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Mensajes del libro «Lecciones básicas acerca de la vida»
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LECCIÓN SIETE

LA DEFINICIÓN DE LA VIDA

  Lectura bíblica: Ef. 4:18; Ap. 22:1; Jn. 14:6a; 1 Jn. 1:2; 5:12a; Col. 3:4a; Ro. 8:2a; 2 Co. 3:6b

BOSQUEJO

  1. La vida no es una especie de devoción:
    1. La devoción es un ejercicio de la religiosidad.
    2. La vida es Cristo que vive en nosotros—Gá. 2:20a.
  2. La vida no es una especie de buena conducta:
    1. La buena conducta es obra nuestra.
    2. La vida es Cristo expresado en nuestro vivir—Fil. 1:21a.
  3. La vida no es una especie de poder:
    1. El poder es útil para laborar—Hch. 1:8.
    2. La vida es necesario para vivir—Jn. 6:57b.
  4. La vida no es una especie de don:
    1. El don es la capacidad de ejercer alguna función—Ro. 12:6.
    2. La vida es el Ser Divino en nuestro ser—Jn. 1:13b.
  5. La vida no se trata del crecimiento en conocimiento:
    1. El crecimiento en conocimiento es un aumento en el conocimiento.
    2. La vida es el aumento de Dios—Col. 2:19b.
  6. La vida no es nuestra vida humana:
    1. Nuestra vida humana (bíos y psujé) es mortal—Lc. 8:43b; 21:4b; Mt. 16:25-26.
    2. La vida (zoé) es eterna—1 Jn. 1:2; Sal. 90:2b.
  7. La vida es el contenido de Dios y el fluir de Dios:
    1. El contenido de Dios es Su propio ser—Ef. 4:18a.
    2. El fluir de Dios es la impartición de Él mismo como vida en nosotros—Ap. 22:1.
  8. La vida es Cristo—Jn. 14:6a; Col. 3:4a; 1 Jn. 5:12a:
    1. Cristo es la corporificación de Dios, quien es vida—Col. 2:9.
    2. Cristo es la expresión de Dios—Jn. 1:18; He. 1:3a.
  9. La vida es el Espíritu Santo:
    1. El Espíritu Santo es la realidad de Cristo—Jn. 14:16-17; 1 Co. 15:45.
    2. El Espíritu Santo es el Espíritu de vida que nos da vida a nosotros—Ro. 8:2a; 2 Co. 3:6b.

  Punto central: la vida es el Dios Triuno impartido en nosotros y vivido en nosotros.

  Necesitamos saber lo que es la vida y, por eso, dedicamos esta lección a dar una definición de la vida. Todos los versículos que enumeramos en la lectura bíblica son cruciales para entender este tema. Efesios 4:18 habla de ser ajenos a la vida de Dios. Apocalipsis 22:1 dice que del trono sale un río de agua de vida. En Juan 14:6a el Señor dijo que Él es la vida. En 1 Juan 1:2 se menciona la vida eterna. En 1 Juan 5:12a leemos que quien tiene al Hijo tiene la vida. Colosenses 3:4a se refiere a Cristo como nuestra vida. Romanos 8:2a usa la expresión el Espíritu de vida, y 2 Corintios 3:6b dice que el Espíritu da vida. Estos versículos son cruciales para poder entender la definición de la vida.

I. LA VIDA NO ES UNA ESPECIE DE DEVOCIÓN

  El primer aspecto que necesitamos ver es que la vida no es una especie de devoción. Muchos cristianos piensan que la devoción equivale a la vida espiritual, pero la devoción en realidad es un ejercicio de la religiosidad; o sea que es un esfuerzo nuestro. Pablo dice en Gálatas 2:20a: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. Esto muestra que la vida consiste en que Cristo viva en nosotros. Es nuestro deber ayudar a los santos a entender que nunca debemos considerar la devoción como si fuera la vida espiritual. Uno puede ser muy devoto y carecer de la vida. Algunas monjas y sacerdotes católicos pueden ser muy devotos, pero esa devoción es una simple actividad de religiosidad. La vida no es una actividad, sino que es Cristo mismo. Debemos recalcar este hecho a lo sumo y ayudar a los santos a comprender que la vida es Cristo mismo. No existe nada que pueda reemplazar la vida divina.

II. LA VIDA NO ES UNA ESPECIE DE BUENA CONDUCTA

  En términos generales, los cristianos piensan que si una persona tiene una buena conducta, tiene vida. Cuando yo vivía en China, notaba que muchos discípulos de Confucio se conducían mejor que los misioneros cristianos. Eran bastante tiernos, pacientes y humildes; además eran muy mansos y poseían la virtud de ser dadivosos. Pero eso no era la vida, sino una buena forma de conducirse. Confucio afirmaba que debemos desarrollar las “virtudes brillantes” en nuestro ser, lo cual, en realidad, equivale a cultivar nuestra conciencia. Pero nosotros debemos recalcar que la buena conducta que brota de nuestro propio esfuerzo de cultivar nuestra conciencia no es la vida. La vida es Cristo.

  Cuando el hombre fue creado era bueno, pero en la caída se corrompió y fue dañado. Aun así, en su interior hay algo bueno que Dios creó. Las enseñanzas de Confucio tratan de desarrollar la naturaleza buena que existe en el hombre, o sea, las virtudes naturales y buenas que Dios creó en él. Estas virtudes fueron dañadas, pero todavía se hallan en su naturaleza humana. La buena conducta que el hombre logra desarrollar por sí mismo se basa en lo que él puede hacer, pero la vida divina es Cristo expresado en nuestro vivir. La vida no es nuestras acciones. Pablo dice en Filipenses 1:21a: “Para mí el vivir es Cristo”. Así que, la vida no es una buena conducta, sino Cristo expresado en nuestro vivir. Primero, Cristo vive en nosotros, y luego se manifiesta en nuestro vivir. En esto consiste la vida.

  Debemos adiestrar a los santos para que disciernan la diferencia entre la buena conducta y la vida divina. Tal vez admiremos a cierto hermano porque es tierno, manso, humilde y paciente. Quizá pensemos que está lleno de vida, pero eso muestra que no tenemos el debido discernimiento. El hermano a quien admiramos puede estar expresando sus virtudes naturales en esa buena conducta. Pero la vida es Cristo expresado desde nuestro interior en nuestro vivir.

III. LA VIDA NO ES UNA ESPECIE DE PODER

  También debemos ver que la vida no es una especie de poder. El Espíritu tiene dos aspectos: el de la vida en nosotros, y el de poder sobre nosotros. Cuando el Nuevo Testamento habla del poder del Espíritu, usa la preposición sobre, lo cual implica algo por fuera; pero cuando se refiere al Espíritu como vida usa la preposición en. El Espíritu está en nosotros.

  El Nuevo Testamento dice que el Espíritu de realidad estaría con nosotros e incluso en nosotros, y que ríos de agua viva brotarían de nosotros. Existe el aspecto de beber del Espíritu y el de ser bautizados en Él. Bautizar a una persona es sumergirla en el agua, pero beber es ingerir el agua. En 1 Corintios 12:13 se habla de estos dos aspectos. Todos fuimos bautizados en un solo Espíritu en un solo Cuerpo, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Estos dos aspectos se relacionan con el Espíritu, pero en el cristianismo actual el aspecto de la vida es dejado a un lado y se exagera el énfasis en el aspecto del poder. Por lo tanto, es necesario dejar claro que la vida nos es una especie de poder.

  Hechos 1:8 muestra que el hecho de que el Espíritu de poder viniera sobre los discípulos los capacitó para que llevaran a cabo la obra de propagar el evangelio desde Jerusalén hasta las partes más remotas de la tierra. Este versículo nos muestra que el poder es necesario para la obra, y Juan 6:57b muestra que la vida es esencial para nuestro vivir. En este versículo el Señor dice: “El que me come, él también vivirá por causa de Mí”.

IV. LA VIDA NO ES UNA ESPECIE DE DON

  La vida no es una especie de don. El don es la capacidad de ejercer cierta función (Ro. 12:6), pero la vida es el Ser Divino en nuestro ser. Juan 1:13b dice que nosotros los creyentes fuimos engendrados por Dios, lo cual equivale a tener Su ser en nuestro ser. La vida es Dios mismo, el Ser Divino, en nuestro ser.

V. LA VIDA NO SE TRATA DEL CRECIMIENTO EN CONOCIMIENTO

  El crecimiento en conocimiento no es la vida. El crecimiento en conocimiento es un aumento en el conocimiento. Uno puede acumular mucho conocimiento bíblico leyendo libros y estudiando en un seminario y aun así no conocer la vida en absoluto. La vida es el aumento de Dios en nosotros. Colosenses 2:19b revela que la iglesia crece con el crecimiento de Dios, con el aumento de Dios como vida.

VI. LA VIDA NO ES NUESTRA VIDA HUMANA

  Nuestra vida humana no es la vida en torno a la cual gira la Biblia. Nuestra vida humana (bíos y psujé) es mortal (Lc. 8:43b; 21:4b; Mt. 16:25-26). La vida humana no es vida porque muere y está destinada a morir. La verdadera vida es inmortal. Lo que es mortal no es vida. Tanto nuestra vida física (bíos) como nuestra vida anímica (psujé) son mortales; por lo tanto, la vida humana no es vida. En Lucas 8:43b y 21:4b, la palabra griega traducida “cuanto tenía” y “el sustento” es bíos, una palabra que se refiere a la vida física. En Mateo 16:25-26 la palabra griega traducida “vida del alma” es psujé.

  La vida (zoé) es eterna, es decir, nunca muere. En 1 Juan 1:2 se nos dice: “La vida fue manifestada, y hemos visto y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó”. Luego, Salmos 90:2b dice: “Desde la eternidad y hasta la eternidad, Tú eres Dios”. Hablando con propiedad, las vidas mortales no son la vida verdadera; la verdadera vida es eterna e inmortal y es Dios mismo porque Él existe desde la eternidad y hasta la eternidad. Dios es eterno; por consiguiente, sólo el Dios mismo es la verdadera vida.

VII. LA VIDA ES EL CONTENIDO DE DIOS Y EL FLUIR DE DIOS

  Los seis puntos anteriores nos presentan lo que no es la vida. Ahora tenemos que ver lo que es vida. La vida es el contenido de Dios y el fluir de Dios. El contenido de Dios es Su propio Ser; así que la vida es Su ser interior (Ef. 4:18a). El fluir de Dios es la impartición de Él mismo como vida en nosotros. En Apocalipsis 22:1 vemos el río de agua de vida que sale del trono de Dios. Éste es el fluir de Dios. La vida es el contenido de Dios, es decir, Su Ser interior; y la vida es Dios mismo, quien fluye en nosotros para impartirse en nuestro ser.

VIII. LA VIDA ES CRISTO

  Debemos dejar en los santos la profunda impresión de que la vida es Cristo (Jn. 14:6a; Col. 3:4a; 1 Jn. 5:12a), quien es la corporificación de Dios, el cual es vida. Colosenses 2:9 dice que toda la plenitud de la Deidad habita corporalmente en Cristo. Dios como vida está corporificado en Cristo, quien es la expresión de Dios. Juan 1:18 afirma que a Dios nadie le vio jamás, pero que el Hijo unigénito, le ha dado a conocer. Luego, Hebreos 1:3 muestra que Cristo es el resplandor de la gloria de Dios. Esto significa que Cristo es la expresión de Dios, quien es vida.

IX. LA VIDA ES EL ESPÍRITU SANTO

  Por último, necesitamos hacer notar que la vida es el Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la realidad de Cristo (Jn. 14:16-17; 1 Co. 15:45). El Hijo es la corporificación del Padre, y el Espíritu es la realidad del Hijo. Romanos 8:2a usa la expresión el Espíritu de vida, y 2 Corintios 3:6b dice que el Espíritu da vida. Por lo tanto, el Espíritu Santo es el Espíritu de vida, quien nos da vida. Debemos recalcar que en el Nuevo Testamento el Espíritu tiene dos aspectos. Por un lado, Él es el Espíritu de poder y, por otro, es el Espíritu de vida.

  Debemos prestar atención al punto central de esta lección, a saber: la vida es el Dios Triuno impartido en nosotros y vivido en nosotros. El Padre es la fuente, el Hijo es el cauce, y el Espíritu es el fluir. El Dios Triuno se imparte en nosotros en Su Trinidad Divina y ahora vive en nosotros.

  Esta lección acerca de la definición de la vida es muy necesaria entre nosotros, ya que es posible que utilicemos la palabra vida, sin saber lo que ésta es. Es necesario comprender cabalmente lo qué es la vida.

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