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Mensaje 81

La vision de los materiales, el modelo para el tabernaculo y su mobiliario

(1)

  Lectura bíblica: Éx. 25:1-9

  Durante el último siglo y medio, se han escrito muchos libros acerca de la tipología del tabernáculo. Los instructores bíblicos entre la Asamblea de hermanos dedicaron mucho tiempo al estudio del tabernáculo. Hoy seguimos las huellas de estos instructores. Muchos libros acerca del tabernáculo son muy buenos, pero les faltan muchas cosas. En general, estos libros fueron escritos desde un punto de vista doctrinal. No recalcan la experiencia cristiana.

  En sus escritos, Juan se refiere dos veces al tabernáculo. Juan 1:14 declara que el Verbo, el cual es Dios, se hizo carne y fijó tabernáculo entre nosotros. Cuando Cristo estaba en la carne, El era el tabernáculo de Dios, la morada de Dios en la tierra. Antes de la encarnación de Cristo, Dios moraba en el tabernáculo construido en el monte Sinaí. Luego Dios se movía con el tabernáculo y más tarde lo consolidó con el templo. Por tanto, el tabernáculo y el templo deben ser considerados como una sola morada y no dos.

  Siglos antes del nacimiento de Cristo, Dios dejó el templo y volvió a los cielos. En Ezequiel 10, vemos que la gloria del Señor dejó el templo y en cierto sentido jamás regresó. Por consiguiente, hubo un periodo de varios siglos en que Dios no moró en la tierra. No obstante, Dios no abandonó completamente el templo; hasta que el Señor Jesús fue rechazado por el pueblo de Dios. Según Mateo 23:38, el Señor Jesús dijo: “He aquí vuestra casa os es dejada desierta”. Desde aquel momento, el templo ya no era la casa de Dios; se había convertido en la casa de los israelitas degradados. Había sido la casa de Dios, pero ahora se llamaba “vuestra casa”. La profecía de que su casa les sería dejada desolada corresponde con la casa en Mateo 24:2, la cual fue cumplida cuando Tito destruyó a Jerusalén en el año 70 después de Cristo.

  El tiempo que el Señor Jesús estuvo en la tierra fue un periodo de transición. Antes de que el templo fuese destruido, Cristo se encarnó y llegó a ser el verdadero tabernáculo de Dios. Cuando Cristo vino y ministró, Dios moró en El, y no en un templo hecho por el hombre. Un día el Señor Jesús dijo: “Destruid este templo y en tres días lo levantaré” (Jn. 2:19). Juan 2:21 dice: “Mas El hablaba del templo de Su cuerpo”. Tanto el templo como el cuerpo de Jesús debían ser destruidos. Este fue un periodo de transición, un tiempo de cambio, del templo material a Cristo. El Señor se dio cuenta de que por Su muerte en la cruz, el templo de Su cuerpo sería destruido. Pero en el tercer día, en Su resurrección, El lo resucitaría nuevamente. Para aquel tiempo, el tabernáculo, el templo, sería agrandado y se convertiría en la iglesia. Por tanto, la iglesia hoy es el tabernáculo. Finalmente, este tabernáculo se consumará en la Nueva Jerusalén como la morada eterna de Dios. En cuanto a la Nueva Jerusalén, Apocalipsis 21:3 dice: “He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y El fijará Su tabernáculo con ellos”. La Nueva Jerusalén será el agrandamiento de la iglesia, y la iglesia el engrandecimiento de Cristo. Cristo es el tabernáculo, éste es el tabernáculo engrandecido, y la Nueva Jerusalén será el tabernáculo consumado. El tabernáculo no tipifica solamente a Cristo como persona individual, sino también a la iglesia como morada corporativa de Dios.

  Como mencionamos, el libro de Exodo puede ser dividido en dos partes principales: la primera parte consta de los capítulos uno al veinticuatro, y la segunda, de los capítulos veinticinco al cuarenta. Los primeros veinticuatro capítulos relatan la preparación, y los últimos dieciséis capítulos relatan la construcción del tabernáculo. Los nueve primeros versículos de Exodo 25 son cruciales. Cuando empezamos a leer este capítulo, quizás no prestemos la adecuada atención a estos versículos. Quizás tengamos poco interés en los distintos materiales mencionados. En 25:1-9 no se recalca el mobiliario: el arca, el altar del incienso, el candelero, la mesa de los panes de proposición, el lavacro y el altar, sino que se da énfasis al tabernáculo. En el versículo 8, el Señor dice: “Y harán un santuario para Mí, y habitaré en medio de ellos”. Este santuario es el tabernáculo como morada de Dios. Este santuario tipifica a la iglesia. Según el contexto, podemos ver que este santuario no es una persona individual, sino un pueblo corporativo, pues Dios habla de morar “en medio de ellos”.

  Estos versículos se relacionan con la visión del tabernáculo, y no con la visión del arca. Ciertamente, el arca tipifica al Cristo individual. No obstante, el tabernáculo tipifica tanto al Cristo individual, la Cabeza, como al Cristo corporativo, el Cuerpo. El Nuevo Testamento revela claramente que el Cristo individual es la Cabeza. Pero esta cabeza debe tener un cuerpo. El Cuerpo de Cristo es la iglesia. En Efesios 1:22 y 23, Pablo habla de la iglesia que es el Cuerpo de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. En Exodo no vemos solamente el arca-Cristo, sino también el tabernáculo-Cristo, no solamente el Cristo individual, sino también el Cristo corporativo.

  Si aplicamos la tipología del tabernáculo solamente a Cristo individualmente, todo resultará objetivo y doctrinal. Quedará muy poco espacio para la experiencia espiritual. Pero si nos damos cuenta de que la visión en Exodo no es simplemente una visión de Cristo como el arca sino también del tabernáculo como el engrandecimiento de Cristo, la iglesia, entenderemos la necesidad de tener la experiencia. Repito que en Exodo no tenemos solamente el arca, sino también el tabernáculo. Esto significa que no tenemos solamente a Cristo, sino también la iglesia. En 25:8 Dios no dijo: “Me harán un arca para expresarme”. El dijo: “Harán un santuario para Mí, y habitaré en medio de ellos”.

  En la segunda sección de Exodo, es vital que veamos el tabernáculo como tipología de la iglesia, como el engrandecimiento de Cristo. Se necesitan muchas experiencias espirituales para que Cristo sea engrandecido y se convierta en la iglesia. Por esta razón, al considerar los capítulos veinticinco al cuarenta de Exodo, recalcaremos más la experiencia. Ciertamente esto no significa que yo rechace el aspecto doctrinal. Aquí el punto es que el énfasis está en la experiencia cristiana más que en la doctrina. Mi carga consiste en mostrar que esta porción de la Palabra está llena de experiencias.

  Quisiera recalcar continuamente que en los capítulos veinticinco al cuarenta de Exodo, tenemos una visión del tabernáculo no simplemente como tipología de Cristo, sino particularmente como tipología de la iglesia, el agrandamiento de Cristo. Para que Cristo tenga el cuerpo, la iglesia, como Su agrandamiento, debemos experimentarle más a El. Si no experimentamos a Cristo, El no tendrá ninguna posibilidad de ser agrandado, de tener el Cuerpo, o de tener el tabernáculo como el agrandamiento del arca.

  El arca y también las tablas del tabernáculo estaban hechas con madera de acacia cubierta de oro. Esto indica que el tabernáculo es el agrandamiento del arca. En el mismo principio, la iglesia es el agrandamiento de Cristo. El proceso por el cual este agrandamiento llega a existir requiere la experiencia genuina de Cristo.

I. RECIBIR LA VISION

  Recibir la visión del tabernáculo es un asunto muy importante. No obstante, muchos lectores de Exodo muestran poco interés en los capítulos veinticinco al cuarenta. Quizá no se preocupen por los materiales usados en la construcción del tabernáculo.

  Moisés recibió la visión del tabernáculo cuando él se encontraba en la cima del monte bajo la gloria de Dios. Dios quitó el velo, y Moisés recibió la visión de las cosas celestiales. Hebreos 8:5 dice: “Se le advirtió divinamente a Moisés cuando iba a erigir el tabernáculo, diciéndole: Mira, haz todas las cosas conforme al modelo que se te ha mostrado en el monte”. Para recibir esta visión, Moisés tuvo que viajar de Egipto al monte Sinaí.

A. Después de las experiencias iniciales

  Si queremos recibir la visión del tabernáculo, debemos pasar por ciertas experiencias iniciales: la Pascua (Éx. 12), el cruce del mar Rojo (Éx. 14), Mara y Elim (Éx. 15), el disfrute del maná (Éx. 16), el disfrute del agua viva que sale de la peña golpeada (Éx. 17), y la guerra contra Amalec (Éx. 17). El cruce del mar Rojo representa el bautismo, que nos separa de Egipto, el mundo, y nos libera de la tiranía de Satanás. Las experiencias en Mara y Elim señalan la disciplina de la cruz y la plenitud de la resurrección. Después de haber pasado por las experiencias del maná, del agua viva que sale de la roca hendida, y la guerra contra Amalec, llegamos al monte Sinaí, el monte de Dios, donde podemos recibir la visión. Si carecemos de las experiencias iniciales, no podremos recibir la visión relatada en los capítulos veinticinco al cuarenta. Le damos gracias al Señor porque la mayoría de nosotros en Su recobro hemos tenido estas experiencias iniciales.

  Todas esas experiencias iniciales están relacionadas con Cristo. Cada una de estas experiencias es una experiencia de Cristo. Sin embargo, por muy buenas que sean esas experiencias, siguen siendo bastante elementales. Cuando llegamos al capítulo veinticinco, tenemos un adelanto en nuestra experiencia espiritual.

B. En íntima comunión con Dios

1. Recibir la revelación de lo que El es

  Después de pasar por las experiencias iniciales, el pueblo de Dios entró en una comunión íntima con El en el monte Sinaí. En el transcurso de su comunión con Dios, ellos recibieron la revelación de lo que El es. Esta revelación está descrita por la ley de Dios. La ley es un cuadro, una fotografía, que muestra lo que Dios es. Supongamos que usted me habla de un hermano que yo no conozco y luego me muestra una fotografía de él. La fotografía me da una idea de la apariencia de este hermano. En cierto sentido, la foto del hermano es una revelación de él. De igual modo, la ley era una revelación de lo que Dios es. Revelaba que El es santo y justo y que El es un Dios de luz y de amor.

  Los Diez Mandamientos con todas las ordenanzas suplementarias nos proporcionan una visión clara de lo que Dios es, pero muchos cristianos no lo entienden así cuando leen Exodo 20 al 23. Por el contrario, prestan atención a los mandamientos como requisitos que ellos deben guardar. Son pocos los cristianos contemporáneos que ven la ley como una revelación de Dios.

  La ley también expuso la condición del pueblo de Dios. Dios es santo, pero el pueblo era mundano y común. Dios es justo, pero el pueblo estaba lleno de injusticia. Dios es un Dios de luz y de amor, pero el pueblo estaba lleno de tinieblas y de odio. Por quedar expuesto, el pueblo le pidió a Moisés que fuese a Dios y que intercediera por ellos. Se dieron cuenta de que necesitaban un mediador porque Dios es justo y santo.

  Muchos de nosotros podemos testificar que cuando tenemos una comunión íntima con Dios y recibimos Su revelación, quedamos expuestos. Sentimos que somos caídos, pecaminosos, y corruptos y que necesitamos desesperadamente la sangre. Es bueno recibir la revelación de lo que Dios es y quedar expuestos.

2. En el monte de Dios

  Moisés recibió la visión cuando él estaba en el monte de Dios. Si queremos tener la visión del tabernáculo, también debemos estar en la cima del monte con el Señor.

3. Al permanecer con Dios

  Cuando Moisés estaba en el monte de Dios, él permaneció con Dios bajo Su gloria durante cuarenta días y cuarenta noches. En la Biblia, el número cuarenta representa las pruebas. Es difícil resistir a las pruebas de Dios. Preferimos tener la visión muy rápidamente en unos minutos, pero recibir una revelación de Dios requiere de mucho tiempo. A Moisés le tomó cuarenta días y cuarenta noches para recibir esta visión. En mi experiencia, puedo testificar que me ha tomado cuarenta años para recibir esta visión. Poco a poco en el transcurso de los años, el Señor nos ha mostrado Su revelación. No debemos pensar que podemos recibir la revelación divina apresuradamente.

  Algunas experiencias que tuvimos en el recobro del Señor hace años demuestran que recibir la revelación de Dios requiere tiempo. En 1964 algunos hermanos decidieron trasladarse a distintas ciudades de los Estados Unidos para propagar la vida de iglesia. Al principio yo estaba de acuerdo y pensé que este mover sería bueno para el recobro del Señor. No obstante, algunas semanas más tarde, alenté a los hermanos a permanecer más tiempo, quizás por tres años. Sin embargo, algunos hermanos se fueron a varios lugares e intentaron llevar la vida de iglesia. Cada situación fue un fracaso, y los hermanos regresaron convencidos de que debían esperar algún tiempo antes de propagar la vida de iglesia. Tres años más tarde, en 1967, alenté a los santos a esperar otros tres años. Algunos hermanos no pudieron pasar esta prueba de tiempo. No pudieron esperar más; se fueron por su propia iniciativa. La historia ha demostrado que todos los que hicieron esto no tuvieron éxito. Esto indica que las cosas espirituales requieren tiempo. Para recibir la visión, Moisés tuvo que pasar cuarenta días y cuarenta noches bajo la gloria en la cima del monte.

  Los cuarenta días en los cuales Moisés estuvo con el Señor en la cima del monte fueron una prueba para los hijos de Israel. No fueron capaces de esperar que Moisés bajara del monte. Le pidieron a Aarón que les hiciera un dios. El pueblo tomó zarcillos de oro y los trajo a Aarón, y él los moldeó con una herramienta de grabador e hizo un becerro (32:3-4). Entonces el pueblo dijo: “Israel, estos son tus dioses que te sacaron de la tierra de Egipto”. (v. 4). En lugar de recibir una visión, el pueblo, fue incapaz de resistir la prueba del tiempo, se hizo un dios para ellos mismos. Pudieron mirar al becerro de oro y declarar que este era el dios que los rescató de Egipto. En realidad, era un ídolo. La situación es idéntica en principio entre muchos cristianos contemporáneos. Pueden jactarse de haber recibido una visión. En realidad, lo que tienen no es más que un becerro, un ídolo hecho por ellos mismos. No son capaces de esperar el tiempo necesario para recibir la revelación de Dios y se hacen ídolos para ellos mismos.

II. LOS MATERIALES

  En 25:1-7, Dios le reveló a Moisés los materiales, los elementos fundamentales, que se debían usar en la construcción del tabernáculo. Todos esos materiales representan los elementos básicos que debemos usar al edificar la iglesia. No obstante, los cristianos contemporáneos carecen de cada uno de estos elementos. En lugar de interesarse por los materiales que corresponden a la revelación de Dios, los cristianos enseñan a organizarse y a usar psicología. En el recobro del Señor, no enseñamos psicología ni organización. Debemos conocer todos los materiales celestiales de una manera completa.

A. Se refiere a las virtudes de la persona y la obra de Cristo

  Todos esos materiales descritos en 25:1-7 se refieren a las virtudes de la persona y de la obra de Cristo. Esto significa que estos materiales representan varios aspectos de Cristo. Representan las virtudes de lo que El es en Su persona y de lo que El ha hecho y hará en Su obra.

B. Una ofrenda elevada

  Exodo 25:2 dice: “Dí a los hijos de Israel que tomen para Mí ofrenda; de todo varón que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis Mí ofrenda”. Según el Antiguo Testamento, una ofrenda es algo creado por Dios y preparado por El, pero ganado, poseído y disfrutado por nosotros. Se refiere a algo creado por Dios que llega a ser nuestra experiencia. Por ejemplo, suponga que un israelita deseaba ofrecer un cordero a Dios. Aunque el cordero fue creado por Dios y preparado por El, la ofrenda debía ser ganada de manera justa. El no podía robar un becerro y luego ofrecer este becerro robado a Dios. Después de poseer el becerro apropiadamente, él debía disfrutarlo y experimentarlo. Luego él podía ofrecer este becerro a Dios. El hecho de presentar una ofrenda a Dios es un asunto de experiencia. Todos los materiales preparados por Dios deben llegar a ser nuestra posición, disfrute, y experiencia. Luego mediante nuestra experiencia, tenemos el derecho y la posición de ofrecer estos materiales a Dios como ofrenda elevada.

  En el Antiguo Testamento, una ofrenda se refiere a una ofrenda elevada delante de Dios. Además, la ofrenda elevada y la ofrenda mecida se pertenecen mutuamente. En realidad, estas dos ofrendas forman un par. La ofrenda elevada se refiere al Cristo elevado en los cielos, el Cristo en ascensión. Si queremos tener una ofrenda elevada, debemos experimentar al Cristo celestial. La ofrenda elevada representa a Cristo en resurrección. Como el resucitado, Cristo es capaz de moverse. El es activo y poderoso. El fue sepultado en la tumba, pero él rompió el lazo de la muerte y salió de la tumba. La muerte no puede retenerlo.

  Exodo 25:2 menciona la ofrenda elevada, y no la ofrenda mecida. El hecho de que los materiales habían de ser presentados como una ofrenda elevada significa que estos materiales se refieren a lo que hemos experimentado en resurrección. Todas las virtudes de la persona y la obra de Cristo son ofrecidas a Dios como ofrenda elevada en el carácter de resurrección, en la posición de los lugares celestiales, y para la edificación de Su morada en la tierra. Los materiales que ofrecemos deben tener el carácter de resurrección y una posición celestial. Esto indica que la iglesia es construida con materiales llenos del carácter de resurrección y enteramente en una posición celestial.

  Ya dijimos que los materiales usados en la edificación de la iglesia deben tener el carácter de resurrección y la posición celestial. Si entendemos esto, no formaremos una organización. La organización es natural; no tiene nada que ver con la resurrección. Los materiales para la edificación de la iglesia deben estar llenos del carácter de resurrección. Incluso nuestro amor no debe ser un amor natural, sino un amor en resurrección. Cuando usted está a punto de expresar amor por un santo, debe discernir si este amor es natural o si está en resurrección. Debe preguntarse si su amor está conforme a su gusto natural, su tendencia y propósito naturales, o si está en resurrección. Si está en resurrección, significa que la vida natural ha sido crucificada y sepultada. El amor en resurrección está automáticamente en una posición celestial. Si tenemos una ofrenda mecida, esta ofrenda es también una ofrenda elevada. Es algo en resurrección y en los cielos. Todos los materiales deben ser las virtudes de la persona y obra de Cristo que nosotros poseemos, disfrutamos, experimentamos y ofrecemos a Dios en resurrección como ofrenda elevada. Por consiguiente, nuestras experiencias deben estar en resurrección y en los lugares celestiales.

  La iglesia no se construye con materiales naturales, ni siquiera se edifica con Cristo directamente. Por el contrario, es edificada con el Cristo que se ha convertido en nuestra experiencia. La iglesia es edificada no solamente con el Cristo preparado por Dios, sino con el que poseemos, disfrutamos y experimentamos en resurrección y en los lugares celestiales. Necesitamos una rica experiencia de la resurrección y ascensión de Cristo. No debemos ser naturales ni terrenales. Por el contrario, debemos estar en resurrección y en los lugares celestiales.

  Como veremos, se usaban doce clases de materiales en la construcción del tabernáculo. Estos materiales pertenecían a tres categorías: minerales, plantas y animales. En la Biblia, la vida animal representa la redención. Antes de la caída, Dios no le dijo al hombre que comiera animales. El hombre todavía no había pecado, y por tanto no necesitaba la redención representada por el hecho de comer animales. Matar la vida animal con el derramamiento de sangre representa la redención.

  La vida vegetal en la Biblia representa la vida que regenera, que produce vida. Antes de la caída del hombre, todo lo que se necesitaba era esta vida regeneradora. Esta fue la razón por la cual era necesario que el hombre comiera solamente de la vida vegetal antes de la caída. El hombre necesitaba la vida regeneradora que produce. Pero después de la caída, él también necesitaba la vida animal para la redención.

  En la Biblia, se usan minerales para la construcción y para la lucha. Por supuesto, la lucha también se relaciona con el edificio.

  Primero la vida de Cristo es para la redención; segundo, para la regeneración; y tercero, para la edificación. La vida de Cristo es una vida redentora, productiva y edificante. La meta de Dios no es la redención ni la regeneración. Su meta es el edificio. Si queremos ser edificados como morada de Dios, necesitamos la vida redentora y regeneradora. Si queremos ser edificados, necesitamos la vida que regenera, y si deseamos ser regenerados, necesitamos la vida redentora.

  La razón por la cual se mencionan los minerales primero en 25:1-7 es que el edificio es la meta de Dios. Hemos visto desde el versículo 8 que el deseo de Dios consistía en que el pueblo hiciera un santuario para El. Este santuario, este edificio, requiere ciertos minerales. En la edificación de la Nueva Jerusalén, la consumación final del edificio de Dios, no habrá vida vegetal ni animal. Sólo habrá minerales: las puertas de perla, las calles de oro, y la pared y los fundamentos de piedras preciosas. Pero si queremos llegar a la meta de Dios, necesitamos la vida redentora, y también la regeneradora. La redención de Cristo y Su regeneración son lo único que nos puede dar el edificio de Dios. Por consiguiente, las tres categorías de materiales son: los minerales, las plantas, y la vida animal y muestran que la vida redentora sirve para vida generadora, y que la vida generadora sirve para edificación.

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