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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Corintios»
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Mensaje 17

LO ESPIRITUAL ES COMUNICADO CON PALABRAS ESPIRITUALES A HOMBRES ESPIRITUALES

  Lectura bíblica: 7, 10, 1 Co. 2:11-16

VIVIR A CRISTO PARA EXPRESAR A DIOS

  El propósito de Dios es que el hombre lo exprese. Para lograr esto, El desea entrar en el hombre y ser su vida a fin de que éste lo refleje en su vivir. Con este objetivo se hizo hombre mediante la encarnación. A su tiempo, Cristo, el Dios encarnado, murió en la cruz y con Su crucifixión le dio muerte a la primera creación. Por lo tanto, en la crucifixión de Cristo no sólo se le dio muerte al Señor Jesús, sino también a toda la creación. Por medio de Su muerte que todo lo incluye, la vida divina, la cual es el propio Dios, fue liberada e impartida en Su pueblo predestinado, redimido y llamado. Ellos, al creer en el Cristo crucificado y resucitado, reciben la vida divina y al Espíritu divino. Ahora Dios desea que vivan por esta vida y que anden por este Espíritu. Esto equivale a vivir a Cristo para expresar a Dios. Además, no debemos vivir a Cristo de manera individual; más bien, debe ser una vida corporativa. Por consiguiente, Dios desea que Su pueblo sea edificado y llegue a ser Su habitación, el Cuerpo de Cristo. Este es el propósito de Dios.

  Los creyentes de Corinto, quienes en su mayoría eran griegos, recibieron los dones iniciales de la vida divina y el Espíritu divino. Sin embargo, después de recibirlos, no vivieron por ellos; no se condujeron por la vida divina ni por el Espíritu, y por ende, no expresaron a Cristo. No lo tomaron como su vida, su contenido, como el todo para ellos. En cambio, permanecieron en su cultura griega y se jactaban de su sabiduría y su filosofía. Esto era lo que vivían cuando Pablo les escribió esta epístola.

EXPRESAN LA CULTURA EN VEZ DE REFLEJAR A CRISTO

  Al escribir a los corintios, Pablo parecía decirles: “Creyentes de Corinto, deben abandonar su cultura, sabiduría y filosofía griegas. En lugar de ser griegos, deben ser cristianos. Ya no deben vivir por su cultura, gloriarse de su filosofía ni jactarse de su sabiduría. Ya que Dios los ha constituido cristianos, deben tomar a Cristo como vida, como contenido y expresarlo a El. Además, Cristo es la sabiduría de Dios. La sabiduría griega es superficial y es necedad a los ojos de Dios. Pero la sabiduría divina es auténtica, profunda y misteriosa, y la gente filosófica está lejos de comprenderla, pues está oculta en Dios y es las profundidades de Dios. Esta sabiduría es el propio Cristo en quien ustedes han creído y a quien han recibido. Les insto a que lo exalten sólo a El, que lo tomen como vida y como el todo, y que vivan por El”. Si entendiéramos este concepto básico, nos sería mucho más fácil comprender los primeros dos capítulos de 1 Corintios.

  El catolicismo y el protestantismo se han apartado de la revelación de Cristo contenida en estos capítulos. El catolicismo ha asimilado muchas cosas paganas, demoniacas, satánicas y diabólicas. Su práctica consiste en aceptar y abrasar el paganismo. Esto consta en el libro titulado Las dos babilonias y en los escritos de G. H. Pember. El protestantismo, por su parte, ha seguido la práctica de adaptarse a la cultura. Entre tanto que los elementos de cierta cultura no estén relacionados con el pecado ni con los ídolos, éstos son adoptados por el protestantismo. Por ejemplo, en China muchos misioneros protestantes adoptaron la ética china, mientras que en India, otros siguieron ciertos aspectos de la cultura. Como resultado, en China y en India, la llamada iglesia llegó a ser una mezcla cultural. En China vi cómo los misioneros se alegraban cuando los chinos asimilaban la cultura occidental. Los misioneros también adoptaron la cultura local. De esta manera, el cristianismo en China se convirtió en una mezcla de las culturas china y occidental. Aparentemente esto no es tan demoniaco o satánico como lo es el paganismo católico. En principio, sin embargo, ambos se encuentran al mismo nivel, pues aunque predican a Cristo, no ayudan a las personas a expresarlo, es decir, a tomarlo como su vida, su conducta, su contenido y como el todo.

  ¿Qué clase de vida llevaba usted cuando estaba en las organizaciones cristianas? En lugar de vivir por Cristo, ¿acaso no vivía según su cultura? Seguramente nadie le enseñó a vivir por Cristo, a tomarle como su vida y su contenido. ¿Le habló alguien alguna vez acerca de inhalar a Cristo, beberlo y comerlo? Todo esto es extraño para la mayoría de los cristianos de hoy.

  La situación de los creyentes de hoy es igual a la que vivían los creyentes de Corinto. Estos recibieron a Cristo, pero no vivieron por El. No tenían el concepto de que Cristo debía ser su vida, su conducta y su contenido. Sus pensamientos se enfocaban en la cultura, la sabiduría y la filosofía griegas. Además, ellos se jactaban de su sabiduría y su filosofía, lo cual hizo que todos pensaran diferente y que cada uno tuviera preferencias. Algunos preferían a Pablo, otros, a Cefas, y aun otros a Apolos. Todo esto los llevó a dividirse y esta división fue la raíz de todo mal y de toda confusión que se dio entre ellos.

  La condición de los cristianos de hoy es igual a la de la iglesia de Corinto. Así que, todos los cristianos, incluyéndonos a nosotros, necesitamos esta epístola para que nos ayude a abandonar todo lo que no sea Cristo. Sin importar cuál sea su cultura o nacionalidad, necesita abandonarla. Todos debemos abandonar nuestra cultura, filosofía, ética y tradición, y centrarnos en Cristo, quien es nuestra única porción.

CRISTO DEBE SE EL TODO PARA NOSOTROS

  La mayoría de los creyentes que se bautizan en alguna denominación se configuran, no a Cristo ni a la Biblia, sino a la denominación a la que ingresan. Hablan y se conducen en conformidad con dicha denominación. En cuanto a nosotros, ahora que estamos en la vida de iglesia en el recobro del Señor, no debemos amoldarnos a nada que no sea Cristo. No debemos tener tradiciones ni regulaciones, sino que Cristo debe ser lo único que poseemos. Por ejemplo, existe una gran diferencia entre una hermana que no se maquilla porque se configura al recobro, y otra que no lo hace porque vive por Cristo al andar en el espíritu e invocar al Señor. De igual manera, es posible que un hermano deje de fumar en su afán por amoldarse a las prácticas del recobro, o que lo haga porque experimenta a Cristo y pierde el deseo de fumar. En lugar de configurarnos al recobro, sencillamente debemos experimentar a Cristo como nuestra vida.

  Es muy común que los cristianos tengan muchas cosas en lugar de Cristo. Como por ejemplo, la ética, la moralidad, la cultura, la filosofía, las doctrinas y las tradiciones. En realidad, el cristianismo actual carece de Cristo. Entre los cristianos casi todo llega a ser un substituto de Cristo.

  El concepto fundamental de 1 Corintios 1 y 2 consiste en que debemos abandonarlo todo a excepción de Cristo. Cuando Pablo fue a Corinto y proclamó a Cristo, él se propuso no saber nada sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Esto indica claramente que lo abandonó todo, menos a Cristo. Al leer 1 Corintios es necesario que este pensamiento básico quede grabado en nosotros. Debemos ver que aparte de Cristo, debemos abandonarlo todo y de manera auténtica tomarlo a El como el todo para nosotros. Verdaderamente Cristo lo es todo; aun las profundidades de Dios.

CONOCER LOS DOS ESPIRITUS

  En 2:11 Pablo dice: “Porque, ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios”. El espíritu es la parte más profunda del hombre, y tiene la capacidad de penetrar a lo más recóndito de su ser, mientras que la mente del hombre sólo puede conocer las cosas superficiales. De igual modo, sólo el Espíritu de Dios puede conocer las cosas profundas de Dios.

  Los griegos eran famosos por la gimnasia y por su filosofía. Usaban la gimnasia para el adiestramiento y desarrollo del cuerpo, y la filosofía para cultivar su mente. Hoy también se hace mucho énfasis en el desarrollo del cuerpo y de la mente, pero se pasa por alto totalmente al espíritu. Cuando hacemos mención del espíritu, algunos no nos entienden. Para ellos el espíritu denota un demonio o un fantasma. Incluso muchos cristianos no conocen la diferencia entre el espíritu humano y el alma. La mayoría creen en la dicotomía, o sea, la enseñanza que afirma que el hombre se compone de dos partes: el cuerpo y el alma, mientras sólo una minoría cree en la tricotomía, la verdad de que el hombre está constituido de tres partes: el espíritu, el alma y el cuerpo. Los creyentes de Corinto sabían cómo ejercitar el cuerpo y la mente, pero desconocían el espíritu humano. Así que, en el versículo 11 Pablo les habla del espíritu, diciéndoles que el espíritu del hombre conoce las cosas del hombre. Los que no ejercitan el espíritu humano no pueden conocer de manera completa las cosas del hombre. El espíritu del hombre es el único que conoce las cosas del hombre, y así mismo, sólo el Espíritu de Dios conoce las cosas de Dios.

  En el versículo 12 Pablo añade: “Pero nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha dado por Su gracia”. Nosotros, que nacimos de Dios por Su Espíritu, hemos recibido el Espíritu de Dios. Por lo tanto, estamos perfectamente capacitados para conocer las cosas profundas de Dios, las cuales El nos ha dado por Su gracia para nuestro deleite.

  Pablo deseaba que los creyentes de Corinto supieran que como seres humanos, ellos tenían un espíritu que les capacitaba para conocer las cosas del hombre, y que, como creyentes de Cristo, habían recibido al Espíritu de Dios que les capacitaba para conocer las cosas que Dios les había concedido por Su gracia. Los cristianos de allí carecían del debido conocimiento acerca de estos dos espíritus. Ellos tenían una mente aguda y un alma fuerte, pero no se daban cuenta que tenían un espíritu humano. Además, pasaban por alto al Espíritu de Dios a quien habían recibido. Así que, en los versículos 11-12 Pablo les habla de los dos espíritus. Les hace notar que en su interior ellos tienen al espíritu humano y que también recibieron al Espíritu de parte de Dios para que conozcan lo que Dios les ha dado por Su gracia. Según el versículo 9, esto se refiere a lo que Dios preparó y determinó para nosotros, todo lo cual se relaciona con Cristo. Para conocer estas cosas, tenían que volver su atención a su espíritu humano y al Espíritu de Dios.

COSAS ESPIRITUALES Y PALABRAS ESPIRITUALES

  Pablo, hablando de lo que Dios nos ha dado, añade en el versículo 13: “Lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, interpretando lo espiritual con palabras espirituales”. La palabra griega que se traduce interpretando significa combinar o juntar, tal como se hace al interpretar o explicar algo. Esta palabra es común en la Septuaginta, como se ve en Génesis 40:8; 41:12, 15. En el contexto del versículo 13, el pensamiento es hablar lo espiritual con palabras espirituales. El énfasis no está en la persona a quien se habla, sino en el medio por el cual son expresadas las cosas espirituales. El apóstol habló lo espiritual, lo cual es las profundidades de Dios con respecto a Cristo, con palabras espirituales, las cuales son las palabras que enseña el Espíritu.

  Pablo dice que él no habló las cosas espirituales con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu. Esto quiere decir que él no habló con palabras de la filosofía o sabiduría griegas. Más bien, comunicó lo espiritual con palabras espirituales. En este versículo, Pablo emplea el mismo término con dos significados. Primero, lo espiritual se refiere a las cosas espirituales, las profundidades de Dios con respecto a Cristo. En segundo lugar, la expresión se refiere a las palabras espirituales. Las cosas espirituales son designadas con palabras espirituales. Estas palabras espirituales son cosas espirituales que se usan para designar lo espiritual. Por ejemplo, la palabra mesa denota un objeto llamado mesa. Ya que la palabra mesa es una designación de la mesa misma, no debemos pensar que la palabra sea una cosa y la mesa sea otra. Las palabras que se usan en la sabiduría griega no son espirituales. Pero las que enseña el Espíritu de Dios son verdaderamente cosas espirituales. Por tanto, las cosas espirituales se refieren tanto a las cosas que Dios nos ha dado con respecto a Cristo como nuestra porción, así como a las palabras enseñadas por el Espíritu de Dios. Tal como Pablo, necesitamos hablar lo espiritual con lo espiritual.

  Los creyentes de Corinto hablaban de Cristo no con palabras espirituales, sino con las palabras de la filosofía y sabiduría griegas. Como resultado, lo que quedaba grabado en los demás no era Cristo, sino la filosofía. Pablo, por su parte, cuando hablaba de Cristo, no empleaba términos filosóficos, sino que hablaba de cosas espirituales con cosas espirituales. Usaba palabras espirituales que equivalían a las cosas espirituales mismas. En el versículo 13 Pablo parecía decir a los corintios: “Al comunicarles las cosas espirituales no puedo usar palabras de la sabiduría griega, ya que son palabras de sabiduría humana. Como tales, no son cosas espirituales, y no aprovechan de nada en la comunicación de lo espiritual. Si usara la sabiduría de palabras que admiran los griegos, no podría comunicarles las cosas espirituales”.

  Todos debemos aprender de Pablo y no tratar de hablar usando expresiones comunes. Esto significa que no debemos bajar la norma de nuestra predicación al nivel de la expresión humana. La expresión humana ordinaria no es adecuada para trasmitir lo espiritual. Tan pronto nos apartamos de la norma que establecen las palabras que enseña el Espíritu y recurrimos a las palabras enseñadas por la sabiduría humana, perdemos la capacidad de comunicar las cosas espirituales. Por esta razón, en mis mensajes hablados y escritos me esfuerzo por permanecer en las palabras que enseña el Espíritu.

  Debemos resistir la tentación de bajar la norma espiritual. En lugar de bajarla, debemos procurar que otros escalen a ella. Habiendo recibido la visión de la economía de Dios, debemos mantener la norma de dicha visión, aun cuando otros nos animen a bajarla a su nivel afirmando que no entienden lo que hablamos. Me han presentado esta exigencia en muchas ocasiones y de diversas maneras, pero he rehusado descender al nivel de la sabiduría humana, y he animado a otros a que por la misericordia de Dios asciendan a esta norma. Sencillamente no podemos comunicar las cosas espirituales por medio de la filosofía griega, la ética china o las expresiones comunes de la cultura estadounidense. La única manera de comunicar las cosas espirituales es usando cosas espirituales, es decir, palabras espirituales. Esto constituye una importante lección que todos debemos aprender.

  Los que tradujeron la Biblia al idioma chino aprendieron la importancia de emplear palabras espirituales para comunicar las cosas espirituales. Por ejemplo, el Nuevo Testamento a menudo usa la expresión en Cristo. Pero en el idioma chino no era posible expresar el hecho de que una persona pudiera estar en otra. Los traductores no alteraron la expresión en Cristo, ni intentaron adaptarse a las limitaciones del idioma chino en este asunto. Más bien, inventaron una nueva expresión china para comunicar la idea de estar en Cristo. Más tarde, esta expresión llegó a ser muy popular en el idioma chino hablado. Esto muestra que si comunicamos lo espiritual con palabras espirituales, con el tiempo, otros aprenderán a escalar al nivel divino.

HOMBRES ANIMICOS

  El versículo 14 dice: “Pero el hombre anímico no acepta las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son necedad, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente”. El versículo 13 pone énfasis en el medio espiritual, es decir, en las palabras espirituales usadas para comunicar lo espiritual. Los versículos 14-15 recalcan el objeto espiritual al cual se habla, es decir, el hombre espiritual (no el hombre anímico), quien puede discernir lo espiritual. Tanto el medio como el objeto deben ser espirituales. Lo espiritual se debe comunicar con palabras espirituales al hombre espiritual.

  Un hombre anímico es un hombre natural, uno que vive por su alma, y no por su espíritu. Tal hombre no recibe las cosas del Espíritu de Dios, sino que las rechaza. Los judíos religiosos, los cuales exigían señales, y los griegos filosóficos, quienes buscaban sabiduría (1:22), eran tales hombres, para quienes las cosas del Espíritu de Dios eran necedad (1:23).

  Las cosas que son del Espíritu de Dios, las cuales se mencionan en el versículo 14, se refieren a las profundidades de Dios respecto a Cristo como nuestra porción. Un hombre anímico en su constitución interior no tiene la capacidad de percibir lo espiritual, y por ende, no puede conocer las cosas espirituales. Estas las disciernen, las examinan y las investigan espiritualmente las personas espirituales usando medios espirituales.

  Según el contexto de 1 Corintios, un hombre anímico es uno que vive según la cultura griega. En principio, los que viven según su cultura son anímicos. Si un creyente chino vive según la ética china, el tal es anímico. Asimismo, si un hermano estadounidense vive según la moderna cultura de los Estados Unidos, el tal también es un hombre anímico. En conclusión, un hombre anímico es un persona que vive en su cultura.

DISCERNIMIENTO ESPIRITUAL

  En el versículo 14 Pablo pone énfasis en el hecho de que las cosas que son del Espíritu de Dios se han de discernir espiritualmente. Si queremos discernir las cosas espirituales, es necesario saber que tenemos un espíritu. También debemos darnos cuenta de que el Espíritu de Dios habita en nuestro espíritu. Además, es necesario que ejercitemos nuestro espíritu para discernir las cosas espirituales de modo espiritual.

  En el versículo 15 Pablo dice: “En cambio el hombre espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado por nadie. Ser espiritual es conducirse, actuar y vivir en nuestro espíritu por el Espíritu de Dios, quien ahora mora en el nuestro. A las personas que no ejercitan el espíritu les es imposible juzgar a un hombre espiritual. De la misma manera que una vaca no siente ningún agrado por una buena pieza de música, así una persona anímica no puede juzgar a una persona espiritual. En la actualidad a muchos cristianos se les puede asemejar a vacas que escuchan música; no sienten ninguna apreciación por lo que oyen, ni pueden discernirlo. Entienden fácilmente las cosas mundanas o naturales, pero no tienen la capacidad de discernir las cosas espirituales ni de juzgar a personas espirituales.

LA MENTE DE CRISTO

  El versículo 16 presenta la conclusión de este pasaje de 1 Corintios: “Porque ¿quién conoció la mente del Señor? ¿Quién le instruirá? Mas nosotros tenemos la mente de Cristo”. Puesto que somos orgánicamente uno con Cristo, tenemos todas las facultades de El. La mente es la facultad de la inteligencia, el órgano que entiende. Nosotros tenemos esa parte de Cristo, y por ende, podemos conocer lo que El conoce. No solamente tenemos la vida de Cristo, sino también Su mente. Ahora El debe llenar nuestra facultad mental a partir de nuestro espíritu, y hacer que nuestra mente sea uno con la Suya. Cuando somos uno con Cristo, Su mente llega a ser la nuestra. Esto no debe ser una mera doctrina para nosotros, sino nuestra experiencia práctica.

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