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Mensaje 73

El Angel de Jehová ayuda a Su pueblo a tomar posesión de la tierra prometida

(1)

  Lectura bíblica: Éx. 23:20-33; 3:2, 4, 6, 14, 16; 14:19-20; Jue. 13:17-19; Zac. 2:8-9

  Exodo 20 al 23 es una sección que contiene el decreto de la ley mosaica. En estos capítulos, primero vemos el decreto de los Diez Mandamientos y luego la promulgación de las ordenanzas de la ley. En el mensaje anterior, mencionamos que si deseamos estudiar a fondo las ordenanzas que aparecen en los capítulos veintiuno al veintitres, veremos que describen la economía de Dios con la redención de Cristo.

  Es muy significativo que la conclusión del capítulo veintitres hable del Angel de Jehová (vs. 20-33). El versículo 20 dice: “He aquí yo envío mi Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado”. El Angel llevaría al pueblo a la tierra prometida. En estos versículos las dos cosas principales acerca de la tierra son los obstáculos y los límites. Había gente que vivía en la tierra y que obstaculizaba a los hijos de Israel, pues les impedía tomar posesión de ella. El versículo 23 dice: “Porque Mi Angel irá delante de ti, y te llevará a la tierra del amorreo, del heteo, del ferezeo, del cananeo, del haveo y del jebuseo, a los cuales yo haré destruir”. En el versículo 31, vemos algo acerca de los límites de la tierra: “Y fijaré tus límites desde el mar Rojo hasta el mar de los filisteos, y desde el desierto hasta el Eufrates, porque pondré en tus manos a los moradores de la tierra, y tú los echarás de delante de ti”. Si deseamos tomar posesión de la tierra prometida, debemos vencer los obstáculos y también prestar atención a los límites de la tierra. El Angel de Jehová desempeña un papel importante al llevar el pueblo a la tierra; por esta razón, este mensaje se titula: “El Angel de Jehová ayuda a Su pueblo a tomar posesión de la tierra prometida”. La conclusión de la promulgación de la ley y de las ordenanzas se refiere al Angel de Jehová y a la tierra prometida.

  Tanto el Angel como la tierra prometida son tipología de Cristo. El Angel tipifica a Cristo como Aquel que es mandado por Dios para guardarnos en el camino e introducirnos en la tierra. Cristo es este enviado, el enviado de Dios. La buena tierra tipifica a Cristo en todo lo que El abarca. Por tanto, Cristo como el enviado nos introduce en El mismo como la buena tierra. Esta buena tierra es la meta, el objetivo del propósito de Dios. Puesto que la buena tierra tipifica a Cristo, esto significa que El es la meta. ¿Quién nos llevará a esta meta? Nadie más que Cristo mismo. Por una parte, Cristo es la buena tierra; por otra, es Aquel que nos introduce en la buena tierra.

  En Exodo 21 al 23, las ordenanzas describen por lo menos diecinueve aspectos distintos de Cristo. Cristo es el sacrificio, el esclavo, el sábado, Aquel que nos fue entregado a nosotros los pecadores por equivocación y lo llevamos a la muerte, también es la ciudad de refugio, y Aquel que da la vida a Sus enemigos y libera de sus cargas pesadas a aquellos que lo aborrece. Además, en estos capítulos, la cruz de Cristo es tipificada de dos maneras. Primero, el altar en 20:24-25 tipifica la cruz. Hebreos 13:10 dice: “Tenemos un altar, del cual no tienen derecho de comer los que sirven al tabernáculo”. Este altar se refiere a la cruz en la cual el Señor Jesús se ofreció a Sí mismo como el sacrificio por nuestros pecados. Los hijos de Israel tenían un altar, pero éste era simplemente un tipo, nosotros tenemos el verdadero cumplimiento de este tipo, a saber, la cruz. Segundo, la cruz es tipificada por el vino y por el aceite que producen el “lagar”. Este lagar representa el reboso de la experiencia de Cristo por medio de los sufrimientos de la cruz. Exodo 22:29 habla de la plenitud y del lagar. La plenitud representa toda la cosecha del producto de la buena tierra. El lagar representa el reboso del vino y del aceite de las prensas.

  Por un lado, la iglesia es un lugar agradable, y la vida de iglesia es maravillosa. Por otro, la vida de iglesia es una prensa donde se produce vino y aceite. Nuestra vida de familia también es una prensa. Estamos presionados por nuestro marido o esposa y por nuestros hijos. Si no tuviéramos la experiencia de la prensa en la vida de iglesia y en nuestra vida familiar, no habría ningún lagar, ningún reboso de vino ni de aceite.

  Después de presentar por lo menos diecinueve aspectos de Cristo y dos aspectos de la cruz, estos capítulos concluyen con una palabra acerca del Angel de Jehová que lleva al pueblo a la tierra prometida. Incluso la versión Reina Valera pone la palabra Angel en mayúsculas en el versículo 23:20. Esto indica que los traductores se dieron cuenta de que este Angel es único y extraordinario. Este Angel representa a Cristo mismo.

  El hecho de que el decreto de la ley concluya con una porción acerca del Angel y de la buena tierra indica que el propósito del decreto de la ley es que aquellos que recibieron la ley podían entrar en la buena tierra. La intención de Dios no era simplemente dar la ley a Su pueblo. Su intención consistía en introducir a los hijos de Israel en la buena tierra. Exodo 23:20 dice: “He aquí Yo envío Mi Angel delante de ti ... y te introduzca en el lugar que yo he preparado”. Parece como si el Señor estuviera diciendo a Su pueblo: “Les he dado la ley y las ordenanzas. No obstante, no es Mi meta. No les saqué de Egipto solamente para darles regulaciones. Mi intención es adiestrarlos, disciplinarlos y regularlos para que sean un pueblo adecuado, el cual Yo llevaré a la buena tierra. He aquí, Yo envío a un Angel delante de ustedes para dirigirlos en el camino e introducirlos en la tierra prometida. Esta es Mi meta”. Por esta razón, inmediatamente después del decreto de la ley y de las ordenanzas, Dios habla del Angel que lleva a Su pueblo a la buena tierra.

I. EL ANGEL DE JEHOVA

A. Enviado por Jehová

  Según Exodo 23:20 el Angel de Jehová fue enviado por Jehová. Aquí tenemos al que envía y al enviado. Zacarías 2:8-9 indica que el que envía y el enviado son uno. El versículo 8 dice: “Porque así ha dicho Jehová de los ejércitos: tras la gloria me enviará él a las naciones que os despojaron”. El versículo 9 concluye así: “y sabréis que Jehová de los ejércitos me envió”. Estos versículos indican que Jehová de los ejércitos envió a Jehová de los ejércitos. Según el versículo 8, Jehová de los ejércitos declara: “tras la gloria me enviará El...”. Aquí vemos que el que envia y el enviado en realidad son uno.

  Los partidarios de la teología sistemática preguntarán cómo podemos afirmar que Cristo el Hijo y el Padre son uno. Señalarán el hecho de que el Hijo oró al Padre y que el Padre le contestó (Lc. 3:21-22). Si el Padre y el Hijo son uno, ellos preguntan: “¿Cómo podría el Hijo orar al Padre, y cómo podría el Padre contestar al Hijo?" Encontramos la respuesta en Zacarías 2. ¿Quién es el enviado, y quién es el que envía? En Zacarías 2:8-9, cuando dice “El”, el que envía, y “Mí” el enviado, se refiere a Jehová de los ejércitos. Según estos versículos, Jehová envió a Jehová, pues El es tanto el que envía como el enviado. Es lo mismo en Exodo 23:20, donde vemos que el Angel de Jehová fue enviado por Jehová.

B. El nombre de Jehová en El

  En cuanto al Angel de Jehová, el versículo 21 declara: “Mi nombre está en El”. El nombre de Jehová significa “Yo soy quien soy” (3:14). Este nombre está en el Angel de Jehová. ¿Por qué está el nombre de Jehová en el Angel? Simplemente porque el Angel es Jehová mismo. Si el Angel no fuese Jehová, ¿cómo podría el nombre de Jehová estar en él? El nombre de una persona es idéntico a la persona misma. No podemos separar a una persona de su nombre, pues éste indica su mismo ser. Por esta razón, no hablamos simplemente de nosotros mismos como personas, sino que nos identificamos por nombre. El nombre de Jehová estaba en el Angel y era inseparable.

C. Jehová mismo

  Exodo 3 indica claramente que el Angel es Jehová. El versículo 2 dice: “Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza”. Al leer el capítulo tres, vemos que Jehová fue El que se apareció a Moisés y le habló (vs. 4, 6, 14, 16). Además, el que apareció a Moisés, es el Dios Triuno, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. El Angel de Jehová equivale a Jehová, El equivale a Dios y Dios es Triuno: el Padre, el Hijo, y el Espíritu, como lo representa el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob. Por consiguiente, este Angel de Jehová en realidad es el Dios Triuno. Además, este Angel es Cristo, y El es el Hijo de Dios. Esto significa que el Hijo de Dios es Jehová Dios, el Dios Triuno.

D. Su voz es el hablar de Jehová

  Exodo 23:22 dice: “Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere”. Esto indica que la voz del Angel es el hablar de Dios. En Juan 14:10, el Señor Jesús dijo: “Las palabras que Yo os hablo, no las hablo por Mi propia cuenta, sino que el Padre que permanece en Mí, El hace las obras”. Así como la voz del Angel era el hablar de Jehová, el hablar del Hijo era la obra del Padre. El hecho de que la voz del Angel era la voz de Jehová demuestra claramente que el Angel y Jehová son uno.

  Si estudiamos el relato del Antiguo Testamento acerca del viaje de los hijos de Israel desde Egipto, por el desierto, y en la buena tierra, no encontraremos ni un solo caso en el cual el Angel de Jehová hablara. ¿Entonces por qué Dios habla de la voz del Angel, si éste jamás dijo nada? La razón es sencilla: Dios era El que habló. El hablar de Dios era la voz del Angel. Dios se mandó a Sí mismo para acompañar a Su pueblo, guardarlo en el camino, y llevarlo a la buena tierra. Esto indica que el Angel y Dios eran verdaderamente uno. Por tanto, el hablar de Dios era la voz del Angel.

  Mientras consideramos el hecho de que el hablar de Dios era la voz del Angel, vemos que esto implica el asunto de la Trinidad. La Trinidad es la impartición de Dios en el hombre. Aún con los hijos de Israel en el Antiguo Testamento, podemos ver la impartición de Dios.

E. Iba delante de los hijos de Israel

  Exodo 23:23 dice: “Mi Angel irá delante de ti”. En 14:19, vemos claramente que el Angel de Jehová conducía al pueblo: “Y el Angel de Dios que iba delante del campamento de Israel, se apartó e iba en pos de ellos; y asimismo la columna de nube que iba delante de ellos se apartó y se puso a sus espaldas”. El Angel se refiere a Cristo, y la nube representa el Espíritu. El Padre también estaba presente, pero estaba oculto. Por tanto, en Exodo 14, el Dios Triuno estaba presente. El Hijo era el Angel protector, el Espíritu como nube era tinieblas para los egipcios y luz para los hijos de Israel, y detrás del Angel y de la nube, del Hijo y el Espíritu, estaba el Padre. Aquí vemos el Dios Triuno que se aplica a Sí mismo al pueblo en su situación. Por tanto, podemos definir la Trinidad como la aplicación de Dios a Su pueblo. Sin la Trinidad, Dios no podía aplicarse a Su pueblo elegido en Su destreza en Exodo 14.

  Ya mencionamos que la Trinidad denota la impartición del Dios Triuno y también Su aplicació. Indudablemente, para muchos cristianos estas definiciones parecerán completamente nuevas. No obstante, en la Palabra de Dios, queda patente que fuera de la Trinidad, Dios no tiene ninguna posibilidad de aplicarse a Sí mismo a Su pueblo. Cuando Dios dijo: “He aquí, envío a un Angel delante de ti”, El no les dio solamente leyes y ordenanzas, sino que se aplicaba a Sí mismo a ellos.

F. Los guardó en el camino

  Exodo 23:20 nos indica que el Angel de Jehová guardaba y preservaba al pueblo durante el camino. Encontramos un excelente ejemplo de cómo el Angel los guardaba en el capítulo catorce, cuando los egipcios perseguían a los israelitas (vs. 19-20).

G. Los introdujo en la buena tierra

  Exodo 23:20 declara que el Angel introduciría al pueblo en el lugar que Dios había preparado. En el versículo 23, vemos que esta tierra estaba ocupada por tribus paganas. El Angel de Jehová llevaría al pueblo de Dios a esta buena tierra.

II. LA TIERRA PROMETIDA

A. Sus límites

  El versículo 31 describe los límites de la tierra prometida: “Y fijaré tus límites desde el mar Rojo hasta el mar de los filisteos, desde el desierto hasta el Eufrates”. El “mar de los filisteos” se refiere al mar Mediterráneo. La tierra que se encuentra entre el mar Mediterráneo y el río Eufrates es muy extensa, más extensa que el territorio que los hijos de Israel podían habitar. Mi punto no gira alrededor de lo extenso de la tierra, sino en lo que concierne a los límites y su significado espiritual. Las fronteras iban de “el mar Rojo hasta el mar de los Filisteos”. Estos mares representan las aguas de muerte. Por tanto, de mar a mar significa de muerte a muerte. Eso significa que uno de los límites de la tierra prometida es la muerte. El versículo 31 afirma también que el límite debía ser “desde el desierto hasta el río”. El río representa también el agua de muerte, y el desierto representa la esterilidad. Si estudiamos un mapa, veremos que la tierra prometida está rodeada de muerte y de esterilidad. No obstante, la tierra en sí es una región de vida repleta de fruto.

  Hemos mencionado que la tierra prometida tipifica a Cristo. Al ver que los límites de la buena tierra son muerte y esterilidad, nos damos cuenta de que fuera de Cristo sólo hay muerte y esterilidad. La muerte y la esterilidad rodean a Cristo como nuestra buena tierra y son Sus límites. La Biblia indica que la tierra prometida está elevada. Esto significa que Cristo es elevado en resurrección. No obstante, esta tierra elevada, este Cristo elevado, está rodeada de muerte y de esterilidad.

  Debemos aplicar los límites de la buena tierra a nuestra experiencia espiritual y preguntarnos donde estamos. ¿Dónde está usted? ¿está en la mar Rojo, en el mar Mediterráneo, o en el Eufrates? En otras palabras, ¿está usted en las aguas de muerte? ¿está vagando en un desierto estéril? Repito: la buena tierra está rodeada de aguas de muerte y de la esterilidad del desierto. Pero el territorio de la buena tierra es elevado y fructífero, lleno de vida y de fruto. ¡Aleluya, esta buena tierra es nuestro territorio!

B. Los impidimentos

  Muchos cristianos no entienden correctamente la tierra prometida. Algunos piensan que la buena tierra se refiere a los cielos. Un himno muy conocido habla aún de cruzar la corriente fría del Jordán y de pasar por encima a la buena tierra de los cielos. Según el concepto de muchos, morir significa cruzar el Jordán, y entrar en la tierra significa ir al cielo. Pero, ¿qué hay de las tribus paganas y de sus ídolos? ¿Estarán los cielos llenos de paganos y de ídolos? ¿es necesario luchar contra estas tribus paganas y destruir sus ídolos después de entrar en los cielos? Si nos planteamos estas preguntas, y consideramos el significado de las tribus paganas y de sus ídolos, nos daremos cuenta de que la tierra prometida no se refiere a los cielos.

  Según otra interpretación, la buena tierra tipifica los lugares celestiales mencionados en Efesios 6. En los lugares celestiales, hay fuerzas malignas contra las cuales debemos luchar. Esta interpretación es adecuada. No obstante, la Biblia enseña que la habitación de los santos no será en el aire, los lugares celestiales. ¿Espera usted ir a la atmósfera y morar allí? Por tanto, nos es adecuado decir que la buena tierra se refiere a los lugares celestiales de Efesios 6.

  Durante muchos años, intentamos descifrar el significado de la buena tierra. Hace aproximadamente cuarenta años, empezamos a darnos cuenta de que la buena tierra tipifica al Cristo todo-inclusivo. En la historia de Israel, Cristo está descrito por distintas tipologías: el cordero pascual, los panes sin levadura, las hierbas amargas, los sacrificios, el maná, la peña golpeada de la cual fluye agua viva y el tabernáculo con sus utensilios. La buena tierra tipifica también a Cristo. Sin la buena tierra como tipología, no tendríamos una tipología final, consumada y todo-inclusiva de Cristo.

  Dios redimió a Su pueblo por medio de Cristo como el cordero pascual para que entraran en la buena tierra. Dios tiene una meta: que entremos en el pleno disfrute de Cristo como Aquel que es todo-inclusivo. Al ser redimidos por medio de Cristo como el cordero pascual, en nuestro camino a la buena tierra, le disfrutamos Cristo como el maná y la roca. Por una parte, quedamos satisfechos con Cristo como el cordero pascual y el maná. Por otra, en estos aspectos exalta nuestro apetito por El. Al perseguir algo más rico, más grande y todo-inclusivo acerca de Cristo, es decir, El como la buena tierra, lo experimentamos como el maná diario. No obstante, nuestra meta consiste en entrar en Cristo como la tierra todo-inclusiva.

  Según Exodo 23:23-24, 32-33, hay gente que nos impide tomar posesión de la tierra. Estas personas que nos frustran, las distintas tribus paganas que vivían en la tierra, representan diferentes aspectos de nuestra vida natural. Por ejemplo, una de las tribus eran los cananeos. La palabra Canaán significa mercader. En nuestra vida natural, había un cananeo, alguien que anhelaba conseguir dinero. Otras tribus representan los apetitos del hombre natural y la avaricia de la vida natural. En principio, todas las tribus paganas representan a aspectos de la vida natural. En un sentido, estas tribus están en nosotros. Esto significa que en nuestra vida natural, existen muchas personas que nos frustran y nos impiden tomar posesión del Cristo todo-inclusivo.

  Exodo 23:24 indica que estas tribus paganas tenía ídolos: “No te inclinarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás como ellos hacen; antes los destruirás del todo, y quebrantarás totalmente sus estatuas”. Además, los versículos 32 y 33 declaran: “No harás alianza con ellos, ni con sus dioses. En tu tierra no habitarán, no sea que te hagan pecar contra Mí sirviendo a sus dioses, porque te será de tropiezo”. Los dioses de las tribus paganas eran ídolos y los ídolos están relacionados con los demonios. Detrás de cada ídolo se encuentra un demonio. Los ídolos con los demonios detrás de ellos representan las fuerzas espirituales (Ef. 6:12).

  Detrás de nuestra vida natural se esconden las fuerzas espirituales. Por ejemplo, ¿le gusta a usted perder su genio? Indudablemente, a ninguno de nosotros nos gusta perder el genio. Dentro de nuestra vida natural se encuentra un carácter maligno, que despreciamos. Pero detrás de esta ira maligna, se encuentran fuerzas espirituales, demonios. A menudo son estas fuerzas malignas las que nos hacen perder nuestro genio. Como cristianos, hemos experimentado la pérdida de nuestra calma aún cuando no queríamos que eso sucediera. Había algo, alguna clase de fuerza, que nos hizo perder nuestro genio involuntariamente. Esto indica que los aspectos de nuestra vida natural son usados, manipulados y dirigidos por fuerzas espirituales detrás del escenario. Los aspectos de la vida natural con las fuerzas espirituales detrás de ella nos impiden disfrutar de las riquezas del Cristo todo-inclusivo.

III. LA MANERA DE TOMAR POSESION DE LA TIERRA

  Exodo 23:22 dice: “Pero si en verdad oyeres su voz e hicieres todo lo que yo te dijere, seré enemigo de tus enemigos, y afligiré a los que te afligieren”. Aquí vemos que si los hijos de Israel hubieran obedecido al Angel de Jehová, Jehová habría despedazado las tribus paganas. El versículo 23 continua y declara: “Porque Mi Angel irá delante de ti... a los cuales Yo haré destruir”. El sacaría las tribus paganas de delante de Su pueblo.

  Los versículos 29 y 30 dicen: “No los echaré de delante de ti en un año, para que no quede la tierra desierta, y se aumenten contra ti las bestias del campo. Poco a poco los echaré de delante de ti, hasta que te multipliques y tomes posesión de la tierra”. Aquí vemos que Dios no iba a destruir a las tribus paganas de una vez por todas. Israel era todavía pequeño en número. Si Dios hubiera aniquilado todas las tribus en un plazo de un año, la mayor parte de la tierra habría quedado desolada, y las bestias se habrían multiplicado contra el pueblo. Esto indica que como cristianos, no debemos esperar alcanzar una plena espiritualidad de un día para el otro. Si de repente se vaciara nuestra vida natural, estaríamos vacíos interiormente. Entonces los demonios aprovecharían para perjudicarnos.

  Después de oír mensajes sobre la vida natural, podemos tener el deseo de acabar con la vida natural de una vez por todas. No obstante, hacer esto significa vaciarnos y correr el peligro de ser invadidos por los demonios. En cierto sentido, todavía necesitamos nuestra vida natural por cierto periodo de tiempo. Entonces cuanto más crezcamos en el Señor, más El acabará con nuestra vida natural. Mientras el número de los hijos de Israel era bastante insignificante, las tribus paganas debían quedarse para que la tierra fuese preservada de las bestias. Mientras el pueblo de Dios incrementaba, el Señor aniquilaría las tribus conforme a la proporción en que Su pueblo se incrementaba numéricamente. Esto significa que mientras crecemos en Cristo, nuestra vida natural es aniquilada gradualmente, conforme al grado de nuestro crecimiento en vida. Dios no aniquilará las tribus paganas de una vez por todas, sino que El lo hará “poco a poco” conforme a nuestro crecimiento.

  El versículo 25 dice: “Mas a Jehová vuestro Dios serviréis, y él bendecirá tu pan y tus aguas; y yo quitaré toda enfermedad de en medio de ti”. Aquí Dios prometió bendecir el pan y el agua del pueblo y quitar la enfermedad de en medio de ellos. Esto indica que espiritualmente Dios nos dará alimentos para nutrirnos y bebida que nos satisfaga. Además, El quitará nuestras debilidades para que lleguemos a la edad adulta, a la plena madurez, al pleno crecimiento en vida. De esta manera, tomaremos al Cristo todo-inclusivo como nuestra posesión para nuestro disfrute.

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