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Mensaje 82

La vision de los materiales, el modelo para el tabernaculo y su mobiliario

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  Lectura bíblica: Éx. 25:1-9

  Cuanto más estudio el libro de Exodo, más me gusta. En mi lectura he descubierto que este libro no sólo se trata del éxodo, sino también de la morada de Dios. El título del libro “Exodo” no fue dado por Moisés. Otras personas le dieron este nombre años más tarde. Este título no es todo-inclusivo, pues cubre solamente parte del contenido del libro de Exodo. En la primera parte de este libro, vemos cómo Dios redimió a Su pueblo y les permitió emprender su éxodo fuera de Egipto y por lo tanto escaparse de la tiranía de Faraón y del cautiverio egipcio. En cuanto a la primera parte del libro, el título Exodo es adecuado, pero a muchos lectores les puede causar dificultad, porque da la impresión de que sólo se trata de salir de la tiranía de Satanás. Este título no incluye la meta, ni la consumación de este libro. En cuanto a la consumación, el segundo libro del Antiguo Testamento trata de la edificación de la morada de Dios en la tierra.

  Muchos cristianos contemporáneos se interesan solamente en el éxodo, y no en la construcción del tabernáculo. En los lugares donde se estudia y presentan las Escrituras, ¿ha escuchado algún mensaje acerca de la edificación de la morada de Dios en la tierra en esta era? Muchos creyentes tienen el concepto de que el edificio de Dios está en los cielos y que sólo existirá en el futuro.

  El libro de Exodo tiene cuarenta capítulos, y no sólo catorce. Según el título de este libro, Exodo debería concluir con el capítulo catorce, después de que el éxodo de Egipto terminó y el pueblo estaba a salvo al otro lado del mar, bailando y alabando al Señor. En la experiencia de muchos cristianos, el libro de Exodo concluye con el capítulo catorce. Antes de que usted entrara en el recobro, ¿según su experiencia, cuántos capítulos, tenía el libro de Exodo? Muchos cristianos han ido solamente hasta el capítulo doce; otros, hasta el capítulo catorce; y los cristianos que buscan, han llegado hasta el capítulo veinticuatro. Los creyentes más experimentados han disfrutado las aguas en Elim, el maná de los cielos y el agua viva de la peña hendida, han emprendido la guerra contra Amalec, y fueron introducidos en la comunión íntima con Dios en el monte Sinaí. Efectivamente algunos cristianos atesoran Exodo 15 al 24 y aun han escrito himnos acerca de esta experiencia.

  En este Estudio-vida, hemos presentado muchos mensajes acerca de los capítulos diecinueve al veinticuatro, los cuales presentan una visión completa de la comunión entre el Dios redentor y Su pueblo redimido. Al principio de esta comunión en el capítulo diecinueve, había una nube de tinieblas espesa. Pero en el capítulo veinticuatro, cambia el ambiente, y el cielo se pone claro. Exodo 24:10 dice: “Y vieron al Dios de Israel; y había debajo de sus pies como un embaldosado de zafiro, semejante al cielo cuando está sereno”. Esta visión no tiene precedente. Antes de esto nadie había visto a Dios en un cielo claro. Aquí vemos que aquellos que estaban en el monte con Moisés, no solamente vieron al Dios de Israel, sino que aún vieron Sus pies.

  Ahora quisiera decir que deberíamos seguir la Palabra pura de la Biblia y no las enseñanzas tradicionales y sistemáticas acerca de la Trinidad. En Génesis 19, dice que Abraham tuvo una experiencia maravillosa con Dios. Dios se presentó a Abraham en forma de hombre. Abraham le sirvió una comida y aún lavó sus pies. ¿Cómo pudo Dios comer, y cómo pudo un hombre lavarle los pies? ¿Es Dios físico o espiritual? Si dice que El es simplemente espiritual, yo le preguntaría: ¿cómo podría aparecerse a Abraham en forma humana de tal manera que Abraham pudiese lavar sus pies? Algunos cristianos tienen demasiada confianza en su conocimiento teológico. Que expliquen cómo Dios pudo caminar físicamente en la tierra en Génesis 18. Muchos cristianos saben que Dios tomó forma humana con el nacimiento del Señor Jesús. ¿Pero cómo entendemos Génesis 18? ¿apareció Dios a Abraham en forma de hombre? Lo que Abraham vio no fue un fantasma. El habló con un verdadero hombre y aún lavó sus pies y le sirvió comida.

  Cuanto más consideramos estos asuntos, más nos damos cuenta de que no podemos entender completamente la revelación bíblica del Dios Triuno. El es misterioso y maravilloso. Va más allá de nuestra imaginación y la Trinidad no puede ser explicado apropiadamente por las enseñanzas tradicionales. En lugar de sistematizar la revelación bíblica de Dios, deberíamos creer simplemente lo que dice la Biblia. Génesis 18 declara que Dios se presentó a Abraham en forma de hombre, y en Lucas 2 vemos que el hijo de Dios nació en un pesebre en Belén. Creemos simplemente en la Biblia y en el Dios revelado en ella.

  En Exodo 24:10 vemos claramente que Moisés y los que lo acompañaban en el monte vieron al Dios de Israel. Esta visión era maravillosa, y va más allá de nuestra capacidad de describirla. Vieron a Dios en un cielo transparente.

  Mencionamos que el pueblo de Dios experimentó distintos grados de comunión con el Señor en el monte Sinaí. Moisés estaba en la cima del monte bajo la gloria de Dios; los ancianos estaban en el monte donde contemplaron al Dios de Israel; y la mayoría de la gente se encontraba al pie del monte. Debido a su falta de madurez, no se les permitió ascender al monte. No obstante, Dios no los rechazó. El los trajo a Su comunión, pero El exigió de ellos que se mantuvieran a cierta distancia. Moisés fue el único que entró en la gloria y permaneció con Dios durante cuarenta días y cuarenta noches. ¡Qué comunión tan maravillosa disfrutó Moisés con Dios!

  La situación de los hijos de Israel en el monte Sinaí describe nuestra situación como creyentes hoy. Fuimos redimidos mediante la Pascua, hemos emprendido nuestro éxodo fuera de Egipto, y hemos cruzado el mar Rojo. También tuvimos las experiencias en Mara y Elim. En el desierto, hemos disfrutado el maná y hemos bebido del agua viva de la peña hendida. Además, hemos emprendido la guerra con Amalec. Muchos de nosotros podemos testificar que fuimos llevados al monte de Dios y hemos entrado en la comunión con el Señor. Ya no estamos en Exodo 19 ni siquiera en Exodo 20 al 23, con los Diez Mandamientos y las ordenanzas, que revelan la economía de Dios. Estamos disfrutando la comunión con Dios, descrita en el capítulo veinticuatro. No obstante, hoy ne día debemos preguntarnos dónde estamos en cuanto a esta comunión. ¿Estamos con la mayoría del pueblo al pie del monte, con los ancianos en el monte contemplando al Señor bajo un cielo claro, o con Moisés en la cima del monte bajo la gloria de Dios?

  En un mensaje anterior, dijimos que la situación del pueblo de Dios en el monte Sinaí puede compararse con el tabernáculo, y el atrio, el Lugar Santo y el Lugar Santísimo. El pueblo podía estar en el atrio, pero sólo los sacerdotes podían entrar al Lugar Santo. Además, sólo el sumo sacerdote podía entrar en el Lugar Santísimo y estar frente a la gloria shekina de Dios y recibir Su hablar, Su revelación. El principio es el mismo en Exodo 24. La mayoría de la gente se encontraba al pie del monte. Esto puede ser comparado con el atrio del tabernáculo. Los ancianos estaban en el monte. Esto puede ser comparado con el Lugar Santo. Moisés estaba funcionando verdaderamente como sumo sacerdote, se encontraba en la cima del monte. Esto puede ser comparado con el Lugar Santísimo. Durante los cuarenta días y las cuarenta noches, él permaneció bajo la gloria de Dios, y recibió Su revelación.

  Nuestra comprensión de la tipología del tabernáculo depende de los escritos de aquellos que nos han precedido. Les debemos mucho y les estamos agradecidos por ello. Sin embargo, puesto que seguimos Sus huellas, podemos ver más de lo que ellos vieron, especialmente acerca del aspecto experimental del tabernáculo.

  Antes de recibir la revelación de Dios, los hijos de Israel debían irse de Egipto, cruzar el mar Rojo, y experimentar a Mara, a Elim y al maná, el agua viva de la roca golpeada, y la guerra con Amalec. Como resultado de todas estas experiencias, fueron llevados a la comunión con Dios. Tenían la posición con la perspectiva correcta para recibir la revelación acerca de la morada de Dios. Deberíamos considerar la tipología del tabernáculo y su mobiliario no solamente desde el punto de vista doctrinal, sino también desde la perspectiva de la experiencia espiritual. En todos estos mensajes sobre el tabernáculo, recalcaremos particularmente el significado del tabernáculo para la vida cristiana. Efectivamente, nos interesan los puntos doctrinales, pero más todavía la experiencia.

  En el mensaje anterior, empezamos a ver los materiales usados para la construcción de la morada de Dios. Vimos que todos los materiales se refieren a las virtudes de la persona y obra de Cristo y que todos fueron ofrecidos a Dios como ofrenda elevada.

  La mayoría de las religiones no usan la traducción “ofrenda elevada” en 25:2, pero la palabra hebrea denota claramente una ofrenda elevada. Ya vimos que la ofrenda elevada se refiere a Cristo en ascensión, al Cristo ascendido, y que siempre está acompañada por una ofrenda mecida que lo representa en resurrección, el Cristo resucitado. La ofrenda mecida viene primero y luego sigue la ofrenda elevada. La ofrenda mecida tipifica a Cristo en resurrección. En resurrección Cristo puede moverse, “agitarse”. Cristo fue sepultado, pero la tumba no lo pudo retener. En resurrección, El se hizo “ondulación”, Aquel que salió de la tumba. Cuando le ofrecemos a Dios el Cristo resucitado, Aquel que “ondula”, lo ofrecemos como ofrenda mecida. En el libro de Levítico, aprendemos que ciertas partes de un animal, el pecho o el muslo a menudo eran agitados delante del Señor como ofrenda mecida. Eran levantados para El como ofrenda elevada. Cristo no es solamente la ofrenda mecida sino también la ofrenda elevada, no solamente Aquel que resucitó, sino el ascendido, Aquel que ha ascendido a los cielos por encima de todos. Debemos poseer a Cristo, ganarlo, disfrutarlo y experimentarlo a El tanto como el resucitado como el ascendido. Por una parte, debemos conocer a Cristo en resurrección. Así como Pablo, debemos aspirar a conocer a Cristo y “el poder de Su resurrección” (Fil. 3:10). Por otra parte, debemos experimentar a Cristo en ascensión. Pablo habla del Cristo ascendido en Efesios 1:20 y 21, donde él afirma que Dios lo levantó de entre los muertos y lo sentó “a Su diestra en los lugares celestiales, por encima de todo principado, autoridad, poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no sólo en este siglo, sino también en el venidero”. Cuanto más experimentamos al Cristo ascendido, en los lugares celestiales, más se convierte El en nuestra posición. El llega a ser nuestro tesoro particular, que luego ofrecemos a Dios como material para la edificación de Su morada. Esto es ofrecer los materiales como ofrenda elevada.

  Debemos quedar impresionados de que la ofrenda elevada en 25:2 implica la experiencia espiritual. No debemos ofrecer los materiales a Dios de una manera objetiva, sin experiencia. Repito que primero los materiales deben llegar a ser nuestra posición y disfrute. Cuando llegan a ser nuestra posesión, podemos guardarlos, o podemos ofrecerlos voluntariamente a Dios. Debemos decir: “Señor, por amarte a ti, queremos ofrecer nuestro tesoro precioso y nuestras posesiones como ofrenda elevada para edificación de Tu morada”.

  Los materiales enumerados en 25:1-9 son doce en total y pertenecen a tres categorías: los minerales, los vegetales y los animales. Hemos visto que los vegetales se refieren a la vida regeneradora, los animales a la vida redentora y los minerales a la vida de edificación.

C. Los minerales

  En cuanto a los minerales, leemos acerca del oro, la plata, el bronce, las piedras de ónice, y las piedras que deben estar delante del efod y para el pectoral. Estos materiales no fueron usados como adorno o decoración, sino para el edificio. Las piedras de ónice y las demás piedras preciosas fueron usadas para las piezas de los hombros y el pectoral. El sumo sacerdote usaba el Urim y el Tumim junto con el pectoral, y podía recibir un mensaje de Dios. El pectoral que llevaba el sumo sacerdote no era un adorno. En cierto sentido puede ser considerado como una “máquina de escribir” divina usada para deletrear los mensajes del Señor. Aquí el punto es que el pectoral era construido con minerales, con piedras preciosas encrustadas en oro.

  El que los minerales sean la primera categoría que se menciona indica que todo lo que Cristo es y todo lo que El ha hecho y está haciendo sirve para la edificación. El edificio es la meta de Dios. La consumación de la revelación divina es la Nueva Jerusalén construida con oro, piedras preciosas y perlas. La Biblia es totalmente constante al respecto. Los minerales en 25:1-9 sirven para el edificio de Dios. En Primera Corintios 3:10 y 11, Pablo afirma que como sabio arquitecto, él echó los fundamentos y éstos son Jesucristo. Luego él declara “cada uno mire cómo sobreedifica” (v. 10). En el versículo 12, Pablo continúa y declara: “Y si sobre este fundamento alguno edifica oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca”. Note que en este versículo Pablo habla de los minerales: el oro, la plata y las piedras preciosas. En lugar de construir con oro, plata y piedras preciosas, muchos cristianos usan madera, heno y hojarasca, materiales sin ningún valor y que sirven únicamente para ser quemados. Además, en Segunda de Timoteo 2:20, Pablo afirma que en una gran casa hay vasos no solamente de oro y plata, vasos de honor, sino también de madera y de barro, de deshonra. En el Estudio-vida de Segunda de Timoteo, mencionamos que esta gran casa no representa a la iglesia como la casa de Dios, sino al cristianismo. En el cristianismo actual pocos usan materiales preciosos para construir la casa de Dios. Los mejores obreros usan madera, y los demás heno o hojarasca.

  Los minerales en 25:1-9 representan a Cristo como el material de edificación ordenado por Dios y preparado por El. Aunque Cristo es este material de edificación, Dios no usa este material directamente para edificar Su morada. Por el contrario, Dios nos da a Cristo para que lo ganemos, lo disfrutemos, y lo experimentemos. Así como Pablo en Filipenses 3, debemos perseguir a Cristo, ganarlo, y tomar posesión de El. Finalmente, Cristo llega a ser nuestra posesión tanto en resurrección como en ascensión. En las reuniones de la iglesia, debemos ofrecer a Dios como ofrenda elevada al Cristo que hemos experimentado y que se ha convertido en nuestro tesoro especial.

  Cuando liberamos nuestro espíritu al funcionar en las reuniones, debemos tener a Cristo como nuestro contenido. Si simplemente gritamos alabanzas al Señor sin Cristo como contenido, no ofreceremos el excedente de El a Dios. Animo a todos los santos a funcionar en la reuniones y a liberar su espíritu. Pero esta función y liberación debe estar llena de Cristo. Este Cristo no es objetivo; El es el Cristo subjetivo que experimentamos y ganamos como nuestro tesoro. En las reuniones debemos ofrecer este Cristo precioso al Padre como material para edificación de la iglesia.

  Si entendemos que Cristo es el material ofrecido como ofrenda elevada, con el cual Dios edifica, entonces debemos lamentar la situación deplorable de los cristianos contemporáneos. Muchos se enorgullecen de su educación y de su conocimiento teológico. Hace algunos años, una persona se jactaba del número importante de doctorados en su organización. Pero Moisés no era teólogo, y el Señor Jesús no tenía doctorado. Por el contrario, aparentemente El era un nazareno inculto. Otros se maravillaban y decían: “¿Cómo sabe éste letras, sin haber estudiado?” (Jn. 7:15). El Señor Jesús aún reprendió a los cultos, llamándoles “raza de víboras” (Mt. 23:33). Estos líderes religiosos habían envenenado al pueblo de Dios, pero el Señor Jesús vino a sanar al pueblo. Los que se jactan de su doctorado y conocimiento teológico en realidad tienen un conocimiento superficial de la Biblia. ¿Han visto que Cristo es el material con el cual Dios edifica? ¡Alabado sea el Señor porque El es el material precioso para la edificación de la morada de Dios!

  Ya dijimos que el sumo sacerdote llevaba un pectoral hecho con materiales preciosos cuando él entraba en la presencia de Dios. Si experimentamos a Cristo como el material de construcción y nos revestimos de El como el pectoral cuando entramos en la presencia de Dios, recibiremos Su revelación. La revelación viene por medio del Cristo que hemos experimentado y se convierte en el material de nuestra edificación.

  El recobro del Señor es totalmente distinto de la religión actual. No nos preocupa conocer la Biblia simplemente en letras. Estamos aquí para llevar a cabo la economía de Dios en Su recobro. Es imposible que haya reconciliación entre el recobro y el cristianismo. En el recobro rechazamos la madera, el heno y la hojarasca. Pero estos materiales inferiores reciben la bienvenida entre muchos cristianos, y además son apreciados, alabados, exaltados y anunciados. Muchas publicaciones cristianas aún exhiben la madera, el heno y la hojarasca. En el recobro, preferimos tener una pequeña cantidad de oro, plata y piedras preciosas que un gran montón de madera, heno y hojarasca. Lamentamos profundamente el hecho de que muchos líderes religiosos y maestros bíblicos estén ciegos espiritualmente. Pueden estudiar la Palabra, pero no conocen la realidad misteriosa de versículos como 25:1-9. No nos interesan las enseñanzas tradicionales, pues la revelación de Dios está en Su palabra.

1. El oro representa la naturaleza divina de Cristo

  El primer mineral mencionado en 25:1-9 es el oro. El oro representa la naturaleza divina de Cristo y es puro y eterno. En Jesús, el nazareno, se hallaba la naturaleza divina, aunque este “oro” estaba escondido dentro de El.

  Debemos experimentar la naturaleza divina y escondida de Cristo. Por ejemplo, en todo lo que un hermano hace como marido, padre, o empleado, él debe tener la naturaleza divina de Cristo escondida dentro de él. Otros se preguntarán acerca de él y sentirán que hay algo valioso en él.

  Los religiosos se quedaron asombrados por el Señor Jesús. Ellos sabían que El era un carpintero, y algunos aún conocían a Sus hermanos. No obstante, se preguntaban cómo El podía hacer y decir ciertas cosas. Esto era por la naturaleza divina escondida dentro de este nazareno.

  Aún los jóvenes entre nosotros deben experimentar a Cristo en Su naturaleza divina, pura y eterna y luego mostrarles a los demás en la escuela o en su vecindad que ellos poseen algo valioso. En su hablar y comportamiento, darán la impresión de que tienen algo admirable dentro de ellos. Agradezco al Señor porque muchos de nuestros jóvenes llevan este testimonio.

  Debemos llevar a las reuniones y ofrecer a Dios lo que experimentamos y poseemos de la naturaleza divina de Cristo. Los que están en la universidad no deben pensar que son muy jóvenes para presentar esta ofrenda mecida a Dios para Su edificio. Puedo testificar que cuando los jóvenes funcionan de esta manera, yo soy edificado. Todos necesitamos la experiencia del oro, es decir, la naturaleza divina de Cristo. Luego debemos ofrecer a Dios este elemento del Cristo que hemos experimentado como ofrenda elevada. Debemos experimentarlo a El, poseerlo, y luego ofrecerlo a Dios para la edificación de Su morada.

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