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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Daniel»
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Mensaje 8

LA VICTORIA QUE LOS JÓVENES DESCENDIENTES DEL PUEBLO ELEGIDO DE DIOS —QUE HABÍA CAÍDO EN DEGRADACIÓN— LOGRAN SOBRE LAS ESTRATAGEMAS ADICIONALES DE SATANÁS

(6)

SOBRE LA ESTRATAGEMA SUTIL QUE IMPEDÍA QUE LOS VENCEDORES FUERAN FIELES EN LA ADORACIÓN A DIOS

  Lectura bíblica: Dn. 6

  Daniel 6 es muy crucial debido a que nos muestra la manera en que Dios lleva a cabo Su economía con Sus elegidos con miras a la venida de Cristo. Dios desea llevar a cabo Su economía, pero es necesario que el hombre ore por la economía de Dios en la tierra. Dios lleva a cabo Su economía en la tierra mediante Sus fieles canales de oración. La estrategia de Satanás consiste en obstaculizar la oración hecha en pro del mover de Dios. Por tanto, el centro de este capítulo es la oración que hace el hombre para que se lleve a cabo la economía de Dios.

  El mover de Dios es como un tren, para cuyo mover se requiere tener los rieles correspondientes. Las oraciones hechas por el hombre son como los rieles que pavimentan el camino para el avance del mover de Dios. No hay otra manera de llevar la economía de Dios a su plenitud y cumplimiento si no es mediante la oración. Éste es el secreto escondido dentro de este capítulo.

I. DANIEL ES EXALTADO COMO UNO DE LOS VENCEDORES EN MEDIO DEL CAUTIVERIO DE LOS ELEGIDOS DE DIOS EN MEDO-PERSIA

  Daniel 5:31 dice: “Y Darío el medo recibió el reino cuando tenía alrededor de sesenta y dos años”. Pareció bien a Darío constituir sobre el reino ciento veinte sátrapas (este término es un préstamo del persa que significa “protectores del reino”), los cuales estarían distribuidos por todo el reino (6:1). Daniel fue puesto por el rey Darío como uno de los tres ministros principales a quienes los ciento veinte sátrapas darían cuenta (v. 2). Daniel se distinguía entre los ministros principales y los sátrapas, y el rey pensó en ponerlo sobre todo el reino (v. 3). Para entonces, Daniel ya no era un vencedor joven, sino que se había convertido en un vencedor de avanzada edad; tal vez tendría cerca de cien años de edad.

II. SATANÁS ATACA SUTILMENTE A DANIEL EN LO CONCERNIENTE A LA ADORACIÓN A DIOS

  Del versículo 4 al 9 vemos el sutil ataque de Satanás sobre Daniel en lo concerniente a la adoración a Dios.

A. Los ministros principales y los sátrapas con los altos funcionarios del reino toman un acuerdo por consejo

  Al tener celos de Daniel, los ministros principales y los sátrapas “buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado con el reino, mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ninguna negligencia ni culpa fue hallada en él” (v. 4). Por tanto, los ministros principales y los sátrapas, junto con los altos funcionarios del gobierno, tomaron un acuerdo por consejo según el cual el rey debía establecer un estatuto y confirmar un edicto de que cualquiera que en el espacio de treinta días demandase petición de cualquier dios u hombre aparte del rey debía ser echado al foso de los leones (vs. 5-7). Ellos apelaron al rey diciéndole: “Ahora, oh rey, confirma el edicto y firma la escritura, para que no sea modificada, conforme a la ley de los medos y de los persas, la cual no puede ser abrogada” (v. 8). La intención de los ministros principales y sátrapas era destruir a Daniel, pero la intención de Satanás, quien estaba detrás de ellos, era eliminar el canal de oración que Dios usaba para llevar a cabo Su economía.

B. El rey Darío firma el edicto

  El rey Darío firmó la escritura, es decir, el edicto, para establecerlo (v. 9).

III. LA FIDELIDAD DE DANIEL EN LA ADORACIÓN A DIOS

  El versículo 10 revela la fidelidad de Daniel en la adoración a Dios. “Cuando Daniel supo que la escritura había sido firmada, fue a su casa (en su aposento superior tenía las ventanas abiertas en dirección a Jerusalén), y como lo solía hacer antes, continuó arrodillándose tres veces al día, orando y dando gracias delante de su Dios”. Daniel había leído la profecía de Jeremías que afirmaba que los hijos de Israel servirían al rey de Babilonia por setenta años (9:2b; Jer. 25:11). Con base en esta palabra, él tuvo que haber orado muchas veces por el cumplimiento de esta profecía y por el retorno de los cautivos. Daniel oraba y estaba resuelto a no dejar que nada ni nadie detuviera sus oraciones ni las impidiera. Él sabía que su oración tenía como finalidad llevar a cabo la economía de Dios con respecto a Sus elegidos. Por tanto, su oración revestía gran seriedad.

  En la actualidad, la oración es la línea de vida del recobro del Señor. Cuanto más Satanás intente impedir nuestra oración, más debemos orar.

IV. LA ACUSACIÓN DE LOS OPOSITORES

  Los ministros principales y los sátrapas se reunieron y hallaron a Daniel haciendo peticiones y súplicas delante de su Dios (Dn. 6:11). Entonces ellos se acercaron al rey y le hablaron acerca del edicto, diciéndole: “Daniel, uno de los cautivos de Judá, no te ha respetado, oh rey, ni acata el edicto que firmaste, sino que tres veces al día hace su petición” (v. 13). Cuando el rey escuchó esto, se sintió muy molesto consigo mismo y resolvió en su corazón librar a Daniel; y hasta la puesta del sol hizo esfuerzos para librarle (v. 14). Sin embargo, los opositores prevalecieron sobre el rey (v. 15).

V. DANIEL PADECE PERSECUCIÓN

  Puesto que sabía que el edicto no podía ser cambiado, el rey dio orden, y los opositores echaron a Daniel al foso de los leones (v. 16a). El rey respondió y dijo a Daniel: “El Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, Él te librará” (v. 16b). Fue traída una piedra y puesta sobre la boca del foso, y el rey la selló con su anillo y con el anillo de sellar de sus dignatarios para que no se cambiara lo establecido con respecto a Daniel (v. 17). Entonces el rey se fue a su palacio, donde pasó la noche en ayuno; ningún entretenimiento fue traído ante él, y se le fue el sueño (v. 18).

VI. DIOS LIBRA A DANIEL

  Del versículo 19 al 24 vemos cómo Dios libra a Daniel. El rey se levantó a la primera luz del alba y fue apresuradamente al foso de los leones. Al acercarse al foso, llamó a Daniel con voz triste: “Oh Daniel, siervo del Dios viviente, el Dios tuyo, a quien tú continuamente sirves, ¿te ha podido librar de los leones?” (v. 20). Daniel respondió: “Mi Dios envió Su ángel y cerró la boca de los leones, y no me hicieron daño, porque delante de Él fue hallada inocencia en mí; y aun delante de ti, oh rey, yo no te he causado perjuicio alguno” (v. 22). Así como el Señor no apagó el fuego del horno al que fueron echados los tres compañeros de Daniel, Él tampoco mató a los leones por causa de Daniel. En lugar de ello, Él cerró la boca de los leones, con lo cual anuló sus fauces. El rey se alegró mucho a causa de Daniel y ordenó que lo sacaran del foso. Así que Daniel fue sacado del foso, y no se encontró en él lesión alguna, porque había confiado en su Dios (v. 23).

  Después que Daniel fue sacado del foso de los leones, el rey dio orden con respecto a los opositores. Los que habían acusado a Daniel fueron echados al foso de los leones junto con sus hijos y sus mujeres. Aún no habían llegado al fondo del foso cuando se apoderaron de ellos los leones y quebraron todos sus huesos (v. 24).

VII. LA VICTORIA DE DIOS SOBRE SATANÁS EN RELACIÓN CON LA ADORACIÓN A DIOS EN LA TIERRA

  Los versículos del 25 al 28 revelan la victoria de Dios sobre Satanás en relación con la adoración a Dios en la tierra, incluso en un reino gentil, lograda por medio de los vencedores en el cautiverio de los elegidos de Dios que habían sido derrotados.

A. Darío el rey escribe a todos los pueblos, naciones y lenguas con respecto al Dios de Daniel

  Darío el rey escribió a todos los pueblos, naciones y lenguas que moraban en toda la tierra, dándoles un decreto según el cual en todo el dominio de su reino los hombres debían temblar y temer delante del Dios de Daniel. “Porque Él es el Dios viviente / y perdura para siempre; / Su reino no será jamás destruido, / y Su dominio perdurará hasta el fin. / Libera y rescata, / y hace señales y prodigios / en el cielo y en la tierra; / Él es quien ha librado a Daniel del poder de los leones” (vs. 26-27).

B. Daniel prospera durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa

  El capítulo 6 concluye diciéndonos que Daniel prosperó durante el reinado de Darío y durante el reinado de Ciro el persa (v. 28).

  La victoria de Daniel sobre la estratagema sutil que impedía que los vencedores fueran fieles en la adoración a Dios, constituyó la última etapa de la victoria sobre las estratagemas de Satanás. Sin estos vencedores, Dios habría sido completamente derrotado por Satanás al no tener en la tierra nada para Sí mismo.

  Durante el tiempo de Nimrod y Babel, los intereses de Dios también fueron menoscabados, pero Él encontró la manera de ganar a Abraham para que fuese Su adorador (Hch. 7:2; Gn. 12:1-3, 8). Después que Abraham llegó a Canaán, él edificó un altar, y esto agradó a Dios. Dios podía jactarse ante Satanás diciendo: “Mira, Satanás; todavía tengo por lo menos un adorador. Llegará el tiempo en que los descendientes de este adorador llegarán a ser una nación sacerdotal que me adore y me sirva”. A la postre, como fruto procedente de Abraham, el templo para la adoración a Dios fue edificado en Jerusalén.

  Cuando Satanás envió a Nabucodonosor para que destruyera la ciudad santa con el templo a fin de eliminar la adoración y el servicio a Dios, parecía que Dios había sido derrotado y que Sus intereses, Su adoración y Su servicio sobre la tierra habían sido destruidos. No obstante, por la soberanía de Dios, cuatro de los jóvenes escogidos por Nabucodonosor para estar en el palacio del rey se convirtieron en vencedores a fin de resguardar la adoración y el servicio a Dios. Dios tenía cuatro jóvenes vencedores que vivían en el palacio día tras día, pese a lo cual ellos eran absolutamente uno con Dios. Esto era una vergüenza para Satanás y algo de lo cual Dios se podía gloriar. Dios podía decirle a Satanás: “Satanás, ¿piensas que la adoración y el servicio que se me rinden sobre la tierra han llegado a su fin? Mira a mis vencedores. Tengo cuatro vencedores que me adoran y me sirven en el palacio de Nabucodonosor”. Hoy en día, siempre y cuando haya vencedores en esta tierra, independientemente de cuántos sean, Dios tendrá motivo de gloriarse. Cuando Dios ve a los vencedores de hoy afirmados sobre el terreno de la iglesia, Él se siente feliz y complacido.

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