Lectura bíblica: Ef. 4:3-6; Hch. 2:42a; 1 Jn. 1:3; Jn. 17:11b, 20-23; Ap. 1:11; Ro. 14:1-6; 15:1-7; 16:17; 2 Jn. 7-11; 1 Co. 5:9-13; 2 Co. 2:5-11; Tit. 3:10
En esta palabra adicional, tengo la carga, primero, de compartir con ustedes acerca de la comunión de las iglesias en el recobro del Señor. Hoy necesitamos tener un conocimiento cabal con respecto a la comunión del Cuerpo de Cristo, y también con respecto a la comunión de las iglesias locales.
Como hemos visto en este libro, el recobro del Señor es el recobro de la revelación divina con respecto a ocho puntos principales y básicos: Dios, Cristo, el Espíritu, la vida eterna, los creyentes, la iglesia, la base apropiada de la iglesia, o sea el terreno mismo, y la práctica de las iglesias locales. Entre estos puntos, el recobro de la base apropiada de la iglesia toca un problema práctico importante al que nos estamos enfrentando hoy. Hoy el recobro es, en su forma más práctica, el recobro de la base apropiada de la iglesia. Hoy todas las divisiones y confusiones entre los cristianos provienen de esta única fuente: el hecho de que la mayoría de los cristianos carecen del conocimiento de la base apropiada de la iglesia. Hoy todo el cristianismo está lleno de divisiones. Con el tiempo la división produce confusión; de hecho, estos dos asuntos son dos lados de una misma cosa. En los últimos tres años hemos estado afrontando un verdadero problema entre nosotros, un problema al que se le puede llamar una rebelión, un disturbio, o una división. Este problema no ha sido causado por la falta de conocimiento con respecto a la base apropiada de la iglesia, sino al hecho de que aquellos responsables del problema no están dispuestos a practicar la verdad con respecto al terreno apropiado de la iglesia. No quisieron guardar el terreno apropiado de la iglesia. Además de la necesidad de conocer el terreno de la iglesia, también se necesita el conocimiento adecuado de la comunión del Cuerpo de Cristo para tener la práctica apropiada de las iglesias locales.
Ahora necesitamos ver, en breve, la comunión del Cuerpo de Cristo. En nuestro cuerpo físico hay un torrente sanguíneo, al cual podemos llamar la circulación de la sangre. Este torrente o esta circulación fluye continuamente en nuestro cuerpo. Si este torrente, o esta circulación sanguínea se detuviera por sólo unos minutos, moriríamos. Por lo tanto, es la circulación de nuestra sangre lo que nos mantiene vivos. Nuestra salud corporal depende de la circulación de la sangre. Podemos decir que esta circulación es la comunión de nuestro cuerpo.
La comunión del Cuerpo de Cristo es muy parecida a la circulación sanguínea de nuestro cuerpo. Hemos sido iluminados para ver que Cristo tiene un Cuerpo y que nosotros somos miembros de Su Cuerpo, es decir, miembros de Cristo mismo. Así como nuestro cuerpo físico tiene muchos miembros, así también el Cuerpo de Cristo tiene muchos miembros. Y así como el hombre tiene un solo cuerpo —este es un principio que Dios ordenó en Su creación— Cristo también tiene un solo Cuerpo. Si no entendemos lo que es la iglesia como Cuerpo de Cristo, simplemente debemos mirar nuestro propio cuerpo. Podemos entender lo que es el Cuerpo de Cristo conociendo nuestro propio cuerpo. He aprendido mucho en cuanto al Cuerpo de Cristo por medio de aprender a entender mi propio cuerpo. Si llegamos a conocer nuestro cuerpo, conoceremos el Cuerpo de Cristo.
La circulación de la sangre es la comunión de nuestro cuerpo. La comunión del Cuerpo de Cristo también es una clase de circulación. En nuestro cuerpo físico tenemos la circulación de la sangre, pero el Cuerpo místico de Cristo no tiene sangre. Entonces la comunión del Cuerpo de Cristo es la circulación del Espíritu. Hoy, el Espíritu es la “sangre” del Cuerpo de Cristo. Si no hubiera sangre en nuestro cuerpo, éste se secaría y moriría. De igual manera, si el Cuerpo de Cristo no tuviera el Espíritu, sería como un cadáver. Así que, la comunión del Cuerpo de Cristo es simplemente la circulación, es decir, el torrente, del Espíritu; no el Espíritu Santo o el Espíritu de Dios, sino el Espíritu. En el Nuevo Testamento el Espíritu denota el Espíritu consumado, el Espíritu que ha sido consumado, compuesto y mezclado y que hoy se dispensa. En este Espíritu hay divinidad, es decir, la naturaleza divina de Dios, y hay humanidad, es decir, la naturaleza humana del hombre. También en este Espíritu está la persona de Cristo, la muerte todo-inclusiva y maravillosa de Cristo, y la resurrección de Cristo, la cual imparte poder, y también Su ascensión. Todos estos elementos han sido combinados con este Espíritu. Cuando este Espíritu circula dentro del Cuerpo de Cristo, circulan la divinidad, la humanidad, la persona de Cristo, la muerte de Cristo y la resurrección de Cristo. ¡Qué maravilloso es esto!
La circulación de la sangre es muy importante para nuestro cuerpo físico. Esta circulación lleva nutrición a cada parte de nuestro cuerpo, y también hace que nuestro cuerpo esté bien cuidado. Algunas veces necesitamos hacer algún ejercicio físico para mejorar la circulación de nuestro cuerpo. Esto puede hacer que tengamos mejor salud. En Romanos 10:12 se nos dice que cuando invocamos el nombre del Señor, el Señor es rico para con nosotros. Yo he descubierto que cuanto más invocamos al Señor en voz alta, más se libera nuestro espíritu y más somos sanados y fortalecidos. Invocar al Señor de esta manera es muy saludable porque invocar de esta manera es un ejercicio. Si siempre estamos callados y cerrados dentro de nosotros mismos, seremos muy débiles. Pero si invocamos, diciendo: “¡Oh, Señor Jesús!, ¡Oh, Señor!, ¡Oh, Señor, Amén, Aleluya!” por diez minutos, el Señor llegará a ser muy rico para nosotros. Tendremos disfrute, y con el tiempo tendremos fuerza. El gozo del Señor será nuestra fuerza (Neh. 8:10). Yo he aprendido el secreto de invocar el nombre del Señor. El Señor es rico para con todos los que le invocan. Invocar no es meramente orar. La palabra en griego que se traduce invocar significa clamar, llamar a gran voz. En ciertas situaciones no es apropiado que invoquemos el nombre del Señor a gran voz. Sin embargo, cuando estemos en una situación apropiada para hacerlo, debemos invocar a gran voz, clamando: “¡Oh, Señor Jesús!, ¡Amén!” Por medio de invocar al Señor de esta manera, disfrutaremos las riquezas de Cristo y seremos fortalecidos. Esto es debido a que al invocar el nombre del Señor el Espíritu circula en nosotros. Este Espíritu circulante es el Espíritu compuesto, que incluye divinidad, humanidad, la persona de Cristo, la muerte de Cristo y la resurrección de Cristo. Las riquezas de este Espíritu compuesto son inescrutables. Cuando este Espíritu circula en nosotros, disfrutamos de todas las riquezas de Cristo. Esta circulación es la comunión del Cuerpo de Cristo.
El Cuerpo de Cristo es universalmente único (Ef. 4:4-6). Individualmente, somos miembros del Cuerpo de Cristo, y todas las iglesias locales son parte de este Cuerpo único de Cristo. Somos los que están en el Cuerpo, y como tales, tenemos que darnos cuenta de que somos uno con todos los santos en todo el universo. Efesios 4:4-6 describe una unidad que es universal: “Un Cuerpo y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo; un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos”. En estos versículos podemos ver que el Dios Triuno está mezclado con el Cuerpo. El Cuerpo mencionado aquí no es local, sino universal. Esta es la unidad universal del Cuerpo de Cristo.
Puesto que el Cuerpo de Cristo es universalmente único, la comunión del Cuerpo de Cristo también es universalmente única.
La comunión del Cuerpo de Cristo es la comunión de los apóstoles, la comunión divina entre todos los creyentes y el Dios Triuno. La expresión la comunión de los apóstoles se usa en Hechos 2:42: “Y perseveraban en la enseñanza y en la comunión de los apóstoles” (gr.). Luego en 1 Juan 1:3 se nos dice que la comunión de los apóstoles no es meramente con nosotros, los creyentes, sino también con el Padre y con el Hijo. Aquí Juan no mencionó al Espíritu directamente, porque él estaba hablando en el Espíritu. El Espíritu ya estaba allí. La comunión de los apóstoles es la comunión del Cuerpo de Cristo, la comunión divina entre todos los creyentes y el Dios Triuno.
La comunión de los apóstoles se basa en la enseñanza de los apóstoles. La comunión siempre viene después de la enseñanza. Si no hay enseñanza, la comunión no tiene elemento ni esfera. En realidad, la enseñanza es el elemento y la esfera de la comunión. Por la misercordia del Señor, hoy en el recobro del Señor nosotros estamos bajo la enseñanza de los apóstoles y en la comunión de los apóstoles. La comunión del recobro en la cual estamos es la comunión recobrada de los apóstoles. Esta comunión se había perdido, pero ha sido recobrada. Hoy estamos en la comunión de los apóstoles, la cual es la comunión del recobro del Señor. Si usted es bautista, está usted en la comunión de los bautistas. Pero la comunión de los bautistas es más estrecha que la comunión de los apóstoles, así que no pueden pretender que su comunión sea la comunión de los apóstoles. Nosotros necesitamos ver y también tener el denuedo para decir que estamos en la comunión del recobro, la cual es la comunión recobrada de los apóstoles.
Siempre tenemos que recordar que estamos en el recobro del Señor y que Su recobro es único. No hay otro recobro, así como no hay otro Cuerpo de Cristo ni otro Nuevo Testamento. La comunión de los apóstoles es la comunión para este recobro único, el recobro del Señor. Cuando vemos que en el recobro ocurre algo que no está bien, necesitamos tener este tipo de comunión y también una actitud apropiada. Cuando un hombre se casa con otra persona, está obligado a quedarse con ella por toda su vida. Si no está contento con ella, no puede divorciarse de ella. Debe tratar de hacer todo lo posible por ayudar a su esposa a mejorarse, pero lo debe hacer mediante la comunión de una manera agradable y viviente. No debe ordenarle que se mejore sino que debe ayudarle a mejorarse. Esta es la manera correcta. Cuando vemos algo malo en el recobro o en una de las iglesias locales, debemos tratar de hacer todo lo posible por resolver la situación por medio de la comunión para que puede mejorar y corregirse. Si hay algo malo, podemos, y debemos, tener comunión y orar juntos y así buscar la guía del Señor con el fin de mejorar la situación para beneficio de todos los santos. Esto será de gran ayuda para el recobro del Señor.
No debemos tener el concepto de que podemos hacer una obra específica según nuestra propia manera en el recobro. Tal vez seamos muy dotados y tengamos una gran capacidad para producir algo. Pero lo que produzcamos puede ser lo mismo que lo que produzcan las personas del mundo al realizar cierta empresa. Nosotros tenemos que entender que en el recobro del Señor hay una sola obra.
Cuando vine al recobro, me di cuenta de lo que era el recobro y de que era singularmente uno. El que introdujo el recobro a China fue el hermano Watchman Nee. Si yo no hubiera tomado el camino del recobro, podría haber tenido una obra en el norte de la China, pero dejé todo eso. Comprendí plenamente que el Señor tiene un solo Cuerpo, una sola obra, una sola Biblia, una sola revelación y una sola corriente, un fluir, en una sola comunión. En aquel entonces el hermano Nee era usado por el Señor. Nunca traté de hablar nada que fuera diferente de su enseñanza. Esto no quiere decir que yo no tenía otras enseñanzas, pero lo que hablaba siempre estaba en conformidad con lo que hablaba el hermano Nee a fin de preservar la comunión única en el recobro único del Señor. Me parecía una gloria participar en el recobro del Señor de manera tan subjetiva, junto con el hermano Nee. Doy gracias al Señor porque El tuvo misericordia de mí en ayudarme a escoger lo mejor. En las bendiciones de Moisés, en Deuteronomio 33, se encuentra la expresión “lo mejor” (vs. 13-16). Me he dado cuenta de que el Señor me ha dado lo mejor durante todos los años que he estado en el recobro. Esto se debe a Su misercordia en ponerme en Su recobro y en guardarme aquí todo el tiempo. Mientras somos preservados en el camino del Señor, estamos guardados en la unidad de la comunión única. Hay un solo Señor, un solo Cuerpo, una sola Biblia, una sola revelación divina, un hablar, un recobro, una comunión, y una manera de practicar el recobro.
Nuestro problema hoy está relacionado con el asunto de la comunión. Estamos en la comunión del recobro, pero ¿tenemos comunión? Por ejemplo, ¿tienen comunión los hermanos de Sacramento con los hermanos de Chicago, Cleveland, o Wichita? Entre las iglesias en el recobro del Señor, no hay mucha comunión. Hemos visto que los problemas que existían entre Bernabé y Saulo probablemente se debían a la falta de la comunión adecuada y apropiada. Si no estamos en comunión, pueden surgir los problemas entre nosotros.
La circulación de la sangre en nuestro cuerpo físico es un buen cuadro de la comunión, la corriente de la vida divina, que corre por el Cuerpo de Cristo. Si la circulación de sangre en nosotros no es adecuada, pueden surgir muchas enfermedades en nuestro cuerpo. La circulación adecuada absorbe todo tipo de microbios. Yo estuve en Taipéi por aproximadamente cinco años, desde fines de 1984. Después de unos tres años, surgieron problemas entre las iglesias. El problema que existe en las iglesias hoy se debe a una carencia de comunión, la circulación de la sangre. Esta carencia de comunión proporcionó al enemigo una oportunidad para infiltrarse.
Incluso tenemos una carencia de comunión con las iglesias que están muy cerca de nosotros geográficamente. Hay muy poca circulación. Si mi hombro no participara adecuadamente de la circulación de la sangre que corre por mi cuerpo, se enfermaría. Ninguna parte de mi cuerpo físico puede separarse de las otras partes, ya que todas las partes deben participar de la misma circulación sanguínea. Algunos piensan que quizá son prudentes en mantenerse apartados. Pero si alguna parte del Cuerpo de Cristo está separada, esa parte, con el tiempo, morirá. La mejor manera de mantener buena salud es “recibir más sangre y dar más sangre”, es decir, permanecer en la comunión, la circulación de la vida. Entonces nos salvaremos y promoveremos la sanidad del Cuerpo. En algunos lugares no ha habido paz debido a la carencia de comunión. Cuanto más comunión tenemos, más paz tenemos.
La razón por la cual muchos son débiles físicamente es que se quedan sentados demasiado tiempo; no se mueven. Es lo mismo espiritualmente. Estamos enfermos y débiles porque permanecemos con nosotros mismos, en nosotros mismos y para nosotros mismos. Necesitamos salir de nosotros mismos por medio de tener comunión con las otras iglesias. Si queremos recibir ayuda, el secreto es ir a ver algunos hermanos en otra localidad. Los hermanos de Tejas no deben tener tráfico entre ellos solos; necesitan ir a Chicago, a Cleveland y a Seattle y sobrepasar los confines de Tejas.
Yo quisiera proponer algo a los hermanos que están en el liderazgo. Tal vez dentro de diez días, cincuenta hermanos de cincuenta ciudades diferentes puedan ir a cierta iglesia para estar en la reunión matutina el día del Señor a las 10 a.m. Puedo asegurarles que recibirán ayuda y que la iglesia recibirá ayuda. Hoy en día hay muchas opiniones entre las iglesias con respecto a las iglesias mismas. Otras iglesias tienen opiniones en cuanto a la iglesia en Cleveland y a la iglesia en Anaheim. Es posible que la iglesia en cierta ciudad tenga muchas opiniones acerca de otras localidades. Puede ser que cada iglesia local tenga algunas opiniones acerca de otras iglesias locales. Hay que tirar todas estas opiniones. ¿Cómo pueden ser desechadas? Por la circulación, la comunión. Si los desechos que hay en nuestro cuerpo físico no se expulsan regularmente, moriremos. La circulación de la sangre dentro de nuestro cuerpo es como un río que siempre se lleva los desperdicios que hay en nuestro ser para que sean expulsados. Del mismo modo, la comunión del Cuerpo se lleva todas las cosas negativas.
Algunos hermanos tal vez tengan miedo de que otros vengan a visitarlos. Pero lo que necesitamos hoy entre las iglesias es más circulación divina, más comunión. Hay cerca de cincuenta iglesias en California, pero no hay mucha comunión entre ellas. Aquí se encuentra nuestra deficiencia, y es por esto que somos débiles. La circulación nos ayuda y ayuda a otros; ayuda a todos en el Cuerpo. Necesitamos la comunión. Esta comunión es la comunión de los apóstoles, la cual es hoy la comunión del recobro. La comunión hoy entre nosotros es la comunión recobrada de los apóstoles.
Todas las iglesias que hay sobre la faz de la tierra son parte del recobro del Señor. No debe haber fronteras de separación entre las iglesias. Anteriormente algunos colaboradores pensaban que cierta región era su territorio. Pero nosotros debemos ver que no es saludable ni provechoso en el recobro del Señor que algunos tengan fronteras en cuanto a su obra. La única frontera es la frontera del recobro. No debemos decir: “Esta es mi iglesia; aquélla es la obra en mi jurisdicción”. Solamente tenemos una obra. Dicha obra es la obra del recobro, la cual está basada en la enseñanza de los apóstoles. El remedio al problema de aquello que llaman fronteras y jurisdicciones entre las iglesias, es la comunión. No debemos tener el concepto de que la visita de otros a nuestra localidad puede perturbar la obra. No tenemos necesidad de defender nuestra obra. Nuestra obra es la obra del Señor, la cual es la obra del recobro. Necesitamos la debida comunión entre todas las iglesias de todas las naciones, y necesitamos una visión clara en cuanto a la enseñanza de los apóstoles y a la comunión de los apóstoles.
Esta comunión tiene como fin guardar la unidad universal del Cuerpo de Cristo (Jn. 17:11b, 20-23; Ef. 4:3-6). Efesios 4:3 nos encarga que seamos solícitos en mantener la unidad del Espíritu. Podemos guardar esta unidad porque ya la poseemos. Tenemos esta unidad; así que, sólo la tenemos que guardar. Independientemente de cuán débiles seamos, tenemos esta unidad. Esto se debe a que todavía tenemos la circulación de la “sangre”, es decir, la circulación del Espíritu. Si no tuviéramos esta circulación, estaríamos muertos espiritualmente. Mientras tengamos vida, no importa cuán débiles seamos, tenemos esta unidad. Es la posesión de cada creyente. Así que lo que necesitamos, es simplemente guardar esta unidad. Cuando guardamos esta unidad, estamos en la única comunión del recobro del Señor.
Ahora llegamos a otro aspecto de la comunión, esto es, la comunión de las iglesias locales. Parece que no hay ningún problema con la comunión universal del Cuerpo de Cristo; sin embargo, cuando ponemos en práctica esta comunión, inmediatamente se convierte en una comunión local, es decir, la comunión de las iglesias locales.
Las iglesias locales son muchas y están en diferentes localidades (Ap. 1:11). El Cuerpo de Cristo, el cual es la iglesia, la única iglesia universal, se expresa en las iglesias locales. Es imposible que el Cuerpo de Cristo se exprese sin las iglesias locales. Las iglesias locales, que son las expresiones del Cuerpo de Cristo, están esparcidas por esta tierra en localidades donde existen para expresar el Cuerpo de Cristo.
Las iglesias locales están localmente alejadas entre sí porque están en diferentes localidades. Yo no digo que están separadas entre sí; la palabra separada puede tener la connotación de división. He usado el término alejadas porque estar alejado no es estar dividido. Las iglesias están alejadas sólo por su localización y no por otra cosa. Sin embargo, universalmente no están divididas.
Cada iglesia local debe tener comunión con todas las iglesias locales genuinas en toda la Tierra a fin de guardar la comunión universal del Cuerpo de Cristo. Si alguna iglesia no guarda la comunión universal del Cuerpo de Cristo, entonces es divisiva y se convierte en una secta local. Algunas llamadas iglesias locales no son genuinas y se han convertido en divisiones; nosotros no tenemos que mantener comunión con tales “iglesias”. Pero sí debemos tener comunión con todas las iglesias locales genuinas en toda la Tierra para guardar la comunión universal del Cuerpo de Cristo. De no ser así, ya no somos una iglesia sino una secta. Una iglesia es aquella que se mantiene en el Cuerpo; una secta es un grupo de creyentes que se separa del Cuerpo. Cuando mi brazo se mantiene en el cuerpo, es parte de mi cuerpo viviente; si es cortado y separado de mi cuerpo, se convierte en algo muerto.
Toda iglesia local debe recibir a toda clase de creyentes genuinos en Cristo (Ro. 14:1-6; 15:1-7). No tenemos derecho de rechazar a ningún creyente, a menos que sea divisivo. Cuando un creyente se hace divisivo, él ya está dividido de la iglesia. Pero mientras el creyente no sea divisivo, no le debemos rechazar. Si un creyente prefiere guardar el sábado mientras que nosotros guardamos el día del Señor, o si él come sólo legumbres mientras que nosotros comemos todo tipo de comida, de todos modos debemos recibirle. Lo tenemos que recibir porque Dios lo ha recibido (Ro. 14:3) y porque Cristo lo ha recibido (Ro. 15:7). Debemos recibir a todos los creyentes en Cristo conforme a Cristo (Ro. 15:5).
No debemos recibir a los creyentes de acuerdo a su dieta o de acuerdo a nuestra preferencia. Ya sea que nos guste o no cierto creyente, no tenemos otra alternativa que recibirlo. Supongamos que usted nació en una familia de doce hermanos; puede ser que a usted sólo le gusten usted mismo y uno de sus hermanos y no le gusten los demás. Sin embargo, el hecho de que los otros diez están en la misma familia no es asunto de usted sino de sus padres. Ellos engendraron a aquellos hermanos peculiares. Por lo tanto, usted no tiene otra alternativa que recibirlos como sus hermanos. De igual manera, tal vez en la iglesia un hermano peculiar tenga ciertas características que son ofensivas para nosotros; pero tenemos que darnos cuenta de que nuestro Padre lo ha engendrado y lo ha recibido. Si rechazamos a ese hermano, rechazamos a nuestro Padre. Así que, debemos recibir a toda clase de creyentes genuinos; no de acuerdo a nada nuestro, sino de acuerdo a Cristo. Los debemos recibir porque ellos tienen a Cristo; Cristo está en ellos. Si una iglesia no recibe toda clase de creyentes genuinos, entonces es divisiva y se convierte en una secta.
Un creyente puede ser apartado de la comunión de la iglesia local, es decir, de la comunión del Cuerpo de Cristo, solamente por tres razones.
La primera razón es el ser divisivo, causando divisiones y tropiezos en contra de la enseñanza de los apóstoles (Ro. 16:17). En Romanos 14 Pablo dijo que debemos recibir a toda clase de creyentes genuinos, ya sea que ellos guarden ciertos días o guarden todos los días, ya sea que coman legumbres o que coman carne (vs. 1-6). Luego, en el capítulo 15 Pablo dice que debemos recibir a los creyentes genuinos tal como lo ha hecho Cristo (vs. 5-7). En estas porciones de la Palabra, vemos que Pablo tenía una mentalidad muy amplia, muy generosa y, en un sentido, muy liberal; pero al final del capítulo 16 Pablo dijo: “Mas os ruego, hermanos, que os fijéis en los que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que vosotros habéis aprendido, y que os apartéis de ellos”. Estas dos cosas —causar divisiones y causar tropiezos— han ocurrido y todavía ocurren entre nosotros. Así que, necesitamos fijarnos en aquellos que causan divisiones y tropiezos en contra de la doctrina que hemos aprendido de los apóstoles, y debemos apartarnos de ellos.
En el trato con los divisivos, también necesitamos tomar la palabra de Pablo en Tito 3:10: “Al hombre que cause divisiones, después de una y otra amonestación deséchalo”. Una persona sediciosa es una persona divisiva y sectaria. De acuerdo a la palabra de Pablo en Romanos 16:17 y en Tito 3:10, después de la primera y la segunda amonestaciones, debemos rechazar a tales personas y apartarnos de ellas. Hacer esto es poner en cuarentena a tales personas. Poner en cuarentena a una persona no quiere decir que odiemos a esa persona. Si un miembro de una familia contrae una enfermedad contagiosa, el resto de la familia necesita ponerlo en cuarentena por la seguridad de toda la familia. De lo contrario, toda la familia sería afectada. De igual manera, practicar lo que Pablo dice en Romanos 16:17 y en Tito 3:10 es poner en cuarentena a los miembros divisivos del Cuerpo de Cristo. Esto no es mi enseñanza, sino mi presentación de la Palabra santa a ustedes.
La segunda razón por la cual un creyente debe ser alejado de la comunión de la iglesia es el ser hereje, es decir, negar que Cristo vino en carne (2 Jn. 7-11). Esto implica negar la obra redentora de Cristo, la cual fue efectuada por Cristo en la carne (Ro. 8:3; Col. 1:22). Enseñar herejía no es meramente asunto de enseñar equivocadamente o de una manera diferente. En 1 Timoteo 1:3 Pablo dijo que había rogado a Timoteo que permaneciera en Efeso a fin de que mandase a algunos que no enseñaran diferente doctrina. Sin embargo, en 2 Juan 7:11 no se refería a aquellos que enseñaban diferente doctrina, sino a aquellos que enseñaban herejía, es decir, que negaban que Cristo hubiera venido en carne, es decir, negar la persona de Cristo en Su humanidad y negar Su obra redentora. Ellos no creen que Cristo es Dios y hombre, que vino en la carne para lograr redención para nosotros, los pecadores. El apóstol Juan dijo que si una persona así viene a nosotros, no debemos recibirlo en nuestra casa, ni aun saludarlo. Entonces Juan dijo que si nosotros lo saludamos, diciendo: “Bienvenido”, nos haremos partícipes de su pecado. Esta no es mi palabra, sino la palabra del apóstol Juan.
Hasta ahora, entre nosotros no hay ninguno que enseñe herejía. Sin embargo, hay algunos que causan divisiones y hacen que otros tropiecen.
La tercera razón por la cual un creyente debe mantenerse alejado de la comunión de una iglesia local es el cometer pecados graves y vivir en ellos sin querer arrepentirse ni alejarse de ellos (1 Co. 5:9-13). Una persona que comete pecados graves en esta manera debe ser alejado de la comunión de la iglesia. Pero tan pronto como él se arrepienta y se aleje de sus pecados, la iglesia debe perdonarlo y recibirlo en la comunión para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros (2 Co. 2:5-11). En la primera Epístola a los Corintios, Pablo encargó a la iglesia en Corinto que quitaran de la comunión de la iglesia al hermano pecaminoso. Más adelante, éste se arrepintió, y Pablo se enteró. Inmediatamente, Pablo escribió la segunda Epístola, encargando a la iglesia que perdonara a ese hermano y que lo recibiera de nuevo. Si no hacemos esto, Satanás puede tomar ventaja sobre nosotros y devorar al arrepentido.
En cuanto a tratar con las divisiones, grupos que se han separado de las iglesias locales genuinas y que han quebrantado la única comunión del Cuerpo de Cristo, me gustaría presentarles mi sugerencia, y creo que ésta es de acuerdo a la santa Palabra.
Primero, debemos considerar estas divisiones como sectas divisivas, igual que las denominaciones, no conforme a su condición sino conforme a su posición, es decir, conforme a su terreno, su base. Si usted fuera a una reunión de personas divisivas, verá que en apariencia ellos tal vez se comporten de una manera muy espiritual. Esta clase de conducta tiene que ver con su condición. En este libro he usado el ejemplo del matrimonio. El matrimonio se basa en la castidad o pureza de la esposa, no en su amabilidad. Tal vez una esposa sea muy amable, pero si su esposo es el señor Smith, y ella comienza a llamarse señora Jones, no importa cuán amable, humilde y sumisa pueda ser ella para con su esposo, la base de su matrimonio está anulada. La base de un matrimonio no es el estado de la esposa, sino la castidad. Si una esposa es casta, aunque en ocasiones no trate amablemente a su esposo, es decir, aunque su estado sea algo pobre, ella todavía tiene la posición apropiada de esposa. Acerca de la situación entre nosotros hoy en día, necesitamos ejercitar el discernimiento apropiado. Debemos discernir si cierto grupo de creyentes es una iglesia genuina o una secta, no conforme a su estado sino conforme a su posición, es decir, conforme a su base. En cuanto al estado de alguien, es posible que finja, pero con respecto a la base en que alguien se encuentra, nadie puede fingir. O estamos en la base apropiada o no lo estamos. Tal como una mujer no puede fingir que tiene un solo esposo, nosotros no podemos fingir que estamos en la base apropiada de la única comunión de la iglesia.
En segundo lugar, no debemos recomendarle a ningún creyente de las iglesias locales que participe en las reuniones y actividades de esas divisiones. No obstante, puede darse el caso de que algunos asistan a las reuniones de la mesa del Señor en una iglesia local y después de participar de la mesa, vayan a una reunión de los disidentes a escuchar un mensaje. Si algún creyente de las iglesias locales asiste a las reuniones y participa en las actividades de estas sectas, las iglesias locales no deben apartarlo de la comunión de la iglesia mientras él no sea infectado ni promueva algo que sea divisivo. Nuestro trato con tal persona depende de si él ha sido infectado por los “microbios” de la división o no, y de si él está transmitiendo los microbios a otros o no. Si él está transmitiendo esos microbios, debemos advertirle que no lo haga. No podemos tolerar ningún microbio que cause división.
Si algún creyente que se reúne con cualquiera de estos grupos sectarios asistiera a las reuniones de las iglesias locales, o tuviera contacto con los creyentes que se reúnen en las iglesias locales, no debe ser rechazado, siempre y cuando no promueva nada divisivo.
Sin embargo, cualquier persona que insista en promover estas divisiones sectarias se debe considerar divisiva y debe ser rechazada después de la primera y la segunda amonestaciones (Tit. 3:10). Yo creo que ésta es la manera justa y bíblica de tratar con las divisiones que se han separado de las iglesias locales genuinas y que han quebrantado la comunión del Cuerpo de Cristo. En todo caso, según la enseñanza de los apóstoles en el Nuevo Testamento, a todo aquel que causa divisiones, que es divisivo y transmite “microbios” de división, o sea, que es partidista, sectario, lo debemos rechazar (Tit. 3:10) y debemos apartarnos de él (Ro. 16:17).
Lectura bíblica: 1 Co. 1:2; Ro. 16:16b; Ef. 4:3; Hch. 8:1; 13:1; Ro. 16:1; 1 Co. 1:2; Ap. 1:11
En esta palabra complementaria vamos a considerar, en segundo lugar, la naturaleza, el terreno o base, y la condición de la iglesia local.
En cuanto a la naturaleza de la iglesia local, primeramente debemos darnos cuenta de que la iglesia es la iglesia de Dios (1 Co. 1:2). Una iglesia local debe ser una iglesia de Dios, que posee la naturaleza divina de Dios. El título “la iglesia de Dios” denota que la iglesia no sólo pertenece a Dios, sino que también debe tener la naturaleza de Dios.
En segundo lugar, las iglesias son las iglesias de Cristo (Ro. 16:16b). Una iglesia local debe ser una iglesia de Cristo, que esté en el elemento de Cristo. Todo elemento tiene una naturaleza, y la naturaleza es la esencia del elemento. Cristo es el elemento de la iglesia, y Dios es la naturaleza de la iglesia. Dios está en Cristo; esto indica que la naturaleza está en el elemento. Una iglesia local debe poseer la naturaleza divina de Dios y estar en el elemento de Cristo.
La base de una iglesia local es la unidad genuina del Cuerpo de Cristo, es decir, la unidad del Espíritu. Efesios 4:3 nos manda que seamos diligentes en guardar la unidad del Espíritu. La unidad del Espíritu es la unidad del Cuerpo de Cristo, la cual es el elemento fundamental de la base única de la iglesia local.
La unidad genuina del Cuerpo de Cristo debe practicarse con el terreno único de la localidad dentro del límite de la frontera y la jurisdicción de la localidad en la cual existe la iglesia, es decir, en el terreno de la localidad, como el caso de la iglesia en Jerusalén (Hch. 8:1), la iglesia en Antioquía (Hch. 13:1), la iglesia en Cencrea (Ro. 16:1), la iglesia en Corinto (1 Co. 1:2), y las siete iglesias en siete ciudades de Asia (Ap. 1:11). Todas estas iglesias estaban afirmadas en el terreno local, el terreno de la localidad.
La condición de una iglesia local puede fluctuar y diferir de la de todas las demás iglesias locales, tal como la condición de cada una de las siete iglesias en Apocalipsis 2 y 3 diferían entre sí. La iglesia en Efeso estaba en una condición determinada, y la iglesia en Esmirna estaba en otra. Las siete iglesias eran diferentes en cuanto a su condición. Sin embargo, aunque la condición de las iglesias difiere, el terreno de las iglesias locales permanece igual. Debido a que la condición de la iglesia puede fluctuar, nuestro reconocimiento de la iglesia local debe basarse en su naturaleza y terreno, y no en su condición.
El terreno, no la condición, preserva a la iglesia de ser dividida. El terreno único —la unidad única del Cuerpo de Cristo, más el terreno único de la localidad— preserva a la iglesia de ser dividida. Es posible que la condición de cierta iglesia sea buena, pero eso no asegura que el terreno de esa iglesia sea correcto. Quizá la condición de una iglesia local no sea buena, sin embargo, sigue siendo una iglesia local genuina siempre y cuando se mantenga en la base genuina de la unidad del Cuerpo. Por otro lado, tal vez una iglesia local tenga una condición alta, pero es una división, es decir, una secta local, mientras no cuide la base genuina de la unidad del Cuerpo de Cristo expresado en su localidad. Podemos usar el matrimonio como ejemplo de este principio. La base de un matrimonio es la castidad de la esposa. En tanto que la esposa sea casta, ella tiene la posición apropiada, aunque su carácter sea tosco. Puede ser que ella no sea amorosa ni amable —ésta es su condición exterior— pero eso no anula la base de su matrimonio. Sin embargo, si el nombre de su esposo es Smith, y ella comienza a llamarse Sra. Jones, aunque ella sea amorosa, amable, humilde, y sumisa hacia su esposo, el hecho de que ella se llame a sí misma Sra. Jones anula la base de su matrimonio. La base de la esposa en su matrimonio es su castidad. En Apocalipsis 3:8 el Señor alabó a la iglesia en Filadelfia porque no negó Su nombre. Es una cosa terrible que una esposa niegue el nombre de su esposo. Eso anula la base de su matrimonio. Independientemente de qué tan buena esposa sea en su carácter o en su vida diaria, si ella niega el nombre de su esposo, ella ha perdido la base de su vida matrimonial. El terreno de la iglesia local es la misma base sobre la cual nosotros reconocemos a esa iglesia. Nosotros reconocemos una iglesia no porque su condición esté de acuerdo con nuestra preferencia. Nuestro reconocimiento de una iglesia depende de su base, y esta base está compuesto de dos cosas: la unidad del Cuerpo y la localidad en la cual la iglesia existe. Con respecto a la base del terreno de la localidad, el principio que vemos en el Nuevo Testamento es “en una ciudad, una iglesia”. En una ciudad en particular no debe haber más de una iglesia. La condición de una iglesia local puede cambiar, y, de hecho, algunas veces cambia, pero la base de una iglesia local debe permanecer inmutable.
En los últimos dos años, algunos han dejado la iglesia local genuina y han comenzado a reunirse en una forma divisiva. Ellos tal vez digan que no son una división sino simplemente una reunión de grupo de la iglesia. Sin embargo, éstas no son reuniones genuinas de grupo sino divisiones sectarias, porque no les interesa la unidad del Cuerpo ni el terreno de localidad.
Lectura bíblica: Hch. 2:42
En esta palabra complementaria mi tercera carga es mostrarles los factores de una denominación. Una denominación es una secta. Sin embargo, hay una diferencia entre una denominación y una secta: una secta no es una denominación si no se autodenomina. Las divisiones que se han producido entre nosotros en los años recientes no se han autodenominado todavía. Por lo tanto, todavía no son denominaciones, pero ciertamente son sectas.
El primer factor de una denominación o una secta es una enseñanza especial que difiere de “la enseñanza de los apóstoles” (Hch. 2:42) en todo el Nuevo Testamento, tal como el bautismo por inmersión, el presbiterio (la administración de la iglesia por ancianos), el cubrirse la cabeza, el observar ciertos días o dietas, o un enfásis particular en cierto punto de la profecía. Tal vez todos estos asuntos sean muy bíblicos, pero no debemos hacer de ninguno de ellos una enseñanza especial. Es correcto que tengamos todas nuestras prácticas conforme a la Biblia. Así que, en nuestra práctica bautizamos a las personas por inmersión y tenemos ancianos, pero no hacemos de estas cosas puntos particulares que nos dividan de otros creyentes. Ciertos cristianos se dividen de otros cristianos por el asunto del bautismo por inmersión. Si un creyente desea ser recibido como miembro, le exigen que se bautice por inmersión, en su bautisterio, por su pastor, y en sus aguas. Si él ya ha sido bautizado por inmersión en otro lugar y por otras personas, no lo reconocerán. Esto es una enseñanza especial y particular que divide a aquellos creyentes de otros cristianos, haciéndolos una secta y una denominación.
El segundo factor de una denominación es una comunión especial basada en una enseñanza especial en una esfera más estrecha que la de “la comunión de los apóstoles” (Hch. 2:42). La comunión de los apóstoles es la comunión de todo el Cuerpo, lo cual abarca toda clase de creyentes genuinos. Romanos 14 nos dice que debemos recibir diferentes clases de creyentes genuinos, independientemente de cuáles días observan o cuáles regímenes alimenticios guarden. Ya sea que coman legumbres o carne, son creyentes genuinos porque creen en el Señor Jesús. Así que, debemos recibirlos.
El tercer factor de una denominación es un nombre especial, ya sea de acuerdo a una enseñanza especial o de acuerdo a una práctica particular, que designa a cierto grupo de creyentes que mantienen la misma enseñanza la misma práctica. El tomar tal nombre denomina a una secta específica, convirtiéndola una denominación.
Cualquiera de los tres factores anteriores divide a los creyentes de otros que son diferentes de ellos en enseñanza o en práctica. Por lo tanto, aunque nosotros debemos practicar cosas tales como el bautismo por inmersión, el presbiterio, y el cubrirse la cabeza, no debemos hacer de estas cosas un punto especial que nos divida de otros. Además, no debemos hacerlos nuestro credo, y no debemos designarnos con un nombre, tal como luteranos, bautistas, o presbiterianos, es decir, conforme a una enseñanza o práctica en particular.
Lectura bíblica: 1 Co. 11:29-30; 10:17; Ef. 4:4
Mi cuarta carga, en esta palabra complementaria es el discernimiento del Cuerpo. Primera Corintios 11:29 dice que debemos discernir el Cuerpo. Además, dice que si no discernimos el Cuerpo, sufriremos alguna clase de disciplina de parte del Señor.
La primera cosa que debemos discernir es el pan en la mesa del Señor. El pan en la mesa del Señor debe ser un símbolo no solamente del cuerpo físico del Señor, sino también del Cuerpo místico del Señor, el cual es universalmente uno (Ef. 4:4). Aunque tomemos la mesa del Señor en diferentes ciudades alrededor del mundo, todos estamos tomando de un solo pan, porque el pan del cual participamos es un símbolo del Cuerpo místico de Cristo, el cual es universalmente uno. Así que, 1 Corintios 10:17 dice: “Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan”.
Cualquier pan en la mesa del Señor que no represente al Cuerpo universal del Señor sino al cuerpo de cierta secta, es divisivo. La denominación en la cual yo crecí en la China continental, tenía su “comunión” periódicamente. En cada ocasión anunciaban de manera enfática que quien no fuera miembro de esa denominación tenía que abandonar el lugar de reunión. El pan del cual participaban no era un símbolo del Cuerpo de Cristo, sino un símbolo de aquella secta o aquella denominación. Nosotros no debemos participar de esa clase de pan, esa clase de “comunión”, o esa clase de mesa. No debemos tener parte en eso; es un símbolo de una secta.
Si participamos de tal mesa divisiva sin discernimiento, participamos de una división, lo cual es condenado por el apóstol (1 Co. 11:29-30). Algunos de los que han salido de nuestro medio para formar divisiones están tomando la mesa del Señor. Ellos han dicho a la gente que ellos son simplemente una reunión de grupo que está tomando la mesa del Señor. ¿Acaso deben ser consideradas estas reuniones de grupo como reuniones apropiadas y genuinas de las iglesias locales? Si una reunión de grupo genuina y apropiada tiene la mesa del Señor, esa mesa será la mesa de la iglesia local, con el pan como símbolo del Cuerpo de Cristo en su totalidad. Esa es una práctica que preserva la unidad del Cuerpo. Supongamos, sin embargo, que tenemos un grupo de creyentes que originalmente se estaban reuniendo con la iglesia, pero por ciertas razones dejaron la iglesia y se mantienen separados de la iglesia, sin tener comunión alguna con la iglesia. Supongamos, además, que estos creyentes tienen lo que ellos llaman la mesa del Señor. Tal mesa inmediatamente se convierte en el símbolo de una división, el símbolo de una secta. Así que, 1 Corintios 11:29 nos encarga que tengamos discernimiento. Cuando participamos de cualquier pan en la mesa que es llamada la mesa del Señor, debemos discernir cuidadosamente si ese pan representa el Cuerpo universal de Cristo sin divisiones o no. Si no es así, no debemos de participar de él. Si no discernimos, y luego participamos de tal cosa, esto es condenado por el apóstol, es decir, por el Señor.
Tal vez algunos de los nuevos creyentes entre nosotros se pregunten cuál es la diferencia entre el recobro del Señor y el cristianismo. En este libro, incluyendo esta palabra complementaria, hemos visto, primero que todo, que lo que nos mueve a reunirnos así es el recobro, y también la unidad del Cuerpo. Estamos aquí en el recobro de la revelación del Dios Triuno, de Cristo, del Espíritu, de la vida, de los creyentes, de la iglesia, del terreno de la iglesia, y de la práctica de las iglesias locales. En resumen, estamos en el recobro de la unidad del Cuerpo de Cristo. Así que, necesitamos conducirnos apropiadamente, y también necesitamos ejercitar nuestro discernimiento debido a la confusión que hay a nuestro alrededor. Mientras haya divisiones, habrá confusión. Así que debemos ser cuidadosos y acudir al Señor para que podamos discernir la situación que hay entre nosotros.