna obra se hará en ellos, excepto solamente que preparéis lo que cada cual haya de comer”. Este versículo dice que en el primer y en el último día de la fiesta de los panes sin levadura no se podía hacer ningún trabajo. Esto significa que en el disfrute de la salvación de Dios, no queda ningún lugar para nuestro trabajo. Debemos aprender a dejar nuestras obras. Debemos parar toda clase de trabajo. No tome la resolución de ser un marido cariñoso, una esposa sumisa o un hijo que honra a sus padres. Todo eso es obra humana. La única cosa que se nos permite hacer es comer. Esto indica que mientras participamos de la salvación de Dios, sólo queda lugar para el disfrute y no para la labor. No intente hacer nada, sólo coma y disfrute.

  La situación del cristianismo actual es totalmente opuesta. En lugar de comer, trabajan. Se dan muchos sermones exhortando a la gente a empeñarse en diferentes clases de labor. Esto contradice el principio de la salvación de Dios. La salvación de Dios no nos permite hacer ninguna obra.

  Debido a nuestra naturaleza serpentina, inmediatamente después de ser salvos y reavivados, decidimos hacer ciertas cosas. Algunos deciden no perder su calma; otros deciden ser humildes. Pero el Señor no permite esta clase de labor. En la salvación de Dios, sólo se nos permite comer.

  En contraste con los escritos de las religiones humanas, la Biblia exhorta al pueblo de Dios a que no haga nada aparte de comer en el primer y último día de la fiesta. Si los hijos de Israel trabajaban en ese día, habrían quebrantado el principio de la salvación de Dios. La salvación es nuestro disfrute; no requiere nuestra labor ni obras. No obstante, aun muchos cristianos fervientes son cortados de la comunión espiritual simplemente porque están empeñados en tanta labor. Añadir labor humana a la salvación de Dios equivale a insultar a Dios y cortarnos de la comunión.

  Nos parece difícil dejar de trabajar y seguir comiendo. En lugar de comer sin trabajar, tenemos la costumbre de trabajar sin comer. Algunos quizás se quejan de demasiada comida espiritual. Tal vez digan que están cansados de tanto comer. Hace algún tiempo oíamos esta clase de conversaciones entre nosotros. Esta clase de conversación proviene del diablo, el enemigo de Dios. En cuanto se pronuncia algo en contra de comer al Señor, es seguido por una sugerencia de laborar o de empeñarnos en cierta actividad. ¡Qué contradicción más diabólica al principio de la salvación de Dios! Repito: la salvación de Dios requiere que dejemos nuestra labor y que lo único que hagamos sea comer.

  Hasta la oración puede convertirse en una obra que Dios prohibe. Algunos santos tal vez decidan pasar más tiempo en la oración. En ese caso, su oración puede convertirse en una obra que quebranta el principio de la salvación de Dios. Yo le diría a las personas que deciden orar de esta manera: “No permitan que la oración se convierta en una labor. En lugar de orar de una manera natural, usted debe comer de los panes sin levadura”.

  Cuando joven, me empeñaba en hacer muchas obras por el Señor. Leía libros acerca de cómo ser santo, cómo orar y cómo vencer al pecado. Estos libros me alentaron a laborar y a hacer algunas cosas. Un día fui iluminado en cuanto a que Dios no desea que laboremos, El quiere que comamos. Si deseamos tener un banquete de El debemos parar nuestras acciones.

  Supongamos que un hermano le invita a usted a su casa para celebrar. No obstante, después de llegar, usted pasa mucho tiempo trabajando para él. Usted corta el pasto, poda los árboles y lava las ventanas. Pero toda su obra es una ofensa para este hermano. Lo que él desea es que usted se siente a la mesa y celebre con él. Cuanto más celebre, más feliz él será.

  Todos debemos aprender a abandonar nuestra labor natural. No obstante, esto no es fácil de hacer. Mientras abandonamos nuestras acciones, debemos mantener nuestra comida. Pero si no comemos, no debemos dejar de laborar. La mayoría de los cristianos laboran sin comer, pero debemos aprender a comer sin laborar. Abandonemos nuestra labores, pero sigamos comiendo.

F. Ningún extraño ni jornalero comerá de ella

  Exodo 12:43 dice: “Esta es la ordenanza de la Pascua, ningún extraño comerá de ella”. El versículo 45 declara: “El extranjero y el jornalero no comerán de ella”. Estos versículos indican que los extranjeros y los jornaleros no podían comer la Pascua. En el Antiguo Testamento, los extranjeros representan dos categorías de gente: los incrédulos y el hombre natural. Podemos estar de acuerdo en que los incrédulos son extranjeros pero quizá no estemos de acuerdo en que nuestro hombre natural también es extranjero y no debe participar de la Pascua. De hecho, nuestro hombre natural no difiere de un incrédulo, pues nuestra vida natural siempre está dispuesta a seguir el camino del incrédulo. Por tanto, el hombre natural y los incrédulos pertenecen a la misma familia.

  Note que en Exodo 12, el hombre natural es el extranjero relacionado con el jornalero. Un jornalero es aquel que sirve por un salario, por una compensación. El hombre natural siempre trabaja para Dios a fin de recibir una compensación. Esto es muy común en el cristianismo actual. En su mayor parte, el cristianismo se ha convertido en una religión en la cual se contratan extranjeros que laboran por un salario. Un jornalero puede recibir salario, pero con él no hay ninguna gracia, fe, ni disfrute. Si intentamos disfrutar de la Pascua según el principio del jornalero, veremos que no tenemos ninguna posición que nos permita participar de ésta.

  Los que laboran como jornaleros piensan que ellos laboran y Dios les paga su salario. Pero en Romanos, Pablo indica que no debemos laborar por nuestra salvación. Romanos 4:4-5 dice: “Ahora bien, al que obra no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; más al que no obra, sino que cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia”. Hablando de la selección por gracia, Pablo declara en Romanos 11:6: “Más si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia”.

  En Gálatas 4:7, nosotros los que creemos en Cristo ya no somos jornaleros sino hijos. Los hijos disfrutan simplemente de la vida familiar. No laboran como jornaleros para participar de este disfrute. Nuestro disfrute de la salvación de Dios se conforma al principio de la gracia gratuita, y no al principio del jornalero que labora para recibir una recompensa. En cuanto a la salvación, nuestra labor no significa nada. Dios nos permite disfrutar de la Pascua no como un salario, sino solamente como un don gratuito de la gracia.

  Queda claro que el hombre natural no puede disfrutar de Cristo como la Pascua. Si la persona todavía está en el hombre natural, no ha llegado al mes de Abib, que significa el brote y el retoño. Esto significa que él no ha experimentado un nuevo comienzo en Cristo. Con esta persona, no hay brote de vida divina por medio de la regeneración. Tener un nuevo comienzo significa dejar de ser extranjero, dejar de ser un hombre natural. Por el contrario, significa ser regenerado y llegar a ser una nueva creación en Cristo (2 Co. 5:17).

  No participe de la Pascua como hombre natural ni como jornalero, y no tenga la actitud de laborar por Dios esperando ser pagado. No recibimos la salvación de Dios por nuestra labor. Si permanecemos en el hombre natural o nos consideramos como jornaleros que laboran para recibir una recompensa, no tenemos ningún derecho de participar de la Pascua.

G. Todo siervo comprado por dinero y circuncidado comerá de ella

  Los extranjeros y los jornaleros no podían participar de la Pascua, pero los siervos comprados y circuncidados si podían (12:44, 48). Ser comprado significa ser redimido. No somos jornaleros, pero hemos sido comprados por el Señor para ser Sus esclavos. Estábamos perdidos pero El pagó el precio para comprarnos de nuevo. Esto significa que hemos sido redimidos, comprados y devueltos a El. Por tanto, ya no somos extranjeros, sino personas redimidas. Ya no somos el hombre natural, sino que hemos sido comprados.

  La redención de Cristo no incluye la vida natural. Al contrario, Su redención termina con el hombre natural al ponerlo en la cruz. Cristo redime solamente a las personas que han sido acabadas por Su cruz. Esto lo representa la circuncisión.

  ¿Se considera usted como un jornalero o como alguien que ha sido comprado? A muy pocos les gusta pensar que han sido comprados. Alguien que ha sido comprado en realidad es un esclavo. Esta es la razón por la cual dentro de nosotros mismos, preferimos ser jornaleros. Si somos contratados por cierta persona para laborar por él, estamos dispuestos a hacer el trabajo siempre y cuando estemos contentos con el que nos contrata. Pero si no estamos contentos, podemos renunciar y trabajar con alguna otra persona. Pero una persona comprada como esclavo, no tiene ningún derecho de renunciar.

  Una vez más vemos que la manera del hombre natural contradice lo que desea Dios. En la redención de Dios, no somos jornaleros sino personas compradas. Todo aquel que se considera un jornalero no tiene ninguna participación en la redención de Dios. Si queremos disfrutar de la redención de Dios, debemos tomar nuestra posición como aquellos que han sido comprados por El.

  Es fácil decir de una manera doctrinal que hemos sido comprados. Pero en nuestra práctica diaria, quizás vivamos como jornaleros. El apóstol Pablo sabía que él era un esclavo de Cristo Jesús (Ro. 1:1). El no se consideraba a sí mismo como una persona contratada para laborar por el Señor. En contraste con muchos pastores y ministros, Pablo sabía que él no tenía ningún derecho de renunciar a servir al Señor.

  Espiritualmente hablando, ser un jornalero consiste en laborar en nuestra vida natural para recibir una recompensa. Pero según el principio espiritual, ser una persona comprada consiste en servir al Señor en redención. Una persona comprada es una persona que ha estado perdida, que ha sido comprada, y que ha sido acabada por la cruz. Esta es la clase de persona que ha sido redimida por Dios. Esta persona está calificada para comer la Pascua.

  Exodo 12:44 dice: “Más todo siervo humano comprado por dinero comerá de ella, después que lo hubieres circuncidado”. El versículo 48 habla también de la circuncisión: “Más si un extranjero morare contigo, y quisiere celebrar la Pascua séale circuncidado todo varón, y entonces la celebrará para Jehová, y será como uno de vuestra nación; pero ningún incircunciso comerá de ella”. Todos los redimidos deben ser circuncidados. Espiritualmente hablando, ser circuncidado consiste en que la vida natural sea eliminada por la cruz. Fuera de la circuncisión, no hay ninguna redención. Por esta razón, los redimidos están relacionados con la circuncisión. Los que han sido circuncidados han sido terminados por la cruz. Pablo lo presenta como la verdadera circunsición (Fil. 3:3). Los extranjeros son los jornaleros, mientras que las personas compradas son los circuncisos. Los circuncisos no ejercitan la vida natural para laborar por Dios. Dios no quiere que laboremos por El; El desea que seamos circuncidados. La obra según nuestra vida natural sólo puede producir a Ismael. Nuestra fuerza en producir a Ismael debe ser cortada mediante la circuncisión.

  Si deseamos recibir correctamente la salvación de Dios, debemos ser comprados y circuncidados. Durante su conversión, un pecador debería arrepentirse, confesarse, y creer en el Señor Jesús. Simultáneamente él debe comenzar a aborrecer su vida natural y darse cuenta de que esa vida debe ser sepultada. Esta es la razón por la cual una persona debe ser bautizada en cuanto cree en el Señor Jesús. Ser bautizado significa darse cuenta de que la vida natural sirve únicamente para la sepultura. Cuando un nuevo creyente entiende esto, está consciente de que ha sido comprado y circuncidado. No obstante, muchos cristianos contemporáneos han recibido la salvación de Dios ciegamente sin darse cuenta de que deben ser comprados y circuncidados.

  Todos estos detalles relacionados con la Pascua muestran la manera correcta de aplicarla. Si estos detalles no fuesen necesarios, la Biblia no los incluiría. Estos detalles también están en el Nuevo Testamento, pero nos resulta bastante difícil encontrarlos. No obstante, son descritos claramente en el cuadro de la Pascua en el libro de Exodo. Le damos gracias al Señor porque fuimos comprados y circuncidados y comemos la Pascua según los principios de Dios.

H. Continuaron el disfrute del cordero pascual mediante el éxodo fuera de Egipto como el ejército de Dios

  Exodo 12:51 concluye: “Y en aquel mismo día sacó Jehová a los hijos de Israel de la tierra de Egipto por sus ejércitos”. Este versículo indica que la redención completa de Dios produce un ejército. Después de aplicar la Pascua conforme a todos los principios que Dios ha dado, debemos continuar nuestro disfrute de la Pascua al emprender un éxodo fuera de Egipto y convertirnos en el ejército de Dios que combate por sus intereses en la tierra. Debemos continuar nuestro disfrute de salvación al salir del mundo y formar parte del ejército del Señor. Este es el significado de la palabra éxodo. ¡Qué cuadro tan completo de la salvación de Dios vemos en el libro de Exodo! Cuando aplicamos a Cristo como nuestra Pascua hoy, necesitamos todos los principios mencionados en el relato de la Pascua en el libro de Exodo.

V. EL JUICIO DE DIOS SOBRE LOS PRIMOGENITOS

  Exodo 12:12 dice: “Pues yo pasaré aquella noche por la tierra de Egipto, y heriré a todo primogénito en la tierra de Egipto, así de los hombres como de las bestias”. Algunos se preguntarán por qué Dios mató únicamente a los primogénitos. Cuando yo era joven, esto me perturbaba. Me preguntaba si esto significaba que los primogénitos eran malignos y que los otros eran buenos. En aquel tiempo no conocía los principios espirituales. Más tarde, aprendí que los primogénitos incluyen a todos los que están en Adán. Adán, el primer hombre, era en realidad el primogénito (1 Co. 15:45a). Puesto que Adán era el primer hombre, el primogénito incluye a todos los que están en Adán. Al contrario, el segundo se compone de todos aquellos que están en Cristo, pues El es el segundo hombre (1 Co. 15:45b). Verdaderamente, los que creemos en Cristo, somos los segundos en nacer. No obstante, dentro de nosotros está todavía el elemento del primogénito. Estamos bajo la sangre de Cristo, pero la sangre no redime nada relacionado con el primogénito. Por esta razón, debemos condenar todo lo que está dentro de nosotros que se relacione con el primogénito, es decir, con Adán. Eso significa que una vez más, debemos condenar la vida natural.

  En realidad las palabras primogénito y extranjero describen la misma cosa. Son sinónimos que describen al viejo hombre y a la vida natural. Podemos decir que el viejo hombre es el primogénito y que nuestro hombre natural con la vida natural es un extranjero. Pero en realidad ambos son uno. Cuando aplicamos a Cristo como la Pascua, debemos condenar al viejo hombre y también al hombre natural. Debemos rechazar al primogénito y también al extranjero. En la fiesta de la Pascua de Dios, no queda ningún lugar para el viejo hombre ni para la vida natural.

  Debemos tomar esto no sólo como doctrina, sino como práctica y experiencia. Si aplicamos esto a nuestra experiencia de manera práctica, nos daremos cuenta que todavía queda algo del viejo hombre y de la vida natural dentro de nosotros. Esto nos impide aplicar la Pascua de una manera completa y correcta. Todavía nos aferramos al hombre viejo y a la vida natural. Esto significa que el primogénito y el extranjero todavía están dentro de nosotros. Por consiguiente, no podemos aplicar completamente la Pascua, porque Dios no permite que el viejo hombre ni la vida natural participen de Su Pascua. Este es el principio en cuanto al juicio de Dios sobre los primogénitos.

VI. EL JUICIO DE DIOS SOBRE LOS DIOSES DE EGIPTO

  En 12:12, el Señor dijo también: “Ejecutaré mis juicios en todos los dioses de Egipto”. Este versículo es muy importante. Sin esta parte no entenderíamos que en la noche de la Pascua, Satanás y todos sus demonios también fueron juzgados. Los primogénitos constituían a Egipto, mientras que los dioses constituían el reino de Satanás. Durante la Pascua, ambos fueron juzgados.

  Es posible hacer una lista de cosas que no se permitían al partcipar de la Pascua. No podía haber levadura, labor, extranjeros, jornaleros, primogénitos, ni dioses egipcios. Esto significa que no hay ningún lugar para el pecado, las acciones humanas, la vida humana, el viejo hombre, el mundo, ni Satanás. Estas cosas no solo están descritas en el cuadro de la Pascua en Exodo, sino que se revelan claramente en el Nuevo Testamento. Cuando celebramos la Pascua según los principios específicos ordenados por Dios, entonces la aplicamos correctamente. ¡Alabado sea el Señor por este cuadro completo de la Pascua, la redención completa de Dios!

  Además de esta lista de cosas negativas, podemos hacer una lista de cosas positivas incluídas en la Pascua: el cordero, la casa, los panes sin levadura, las hierbas amargas, el hisopo, la faja, los zapatos y el bordón. Todas estas cosas componen la Pascua. El resultado de estas cosas positivas es el ejército de Dios. Nosotros los que disfrutamos a Cristo como la Pascua finalmente nos convertimos en un ejército que combate por el reino de Dios en la tierra. Como hemos mencionado, la Pascua finalmente produce un ejército que combate por los intereses de Dios.

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