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Mensajes del libro «Estudio-Vida de 1 Juan»
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Mensaje 7

LOS REQUISITOS CORRESPONDIENTES A LA COMUNIÓN DIVINA

(2)

  Lectura bíblica: 1 Jn. 1:5-7

  En el mensaje anterior señalamos que la relación de vida que los creyentes tienen con Dios es inquebrantable, pero que su comunión con Él puede verse interrumpida. Lo primero es incondicional y fue establecido una vez y para siempre, pero lo segundo es condicional y puede fluctuar. Prosigamos ahora en este mensaje a examinar el primer requisito que debemos cumplir para mantener activa la comunión divina: confesar los pecados (1:5—2:2).

PERMANECER EN DIOS, QUIEN ES LUZ

  En 1:5 Juan dice: “Y éste es el mensaje que hemos oído de Él, y os anunciamos: Dios es luz, y en Él no hay ningunas tinieblas”. Este versículo nos habla de Dios. Si nosotros hemos de mantener nuestra comunión con Dios, es preciso que permanezcamos en Él. Hemos visto que esta epístola contiene siete misterios: la vida divina, la comunión de la vida divina, la unción del Dios Triuno, permanecer en el Señor, el nacimiento divino, la simiente divina, y el agua, la sangre y el Espíritu. El tema que ahora deseamos tratar es el misterio de permanecer. En el Evangelio de Juan, el Señor Jesús dijo: “Permaneced en Mí, y Yo en vosotros” (15:4). Ya que Él es la vid y nosotros los pámpanos, tenemos que permanecer en Él. Esta revelación en cuanto a permanecer es un asunto sumamente importante y crucial. Todos tenemos que permanecer en Dios.

  Ahora bien, ¿qué significa permanecer en Dios? Hace muchos años yo pensaba que permanecer simplemente significaba quedarse y continuar en cierto lugar. La versión china de la Biblia usa la palabra morar, una traducción que refleja mejor el griego. Aunque la palabra permanecer—abide en la versión King James— originalmente conllevaba el sentido de morar, esta connotación hoy se ha perdido casi por completo y el significado principal de dicha palabra es quedarse y continuar en cierto lugar. Por lo tanto, permanecer en Dios significa morar en Él. No sólo debemos quedarnos en Dios, sino que debemos morar en Él. Esto significa que debemos vivir, actuar, movernos y tener nuestro ser en Dios.

  Este pensamiento concuerda con lo que comunica la palabra andamos del versículo 7, donde se nos exhorta a andar en luz. La palabra griega traducida “andamos” significa “movernos, actuar y tener nuestro ser”. Al permanecer en Dios, debemos morar en Él y tener nuestro ser en Él. Dios es nuestra verdadera morada, nuestro hogar. Por consiguiente, adondequiera que Dios vaya, debemos ir con Él y en Él. Ya que Dios es nuestra morada, debemos morar en Él.

  No solamente debemos conocer quién es Dios, sino también qué es Dios. En 1 Juan 1:5 se nos dice que Dios es luz y que en Él no hay ningunas tinieblas. El propio Dios en quien moramos es luz. El primer aspecto del primer requisito que debemos cumplir para mantenernos en comunión con Dios es morar en Dios, quien es luz. Cuando la casa donde moramos está llena de luz, nosotros también estamos en luz, y no en tinieblas. Asimismo, cuando moramos en Dios, moramos en luz, porque Dios es luz.

  Si no moramos en Dios, nuestra comunión con Él de inmediato se interrumpirá. Cada vez que no moramos en Dios, nos encontramos fuera de la comunión divina. Sin embargo, esto no hace nula la relación de vida que tenemos con Dios. Por ejemplo, sin importar si un hijo se porta bien o mal, la relación de vida que él tiene con su padre permanece igual. Asimismo, ya sea que él viva con sus padres en casa o se escape del hogar, la relación de vida que él tiene con su padre permanecerá intacta. No obstante, es posible que el muchacho no se mantenga en comunión con su padre. Quizás en ocasiones no quiera estar con su padre ni hablar cara a cara con él. Esto se debe a que, pese a que la relación de vida entre ellos permanece igual, la comunión se ha interrumpido. La relación de vida que tenemos con Dios jamás puede ser interrumpida; pero nuestra comunión con Él puede interrumpirse si no permanecemos en Él, quien es la luz divina.

  Hemos señalado que el Espíritu es la naturaleza de la persona de Dios, que el amor es la naturaleza de la esencia de Dios, y que la luz es la naturaleza de la expresión de Dios. La luz, por consiguiente, es la expresión de Dios; es el resplandor de Dios. De manera que, cuando moramos en Dios, quien es Aquel que resplandece, estamos en luz.

  En 1:5 Juan dice que en Dios no hay ningunas tinieblas. Tal como la luz es la naturaleza de Dios en Su expresión, del mismo modo las tinieblas son la naturaleza de Satanás en sus obras malignas (3:8). Damos gracias a Dios por habernos librado de las tinieblas satánicas y trasladado a la luz divina (Hch. 26:18; 1 P. 2:9). La luz divina es la vida divina en el Hijo, la cual opera en nosotros. Esta luz resplandece en las tinieblas que hay en nuestro interior, y las tinieblas no pueden prevalecer contra ella (Jn. 1:4-5). Si seguimos esta luz, no podremos andar en tinieblas (8:12), las cuales, según el contexto (1 Jn. 1:7-10), se refieren a las tinieblas del pecado.

ANDAR EN LA LUZ DIVINA ESTÁ EN CONTRAPOSICIÓN A LAS TINIEBLAS SATÁNICAS

  En 1:7a Juan dice: “Pero si andamos en luz, como Él está en luz, tenemos comunión unos con otros”. Aquí la palabra andamos significa “vivir, conducirnos y tener nuestro ser”. Nosotros andamos en luz, pero Dios mismo está en luz, pues Él mismo es luz. “La luz es el elemento en el cual Dios mora (cfr: 1 Ti. 6:16) ... Andar en luz, como Él está en luz, no consiste en simplemente imitar a Dios ... sino en que se dé una identificación del elemento esencial de nuestro andar diario con el elemento esencial del ser eterno de Dios; por ende, no se trata de una imitación, sino de una correspondencia e identificación en el ámbito mismo de la vida” (Alford).

  Cuando andamos y vivimos en la luz de Dios, conjuntamente disfrutamos al Dios Triuno así como participamos en Su propósito divino. La comunión de la vida divina nos trae la luz divina, y la luz divina nos guarda en la comunión, es decir, hace que conjuntamente disfrutemos a Dios y participemos en Su propósito.

  En el versículo 6 Juan habla de andar en tinieblas. Andar habitualmente en tinieblas es vivir, comportarnos y tener nuestro ser en la naturaleza de las obras malignas de Satanás. Según 2:11, andar en tinieblas equivale a practicar el pecado (3:4, 8).

  Andar en la luz divina no significa meramente morar en esta luz, sino vivir, movernos, actuar, hacer todas las cosas y tener nuestro ser en la luz divina, la luz que de hecho es el propio Dios. Cuando moramos, vivimos y tenemos nuestro ser en Dios, andamos en la luz divina, que es la expresión de Dios.

  Cuando la luz divina resplandece, vemos todas las distintas verdades, las cuales son realidades. Pero cuando no tenemos la luz divina, sino que, en lugar de ello, estamos en tinieblas, tenemos la sensación de que todo es vano y vacío. Quisiera pedirle a usted que examine su propia experiencia. Cuando usted se encuentra en la luz divina, puede ver la verdad, la realidad. Por ejemplo, cuando usted está en luz, Dios es una realidad para usted, y la vida divina también es una realidad. Asimismo, la santidad, el amor y la gracia de Dios son realidades para usted. Cuando andamos en luz, vemos una realidad tras otra. Sin embargo, cuando estamos en tinieblas, nada nos es real. Al contrario, todo nos parece vano y vacío. Cuando estamos en tinieblas, no tenemos ninguna realidad, porque no vemos nada. En lugar de tener una sensación de realidad, sentimos que todo es vaciedad y vanidad.

  Cuando moramos en Dios, estamos en la comunión. Cuando estamos en esta comunión, estamos en luz, y a medida que andamos en luz, Cristo, el Espíritu, la iglesia, el Cuerpo y los miembros del Cuerpo son reales para nosotros. Como resultado, podemos testificar: “¡Alabado sea el Señor porque veo a Cristo, el Espíritu, la iglesia, el Cuerpo y el terreno de la iglesia! ¡Cuán maravilloso es todo esto! Todas estas cosas son reales para mí”.

  Sin embargo, supongamos que una hermana se ofende con alguno de los ancianos. Aunque el anciano no tenía ninguna intención de ofenderla, ella, por ser sensible, se ofende por algo que él dice. Quizás el anciano dijo que todas las hermanas, sin importar de dónde sean, son frágiles. Así que esta hermana se ofende por estas palabras, y se dice a sí misma: “Yo amo mucho al Señor, y amo también a la iglesia y estoy en pro de la iglesia. ¿Porqué dice este anciano que las hermanas son frágiles?”. Debido a que ella se ofende, el “interruptor” se desactiva, y de inmediato ella se encuentra en tinieblas. Como resultado, en lugar de disfrutar de la vida de iglesia, ella comienza a sentirse insatisfecha con la iglesia. La iglesia deja de ser real para ella, y pierde todo interés por el terreno de la iglesia. Tal vez diga: “Después de todo, ¿qué es la iglesia? ¿y qué significa el terreno de la iglesia? Ya no me importa el terreno de la iglesia”. Si permanece en tinieblas, después de algún tiempo encontrará que Cristo, el Espíritu y la vida divina han dejado de ser reales para ella en su experiencia. Tal vez diga: “¿Qué es Cristo? Él está en los cielos, muy lejos de aquí. ¿Qué cosa es la vida eterna? Esta vida no significa mucho para mí”. Este ejemplo muestra que cuando estamos en tinieblas, todas las cosas divinas se vuelven vanas y vacías para nosotros.

  Supongamos que después de algún tiempo, la hermana que se había ofendido y se encontraba en tinieblas, se arrepiente. El Señor es misericordioso y, aparentemente sin razón alguna, ella se vuelve al Señor y dice: “Oh Señor, perdóname”. En seguida, el “interruptor” se activa, y la luz empieza a resplandecer de nuevo. Entonces, esta hermana será limpiada con la sangre preciosa del Señor y las cosas divinas volverán a serle reales una vez más.

  ¿No ha tenido usted esta clase de experiencia? Puedo testificar que yo he experimentado esto muchas veces. Yo sé lo que es padecer de la “enfermedad” de estar en tinieblas y ser recobrado a la comunión de la vida divina. Por experiencia sé que cuando estamos en luz, las cosas divinas nos son reales, pero que cuando estamos en tinieblas, estas cosas dejan de ser reales para nosotros.

  Si deseamos estar en la comunión divina, es preciso que permanezcamos en el Dios que es luz y andemos en la luz divina. La luz divina es contraria a las tinieblas satánicas. La pregunta crucial que debemos hacernos no es si algo es correcto o incorrecto, sino si estamos en luz o en tinieblas. Usted no debe considerar si lo que ha dicho un anciano está bien o mal, sino si usted está en luz o en tinieblas. Si está en tinieblas, ello indica que usted se encuentra fuera de la comunión divina.

  La luz es la expresión de Dios y las tinieblas son la expresión de Satanás. Si decimos: “No me importa la iglesia, y Cristo está muy lejos, en los cielos; Él no está en mí”, decimos mentiras, y estas mentiras son la expresión de las tinieblas satánicas. Así que, para que nuestra comunión pueda ser restaurada, debemos condenar las tinieblas. Tal vez pensemos que estamos en lo correcto. Pero si estamos en tinieblas, debemos confesarle esto al Señor y decirle: “Señor, ¿por qué estoy en tinieblas? Debo de estar equivocado en algo. Señor, aunque no me doy cuenta en qué estoy equivocado, sé que estoy equivocado porque estoy en tinieblas. Señor, te pido que me perdones y me limpies”. Si hacemos esto, la luz vendrá a nosotros. Les hablo según mi propia experiencia. Muchas veces pude darme cuenta de que estaba en tinieblas, aunque no sabía en qué estaba mal. Así que, acudí al Señor y le confesé que estaba en tinieblas. Como resultado, la luz empezó a resplandecer otra vez.

  Las tinieblas pueden ser comparadas con la señal de alto que está en la esquina de una calle. Las tinieblas son una señal que nos dice que de alguna manera estamos mal. Aun si no sabemos en qué estamos mal, debido a que tenemos la señal de las tinieblas en nuestro interior, debemos confesarle al Señor la condición en que nos encontramos, diciendo: “Señor, te suplico que me perdones. Aunque no sé en qué he fallado, te pido que me perdones. Señor, siento que hay tinieblas en mi interior. Estoy completamente rodeado de tinieblas, y no puedo soportarlo. Señor, puesto que estoy en tinieblas, te pido que me perdones y me limpies con Tu preciosa sangre”. Si le confiesa esto al Señor, la luz vendrá. Entonces la luz le mostrará en qué ha fallado. Luego, si le confiesa esa falta al Señor, recibirá más luz. Es de este modo que somos guardados en Dios. También es de esta manera que podemos recobrar y restaurar la comunión que se había perdido. Si optamos por este camino, mantendremos una comunión adecuada en la luz divina.

PRACTICAR LA VERDAD DIVINA ESTÁ EN CONTRAPOSICIÓN A LA MENTIRA SATÁNICA

  Leamos 1:6 en su totalidad: “Si decimos que tenemos comunión con Él y andamos en tinieblas, mentimos, y no practicamos la verdad”. Las mentiras provienen de Satanás, quien es el padre de los mentirosos (Jn. 8:44). Su naturaleza es la mentira, y acarrea muerte y tinieblas. Las tinieblas conllevan falsedad, la cual es contraria a la verdad. Las tinieblas satánicas están en contraposición a la luz divina, y la mentira satánica está en contraposición a la verdad divina. Tal como la verdad divina es la expresión de la luz divina, así también la mentira satánica es la expresión de las tinieblas satánicas. Si decimos que tenemos comunión con Dios, quien es luz, y andamos en tinieblas, mentimos, y al hacerlo, expresamos las tinieblas satánicas, y no practicamos la verdad, es decir, no expresamos la luz divina. Este versículo es una vacuna contra la enseñanza herética de los partidarios del antinomianismo, quienes afirmaban que uno es libre de toda obligación a la ley moral y decían que una persona puede vivir en pecado y al mismo tiempo tener comunión con Dios.

  Si hemos de mantener activa la comunión divina, no sólo debemos andar en la luz divina, sino también practicar la verdad divina, la cual es contraria a la mentira satánica. La palabra griega traducida “practicamos” en 1:6 es poiéo. Este verbo denota la idea de hacer algo de forma habitual y continua al permanecer en ello; por lo tanto, se usa en el versículo 6 en el sentido de practicar. Esta palabra aparece también en 2:17, 29; 3:4 (dos veces), 7, 8, 9, 10, 22; 5:2; Romanos 1:32 y en otros pasajes.

  Practicar la verdad es expresar la verdad en nuestro vivir de forma habitual, y no solamente de vez en cuando. Practicar la verdad es algo que se hace de manera constante, continua e incesante. Esto puede compararse con la respiración, la cual se efectúa de manera constante, continua, habitual. Mientras hablamos, también respiramos. No es necesario proponernos respirar ni tratar de vigorizarnos a nosotros mismos para hacerlo, ya que respirar es algo que hacemos de manera innata y habitual. Por consiguiente, la respiración es una práctica. De manera semejante, cuando permanezcamos en Dios como luz y cuando andemos en la luz divina, espontáneamente practicaremos la verdad de forma habitual.

  Supongamos que cierto creyente se encuentra en tinieblas. Por estar en tinieblas, todo cuanto él haga, todo cuanto practique, estará mal. Si se encamina en cierta dirección, estará mal; y si desea seguir otro rumbo, también estará mal. No obstante, si este creyente está en luz, automáticamente practicará la verdad, es decir, vivirá, se comportará y hablará con las personas de una manera apropiada. Esto es lo que significa practicar la verdad.

  Si estamos en luz, veremos que la iglesia es una realidad. Asimismo, veremos que el Cuerpo y los miembros del Cuerpo son realidades. Veremos que somos miembros del Cuerpo cada uno en particular. Pero si estamos en tinieblas, pensaremos que somos uno de los miembros más importantes del Cuerpo, quizás un hombro, cuando en realidad somos un pequeño miembro, como el dedo meñique. Éste es otro ejemplo que nos muestra que estar en tinieblas es estar en vaciedad, en vanidad. Pero andar según la realidad que vemos en la luz es practicar la verdad.

  A menudo, cuando estamos en tinieblas, practicamos cosas contrarias al sentido común. Por ejemplo, si un joven está en tinieblas, tal vez le dé por criticar a un hermano mayor en el Señor. Esta crítica no tiene sentido alguno, pues se emite en tinieblas. Este joven no sabe lo que dice, y su crítica es vana y vacía. No practica la verdad porque no ve la verdad.

  En cambio, cuando estamos en luz vemos la verdad. Si estamos en luz, todo cuanto hagamos será real. No sólo practicaremos lo que es correcto y debido, sino que también haremos lo que es real. Esto significa que todo cuanto hagamos será una realidad, y de forma habitual y automática practicaremos la verdad, la realidad. Si hacemos esto, nos mantendremos en la comunión divina.

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