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Mensaje 78

La sangre del pacto

(1)

  Lectura bíblica: Éx. 24:3-7; 12-15, He. 9:18-20, 22; 8:8-12; Lv. 16:11-16; Ez. 36:26-27; Mt. 26:27-28; He. 13:20-21; 10:19-20; 1 P. 1:18-19; Ap. 22:14; 7:14-17

  Exodo 24:8 dice: “Entonces Moisés tomó la sangre y roció sobre el pueblo, y dijo: he aquí la sangre del pacto que Jehová ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas”. Pocos cristianos conocen la expresión “la sangre del pacto” mencionada en este versículo. El Señor Jesús usa también esta expresión en Mateo 26:28. Es posible que algunos lectores de la Biblia que conocen esta expresión no conozcan el verdadero significado de ella. Este asunto proviene del corazón de Dios. No obstante, no corresponde con el corazón del hombre natural. Ciertas cosas que encontramos en la Biblia pueden corresponder con lo que está en nuestro corazón. Por esta razón, cuando vemos estas cosas en la Palabra, automáticamente prestamos atención a ellas. No obstante, otros asuntos van más allá de nuestro concepto y cuando leemos acerca de ellos, no quedamos impresionados. Esto sucede con la sangre del pacto.

  ¿Por qué Moisés en 24:8 habla de la sangre del pacto? ¿por qué el Señor Jesús dijo la noche en que fue traicionado: “Porque esto es Mi sangre del pacto, que por muchos es derramada para perdón de pecados” (Mt. 26:28)? Aquí el Señor se refiere a Exodo 24:8. Lucas 22:20 habla del nuevo pacto. Esto indica que en 24:8, tenemos la sangre del viejo pacto y en Mateo 26:28 y Lucas 22:20, tenemos la sangre del nuevo pacto. La sangre es necesaria tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo.

  No creo que muchos de nosotros hayamos quedado impresionados por el hecho de que la sangre es la sangre del pacto. Entendemos que la sangre nos redime, nos limpia, nos santifica y vence al enemigo. Pero, ¿ha prestado atención alguna vez al hecho de que a la sangre también se le llama la sangre del pacto? Esto muy significativo.

LA PROMULGACION DE LA LEY

  Antes de estudiar el significado de la sangre del pacto, quisiera señalar una vez más que en Exodo 24 tenemos la promulgación de la ley. Antes de eso, la ley fue promulgada por Dios, por medio de Moisés como Su representante y fue recibida por los hijos de Israel. Como dijimos, Moisés promulgó la ley de una manera bastante distinta a la que podríamos esperar conforme al concepto natural. En lugar de exhortar a la gente a cumplir la ley de Dios, Moisés construyó un altar. Indudablemente, un altar sirve para los sacrificios. Pero ¿qué tienen que ver los sacrificios con la ley? Si consideramos este asunto, nos daremos cuenta de que la ley no involucra necesariamente sacrificios. Entonces ¿por qué construyó Moisés un altar en la promulgación de la ley? El altar se refiere a la necesidad de redención, de aniquilamiento y de reemplazo. Por ser caídos, pecaminosos y corruptos, necesitamos la redención y el aniquilamiento. También debemos ser reemplazados por Cristo.

  Moisés también construyó doce columnas que representan a las doce tribus de Israel. Estas columnas indican o significan que después de ser redimidos, aniquilados y reemplazados en el altar, el pueblo de Dios puede llegar ser el testimonio de Dios y Su reflejo.

  Exodo 24:6 dice: “Y Moisés tomó la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y esparció la otra mitad de la sangre sobre el altar”. Ya vimos que conforme al versículo 8, Moisés también roció la sangre sobre el pueblo y dijo: “he aquí la sangre del pacto”. Ciertamente, la sangre provenía de los sacrificios ofrecidos en el altar. No fue el altar ni las columnas, sino la sangre lo que dio eficacia a la promulgación de la ley. El pacto fue establecido por la sangre que provenía de los sacrificios ofrecidos en el altar. Por consiguiente, el altar con los sacrificios producía la sangre para la promulgación de la ley. La sangre es el enfoque en la promulgación de la ley.

  Aparentemente, no existe ninguna relación entre el altar, las columnas, los sacrificios, la sangre y la ley. ¿Por qué usó Moisés todas estas cosas cuando él promulgó la ley? Lo que hizo Moisés en Exodo 24 está relacionado con la economía de Dios.

LA INTENCION DE DIOS AL PROMULGAR LA LEY

  En el mensaje anterior, dimos énfasis al hecho de que Dios no deseaba que Su pueblo guardara la ley que El promulgó. Era imposible que la gente caída, pecaminosa y corrupta obedeciera la ley. Simplemente no tienen la capacidad para guardar la ley de Dios. Dios no deseaba que Su pueblo guardara la ley pero ellos dieron por sentado que debían obedecerla porque Dios les había dado Su ley. Exodo 24:3 dice: “Todo el pueblo respondió a una voz, y dijo: haremos todas las palabras que Jehová ha dicho”. Según el versículo 7, el pueblo prometió: “Haremos todas las cosas que Jehová ha dicho, y obedeceremos”. Aquí vemos dos intenciones distintas. La intención de Dios al promulgar la ley era distinta de la intención del pueblo que la recibió. Estas dos intenciones no correspondían una con la otra.

  Si Dios no deseaba que Su pueblo guardara la ley que El promulgó, entonces ¿cuál era Su intención al darles Su ley? Al promulgar la ley, la intención de Dios consistía en revelar a Su pueblo escogido y redimido qué clase de Dios El es. Esta es la razón por la cual la ley de Dios es llamada el testimonio. Como testimonio de Dios, la ley es un cuadro o una fotografía de Dios. Por consiguiente, la primera función de la ley consiste en revelar a Dios.

  La segunda función de la ley de Dios consistía en dar a entender a Su pueblo que ellos eran caídos y estaban muy lejos de Dios. Como pueblo pecaminoso y corrupto, ellos no podían complacer a Dios. Ellos necesitaban la redención del Señor. La sangre redentora es lo único que les proporcionaría contacto con Dios. Si por medio de la redención, el pueblo de Dios es llevado a El y tiene contacto con El, Dios los infunde. Cuanto más contacto tengan con Dios, más recibirán Su infusión.

LA SANGRE REDENTORA Y LA PRESENCIA DE DIOS

  Como representante de los hijos de Dios, Moisés fue introducido en la presencia de Dios donde permaneció por mucho tiempo. Si no fuese por la sangre redentora, Dios no habría tolerado que un hombre caído, pecaminoso y corrupto permaneciera en Su presencia. ¿Cree usted que Moisés era perfecto? ¿cree que él no era caído, pecaminoso ni corrupto? Moisés era caído, pecaminoso y corrupto, así como lo eran los demás hijos de Israel. Entonces, ¿cómo una persona pecaminosa podía estar en la presencia de Dios en la cima del monte durante cuarenta días? Moisés pudo permanecer en la presencia de Dios porque El tenía la sangre redentora. La sangre fue la base que permitió a Moisés acudir a la presencia de Dios y a allí permanecer. Esto significa que bajo la sangre redentora, Moisés pudo venir a la presencia de Dios.

  Una prueba de esto son los diferentes aspectos del tabernáculo y del atrio. Dentro del Lugar Santísimo se encontraba el arca con la cubierta propiciatoria (el trono de misericordia). Dios estaba en la cubierta propiciatoria del arca. La ley estaba en el arca. En el Lugar Santo se encontraban el pan de la proposición, el candelero, el altar del incienso y en el atrio se encontraban el altar de bronce y el lavacro. Los hijos de Israel no podían entrar en el Lugar Santo, y mucho menos pasar a través del velo y entrar en el Lugar Santísimo para estar delante de la cubierta propiciatoria. La cubierta propiciatoria equivale al trono de gracia mencionado en Hebreos 4:16 “Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para recibir misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Nosotros podemos acercarnos con denuedo al trono de gracia, pero los hijos de Israel no podían tocar la cubierta del propiciatorio, ya que morirían. Los hijos de Aarón, Nada, y Abihu fueron muertos porque “tomaron cada uno su incensario, y pusieron en ellos fuego, sobre el cual pusieron incienso, y ofrecieron delante de Jehová fuego extraño, que El nunca les mandó” (Lv. 10:1). Al quemar incienso, usaron fuego que no provenía del altar. ¿Entonces quién estaba calificado para entrar en el Lugar Santísimo y tocar la cubierta de propiciación? La única persona calificada para hacer eso era la que trajera la sangre redentora del altar que estaba en el atrio. Primero se derramaba la sangre del sacrificio por el pecado sobre el altar. Luego esta sangre era introducida en el Lugar Santísimo y rociada sobre la cubierta del propiciatorio. Esta sangre, que es la sangre del pacto, introdujo al pueblo de Dios en Su presencia.

  Repito que al dar la ley a los hijos de Israel, Dios no tenía ninguna intención de que ellos la guardaran. Su intención era mostrarles cuán maravilloso era El. Su propósito era revelarles que El es santo, justo, lleno de luz y de amor. Su intención también era hacer que el pueblo entendiera que ellos eran totalmente injustos, que no eran santos y que estaban llenos de odio y de falsedad. Entonces si ellos se hubieran dado cuenta de su pecaminosidad y de su condición caída, se habrían arrepentido y habrían recibido la redención de Dios. Por medio de esta redención, ellos al ser redimidos, habrían sido introducidos en la presencia de Dios y habrían permanecido allí para ser recibir Su infusión.

  La experiencia de Moisés con el Señor es un ejemplo de esto. El era una persona caída, pecaminosa y corrupta, pero mediante la sangre él fue introducido en la presencia de Dios. Moisés permaneció en la presencia de Dios durante cuarenta días y Dios lo infundió a tal grado que llegó a ser Su reflejo. Esta fue la razón por la cual el rostro de Moisés resplandecía cuando bajó del monte (34:29). Estaba resplandeciendo con el elemento de Dios infundido en él. Puesto que Dios había infundido a Moisés, él llegó a ser el reflejo de Dios. Al dar la ley, la intención de Dios era hacer que todos los hijos de Israel lo reflejaran.

EL PRINCIPIO BASICO DE LA ECONOMIA DIVINA

  No obstante, los hijos de Israel no tenían ninguna comprensión de lo que Dios quería. Pero Moisés era un hombre que conocía el corazón de Dios y Su intención. Por consiguiente, él promulgó la ley no según la intención de los hijos de Israel sino conforme a la intención de Dios. Por muy insensatos e ignorantes que fuesen los hijos de Israel, Moisés promulgó la ley conforme a la manera de Dios. La intención de Dios consistía en mostrar al pueblo que a Sus ojos, ellos estaban caídos, pecaminosos y corruptos, y que necesitaban desesperadamente la redención y el perdón de Dios. Dios estaba dispuesto a redimir al pueblo y a perdonar sus pecados. Después de que recibieran la redención y el perdón, la sangre redentora los llevaría a la presencia de Dios donde podrían tener contacto con El, recibirlo a El dentro de ellos, y ser constituídos en columnas como testimonio viviente de Dios, es decir, reflejo de lo que El es. Este es un principio fundamental que opera en el universo.

  Según este principio fundamental de la economía divina, la Biblia primero nos revela lo que Dios es, luego nos demuestra que somos caídos, pecaminosos, totalmente corruptos y sin esperanza. No obstante, el Señor ha cumplido la redención por nosotros, y Su sangre está disponible para limpiarnos y llevarnos a Su presencia. Ahora El está esperando que nos arrepintamos, que volvamos a El, que recibamos Su redención y perdón. Según la revelación del Nuevo Testamento, somos llevados a la presencia de Dios, a El mismo. ¡Oh, la sangre redentora y limpiadora nos lleva a Dios! Esto nos da la base y la posición de recibir a Dios, disfrutarlo, y comer y beber de El. Finalmente, al compartir a Dios de esta manera, llegaremos a ser columnas es decir, Su testimonio viviente.

LA MANERA DE SER COLUMNAS

  ¿Tiene usted la confianza de decir que es una columna de Dios? Todos debemos ser capaces de declarar: “Sí, he caído, era pecador y corrupto. ¡Aleluya, la sangre preciosa me redimió y me introdujo en Dios! Ahora estoy lleno de Dios y he llegado a ser una columna”. Si usted no puede declarar esto, estoy seguro de que en la eternidad tendrá el denuedo de declarar que es una columna que testifica de lo que Dios es y que lo refleja a El.

  Por medio del disfrute llegamos a ser una columna; al comerlo a El como nuestro suministro de vida y beberlo como nuestra agua viviente. De esta manera somos constituídos de El. Esta es la economía de Dios conforme a la revelación de Su Palabra.

  La promulgación de la ley en Exodo 24 se basó en la economía de Dios. Este mismo principio rige toda la Biblia. Así como los hijos de Israel eran insensatos cuando prometieron obedecer todo lo que el Señor había hablado, también muchos cristianos contemporáneos son insensatos al pensar que pueden obedecer lo que dice la Biblia. Cuando muchos creyentes leen las Escrituras, piensan que deben guardar los mandamientos contenidos en la Palabra. Por ejemplo, en Efesios 5:22 y 25, Pablo exhorta a las esposas a someterse a sus esposos y a los maridos a amar a sus esposas. No obstante, ningún marido es verdaderamente capaz de amar a su esposa, y ninguna esposa puede someterse a su marido. En toda mi vida, jamás he visto un esposo que ame verdaderamente a su esposa o una esposa que se someta genuinamente a su marido. Por el contrario, toda esposa es terca y rebelde, y cada marido está lleno de amor por sí mismo. Por tanto, simplemente no podemos obedecer los mandamientos bíblicos. En lugar de intentar obedecer estos mandamientos, debemos confesar, a la luz de la revelación bíblica, que somos caídos, pecaminosos y corruptos. Debemos convencernos y someternos para arrepentirnos y recibir la salvación de Dios. Entonces la sangre redentora de Cristo nos introducirá en el Dios Triuno, nos infundirá y seremos columnas. Estas columnas son lo único que puede amar a sus esposas o someterse a sus maridos. En este mensaje, hemos visto el concepto fundamental de la economía de Dios. Este concepto no es que el pueblo de Dios deba obedecer la ley, ya que ésta no fue promulgada por Dios para que Su pueblo la guardara, sino para que lo conocieran a El y se conocieran a sí mismos. Con el conocimiento correcto de Dios y de sí mismos, se arrepentirían y recibirían Su redención. Mediante la sangre redentora, ellos serían introducidos a la presencia de Dios para recibir Su infusión y ser columnas como testimonio viviente y reflejo de lo que Dios es.

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