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Mensaje 55

Guardar la ley al amar a Dios, a Su Palabra y ser uno con El

(2)

  Lectura bíblica Gn. 1:26; Jer. 31:3, 32; 2:2; Jn. 3:29; Mt. 9:15; Ef. 5:25-27; 2 Co. 11:2; Ap. 19:7; Jn. 21:15-17; 2 Co. 5:14-15; Jn. 14:21, 23; Cnt. 1:2-4.

  Este mensaje es una continuación del mensaje anterior.

II. EL ROMANCE DE DIOS CON EL HOMBRE

A. Creó al hombre con el propósito de tener un complemento

  En el transcurso de los siglos, Dios ha tenido un romance con el hombre. Dios creó al hombre con el propósito de tener un complemento (Gn. 1:26). Al crear al hombre, El no quería siervos. Si leemos la Biblia con pureza, sin ningún concepto, nos daremos cuenta de que el propósito de Dios al crear el hombre era ganar un complemento. Dios no es un luchador; El es un enamorado. El creó al hombre a Su imagen como su enamorado. Esto significa que El creó al hombre para amarlo a El. En la eternidad, Dios estaba solo; incluso podemos decir que El era solitario. Su deseo de tener un amor no podía ser satisfecho por los ángeles. Por consiguiente, Dios creó al hombre conforme a Su propio ser. Dios es amoroso, y El desea que el hombre lo ame a El. De esta manera, habrá una relación mutua de amor entre Dios y la humanidad, aquellos que fueron creados para ser Su complemento.

B. Escogió a Israel para que fuese Su esposa

  El Antiguo Testamento indica claramente que Dios vino y escogió a Israel para que fuese Su esposa. En Jeremías 31:3, el Señor dice: “Con amor eterno te he amado; por tanto te prolongué Mi misericordia”. Cuando Dios se apareció a Su pueblo, El los “enamoró” y más adelante aún los cortejó. Según Ezequiel 16, Dios amó a Israel cuando lo vio en el desierto. El versículo 8 lo describe: “Y pasé otra vez junto a ti, y te miré, y he aquí que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí Mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo, dice Jehová el Señor, y fuiste Mía”. Al entrar en un pacto con Israel, Dios lo desposó. Jeremías 2:2 habla también de este pacto, de este compromiso: “Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de Mí en el desierto, en tierra no sembrada”. Este versículo indica que el pacto fue promulgado en el desierto después de que Dios sacara a los hijos de Israel fuera de Egipto. Los capítulos uno al diecinueve de Exodo fueron la época de la juventud de Israel. El Señor recordó la fidelidad de la juventud de Israel y el amor de su desposorio. Me he preguntado en qué medida Israel amaba en realidad a Dios de esta manera. Quizá en este versículo, el Señor se consoló a Sí mismo como lo hace un joven que intenta alentarse cuando la persona que él ama no corresponde a su cortejo. Este joven puede recibir aliento cuando lo mire la persona que él ama. ¿En los primeros diecinueve capítulos de Exodo, ¿dónde vemos el amor del desposorio de Israel para con Dios? ¿dónde encontramos este amor que desposa? Es muy difícil encontrarlo, pero Jeremías 2:2 nos dice que el Señor se acuerda del amor del desposorio de Israel y de la fidelidad de su juventud. Me parece que Israel no era tan amable, educado, ni cortés para con el Señor. No obstante, en Jeremías dice que El se acordó de la fidelidad de la juventud de Israel. Las expresiones usadas en Jeremías 2:2 revelan cuanto amaba Dios a los hijos de Israel. En cierto sentido, podemos decir que Dios fue cegado por Su amor hacia Su pueblo. Después de crear al hombre, El escogió un pueblo, a saber, los hijos de Israel, para que fuesen Su esposa.

C. Vino a ser el Novio para la novia

  Cuando el Señor Jesús vino, El vino como el Novio para la novia. Muchos cristianos conocen muy bien la declaración de Juan el Bautista: “¡He aquí el Cordero de Dios!” (Jn. 1:29). No obstante, pocos entienden que Juan se refería también al Señor Jesús como el Novio. En Juan 3:29, él dice: “El que tiene la novia, es el Novio”. Esta palabra está incluida en un capítulo acerca de la regeneración (Jn. 3:3-6). La meta de la regeneración consiste en producir y preparar una novia para el Novio. Puesto que Cristo es Aquel que tendrá la novia, El es el Novio. Como Dios encarnado, Cristo no vino solamente para ser nuestro Redentor y Salvador, sino también para ser nuestro Novio.

  En Mateo 9:15, el Señor Jesús se refirió a Sí mismo como el Novio. A los religiosos ciegos que le preguntaban acerca del ayuno, el Señor dijo: “¿Acaso pueden los compañeros del Novio tener luto mientras el Novio está con ellos? Pero vendrán días cuando el Novio les será quitado, y entonces ayunarán”. Contestando a la pregunta de los discípulos de Juan, el Señor se reveló a Sí mismo como el Novio que viene a recibir la novia. En su ceguera, los religiosos no pudieron ver que Cristo era el Novio. Es crucial que nuestros ojos sean abiertos y vean al Señor como nuestro Novio.

D. Regeneró a la iglesia para que fuera Su novia

  El Señor Jesús regenera a la iglesia para que sea Su novia (Jn. 3:3, 5, 29-30). El Señor es el Novio con la vida y la naturaleza divinas. Si queremos ser Su novia, debemos tener también la vida y la naturaleza divina. Para eso, se necesita la regeneración. Aparte de poseer esta vida y naturaleza, nunca podríamos ser el complemento de Cristo. En Juan 3, vemos que la regeneración nos califica para ser la novia de Cristo. Sólo después de ser regenerados con la vida divina y por tanto, de haber recibido la naturaleza divina, nosotros los pecadores, podemos ser tomados por Cristo y ser Su amor. El es tan superior, con la vida y naturaleza divinas, y nosotros estamos en una estado tan inferior. ¿Cómo podríamos ser Su complemento? Sólo por medio de la regeneración. Mediante la regeneración, recibimos otra vida, la vida divina. En esta vida y por medio de ésta, somos calificados para ser el complemento de Cristo y corresponderle.

E. Se casa con Sus redimidos como Su esposa

  Al final de esta era, Cristo vendrá y se casará con Sus redimidos para hacerlos Su esposa (Ap. 19:7). En esta era se lleva a cabo el cortejo, y de compromiso entre Dios y Su pueblo. Al final de esta dispensación, habrá una boda gloriosa y en ese tiempo, Cristo se casará con Sus redimidos. Esta revelación del matrimonio entre Cristo y Sus redimidos es una revelación esencial en la Biblia.

F. Disfrutará de una vida matrimonial por la eternidad

  Al final de la Biblia, vemos que Dios disfrutará de una vida matrimonial con Su pueblo en la eternidad y por la eternidad. La Nueva Jerusalén será la esposa del Cordero por la eternidad en los nuevos cielos y en la nueva tierra. (Ap. 21:9). Este es el cumplimiento del romance de Dios tal como lo revelan las Escrituras.

III. TODA LA BIBLIA ES UN ROMANCE DIVINO

  La Biblia entera es un romance divino. Esto significa que la Biblia es un libro muy romántico. Lo vemos particularmente con el libro de Cantar de Cantares. Ciertos modernistas no están seguros del hecho de que el Cantar de Cantares está incluido en la Biblia. Aún algunos maestros cristianos tienen dudas en cuanto a este libro. Cuando era joven, también me preguntaba por qué este libro se encontraba en la Biblia, un libro que trata de un romance entre un hombre y una mujer. Este libro describe la relación de amor entre nosotros y Cristo. Según Cantar de Cantares, nuestra relación con el Señor debería ser muy romántica. Si no existe un romance entre nosotros y el Señor Jesús, entonces seríamos cristianos religiosos, y no románticos. Si usted desea saber lo que quiero decir con la palabra romántico, le aliento a leer y orar-leer el Cantar de Cantares. Orar-leer este libro de romance hará que usted sea romántico con el Señor. Estará loco enamorado de El. La Biblia es un romance divino, y nuestra relación con el Señor debería ser más y más romántica.

A. Está llena de las galanterías de Dios para con el hombre

  Como romance divino, la Biblia es un relato completo de las galanterías de Dios para con el hombre. En las Escrituras, Dios viene continuamente al hombre de esta manera. Dos ejemplos de esto son la venida de Dios con Jacob en Betel la primera vez (Gn. 28:10-22) y también la segunda vez (Gn. 35:9-15). Vemos otro ejemplo en la venida de Dios a Moisés en el monte Hored (Éx. 3:1-17).

B. Está llena del cortejo de Dios para con el hombre

  La Biblia está también llena del cortejo de Dios para con el hombre. Así como un joven le da una atención constante a la mujer que él corteja, hasta el punto de molestarla, así el Señor “nos molesta” al cortejarnos. La Biblia relata el cortejo de Dios para con Su pueblo. En el Nuevo Testamento, vemos que cuando el Señor Jesús llamó a Sus discípulos, El los cortejaba. El Señor Jesús molestaba continuamente a Pedro en esta manera. Es significativo que no fue Pedro el que vino al Señor, sino el Señor quien fue a Pedro. En Juan 21, el Señor le preguntó a Pedro: “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos?” (v. 15). En dos ocasiones más, el Señor le preguntó: “¿Me amas?” (vs. 16-17). Al hacer estas preguntas a Pedro, el Señor Jesús lo cortejaba. El no quería que Pedro lo amara a El como un niño honra a su padre o madre, o como un amigo cuida a otro amigo, o como una persona rica tiene compasión de una persona pobre. Por el contrario, el Señor quería que Pedro lo amara con un amor afectuoso, como el amor que siente una mujer por el hombre que la ama.

  No debemos leer Juan 21 sin tomar en cuenta Juan 3. El que preguntaba a Pedro si él lo amaba era el Novio que vino por su novia. Basándonos en la revelación del Señor Jesús como el Novio en Juan 3, vemos que Su conversación con Pedro en el capítulo veintiuno fue dirigida en manera de cortejo.

  Pasa lo mismo con la palabra del Señor en Juan 14:21 y 23. En el versículo 21, el Señor dice: “El que tiene Mis mandamientos, y los guarda, ése es el que Me ama; y el que Me ama, será amado por Mi Padre, y Yo le amaré, y Me manifestaré a él”. Esta palabra que fue pronunciada por el Novio a la novia es una palabra de “galantería” y de cortejo. En el versículo 23, el Señor continúa: “El que Me ama, Mi palabra guardará; y Mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”. Cuando el Padre y el Hijo hacen morada con la persona que ama al Señor Jesús se refiere al vivir común en la vida matrimonial. Compartir la misma morada con el Señor Jesús significa vivir con El como Su esposa.

  Aunque el Señor a menudo nos habla como un novio, pocos cristianos han entendido este aspecto de Su palabra. La tendencia ha sido de tomar la palabra del Señor de una manera totalmente distinta. Por consiguiente, espero que esta palabra acerca de la galantería y el cortejo de Dios para con Su pueblo cambie nuestro concepto. La venida del Señor a nosotros es Su “galantería” y Su cortejeo.

C. El Antiguo Testamento y el Nuevo son pactos de desposorio

  En el mensaje anterior, hemos señalado que tanto el Antiguo Testamento como el Nuevo son pactos de desposorio, pactos de compromiso.

1. Todo el Antiguo Testamento fue relatado de esta manera

  En su conjunto, el Antiguo Testamento fue dado como si fuese un pacto de compromiso. Esta es la razón por la cual Isaías, Jeremías, Ezequiel y Oseas se refieren al pueblo de Dios como la esposa. Aún cuando el pueblo quería divorciarse de Dios, el Señor los trajo de vuelta a El. El deseaba desposarse con ello nuevamente. Nótese como se usa la palabra desposar en Oseas 2:19 y 20: “Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová”. En estos versículos, el Señor usa la palabra desposar en tres ocasiones. El futuro indica que eso se refiere al segundo desposorio del pueblo de Dios para con El, el desposorio en el cual la mujer divorciada es devuelta al Señor como su marido. Esto indica que el Antiguo pacto era un asunto de desposorio, de compromiso.

2. La ley es dada de esta manera

  Como lo hemos indicado, la ley fue dada como contrato de compromiso. Cuando Dios le dio a Su pueblo la ley en el monte, El los estaba desposando. Al darles la ley, El quería incitarlos a amarlo a El y a no tener otro amado.

3. Todo el Nuevo Testamento fue escrito de esta manera

  Todo el Nuevo Testamento fue escrito en manera de romance y de cortejo. El evangelio de Mateo habla de Cristo como de un Novio, y el libro de Apocalipsis hace referencia a las bodas del Cordero y concluye con la revelación de la Nueva Jerusalén, como la esposa del cordero. Además, en 2 Corintios 11:2, Pablo expresa el mismo concepto: “Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo”. Aquí vemos que Pablo se daba cuenta de que él había desposado la iglesia de Cristo, su marido. Luego en Efesios, Pablo se refiere al amor de Cristo por la iglesia, exhortando a los maridos a amar a sus esposas, “como Cristo amó a la iglesia y se entregó a Sí mismo por ella” (Ef. 5:25). Por tanto, todo el Nuevo Testamento fue escrito en un ambiente de romance. El Señor es Aquel que nos corteja, y somos Su amor, Su esposa. Al final del Nuevo Testamento, tenemos las bodas de Cristo con Su pueblo.

4. Toda la Biblia es la palabra de cortejo por parte de Dios

  La Biblia entera es una palabra de cortejo de Dios. En la Biblia, vemos que Dios desea nuestro amor. Cuando el Señor le preguntó a Pedro si él lo amaba, El cortejaba a Pedro, buscando su amor afectuoso. En su conjunto, la Biblia es la palabra de este cortejo divino.

5. Se necesitaba un amor afectuoso que respondiera y guardara la palabra de cortejo por parte de Dios

  Si queremos obedecer la palabra de cortejo por parte de Dios, necesitamos sentir un amor afectuoso y que le responda. Se le pidió a Pedro amar al Señor de esta manera, y Pablo fue constreñido a amar al Señor con este amor (2 Co. 5:14-15). Todos los creyentes deben amar al Señor de esta manera (Jn. 14:21,23). Como lo hemos visto, esta clase de amor afectuoso está descrito en Cantar de Cantares, donde vemos el cuadro del amor entre el amado y su amada (Cnt. 1:2-4).

IV. GUARDAR LA LEY DE DIOS AL SER UNO CON EL

  En el mensaje anterior, hemos señalado que guardamos la ley de Dios amándolo a El. Además, guardamos la ley de Dios al ser uno con El. Esta unidad está relacionada con el hecho de que la ley era un contrato de compromiso, un pacto de desposorio. Al dar la ley, la meta de Dios consistía en unir a Su pueblo con El como una esposa se une a su marido. Entonces la ley impartiría la sustancia de Dios dentro de ellos, los introduciría en El, y los uniría con El en vida y naturaleza. Esta unión de Dios con Su pueblo en vida y naturaleza está representada en tipología por Adán y Eva en Génesis 2:18-24. Todo esto indica que la ley de Dios sólo puede ser guardada por los que aman a Dios y son uno con El en vida, naturaleza y expresión.

  La Biblia es verdaderamente un libro de cortejo, y nuestro Dios es un Dios que corteja. Algunas personas no estarán de acuerdo con esta declaración. Pero debemos reconocer que ésta es una verdad, a menos que descartemos la Biblia. La Biblia revela claramente que Dios es un hombre que corteja.

  Muchos cánticos del evangelio hablan del llamado del Señor, y muchos predicadores dicen que los creyentes son un pueblo llamado por Dios. Por supuesto, esto es cierto. No obstante, el llamado que hace Dios a los pecadores es Su manera de cortejarlos. Su llamado es Su cortejo, y los que le corresponden no solamente serán salvos, sino que también serán Su novia que lo aman a El con afecto.

  Por la soberanía del Señor, el Cantar de los Cantares está incluido en las Escrituras. No obstante, algunos cristianos no están de acuerdo con el hecho de que el Cantar de Cantares sea parte de la Biblia, pues lo consideran como un libro seglar y no como un libro sagrado. Pero de hecho, el Cantar de Cantares es el más sagrado de los libros. En este libro, la que ama dice: “Yo soy de mi amado, y mi amado es mío” (6:3). Si no tuviéramos Cantar de Cantares, probablemente no tendríamos esa expresión acerca de nuestra relación con el Señor. El himno titulado “Amado con amor eterno” declara en el coro: “Soy suya, y El es mío”. Esto se refiere al Cantar de Cantares. Decir que “Pertenezco a mi amado” no significa que El es nuestro maestro y nosotros Sus siervos. Significa que somos Su amada. Esta relación no es la relación de un amo con su esclavo, sino la relación afectuosa entre el marido y la esposa. Cantar de Cantares es el libro más romántico que se ha escrito. No obstante, este libro trata de la relación amorosa entre Dios y Su pueblo escogido. Presenta un cuadro de la vida matrimonial de Cristo y de aquellos que lo aman a El.

  Les recuerdo que el tema de este mensaje es guardar la ley de Dios al amarlo a El y a Su palabra y al ser uno con El. Guardar la ley de Dios tiene mucho que ver con amarlo a El como una esposa ama a Su marido. Hemos señalado repetidas veces que al dar la ley, Dios cortejaba a Su pueblo. Puesto que la ley fue dada como un contrato de compromiso, no debemos intentar guardarla sin amar al Señor y sin ser uno con El.

  Algunos instructores cristianos piensan que en el Nuevo Testamento, Dios ha abandonado la ley. Esto no es cierto en absoluto. El contenido de la ley junto con la redención deben ser considerados como parte de la Biblia entera. Además, en cuanto a la ley de Dios, el contenido del Nuevo Testamento es esencialmente el mismo que el de los Diez Mandamientos. Por ejemplo, toda la Biblia declara que no debemos tener otro Dios que el único Dios verdadero. Dios es celoso, y no debemos tener ningún otro Dios aparte de El. Pablo se refiere a los celos de Dios en 2 Corintios 11:2, donde él indica que debemos ser una virgen casta para Cristo. El Señor debe ser nuestro único amado. Vemos esto no solamente en los Diez Mandamientos, sino en todas las Escrituras.

  Toda la Biblia enseña que no debemos adorar ídolos. Esta exhortación no se limita a los Diez Mandamientos. Además, la Biblia nos enseña a usar correctamente el nombre del Señor y a jamás tomarlo en vano. Vemos una vez más, que este mandamiento no se limita a la ley.

  En principio, ni siquiera el cuarto mandamiento, que trata de guardar el sábado, se restringe a la ley. Tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, el pueblo de Dios debía de tener un día de conmemoración como señal de que pertenecían al Señor. En la vieja creación, ese día era el sábado, el séptimo día de la semana. Pero en la nueva creación, es el octavo, el primer día de la semana, el día de la resurrección de Cristo. Como aquellos que viven en la nueva creación en resurrección, nuestro día de conmemoración es el octavo día, ya no es el séptimo. En la nueva creación, el día ha cambiado para nosotros, pero el principio no ha cambiado. Durante el milenio, la humanidad restaurada seguirá guardando el séptimo día (Is. 66:23). Basándose en este hecho, los adventistas del séptimo día argumentan que los creyentes en esta era deben seguir guardando el sábado. No obstante, en el milenio venidero, el sábado no será guardado por la gente regenerada de Dios, sino por la humanidad restaurada, preservada, sin ser regenerada. Ellos serán restaurados al estado del hombre en el tiempo de la creación, pero no tendrán la vida divina en resurrección. Mientras que ellos serán el pueblo del séptimo día, nosotros somos los del octavo día. En todo caso, la Biblia enseña que el pueblo de Dios debe tener un día particular como señal de su separación para el Señor.

  Hemos visto que los primeros cuatro mandamientos son exaltados en todas las Escrituras. Pasa lo mismo con los seis últimos mandamientos acerca de honrar a los padres, en cuanto a no matar, no cometer adulterio, no robar, no dar falso testimonio y no codiciar. Si abandonamos la ley, ponemos a un lado toda la Biblia. Aunque no debemos abandonar la ley, debemos tener cuidado de no abusar de ella, ni de usarla incorrectamente. Tanto la ley en particular como la Biblia en su conjunto deben ser usadas correctamente. Si intentamos guardar la ley sin tener contacto con Dios, abusaremos de ella. Del mismo modo, si tomamos la Biblia sin tocar al Señor, usaremos las Escrituras incorrectamente.

  Los judaizantes cometieron el error de intentar cumplir la ley sin tener contacto con Dios. Por consiguiente, no llegaron a ser Su complemento, aquellos que guardan Su ley al amarlo a El y al ser uno con El. En principio, muchos cristianos cometen el mismo error hoy en día. Ellos leen y estudian la Biblia, pero lo hacen sin tener contacto con el Señor. Mientras enseñan a otros el conocimiento bíblico, no los alientan a tener contacto con el Señor en la palabra. Por consiguiente, se convierten en los judaizantes contemporáneos, abusando de la Palabra de Dios y usándola incorrectamente.

  Nosotros en el recobro del Señor apreciamos el orar-leer la Palabra. No queremos leer la Biblia sin tener contacto con el Señor de una manera viviente. Debemos tener cuidado de no leer la Biblia sin orar ni tocar al Señor. Si tenemos contacto con el Señor en la Palabra, seremos uno con El de una manera práctica en nuestra experiencia. Entonces llegaremos a ser Su complemento. Al amar al Señor como nuestro amado y al ser uno con El, aún llegando a ser Su amada, Su palabra se convertirá en nuestro suministro de vida. La ley es la condensación de Su palabra. Cuando tenemos contacto con el Señor directa e íntimamente, siendo uno con El, Su palabra nos suministra vida. Por esta vida, crecemos, llegamos a ser Su expresión, y vivimos de una manera que corresponde con lo que El es. Este vivir corresponde con la ley de Dios y con Su palabra. Esta es la manera correcta de usar la ley de Dios y Su Palabra.

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