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Mensaje 28

LA ULTIMA LUCHA DE FARAÓN

  Lectura bíblica: Éx. 14:1-31

  La plena salvación de Dios para Su pueblo escogido incluye la Pascua, el éxodo fuera de Egipto, y el cruce del mar Rojo. La Pascua representa la redención; el éxodo representa la salida del mundo; y el cruce del mar Rojo representa el bautismo. La plena salvación con todos estos aspectos es exactamente lo que necesitamos y disfrutamos hoy en día.

  Dios necesitaba una persona como Faraón, para cumplir estos tres aspectos de la salvación. Sin él, faltaría el entorno, las circunstancias y las situaciones necesarias. Si vemos este asunto, alabaremos al Señor por Su soberanía. La oposición de Faraón creó un entorno que posibilitó la Pascua. No podemos decir que Faraón fue la fuente de la Pascua. No obstante, podemos asegurar que sin él, no habría el entorno necesario para la institución de la Pascua.

  La Pascua incluía la provisión para la redención, que los hijos de Israel necesitaban por sus pecados. No obstante, la Pascua incluía mucho más que la redención. Los cristianos reconocen la necesidad de la redención pero quizás no vean la necesidad de la Pascua. Durante la noche de la Pascua, los hijos de Israel fueron salvos, y además los egipcios y el poder maligno de las tinieblas fueron juzgados. En una experiencia normal de salvación, somos redimidos, y el poder de las tinieblas dentro de nosotros y a nuestro alrededor es juzgado. Sin embargo, muchos cristianos no son salvos de una manera normal. Ellos experimentan la redención, pero no experimentan el juicio de Dios sobre el poder de las tinieblas.

  Hemos visto que Faraón luchaba contínuamente en contra del Señor, resistiendose a Su exigencia de dejar ir a los hijos de Israel. Pero cuanto más luchaba Faraón, más contribuía a introducir el entorno necesario para cumplir la salvación de Dios.

  Aunque Faraón se resistía continuamente a las exigencias de Dios, Moisés siguió negociando con él. Ninguno de nosotros habría tenido la paciencia que Moisés necesitó. Posiblemente después de los primeros conflictos habríamos renunciado. Esto es a menudo lo que hacemos con la gente. Por ejemplo, quizás queramos que una persona se salve. Podemos esperar que todo aquel que ha sido escogido por Dios se tornaría al Señor después de que hayamos hablado con él unas pocas veces. Pero si él sigue resistiendose al Señor, quizás renunciemos, pensando que desperdiciamos nuestro tiempo. Al contrario, Moisés fue paciente y perseveró en sus tratos con Faraón.

  Como resultado del contacto que estableció Moisés con Faraón y la lucha de éste en contra del Señor, la situación en Egipto llegó a ser muy tensa. Finalmente, la Pascua se hizo necesaria. Cuando Faraón y los egipcios demostraron que estaban totalmente en contra del Señor, había llegado el tiempo para que el Señor ejerciera Su juicio sobre los egipcios rebeldes y liberara a Su pueblo. Mientras los hijos de Israel disfrutaban de la Pascua, los egipcios sufrían bajo el juicio de Dios. No obstante, los egipcios no tenían ningún derecho de echarle la culpa a Dios en este aspecto. Ellos trajeron el juicio de Dios sobre ellos mismos. Eran responsables por producir el entorno que exigía la institución de la Pascua, con su redención y su juicio.

  De manera similar, el pueblo de Dios emprendió su éxodo fuera de Egipto con la ayuda de Faraón. De otro modo, los hijos de Israel probablemente nunca habrían dejado Egipto. Si Faraón y los egipcios hubiesen sido amables con ellos, no habrían sentido ningún deseo de dejar Egipto. Pero la opresión de Faraón sobre los hijos de Israel creó el entorno para su éxodo fuera de Egipto y luego los obligó a irse. Finalmente, Faraón echó al pueblo de Dios fuera de Egipto. Por lo tanto, Faraón fue usado por Dios para cumplir el éxodo de su pueblo.

  Según el arreglo de Dios y Su economía, en Su salvación se necesita el bautismo, el cual es representado por el cruce del mar Rojo. Para cumplir este aspecto de la salvación, Dios no condujo directamente a Su pueblo a la tierra de Canaán por el territorio de los filisteos. Al contrario, como mencionamos en el mensaje anterior, El los llevo por un camino de desvíos. El los hizo ir por el sur y dar vuelta hacia el mar Rojo, aparentemente no tenían salida. No obstante, el Señor sabía lo que El estaba planeando. Su intención consistía en usar el mar Rojo para bautizar a Su pueblo y sepultar a Faraón y su ejército. Si los hijos de Israel hubiesen ido directamente a la tierra de Canaán por el territorio de los filisteos, no habrían cruzado el mar Rojo y el ejército egipcio no habría sido sepultado. Por lo tanto, en el cruce del mar Rojo, Dios volvió a usar a Faraón, para crear una situación que propiciara el bautismo de Su pueblo. Por medio de la columna de nube y la columna de fuego, Dios los llevó por un desvío. Al caminar detrás de la columna que los guiaba, ellos fueron llevados a acampar cerca del mar (14:2).

  Según 14:3, el Señor sabía que Faraón diría acerca de los hijos de Israel: “Encerrados están en la tierra, el desierto los ha encerrado”. A los ojos de los egipcios, los israelitas eran muy insensatos al tomar este camino indirecto. Por lo tanto, la situación de los hijos de Israel en el desierto tentó a Faraón a perseguirlos. Por lo tanto, el campamento de los hijos de Israel cerca del mar y la persecusión por Faraón y sus carros produjeron un entorno ideal para el bautismo del pueblo de Dios y para la sepultura de Faraón y su ejército.

  Según el concepto de la gente mundana, muchos de nosotros estábamos vagando sin un objetivo durante el momento de nuestra conversión y nuestro bautismo. Antes de ser salvos, teníamos una meta clara, un propósito en la vida. Pero después de ser salvos, aparentemente no teníamos ninguna meta y habíamos empezado a vagar sin un objetivo. Por supuesto, nosotros teníamos una meta espiritual. Pero a los ojos de la gente mundana, no teníamos ninguna meta en vida y ya no teníamos claro nuestro futuro. Esta situación a menudo suscita persecusión. Otros podrán acusarnos de no saber lo que estamos haciendo, ni adónde vamos. Algunos pensarán aún que hemos perdido nuestra capacidad mental. Muchos de nosotros hemos pasado por esta clase de persecución.

  Sin embargo, esta persecución nos ayuda a tener un bautismo adecuado y completo. Si no somos perseguidos debido a nuestro vagar, nuestro bautismo puede ser un simple procedimiento con poco significado. Pero si somos perseguidos por haber perdido nuestra meta, nuestro bautismo tendrá mucho significado. Por lo tanto, debemos darle gracias al Señor por esa clase de persecución. Puedo testificar que los mejores bautismos que he presenciado fueron los de aquellas personas que habían sido perseguidas por sus parientes y amigos. En esos casos los nuevos conversos tenían mucho que sepultar. No obstante, cuando no hay ninguna persecución, el bautismo quizás no sea tan significativo, pues cuando los nuevos conversos están siendo sepultados, nada es sepultado con ellos.

  Cuando los hijos de Israel fueron bautizados en el mar Rojo, llevaron el ejército egipcio al agua. En principio, debe pasar lo mismo cuando un nuevo converso es bautizado. El ejército del mundo debería ser introducido en el bautisterio y sepultado en las aguas del bautismo.

  Hemos visto que Faraón ayudó a los hijos de Israel en los tres aspectos de la salvación de Dios. El los ayudó a tener la Pascua, a emprender su éxodo fuera de Egipto, y a tener un bautismo completo. Según la tipología, este cuadro lo incluye todo. Si consideramos la tipología y la aplicamos a nuestra situación actual, podemos ayudar a los nuevos conversos a ser bautizados correctamente.

  Hace muchos años, predicaba mucho el evangelio, y muchos fueron salvos por medio de esto. Siempre esperaba que los recién convertidos fuesen bautizados poco después de su conversión. Yo pensaba que tomarían un camino derecho, de la conversión al bautismo. Pero según la tipología del libro del Exodo, esperar esto es algo equivocado. Dios no condujo a Su pueblo directamente a la tierra prometida. Como dijimos, El los llevó a tomar un camino de desvíos. En el mismo principio, Dios quizás no conduzca a los salvos por medio de nuestra predicación del evangelio a tomar un camino directo hacia el bautismo. Al contrario, quizás El los conduzca a tomar un desvío. A los ojos del mundo es ridículo seguir este camino, pues aparentemente conduce a un callejón sin salida. No obstante, esta es la dirección de Dios y da por resultado un bautismo adecuado que termina con el ejército del mundo.

  Si estudiamos la tipología en Exodo, ya no esperaremos que los nuevos conversos tomen un camino directo, de la conversión al bautismo. Nos daremos cuenta de que la manera en que Dios los conduce puede tener muchos problemas. No obstante, es la manera en que Dios se introduce a los conversos en una situación donde se ven obligados a bautizarse correcta y completamente.

  Consideremos ahora algunos detalles de la última lucha de Faraón, una lucha que fue usada claramente por Dios para la plena salvación de Su pueblo.

I. UN TIPO DE LA LUCHA DE SATANAS Y SU MUNDO EN CONTRA DE LOS CREYENTES QUE HAN DE SER BAUTIZADOS

  La última lucha de Faraón tipificaba la lucha de Satanás y su mundo por los creyentes que han de ser bautizados. Cuando Satanás y el mundo combaten contra un recién converso, no debemos estar desalentados. Al contrario, debemos entender que esta lucha preparará el entorno para que los conversos tengan un bautismo completo.

II. FARAÓN FUE TENTADO POR LA VUELTA DE ISRAEL EN EL DESIERTO

  Hemos señalado que Faraón fue tentado por el hecho de que Israel vagaba en el desierto (14:1-3). Faraón pensaba que Israel vagaba sin esperanzas, y fue tentado a perseguirlos.

III. EL CORAZON DE FARAÓN FUE ENDURECIDO POR JEHOVA PARA SU GLORIA, Y JUNTO CON EL CORAZON DE SUS SIERVOS SE VOLVIO EN CONTRA DE ISRAEL

  Faraón fue tentado a perseguir a los hijos de Israel, y Dios endureció su corazón. Puesto que su corazón fue endurecido por Dios, Faraón tomó la decisión de perseguir al pueblo de Dios. Exodo 14:4 dice: “Y Yo endureceré el corazón de Faraón para que los siga; y seré glorificado en Faraón y en todo su ejército y sabrán los egipcios que Yo soy Jehová”.

  Algunos pensarán que Dios no endurecería el corazón de Faraón. Esto va en contra de su concepto. Pero cuando estemos en la eternidad, nos sorprenderemos de ver que Dios ha hecho tantas cosas que no concuerdan con nuestro concepto. En particular en la manera en que Dios usa a Satanás. Aborrecemos a Satanás, pero Dios sigue usándolo. Esto lo demuestra el hecho de que las puertas de los cielos todavía están abiertas a Satanás. Vemos en las Escrituras como, en Apocalipsis 12 y en el libro de Job, Satanás tiene acceso a la presencia de Dios en los cielos. Si nosotros fueramos Dios, usaríamos nuestro poder para echar inmediatamente a Satanás al lago de fuego. Por lo menos, lo obligaríamos a apartarse de los cielos. No obstante, la manera de Dios es más elevada que la nuestra. Según Su manera, El usa a Satanás para cumplir Su propio propósito. En el mismo principio, Dios usó a Faraón para Su gloria, endureciendo su corazón y los corazones de los egipcios (14:8, 17).

  En cuanto a Faraón, Exodo 9:16 afirma: “Y a la verdad yo te he puesto para mostrar en tí mi poder, y para que mi nombre sea anunciado en toda la tierra”. Pablo hace referencia a este versículo en Romanos 9:17. Dios usó a Faraón no sólo en el tiempo de las plagas, sino también durante el éxodo de Su pueblo fuera de Egipto. Como lo declara 14:5: “El corazón de Faraón y de sus siervos se volvió contra el pueblo”. Según Exodo 14:1 y 2, Dios mandó que los hijos de Israel dieran la vuelta y acamparan delante de Pi-hahirot, entre Migdol y el mar hacia Baal-zefón. Debían acampar allí frente al mar en un lugar que era prácticamente un callejón sin salida. A los ojos de Faraón, los hijos de Israel estaban atrapados en el desierto y no tenían ninguna posibilidad de escapar. Según el concepto de Faraón, ésta era una excelente oportunidad de hacer que los hijos de Israel regresaran bajo su control. Por lo tanto, él los persiguió.

IV. FARAÓN Y SUS EJERCITOS PERSIGUIERON A LOS HIJOS DE ISRAEL HASTA LA ORILLA DEL MAR ROJO

  Exodo 14:6-9 revela que Faraón y sus ejércitos persiguieron a los hijos de Israel hasta la orilla del mar Rojo. Cuando los hijos de Israel miraron hacia atrás, vieron el ejército de Faraón, y cuando miraron hacia adelante, vieron el mar Rojo. Inmediatamente clamaron al Señor y dijeron a Moisés: “¿No había sepulcros en Egipto, que nos has sacado para que muramos en el desierto? ¿por qué has hecho así con nosotros, que nos has sacado de Egipto? ¿no es esto lo que te hablamos en Egipto, diciendo: Dejanos servir a los egipcios? Porque mejor nos fuera servir a los egipcios que morir nosotros en el desierto”. (vs 11-12). La queja, de los hijos de Israel faltos de fe, era elocuente. Ellos expresaron su sentimiento con mucha fuerza. Pero nosotros no deberíamos reírnos de ellos. Ya que nosotros probablemente hubiesemos actuado igual.

  Moisés no argumentó con el pueblo ni luchó en contra de ellos. Al contrario, les dijo: “No temáis; estad firmes y ved la salvación que Jehová hará hoy con vosotros. Porque los egipcios que hoy habéis visto, nunca más los veréis. Jehová peleará por vosotros y vosotros estaréis tranquilos” (vs. 13-14). En cuanto Moisés pronunció estas palabras, el Señor le dijo que no clamara a El sino que pidiera a los hijos de Israel que siguieran adelante. Entonces el Señor dijo a Moisés: “Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar en seco” (v. 16). En este punto, Faraón y sus ejércitos debían haber estado muy cerca del campamento de los hijos de Israel. Si nosotros hubiéramos estado allí, habríamos estado atemorizados, así como lo estaban los hijos de Israel. Los egipcios tenían seiscientos carros; todo lo que Moisés tenía era un bordón en la mano.

V. EL ANGEL DE DIOS PROTEGIO A LOS HIJOS DE ISRAEL DEL EJERCITO EGIPCIO POR LA COLUMNA DE NUBE

  El versículo 19 dice: “El Angel de Dios que iba delante del campamento de Israel se apartó e iba detrás de ellos”. En este versículo, el Angel de Dios es el mismo Angel de Jehová que llamó a Moisés en el capítulo tres (vs. 2, 4). Dios llamó a Moisés en la persona del Angel de Jehová. El Angel de Jehová era simplemente Jehová, Dios mismo. En 3:6, el Angel de Jehová se identificó a sí mismo diciendo: “Yo soy el Dios de tu Padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob”. Esto indica que El era el Dios Triuno, Dios el Padre, Dios el Hijo y Dios el Espíritu. El Angel de Jehová, que era el Dios Triuno, es Cristo como el enviado de Dios. El hecho de que el enviado de Dios fuese delante del campamento de Israel, indica que Cristo era el que dirigía el pueblo. Sin embargo, según 14:19, el Angel de Dios se movía desde la vanguardia del pueblo hacia la retaguardia. Este versículo continúa diciendo: “La columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas”. Cuando el Angel de Dios se movía, la columna también se movía. Esto demuestra que El y la columna eran uno.

  El versículo 20 sigue así: “E iba entre el campamento de los egipcios y el campamento de Israel; y era nube y tinieblas para aquellos, y alumbraba a Israel de noche, y en toda aquella noche, nunca se acercaron los unos a los otros”. La columna era una pared que separaba ambos campamentos. Por el lado egipcio había tinieblas, pero por el lado del pueblo de Dios había luz. Esta columna de luz protegía al pueblo de Dios de los egipcios.

  Podemos aplicar esto a nuestra experiencia del Señor hoy. Cuando empezamos a seguir al Señor, la guía del Señor se convirtió en una columna de luz para nosotros. Desde el momento en que creímos en el Señor Jesús por primera vez, tuvimos la luz dentro de nosotros. Esta luz es la luz que guía. Pero cuando la oposición se levanta en contra de nosotros, la luz que guía se convierte espontáneamente en la luz que protege. La luz que estaba antes frente a nosotros, se mueve detrás de nosotros para protegernos de la oposición y de los ataques. Sin embargo, para los opositores la luz protectora se convierte en tinieblas.

  Puedo testificar por mi experiencia que cuando me he enfrentado a la oposición, la luz guiadora se ha movido detrás de mí para convertirse en luz protectora. De otro modo, debido a la oposición, hubiese estado tentado a volver hacia atrás. Podía haber dudado de la verdad que había visto. Sin embargo, la luz guiadora se convierte en la luz que protege, y por esta razón, no tengo ninguna posibilidad de regresar. La luz detrás de mí es tan brillante que no puedo volver hacia atrás. Además, esta luz protectora se convierte en tinieblas para los opositores. Por una parte, soy protegido por la luz; por otra parte, los opositores están totalmente en las tinieblas. Esto es el principio que vemos en 4:19 y 20.

  Si somos fieles al Señor, Su luz guiadora se convertirá en nuestra luz protectora cuando nos enfrentemos a la oposición. Esta luz se convertirá también espontáneamente en tinieblas para los que se oponen a nosotros. Puesto que los opositores están en tinieblas y nosotros estamos en la luz somos protegidos. El hecho de que esta luz sea Cristo como el Angel de Jehová indica que Cristo, quien es luz para nosotros puede hacer caer las tinieblas sobre los opositores. Para aquellos que siguen la voluntad de Dios, la luz guiadora se convierte en una luz protectora. Pero la luz se hace tinieblas para aquellos que se oponen al pueblo de Dios. Estén seguros de que cuando ustedes sean atacados por los opositores, éstos estarán llenos de tinieblas. Esta es la manera en que el Señor protege a Su pueblo.

  La columna de nube permanecía entre los hijos de Israel y los egipcios como una pared de separación. Por el lado del pueblo de Dios, había luz pero por el lado de los egipcios, había tinieblas. El estar en luz o en tinieblas depende de esto: ¿seguimos al Señor o atacamos a Su pueblo? Si formamos parte de los opositores, la columna será tinieblas para nosotros. Pero si seguimos al Señor, la columna nos alumbrará.

  Mencionamos que la luz que recibimos del Señor primero nos guía. Luego cuando viene la oposición, nos protege. Si no tenemos la luz que guía no podemos tener la luz protectora. Muchos de nosotros podemos testificar que después de haber recibido luz, por muy fuerte que sea la oposición esta luz nos protege. Cuando somos atacados, podemos ser tentados por el enemigo y dudar de nuestro camino o nuestra posición. Pero en esos momentos de duda, la luz que hemos recibido es nuestra confirmación. Esta es la luz protectora.

  A menudo la luz se hace más brillante en tiempos de oposición y persecución. Mientras la luz se hace más brillante para nosotros, los opositores se hunden cada vez más en las tinieblas. Finalmente, los opositores se hundirán tanto en las tinieblas que ellos mismos ya no entenderán lo que dicen. Por atacar a los que siguen al Señor, ellos se llenan de tinieblas. Como resultado, pueden sufrir algún tipo de muerte. He visto esto muchas veces. Primero los opositores estaban en tinieblas, pero finalmente sufrieron muerte.

  Cuanto más los opositores atacan al pueblo de Dios, más están en tinieblas. No solamente pueden estar en ignorancia o ceguera, sino que caen también en cosas ilógicas y sin razón. Por estar en tinieblas tan densas, pueden perder el sentido común. Supongamos que un amigo o pariente se opone a usted porque sigue al Señor. Cuanto más se le opone, más está en tinieblas. Finalmente, él perderá sus sentidos y empezará a actuar de una manera que no es razonable. Sus palabras y comportamiento tal vez no sean solamente en contra de la luz y la verdad de Dios sino también en contra de la razón. No obstante, mientras los atacantes están en estas tinieblas tan densas, usted disfruta del resplandor de la luz protectora.

  Fíjese en la situación entre los religiosos cuando el Señor Jesús estaba en la tierra. Para los discípulos, el Señor era luz. No obstante, para los religiosos, El era causa de tinieblas. Por estar en tinieblas, los religiosos esparcieron rumores malignos acerca del Señor y aun tergiversaron lo que dijo. Por ejemplo, tergiversaron Su palabra acerca de la destrucción del templo y del hecho de que El lo levantaría en tres días (Mt. 26:61). Por el lado de los religiosos, había tinieblas. Pero por el lado del Señor y Sus discípulos, había luz. Por esta razón, el Señor Jesús dijo a los religiosos que ellos estaban ciegos (Mt. 23:16).

  Además, cuando Saulo de Tarso se convirtió, el Señor le mandó que convirtiera a otros de las tinieblas a la luz (Hch. 26:18). Las tinieblas de las cuales hablaba el Señor aquí eran particularmente las tinieblas del judaísmo. En el tiempo de Pablo, el judaísmo estaba totalmente en tinieblas. Pasa lo mismo con el catolicismo, el protestantismo y los grupos independientes de la actualidad. Cuanto más se oponen a la verdad, más se hallan en tinieblas. Cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, El mismo era la piedra que probaba. Luego en el libro de Hechos, los apostóles y más tarde las iglesias llegaron a ser la piedra de la prueba. Hoy, nosotros en el recobro del Señor hemos llegado a ser la piedra que prueba.

  Mencionamos que los hijos de Israel fueron conducidos por el Angel de Dios. El era Aquel que tomó la delantera para sacarlos de Egipto y guiarlos por el desierto hasta la buena tierra. Antes del capítulo catorce, El estaba presente entre el pueblo, pero Su nombre no fue mencionado. Como lo veremos, en 23:20, el Señor dijo: “He aquí, yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo te he preparado”. Además en el libro de Zacarías vemos una vez más al Angel de Dios (3:5). Este Angel, el enviado de Dios, aquel que condujo a los hijos de Israel y los protegió de los egipcios, todavía cuidaba al pueblo de Dios. Cuando el Angel de Dios se movía desde la vanguardia del pueblo hasta la retaguardia, la columna se movía también, pues el Angel y la columna eran uno. Pasa lo mismo con nuestra experiencia hoy en día. En nuestra experiencia, no podemos separar al Señor del Espíritu que guía.

  Después de que Faraón sirvió para el propósito que Dios tenía para El, él llegó a ser un sacrificio. A menudo he advertido que uno no debe ser un sacrificio al oponerse a la iglesia. No obstante, algunos no han hecho caso a esta advertencia y han llegado a ser sacrificios. Cuanto más se opusieron a la iglesia, más llegaron a ser ilógicos y a perder la razón. Su comportamiento insensato fue una señal de que estaban en tinieblas.

  Cuanto más somos atacados y se nos oponen por seguir al Señor, más brillante se hará la luz protectora que nos guía. No obstante, los opositores quizás sigan sus ataques a pesar de las tinieblas que los envuelven. Ciertamente Faraón debió haber visto la columna que separaba a los hijos de Israel de los egipcios. A pesar de esto, El no pidió que sus carros regresaran. Al contrario, El perdió la razón y continuó su persecusión del pueblo de Dios y llegó a ser un sacrificio.

VI. FARAÓN Y SUS EJERCITOS PERSIGUIERON A LOS HIJOS DE ISRAEL HASTA EN EL MAR ROJO

  Cuando Moisés extendió su mano sobre el mar, las aguas se dividieron (14:21). Entonces “los hijos de Israel entraron por en medio del mar en seco, teniendo las aguas como muro a su derecha y a su izquierda” (v. 22). En lugar de un callejón sin salida, ahora había un camino a través del mar. Por lo tanto, con el Angel detrás de ellos, los hijos de Israel cruzaron el mar en seco. Luego, debido a que Dios había endurecido el corazón de los egipcios para que “persiguieran a su pueblo, y los siguieran, entraron tras ellos hasta la mitad del mar, toda la caballería de Faraón sus carros y su gente de a caballo” (v. 23). Faraón y sus ejércitos persiguieron a los hijos de Israel hasta el medio del mar Rojo porque el Señor había endurecido sus corazones. Dios hizo esto con el propósito de glorificarse a Sí mismo por medio de Faraón y de su ejército, de sus carros y de sus hombres de a caballo (vs. 17-18).

VII. JEHOVA VENCIO A FARAÓN Y SUS EJERCITOS

  El versículo 24 declara que el Señor miró el campamento de los egipcios por medio de la columna de fuego y de la nube y puso confusión en el ejército de los egipcios. Según el versículo 25, el Señor “quitó las ruedas de sus carros y los trastornó gravemente”. Algunas versiones afirman que el Señor ató las ruedas para que no pudieran moverse. Los egipcios fueron confundidos e incapaces de mover sus carros y dijeron: “Huyamos de delante de Israel porque Jehová pelea por ellos contra los egipcios” (v. 25). No obstante, era demasiado tarde para huir. Obedeciendo al mandato del Señor, Moisés extendió su mano sobre el mar y “el mar se volvió con toda su fuerza” (v. 27). Las aguas volvieron a su curso normal y los egipcios perecieron.

VIII. FARAÓN Y SUS EJERCITOS SE AHOGARON Y FUERON SEPULTADOS EN EL MAR

  Los egipcios intentaron huir, pero el Señor los sacudió en el medio del mar (v. 27). El versículo 28 dice: “Y volvieron las aguas, y cubrieron los carros y la caballería, y todo el ejército de Faraón que había entrado tras ellos en el mar; no quedó de ellos ni uno”. Faraón y su ejército fueron ahogados y sepultados en el mar. Esto significa que Satanás y el mundo han sido sepultados en el bautismo (vs. 26-28; 15:4-5, 10, 19).

  Después de ser sepultado en el mar, Faraón fue acabado. Jamás pelearía de nuevo, pues su utilidad en las manos del Señor había terminado. Después de ser liberados de la mano usurpadora de Faraón al cruzar el mar Rojo, los hijos de Israel entraron en otra esfera. Pero Faraón, por dejar de ser útil al Señor, fue terminado y sepultado.

  Podemos testificar por nuestra experiencia que ciertas cosas pueden ser suscitadas en contra de nosotros. No estamos contentos por los ataques de la oposición, pero los atacantes y los opositores son útiles en las manos de Dios. Dios los usa para nuestro bien, con el propósito de perfeccionarnos. Cuando esta meta sea cumplida y los opositores ya no sean útiles, la oposición se acabará. Faraón no sólo echó a los hijos de Israel de Egipto sino que también los acompañó al mar Rojo. Luego después de que el pueblo de Dios cruzo el mar Rojo y de que Faraón fue sepultado en el mar, ellos fueron separados de él para siempre. Si todavía permanece alguna oposición o ataque, debe ser que Dios todavía la necesita. Debe ser necesario para nuestro bien. Pero un día esta oposición se acabará y será sepultada.

  En este mensaje, vimos que Faraón fue usado por Dios para cumplir la salvación total, completa y perfecta de Su pueblo escogido. El fue usado para proveer el entorno de la Pascua, del éxodo, y del bautismo. El pueblo de Dios tenía una sola cosa que hacer: alabarlo a El. La última lucha de Faraón estaba terminada. Ahora que él estaba obligado a descansar, ya no había ninguna lucha con él. ¡Alabado sea el Señor porque aún la última lucha de Faraón ayudó a cumplir la plena salvación del pueblo escogido de Dios!

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