Mostrar cabecera
Ocultar сabecera
+
!
NT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Nuevo Testamento
AT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Antiguo Testamento
С
Чтения
Marcadores
Mis lecturas


Mensaje 8

LAS TRES SEÑALES

  Hemos visto que el relato acerca del llamamiento de Moisés es el más completo en la Biblia en cuanto al llamamiento de Dios. Cuando Moisés fue a la parte más lejana del desierto y se encontró allí con Dios, él vio una señal. la cual era una zarza que ardía sin ser consumida. Esta señal era algo maravilloso, pero muy objetivo. En este mensaje, examinaremos las tres señales del capítulo cuatro, que son muy subjetivas.

  Es importante que veamos la razón por la cual se dieron estas tres señales subjetivas. Al final del capítulo tres, el llamamiento de Dios a Moisés parecía completo. Moisés había visto la señal objetiva de la zarza ardiente, y él había oído la voz de Dios. Dios dio a Moisés una revelación plena de Sí mismo. Por tanto, en cuanto a Dios, el llamamiento de Moisés era completo, pero, por el lado de Moisés no era así. Exodo 4:1 dice: “Moisés respondió diciendo: he aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: no te ha aparecido Jehová”. Esto indica que aunque Moisés había recibido una señal maravillosa y había oído la voz de Dios, él no había sido inspirado ni conmovido. Por esta razón, se dieron las tres señales del capítulo cuatro. Estas señales serían evidencia concluyente de que Moisés había sido verdaderamente llamado por Dios. El principio es el mismo con los llamados de Dios hoy en día. Todo aquel que pretende ser llamado por Dios debe tener la marca de estas tres señales subjetivas.

  Es significativo que el Señor mostró tres señales a Moisés, no dos ni cuatro ni otra cantidad de señales. En la Biblia, el número tres es significativo. Puesto que Dios es Triuno, el número tres está relacionado con la economía de Dios, con Su dispensación. En Lucas 15 vemos tres parábolas relacionadas con el Hijo, el Espíritu y el Padre. Pero en Exodo cuatro hay tres señales, acerca de la serpiente, la lepra y la sangre.

  Como todo lector de la Biblia sabe, la serpiente representa a Satanás. En Génesis 3 vemos a Satanás como la serpiente sutil. La serpiente en Exodo 4 es la misma serpiente que en Génesis 3 aquella que es llamada “la serpiente antigua” en el libro de Apocalipsis (12:9; 20:2). Toda persona llamada no solo debe conocer a Dios, sino también a la serpiente. No solamente debemos saber cómo hablar con Dios, tener contacto con Dios, cómo tener comunión con El, y confiar en El; también debemos ser capaces de vencer a la serpiente.

  La lepra es la segunda señal y es un asunto de putrefacción, corrupción, inmundicia de la carne de pecado. Según el Antiguo Testamento, cada leproso tenía que declarar abiertamente que él era inmundo. El pecado representado por la lepra no es el pecado exterior, sino el pecado subjetivo, el pecado en nuestra carne. La putrefacción, corrupción e inmundicia proceden de este pecado.

  La tercera señal es la del agua que se vuelve sangre. Aquí la sangre representa la muerte introducida por el mundo con sus deleites. Por tanto, la sangre en la tercera señal está relacionada con el mundo.

  La serpiente, la lepra, y la sangre están relacionadas respectivamente con Satanás, el pecado en la carne y la muerte introducida por el mundo. Los que han sido llamados por Dios no deben tener solamente la señal objetiva de la zarza ardiente, sino las señales subjetivas de la serpiente, la lepra y la sangre. Como llamados, necesitamos algunas experiencias subjetivas, algunas evidencias subjetivas, para mostrar a los demás que hemos sido verdaderamente llamados por Dios y mandados por El. Estas evidencias son la capacidad de vencer al diablo, la carne pecaminosa y la muerte introducida por el mundo. Suponga que cierta persona acude a usted pretendiendo ser enviada por Dios. Si esta persona no sabe cómo vencer a Satanás, a la carne y al mundo, usted no debe creer que es un enviado. La señal de una zarza ardiente no es una prueba adecuada para demostrar que alguien ha sido llamado por Dios. Una persona llamada debe ser capaz de vencer a la serpiente, la lepra y la sangre.

  Hemos señalado que Exodo es un libro de cuadros. ¡Qué cuadros maravillosos tenemos en el capítulo cuatro! En estos cuadros, vemos a Satanás, la carne pecaminosa, y el mundo de muerte. Si sabemos cómo vencer estas cosas, entonces seremos verdaderamente los enviados de Dios. Es crucial que todos sepamos el significado de las tres señales subjetivas en este capítulo y que tengamos estas experiencias.

I. UNA VARA QUE SE CONVIERTE EN SERPIENTE

A. La vara representa las cosas en que confiamos

  Cuando Dios llamó a Moisés, él tenía una vara en la cual confiaba. Quizá cuando Moisés hablaba con Dios, él como hombre mayor, se apoyaba en esa vara. Su vara era su apoyo. Por tanto, la vara representa las cosas en las cuales confiamos.

B. La vara es echada en tierra y es expuesta como una serpiente

  Moisés estaba renuente a aceptar el llamamiento de Dios; él protestó diciendo que los hijos de Israel lo rechazarían afirmando que el Señor no se le había aparecido. Por tanto, el Señor le dijo a Moisés acerca de la vara: “échala en tierra. Y él la echó en tierra y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella” (v. 3). Cuando la vara fue echada al suelo, la serpiente que se escondía allí quedó expuesta. Aún antes de que la vara fuese echada, la serpiente ya estaba allí pero de una manera muy escondida. La Biblia revela que la serpiente intenta siempre esconderse en algo, detrás de algo o debajo de algo. En realidad, la vara en la cual se apoyaba Moisés era la serpiente, Satanás. A los ojos de Moisés, la vara era simplemente una vara sobre la cual él podía apoyarse, pero a los ojos de Dios, era la serpiente, cuya meta consistía en usurpar al hombre.

  Todas las cosas en que nos apoyamos son una vara. Por ejemplo, si un hermano confía en su trabajo, éste se convierte en una vara para él. Sin embargo, para Dios la serpiente está escondida en ese trabajo porque desde este escondite, Satanás, la serpiente, busca usurpar al hermano. Podemos confiar en muchas personas o cosas: nuestra esposa o esposo, padres, hijos, capacidad, educación, propiedades, cuenta bancaria. La Biblia nos muestra que todas las cosas en que confiamos se convierten en la serpiente que usurpa. En la actualidad Satanás usurpa a toda la humanidad al esconderse él mismo dentro de las varas sobre las cuales se apoya la gente.

  Todo aquel que ha sido llamado por Dios debe darse cuenta de que toda cosa sobre la cual se apoya es un escondite para la serpiente. El usurpador, enemigo de Dios, puede esconderse en cualquier cosa, asunto o persona en que nos apoyamos. Con el transcurso de los años, he aprendido a confiar en el Señor y no a apoyarme en ninguna clase de vara.

  Observe por favor que Dios no le ordenó a Moisés que se deshiciera de su vara. Por el contrario, El le pidió a Moisés que la echara en tierra para que su verdadera naturaleza quedase expuesta. Aquí el punto es que todo lo que sea nuestra vara: nuestro marido o esposa, educación, trabajo, capacidad, cuenta bancaria, debe salir temporalmente de nuestras manos. Si la vara permanece en nuestra mano con la cabeza arriba, la serpiente no quedará expuesta. Pero si la echamos en tierra, entonces veremos con nuestros propios ojos, que nuestra vara en realidad es una serpiente. Exodo 4:3 afirma que cuando la vara de Moisés se hizo serpiente, “Moisés huía de ella”. Esta vara debe haber estado en posesión de Moisés durante muchos años y debe haber sido preciada para él. Pero cuando fue echada, dejó de ser agradable para él porque la serpiente que se había escondido dentro de ella durante este tiempo quedó expuesta.

C. Cuando se toma a la serpiente por la cola se convierte en una vara de autoridad

  El versículo 4 dice: “entonces dijo Jehová a Moisés: extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano”. El Señor quiere que echemos nuestras varas en tierra, y no que nos deshagamos de ellas. No se deshaga de su educación ni de sus ahorros: échelos en tierra. Después de que la serpiente escondida haya quedado expuesta, debemos levantarla por la “cola”. Esta es la mejor manera de vencer a la serpiente. Si usted toma una serpiente por la cabeza, puede morderle. Pero si usted la toma por la cola, perderá su poder y quedará rígida.

  El cuadro de Moisés tomando la serpiente por la cola muestra que debemos solucionar las cosas de manera opuesta a la práctica de la gente del mundo. Lo que hace u obtiene la gente del mundo es para ellos mismos. Pero todo lo que hacemos y todo lo que tenemos debe ser para el Señor. Por ejemplo, cuando la gente mundana se casa, su vida matrimonial es para ellos mismos. Pero nuestra vida matrimonial debe ser para el Señor. En el mismo principio, cuando la gente mundana va a la universidad, lo hace para su propio beneficio. Pero los jóvenes en el recobro del Señor deben asistir a la universidad y estudiar diligentemente no para ellos mismos, sino para el Señor. Este principio se puede aplicar a nuestra relación con todo el mundo y con todas las cosas. Todo debe ser para el Señor.

  Si tenemos cierta cosa o si hacemos algo de una manera común, es decir, al hacerla o tenerla para nosotros mismos, entonces nuestra vara tiene la cabeza de la serpiente arriba y la cola de la serpiente abajo. Pero si tomamos la serpiente por la cola, la manejamos de una manera opuesta a la de este mundo. Debemos llevar una vida matrimonial y una educación correcta; no obstante, no debemos tener estas cosas de una manera común, a la manera del mundo, sino a la manera del Señor. La manera del Señor siempre hace que la serpiente pierda poder y quede paralizada.

  En la década del 30 visité a una de las universidades más destacadas de China, una universidad renombrada por la alta calidad de su escuela de medicina. Muchos hermanos en el Señor estudiaban allí. No obstante, después de casarse, casi todos estos hermanos fueron distraídos y se alejaron del Señor, principalmente por causa de sus esposas. Estos hermanos no sabían cómo tomar su matrimonio por la “cola”.

  La Biblia no nos pide renunciar a nuestro vivir humano en lo absoluto. Por el contrario, debemos tener un vivir adecuado. Por ejemplo, la Biblia no prohibe que los jóvenes logren una buena educación. Pero los jóvenes deben aprender a tomar su educación por la “cola”. Los jóvenes también necesitan casarse; sin embargo, al hacer eso, no deben tomar la serpiente por la cabeza, sino por la cola. Esto significa que ellos no se casan conforme a la manera común, sino que deberían casarse de una manera que no es común, una manera que es para Dios. Esta manera es opuesta a la práctica común de la gente del mundo. Todos los hermanos casados deben amar a sus esposas, pero no deben amar a sus esposas de una manera común, es decir, al tomar la serpiente por la cabeza, sino de la manera que no es común, es decir, tomándola por la cola. En todos los aspectos de nuestro vivir humano, desde ir de compras hasta el corte de pelo, debemos tomar las cosas por la “cola”.

  Todo puede ser un escondite para la serpiente. Aún en cada detalle de nuestro diario vivir práctico, la serpiente usurpadora está escondida, lista para morder a aquel que la toma por la cabeza en lugar de tomarla por la cola. Todo aquel que pretende ser enviado por el Señor debe saber que la serpiente se esconde en cada persona, en cada asunto, y en todas las cosas. Además, debe saber cómo echar este lugar escondido en tierra y cómo solucionar esta situación por la “cola”.

  Finalmente, la serpiente que es tomada por la cola se convertirá en una vara de autoridad (4:4, 17; Lc. 10:19). Cuando Moisés tomó la serpiente por la cola, la serpiente se convirtió en la vara por la cual Moisés fue capaz de realizar señales (4:17). Esto indica que en las manos de Moisés, la vara transformada se convirtió en una vara de autoridad. Si somos las personas que manejan toda situación por la “cola”, tendremos poder, autoridad. Entonces la vara que tenemos no es una vara natural, sino una vara transformada. Esta vara está ahora en una posición invertida. Es esta clase de vara que constituye nuestra autoridad.

  Hoy muchos cristianos hablan de poder. Pero cuanto más hablan de poder, menos poder tienen. No tienen el poder de vencer a la serpiente escondida. Nosotros los que somos ministros de Cristo, tenemos autoridad solamente al manejar las situaciones por la “cola”. Por ejemplo, si un hermano sabe como manejar la situación con su esposa por la “cola”, espontáneamente él tendrá autoridad. Sin embargo, yo he visto a muchos buenos hermanos, dotados y calificados pero con un punto muy débil: ellos daban demasiada importancia a sus esposas y les permitieron convertirse en la cabeza. Como resultado, estos hermanos perdieron poder y eran inútiles.

  Si queremos ser llamados por Dios y enviados por El, debemos aprender a manejar a nuestros maridos o esposas, a nuestros hijos, y a todas las situaciones, no de una manera ordinaria, una manera común, la manera natural, sino de una manera totalmente distinta, por la “cola”. Si manejamos a una persona o cosa de una manera natural, ésta se convertirá en un escondite de la serpiente.

  Moisés no usó su vara de una manera común. Si él la hubiera usado de una manera ordinaria, la serpiente todavía habría estado escondida dentro de ella. Sin embargo, después de echar la vara, la serpiente escondida quedó expuesta. Esto indica que a menudo debemos alejarnos de una situación y esperar para ver lo que sale de ella. Al mantenernos alejados de las cosas en que nos apoyábamos, su verdadera naturaleza quedará expuesta. Entonces diremos: “Esto no es algo querido ni agradable; es una serpiente tremenda”. En ese mismo momento Dios nos pedirá tomar la serpiente por la cola. Si la vara que se hace serpiente es nuestra esposa, debemos volverla a tomar y quererla de una manera totalmente nueva; debemos tomar toda la situación por la “cola”.

  Cuando usted se casa, no puede abandonar la vida matrimonial. Los que hacen eso son inútiles para con el Señor. Usted debe permanecer casado, pero no de una manera común. Es fácil casarse de la manera común o abandonar la vida matrimonial. Esta es la razón por la cual existen tantos divorcios en este país. En lugar de tomar una de estas determinaciones, debemos tomar nuestro matrimonio por la “cola” y manejarlo para el Señor.

  La señal de una vara que se hace serpiente es el cuadro de una experiencia muy subjetiva. Las personas o las cosas sobre las cuales nos apoyamos deben finalmente ser echadas y luego ser tomadas de nuevo cuando el Señor lo indique. Cuando los santos jóvenes están desilusionados por una situación particular, quizá quieran solucionarla al deshacerse de ella. Debemos alentarlos firmemente a no hacer eso. En lugar de deshacerse de ella, deben conservarla, no para ellos mismos ni por ellos mismos, sino para el Señor y por el Señor. No maneje ninguna situación por su capacidad natural; manéjela por la gracia. Manejarla por la gracia consiste en tomarla por la “cola”. Que todos aprendamos a manejar las cosas para el Señor y por Su gracia. Si hemos aprendido esta lección, esto es una señal firme, una evidencia clara de que hemos sido llamados por el Señor y enviados por El. Como llamados de El, sabemos cómo manejar cada situación como si fuese un escondite para la serpiente, y sabemos cómo vencer a la serpiente al tomarla por la “cola”. De esta manera tenemos autoridad.

II. LA MANO LE QUEDA LEPROSA

A. Al ponerla en su pecho

  En el versículo 6, el Señor le pidió a Moisés que pusiera su mano en el pecho. Moisés pudo haber pensado que al colocar su mano en el pecho, él encontraría una perla, un diamante, o algún tesoro precioso. Por el contrario, la mano de Moisés quedó leprosa. El pecho representa lo que está dentro de nosotros, y la lepra representa el pecado (Ro. 7:17-18). Esto indica que además de conocer a Satanás, debemos también conocer la carne. La vara sobre la cual nos apoyamos es una serpiente, pero la carne es la corporificación de la lepra. Debemos saber que en nuestra carne, somos leprosos. En nuestra carne, no hay nada bueno, sino solamente lepra. Si tocamos la carne, quedaremos leprosos.

  En los versículos 2 al 6, el Señor parecía decir: “Moisés, me pediste una prueba de que Yo te he enviado. La prueba es que Tú sabes cómo vencer a la serpiente. Otra prueba es que te des cuenta de que tu carne no es más que lepra. Moisés, coloca tu mano en tu pecho y verás lo que saldrá de ti”.

  Existe un dicho que dice que una persona que se considera a sí misma como buena, debe colocar su mano en su corazón durante la noche y reconsiderar lo que realmente es. Si usted hace eso, descubrirá cuan malo es. Quizá cuando usted esté en compañía de otras personas, se puede jactar de su propia bondad. Pero cuando usted considera lo que está en su corazón durante la noche, verá que dentro de usted no hay más que lepra, nada más que pecado.

  Alguien que se jacta de su bondad no es una persona llamada por Dios. Toda persona llamada se da cuenta de que dentro de ella hay lepra. Después de que a Moisés se le dio la señal de la mano que se vuelve leprosa, él sabía que su carne era la corporificación de la lepra. Moisés pudo haber dicho: “Antes de que el Señor me mostrara esta señal, pensaba que era bastante bueno. Pero cuando Dios me pidió que pusiera mi mano en mi pecho y que la sacara de nuevo, mi mano quedó leprosa. Esto me mostró que en mi carne no había más que lepra”.

  Hoy en día todo aquel que es usado por el Señor en la iglesia debe tener esta conciencia acerca de su carne. Conocer la carne de esta manera subjetiva es una evidencia de que el Señor nos ha llamado y enviado. Como llamados y enviados, debemos llevar la señal que indica que nada bueno mora en nuestra carne. Todos estamos constituidos de lepra, somos la corporificación del pecado, de la putrefacción, de la corrupción, y de la inmundicia. Si no cree esto en cuanto a su carne, le sugiero que en el silencio de la noche, cuando todo esté tranquilo, toque su conciencia y escuche lo que le dice en cuanto a usted. Revelará que su carne no es más que lepra.

  Los enviados de Dios deben conocer la carne hasta este punto. Cuando Isaías fue llamado por el Señor, él exclamó: “¡Ay de mí! Que soy muerto; porque siendo hombre inmundo de labios, y habitando en medio de pueblo que tiene labios inmundos, han visto mis ojos al rey, Jehová de los ejércitos” (Is. 6:5). Si nos encontramos con el Señor, esa reunión expondrá nuestra carne a nuestros propios ojos. Sabremos que dentro de nuestra carne sólo hay lepra.

  En estos días hemos oído que todos los santos pueden ser los apóstoles y profetas de hoy. Pero si deseamos ser estos dones para el cuerpo, debemos saber que nuestra carne es la encarnación de la putrefacción, de la corrupción, de la inmundicia y del pecado. Es la corporificación misma del pecado. Ninguno de nuestros logros exteriores y ninguna de nuestras capacidades naturales pueden calificarnos como enviados. Para ser calificados debemos ver que en nuestra carne no hay nada bueno.

B. Somos limpiados al obedecer la palabra del Señor

  En el versículo 7, el Señor dijo a Moisés: “Vuelve a meter tu mano en tu seno”. Entonces Moisés “volvió a meter la mano en su seno; y al sacarla de nuevo del seno he aquí que se había vuelto como la otra carne”. Esto indica que la mano leprosa de Moisés fue limpiada por su obediencia a la Palabra del Señor. Obedecer la palabra del Señor consiste en obedecerle a El. La desobediencia al Señor es el elemento básico del pecado. Cuando obedecemos al Señor y guardamos Su palabra, Su poder limpiador estará con nosotros y seremos lavados.

III. EL AGUA SE CONVIERTE EN SANGRE

  Para la tercera señal, el Señor dijo a Moisés: “Toma de las aguas del río y derrámalas en tierra; y se cambiarán aquellas aguas que tomarás del río y se harán sangre en la tierra” (v. 9). Este río es el Nilo, que irrigaba al país de Egipto. El agua del Nilo representa el suministro terrenal y el disfrute terrenal. Según la Biblia, Egipto es rico en comida y en disfrute producidos por el Nilo. Lo que el agua del Nilo produce, aparentemente es suministro y disfrute. Pero a los ojos de Dios no es más que muerte. Todo el suministro, el disfrute y el entretenimiento del mundo son muerte. No obstante, para darnos cuenta de esto, debemos derramar el agua del Nilo sobre la tierra. Según Génesis 1, la tierra es la fuente que produce la vida. Cuando el disfrute mundano y el suministro terrenal son derramados sobre lo que produce vida, inmediatamente la muerte, representada por la sangre, quedará expuesta. Si usted conserva el agua del Nilo en un pozo, una vasija, una jarra, usted todavía considerará esta agua como la fuente de suministro y disfrute. Pero si usted la derrama sobre la tierra, la muerte quedará inmediatamente expuesta. Por tanto, la tercera señal revela que todo el suministro terrenal y el disfrute mundano no son más que muerte. Todos los deportes y entretenimientos en los cuales se complace la gente hoy son diferentes formas de muerte. El suministro mismo que nos proporciona el mundo también es muerte.

  El agua del mundo en realidad no es agua; sino sangre. La gente mundana no bebe agua, sino sangre, es decir, muerte. Todo lo que disfrutan del mundo es muerte. Una persona llamada debe saber lo que es el mundo. Para la gente del mundo, el agua del Nilo es maravillosa. Sin embargo, para nosotros, es sangre. Los que han sido llamados por Dios deben poder decir a Su pueblo que no se queden en Egipto para beber el agua del Nilo, sino que salgan de Egipto y vayan al desierto a beber del agua de la peña hendida.

  Además de conocer a Satanás y a la carne, debemos conocer al mundo. En el Nuevo Testamento, Satanás, la carne, y el mundo son vencidos continuamente. Aquellos que han sido llamados por Dios y enviados por El conocen a la serpiente, la lepra y la sangre, es decir, conocen a Satanás, a la carne, y al mundo. Según el Nuevo Testamento, Satanás se opone a Cristo (1 Jn. 3:8); la carne se opone al Espíritu Santo (Gá. 5:17); y el mundo se opone al Padre (1 Jn. 2:15). Por consiguiente, Satanás, la carne y el mundo se oponen al Dios Triuno en Su dispensación. Debido a Satanás, a la carne y al mundo, la dispensación de Dios no se ha llevado a cabo todavía. En la economía de Dios tal como la vemos en las tres parábolas de Lucas 15, el Hijo viene a buscar a los caídos y el Espíritu los ilumina para llevarlos de nuevo al Padre. Pero el diablo trabaja contra el Hijo, la carne lucha contra el Espíritu, y el mundo frustra a la gente y le impide regresar al Padre.

  Todo aquel que es enviado por el Señor debe saber cómo tomar a la serpiente por la cola, vencer a la lepra, vencer al mundo con su suministro y su disfrute. Si carecemos de estas tres calificaciones, entonces no somos llamados por Dios y por lo tanto no podemos ser Sus enviados. En una persona que Dios ha llamado, Satanás, la carne, y el mundo han perdido su terreno.

  El hecho de que Exodo 4 relata estas tres señales demuestra que la Biblia es inspirada divinamente. Ningún autor humano podría escribir estas cosas. En el capítulo tres de Exodo, Dios mostró a Moisés una zarza que ardía sin ser consumida. Después de eso, en el capítulo cuatro, el Señor mostró a Moisés tres señales subjetivas para que él tomara conciencia de lo que son Satanás, la carne y el mundo. Esto indica que alguien que ha sido llamado debe tener primero la visión de la zarza ardiente. Entonces él necesita alguna experiencia subjetiva para conocer a Satanás, a la carne y al mundo.

  ¡Alabado sea el Señor por las señales de aquel que es llamado y enviado por Dios! Le damos gracias al Señor por el cuadro claro de estas señales en Exodo 4. En estos días, muchos santos anhelan ser útiles en las manos del Señor. Pero como mencionamos en este mensaje, si queremos ser útiles para el Señor, debemos conocer a la serpiente, la lepra y la sangre, es decir, debemos saber cómo vencer a Satanás, a la carne y al mundo.

Biblia aplicación de android
Reproducir audio
Búsqueda del alfabeto
Rellena el formulario
Rápida transición
a los libros y capítulos de la Biblia
Haga clic en los enlaces o haga clic en ellos
Los enlaces se pueden ocultar en Configuración