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Mensaje 97

Las tablas del tabernaculo

(1)

  Lectura bíblica: Éx. 26:15-25; 36:20-30; 40:18

  En la secuencia de la revelación divina, la cubierta del tabernáculo se menciona antes que las tablas. Esto va en contra del orden que normalmente se sigue al hablar acerca de un edificio, el cual comienza con el fundamento y continua hacia arriba. La manera divina de revelar el tabernáculo comienza con la parte de arriba, o sea, con las cuatro capas de la cubierta. Además, en Exodo 36, el techo del tabernáculo se hizo antes que las tablas. Al aplicar esto a la experiencia cristiana, debemos preguntarnos si en nuestra vida cristiana comenzamos con el fundamento o con la parte de arriba.

  El techo o la cubierta de la morada de Dios en el desierto tenía cuatro capas. La primera era de lino fino, la segunda de pelo de cabras, la tercera de piel de carnero teñida de rojo y la cuarta de piel de tejón. En tipología, estas capas no se refieren a los creyentes, sino a Cristo. La primera capa representa a Cristo como un ser humano perfecto y completo; la segunda lo representa como Aquel que fue hecho pecado y quien murió en la cruz por nuestros pecados; la tercera lo representa como Aquel que llevó a cabo la redención a fin de satisfacer la necesidad de Dios y la nuestra y la cuarta lo representa como Aquel que es fuerte contra el enemigo y capaz de resistir sus ataques. Ningún aspecto de las cuatro capas representa a los creyentes. Por lo tanto, éstas representan absoluta y completamente a Cristo.

I. TIPIFICAN A LOS CREYENTES EDIFICADOS JUNTAMENTE PARA SER LA MORADA DE DIOS

  Bajo la cubierta del tabernáculo había unas paredes compuestas de tablas de madera de acacia cubiertas de oro. Estas representan a los creyentes edificados para formar la morada de Dios (Ef. 2:22). Así que podemos decir con toda seguridad que el tabernáculo representa no sólo a Cristo individualmente, sino también al Cristo corporativo. Los creyentes, representados por las tablas cubiertas de oro, están cubiertos de Cristo. Aunque las capas de la cubierta no representan a los creyentes, Cristo está mezclado con las tablas que forman las paredes del tabernáculo. Las tablas que estaban hechas de madera de acacia cubierta de oro nos muestran esto, ya que eran los mismos materiales que se usaron en el arca, la cual es un tipo de Cristo.

  Antes de ser salvos, no éramos las tablas del tabernáculo de Dios. No teníamos la madera de acacia, y no estábamos cubiertos de oro. Según la vida natural, no somos tablas. Sin embargo, de acuerdo con la vida divina en resurrección, somos las tablas erguidas del tabernáculo. Ahora, llegamos a ser como la madera de acacia cubierta de oro.

  Así como el arca estaba hecha de dos elementos: madera de acacia y oro, así también las tablas estaban hechas de los mismos elementos. Esto indica que las tablas eran el agrandamiento y la extensión del arca. Estas son lo mismo que el arca en sustancia, con las dos naturalezas: madera y oro. Esto demuestra que nosotros, los creyentes, quienes constituimos la pared del tabernáculo, somos el agrandamiento de Cristo, Su extensión. ¿Se da cuenta de que usted es parte de la extensión de Cristo? Como miembros del Cuerpo, somos Su reproducción, continuación, aumento, duplicación y propagación. También, somos Su agrandamiento y extensión. Tal como el cuerpo de una persona es la extensión y el agrandamiento de su cabeza, así nosotros, el Cuerpo de Cristo, somos el agrandamiento, la continuación, la extensión, y la propagación de Cristo, quien es la Cabeza. Así que todas las tablas del tabernáculo son la extensión y el agrandamiento del arca.

  El arca medía dos codos y medio de largo y un codo y medio de ancho y de alto. El tabernáculo medía treinta codos de largo y diez codos de ancho y de alto. Si comparamos el tabernáculo con el arca, vemos que el tabernáculo es verdaderamente el agrandamiento y la extensión del arca. Así mismo, nosotros, los creyentes, somos el agrandamiento y la extensión de Cristo. Cuando el Señor Jesús estaba en la tierra, El vivió y anduvo en un área muy restringida. Sin embargo hoy, el Cristo corporativo se extiende por toda la tierra.

II. EL AGRANDAMIENTO DEL ARCA

  El tabernáculo abarca no sólo a Cristo individualmente, sino también a Cristo con los creyentes de una manera corporativa. Por un lado, éstas representan a los creyentes; por otro, las tablas también están relacionadas con Cristo. Esto es así porque Cristo nos ha hecho parte de Sí mismo. Ya no estamos en Adán; estamos en Cristo y hemos llegado a ser parte de Cristo. El Cristo corporativo está cubierto por el Cristo individual. No tenemos nada que ver con el arca o con las capas de la cubierta. Aunque no somos el agrandamiento de la cubierta, si lo somos del arca. La cubierta es principalmente para la redención, pero el arca es principalmente para el testimonio. Nosotros no tenemos nada que ver con la obra redentora de Cristo. Sería una blasfemia decir que hicimos algo en la obra redentora de Cristo. Sin embargo, podemos decir que tenemos una participación en el testimonio de Cristo, ya que estamos unidos a Cristo quien testifica y somos Su agrandamiento.

  Ahora volvamos a la pregunta que hicimos al principio del mensaje: en nuestra vida cristiana ¿comenzamos con la parte de arriba del tabernáculo o con el fundamento? El tabernáculo tipifica la iglesia. ¿La iglesia surge de arriba hacia abajo o de abajo hacia arriba? La Biblia no revela una iglesia que surge de abajo hacia arriba. Por el contrario, según la Biblia, la iglesia surgió de arriba hacia abajo. El relato de Exodo lo demuestra ya que comienza con el techo del tabernáculo y no con las tablas. El hecho de que la cubierta está antes que las tablas indica que la redención de Cristo debe ir primero. Esto revela que nuestra experiencia cristiana comienza con la parte de arriba, con el techo, no con el fundamento. Si Cristo no se hubiese hecho hombre para morir en la cruz por nuestros pecados y lograr así la redención, cumplir con los requisitos de Dios y resistir los ataques del enemigo, no podríamos llegar a ser el pueblo de Dios. El evangelio es en realidad Cristo tipificado por las cuatro capas de la cubierta del tabernáculo. Cuando predicamos el evangelio, predicamos a este Cristo con las cuatro capas. Cuando oímos el evangelio y creímos en Cristo, nuestra vida cristiana comenzó de arriba hacia abajo. Al contrario, nuestra vida natural comenzó desde abajo, de hecho, desde el nivel más bajo. Es por esto que las capas del techo aparecen primero. Antes de que fuéramos regenerados, ya existía el techo, el Cristo con las cuatro capas. Por lo tanto, nuestra experiencia cristiana no comienza con el fondo, sino con la parte de arriba. Cuando creímos en el Señor y le recibimos, inmediatamente nos encontramos bajo el techo, bajo la cubierta.

III. LA MADERA DE ACACIA CUBIERTA DE ORO

  Después de ser salvo, yo sabía que había sido regenerado, pero no entendía lo que había sucedido en mí. No sabía que había llegado a ser una tabla de madera de acacia cubierta de oro. Sabía que había sido salvo y que por lo tanto debería hacer lo posible para glorificar a Dios. Este concepto es de cierto positivo. Es maravilloso que hayamos sido salvos y tengamos el deseo de darle gloria a Dios. No obstante, este conocimiento es natural; no tiene ninguna luz divina. Es simplemente saber que una vez fuimos pecadores destinados al infierno, ahora, que somos salvos que vamos para el cielo, debemos comportarnos apropiadamente para la gloria de Dios. Es crucial que nos demos cuenta de que cuando fuimos salvos y regenerados, hubo un cambio en nuestro ser. Antes éramos caídos y nos estábamos hundiendo cada vez más. Sin embargo cuando creímos en Cristo, El vino a nosotros y nos llenamos de júbilo. Tuvimos un cambio en naturaleza ya que se añadió a nosotros un nuevo elemento. Este elemento es nada menos que Cristo mismo. Así que, a través de la regeneración llegamos a ser madera de acacia cubierta de oro. Tenemos la humanidad elevada de Jesús y Su naturaleza divina. Ahora nuestro nuevo ser es parte del agrandamiento del arca.

  Como cristianos, no sólo hemos sido salvos, pero también hemos sido cambiados en nuestra naturaleza y ser. Tenemos en nosotros la naturaleza humana elevada representada por la madera de acacia y la naturaleza divina que cubre, representada por el oro. Cualquiera que no posee este nuevo ser no es nuestro hermano o hermana en Cristo. Todos aquellos que han sido escogidos por Dios y regenerados por El tienen estas dos naturalezas: la madera de acacia y el oro.

  Por medio de la regeneración nuestra humanidad ha sido renovada y reforzada. Por ejemplo, la regeneración causa que seamos más sabios, más prudentes y entendidos. Si no hubiese sido salvo y regenerado, nunca hubiese llegado a tener el entendimiento que tengo hoy. Además, muchos creyentes eran como medusas antes de ser regenerados, parecían ser gente sin carácter. Podían ser derrotados fácilmente por cualquier cosa o persona. Sin embargo, por medio de la regeneración, han llegado a ser como madera de acacia. Su voluntad es muy fuerte para resistir el pecado. Según 2 Timoteo 1:7, Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de cordura. El poder se relaciona con la voluntad, y el amor con la emoción. La salvación de Dios verdaderamente nos cambia; nos hace un nuevo ser.

  Por medio de la regeneración tenemos la humanidad elevada de Jesús. Uno de nuestros himnos habla de ser “Jesúsmente humano”. Debido a que tenemos la humanidad elevada de Jesús, a otros se les hace difícil entendernos. Por un lado, parecemos ser seres humanos ordinarios; por otro, somos diferentes a los demás porque tenemos la vida divina y la naturaleza divina. Nuestra humanidad expresa la naturaleza divina. El oro que cubre la madera de acacia representa eso.

  Me gustan las palabras: Dios, bueno y oro. El verdadero oro y la verdadera bondad son Dios mismo. O sea que si queremos ser un hombre bueno o un hombre de oro, primero debemos ser un Dios-hombre. La madera de acacia debe expresar el oro que la cubre. Si no somos hombres de oro, no podemos expresar a Dios. Como tablas de madera de acacia, no debemos expresarnos a nosotros mismos, sino el oro que nos cubre. Los demás deben ver en nosotros la expresión de Dios.

  Puede que se le haga difícil creer que como cristiano, la madera de acacia le representa. Puede ser tentado a decir que todavía es débil. Si usted cree que es débil y proclama que es débil, en realidad será débil. En la experiencia lo que usted piensa y dice determina lo que es. Por lo tanto, es crucial que usted cambie su manera de pensar. No se considere más una medusa. Por fe usted debe proclamar que es una tabla de madera de acacia cubierta de oro. No hable conforme a lo que usted es por naturaleza, sino conforme a su fe. Si usted dice que es débil, será débil. Si dice que no tiene manera de cómo tratar con cierta situación, no la tendrá. Sin embargo, si usted declara que es fuerte y que tiene la mejor manera de cómo tratar una situación difícil, usted será fuerte y también tendrá la manera.

  Cuando hablamos de este modo avivamos la llama del don de Dios que recibimos. Vimos recientemente, en el estudio-vida de 1 Corintios que todos los creyentes en Cristo han recibido los dones iniciales, los dones de la vida divina y del Espíritu Santo. Ahora debemos avivar la llama de estos dones y darnos cuenta de que Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino un espíritu de poder, de amor y de cordura. Debemos ver lo que somos por la regeneración y luego declararlo. No se mire a sí mismo, sino manténgase firme en la palabra del Señor y actúe en ella. Cuando el Señor Jesús le dijo a Pedro que saltara del barco y viniera hacia El sobre el agua, Pedro lo hizo (Mt. 14:28-29). El caminó sobre el agua conforme a la palabra de Cristo. Sin embargo, al mirar a su alrededor, perdió su fe. Debemos seguir el ejemplo de Pedro al principio, pero no después. Según la palabra del Señor, debemos decir con fe que somos tablas de madera de acacia cubiertas de oro.

  La madera de acacia representa la humanidad regenerada y elevada de la nueva creación que tiene Cristo como el material básico, fuerte para levantar. La madera de acacia es el material básico de las tablas erguidas. La capacidad de mantenerse levantado no depende del oro; depende de la madera de acacia. Aunque el oro es precioso, es muy suave para tener el poder de levantamiento necesario. Como las tablas, nuestro poder de levantamiento es la madera de acacia. Nos levantamos porque nuestra humanidad ha sido regenerada y elevada. Pero, no expresamos esta humanidad. En lugar de eso, expresamos la divinidad. Por lo tanto, el oro es la expresión de la iglesia. El hecho de que la madera de acacia estuviese cubierta de oro significa que la naturaleza divina de Cristo y nuestra naturaleza han llegado a ser una a fin de expresar a Dios.

IV. LAS MEDIDAS

  Cada tabla medía diez codos de largo. El diez se compone de dos veces cinco. Ya que el cinco representa la responsabilidad, entonces diez indica una doble responsabilidad. Como las tablas en la iglesia, llevamos una doble responsabilidad. Además, el número dos no sólo duplica, sino también denota un testimonio. Nuestra doble responsabilidad es un testimonio. Si todos llevamos la responsabilidad de manera doble, daremos el testimonio.

  El ancho de cada tabla, o sea, un codo y medio, es igual al ancho y a la altura del arca. El arca medía dos codos y medio de largo. Esto significa que las medidas del arca y el ancho de cada tabla son medias unidades y también el ancho de cada tabla. La mitad de tres indica que cada creyente es una mitad y que necesita ser unido a otro para formar tres codos a fin de edificar la morada de Dios.

  Según el Antiguo Testamento, los números tres y cinco son básicos en cuanto al edificio de Dios. En muchas ocasiones al hablar del tabernáculo aparecen los números tres y cinco o múltiplos de estos. Ya habíamos visto que el número cinco representa la responsabilidad y el tres al Dios Triuno en resurrección. Por lo tanto, el uso de los números tres y cinco en el edificio de Dios indica que el edificio requiere mucha responsabilidad en la resurrección del Dios Triuno.

  Como las tablas, ninguno de nosotros está completo. Tanto en la vida de iglesia, como en la vida matrimonial, todos somos mitades. Somos un codo y medio y necesitamos de otra tabla que nos haga una unidad completa. A través de los años en la vida de iglesia he aprendido que no puedo ser independiente, no puedo ser una tabla sola. Necesito estar emparejado; por lo tanto, necesito de otra mitad, otra tabla, para formar una unidad completa.

  Una carrera de tres piernas es un ejemplo de la vida matrimonial. En esta carrera cada par de corredores tiene una pierna libre y la otra atada a una de las piernas de su compañero. El éxito de la carrera depende de que cada par trabaje en una buena coordinación. Los dos deben correr como si fueran una sola persona. No obstante, en la vida matrimonial no es fácil para el esposo o la esposa ser uno. Es posible que la esposa exprese abiertamente sus opiniones y el esposo puede ser difícil y exigente. Por lo tanto, en lugar de ser una pareja viviendo en verdadera unidad, hay una división. El mismo problema se encuentra a menudo en la vida de iglesia. Lo que más daña el servicio en la iglesia es expresar nuestra opinión. Los santos pueden tener diferentes opiniones, incluso cuando van a aspirar las alfombras del local de reunión. En la vida de iglesia es muy difícil estar emparejado o unido a otros. Solamente podemos estar unidos con otras tablas cuando experimentamos la madera de acacia cubierta de oro.

  Algunos santos sirven a la iglesia, pero ellos quieren hacer las cosas por ellos mismos. Algunos dicen: “Si los hermanos quieren que yo haga algo, deben dejar que lo haga yo solo. No dejen que nadie interfiera con lo que estoy haciendo.” Aquellos que sirven a la iglesia de esta manera hacen de su área de trabajo su posesión privada. Sin embargo, en la iglesia, todos debemos aprender a hacer las cosas juntos. Nada debe estar sólo en nuestras manos. Es posible que un hermano lleve fiel y diligentemente una responsabilidad. No obstante, puede que sea muy individualista y mantenga su servicio en secreto sin estar dispuesto a dejar que otros compartan en este servicio de la iglesia. En ocasiones le he aconsejado a los santos a no tomar cuidado de los asuntos de la iglesia en sus casas, sino hacerlo todo en el local de reunión de una manera pública. Servir a la iglesia de manera privada e individualmente es servir como una tabla sola que no está unida a ninguna otra. El tabernáculo, sin embargo, estaba edificado con muchas tablas que estaban conectadas. Debemos darnos cuenta de que solamente somos una de muchas tablas, que sólo somos media unidad, y que necesitamos que otra tabla nos complete.

  Agradecemos al Señor que durante los pasados diez años la situación y condición entre nosotros relacionada con las tablas ha mejorado. No obstante, todavía necesitamos mejorar. Yo espero que todo aquel que sirve en la iglesia sirva de una manera corporativa, dándose cuenta de que es media unidad y necesita de otro que se empareje con él.

V. EL NUMERO

  El versículo 18 dice: “Harás, pues, las tablas del tabernáculo; veinte tablas al lado del mediodía, al sur”. Según el versículo 20, había veinte tablas al lado del norte, que es el segundo lado del tabernáculo. A cada lado había diez pares que formaban diez veces tres codos. Reiteramos que el tres representa al Dios Triuno en resurrección y el diez a lo completo del hombre. Por lo tanto, diez veces tres nos da la humanidad completa y perfecta en resurrección con el Dios Triuno. Este es el testimonio de la iglesia edificada.

  El versículo 22 dice: “Y para el lado posterior del tabernáculo, al occidente, harás seis tablas”. El número seis se refiere al hombre que fue creado al sexto día y luego llegó a ser caído. En la Biblia, el seis representa al hombre natural y caído. En nosotros mismos somos el seis, ya que somos caídos y naturales. Pero cuando somos emparejados, formamos tres pares de tablas que miden tres codos de ancho cada una. Esto quiere decir que cuando las personas naturales y caídas se emparejan, llegan a ser tres veces tres, o sea, tres pares de tres. Llegan a ser personas en resurrección con el Dios Triuno.

  El versículo 23 dice: “Harás además dos tablas para las esquinas del tabernáculo en los dos ángulos posteriores”. El tabernáculo medía diez codos de ancho. Según el versículo 22, había seis tablas en la parte posterior del tabernáculo. Estas tablas cubrían nueve codos del ancho del tabernáculo, dejando un espacio de menos de un codo si se toma en consideración el grueso de las tablas de los lados. No sabemos cómo se llenaba este espacio. Esto es algo que no podemos descifrar.

  El versículo 24 es difícil de entender: “Las cuales se unirán desde abajo, y asimismo se juntarán por su alto con un gozne; así será con las otras dos; serán para las dos esquinas”. La expresión las cuales se refiere a las dos tablas mencionadas en el versículo 23. Estas debían ser duplicadas desde abajo, y esta duplicación debería ser completada por su alto en el primer gozne. Como veremos en el próximo mensaje, cada tabla tenía tres goznes donde se insertaban las barras que conectaban para unir las tablas. Es muy difícil determinar donde iba el primer gozne en las tablas de las esquinas. Debido a que estas tablas eran duplicadas en el grueso, nos queda el problema de cómo este gozne se alínea con los goznes de las otras tablas y también cómo la barra cabía en el.

  Aunque no podamos entender todos los detalles relacionados con la tablas de las esquinas, podemos apreciar algo del significado espiritual de estas tablas que eran dobles. La esquina es un lugar de cambio. Siempre que hay un cambio en el mover del Señor, existe la necesidad de duplicar, fortalecer y reforzar. Por ejemplo, tenemos la propagación de la iglesia, de Jerusalén a Antioquía. Antioquía era una esquina, un lugar de cambio hacia el mundo gentil. Si usted estudia Hechos 13, verá que un cambio importante tomó lugar en Antioquía. Sin embargo, así como no podemos tener un entendimiento cabal de las tablas de las esquinas del tabernáculo, tampoco podemos tener un entendimiento completo del cambio que tomó lugar en Antioquía. De igual manera, no tenemos un entendimiento completo de los cambios que el Señor ha hecho en Su recobro. En 1949 hubo un cambio de China continental a Taiwan. Aunque yo participé en ese cambio de manera completa, no puedo explicarlo adecuadamente. Ninguno de nosotros puede explicarlo completamente. Sin embargo, sabemos que cuando sucedió, hubo un duplicar, fortalecer y reforzar. El hecho de que no podemos descifrar todos los detalles de las esquinas del tabernáculo indica que siempre debemos estar algo sorprendidos de los cambios que hace el Señor en Su recobro. En 1970 hubo una emigración para la propagación de las iglesias en los Estados Unidos. Aquellos que participaron en esta emigración saben que éste se dio. No obstante, este cambio fue sorprendente y difícil de entender. Aunque es difícil de explicar, sabemos que este cambio envolvió una duplicación, un reforzar. Hoy día hay esquinas en el testimonio del Señor. Cada esquina necesita ser reforzada y duplicada. Este reforzar es inmensurable, y no hay manera de entenderlo completamente.

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