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Mensaje 60

La bendicion que reciben los que buscan a Dios con amor a traves de Su ley como la Palabra viviente

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  Lectura bíblica: Sal. 119:11, 57-58, 65, 98, 101, 114, 133, 135, 169, 175; 19:7b

  Este mensaje continua con el aspecto de la “luz” de la ley. Veremos como, mediante la ley como la Palabra viva de Dios, tenemos el disfrute de Dios mismo como nuestra porción. Ciertamente, ésta es la cumbre de todas las bendiciones que recibimos por medio de la Palabra viviente de Dios.

  En Salmos 119, el salmista usa distintas expresiones para referirse a la ley. Uno de estos términos es el testimonio, o los testimonios (v. 88). La ley es el testimonio de Dios. Como testimonio de Dios, la ley describe a Dios y presenta un cuadro de lo que El es. Una ley es siempre un testimonio, una expresión, de la persona que la promulga. Por ejemplo, si los asaltantes de bancos pudieran promulgar leyes, indudablemente legalizarían el robo de bancos. Una ley es siempre la expresión del que la promueve. Del mismo modo, la ley que dio Dios en el monte Hored es Su testimonio. La ley de Dios es Su retrato. Como expresión de Dios, la ley nos muestra la clase de Dios que El es. Esta es la razón por la cual cuando se habla de la ley en el Antiguo Testamento se usa la palabra testimonio. Los Diez Mandamientos inscritos en las tablas de piedra fueron llamados el testimonio (Éx. 34:29; 31:18; 32:15). Puesto que estas tablas fueron colocadas en el arca, ésta fue llamada el arca del testimonio (Éx. 25:22; 30:6). Además, el tabernáculo en el cual se hallaba el arca también se llamaba el tabernáculo del testimonio (Éx. 38:21).

  Vemos otros términos para la ley en Salmos 119 tales como estatutos, ordenanzas, preceptos y juicios. La ley nos juzga. Fuera de la ley de Dios, no existe ninguna otra norma de juicio. La ley dice lo que es correcto e incorrecto, lo que viene de Dios y lo que no procede de El, lo que es para Dios y lo que no lo es. Mientras la ley juzga, mide y expone, también acusa y perdona, justifica y condena. Por todas estas razones, la ley se conoce como los juicios de Dios.

  Según el versículo 91, a la ley se le llama también ordenanzas de Dios, las ordenanzas son regulaciones o reglas. Por ejemplo, en la ciudad en que usted vive existen ordenanzas sobre el lugar en el que puede estacionar su automóvil y lugares donde está prohibido. Cada ciudad tiene sus propias ordenanzas. Del mismo modo, la ley consta de ordenanzas divinas.

  En el salmo 119, la ley es llamada los estatutos de Dios (v. 12). Cada uno de los mandamientos constituye un estatuto. El salmista se refirió también a la ley como preceptos de Dios (v. 4). Un precepto es una instrucción dada como proverbio en el cual se dice a la gente como comportarse.

  En el mensaje anterior, abarcamos diez aspectos de la bendición que reciben los que buscan a Dios con amor por medio de Su ley como Su Palabra viva: iluminación, suministro de vida, riego, restauración, liberación, fortaleza, consuelo, alimento, sustento y protección. La primera bendición que recibimos es la iluminación (119:130, 105; 19:8b). Si nuestra condición es apropiada cuando vamos a la Palabra de Dios, entraremos en una esfera de luz y por tanto seremos iluminados. Recibiremos el suministro de vida y experimentaremos el riego. Estos tres asuntos van juntos y traen restauración, liberación, fortaleza, consuelo, alimento, sustento y protección. Esta secuencia es de acuerdo a la experiencia espiritual y no a la doctrina.

  Alabamos al Señor porque Su Palabra ha sido escrita e impresa. El invento de la imprenta tenía como fin la distribución de la Palabra de Dios. Se han imprimido y propagado millones de copias de las Escrituras por todo el mundo. Aunque la Biblia es tan accesible, el hecho de que recibamos bendición de ella depende de nuestra condición. Como lo hemos señalado, necesitamos un corazón adecuado. Si nuestro corazón es adecuado cuando vamos a la Palabra, entraremos en la esfera de luz. Dios es luz (1 Jn. 1:5), y esta luz está consolidada en la Palabra. Esto significa que la Palabra de Dios es la corporificación de Dios como la luz divina. Esta es la razón por la cual el versículo 130 declara: “La exposición de Tus Palabras alumbra”. Puesto que la Palabra de Dios es luz, la entrada, la apertura de la Palabra da luz. En realidad, no deberíamos decir que recibimos luz de la Biblia en cuanto a algunos puntos. Simplemente debemos entrar en una esfera de luz y no solamente recibir una clase particular de luz.

  La luz trae vida. No obstante, también es cierto que la vida trae luz. Es difícil decir lo que viene en primer lugar: la vida o la luz. Según el Antiguo Testamento, la luz viene antes de la vida (Gn. 1:3). Pero conforme al Nuevo Testamento, la vida precede la luz (Jn 1:4). Tenemos razón al decir lo que viene primero en nuestra experiencia, pero sabemos que mientras tengamos una cosa, también tendremos la otra. Tenemos la luz y la vida, y entonces el suministro de vida se hace agua. Como lo hemos visto, la luz, la vida y el riego traen muchas otras bendiciones.

EL DISFRUTE DE DIOS COMO NUESTRA PORCION

  Estas diez bendiciones nos llevarán a la bendición más elevada: disfrutar a Dios mismo como nuestra porción. En 119:57, el salmista declara: “Mi porción es Jehová”. Cuando tenemos a Dios como porción, no sólo tenemos la luz, la vida, el riego, y todos los beneficios que todo eso nos trae; tenemos a Dios mismo. Algunos pensarán que los santos del Antiguo Testamento no disfrutaban a Dios como su porción. Sin embargo, el autor de Salmos 119 afirma claramente que el Señor era su porción. Puesto que el salmista obedecía a la Palabra, Dios podía ser su porción. Es muy importante tener a Dios como nuestra porción.

  Dios puede ser nuestra porción porque El es real y no es una superstición. Si Dios no hubiera sido una realidad para el salmista, éste no habría podido testificar que el Señor era su porción. Todo lo supersticioso es vano, pues no es real, ni sustancial en absoluto. ¿Cómo podría algo vano y falso ser nuestra porción? Sería imposible. Cuando el salmista declaró que Dios era su porción, él estaba disfrutando y tocando algo muy real.

  Si queremos que Dios sea nuestra porción, El debe ser también muy práctico, presente, disfrutable y accesible. ¿Cómo podría algo convertirse en nuestra porción si no estuviera cerca y disponible? ¿y cómo podría algo ser nuestra porción si no fuese disfrutable y práctico? Para muchos judíos, musulmanes, e incluso cristianos, Dios está lejos. Para ellos, Dios no es práctico, presente, disfrutable, ni disponible. No lo experimentan como su porción.

  Puedo testificar por experiencia personal que mi Dios se ha convertido verdaderamente en mi porción. Nunca lo he visto con mis ojos ni lo he tocado con mis manos, pero en mi ser interior lo disfruto a El todo el día. Algunos pretenderán que esto no es más que un fenómeno psicológico. No obstante, los fenómenos psicológicos generalmente son pasajeros; no obstante, el disfrute de Dios como nuestra porción perdura. Dios es siempre el mismo; El no cambia. Aquel que es real, práctico, presente, disfrutable y accesible, es mi porción. Estoy seguro de que usted ha tenido alguna experiencia de Dios como su porción. Su experiencia puede ser limitada, pero usted no puede negar que Dios es real, práctico, presente, disfrutable y disponible. El es verdaderamente nuestra porción.

  Todos nos enfrentamos a problemas en la vida. En mi experiencia, me he dado cuenta de que sólo existe un antídoto para nuestros problemas. Este antídoto es todo-inclusivo y muy eficaz: es Dios mismo. Solamente El es la respuesta a nuestros problemas y la sanidad de todos nuestros trastornos. Si no permitimos que Dios entre en nuestra situación, la vida no será más que un sueño vacío. Sin Dios, todos nuestros sueños se convierten básicamente en problemas, luego en trastornos, y finalmente en muerte. Pero si tomamos al Señor y lo aplicamos a nuestra situación, las cosas serán diferentes. Podemos testificar que ninguna otra cosa es nuestra porción. Nuestra porción no es un buen matrimonio, una posición elevada, una cuenta bancaria sustanciosa, ni una propiedad. Nuestra porción es el Señor mismo. Puesto que El es viviente, real y práctico, podemos probarlo y disfrutarlo a El.

  Disfrutamos a Dios como nuestra porción por medio de la Palabra y por el Espíritu. Podemos comparar la Palabra y el Espíritu con una antena y cable por los cuales se trasmite la “electricidad” divina. Cuando vamos a la Palabra con el Espíritu, recibimos a Dios. Efectivamente, disfrutamos de la luz, la vida y el riego. No obstante, en realidad la luz, la vida, y el agua viva en nuestra experiencia son Dios mismo. El es nuestra restauración, liberación, fortaleza, consuelo, alimento, sustento y protección. Cuando tocamos la Palabra correctamente, recibimos al Señor mismo. No recibimos luz, vida, ni agua como cosas separadas de El. No, la luz, la vida y el agua viva que disfrutamos en realidad son Dios mismo. Dios es también nuestra salvación, alimento, bebida, sustento, y protección. Cada una de las primeras diez bendiciones que recibimos por medio de la Palabra viva es Dios mismo.

  En Salmos 119 cuando se dice que el Señor es nuestra porción es sumamente crucial. Podemos recibir la luz porque Dios es nuestra porción. Podemos tener vida y agua viva también porque El es nuestra porción. Todas las diferentes bendiciones vienen a nosotros por medio de la Palabra porque el Señor es nuestra porción. Mientras lo tenemos a El, lo tenemos todo. Repito que las bendiciones que recibimos por medio de la Palabra viva, no son cosas fuera de Dios mismo. Son diferentes atributos o virtudes del Dios vivo como nuestra porción. En toda clase de situación, podemos tener liberación y salvación, porque Dios es nuestra porción. Todas las bendiciones que recibimos de la Palabra viva nos llevan a Dios mismo. Este era el testimonio del salmista: el Señor era su porción, porque él obedecía Su Palabra. Al guardar la Palabra de Dios, él participaba de Dios mismo y lo disfrutaba a El. Cuando guardamos las palabras del Señor, también lo disfrutamos a El como nuestra porción.

  La Biblia es el único libro del cual podemos decir que el autor del libro es la porción de los que lo leen. Muchos chinos han estudiado los escritos de Confucio, pero él no se ha convertido en la porción de ellos. Así mismo, los estudiantes no tienen a los autores de sus cuadernos como su porción. No obstante, sólo el autor de la Palabra se convierte en realidad en nuestra porción. Cuanto más acudimos correctamente a la Biblia, más, Dios llega a ser nuestra proción.

EL DISFRUTE DE LA PRESENCIA DE DIOS Y EL RESPLANDOR DE SU ROSTRO

  Mientras disfrutamos a Dios, disfrutamos también de Su presencia. Inmediatamente después de hablar de Dios como su porción, el salmista dice: “Tu presencia supliqué de todo corazón” (v. 58). Pasa lo mismo en nuestra experiencia espiritual: cuando disfrutamos a Dios, deseamos contemplar Su rostro. El versículo 58 nos muestra que el salmista buscaba la presencia de Dios. Esta expresión no es muy común. ¿Alguna vez ha escuchado a alguien orando y suplicando por la presencia de Dios? Si usted considera su experiencia, se dará cuenta que por el amor que le tiene al Señor, han habido momentos en que usted anheló ver Su rostro. Usted deseaba estar bajo el resplandor de Su presencia. Su presencia era muy importante para usted, y lo único que deseaba era permanecer bajo Su presencia y disfrutarla. En el versículo 135, el salmista oró: “Haz que Tu rostro resplandezca sobre Tu siervo”. Esto indica que el salmista disfrutaba también del resplandor del rostro de Dios. Las declaraciones del salmista en cuanto a la presencia de Dios y el resplandor de Su rostro no son enseñanzas doctrinales; más bien son Palabras de experiencia. El no aprendió acerca de esto, más bien lo experimentó. Yo también puedo testificar que a pesar de no haber recibido enseñanzas sobre el hecho de buscar la presencia del Señor ni el resplandor de Su rostro, en mi experiencia he aprendido lo maravilloso que es disfrutar al Señor mismo, Su presencia y el resplandor de Su rostro. Al buscar la presencia del Señor, experimento el resplandor de Su rostro.

  En su libro La práctica de la presencia de Dios, el hermano Lawrence da énfasis a la presencia de Dios. No obstante, no recuerdo que él haya dicho nada sobre el resplandor del rostro del Señor. La expresión del salmista acerca del resplandor del rostro del Señor es muy dulce y más íntima que lo que dijo del hermano Lawrence sobre la presencia de Dios. Deberíamos orar: “Oh Señor, haz resplandecer Tu rostro sobre mi. Señor, anhelo disfrutar Tu presencia resplandeciente”. Disfrutar el resplandor del rostro del Señor es algo más rico y más satisfactorio que sólo experimentar Su presencia.

  Si usted es fiel al tener contacto con el Señor por la Palabra, también experimentará el resplandor de Su presencia. Su deseo será permanecer bajo este resplandor agradable y deleitoso. Esta experiencia y disfrute demuestran que nuestro Dios es real, presente, práctico y disponible. Lo que tenemos no es solamente una doctrina, sino el disfrute genuino de El mismo.

  Algunos afirman que les resulta difícil creer en Dios. No obstante, por haberlo probado y disfrutado tanto, me resulta aún más difícil negar que Dios existe. Mi madre me ha querido siempre. Pero ella no me podía dar la clase de disfrute que yo tengo ahora en el Señor. Dios mismo es el único que me brinda ese disfrute supremo. No encuentro las palabras para describir lo maravilloso que es disfrutar del resplandor de la presencia del Señor. Experimentar el resplandor del rostro del Señor es aún más fácil que percibir el resplandor de la luz eléctrica. Cuando yo era niño, no había electricidad en nuestra casa. Usábamos lámparas de aceite. Mi responsabilidad consistía en limpiar las lámparas y proveer el aceite, una tarea que no me gustaba en absoluto. ¡Cuán contento me puse cuando instalaron la electricidad! Ya no tenía que limpiar las lámparas ni llenarlas con aceite. Para que hubiese luz en un cuarto, todo lo que tenía que hacer era prender el interruptor. Disfrutar a Dios es más fácil que eso. Puesto que hemos sido regenerados, ahora Dios está en nuestro espíritu. El es la luz y nuestro espíritu es el interruptor. Si queremos experimentarle a El y disfrutar de Su resplandor, necesitamos simplemente prender el interruptor ejercitando nuestro espíritu.

  Una vez que Dios entre en nosotros, El jamás nos abandonará. No obstante, no todos los cristianos se dan cuenta de esto. Hace muchos años, era muy famoso un folleto sobre el Espíritu, escrito por una misión alemana en China. En este folleto, había una fotografía de una paloma, que representaba el Espíritu. Según la fotografía en este folleto, si somos buenos, la paloma se queda con nosotros, pero si ofendemos al Espíritu, la paloma se aleja. Al principio, me gustaba este libro y lo valoraba mucho. No obstante, Watchman Nee escribió artículos en contra del hecho de que el Espíritu Santo nos abandone. La paloma del Espíritu jamás se aleja. El siempre permanece con nosotros; no podemos alejarlo. Todo lo que podemos hacer es que esté descontento con nosotros. En las palabras de Pablo, podemos contristar al Espíritu Santo (Ef. 4:30). Si el Espíritu huyera de nosotros cuando no lo complacemos, no sería posible contristar al Espíritu. El hecho de que podemos contristarlo demuestra que El jamás nos abandona. Dios está con nosotros aún cuando perdemos nuestra calma. No obstante, cuando estamos a punto de enojarnos o de perder nuestra calma, debemos invocar al Señor. Entonces Aquel que está siempre con nosotros nos rescatará de nuestra ira. ¡Cuán real, disponible y práctico es El! Con los antiguos salmistas, nosotros los que creemos en Cristo podemos testificar por nuestra experiencia, y no por simple doctrina, que el Señor es real y que le disfrutamos.

EL DISFRUTE DE DIOS COMO EL ESCONDITE Y ESCUDO

  Los que buscan a Dios con amor por medio de la Palabra viva, recibieron otra bendición; disfrutar a Dios como su escondite y escudo. El salmista declaró: “Mi escondedero y mi escudo eres Tú; en Tu Palabra he esperado” (v. 114). Cuando disfrutamos a Dios como nuestra porción y experimentamos el resplandor de Su presencia, El se convierte en nuestro escondite y en nuestra cubierta. El nos cubre y nos esconde por todos lados: por arriba, por abajo, de frente y por detrás, a la derecha y a la izquierda. Debido a nuestra comisión de llevar el testimonio del Señor, nos enfrentamos a oposición y ataque. Pero tenemos un escondite, y éste es Dios mismo. Casi a diario en mis oraciones le digo al Señor que lo tomo a El como mi escondite. A menudo digo: “Señor, Tú eres una torre elevada para mi. Enséñame a esconderme en Ti”.

  Como escondite, el Señor nos sirve de descanso y de vida, pero como escudo, El es nuestra protección en el combate. Cuando un soldado sale a la batalla, él no se puede llevar su casa con él. Si quiere luchar, él debe salir de la casa. Pero él tiene un escudo que lo protege del enemigo. Del mismo modo, cuando nos enfrentamos al enemigo, Dios será un escudo que nos protege. Por estar aquí viviendo y luchando, necesitamos un escondite y también un escudo. Para nuestro vivir, Dios es nuestro escondite; para nuestro combate, El es nuestro escudo.

EL DISFRUTE DE LA AYUDA DE DIOS Y SUS BUENOS TRATOS

  El salmista disfrutaba también de la ayuda de Dios (v. 175b) y de Sus buenos tratos (v. 65). Los buenos tratos del Señor cumplen Su propósito y satisfacen nuestras necesidades. Dios jamás se equivoca en la manera en que nos trata. Su intención es siempre buena y Su motivo siempre es puro. Por ser soberano, Dios no puede equivocarse. El tiene un propósito para con nosotros, y nosotros mismos tenemos una necesidad. En su relación con nosotros, Dios se preocupa por Su propósito y también por nuestras necesidades.

  Todos nos hemos quejado alguna vez ante Dios. Si no nos quejamos abiertamente, por lo menos nos quejamos interiormente. A veces, cuando he querido quejarme en cuanto al trato de Dios para conmigo, no pude hacerlo. Me di cuenta de que el trato de Dios era un trato bueno.

  Un hermano tal vez quiera quejarse ante el Señor acerca de su esposa, o una hermana acerca de su marido. No obstante, Dios le dio a usted una esposa particular o un marido conforme a Sus buenos tratos. Repito que Dios no puede equivocarse. Su intención es buena, Su motivo es puro, y Su manera es correcta. Por consiguiente, Sus tratos para con nosotros son siempre buenos.

EL CONOCIMIENTO, LA SABIDURIA, LA COMPRENSION Y EL DISCERNIMIENTO

  Por medio de la Palabra viva de Dios, podemos disfrutar también de El como nuestra sabiduría, comprensión, discernimiento y conocimiento (Sal 119:66, 98-100, 169; 19:7b). Los que disfrutan a Dios tienen comprensión. Cuanto menos disfrutamos de El, menos estendemos. Sin comprensión, podemos comportarnos de manera insensata. Pero cuanto más disfrutamos al Señor, más comprensión recibimos.

  Resulta fácil definir el conocimiento, pero es difícil definir la sabiduría, la comprensión y el discernimiento. El conocimiento es un asunto de saber cosas. Comparado con la sabiduría, la comprensión y el discernimiento, el conocimiento es superficial. Puedo conocer a cierto hermano y a su esposa de nombre. Esto es conocimiento.

  No intentaré definir la sabiduría, la comprensión, ni el discernimiento; no obstante, por experiencia puedo decir algo al respecto. Mientras el conocimiento está relacionado con las cosas que hemos aprendido, la sabiduría no es un asunto de aprendizaje. Es algo profundo dentro de nosotros, principalmente en nuestro espíritu. La sabiduría es más profunda y más elevada que el conocimiento. La comprensión involucra a la sabiduría y también al conocimiento. Si usted tiene conocimiento sin sabiduría, no puede tener una verdadera comprensión. El discernimiento requiere tres cosas: el conocimiento, la sabiduría y la comprensión. Según las matemáticas espirituales, si juntamos el conocimiento, la sabiduría y la comprensión, tendremos el discernimiento. No obstante, el asunto se simplifica bastante cuando nos damos cuenta de que tenemos conocimiento, sabiduría, comprensión y discernimiento, mientras disfrutamos al Señor y lo experimentamos. En su experiencia, el salmista pudo decir que por disfrutar de Dios, él era más sabio que sus enemigos y entendía más que los que lo precedieron y que todos sus maestros. Al disfrutar de Dios mediante la Palabra, él ganó sabiduría, conocimiento, comprensión y discernimiento. De hecho, Dios era todas estas cosas para él.

  Creo que los jóvenes pueden testificar que en su experiencia, cuando están lejos del Señor, a menudo actúan de manera insensata y carecen de comprensión. No obstante, cuando vuelven al Señor y lo experimentan, aún un poco, inmediatamente tienen sabiduría y comprensión. Esta comprensión no viene de la educación ni del entrenamiento, sino del amor por el Señor, de tener contacto con El, y de volverse a El interiormente. El conocimiento, la sabiduría, la comprensión y el discernimiento dan por resultado nuestro disfrute del Señor.

PRESERVA, ESTABLECE Y VENCE

  Mediante la Palabra viva de Dios, los que buscan a Dios con amor también son preservados del pecado (v. 11), del tropiezo (v. 165) y de toda maldad (v. 101). Es muy fácil pecar, alejarse, o tropezar. A muchos cristianos les molestan estas tres cosas. Pero si disfrutamos de la Palabra, y si a diario entramos en ella, seremos preservados del pecado, del alejamiento y del tropiezo. Nuestros pasos serán establecidos, y seremos vencedores (v. 133). No nos dominará ninguna iniquidad. Todas las cosas negativas se hallarán debajo de nuestros pies. Esto también es el resultado de disfrutar a Dios por medio de Su Palabra viva.

  Si nuestro contacto con la Biblia no trae la cosecha de bendiciones que hemos visto en este mensaje y en el anterior, algo está mal. La manera adecuada de tener contacto con la Palabra de Dios debe dar por resultado todas estas bendiciones. Si vamos a la Palabra directamente, disfrutaremos la iluminación del Señor, Su vida, Su riego, Su restauración y Su liberación. Finalmente, disfrutaremos a Dios mismo como nuestra porción. Luego tendremos conocimiento, sabiduría, comprensión y discernimiento; seremos preservados de toda maldad. Seremos establecidos y seremos vencedores, es decir, seremos aquellos que están por encima de todo lo negativo.

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