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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Apocalipsis»
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Mensaje 54

LAS BODAS DEL CORDERO Y LA FIESTA DE BODAS

  Después de que Dios juzgue todas las cosas negativas reveladas en los capítulos dieciséis, diecisiete y dieciocho, vemos las bodas del Cordero y la fiesta de bodas (Ap. 19:5-10). Es posible que usted nunca se haya dado cuenta de que Cristo, el Cordero, necesita casarse. Este concepto es totalmente contrario a la religión. ¿Quién pensaría que el Redentor necesita casarse? Un día Juan el Bautista declaró: “¡He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Jn. 1:29). Este versículo claramente revela que Cristo vino como el Cordero que quita el pecado del mundo. Más tarde Juan el Bautista también expresó que Cristo es el novio. El dijo: “El que tiene la novia, es el novio; mas el amigo del novio, que está allí y le oye, se goza grandemente de la voz del novio” (Jn. 3:29). Por consiguiente, en el Evangelio de Juan Cristo es revelado como el Cordero que vino a quitar el pecado y como el Novio que vino para obtener la novia. La meta de Cristo no es quitar el pecado, sino obtener la novia. En el libro de Apocalipsis, también escrito por el apóstol Juan, vemos que Cristo nuestro Redentor es el Cordero y el Novio que viene. Así que, El como el Novio, necesita casarse.

  La boda del Cordero será una boda universal. Será el matrimonio del Redentor y los redimidos. Al final de la Biblia vemos una ciudad, la Nueva Jerusalén. Esta ciudad es la esposa (Ap. 21:2, 9-10), y el Dios redentor es el esposo. Aunque esta idea del matrimonio entre Dios y el hombre es ajena a la religión, nosotros la recalcamos en el recobro para indicar que nuestra posición es la condición de novia, y que la posición del Cristo que viene es la de Novio. Estamos en la tierra siendo preparados para llegar a ser la novia que ha de recibirle, y El está en el trono en el tercer cielo, preparado para venir como Novio a nuestro encuentro. Por lo tanto, El viene como Novio, y nosotros vamos a El como novia. La novia y el Novio se encontrarán, mas no en el cielo ni en la tierra, sino en los aires. Cuando nos reunamos con El en los aires, tendremos una boda.

I. DESPUES DE LA DESTRUCCION DE BABILONIA LA GRANDE

  Las bodas del Cordero se producirán después de que Babilonia la Grande sea destruida (19:1 4). En el universo no hay solamente una novia pura y casta; también existe una falsificación, la gran ramera. Parte de la novia fue capturada por la ramera y relacionada con ella. Tome por ejemplo el caso de la señora Guyón. Aunque ella era parte de la novia, estaba relacionada con la ramera. Sin embargo, ésta no amaba a la señora Guyón; por el contrario, la envió a la cárcel. De todos modos, la señora Guyón estaba relacionada con la ramera. Como ya dijimos, ella se paraba frente a una estatua de María. La situación de hoy es muy complicada. La Biblia condena a la ramera, y nosotros también. Pero dentro de la ramera hay creyentes genuinos, muchos de los cuales buscan al Señor con más diligencia que los que están en las denominaciones. Debido a lo complejo de la situación, nuestra visión debe ser clara. Tenemos que estar conscientes de nuestra posición y de que nunca debemos relacionarnos con la falsificación, la ramera.

  La Biblia revela que Satanás siempre trata de mezclarse con las cosas de Dios. Las actividades satánicas siempre son motivadas por lo que Dios está haciendo. Según la Biblia, no hay prácticamente ningún aspecto del mover de Dios en el que Satanás no haya tratado de intervenir. Donde Dios vaya, allí va Satanás. El está activo incluso cuando nosotros predicamos el evangelio, y trata de entrometerse en la edificación de la iglesia. En el día de Pentecostés tanto Dios como Satanás estaban activos. El principio es el mismo en el recobro del Señor en la actualidad, pues Satanás sigue creando falsificaciones de lo que Dios hace. Con frecuencia la obra de Satanás precede la obra de Dios. Por ejemplo, antes de que Jerusalén fuese edificada por Dios, Satanás erigió la torre y la ciudad de Babel. Satanás conoce la intención de Dios y procura generar una falsificación antes de que Dios lleve a cabo Su plan. ¡Qué insidioso! Tenemos que discernir claramente la falsificación que Satanás hace de la novia, y jamás debemos enredarnos con ella. Somos parte de la novia. ¿Cómo podríamos relacionarnos con la ramera?

  A lo largo de los años muchos amados cristianos se me han acercado haciendo lo posible por discutir conmigo y convencerme. Algunos dicen: “Hermano Lee, ¿no se da cuenta de que yo soy un verdadero hermano en el Señor? ¿No se da cuenta de que hay muchos cristianos genuinos en las denominaciones? ¿Por qué nos rechaza a todos nosotros?” Muchas veces cristianos firmes me han confrontado con preguntas por el estilo. Siempre les contesto: “Usted es un amado hermano, y yo no lo rechazo. Sin embargo, ¿sabe usted en dónde está? Usted está en un lugar condenado por Dios. Aunque usted es nuestro hermano, sigue en el lugar equivocado”. Tenemos que ver la diferencia entre las personas y el lugar. La persona puede ser recta a lo sumo, pero el lugar en donde se halla puede ser completamente erróneo.

  En 1957 un amado siervo del Señor fue invitado a Taiwán. Durante su visita, los líderes tuvieron mucha comunión con él. Uno de los hermanos le dijo: “Aquí en Taipéi hay varios grupos cristianos que afirman no tener denominación y se reúnen en el nombre del Señor Jesús. Díganos hermano ¿cuál de estos grupos es el correcto?” El respondió que ninguno de ellos estaba completamente bien y que todos ellos estaban parcialmente en lo correcto. Sorprendidos por esa respuesta, los hermanos le preguntaron cuál era el criterio por el cual él afirmaba que dichos grupos eran relativamente válidos. El contestó que ellos tenían razón parcialmente según la medida de Cristo. Dijo que cuanto más de Cristo tuvieran, más acertados estarían en cuanto a la iglesia, y cuanto más pequeña fuera la medida de Cristo, menos acertados estarían en este asunto. Durante las primeras dos reuniones con este hermano yo fui el intérprete. Pero cuando dijo esto, yo decidí intervenir y debatir; así que le dije: “Ya que hablamos de la medida de Cristo, algunos dicen que cuanto mayor sea la medida de Cristo que uno tenga, tendrá más razón en cuanto a la iglesia. Todos estamos de acuerdo con que en los últimos trescientos años la señora Guyón fue tal vez la persona con la mayor medida de Cristo. No obstante, ¿podemos decir que ella estaba en lo correcto en cuanto a la iglesia? Ella estaba en la Iglesia Católica Romana, que es una iglesia satánica. Examinemos la tipología del Antiguo Testamento. Los hijos de Israel fueron llevados cautivos y estuvieron en esa condición por setenta años, al final de los cuales Dios intervino y les mandó que regresaran a Jerusalén. Supongamos que se levantara un predicador y dijera: ‘No es necesario regresar a Jerusalén. Vean cuán espiritual es Daniel, y él todavía está en Babilonia. En tanto que seamos espirituales, no importa dónde estemos’. ¿Está usted de acuerdo con esto? Ser espiritual es una cosa, y estar en el lugar debido es otra. Uno puede ser tan espiritual como Daniel, pero si permanece en Babilonia, se quedará en Babilonia. La condición de uno tal vez sea espiritual, pero sigue en el cautiverio. No use a Daniel como pretexto. Aunque él permanecía en Babilonia, abría sus ventanas hacia Jerusalén y oraba tres veces al día (Dn. 6:10). Daniel murió en el mismo año que se hizo la proclamación de que los cautivos volvieran a Jerusalén (Dn. 1:21; Esd. 1:1-3). Si no hubiese muerto ese año, probablemente habría regresado a Jerusalén. Mientras uno esté vivo, tiene que volver a Jerusalén. No piense que no tiene importancia el lugar donde uno está. La Iglesia Católica y todas las denominaciones y grupos facciosos son condenados en el Nuevo Testamento. ¿Quién puede justificarlos? No importa cuán espiritual sea uno, en tanto que esté en la Iglesia Católica, en las denominaciones o en los grupos facciosos, está en una posición condenada por las Escrituras”.

  Pese a que algunos puedan justificarse, en lo profundo de su conciencia saben que están en el lugar equivocado. Cuando algunas personas discuten conmigo, simplemente les digo: “Aunque discuta conmigo, hay alguien dentro de usted que está de acuerdo conmigo y en desacuerdo con usted. Aquel que está dentro de usted no está de tu lado; El está de mi lado”. Muchos de los que hemos seguido el camino de la iglesia no recibimos la visión inmediatamente. Permanecimos donde estábamos tratando de reconciliar las cosas. Finalmente, Aquel que estaba en nosotros, quien es mucho más fuerte que nosotros, nos capturó y tuvimos que venir al lugar correcto. Tenga en claro que ser la persona correcta es una cosa, pero estar en el lugar correcto es otra.

  Vivimos en un tiempo de complicaciones y confusión. Tanto la novia como la falsificación, la ramera están presentes. Aparentemente la ramera prevalece sobre la novia. Esta es como una pequeña yerba, y aquélla como un gran árbol (Mt. 13:31-32). Si uno sólo mira la apariencia, será engañado y distraído. Es difícil para la mayoría de los cristianos discernir entre ellas. La apariencia externa es casi la misma: oro, perlas y piedras preciosas. Ambas tienen algo de Dios, algo de Cristo y algo de la Biblia. Pero en el recobro del Señor hoy la visión es clara, y la luz brilla. Esta luz pone las cosas de manifiesto y las discierne. Por medio de la luz que hay en el recobro del Señor, sabemos qué es real y qué es falso; sabemos cuál es la novia y cuál es la ramera, y podemos discernir fácilmente la una de la otra. Aleluya, estamos en la novia y no tenemos nada que ver con la ramera. Además, sabemos que un día el Señor intervendrá y juzgará a la ramera. Así que, las bodas del Señor se llevarán a cabo después de la destrucción de la ramera.

  Algunos de ustedes pueden seguir sintiendo compasión de la ramera. Pero yo tengo la certeza de que cuando se celebren las bodas del Cordero, ninguno de nosotros le tendrá compasión. Aunque usted discuta a favor de ella ahora, con el tiempo ella será totalmente consumida y destruida. El Señor aborrece a la ramera, y antes de disfrutar una boda placentera con Su novia, El se deshará de una vez por todas de la ramera. Ningún novio desearía ser parte de una relación en la cual él no es el único novio. Por supuesto, el Señor como Novio no tolerará semejante cosa. En las bodas del Cordero y la novia no habrá una tercera persona. La tercera persona, la ramera, será completamente consumida. Alabado sea el Señor por esto. Yo me regocijaré cuando vea la destrucción de esta falsificación, la Babilonia la grande.

II. DESPUES DEL ARREBATAMIENTO DE LA MAYORIA DE LOS CREYENTES

  Las bodas del Cordero se llevarán a cabo después del arrebatamiento de la mayoría de los creyentes (1 Ts. 4:15-17). Habrá varios arrebatamientos: el arrebatamiento de las primicias, el del hijo varón, el de los vencedores que están sobre el mar de vidrio, el de los dos testigos, el de la mayoría de los creyentes y el de la rebusca. Las bodas del Cordero se celebrarán después de estos arrebatamientos.

III. DESPUES DE COMPARECER ANTE EL TRIBUNAL DE CRISTO

  Las bodas del Cordero también se producirán después de que hayamos comparecido ante el tribunal de Cristo (2 Co. 5:10). Después de todos los arrebatamientos y antes de las bodas, se presentará el juicio ante el tribunal de Cristo para determinar cuáles creyentes serán aptos para participar de la fiesta de bodas. Si uno es recompensado ante el tribunal de Cristo participará en la fiesta de bodas. Si no lo es, ni es aprobado por el Señor, no perecerá, pero sí sufrirá la pérdida de la que habla 1 Corintios 3:15. Este versículo dice: “Si la obra de alguno es consumida, él sufrirá pérdida, pero él mismo será salvo, aunque así como pasado por fuego”. De seguro, los salvos que sufrirán pérdida no participarán de la fiesta de bodas. Según Mateo 25:1-13, las cinco vírgenes sabias entrarán a la fiesta de bodas, mientras que las necias serán rechazadas.

  El juicio que se efectuará ante el tribunal de Cristo no determinará si uno será salvo o perecerá, pero sí decidirá si recibiremos el galardón del Señor o sufriremos pérdida. Sólo los salvos comparecerán ante este tribunal. Al venir el Señor del cielo hacia la tierra, se detendrá en los aires, y allí llevará a cabo algunas cosas. El tribunal de Cristo será establecido en los aires, y también allí se celebrarán las bodas. Después de este juicio y de las bodas, Cristo descenderá con Sus escogidos, los cuales serán Su ejército, para luchar contra el anticristo en la batalla de Armagedón. Por consiguiente, tanto el juicio de Cristo como las bodas se efectuarán en los aires. Por consiguiente, las bodas se efectuarán después de que sea destruida la ramera, después de todos los arrebatamientos y después del juicio ante el tribunal de Cristo. Como veremos, los que son escogidos en el tribunal serán la novia y también los invitados a la fiesta. Los invitados serán la novia corporativa.

IV. LAS BODAS DEL CORDERO

A. La alabanza de la gran multitud

  En los versículos del 5 al 7 tenemos la alabanza de la gran multitud. Inmediatamente después de la destrucción de Babilonia se efectúan las bodas del Cordero. El juicio y la destrucción de Babilonia la Grande, tanto la religiosa como la material, presentan las bodas del Cordero y traen el reinado o el reino de Dios (v. 6). Esta es la razón por la cual la gran multitud de los salvos se regocijan y alaban con aleluyas (vs. 1, 3, 6), y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se les unen alabando a Dios (v. 4).

  ¡Qué acontecimiento tan maravilloso se describe en este pasaje! En ese entonces habremos sido testigos de la destrucción de la ramera, habremos pasado por el juicio ante el tribunal de Cristo, y estaremos en las bodas. ¡Aleluya! ¡Cuán admirable! Yo espero estar allí, y anhelo con fervor ese día.

  El versículo 6 describe la voz de la gran multitud “como el estruendo de muchas aguas, y como el estruendo de grandes truenos”. La alabanza cuyo estruendo es igual al de muchas aguas se ofrece continuamente, y el hecho de que suene como grandes truenos indica cuán solemne es.

B. La novia se ha preparado

  Llegamos a un asunto muy crucial, la preparación de la novia. Dice el versículo 7: “Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y Su esposa se ha preparado”. “Su esposa” es la iglesia (Ef. 5:24-25, 31-32), la novia de Cristo (Jn. 3:29). Sin embargo, según los versículos 8 y 9, la esposa, la novia de Cristo, durante el milenio, se compone sólo de los creyentes que venzan; mientras que la novia, la esposa, de 21:2, después del milenio y por la eternidad, consta de todos los santos que hayan sido salvos. La preparación de la novia depende de la madurez en vida de los vencedores. Además, éstos no son individuos separados, sino una novia corporativa. Esto requiere edificación. Ellos no sólo son maduros en vida, sino que también son edificados para constituir una sola novia.

1. Cristo es expresado en la vida de los santos como justicia subjetiva de ellos

  En el versículo 8 dice: “Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, resplandeciente y limpio; porque el lino fino es las acciones justas de los santos”. La palabra limpio (o puro) alude a la naturaleza de ellos; mientras que resplandeciente se refiere la expresión. La palabra griega traducida “acciones justas” también puede traducirse justicias. Las acciones justas no son la justicia (que es Cristo) que recibimos para salvación (Fil. 3:9; 1 Co. 1:30). La justicia que recibimos para salvación es objetiva, y su fin es que nosotros satisfagamos los requisitos del Dios justo; mientras que las justicias de los vencedores son subjetivas y tienen como fin que cumplamos con los requisitos del Cristo que venció. Por lo tanto, el lino fino se relaciona con la vida vencedora, nuestro modo de vivir como vencedores. Es el propio Cristo a quien expresamos en nuestro ser.

2. El traje de boda mencionado en Mateo 22

  Según la revelación de la Biblia en conjunto, nosotros los salvos necesitamos dos vestidos, uno para nuestra salvación y otro para recibir nuestro galardón. Para nuestra salvación necesitamos el manto que nos cubre. Este es el vestido que se le puso al hijo pródigo en Lucas 15. Al regresar el hijo pródigo, dijo a su padre: “Padre, he pecado contra el cielo y ante ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo” (Lc. 15:21). El no se consideró digno de estar en la presencia de su padre. Pero el padre dijo a los siervos: “Sacad pronto el mejor vestido, y vestidle” (Lc. 15:22). Dicho vestido es Cristo como nuestra justicia. Nos sirve para presentarnos justificados ante Dios. Todos tenemos este vestido, el primer vestido, el cual es Cristo como nuestra justicia, nuestra justificación, que nos permite estar frente al Dios justo.

  También necesitamos el segundo vestido, que es el traje de boda descrito en Mateo 22:11-12. Este traje no es necesario para nuestra salvación, sino para recibir nuestro galardón, pues nos hace aptos para asistir a la fiesta de bodas del Hijo de Dios. El primer vestido nos faculta para encontrarnos con Dios para salvación. El segundo nos hace aptos para encontrarnos con Cristo, quien es nuestro galardón, y es la obra del Espíritu Santo en nosotros. Es en realidad el propio Cristo por quien vivimos y a quien expresamos en nuestra vida. Es el Cristo expresado en nuestro diario vivir. Estas son las justicias de los santos de las cuales habla el versículo 8.

  El segundo vestido también es la justicia que se menciona en Mateo 5:20. En este versículo el Señor Jesús dijo: “Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos”. Estas palabras tienen mucho peso, y pocos cristianos las entienden. Este versículo expresa claramente que nuestra justicia debe superar a la de los fariseos. Esta justicia no es el Cristo objetivo que recibimos como nuestro vestido para ser justificados, sino el Cristo subjetivo a quien expresamos en nuestra vida diaria. No es el vestido de justificación, sino el que nos hace aptos para recibir el galardón.

  El traje de boda mencionado en Mateo 22:11 y 12 es un ejemplo de esto. En dicha parábola el Señor habla de un hombre que entra a la fiesta de bodas sin llevar puesto el traje de bodas. Cuando el rey lo ve le dice: “Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin tener traje de boda? Mas él enmudeció. Entonces el rey dijo a los servidores: Atadle de pies y manos, y echadle a las tinieblas de afuera; allí será el llanto y el crujir de dientes” (Mt. 22:12-13). El traje de boda no es un vestido de justificación, sino un traje muy especial. Según la costumbre de los judíos de antaño, nadie podía asistir a una fiesta de bodas sin un traje especial para la ocasión. Si hemos de estar en la fiesta de bodas del Cordero, tenemos que estar vestidos con este traje. Si queremos ser aptos para estar en la fiesta de bodas de Cristo, necesitamos vivir por Cristo y expresarlo en nuestra vida cotidiana. El Cristo subjetivo será el traje de bodas que nos facultará para entrar en la fiesta de bodas. En consecuencia, necesitamos tanto el vestido de justificación como el traje de bodas.

  El segundo vestido se menciona en Apocalipsis 3:4, 5 y 18. En 3:4-5 el Señor dijo a la iglesia de Sardis que los que no hayan contaminado sus vestiduras andarán con El vestidos de blanco y que el que venza será “vestido de vestiduras blancas”. Este es el traje para la fiesta de bodas. En 3:18 el Señor aconseja a la iglesia de Laodicea que compre de El “vestiduras blancas”. Así, en el libro de Apocalipsis se subraya el asunto del segundo vestido. Si no lo tenemos, no participaremos de la fiesta de bodas.

3. El vestido brocado mencionado en el salmo 45

  Los dos vestidos también se mencionan en el salmo 45. En dicho salmo la reina tiene dos vestidos (vs. 13-14): uno corresponde a la justicia objetiva necesaria para vivir, y el otro corresponde a la justicia subjetiva, relacionada con nuestra victoria. Este equivale al traje de bodas mencionado en Mateo 22:11-12. La reina que se menciona en el salmo 45 representa la iglesia. Su primer vestido es de “brocado de oro”, y el segundo es un vestido bordado. En la Biblia el oro denota la naturaleza divina de Dios. Cuando somos salvos recibimos un vestido de oro que nos faculta para estar en la presencia de Dios. Además, necesitamos el otro vestido, un vestido bordado. Este bordado representa la obra transformadora del Espíritu Santo. El Espíritu Santo obra hoy en nosotros transformándonos igual que lo hace un bordador cuando da muchas puntadas a un vestido. Aunque tenemos el primer vestido, nuestro segundo vestido está siendo bordado por el Espíritu Santo. Este vestido nos hará aptos para ver a Cristo en Su tribunal. Día tras día estamos bajo la aguja, la transformación, del Espíritu Santo. ¡Cuánto necesitamos este segundo vestido! Este es un asunto serio.

  Pese a la seriedad de este asunto, la mayoría de los cristianos sólo se preocupan por el primer vestido. Algunos hasta dicen: “En tanto que uno sea justificado, redimido y salvo todo está bien”. No preste atención a esto. Es posible que usted esté bien en lo que a la salvación se refiere, pero ¿qué dice del galardón? Uno no sólo necesita ser justificado, sino también aprobado. Cuando usted comparezca ante el tribunal de Cristo, ¿lo aprobará El a usted? En Mateo 22:14 dice expresamente que algunos serán escogidos y otros no. Solamente los que tengan el segundo vestido producido por el bordado del Espíritu Santo serán escogidos y estarán facultados para entrar en la fiesta de bodas del Cordero.

C. Traer el reinado del Señor

  En el versículo 6 la voz de la gran multitud proclama: “¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” El reinado de Dios, Su reino, se relaciona con las bodas del Cordero, y las bodas del Cordero son el resultado de la culminación de la economía neotestamentaria de Dios, la cual consiste en obtener la novia, la iglesia, para Cristo por medio de Su redención y Su vida divina. Por la obra continua del Espíritu Santo a lo largo de todos los siglos, la meta se logrará al final de esta era. Entonces la novia, con los creyentes que venzan, estará preparada. Simultáneamente, el reino de Dios vendrá. Esto corresponde a la profecía del Señor en Mateo 26:29.

  Las bodas traerán el reinado del Señor, el reino, porque todos los invitados a esta celebración serán tanto la esposa corporativa como los correyes del Novio. El Novio, quien tomará posesión de la tierra como Su reino, indudablemente necesita muchos virreyes, quienes serán correyes Suyos. Estos correyes serán Su novia corporativa.

  No sé a ciencia cierta cuánto durará la fiesta de bodas. La boda misma, que se efectuará en los aires, durará poco. Después de la boda, se celebrará la fiesta de bodas. La fiesta siempre dura más que la boda en sí. Aunque creo que la fiesta de bodas durará mil años, la Biblia no nos permite afirmarlo con certeza. Para el Señor mil años son un día (2 P. 3:8). En Mateo 22 se indica que la fiesta de bodas será el reino milenario. Para nosotros los mil años del reino milenario serán una fiesta de bodas. Todos los invitados a la fiesta de bodas también participarán en el reinado de mil años como reyes. Nuestro Rey será el Novio; nosotros los correyes seremos la novia; y los mil años serán nuestra luna de miel. El reinado de Cristo por mil años será nuestra fiesta.

  Estoy seguro de que muchos cristianos no recibirán el premio de reinar con Cristo en el reino venidero. Aunque uno pueda ser salvo, debe llegar a ser un vencedor a fin de recibir el reino como recompensa. Para los vencedores, el reinar con Cristo en Su reino será la fiesta de bodas.

V. LA CENA DE BODAS DEL CORDERO

  El versículo 9 dice: “Y me dijo: Escribe: Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero. Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios”. La cena de las bodas del Cordero equivale a la fiesta de bodas de que habla Mateo 22:2. Será una recompensa para los creyentes que venzan. Solamente los vencedores serán invitados a ella, no todos los salvos. Las cinco vírgenes necias de Mateo 25:8-13 no entrarán en ella. Sin embargo, después de que el Señor las haya disciplinado en la edad del reino, podrán participar de la Nueva Jerusalén por la eternidad. Así que, es una bienaventuranza ser invitado a la fiesta de bodas de Cristo, la cual introducirá a los creyentes que venzan en el deleite que habrá en el milenio. Los creyentes vencedores serán invitados a la cena de bodas del Cordero también como Su novia. La bienaventuranza de la que habla el versículo 9 es la bienaventuranza de participar en el milenio.

  Dice en Mateo 22:14: “Porque muchos son llamados, y pocos escogidos”, y en Apocalipsis 17:14 leemos: “Los que están con El, los llamados y elegidos y fieles, también vencerán”. Ser llamado es una cosa, y ser escogido es otra. Aquellos que sigan al Señor para combatir contra el anticristo, no solamente serán llamados, sino también escogidos. Aunque tenemos la certeza de haber sido llamados, todavía no sabemos con seguridad si vamos a ser escogidos. Después del arrebatamiento, compareceremos ante el tribunal de Cristo, y El decidirá si somos aptos o no para ser escogidos. Solamente los que hayan sido escogidos serán invitados a la fiesta de bodas del Cordero.

VI. EL TESTIMONIO DE JESUS

  El versículo 10 dice: “Y me postré a sus pies para adorarle. Y él me dijo: No lo hagas; yo soy consiervo tuyo, y de tus hermanos que retienen el testimonio de Jesús. Adora a Dios; porque el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía”. Este versículo indica que la novia, los invitados, son el testimonio de Jesús. Aunque hoy la iglesia debe ser el testimonio de Jesús, algunos en nuestro medio están por debajo del nivel del testimonio de Jesús. Pero cuando lleguemos al versículo 10 todos los vencedores invitados estarán al nivel apropiado. Después de que el Señor haya obtenido Su novia, podrá jactarse ante Satanás y ante todo el universo y decir: “Esta novia es Mi testimonio”.

  Dice en el versículo 10 que el testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía. El libro de Apocalipsis en su totalidad tiene un espíritu, y éste es el testimonio de Jesús. El espíritu de la profecía es la realidad, la sustancia, la disposición y la característica de la profecía. Por consiguiente, el testimonio de Jesús es la realidad, la sustancia, la disposición y la característica de la profecía de este libro. Hoy el testimonio de Jesús es la iglesia. Sin embargo, no todos los miembros de la iglesia han alcanzado el nivel del Señor. Por consiguiente, el Señor tiene que esperar hasta obtener la novia antes de poder declarar a Satanás: “Este es Mi testimonio. Es perfecto y completo al máximo”. Por consiguiente, la novia es la realidad, la sustancia y el elemento de la profecía contenida en el libro de Apocalipsis. Este libro está dirigido a la vida de iglesia, a la novia.

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