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Mensaje 67

LA CONTAMINACION CAUSADA POR LA ACTIVIDAD DEL HOMBRE Y LA DESNUDEZ EXPUESTA POR SUS METODOS

  Lectura bíblica: Éx. 20:24-26; Fil. 3:2-3; 1 Co. 1:18-25

  En este mensaje, siento la necesidad de estudiar más a fondo el culto a Dios que vemos en los versículos 20:24-26. La adoración es un asunto muy crucial en la relación del hombre con Dios. En el transcurso de los miles de años de la historia humana, muchas personas sabias se han detenido a considerar el asunto de la adoración a Dios. Cuando esta gente medita sobre el universo, el sol, la luna, las estrellas y la tierra con todas sus plantas, criaturas y la humanidad, se dan cuenta de que debe haber un Dios, un ser todopoderoso. Luego empiezan a preguntarse cómo se debe adorar a Dios. Estas consideraciones han suscitado muchas religiones distintas. Las religiones inventadas por el hombre tienen su origen en el pensamiento humano. Al estudiar la naturaleza, el hombre ha descubierto ciertas cosas. Además, como resultado de sus observaciones y descubrimientos, él hizo deducciones. La religión es el resultado del estudio que hicieron los hombres al meditar acerca de la naturaleza con sus deducciones filosóficas.

  No obstante, según la Biblia, Dios no permite que el hombre use su propia manera para adorarlo a El. Dios no le da ningún terreno al concepto natural humano ni al pensamiento natural del hombre. El no permite que el hombre caído lo adore a El conforme a las deducciones que sacó al estudiar la naturaleza. Por un lado, Dios condena las deducciones naturales del hombre en cuanto a la adoración. Por otro, en la Biblia El revela cómo debe adorarlo el hombre.

  En Génesis, no vemos una revelación clara acerca de la manera de adorar a Dios. Exodo contiene una revelación más completa de esto. Después de que Dios llevara a Su pueblo escogido y redimido al monte, El vino a tener comunión con ellos. Hemos mencionado que la promulgación de la ley en el monte fue dada en un ambiente de cortejo. Esto significa que en el monte Sinaí, Dios cortejaba a Su pueblo. Después de darles los Diez Mandamientos, los principios que gobiernan toda la la ley de Dios, El siguió adelante y dio muchas ordenanzas. Entre el momento en que fueron dados los Diez Mandamientos y el decreto de las ordenanzas, Dios habló al pueblo acerca de la manera en que debían adorarlo (20:22-26). En cinco cortos versículos, se cubren los puntos principales relacionados con la adoración a Dios. Como lo veremos, en 20:24-26, Dios rechaza totalmente la actividad y los métodos humanos.

  Cuando era joven consideraba estos versículos en Exodo 20 como algo primitivo e inculto. Me parecía que no se necesitaba ninguna habilidad ni inventiva para hacer un altar de tierra ni de piedra. Hasta un niño podría hacerlo. Incluso la gente más primitiva, inculta y sin educación podía edificar este altar para adorar a Dios. No entendía por qué Dios estaba dispuesto a aceptar un altar tan primitivo. Esta no sería la forma en que el hombre construiría el altar.

  Según la historia de la civilización, al hombre le gusta construir torres y rascacielos. Los que viven en Nueva York, París, o Tokio, pueden jactarse respectivamente del edificio Empire State, de la torre Eiffel y de la torre de Tokio. El hombre caído aspira construir algo elevado. Vemos el primer caso de esto en Babel (Gn. 11), donde el pueblo buscaba construir no solamente una ciudad, sino también una torre de la cual podían jactarse. Esto indica que los edificios elevados son construidos para que el hombre se jacte. Cuanto más culta es la gente, más elevados son los edificios que construyen. Sin embargo, Dios manda construir un altar sin escalera. Al hombre le gusta edificar algo con la mayor cantidad posible de escalones. En cuanto a la adoración a Dios, El no permite la capacidad, habilidad, inventiva, sabiduría, labor, ni poder del hombre. Por el contrario, el altar de Dios debe ser algo que a los ojos del hombre, es primitivo e inculto.

  En cuanto a la adoración de Dios, la tendencia del hombre natural consiste en usar su propio poder y sabiduría. La gente usa su sabiduría para hacer planes y usa su poder, incluyendo todas las habilidades y capacidades que posee para llevar a cabo sus planes. No obstante, 20:24-26 nos enseña que Dios no reconoce la sabiduría y el poder del hombre. Moisés fue educado en Egipto y conocía todos los aspectos de la cultura egipcia, por ser “educado en toda la sabiduría de los egipcios” (Hch. 7:22), pero Dios no le permitió usar su sabiduría con el fin de edificar un altar que lo adoraran. Moisés no era el único entre el pueblo de Dios que conocía la cultura egipcia. Todos los que salieron de Egipto con él habían nacido allí y hacían las cosas de la manera egipcia. Todos ellos recibieron una fuerte infusión de cultura egipcia. En 20:24-26, Dios les habló claramente acerca de la adoración, pidiéndoles que hicieran un altar de tierra o de piedras. No debían usar piedra tallada, no debían construir un altar tan elevado que necesitara gradas para alcanzarlo. Tal parece que Dios les dijo: “No me interesa la obra ni actividad humanas; tampoco me interesan los métodos ni los conceptos humanos. Para el altar, deben usar los materiales que yo creé. Solamente quiero lo que creé, y no la obra del hombre”.

  En teología, a menudo se distingue la religión natural de la religión revelada. Muchos consideran el cristianismo como una religión revelada, la cual tiene su fuente en la revelación de Dios, y consideran las demás religiones como algo natural. No obstante, es muy triste que aun en el cristianismo actual se recalca tanto la obra del hombre como los ma manera humana. En cualquier grupo cristiano podemos detectar fácilmente la obra del hombre y la manera humana, pero es difícil encontrar algo que se base puramente en la revelación de Dios. Considere la situación en el catolicismo y el protestantismo. ¡Cuántos inventos, habilidad, capacidad, planes, maneras, poder y sabiduría humanos! Aun los sermones que dan están llenos de estas cosas. ¿Dónde puede usted escuchar un sermón puro y limitado a la revelación de la Biblia? La mayoría de los sermones tienen muchos elementos de cultura, a menudo mezclados con la verdad de la Palabra. Hace unos años, algunos entre nosotros oímos un mensaje que dio el papa. Este mensaje era una mezcla de verdad bíblica y pensamiento humano. La obra, poder y sabiduría humanos han saturado completamente al cristianismo actual. Como resultado, se ha convertido en una mezcla de revelación de Dios y de religión humana.

  Si leemos detenidamente 20:24-26, veremos que la revelación de Dios no da lugar a la obra del hombre ni a su manera. Dios no da siquiera un pequeño lugar al poder del hombre, a su capacidad, a sus habilidades, fuerza, fortaleza, sabiduría, ni a sus planes. Del mismo modo, en el recobro del Señor, no dejamos ningún lugar a la obra del hombre ni a la manera humana. Tengo la certeza de que si alguien llevara un estudio sobre el recobro, se daría cuenta de que no concedemos ningún terreno a la obra del hombre ni a la manera humana. Algunos se preguntarán si la práctica de orar-leer la Palabra es algo inventado por el hombre. No obstante, el orar-leer no es una invención humana; por el contrario, se conforma a la Biblia.

  En el cristianismo actual, es fácil ver la obra humana y la manera del hombre. Podemos observar esto aun en la superficie. Entre la mayoría de los cristianos, la obra del hombre y su manera son algo que resalta. Los que han recibido una fuerte influencia de la obra del hombre y de su manera y consideran las reuniones de la iglesia en el recobro del Señor como algo primitivo e inculto. Su actitud hacia nosotros es esta: somos ignorantes y no tenemos ni conocimiento ni educación. Cuando cierta persona me visitó hace algunos años, me preguntó cuántos entre nosotros tienen doctorados. El se jactaba de que entre los que están con él había más de cien personas con doctorado. Este es un ejemplo de que en el cristianismo actual le presta mucha atención al poder humano, a la capacidad, habilidad, y sabiduría humanos. La gente puede pretender adorar a Dios, pero en su adoración, la obra y la manera del hombre en realidad han han descartado a Dios. Cuando el imperio romano adoptó el cristianismo, se introdujeron muchos elementos culturales en la llamada iglesia católica. Constantino el Grande abrió el camino para que se introdujeran muchas cosas paganas. Esto hizo que el cristianismo llegara a ser una mezcla de los diferentes elementos de la cultura humana. Además, la iglesia católica introdujo todas estas cosas en su culto. Por esta razón, en el culto practicado en el catolicismo hay muchas invenciones humanas. El catolicismo está lleno de maneras, obras, poder y sabiduría humanas. No obstante, a los ojos de Dios es abominable introducir algo humano en la adoración a El.

  Ahora quisiera dirigir una palabra especial a los jóvenes. No sabemos cuándo el Señor volverá. El recobro puede necesitar varios años todavía. Cuando algunos de ustedes empiecen a tomar la delantera en las iglesias, pensarán que el recobro del Señor fue llevado a este país de manera primitiva. Luego ustedes desearán usar “herramientas” para tallar piedras, embellecer el recobro y exaltarlo. Se necesitará automáticamente “gradas” para alcanzar lo que ha sido edificado de esta manera. De hecho, en el pasado algunos propusieron unas cosas para elevar el recobro en ciertos aspectos. Algunos intentaron establecer una pirámide en cuanto al grupo de servicio. Sin embargo, por la misericordia y la gracia del Señor, esta pirámide fue demolida. Cada una de las escaleras llevando a la cima de la pirámide fue derrumbada. Más bien, dimos simplemente a cada uno la oportunidad de servir si así lo deseaba.

  Jóvenes, no traigan la obra y manera humanas en el culto a Dios. Introducir algo humano es un insulto al Dios que adoramos. Si estudiamos la historia de la religión y la situación presente del cristianismo, veremos una abundancia de obra y manera humanas. Pero lo repito: Dios no permite que estas cosas sucedan en Su adoración.

I. LA CONTAMINACION CAUSADA POR LA OBRA HUMANA

A. El hombre caído es pecado a los ojos de Dios

  Exodo 20:25 dice: “Y si me hicieres altar de piedras, no las labres de cantería; porque si alzares herramientas sobre él, lo profanarás”. Aquí vemos que Dios no permite que la obra humana forme parte de la adoración a El. Todo el ser humano caído es pecado, contaminación, a los ojos de Dios. Seamos cultos o incultos, educados o no, somos pecado delante de Dios. Por esta razón, Dios no puede aceptar ninguna obra humana. Lo único que puede lograr la obra del hombre es contaminar la adoración de Dios, pues el hombre mismo es contaminación. No añada nada del hombre a la adoración de Dios. Añadir la obra del hombre a la cruz es algo abominable a los ojos de Dios.

  Para adorar a Dios, se necesita un altar. La Biblia muestra claramente que sin altar, no se puede adorar a Dios. El hombre caído no puede adorar directamente a Dios. Para adorarle a El, debemos pasar por el altar. Muchos cristianos se dan cuenta de que en el altar se provee la redención por medio de las ofrendas. Esto es cierto, pero el altar hace mucho más que eso. El altar también nos acaba. Todo aquel que adora a Dios es aniquilado en el altar. Puesto que somos pecado y contaminación, debemos decirle al Señor cuando lo adoremos: “Señor, lávame con Tu sangre preciosa y cúbreme contigo mismo. Señor, en mí mismo no me atrevo a hacer nada. Vengo a adorarte a través de Tu cruz. Lávame con Tu sangre redentora y cúbreme contigo mismo como mi justicia. Por ser una persona caída, no me atrevo a hacer nada, planificar nada, ni traer nada de mí mismo”. Todos debemos entender esto cuando adoremos a Dios.

  Tengo el denuedo de predicar la palabra de la Biblia, pero no tengo el denuedo de hacer propuestas acerca de asuntos de la vida de iglesia. Cuando unos hermanos vienen a proponerme algo, los aliento a orar para saber si eso viene realmente del Señor. Todo lo que procede de nosotros es contaminación. Por consiguiente, nada del hombre caído debería formar parte de la adoración a Dios.

B. Ninguna obra humana es aceptable para Dios

  Puesto que el hombre caído es contaminación a los ojos de Dios, ninguna obra humana es aceptable para El. Caín fue condenado porque él adoró a Dios con su propia obra. El pensaba que podría traerle a Dios algo de lo que él había conseguido mediante su labor. Pero Caín no se dio cuenta de que él era contaminación a los ojos de Dios y que todo lo que procedía de él era también contaminación. Por consiguiente, lo que él ofreció a Dios no era aceptable para El. Por el contrario, era totalmente abominable. Todo lo que procede de nosotros, todo lo que viene de nuestra labor es contaminación y no es aceptable para Dios.

C. Añadir la obra humana a la cruz es abominable para Dios

  Añadir la obra del hombre a la cruz es algo abominable. La cruz es totalmente la obra de Dios, y ninguna obra humana debe ser añadida a ella.

  En Primera de Corintios 1:18, Pablo afirma que “la palabra de la cruz es necedad para los que perecen; mas para los que se salvan, esto es, para nosotros, es poder de Dios”. ¿Por qué es la cruz una locura para los que perecen? Es locura porque es algo rústico, primitivo y totalmente desprovisto de cultura, belleza, o arte humano. En la época de Pablo, la cruz era el medio utilizado para ejecutar criminales. No obstante, Dios usó este medio para salvarnos. Por consiguiente, ésta fue una piedra de tropiezo para los judíos y una locura para los griegos.

  En Primera de Corintios 1:23, Pablo afirma: “Predicamos a Cristo crucificado”. Es significativo que aquí Pablo no afirma que él predicaba al Cristo resucitado, ascendido, glorificado, o entronizado. En el pasado a veces me he preguntado ¿por qué Pablo no dijo a los griegos que él predicaba al Cristo ascendido y exaltado? Por el contrario, Pablo predicó al Cristo crucificado. El predicó a Aquel que murió en la cruz, ejecutado como si fuese un criminal. Para los judíos, la predicación de Cristo crucificado es una piedra de tropiezo, y para los griegos es una locura, pero para los que son llamados, tanto judíos como griegos, este Cristo es el “poder y sabiduría de Dios” (v. 24). ¡Alabado sea el Señor porque fuimos llamados a recibir un Cristo crucificado! La decisión de recibir a este Cristo no se originó en nosotros; lo hemos recibido porque Dios nos ha llamado. Dios nos ha predestinado para recibir este Cristo.

  No obstante, después de recibir al Cristo crucificado, muchos cristianos intentan embellecerlo. Algunos aún intentaron embellecer la iglesia a los ojos de los hombres. No obstante, para nosotros embellecer algo en el recobro del Señor es insultar a Dios. En lugar de embellecer cosas, debemos permanecer en lo que el hombre consideraría como una situación primitiva e inculta. En lugar de piedras talladas, deberíamos tener un altar de piedras o de tierra creadas por Dios. Este altar es aceptable para El.

  Puesto que no añadimos obra humana a la cruz, sino que tenemos solamente un altar primitivo, el hablar del Señor está con nosotros. No somos capaces ni más inteligentes que los demás. No obstante, por no dar terreno a la obra del hombre, el Señor sigue abriendo Su palabra a nosotros y mandando Su luz.

II. LOS METODOS DEL HOMBRE EXPONEn LA DESNUDEZ

A. La desnudez denota la vergüenza del hombre caído

  Exodo 20:26 dice: “No subirás por gradas a mi altar, para que tu desnudez no se descubra junto a él”. Esto indica que la manera del hombre expone la desnudez. Según Génesis 3:7, la desnudez denota la vergüenza del hombre caído. Antes de la caída, el hombre no estaba vestido. El estaba desnudo pero la desnudez no existía ya que no había vergüenza. Pero inmediatamente después de la caída, Adán y Eva descubrieron que estaban desnudos e intentaron cubrirse. Por consiguiente, en la Biblia, la desnudez denota la vergüenza del hombre caído.

B. Dios prepara a Cristo como nuestra justicia para cubrir nuestra desnudez

  Génesis 3:21 dice: “Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió”. Estas túnicas de pieles tipifican a Cristo como nuestra justicia para cubrir nuestra vergüenza (1 Co. 1:20; 2 Co. 5:21; Fil. 3:9). Ahora estamos bajo Cristo como nuestra cobertura completa. Según Gálatas 3:27, hemos sido revestidos de Cristo; nos hemos vestido de El. Esto significa que Cristo es comparado con un vestido que nos ponemos. ¡Alabado sea el Señor porque podemos jactarnos delante de Dios que estamos plenamente cubiertos con Cristo! La salvación de Dios en Cristo nos cubre completamente con El mismo.

  La salvación de Dios nos viste con Cristo, pero la manera humana descubre la desnudez de su naturaleza caída. El subir gradas por al altar expone nuestra desnudez. Esto indica que la sabiduría del hombre al edificar un altar con gradas para adorar a Dios expone la desnudez del hombre. El principio aquí es que la sabiduría del hombre al construir gradas nos aparta de Cristo. En nuestra experiencia, sabemos que cuando ejercemos nuestra propia sabiduría para planificar algo relacionado con el culto a Dios, en realidad ponemos a Cristo a un lado. Además, si los ancianos en una iglesia ejercen su sabiduría para hacer planes o para edificar algo elevado con gradas, Cristo será puesto a un lado. En lugar de ejercer nuestra sabiduría y hacer nuestros planes, debemos confiar plenamente en Cristo. Entonces permaneceremos en Cristo como nuestra cubierta.

  Durante mis años en el ministerio del Señor, he aprendido que al darme cuenta de alguna necesidad, debería inclinarme delante del Señor y orar: “Señor, cúbreme. No sé qué decir a los hermanos. Señor, que Tú seas el todo en esta situación”. Orar de esta manera equivale a guardarnos bajo Cristo como nuestra cubierta. Pero, si pretendemos aconsejar a los demás y decirles lo que deben hacer, exponemos nuestra desnudez, la vergüenza de nuestra naturaleza caída.

  Si permanecemos bajo Cristo como nuestra cubierta cuando se presentan varias situaciones o cuando surgen problemas y no ejercemos nuestra sabiduría para solucionarlos, estaremos cubiertos, y nadie verá la vergüenza de nuestra naturaleza caída. Pero cuanto más ejerzamos nuestra sabiduría para hacer planes y construir “gradas”, más quedaremos expuestos. El hecho de quedar expuesto es algo vergonzoso y condenado por Dios. Dios nunca permite que los que lo adoran estén desnudos. Los sacerdotes en el Antiguo Testamento debían llevar vestidos largos para que Dios viera solamente el vestido que los cubría. Los vestidos largos que llevaban los sacerdotes tipifican al Señor Jesucristo. El es nuestro vestido largo. Mientras adoramos a Dios, debemos permanecer en Cristo y estar bajo El como nuestra cubierta. Esto requiere que nos abstengamos de introducir nuestra sabiduría o planes para construir un gran altar con gradas.

  La manera del hombre no sólo descubre la desnudez de su naturaleza humana, sino que también promueve su habilidad natural y crea distintos niveles de logros. En el catolicismo, existe un sistema jerarquizado con muchas “gradas”, muchos niveles de habilidad humana. Ciertamente, la manera humana promueve sus propios logros por la capacidad natural y crea distintos niveles de estas. Pero así como la obra humana es añadida a la cruz y es algo abominable para Dios, también la manera humana de adorar a Dios es una abominación para El.

III. EL ALTAR, LA CRUZ, PONE FIN AL HOMBRE CAIDO CON TODAS SUS OBRAS Y METODOS

  Cuando adoramos correctamente a Dios, debemos ir al altar. El altar nos aniquilará con todas nuestras obras y métodos. Como gente caída, debemos pasar por el altar, la cruz, si hemos de adorar a Dios. Como hemos mencionado, la cruz no solamente provee la redención de Cristo para el hombre, sino que también aniquila al hombre caído con su capacidad y sabiduría. El hombre caído no puede complacer a Dios con su habilidad y sabiduría. Por consiguiente, debemos identificarnos con la ofrenda en el altar y ser aniquilados. En el Antiguo Testamento, el que ofrecía una ofrenda colocaba su mano encima cuando lo mataban. Esto indica que aquel que ofrecía una ofrenda se identificaba a sí mismo con ella. Cuando la ofrenda era aniquilada, aquel que lo ofrecía era aniquilado en el sacrificio. Por consiguiente, en el culto a Dios, debemos identificarnos con Cristo como nuestro sacrificio en la cruz y ser aniquilados.

IV. LA VIRTUD DE CRISTO COMO HOLOCAUSTO Y LA OFRENDA DE PAZ EN LA ADORACION A DIOS

  Exodo 20:24 dice: “Altar de tierra harás para mi, y sacrificarás sobre él tus holocaustos y tus ofrendas de paz, tus ovejas y tus vacas; en todo lugar donde yo hiciere que esté la memoria de mi nombre, vendré a ti y te bendeciré”. Este versículo menciona el holocausto y la ofrenda de paz. Después de ser aniquilados por nuestra identificación con el sacrificio del altar, adoraremos a Dios en la virtud de Cristo como holocausto y ofrenda de paz. Por una parte, una persona acabada por la cruz adora a Dios en la virtud de Cristo como el holocausto para satisfacción de Dios. Por otra parte, esta persona adora a Dios en la virtud de Cristo como ofrenda de paz para satisfacción mutua de Dios y de los que le adoran. Esta es la adoración que Dios busca, la adoración que El ha ordenado y que acepta. Por consiguiente, aprendamos a no introducir nuestra obra y nuestra manera, nuestro poder y nuestra sabiduría, nuestra capacidad y nuestros planes, en la adoración a Dios. Por el contrario, debemos rechazar todas estas cosas. Un verdadero adorador de Dios es una persona aniquilada en la cruz con su poder y sabiduría y que adora a Dios en la virtud de Cristo.

  En 20:22-26 vemos que la adoración que Dios desea es la adoración por medio de la cruz y con Cristo, mediante el altar y los sacrificios. El altar tipifica la cruz, y aniquila a todos aquellos que desean adorar a Dios, y los sacrificios, que tipifican a Cristo, satisfacen a Dios y nos dan una satisfacción mutua con El y con los demás adoradores. En esto vemos la esencia vital de la adoración que Dios acepta. Debemos adorar a Dios por medio de la cruz que nos aniquila y con Cristo quien introduce a Dios y todos los adoradores en una satisfacción mutua.

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