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Mensaje 48

AMALEC CONTRA EL REINADO

  Lectura Bíblica: Éx. 17:12, 16; 1 S. 15:2-3, 7-9, 10-29

  La Biblia contiene un principio fundamental: las cosas espirituales reveladas en el Nuevo Testamento están descritas por los cuadros, o tipologías del Antiguo Testamento. Pasa lo mismo en el caso de la carne, tipificada por Amalec. En sus escritos, Pablo habla profundamente de la carne. En toda la Biblia, no podemos encontrar palabras más fuertes acerca de la carne que las que usa Pablo en Romanos 8. En el versículo 7, Pablo dice que “la mente puesta en la carne es enemistad contra Dios” y que “no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede”. En el versículo siguiente, él continua y declara que “los que están en la carne no pueden agradar a Dios”. En Gálatas 5, Pablo también habla con seriedad acerca de la carne y la recalca mucho. No obstante, si tuviéramos solamente Romanos 8 y Gálatas 5, todavía nos resultará difícil comprender correctamente lo que es la carne, porque en la Biblia la palabra “carne” se usa de varias maneras diferentes con muchos significados distintos. Por tanto, es difícil conocer la carne y vencerla.

I. ISMAEL, EL RESULTADO DE LA CARNE, CONTRA ISAAC, EL RESULTADO DE LA GRACIA

  Le damos gracias al Señor por los cuadros de la carne provistos en el Antiguo Testamento. Uno de estos cuadros es el de Ismael en el libro de Génesis. Después de que el hombre cayó continuamente hasta llegar a Babel donde alcanzó el punto más bajo, Dios vino y llamó a Abraham y le prometió hacer ciertas cosas por él. En Su contacto con Abraham, Dios no requirió que Abraham hiciera otra cosa que dejar el país de su padre. Los estudiantes bíblicos se dan cuenta de que el contacto que estableció Dios con Abraham se relacionaba con la promesa que El le había hecho. En Génesis 12, tenemos la promesa, y en Génesis 15, la promesa ratificada para convertirse en pacto. En Génesis 17, la circuncisión llegó a ser la señal, o el sello, del pacto ratificado en Génesis 15. La promesa de Dios a Abraham se repitió a su hijo Isaac y a su nieto Jacob. Dios había prometido que él haría algo por Abraham, algo que bendeciría a todas las naciones de la tierra. ¡Qué promesa más grande fue esta! Dios le prometió a Abraham la gracia. Esto significa que Dios no deseaba que Abraham hiciera algo para cumplir esta promesa. Por el contrario, Dios quería hacerlo todo para él. Así como Abraham, todo lo que somos y tenemos proviene de la carne. Además, todo lo que podemos hacer es conforme a la carne. Si hacemos algo para cumplir la promesa de Dios, eso significa que de alguna manera ejercitamos nuestra carne. Esta fue la razón por la cual Dios no pidió que Abraham hiciera nada para cumplir la promesa. Dios lo quería hacer todo. Esto es la gracia.

  No obstante, Abraham actuó según la propuesta de Sara de producir una cimiente para Agar. Al hacer eso, Abraham ejercitó su carne, y el resultado, fue Ismael. Dios deseaba que Abraham fuese aniquilado. Pero a la edad de ochenta y seis años, Abraham tomó a Agar y por ella produjo a Ismael. Durante los siguientes trece años, Dios no se le apareció. Luego cuando Abraham tenía noventa y nueve años, Dios vino y lo reprendió y reafirmó la promesa que El le había hecho. En aquel momento, Abraham sabía que se había equivocado.

  Ismael es el resultado del ejercicio de la carne. Este está en contra de Isaac, quien es el resultado de la gracia. La gracia es Dios que llega a ser nuestro todo. En particular, la gracia es Dios como nuestra fuerza y disfrute. Dios había prometido a Abraham que El le daría un hijo. Pero Dios no quería que Abraham produjera la simiente. Por consiguiente, Dios esperó que Abraham se considerara como persona muerta, sin ninguna capacidad de engendrar un hijo. Luego, cuando a los ojos de Abraham y de Sara, ellos ya no podían tener hijos, Dios vino y les permitió tener un hijo. Según el relato de Génesis, el nacimiento de Isaac fue la venida del Señor. Cuando Isaac nació, Dios vino. Por supuesto, esto no significa que Isaac era el hijo de Dios. Significa que Isaac no nació por medio de la carne del hombre, sino según la gracia de Dios, según la visitación de Dios. Por consiguiente, Isaac es el resultado de la gracia. Ismael, el resultado de la carne del hombre, el cual está en contra de Isaac.

  Isaac fue una persona producida por la gracia de Dios para cumplir el propósito eterno de Dios. Este es un asunto de gran significado. Por tanto, oponerse a Isaac es algo muy grave. El hecho de que Ismael, el resultado de la carne, se opusiera a Isaac, el resultado de la gracia de Dios, constituye una rebelión, una gran rebelión contra el propósito eterno de Dios.

  Es muy difícil definir correctamente lo que es la carne. En este mensaje, quisiera presentar una definición particular de la carne: la carne denota algo que no funciona por gracia. La gracia es el Dios Triuno que llega a ser nuestro todo y que hace todo para nosotros. El Nuevo Testamento revela que la gracia no se refiere a las bendiciones materiales. Según el Nuevo Testamento, la gracia es Dios mismo no solamente como nuestro disfrute, sino también como nuestro todo. Todo lo que hacemos viene de la carne, pero todo lo que Dios hace para nosotros es gracia. Si hablo de mí mismo sin depender de Dios, mi hablar viene de la carne, aun cuando el tema es la Biblia o una doctrina espiritual. Esto indica que aun al hablar de cosas espirituales o bíblicas, podemos estar en la carne. Todo lo que hagamos, bueno o malo, fuera de la gracia, es carne. Por ejemplo, si un hermano ama a su esposa por el yo y no por la gracia, su amor proviene de la carne.

  En un sentido, Dios aborrece más a la carne que aparenta ser buena que a la carne maligna. En 1 de Samuel, vemos que Dios aborreció los buenos aspectos de Amalec. Por consiguiente, todo lo que hacemos sin depender de Dios y sin confiar en El proviene de la carne, por muy bueno que sea. Todo lo que no se hace en Dios proviene de la carne. Si yo le visito a usted sin contar con Dios, esto proviene de la carne. Si yo oro por los demás sin depender de Dios, esta oración proviene de la carne. No piense que la carne se refiere solamente a asuntos malignos o a apetitos carnales. Es obvio que estas cosas provienen de la carne. La carne incluye también cosas buenas. Observe las palabras “lo mejor” en 1 de Samuel 15. Saúl perdonó el mejor ganado y el mejor botín. En relación con la carne vemos cosas que son lo “mejor”. Por consiguiente, decimos una vez más que todo lo que hacemos sin el Espíritu, sin depender de Dios, y sin confiar en El, por buena que sea proviene de la carne. Todo lo que tiene su origen en nosotros mismos es un Ismael.

  Isaac tipifica a Cristo. Por tanto, el resultado de la carne, tipificado por Ismael, va en contra de Cristo. La intención de Dios consiste en forjar a Cristo dentro de nosotros. Pero la carne obra de una manera opuesta a Cristo. El resultado de la carne, va en contra de Isaac. Cuando ejercitamos nuestra carne, producimos un Ismael, y este Ismael va siempre en contra de Cristo. Ismael nos corta de la gracia y nos aleja de Cristo. Por esta razón, en Juan 15, el Señor dijo que fuera de El, no podemos hacer nada. No obstante, hemos hecho muchas cosas fuera de Cristo. Pero todo lo bueno que hemos hecho fuera de Cristo es un Ismael que se opone a Cristo.

  Ismael nos impide cumplir el propósito eterno de Dios. No podemos cumplir el propósito de Dios mientras ejercitamos nuestra carne y no confiamos en Dios, dependiendo de El y viviendo en unidad con El.

  Estamos acostumbrados a hacer muchas cosas fuera de Cristo. Todos condenamos las cosas pecaminosas. Pero pocos condenan las cosas buenas, aun las que parecen espirituales, pero que son hechas fuera de Cristo. ¿Se ha condenado alguna vez por haber orado en la carne? El resultado de la oración en la carne producirá también algún tipo de Ismael. Este Ismael se opone a Cristo y nos impide el disfrute de la gracia de Dios para cumplir el propósito eterno de Dios.

  La carne del hombre se opone a la gracia de Dios. Eso significa que todo lo que hace el hombre fuera de Dios mismo constituye una frustración para el propósito de Dios. Este es un asunto grave. Debemos reconocer que todavía hacemos muchas cosas por medio de nuestra carne. Sin embargo, algunos negarán que ejercitan la carne. No obstante, tampoco dependen del Señor. Mientras no acudamos al Señor, estamos en la carne. El simple hecho de no confiar en el Señor hace que espontáneamente vivamos en la carne.

  Debemos aprender a no hacer nada por nuestra carne. A veces cuando mi carne ha sido fuerte, ni me atreví a hablarle a un hermano. Me di cuenta de que todo lo que dijera provenía de la carne. Por tanto, lo mejor que pude hacer fue no hacer nada. En aquellas ocasiones, sólo pude decir: “Señor, perdóname. No puedo hacer nada. Para no producir un Ismael, no tengo la valentía de hacer nada”.

II. AMALEC ESTABA EN CONTRA DEL REINADO

  El segundo cuadro de la carne es el de Amalec en el libro de Exodo. En este cuadro, vemos cómo vencer a la carne, un tema que hemos cubierto en el mensaje anterior. Si deseamos vencer la carne, tipificada por Amalec, debemos identificarnos con el Cristo que intercede en los cielos y unirnos al Espíritu que pelea dentro de nosotros. En este mensaje, debemos ver que la carne no se opone solamente a la gracia, sino que también se opone al reinado. Por esta razón, la carne debe ser totalmente aniquilada antes de que venga el reino de Dios. Donde esté la carne, no podrá estar el reino de Dios. El reino sólo podrá llegar cuando la carne sea aniquilada.

  En Romanos 8:7, Pablo dice que la carne no puede someterse a Dios. El reino de Dios denota la autoridad de Dios por la cual todas las cosas se someten a El. Pero la carne no puede someterse a Dios. Se opone totalmente al trono de Dios.

A. Una mano contra el trono de Jehová

  En Exodo 17:16, vemos que Amalec es una mano contra el trono de Jehová. A los ojos de Dios, Amalec era considerado como una mano contra el trono de Dios. Esto indica que Amalec intentó derribar el trono de Dios, así como Satanás intentó hacerlo una vez. Exodo 17:16 afirma que debido a esta mano en contra del trono de Jehová, Dios peleará contra Amalec de generación en generación. Con eso, vemos que Amalec se opone a la autoridad de Dios.

  Cada aspecto de nuestra carne, ya sea bueno o malo, es enemigo de la autoridad de Dios. La carne no se preocupa por Dios ni por Su autoridad. Cuando estamos en la carne, nos consideramos como individuos que no estamos obligados a someternos al trono de Dios. Pensamos que tenemos una posición y derechos propios. El origen de esta actitud rebelde es Satanás. En todo caso, Satanás es uno con nuestra carne. Satanás no nos tienta directamente, sino por medio de otros o por medio de algo dentro de nosotros. Por ejemplo, Satanás vino a Eva en forma de serpiente. En Mateo 16, Pedro, un discípulo que amaba mucho al Señor Jesús, fue usado por Satanás. Satanás se presentó al Señor en Pedro y por medio de él. A menudo nuestra carne encubre a Satanás. Cuando ejercitamos nuestra carne, Satanás se oculta dentro de nosotros. Por tanto, así como Satanás, la carne se opone a la autoridad de Dios. Según el relato de Exodo 17, Amalec es una mano contra el trono de Dios.

B. Hur de la tribu de Judá sostuvo la mano de oración de Moisés contra Amalec

  Cuando la mano de oración de Moisés se cansó, se necesitó el apoyo del sacerdocio, representado por Aarón, y del reinado, representado por Hur, quien pertenecía a la tribu de Judá. Puesto que Amalec es una mano contra el trono de Dios, la mano de oración necesitaba ser apoyada por el reinado en su combate contra Amalec. El reinado es un apoyo para nuestra vida de oración. Si no estamos bajo la autoridad de Dios, y somos rebeldes, nuestra vida de oración se acaba. Pero cuanto más nos sometamos a Dios y a Su autoridad, más grande será nuestro deseo de orar. Cuando nos rebelamos contra Dios y rechazamos Su autoridad, desaparece nuestro apetito de orar. Supongamos que usted desobedeció a la unción interior en cuanto a cierto asunto. Como resultado, durante un periodo de tiempo, quizá de algunos días, usted no siente ningún deseo de orar. Por tanto, es crucial que aprendamos a honrar el reinado de Dios, a honrar la autoridad de Dios. Nuestra actitud será: “Señor, no quiero hacer nada sin Ti. Te necesito como mi gracia. La carne es simplemente yo mismo haciendo cosas fuera de Ti. No quiero vivir sin Ti como mi gracia”. Todos debemos orar con este espíritu.

  También debemos orar: “Señor, ayúdame a honrar Tu autoridad, Tu reinado y a siempre estar sometido a Ti. Señor, Tú tienes la autoridad. Debo obedecerte y someterme a Ti”. Si mantenemos esta actitud, nuestro apetito y deseo de orar aumentará. Por ejemplo, si somos guiados por el Señor a ir de compras, estaremos llenos de oración mientras vamos de compras. La rebelión mata nuestro apetito de orar, pero la obediencia incrementa el deseo de orar.

  Puesto que Amalec está en contra del reino de Dios, necesitamos el apoyo del sacerdocio y también del reinado para combatir contra de él. Si intentamos vencer la carne sin preocuparnos por la autoridad de Dios, nos equivocamos. En principio, nosotros mismos estamos en contra del reino de Dios. Necesitamos el apoyo del reinado, de Hur, en nuestra vida de oración. Debemos mirar continuamente al Señor para recibir Su gracia y ser sumisos a Su autoridad. De esta manera, honramos la autoridad de Dios y fortalecemos el reinado en nuestra experiencia.

C. El reino viene después de la guerra contra Amalec

  En Exodo 18, tenemos una tipología, un cuadro, del reino de Dios. El hecho de que se presente este cuadro después de la guerra contra Amalec indica que cuando Amalec es vencido, el reino con el reinado entran inmediatamente. Esto indica también que Amalec iba en contra del reinado.

D. El rey Saúl perdió su reinado

  En 1 Samuel 15, otra porción de la palabra que habla acerca de Amalec, vemos como el rey Saúl perdió su reinado. Saúl fue ungido adecuadamente para ser rey, pero él perdió el reinado por la manera en que se comportó con Amalec. Con esto, debemos aprender a tener cuidado cuando tocamos el asunto de la carne. Podemos tocarla de manera que nos hará perder nuestro reinado.

  Según Apocalipsis 5:10, nosotros los cristianos fuimos salvos no solamente para ser sacerdotes, sino también para ser reyes. Nosotros somos los Aarón y los Hur de hoy. Nacimos en una familia real. Pedro dice que somos un sacerdocio real (1 P. 2:9). No obstante, pocos cristianos se dan cuenta de que son reyes por nacimiento. Los que tienen conciencia de esto quizá le presten poca atención. Ya que somos reyes, debemos comportarnos como tal.

  Cuando nos relacionamos con algunos cristianos, sentimos que ellos llevan el reinado, la autoridad. En cambio, con otros pensamos que ellos tienen carencia en el reinado. Se encuentran muy por debajo del nivel del reinado. Puesto que nacimos reyes y seremos reyes en el futuro, es importante que ejercitemos nuestro reinado hoy en día.

1. No destruyó totalmente a Amalec

  Saúl perdió el reinado porque él no destruyó completamente a Amalec. Según 1 de Samuel 15:3, Saúl recibió el mandato de “ir y herir a Amalec, y destruir todo lo que tiene, y no apiadarse de él; mataron hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos”. Todo lo que pertenecía a Amalec debería ser totalmente destruido. Sin apiadarse de nada. Saúl destruyó a los amalecitas, pero él no lo hizo de manera absoluta.

2. Perdonó a Agag, rey de los amalecitas y a lo mejor del ganado

  1 Samuel 15:9 dice: “y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor, de los animales engordados, y los carneros y de todo lo bueno, y no lo quisieron destruir, más todo lo que era vil y despreciable destruyeron” (v 21). Esto describe el hecho de que en nuestra experiencia, atesoramos los buenos aspectos de nuestra vida natural, por ejemplo: nuestras virtudes naturales, y no deseamos destruirlas. Todos atesoramos los puntos positivos de nuestra carne. Todos nosotros somos Saúles. Cuando recibimos el mandato de Dios de destruir la carne, destruimos las cosas negativas, como nuestra ira. Pero pocos están dispuestos a destruir los aspectos buenos de la vida natural. Todos atesoramos las mejores partes de nuestro ser natural. No obstante, debemos ser alentados por el hecho de que el Señor todavía obra sobre nosotros y dentro de nosotros. En el Nuevo Testamento, podemos ver que Pablo y Juan fueron liberados de su carne. Ellos destruyeron totalmente a Amalec.

  Necesitamos una luz intensa que brille sobre nosotros y nos muestre que todo lo que somos en la vida natural es Amalec. El amalec dentro de nosotros debe ser totalmente destruido. No debemos tomar ninguna excusa para perdonar los aspectos de Amalec dentro de nosotros.

  Saúl intentó justificar su fracaso al no destruir totalmente a Amalec. Primero, él dijo que “el pueblo separó lo mejor de las ovejas y de las vacas” (v. 15). No puedo encontrar ni un versículo en 1 Samuel 15 que nos diga que Saúl deseaba matar a todo el ganado, pero que el pueblo se rehusaba a hacerlo. Creo que Saúl estaba mintiendo al echarle la culpa al pueblo. Saúl debe haber estado muy contento por su victoria sobre Amalec. Hasta edificó un monumento, que serviría de conmemoración para su victoria (v. 12).

  Segundo, Saúl le dijo a Samuel que lo mejor de las ovejas y del ganado fue separado a fin de ofrecer sacrificio a Dios (vs 15, 21). No obstante, no creo que Saúl tuviese tanto corazón por el Señor. Al contrario, yo creo que él le mintió a Samuel para guardar las mejoras ovejas y vacas.

  Al leer Primera de Samuel 15, no confio en que yo sea mejor que Saúl. Reconozco que el cuadro de Saúl describe lo que se halla en mí. En el asunto de justificarse, podemos ser aún peores que Saúl. Toda justificación es una mentira. Pasa lo mismo con nosotros. No intente jamás justificarse a sí mismo ante el Señor. Ninguna excusa puede permanecer delante de El.

  No justifique su fracaso al no destruir totalmente la carne. No diga que usted tiene una costumbre particular y que no puede hacer nada al respecto. Pretender que usted no puede destruirlo constituye una mentira. Si repasamos nuestro pasado, veremos que muchas veces hemos fracasado y no hemos destruido totalmente la carne. No obedecimos al mandato de Dios de destruir completamente a Amalec. Entre el pueblo de Dios, son muy pocos los que son absolutos en la destrucción de la carne. Esta es la razón por la cual en nuestra vida diaria, no sentimos gran cosa acerca del reinado. Puesto que no hemos destruido totalmente a Amalec, en nuestra experiencia, el reino no ha venido plenamente.

  Hace poco, en una reunión, mencioné que todos tenemos rasgos peculiares que nos impiden disfrutar a Cristo. Nuestras costumbres, que preservan los buenos aspectos de la carne perjudican más nuestra vida espiritual. Tenemos la costumbre de destruir los aspectos malignos de la carne y de preservar los buenos aspectos. Dentro de nosotros pocos aborrecen verdaderamente la “buena carne”. No obstante, debemos llegar a aborrecer todo aspecto de la carne, porque va en contra de la gracia y nos aleja del disfrute de Cristo. También debemos aborrecer la carne porque va en contra del reinado.

  Guardar los buenos aspectos de la carne causa una carencia definitiva de autoridad espiritual. Muchos creyentes carecen de una autoridad espiritual fuerte simplemente porque no han vencido sus peculiaridades. La cultura, las opiniones, las peculiaridades, las costumbres, constituyen escondites de la carne, y dañan nuestra vida espiritual. Puesto que guardamos los buenos aspectos de la carne, estos aspectos consumen nuestro reinado, nuestra autoridad. Nosotros los que hemos estado en el Señor durante muchos años y que lo amamos y lo buscamos, debemos tener un peso espiritual considerable. Debemos estar llenos del reinado, de autoridad divina. Pero en muchos casos pasa lo contrario. Por no haber destruido el “Agag” dentro de ellos y el mejor ganado de Amalec, muchos santos carecen de autoridad, de reinado y de peso espiritual.

3. A los ojos de Jehová era malo perdonar lo mejor del ganado para sacrificarlo a El

  Dios no quiso aceptar la excusa de Saúl de que el pueblo había separado lo mejor del ganado y de las vacas para ofrecer sacrificio al Señor. Dios había mandado que Saúl destruyera completamente todo lo que pertenecía a Amalec, y Saúl no tenía ninguna excusa. Dios no quería que se usara lo mejor del ganado como sacrificio para El. A Sus ojos, eso fue maligno. (1 S. 15:19). Esto indica que podemos considerar cierta cosa como buena para ser ofrecida al Señor. No obstante, a los ojos del Señor, es maligno hacer esto. Considere el ejemplo de Caín, cuyo sacrificio fue maligno a los ojos de Dios. Muchos cristianos contemporáneos ofrecen cosas que Dios considera malignas. Pretenden estar comprometidos en el servicio espiritual, pero Dios afirma que su ofrenda es maligna porque tiene su fuente en la carne. Todo lo que está presentado y sacrificado a Dios y que tiene su fuente en la carne es maligno a Sus ojos.

4. Cometió un pecado presuntuoso al ofrecer sacrificios a Dios conforme a la voluntad de los hombres

  Al ofrecer sacrificios a Dios conforme a la voluntad de los hombres, Saúl cometió un pecado presuntuoso. Samuel dijo de él: “¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la gordura de los carneros?” (1 S. 15:22). Ofrecer algo a Dios conforme a nuestra propia voluntad es algo presuntuoso. Aun cuando presentamos algo bueno, todavía estamos cometiendo un pecado presuntuoso. Dios no mandó que Saúl perdonara lo mejor del mejor ganado ni que lo presentara a El como sacrificio. Saúl fue presuntuoso al hacer eso. Esto es pecaminoso.

5. Cometió rebelión como el pecado de brujería y de terquedad como iniquidad e idolatría

  En 1 Samuel 15:23, Samuel continuó y dijo: “Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría, la obstinación”. La adivinación involucra contacto con los demonios. La palabra de Samuel a Saúl indica que el perdonar nuestra carne es un hecho de rebelión que nos lleva a tener contacto con los demonios. Ofrecer sacrificio en la manera en que lo hizo Saúl en realidad no es ofrecer sacrificio a Dios, sino entrar en contacto con los demonios. Esta rebelión se parece al pecado de adivinación.

  Además, la obstinación de Saúl se parecía a la iniquidad y la idolatría. La palabra hebrea traducida por iniquidad en Primera de Samuel 15:23 significa ídolos de vanidad. La obstinación de Saúl se parecía a la adoración a un ídolo vano. El no adoraba verdaderamente al Señor, sino que adoraba un ídolo de vanidad. Saúl quizás haya pensado que él adoraba al verdadero Dios, pero en realidad, él servía a un ídolo. La palabra de Samuel a Saúl significa que a causa de su rebelión, Saúl se había involucrado con los demonios y con ídolos de vanidad.

  Si en lugar de destruir completamente nuestra carne, perdonamos ciertos aspectos buenos de la carne, nosotros también nos involucraremos con los demonios. Perdonar la buena carne y luego ofrecerla a Dios es algo que El aborrece porque en esta práctica están involucrados los demonios. Los ídolos de vanidad también están involucrados. Si deseamos seguir la Palabra del Señor y destruir completamente la carne, tendremos el reinado y estaremos en el reino de Dios. Pero si fracasamos y no llevamos a cabo Su palabra de destruir a Amalec, nos cortaremos a nosotros mismos de la autoridad de Dios y nos uniremos a los demonios y a los ídolos de vanidad.

  Es crucial que veamos lo que es la carne y como ésta se opone a la gracia y al reinado de Dios. Si descuidamos el asunto de la carne, nosotros, como Saúl, perderemos nuestro reinado. Entonces nos uniremos al poder de las tinieblas. Aparentemente somos el pueblo de Dios, pero en realidad, adoraremos el ídolo de vanidad. ¡Cuán grave es eso! La rebelión es como el pecado de adivinación, y la obstinación como el ídolo de vanidad. Que el Señor nos tenga misericordia y que aprendamos lo que es la carne y cómo aniquilarla completamente.

  El relato bíblico acerca de Amalec nos enseña que debemos tener temor y temblor delante de Dios al hacer cosas buenas. Todos tenemos miedo de cometer maldades. Pero quizá no tengamos miedo de hacer lo bueno. El relato de Amalec en el Antiguo Testamento nos muestra que hacer lo bueno según nuestra propia elección es algo aún peor que cometer maldades porque va en contra del trono mismo de Dios. El sacrificio de Caín parecía bueno, pero en realidad fue un acto de rebelión contra el trono de Dios y contra Su economía. Del mismo modo, Saúl perdonó lo mejor del ganado de Amalec con la intención de ofrecerlo a Dios como sacrificio. Esto fue rebelión, la cual está relacionada con la adivinación, y el contacto con los demonios. Mucho de lo que hacen los cristianos contemporáneos supuestamente por Dios, en realidad es una rebelión contra la economía de Dios e involucra contacto con los demonios.

  Sin 1 Samuel 15:22 y 23, no nos daríamos cuenta de que la acción de Saúl fue un hecho de rebelión relacionado con los demonios. Pero la palabra de Samuel expuso la naturaleza de lo que Saúl había hecho. Aparentemente Saúl deseaba ofrecer sacrificio a Dios. Pero en realidad su sacrificio está relacionado con los demonios. Esto revela la importancia de darnos cuenta de que todo lo que hacemos fuera de la gracia de Dios y fuera de su dependencia y de su confianza proviene de la carne. Y todo lo que proviene de la carne va en contra del trono de Dios. Será usado por el Sutil, el enemigo de Dios, para impedir que se cumpla el propósito de Dios.

  Muchos cristianos contemporáneos perdonan los mejores aspectos de la carne y los ofrecen a Dios. Hasta se les anima a ofrecer lo mejor de su vida natural para Dios. Al presentar estas ofrendas, el pueblo redimido de Dios no rechaza la carne ni depende de Dios. Por el contrario, entre muchos cristianos contemporáneos, se promueven las actividades de la carne. Sólo el Señor sabe cuántas actividades cristianas están hoy en día relacionadas con los demonios, y por tanto, constituyen un impedimento al propósito de Dios.

  Bajo la luz de la Palabra de Dios, debemos aprender que al servir a Dios, debemos tener temor y temblor de fracasar en nuestra confianza en Dios y el no depender de Su gracia. Debemos tener miedo hasta de hacer las cosas en nosotros mismos o conforme a nuestra propia voluntad. Debemos confiar en el Señor y depender de Su gracia. Debemos tener más temor al hacer el bien que al cometer maldades. Todos sabemos que Dios condena lo malo. Ahora debemos aprender que aún al hacer el bien, podemos brindarle a la carne una oportunidad de producir un Ismael. También podemos darle terreno a Agag, el rey de Amalec.

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