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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Corintios»
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Mensaje 18

LOS DOS ESPIRITUS NECESARIOS PARA CONOCER A CRISTO COMO LAS PROFUNDIDADES DE DIOS

  Lectura bíblica: 1 Co. 2:2, 7-16

  En 2:1 Pablo dice: “Y yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui anunciándoos el misterio de Dios con excelencia de palabras o de sabiduría”. Al proclamar el testimonio de Dios, Pablo no fue a Corinto a exhibir una excelencia de palabras ni una sabiduría filosófica. No es que no las tuviera, sino que a propósito las desechó. En el versículo 2 añade: “Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado”. Pablo se propuso no saber ninguna cosa además del Cristo crucificado. Esto implica que él fue a los corintios como una persona crucificada. Al tomar esta determinación, estuvo dispuesto a parecer como un insensato e ignorante.

LA SABIDURIA DE DIOS EN MISTERIO

  En el versículo 6 Pablo dice a los corintios: “Pero hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que son reducidos a nada”. Pablo parecía decirles: “No piensen que no tenemos sabiduría. Claro que la tenemos y podemos comunicarla, pero sólo entre los que han alcanzado madurez. ¿Cómo podré comunicárselas a ustedes corintios si todavía son bebés?”

  Pablo añade en el versículo 7: “Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría que estaba oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria”. La expresión sabiduría en misterio implica que la sabiduría es el misterio. Esta sabiduría, este misterio, es Cristo. Además, Cristo como sabiduría en misterio fue predestinado por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. Cristo como sabiduría y misterio será nuestra porción en gloria.

LAS PROFUNDIDADES DE DIOS

  Cristo como sabiduría de Dios en misterio es las profundidades de Dios. En el versículo 10 Pablo dice: “Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun las profundidades de Dios”. El propio Cristo es las profundidades de Dios. Todo creyente sabe que Cristo es el Salvador que murió en la cruz por nuestros pecados. Pero conocerlo de esta manera es conocer sólo las cosas superficiales. ¿Qué son entonces las profundidades de Dios? Cristo como las profundidades de Dios incluye la sabiduría y el misterio de Dios.

  Antes de ser salvo, ¿conocía usted el propósito del universo, y el sentido de la vida humana? Claro que no lo sabía. Usted no sabía por qué vivía en la tierra ni cuál sería su destino. El propósito del universo así como el sentido de su vida le eran un misterio. No fue sino hasta que recibió la visión de Cristo y experimentó la salvación, que pudo comprender dicho misterio. Muchos cristianos han recibido la salvación, pero no la visión acerca de Cristo, y como resultado, siguen ignorando el sentido de la vida. Pero cuando tenemos la visión de quién es Cristo en la economía de Dios, empezamos a comprender que Cristo es el propósito del universo y también el significado de nuestra vida. Dios nos creó para Cristo, y hoy vivimos para El. Cristo es nuestra vida y el propósito de ésta; también es la meta de nuestro andar. Además, El es nuestro destino; nos dirigimos hacia El. Cuando recibimos la visión acerca de Cristo, empezamos a conocer el misterio del universo y de la vida humana, y espontáneamente llegamos a ser sabios, pues obtenemos a Cristo como la sabiduría de Dios. Entonces, poco a poco y paso a paso, comenzamos a conocer a Cristo como las profundidades de Dios.

EXPERIMENTAR LAS PROFUNDIDADES DEL SER DIVINO

  Las profundidades de Dios figuran entre lo que El predestinó para nuestra gloria. Pablo las menciona en el versículo 9: “Antes bien, como está escrito: ‘Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman’ ”. Aunque no han sido vistas, ni oídas ni han subido en corazón de hombre, Dios nos las reveló (v. 10) y nos las dio por Su gracia (v. 12). Día tras día vemos aspectos adicionales y más profundos en cuanto a Cristo como nuestra porción. Puedo testificar que a través de los años, especialmente en años recientes, Cristo ha llegado a ser las profundidades de Dios para mí.

  Cuando disfrutamos a Cristo, El llega a ser nuestra justicia. Además, la experiencia nos muestra que El también llega a ser el gozo de parte de Dios para nosotros. Pero cuando no le disfrutamos, Dios no está contento con nosotros ni nosotros tenemos Su gozo. Cada vez que lo disfrutamos de manera práctica, obtenemos el gozo de Dios. De hecho, el propio Cristo se convierte en dicho gozo. Como resultado, nos damos cuenta de que no somos tan justos. Luego, Cristo se convierte espontáneamente en la justicia que necesitamos, y a medida que seguimos disfrutándole, comprobamos que Dios está contento con nosotros y tenemos Su gozo. Esta experiencia es profunda, pero todavía no es experimentar las profundidades de Dios.

  Cuando disfrutamos a Cristo continuamente, entramos en las profundidades del ser divino, y nos damos cuenta que estamos en el corazón, en las profundidades, del Dios omnipotente, y que El llega a ser nuestro elemento interior. Los que se oponen a la verdad de que los creyentes del Señor se mezclan con Dios, le llamarían a esto herejía porque no lo han experimentado. Pero yo no puedo negar que cuando disfruto a Cristo toco las profundidades de Dios y El llega a ser mi elemento interior.

  A Cristo se le puede experimentar de manera práctica, pues podemos disfrutarlo no sólo como nuestra justicia, santificación y redención, sino también como las profundidades de Dios. En el capítulo uno vemos que Cristo es algo que tiene que ver con nosotros, mientras que en el capítulo dos El es algo que proviene de Dios. Debido a que nuestra experiencia es limitada, no podemos explicar apropiadamente lo que significa que Cristo sea las profundidades de Dios. Pero un día avanzaremos en nuestra experiencia y verdaderamente le conoceremos como tal.

EL ESPIRITU DEL HOMBRE CONOCE LAS COSAS DEL HOMBRE

  Los aspectos de Cristo revelados en los capítulos uno y dos se experimentan por medio de los dos espíritus, el Espíritu divino y el espíritu humano regenerado. En el versículo 10 Pablo habla del Espíritu divino, y en el 11, del espíritu humano: “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”. Este versículo indica que si queremos conocer las cosas del hombre, tenemos que usar nuestro espíritu humano, y si queremos conocer las cosas de Dios, debemos hacerlo por medio del Espíritu de Dios.

  Sin importar cuán educada sea la gente del mundo, no conoce las cosas del hombre. Estas cosas no se refieren al matrimonio, la vivienda, el alimento ni la transportación. Esto se puede conocer sin la ayuda del espíritu humano y no constituye las cosas del hombre a las que Pablo se refiere en el versículo 11.

  Según la Biblia, ¿cuáles son las cosas del hombre? Cuando la Biblia menciona al hombre por primera vez, habla de que éste fue hecho a imagen de Dios (Gn. 1:26). Así que, el primer aspecto de las cosas del hombre es que éste fue creado por Dios a Su imagen para expresarlo a El. Pero el hombre cayó y se volvió pecaminoso. La mayoría de los filósofos no están conscientes de ser personas caídas. No obstante, la caída del hombre constituye un punto importante con relación a las cosas del hombre. Como personas que Dios creó y que cayeron, necesitamos arrepentirnos, ser salvos y regenerados. Esto también pertenece a las cosas del hombre. Ahora, como personas salvas y regeneradas, debemos amar al Señor, vivir por El, expresarle y llevar a cabo Su propósito eterno. Estos son otros aspectos que figuran entre las cosas del hombre.

  Las personas del mundo no conocen ninguna de estas cosas porque no ejercitan su espíritu. Si usted conversa con un profesor que no cree en estas cosas, no entenderá nada. Tal vez tenga conocimiento de las matemáticas o de la ciencia, pero no sabrá nada de las cosas del hombre. De igual manera, los médicos tienen conocimiento de la medicina y las vitaminas, pero no conocen las cosas del hombre. Antes de ser salvos, nosotros tampoco teníamos entendimiento de estas cosas porque nuestro espíritu estaba amortecido. Ni siquiera sabíamos que teníamos un espíritu humano, y por ende, nunca lo usábamos. Sin el espíritu humano, ¿cómo conoceremos las cosas del hombre? Sencillamente es imposible. No podemos conocerlas sin ejercitar el espíritu humano.

  Ser salvo equivale a ser avivado y despertado en nuestro espíritu. Toda persona salva, sin importar dónde esté, ha sido despertada en su espíritu. Este es un hecho, aunque no estén muy conscientes de ello.

  Tan pronto que el espíritu de alguien es despertado de esta manera, la persona empieza a conocer el sentido de la vida humana y la fuente de ésta; comienza a conocer las cosas del hombre. Sin embargo, muchos creyentes, después de que su espíritu es despertado al experimentar la salvación, son influenciados a abandonar el espíritu y llevados a ejercitar su mente natural. Cabe la posibilidad de que el recobro del Señor sea el único lugar donde los creyentes oyen mensajes acerca del desarrollo del espíritu humano regenerado. En otros lugares se alienta a los creyentes a cultivar la mentalidad natural, lo cual hace imposible que conozcan debidamente las cosas del hombre y la condición del mismo. Repito, si vamos a conocer las cosas del hombre, tenemos que usar nuestro espíritu.

LLEVADOS AL ESPIRITU DE DIOS

  Cuando ejercitamos nuestro espíritu para conocer las cosas del hombre, entramos en el Espíritu de Dios. No podemos separar los dos espíritus, el espíritu humano regenerado y el Espíritu divino. De ahí que Pablo habla de ambos espíritus en 2:11. Primero dice que nadie sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él. Luego añade que nadie conoce las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Si queremos ser personas íntegras debemos experimentar los dos espíritus: el espíritu del hombre que nos hace aptos para conocer las cosas del hombre y el Espíritu de Dios que nos capacita para conocer las cosas de Dios. Según la Biblia, ambas cosas están relacionadas. Por ende, conocer los dos espíritus se vuelve aún más apremiante.

LO QUE SIGNIFICA SER ESPIRITUAL

  En el versículo 13 Pablo hace alusión a las cosas espirituales: “Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, interpretando lo espiritual con palabras espirituales”. En el versículo 14 hace notar que las cosas del Espíritu de Dios se han de discernir espiritualmente: “Pero el hombre anímico no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son necedad, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. Un hombre anímico es un hombre natural, una persona que en lugar de vivir en el espíritu, vive en el alma. En el versículo 15 Pablo dice: “En cambio el hombre espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado por nadie”. En estos versículos encontramos expresiones tales como conocimiento espiritual, interpretación espiritual, discernimiento espiritual y personas espirituales.

  ¿Sabe usted qué significa ser espiritual? Significa que los dos espíritus están mezclados en nuestro ser, que ambos, el espíritu humano regenerado y el Espíritu de Dios, se mezclan y se hacen uno. Una persona espiritual es una que vive en el espíritu mezclado. Siempre que esté en el espíritu mezclado, usted será espiritual, y poseerá discernimiento, conocimiento e interpretación espirituales. Usted podrá discernir espiritualmente las cosas del hombre así como las de Dios.

  Al reflexionar sobre los temas de Cristo como las profundidades de Dios y de los dos espíritus, tenemos que reconocer que para experimentar a Cristo como tal es imprescindible que conozcamos los dos espíritus. Necesitamos ejercitar el espíritu humano y ser introducidos en el Espíritu de Dios, es decir, nuestro espíritu humano debe mezclarse con el Espíritu divino.

EXPERIMENTAR AL ESPIRITU MEZCLADO

  Hicimos notar que un hombre espiritual es aquel que vive en el espíritu mezclado. Este está en contraste con un hombre anímico. Según el contexto de estos capítulos, ser anímico equivale a ser griego y vivir según la cultura griega. Los filósofos así como las personas que admiran la sabiduría humana son personas anímicas. Las personas espirituales son aquellas que ejercitan su espíritu con el fin de unirlo al de Dios. Puesto que viven en el espíritu mezclado, son auténticamente espirituales y poseen conocimiento, discernimiento e interpretación espiritual. En el espíritu mezclado disfrutamos a Cristo no de manera superficial, sino como las profundidades de Dios e incluso en éstas. Le disfrutamos de una manera que el ojo no ha visto, el oído no ha oído, la mente no ha pensado ni el corazón ha imaginado. Le disfrutamos de una manera que excede todo lo que hemos soñado.

  Dios predestinó a Cristo para nosotros, nos lo preparó, nos lo reveló y nos lo dio como las profundidades divinas. ¡Cuán maravilloso es esto! Debemos orar más tocante a estas verdades, en especial que recibamos claramente esta visión. Además, debemos llevar a la experiencia una vida por el espíritu mezclado a fin de ser espirituales. Entonces seremos aptos para discernir las cosas del hombre y las de Dios, y comunicarnos con otros de manera espiritual en el espíritu mezclado. Tengan la seguridad de que si experimentamos al espíritu mezclado de este modo, tendremos la experiencia más profunda de Cristo. Le experimentaremos no de manera superficial, sino como las profundidades de Dios. Diariamente El será nuestra justicia, santificación y redención. De hecho, le experimentaremos de una manera que sobrepase estos aspectos, ya que estaremos experimentando al propio Dios en todas Sus profundidades. ¡Alabado sea el Señor por ser nuestra porción mediante el espíritu mezclado!

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