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Mensajes del libro «Cristo que mora en nosotros seqún se ve en el canon el Nuevo Testamento, El»
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CAPÍTULO TRES

EL BAUTISMO Y EL HECHO DE QUE CRISTO MORA EN NOSOTROS

  Lectura bíblica: Mt. 3:11a; 28:19-20b; Ro. 6:3, 4a; Gá. 3:27-28; 1 Co. 12:13a

  Hemos visto que Dios dio dos pasos a fin de forjarse en nosotros para ser nuestra vida. Él se hizo carne, y llegó a ser el Espíritu vivificante. Jesús fue el postrer Adán en la carne, pero por medio de la muerte y la resurrección llegó a ser el Espíritu vivificante. Él se hizo carne para redimirnos y llegó a ser el Espíritu vivificante para impartirnos Su vida.

LA META DE LA VIDA

  El cristianismo recalca mucho el aspecto de la redención, pero pasa por alto la meta principal de la vida. En el cristianismo hemos escuchado muchos mensajes acerca de la redención, pero nunca hemos llegado a oír que Jesús como el postrer Adán fue hecho Espíritu vivificante a fin de impartirse a nosotros como vida. Nosotros teníamos el pecado, mas no la vida. Por esta razón, Jesús se hizo carne para quitar nuestro pecado, y luego llegó a ser el Espíritu vivificante a fin de impartirnos Su vida.

  En total, el Señor dio siete pasos en siete etapas. Estos pasos fueron: la encarnación, la crucifixión, la resurrección, la ascensión, el bautismo, el morar de Él en nosotros y Su advenimiento. La encarnación implica que Dios se mezcló con el hombre. La crucifixión implica que todo lo relacionado con la vieja creación fue aniquilado. La resurrección implica la germinación de una nueva vida con un nuevo comienzo en la nueva creación. La ascensión significa que Jesús como hombre fue investido para ejercer Su nuevo cargo como Rey de reyes y Señor de señores a fin de ser Cabeza sobre todas las cosas. Luego, el Día de Pentecostés y en la casa de Cornelio, Él llegó a ser el Bautizador para introducir en Sí mismo a todo Su pueblo. Después de esto, Él empezó a morar en todos Sus miembros a fin de llevar a cabo Su obra de transformación. Mediante esta obra de transformación nosotros alcanzaremos la madurez y entonces Él regresará. El advenimiento implicará la transfiguración de nuestro cuerpo físico. Cuando esto suceda, todos nosotros seremos completamente, íntegramente y totalmente iguales a Él, tanto interna como externamente. ¡Aleluya! Esto será la Nueva Jerusalén, la cual es la expresión consumada de todo lo que Dios ha venido realizando en estos siete pasos.

EN ÉL, EN NOSOTROS

  En este mensaje necesitamos ver algo más en cuanto a la relación que existe entre el hecho de que Él mora en nosotros y el bautismo. Estas etapas están estrechamente relacionadas entre sí. El bautismo tenía como fin introducirnos en Él, y el morar de Cristo en nosotros tenía como fin que Él fuera introducido en nosotros. El bautismo implica que nosotros estamos en Cristo, y el hecho de que Él mora en nosotros implica que Cristo está en nosotros. Muchas veces en el Nuevo Testamento encontramos estas dos frases: “en Cristo” y “Cristo en nosotros”. Nosotros fuimos bautizados en Cristo, y luego Cristo entró en nosotros.

  El primero de los cuatro Evangelios es Mateo y el último es Juan. Esto es muy significativo. ¿Por qué el Evangelio de Juan no es el primero y por qué Mateo no es el último? Esto sería como poner la cabeza debajo de los pies y los pies en el cuello. No sería apropiado. Lo más apropiado es que Mateo sea el primero y que Juan sea el último. Sin embargo, muchos cristianos no han visto cuán preciosos son estos dos libros.

EL DIOS TRIUNO

  Aparte de estos dos libros no hay ningún otro libro de la Biblia que nos revele tanto al Dios Triuno. El nombre del Dios Triuno se nos revela claramente en Mateo. No hay ningún otro versículo del Antiguo Testamento que nos hable tan claramente acerca de la Trinidad como lo hace Mateo 28:19. Desde luego, Génesis e Isaías nos dan ciertos indicios, pues ambos utilizan el pronombre “Nosotros” al hablar de Dios. Sin embargo, Mateo 28 lo dice de manera muy clara y definida: “Bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo”.

  Sin embargo, debemos entender que este versículo tan claro no viene sino hasta después de que el Señor Jesús fue resucitado. De hecho, se encuentra en la última parte del último capítulo de este libro. El capítulo 1 nos dice que Jesús nació de una virgen, y que Su nombre fue llamado Emanuel, que quiere decir Dios con nosotros. Él era un hombre humilde y menospreciado, pero era Dios con nosotros. Después de vivir por un poco más de treinta y tres años, fue crucificado, sepultado y resucitó. Entonces fue hecho el Espíritu vivificante, quien hace real, es la realidad y la corporificación todo-inclusivas del Dios Triuno. Él regresó a Sus discípulos como tal persona, Aquel que incluye el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Entonces les dijo: “Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo” (Mt. 28:19).

  En el capítulo 1 tenemos a Emanuel, pero en el último capítulo, Dios con nosotros llega a ser el Dios Triuno. Nosotros jamás podríamos ser bautizados en Emanuel. Él simplemente era un humilde hombre llamado Jesús. Nunca podríamos haber entrado en Él. Juan el Bautista profetizó en Mateo 3 que Él era quien nos bautizaría en el Espíritu Santo. Pero ¿dónde está el Espíritu Santo? No fue sino hasta el tiempo de Su resurrección que Él regresó en otra forma maravillosa. Él fue hecho el Espíritu vivificante, y regresó de tal manera maravillosa. Él tenía un cuerpo que podíamos tocar y, aun así, ¡Él traspasó las puertas que estaban cerradas! Entonces les dijo a los discípulos que fueran e hicieran discípulos a las naciones, bautizándolos en el nombre del Dios Triuno. Mientras estaba en la carne como hombre, Él no podía introducir a las personas en Sí mismo. Pero después de que resucitó, fue hecho el Espíritu vivificante. Él ya no era simplemente el hombre, Jesús. Ahora Él es la realidad consumada, todo-inclusiva y hecha real, y la corporificación del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

  Después de hablar de introducir a las personas en el Dios Triuno, el Señor les dijo a Sus discípulos que Él estaría con ellos hasta la consumación del siglo. Nosotros somos bautizados en el Dios Triuno y, por otro lado, Jesús está con nosotros. Así que, ¿quién es Jesús? Jesús es simplemente el Dios Triuno. El cristianismo ha pasado totalmente por alto la interpretación apropiada de este versículo.

UNA UNIÓN ESPIRITUAL Y MÍSTICA

  Quisiera citar a continuación un libro titulado Word Studies of the New Testament [Estudios de palabras del Nuevo Testamento] escrito por Marvin R. Vincent. “Bautizarlos EN el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. La preposición en denota unión o comunión con. Bautizar en el nombre de la Trinidad Santa implica una unión espiritual y mística con el Dios Triuno. El nombre es la totalidad del Ser Divino y equivale a Su persona. Su nombre no tendría eficacia alguna si estuviera separado de Su naturaleza. Cuando alguien es bautizado en el nombre de la Trinidad, dicha persona declara que reconoce y se apropia de Dios en todo lo que Él es y en todo lo que hace por el hombre”.

  Creo que entendemos esto claramente. Bautizar a las personas en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo significa introducirlas en el Dios Triuno. Según el señor Vincent, esto equivale a introducirlas en la totalidad del Ser Divino, lo cual implica una especie de unión espiritual y mística.

  El cristianismo nos dice que Jesús nació simplemente para salvar a los pecadores. Pero Mateo no termina de esa manera. Mateo concluye con Jesús como el Espíritu vivificante, la corporificación del Dios Triuno, quien introduce a todo el pueblo escogido de Dios en Sí mismo. Además, nos dice que Su presencia está con todos los que son bautizados. Mateo abarca mucho más que el simple acto salvador de Jesús; pues concluye diciéndonos que Jesús bautiza a todo el pueblo de Dios en el Dios Triuno. Y Él siempre está con todos aquellos a quienes ha introducido en Sí mismo. Esto es sencillamente la vida de iglesia. No consiste simplemente en la acción salvadora de Jesús, sino en ser introducidos en Jesús como el Espíritu vivificante, la corporificación del Dios Triuno, a fin de que podamos disfrutar de Su presencia que mora en nosotros en la vida de iglesia.

EN EL DIOS TRIUNO, EN CRISTO Y EN UN SOLO CUERPO

  Mateo 28 habla acerca de bautizar a las personas en el nombre del Dios Triuno. Pero Romanos 6 nos habla de ser bautizados en Cristo. “¿O ignoráis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte?” (Ro. 6:3). Gálatas 3:27 nos habla de lo mismo: “Porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos”. Luego 1 Corintios 12:13a dice que nosotros fuimos bautizados en un solo Cuerpo: “Porque en un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un solo Cuerpo”. Así pues, estos versículos nos permiten ver que nosotros somos bautizados en el Dios Triuno, bautizados en Cristo y bautizados en un solo Cuerpo.

  Ahora nos encontramos con un problema. ¿Hay tres bautismos o uno solo? Si hay un solo bautismo, ¿cómo puede un solo bautismo introducirnos en tres categorías de seres? Nosotros fuimos introducidos en el Dios Triuno, en Cristo y en un solo Cuerpo. ¿Estamos en tres seres diferentes o estamos en uno solo? Hemos sido introducidos en uno solo porque el Dios Triuno es Cristo, y Cristo es el único Cuerpo. Por lo tanto, ser bautizados en el Dios Triuno simplemente equivale a ser introducidos en Cristo, y ser introducidos en Cristo equivale a ser introducidos en Su Cuerpo. ¡Aleluya! Nosotros hemos sido bautizados en el Dios Triuno, hemos sido bautizados en Cristo, y tanto judíos como gentiles han sido bautizados en un solo Cuerpo. Éstas no son tres diferentes categorías de seres separados. Ellos son uno solo. El Dios Triuno es sencillamente Cristo mismo y Cristo hoy en día es Su Cuerpo. “Así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también el Cristo” (1 Co. 12:12). El Cristo que está en muchos miembros es un solo Cuerpo, y en un mismo Espíritu todos fuimos bautizados en un solo Cuerpo.

  Tengo la profunda convicción de que esto es algo muy nuevo para nosotros. Pero en el Día de Pentecostés y en la casa de Cornelio, Cristo como el Espíritu que bautiza, como la corporificación del Dios Triuno, introdujo a todo el pueblo escogido de Dios en el Dios Triuno. Por consiguiente, ser introducidos en el Dios Triuno simplemente significa ser introducidos en Cristo mismo, y ser introducidos en Cristo mismo es ser introducidos en un solo Cuerpo.

  Ahora entendemos por qué Mateo nos habla del Dios Triuno de una manera tan clara y tan enfática. La razón es que Mateo nos muestra cómo Dios se encarnó, nació de una virgen para ser Emanuel, Dios con nosotros. Sin embargo, no podíamos ser introducidos en Emanuel. Así que, Él tuvo que pasar por un proceso que tardó un poco más de treinta y tres años. Él pasó por el proceso de la muerte y la resurrección para llegar a ser el Espíritu vivificante. El Espíritu vivificante es, por tanto, la última persona del Dios Triuno, pues es Su corporificación plena y la realidad que podemos experimentar. Ahora Cristo es este Espíritu en quien todos fuimos bautizados.

  Cada vez que la iglesia bautice a los nuevos creyentes, nosotros debemos tener la fe y la comprensión de que Jesús está con nosotros bautizándolos. Si nosotros somos los únicos que bautizamos, eso no tiene significado alguno. Pero cuando bautizamos a las personas, el Señor Jesús es quien las introduce en el Dios Triuno. Esto es muy significativo. Él es el Bautizador, y como el Espíritu vivificante, Él es la corporificación del propio Dios Triuno, en quien ellos son bautizados. Ellos son bautizados en el Dios Triuno, en Él mismo y en Su único Cuerpo.

EL RESULTADO DE SER BAUTIZADOS ES QUE SE NOS DA FIN

  Por medio del bautismo, nosotros fuimos introducidos en el Dios Triuno; sin embargo, esta acción también incluye el hecho de darnos fin. Para ello debemos leer nuevamente Romanos 6. “¿O ignoráis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte? Hemos sido, pues, sepultados juntamente con Él en Su muerte por el bautismo” (vs. 3-4). Nosotros fuimos bautizados en Su muerte y, como hemos visto, Su muerte implica el darnos fin. Por lo tanto, ser bautizados en Cristo da por resultado que se nos dé fin.

  Cuando nosotros fuimos bautizados en Cristo, se nos dio fin en Él y fuimos sepultados en Él. Aunque nos gusta mucho escuchar que fuimos bautizados en el Dios Triuno, en Cristo y en un solo Cuerpo, es necesario que comprendamos lo que el bautismo significa. El bautismo implica que se nos da fin y somos sepultados. Ser bautizados en Cristo equivale a que se nos da fin en Cristo. Nosotros incluso somos sepultados en Cristo. Muchas personas creen que ser introducidos en Cristo significa ser puestos en los cielos; sin embargo, en realidad significa ser puestos en una tumba. Es por ello que Gálatas 2:20 dice: “Ya no vivo yo”. Se le dio fin al “yo” y fue sepultado. Todos los que fuimos bautizados en Cristo, fuimos bautizados en Su muerte. Esto no suena tan agradable. Aunque nos gusta estar en Cristo, a ninguno nos gusta estar en la tumba. Sin embargo, si recibimos a Cristo, ciertamente debemos aceptar también Su muerte. Su muerte implica que se nos dio fin y fuimos sepultados.

EN EL REINO

  Casi todos los cristianos saben que Mateo es un libro que trata acerca del reino. No obstante, este libro también nos muestra que entrar en el reino es algo muy sencillo. Lo único que necesitamos es ser sepultados en Cristo, y entonces nos encontramos en el reino. Si somos sepultados en Cristo, nos encontraremos en el reino. Ir y hacer discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el Dios Triuno significa introducir a las personas en el reino; e introducirlas en el reino implica darles fin y sepultarlas.

  Hoy en día el verdadero significado del bautismo se ha perdido completamente. Las personas únicamente conocen la forma como una clase de ritual. Sencillamente no entienden que el bautismo significa ser introducidos en el Dios Triuno, en Cristo y en el único Cuerpo. Además, significa darnos fin y sepultados en Cristo. A toda mi historia, mi vida natural, mi yo, mi naturaleza y a todo mi ser, se le ha dado fin en Cristo y ha sido sepultado. Como resultado, me encuentro en el Dios Triuno, en Cristo, en el único Cuerpo y en el reino. No existe otra manera que ser sepultados en Cristo. Esto no significa simplemente ser sepultados en agua. Eso no tiene valor alguno. Es necesario que seamos sepultados en Cristo.

  Debemos aprender a juntar estos cuatro versículos. Mateo 28:19 dice que nosotros fuimos bautizados en el Dios Triuno. Romanos 6:3 y Gálatas 3:27 dicen que nosotros fuimos bautizados en Cristo. Y 1 Corintios 12:13 dice que fuimos bautizados en un solo Cuerpo. El Dios Triuno es el propio Cristo, y el propio Cristo es el único Cuerpo. Cuando somos sepultados en estos tres aspectos, los cuales en realidad son uno solo, somos verdaderamente aniquilados. Entonces nos encontramos en la vida apropiada de iglesia, en el reino y en el Cuerpo.

EL SIGNIFICADO APROPIADO DEL BAUTISMO

  Si Dios no hubiese llegado a ser el Espíritu vivificante, le sería muy difícil introducir a las personas en Sí mismo. En primer lugar, aún tendríamos el pecado con nosotros. El problema del pecado aún estaría sin resolver. Además, seríamos simplemente seres humanos. ¿Cómo podrían los seres humanos ser introducidos en Dios? Pero alabado sea el Señor porque Él se hizo carne para efectuar la redención y quitar el pecado del hombre. Después de esto, Él llegó a ser el Espíritu vivificante, de modo que fuese posible para Sus escogidos ser bautizados en Él. Así pues, cuando bauticemos a otros, no debemos hacerlo por nosotros mismos. Debemos hacerlo con Él, es decir, siendo uno con Él. Nosotros sumergimos a las personas en el agua, pero Él las introduce en Sí mismo. Por un lado, Él es el Bautizador y, por otro, Él es el Espíritu que está disponible para que las personas puedan ser introducidas en Él mismo.

  Si nosotros conociéramos el hecho de que Cristo mora en nosotros, captaríamos el significado apropiado del bautismo. Nosotros fuimos bautizados en el Dios Triuno, en Cristo y en el único Cuerpo. Este bautismo implica que fuimos aniquilados y sepultados. Hemos sido eliminados por completo. Todos los estadounidenses fueron completamente eliminados, y todos los chinos también fueron completamente eliminados. Todos los seres humanos en su condición natural fueron aniquilados y sepultados. ¡Aleluya! Ahora ya no vivo yo, sino Cristo. El “yo” fue aniquilado y sepultado en el Dios Triuno, en Cristo y en el único Cuerpo. Éste es el significado del bautismo.

  Ahora entendemos claramente el Evangelio de Mateo. Mateo nos dice que Cristo era un pequeño niño, nacido de una virgen. Este pequeño niño era Emanuel, Dios con nosotros. Después de vivir en la tierra, Él pasó por el proceso de la muerte y la resurrección para llegar a ser el maravilloso Espíritu vivificante, quien es la realidad y la corporificación del Dios Triuno que podemos experimentar. Él es el Bautizador, y también es Aquel en quien hemos sido bautizados. Éste es el bautismo que hace que el único Cuerpo sea formado, y este Cuerpo hoy en día es simplemente Cristo, y Cristo es el Dios Triuno. ¡Alabado sea el Señor!

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