Mostrar cabecera
Ocultar сabecera
+
!
NT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Nuevo Testamento
AT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Antiguo Testamento
С
Чтения
Marcadores
Mis lecturas


Mensaje 49

UNA TIPOLOGIA DEL REINO

  Lectura Bíblica: Éx. 18; Dt. 1:9-18

  Aparentemente Exodo 18 no es un capítulo difícil de entender. Sin embargo, es el capítulo más complicado del libro de Exodo. Si queremos entender este capítulo, debemos darnos cuenta de que en principio, Exodo es un cuadro de la salvación completa que Dios efectúa. Cada caso e historia mencionados en este libro forma parte de este cuadro. En este mensaje, consideraremos la parte de esta salvación que se describe en el capítulo dieciocho.

  Algunos lectores de la Biblia se preguntarán por qué el capítulo dieciocho aparece en el libro de Exodo. Pensarán que habría sido mejor pasar directamente del capítulo diecisiete al capítulo diecinueve, desde la derrota de los amalecitas hasta el monte de Dios, donde el pueblo recibió la visión celestial. El capítulo dieciocho parece aislado, sin ninguna conexión con el capítulo dicecisiete ni con el capítulo diecinueve. Pero, si nos llama la atención que el libro de Exodo describe la salvación completa que Dios efectúa, nos interesará el significado de Exodo 18 con respecto a este cuadro. ¿Cuál es el significado de este capítulo en la salvación de Dios?

I. LA HISTORIA

  Si leemos detenidamente los libros de Números y Deuteronomio, veremos que las cosas que se mencionan en Exodo 18 no fueron escritas según la secuencia histórica. Los acontecimientos de Exodo 18 no se produjeron inmediatamente después de los acontecimientos mencionados en Exodo 17. En realidad, los acontecimientos del capítulo dieciocho se produjeron después de la construcción del tabernáculo y poco tiempo antes de que los hijos de Israel tomaran el tabernáculo y emprendieran su viaje hacia la buena tierra. Por consiguiente, según la secuencia histórica, el capítulo dieciocho debería seguir al capítulo cuarenta. Deuteronomio 1:6-18 demuestra eso. El tiempo al cual se refiere Moisés en Deuteronomio 1:9 fue el momento en que los hijos de Israel estaban a punto de emprender su viaje con el tabernáculo hasta la buena tierra. En aquel tiempo, Moisés dijo al pueblo que él solo no podía llevar el cansancio de ellos, la carga y las contiendas (Dt. 1:12). En ese momento se designaron los capitanes para dirigir los miles, los centenares, los cincuentas y las decenas.

II. LA DOCTRINA

  Puesto que esas cosas se produjeron después de Exodo 40, ¿por qué están registradas en Exodo 18 e insertadas entre los capítulos diecisiete y diecinueve? Para contestar esta pregunta, debemos reconocer otro principio importante: la Biblia fue escrita principalmente para darnos una revelación completa de la economía de Dios. Por esta razón, a veces el relato bíblico no sigue la secuencia histórica, sino más bien la doctrina. Por ejemplo, el evangelio de Mateo no fue escrito según la secuencia histórica. Más bien, fue escrito según un arreglo doctrinal particular. Por el contrario, el evangelio de Marcos fue escrito según la secuencia de los acontecimientos históricos. Mateo arregló los acontecimientos según el significado doctrinal. Este principio se aplica a la ubicación de Exodo 18.

  Ciertamente, el libro de Exodo no registra todo lo que les sucedió a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto y pasaron el primer periodo de tiempo en el desierto. El mismo principio se aplica a los cuatro evangelios. Los evangelios no incluyen todo lo que el Señor Jesús hizo en Su vida en la tierra. Los autores de los evangelios seleccionaron ciertas cosas y las juntaron a fin de presentar una visión de la revelación divina. Exodo fue escrito en el mismo principio y con el mismo propósito. El propósito de Exodo no consiste en darnos una historia detallada de todo lo que sucedió a los hijos de Israel; fue escrito para presentar una visión cabal de la salvación completa de Dios.

  En Exodo 17, Amalec es vencido. Esto representa el sometimiento de la carne, la cual frustra al pueblo de Dios y le impide seguir adelante con El. Después de la derrota de Amalec, se necesita algo que describa el reino de Dios. Bajo la inspiración divina, Moisés insertó un acontecimiento que sucedió más tarde para llenar el vacío entre los capítulos diecisiete y diecinueve y mostrarnos que en la salvación completa de Dios, el reino viene después de la derrota de la carne. Después de la derrota de Amalec, se necesita que el reino llegue a edificar la morada de Dios en la tierra.

  Hemos señalado repetidas veces que Amalec representa la carne, el enemigo de Dios dentro del hombre. Satanás es el enemigo de Dios. Mediante la caída del hombre, Satanás ha producido otro enemigo de Dios. Este enemigo, la carne, es el enemigo de Dios dentro del hombre. A los ojos de Dios, los dos enemigos más importantes de Dios son Satanás y la carne. En cierto sentido, Satanás se encuentra también en el hombre caído. Pero el enemigo actual y subjetivo de Dios en el hombre es la carne. Por esta razón, Dios aborrece la carne del hombre.

  Según el Nuevo Testamento, cuando la carne del hombre es derrotada y sometida, el reino de Dios llega inmediatamente. Este punto está claramente indicado en Gálatas 5:17-25. Gálatas 5:17 dice: “Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí”, el versículo 21 nos dice que los que practican las cosas de la carne no heredarán del reino de Dios. El versículo 24 usa la frase “han crucificado la carne”, la cual se refiere a la cruz. Cuando la carne es crucificada, el reino está presente con nosotros. Esto lo confirma nuestra experiencia. El Espíritu se opone a la carne. En el Espíritu se halla el poder de crucificar la carne. Cuando el Espíritu con el poder de la cruz derrota a nuestra carne y la somete, el reino de Dios está con nosotros.

  En Gálatas 5:17-25, vemos cuatro palabras cruciales: la carne, el Espíritu, crucificado (refiriéndose a la cruz), y el reino. Cada uno de estos cuatro términos puede ser representado por un color: la carne por el negro, el espíritu por el verde, la cruz por el rojo, y el reino por el azul. Puede resultar útil recalcar estas palabras en nuestras Biblias con estos colores. Ciertamente la carne es negra, mientras que el espíritu es verde, lleno de vida. La cruz, de color rojo aniquila la carne negra. Esto trae el reino representado por el azul, el color del cielo. Si enfocamos nuestra atención en estos cuatro términos, recibiremos iluminación. En nuestra experiencia actual, tenemos lo negro de la carne, el verde del Espíritu, el rojo de la cruz y el azul del reino.

  El libro de Exodo se compone de dos secciones principales. Los capítulos uno al diecisiete forman la primera sección, y los capítulos diecinueve al cuarenta, la segunda sección. En la primera sección, vemos que nosotros, los que estabamos caídos, hemos sido redimidos, salvos y liberados. Además, vemos que hemos pasado a través del mar Rojo y hemos entrado en el desierto, donde disfrutamos de la provisión de Dios y derrotamos la carne. ¡Qué salvación maravillosa es ésta!

  En la segunda sección, los capítulos diecinueve al cuarenta, vemos una revelación de la edificación de la morada de Dios en la tierra. En esta sección, vemos varios capítulos en torno a la ley. No obstante, este hecho no nos debe impedir tener una visión completa del libro de Exodo. El propósito de este libro es mostrar la salvación completa de Dios para edificar Su morada. En el primer capítulo, vemos el pueblo escogido de Dios en una condición caída en Egipto, pero en el último capítulo, vemos el tabernáculo como morada de Dios. ¡Qué contraste! El pueblo escogido de Dios es salvo totalmente de su condición caída para entrar en la morada de Dios.

  Al principio del libro de Exodo, los hijos de Israel, el pueblo escogido de Dios, están bajo la tiranía del mundo. Dios los salvó, los liberó, los rescató, e hizo de ellos Su morada en la tierra. Por tanto, el punto central del libro de Exodo no es la ley que fue dada. Efectivamente, este libro registra claramente la promulgación de la ley. Pero si prestamos atención únicamente a eso, no veremos que la visión completa del libro de Exodo abarca la salvación de Dios para la edificación de Su morada. En los primeros diecisiete capítulos de este libro, tenemos un cuadro de cómo Dios salvó a Su pueblo, lo liberó, lo rescató y les dio el suministró en el desierto. Luego, El los llevó al monte Sinaí para darles la visión de la edificación de Su morada a fin de que la construyeran conforme a esta visión.

  Si leemos el libro de Exodo según nuestro concepto natural, recalcaremos el hecho de que la ley fue dada. Para nosotros, el libro de Exodo será principalmente un registro de cómo Dios dio mandamientos, ordenanzas y estatutos por medio de Moisés. No obstante, si leemos este libro desde una perspectiva divina y espiritual, nos daremos cuenta de que Exodo no es la historia de cómo fue dada la ley, sino un relato de cómo Dios salvó a Su pueblo escogido y les dio una visión celestial para que edificaran Su morada en la tierra.

  Aun cuando prestemos atención a la promulgación de la ley y al modelo del tabernáculo, en nuestro interior, nuestro concepto quizá sea que Exodo es la promulgación de la ley. Tal vez prestemos mucha más atención a la ley que al tabernáculo.

  Entre las dos secciones principales de Exodo, la sección sobre la salvación de Dios y sobre Su edificio, se necesita el reino. Sin el reino, no hay ningún resultado, ninguna consecuencia de la salvación de Dios. Esta es exactamente la situación que prevalece entre muchos cristianos hoy en día. Puesto que pocos cristianos aniquilan totalmente la carne, no se encuentra entre ellos el resultado adecuado de la salvación de Dios, es decir, el reino. Un cristiano puede ser fundamentalista, bíblico y ético. Sin embargo, puede encontrarse totalmente en la carne. Quizá ame a los demás y sea bastante humilde. Pero su amor y humildad pueden provenir de la carne. Aun su predicación del evangelio puede ser llevada a cabo en la carne. En nuestra predicación del evangelio, podemos ser agradables y humildes, hablando siempre con amabilidad a los demás sin argumentar nunca con ellos. Pero todo este comportamiento aparentemente bueno puede ser en la carne. Una cosa es predicar el evangelio en el Espíritu, y otra es predicar el evangelio en la carne. Primeramente Dios no se preocupa por lo que hacemos; El se preocupa por los medios que usamos para hacer las cosas: ¿las hacemos por el Espíritu o por la carne?

  Muchos cristianos no pueden entender esta palabra acerca de la carne. Disfrutan la salvación de Dios hasta cierto punto, pero en su disfrute no hay un resultado adecuado. Si disfrutamos la salvación de Dios hasta el punto de derrotar a Amalec, de vencer al enemigo de Dios dentro de nosotros, tendremos el reino de Dios como resultado de la salvación de Dios. En el transcurso de los años que pasé en el ministerio, jamás he visto un grupo de cristianos que conozcan la carne de manera tan completa y que tengan un temor adecuado de actuar en la carne como los santos en el recobro del Señor hoy en día. Por esta razón, tenemos el reino como el resultado de la salvación de Dios.

  Cuando estamos en la carne, los demás nos pueden ofender fácilmente. Pero cuando estamos en el Espíritu, pasa lo contrario. Es muy difícil que alguien nos ofenda. Además, la carne tiene su propia preferencia, su propio sabor al hacer las cosas. Por ejemplo, a muchos cristianos les gusta exhibir el dinero que dan para alguna causa. Esperan recibir reconocimiento público por ello. Esto viene de la carne. Los cristianos contemporáneos hacen tantas cosas que provienen de la carne.

  Algunos críticos del recobro del Señor han dicho que estamos bajo el control de alguien. No obstante, es evidente que nada ni nadie nos controla. Yo no controlo a los demás, y los demás no me controlan. Además, los ancianos no controlan a los santos. Sin embargo, todos estamos bajo el control del Espíritu viviente con la cruz que opera. Esto mata a la carne. Puedo testificar que el Espíritu con la carne me impiden argumentar con mi esposa. A veces he estado a punto de decir una palabra negativa, pero el Espíritu viviente con la cruz que opera viene y somete mi carne. Por experimentar el aniquilamiento de la carne, mi esposa y yo tenemos una vida matrimonial tranquila. Si experimentamos esto en casa y en la vida de iglesia, estamos viviendo en el reino.

  En lugar de explicar el reino, el libro de Exodo nos proporciona un cuadro del mismo. Exodo es un libro de cuadros y no un libro de explicaciones ni de definiciones. Por ejemplo, Exodo no intenta definir la redención de Dios. Por el contrario, presenta el cuadro de la Pascua. En este libro, no hay ninguna definición doctrinal, sino un cuadro completo de la economía de Dios. En el capítulo dieciocho, no se menciona la palabra reino, pero hay un cuadro claro de éste. Si leemos este capítulo con la debida conciencia, veremos que es un cuadro del reino de Dios.

III. EL RETRATO DEL REINO

A. El Israel de Dios ha derrotado a Su enemigo

  Ahora estudiaremos el cuadro del reino presentado en Exodo 18. Como lo hemos indicado, el reino viene después de que el enemigo de Dios, Amalec, que tipifica la carne, ha sido vencido (17:13-16). El Nuevo Testamento revela que el reino viene cuando el pueblo escogido de Dios ha vencido a su enemigo. Antes de que el reino sea presentado en Exodo 18, el enemigo de Dios dentro de nosotros, tipificado por Amalec, es vencido en el capítulo diecisiete.

B. Los gentiles vienen a alabar y a adorar a Dios

  La Biblia indica también que cuando el reino viene como resultado de las derrotas del enemigo de Dios, los gentiles que buscan a Dios vendrán a adorarle. Estos gentiles son representados por Jetro (18:1, 5, 10-12). Jetro, el suegro de Moisés, era un sacerdote de Madiam. Según Jueces 6:3, los madianitas estaban cerca de los amalecitas. Los madianitas y los amalecitas estaban bastante mezclados. Después de la derrota de los amalecitas, algunos madianitas vinieron al pueblo de Dios de una manera muy piadosa. Jetro era un sacerdote no de ídolos, sino del Dios verdadero. El adoraba a Dios, lo alababa y le ofrecía sacrificios. Por tanto, Jetro representa a los gentiles que se vuelven a Dios y que le buscan en el reino.

C. La iglesia participa en el reino

  Cuando el reino viene, la iglesia participa en éste. De hecho, la iglesia será la autoridad que gobierna en el reino. En el capítulo dieciocho, la iglesia es representada por Séfora, la esposa que Moisés se buscó durante el rechazo de Israel hacia él (2:13-22). Muchos estudiantes bíblicos se dan cuenta de que Séfora tipifica la iglesia gentil que Cristo ganó cuando El fue rechazado por los hijos de Israel. Aun hoy en día, Cristo es rechazado por los judíos. Durante este tiempo de rechazo, Cristo gana a la iglesia gentil, tomada del mundo gentil, así como Moisés ganó una esposa gentil.

  Hasta ahora en el capítulo dieciocho, vemos tres puntos principales: la derrota del enemigo, la venida de los gentiles para adorar a Dios y la iglesia representada por Séfora. Al juntar estos puntos, tenemos un cuadro del reino. Algunos no están de acuerdo con el hecho de que pretendamos que el reino está descrito en el capítulo dieciocho. No obstante, no vamos demasiado lejos cuando declaramos esto. Si Pablo no nos hubiera dicho que la Pascua describía a Cristo, ¿quién habría tenido el valor de decirlo? El apóstol Pablo tomó la delantera al alegorizar el libro de Exodo cuando El nos dijo que Cristo es nuestra Pascua. Además, el maná y la peña golpeada tipifican también a Cristo, y el agua que sale de la roca tipifica al Espíritu. También hemos señalado que en el capítulo diecisiete, Amalec representa la carne, Moisés representa al Cristo ascendido que intercede por nosotros, y Josué tipifica al Cristo que mora dentro de nosotros y combate por nosotros. Con todo este trasfondo, podemos decir que Jetro y Séfora en el capítulo dieciocho tienen también un significado típico. ¿Acaso únicamente Jetro y Séfora son personajes históricos? Ciertamente no. Pretender eso equivaldría a no entender que Exodo es un libro de cuadros. Así como Faraón representa a Satanás y Egipto representa al mundo, Jetro representa a los gentiles, y Séfora, a la iglesia gentil. Según el principio que afirma que todo lo que contiene Exodo es figurativo, los asuntos del capítulo dieciocho no deben ser considerados como excepciones. Sabemos que el capítulo dieciocho describe el reino porque aquí vemos que después de que Dios había vencido a su enemigo, los gentiles piadosos se volvieron al pueblo de Dios para adorarle, alabarlo y presentarle sacrificios. También vemos que la iglesia gentil prevalece. Cuando estas tres cosas están juntas, allí está el reino de Dios.

  Podemos aplicar el cuadro de Exodo 18 a nuestra situación como cristianos hoy en día. Sabemos por experiencia que cuando nuestra carne es vencida, los incrédulos volverán a nosotros. Es bueno que todas las iglesias prediquen activamente el evangelio. No obstante, si vivimos en la carne y no vencemos a Amalec, podemos laborar mucho en la predicación del evangelio, pero pocos incrédulos volverán a Dios. Si primeramente vencemos y sometemos a nuestra carne y luego seguimos y contactamos a la gente y le predicamos el Evangelio, Jetro vendrá a nosotros. Esto significa que los incrédulos cambiarán de esta manera. Cuando predicamos el evangelio por el Espíritu viviente por medio de la cruz que opera, del aniquilamiento de la carne, el pueblo vendrá a nosotros dondequiera que vayamos. Además prevalecerá la iglesia, representada por Séfora. Por tanto, la predicación adecuada del evangelio debe ser el reino. En las palabras de Mateo 24:14, el evangelio del reino debe ser predicado a todos los habitantes de la tierra.

  El evangelio debe ser el reino. Aunque prediquemos el evangelio, si vivimos en la carne pocos serán atraidos a Dios por medio de nosotros. Debemos ser personas que vencen a Amalec. Luego Jetro, representando a los gentiles, vendrá a Dios por medio de nosotros y la iglesia prevalecerá.

D. La autoridad y orden del reino

  En 18:13-27, vemos un cuadro de la autoridad y orden del reino. Cristo, representado por Moisés, es la Cabeza, la autoridad, y bajo ésta autoridad está el orden.

  Algunos maestros bíblicos dicen que la propuesta de Jetro a Moisés era conforme a la manera humana de organización. El hermano Scofield afirma que esta manera de organización fue rechazada por Dios en Números 11:11-17, 24-30. No obstante, si estudiamos detenidamente Exodo 18, Deuteronomio 1, y Números 11, veremos que estas porciones de la Palabra giran alrededor de dos eventos distintos y que el último no anula al anterior. Por el contrario, lo fortalece. Mientras Números 11 habla de setenta ancianos, no se mencionan los ancianos en Exodo 19 ni en Deuteronomio 1. Más bien, en estos capítulos, vemos capitanes. Puesto que los hijos de Israel deben haber sido por lo menos dos millones de personas, los capitanes de millares, centenares, cincuenta y decenas deben de haber sido miles de personas. Estos capitanes deben ser distintos de los setenta ancianos.

  Si comparamos Exodo 18 y Deuteronomio 1 con Números 11, veremos que Números 11 cubre un tema distinto que el que cubren Exodo 18 y Deuteronomio 1. En estos dos capítulos, vemos el cansancio del pueblo, la carga que tenía, y las contiendas. Pero Números 11 describe la rebelión del pueblo contra Dios. Debido a esta rebelión, Moisés se quejó al Señor: “No puedo yo solo soportar a todo este pueblo, que me es pesado en demasía” (Nm. 11:14). Entonces el Señor dijo a Moisés que reuniera a setenta hombres entre los ancianos de Israel (v. 16). En Números 11, la rebelión es muy distinta del cansancio, de las cargas y de las contiendas mencionadas en Exodo 18 y Deuteronomio 1. El propósito del relato de Exodo 18 y Deuteronomio 1 consiste en mantener un buen orden entre el pueblo de Dios en su reino, mientras que en Números 11 es cuidar la relación entre el pueblo de Dios y El mismo. Puede ser que a diario presentaban centenares de problemas a Moisés. Esta fue la razón por la cual Jetro propuso que Moisés designara capitanes de miles, centenares, cincuenta, y decenas para ayudarle. Los problemas mencionados en Exodo 18 y Deuteronomio 1 eran relativamente menores. Pero Números 11 abarca el asunto grave de nuestra relación adecuada con Dios. Esta fue la razón por la cual el Espíritu de Dios vino encima de los setenta ancianos que llegaron a ser profetas. Estos setenta no reemplazaron los capitanes de millares, centenares, cincuenta, y decenas.

  Al señalar este asunto, mi propósito es ayudarnos a ver quela propuesta de Jetro era muy positiva. Describe el orden bajo la autoridad divina en el reino de Dios. Nos ayuda a ver que en el reino de Dios no hay desorden. Por el contrario, bajo la autoridad de Cristo como Cabeza, representada por Moisés, todo está en orden. Bajo la autoridad de Cristo como Cabeza todo y todos están en orden.

  Si en una iglesia local, todos esos asuntos, importantes y pequeños, se presentan a los ancianos, esa iglesia es débil. No es el reino de Dios en una manera práctica. Si una iglesia local es verdaderamente el reino de Dios, no sólo habrá ancianos, sino también capitanes. Hemos visto en el cuadro de Exodo 18, que Séfora representa a la iglesia. Entonces ¿qué representan los capitanes? Representan un buen orden. Así como Moisés no necesitaba tratar todas las cosas, tampoco en la actualidad se necesita presentar todas las cosas a los ancianos en la iglesia. Por el contrario, debería haber capitanes en la vida de iglesia que, bajo la autoridad de Cristo como Cabeza, solucionen los problemas y mantengan el orden.

  Supongamos que dos hermanos tienen un problema entre sí. Si se necesita llamar a los ancianos, el reino de Dios no está presente en la iglesia de una manera práctica. Se carece claramente de vida y de autoridad. Aun cuando los hermanos y hermanas sean pocos, debe haber un capitán, alguien que les recuerde a los demás el Espíritu y la cruz. Si un capitán hace esto, el problema entre los hermanos se solucionará, y el orden se mantendrá. La presencia de los capitanes en la vida de la iglesia es una señal del reino. Es una indicación de que tenemos a Cristo representado por Moisés, como nuestra Cabeza y que todos estamos bajo esta autoridad.

  En este mensaje, hemos señalado repetidas veces que Exodo 18 presenta un cuadro del reino. En este capítulo vemos cuatro aspectos de este cuadro: la derrota de Amalec, la carne, por parte del pueblo de Dios; la venida de gentiles piadosos en busca de Dios; la iglesia gentil prevaleciente; y el mantenimiento de un orden adecuado. Cuando juntamos estos cuatro asuntos, tenemos el reino de Dios como resultado del disfrute de la salvación y de la provisión de Dios.

  En los primeros diecisiete capítulos de Exodo, el pueblo escogido de Dios disfrutó de Su salvación y de Su suministro. Ahora en el capítulo dieciocho, vemos el resultado de este disfrute: el reino como la esfera, el ambiente, donde el pueblo de Dios puede recibir la visión del modelo de la morada de Dios y construir el tabernáculo según este modelo. Puesto que el reino es necesario para edificar la morada de Dios, Moisés, bajo inspiración divina, insertó un acontecimiento de Deuteronomio 1 entre los capítulos diecisiete y diecinueve de Exodo a fin de completar el cuadro de la salvación completa de Dios. Según nuestra experiencia, podemos testificar que después de disfrutar de la salvación y del suministro de Dios, somos introducidos en Su reino, donde todo está en orden. ¡Cuánto alabamos al Señor por esto! La presencia del reino nos permite construir el tabernáculo como morada de Dios.

Biblia aplicación de android
Reproducir audio
Búsqueda del alfabeto
Rellena el formulario
Rápida transición
a los libros y capítulos de la Biblia
Haga clic en los enlaces o haga clic en ellos
Los enlaces se pueden ocultar en Configuración