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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 29

LA REVELACION DEL MISTERIO

  En Ef. 3, un capítulo parentético, Pablo comienza a rogar a los santos a que anden como es digno del llamamiento de Dios. Lo que Pablo revela de sí mismo en este capítulo es un ejemplo para todos los que deseen andar como es digno del llamamiento de Dios. Este andar requiere que seamos prisioneros, mayordomos y ministros del Señor. Pablo, siendo un prisionero en Cristo, recibió una visión celestial. Cuanto más aumentaba su visión, más experimentaba a Cristo y más ganaba de El. Además, él era un mayordomo que impartía las riquezas de Cristo a los miembros de la familia de Dios. El también era un fiel ministro que ministraba a Cristo a los miembros del Cuerpo a fin de que Cristo sea expresado en el Cuerpo.

  Andar como es digno del llamamiento de Dios no consiste simplemente en ser amables, humildes y amorosos, sino en estar presos, confinados, en Cristo, donde recibimos la visión. Esta visión nos guía a conocer a Cristo y hace posible que El se forje en nuestro ser y nos constituya mayordomos que imparten las riquezas de Cristo en otros. Además, nos hace ministros que imparten estas riquezas en los miembros del Cuerpo para que éste se edifique. Todos debemos estar presos en Cristo para que le experimentemos más e impartamos más de El a los demás.

  Habiendo estudiado la mayordomía de la gracia en el mensaje anterior, ahora debemos ver la revelación del misterio. Efesios 3:3 dice: “Que por revelación me fue dado a conocer el misterio, como antes lo he escrito brevemente”. El misterio alude al propósito escondido de Dios, y la revelación del mismo equivale a darlo a conocer. El ministerio del apóstol consistía en llevar a cabo esta revelación para que se produjera la iglesia. Revelar algo es quitar el velo que lo cubre. En el Nuevo Testamento hallamos la revelación de la economía de Dios, o sea, vemos que el velo que la cubría ha sido quitado. En otras eras y generaciones esta economía era un misterio escondido, el cual no fue revelado a Adán, a Abraham, a Moisés, a David, a Isaías ni a ningún otro profeta. Si a ellos se les hubiera preguntado qué era la economía de Dios, ninguno habría podido explicarlo, pues en su época el misterio todavía permanecía oculto. A ellos no se les había revelado la economía de Dios, la cual consiste en que Dios se forja en el hombre a fin de producir un Cuerpo para Su Hijo.

  El Hijo de Dios es la corporificación de Dios, y la economía de Dios consiste en que Dios se distribuya, se imparta, en un gran número de personas con el fin de producir un Cuerpo para Su corporificación. Esto significa que el Hijo de Dios como corporificación de Dios, necesita un Cuerpo, un aumento, una expansión. Esta expansión se produce únicamente al impartirse Dios en Sus escogidos. Este es el misterio más grande del universo. Los líderes y dignatarios políticos no saben nada acerca de este gran misterio, pero nosotros, por la misericordia de Dios, lo conocemos. Incluso las hermanas jóvenes que están entre nosotros conocen lo que los presidentes y los filósofos desconocen. Nosotros sabemos que la economía de Dios consiste en que El mismo se imparta en Su pueblo escogido para producir un Cuerpo que sea la expansión de Su Hijo, a fin de que en el universo Dios sea plenamente expresado. No hay nada más grande ni más importante que esto. ¡Alabado sea el Señor porque nosotros no sólo sabemos qué es la economía de Dios, sino que también participamos de ella! De hecho, nosotros mismos somos esa economía; la conocemos, estamos en ella y somos ella misma. Por revelación nos fue mostrado este gran misterio, que había estado oculto hasta la venida del Señor Jesús.

I. LA REVELACION FUE DADA A LOS APOSTOLES Y PROFETAS

  Este misterio fue revelado a los apóstoles y profetas (3:5). ¿Considera usted que ellos eran personas extraordinarias? El hecho de que a ellos les fuera revelado el misterio, hace que muchos los consideren así. Sin embargo, en 3:8 Pablo, quien era un apóstol, dijo ser “menos que el más pequeño de todos los santos”. Según las palabras de Pablo, los apóstoles y profetas no eran personas extraordinarias, pues declaró que él era menos que nosotros. Por un lado, podemos tenerlos como hombres excepcionales, y por otro, debemos considerarlos iguales a nosotros.

  Solamente en el libro de Efesios Pablo afirma que él era menos que el más pequeño de todos los santos. Notemos que él no dijo que era menos que los apóstoles; aunque sí afirmó en 1 Corintios 15:9 que era “el más pequeño de los apóstoles”. Sin duda, el hecho de que Pablo dijera esto en esta sección de Efesios, reviste mucha importancia. Sin este versículo, todos nos inclinaríamos a pensar que los apóstoles eran unos grandes hombres. ¿Por qué Pablo mencionó esto? Lo mencionó porque en este contexto él exhortaba a los creyentes a andar como es digno del llamamiento de Dios. Al presentar su exhortación, él se puso a sí mismo como ejemplo, diciendo que era menos que el más pequeño de todos los santos. Si Pablo no hubiera expresado esto, estaríamos propensos a justificarnos diciendo que él pudo andar así porque era un gran apóstol, pero nosotros no tenemos esa capacidad. Al insertar estas palabras, Pablo no dejó lugar para excusas. En 3:8 él parece decir: “Santos, no pensáis que yo soy más grande que vosotros. No; yo soy más pequeño que vosotros. Y si una persona inferior a vosotros lo logró, sin duda, vosotros también lo lograréis”. No debemos inventar pretextos, pues si Pablo pudo recibir esta gracia, todos podemos recibirla; si él pudo andar como es digno del llamamiento de Dios, nosotros también.

  Muchos cristianos piensan que sólo ciertos creyentes, tales como Pedro, son “santos”, y hablan de san fulano, san mengano, etc. Sin embargo, según los escritos del apóstol Pablo, todos los creyentes somos santos, y como tales, no somos inferiores a Pablo. Todos podemos vivir como él vivió.

  La palabra griega traducida “apóstol” significa enviado. Si usted me enviara a Los Angeles con un propósito, yo sería su apóstol, su enviado. En la Biblia, un apóstol es alguien enviado por Dios. Aunque Juan el Bautista fue enviado por Dios, a él no se le debe considerar el primer enviado en la economía neotestamentaria, pues su ministerio se llevó a cabo durante un período transitorio. En la economía del Nuevo Testamento, el Señor Jesús fue la primera persona que Dios envió, y por ende, El fue el primer apóstol (He. 3:1). Más tarde, el Señor mismo envió a los doce. Sin embargo, los doce no fueron los únicos enviados, pues en Juan 20:21 el Señor Jesús dijo a los discípulos: “Como me envió el Padre, así también Yo os envío”. Este versículo comprueba que todos los discípulos eran personas enviadas, lo cual significa que cada creyente es un enviado. Incluso una hermana joven de escuela secundaria es enviada por el Señor para que imparta a Cristo a sus maestros y a sus compañeros de clases. Del mismo modo, si usted siente carga por uno de sus parientes y el Señor le envía a él con el propósito de infundirle a Cristo, ¿no es usted un enviado de Cristo? Claro que sí; usted es un apóstol de Cristo enviado a sus parientes. Incluso podemos ser apóstoles para nuestra propia familia. Un día tal vez el Señor le envíe a usted a impartir algo de Cristo a su madre. En este caso, usted es un apóstol para ella. Así que, en cierto sentido, todos somos apóstoles del Señor, somos Sus enviados.

  Asimismo, en cierto sentido todos los creyentes de Cristo son profetas. Contrario al concepto de muchos cristianos, un profeta no es uno que principalmente predice el futuro; él es más bien un portavoz de Dios. Según Hebreos 3, Moisés, quien fue llamado por Dios y enviado a los hijos de Israel, fue un apóstol; él tipificaba a Cristo, el Apóstol de Dios. Cuando el Señor lo llamó para enviarlo como apóstol, Moisés era tímido y se consideraba a sí mismo uno que no sabía hablar bien. Entonces el Señor le respondió que le daría a su hermano Aarón por profeta. Dios no hizo esto para que Aarón predijera el futuro en nombre de Moisés, sino para que fuese su portavoz. Con esto vemos que el ministerio de un profeta va a la par del ministerio apostólico. Moisés era el apóstol, y Aarón, el profeta.

  Por una parte, somos apóstoles, y por otra, profetas. Los jóvenes son enviados a las escuelas como apóstoles, y cuando hablan por el Señor, son profetas. Del mismo modo, si usted va a su madre con la carga de ministrarle a Cristo, usted es un apóstol; y cuando habla de parte de El, usted es un profeta. Es vergonzoso ser cristiano por muchos años y no ir a visitar a alguien con la carga de impartirle a Cristo. Es también vergonzoso ser un cristiano y nunca hablarle a nadie en nombre de Cristo. Un creyente normal es un apóstol y un profeta, o sea un enviado y un portavoz.

  Supongamos que por la soberanía del Señor, algunos de ustedes se mudan a otra ciudad. Allí infunden a Cristo en las personas y después de algún tiempo algunas llegan a ser creyentes. Luego empiezan a reunirse como la iglesia en esa localidad. ¿Por medio de quién se levantó esa iglesia? Fue levantada por los apóstoles que el Señor envió a esa localidad. Además, estos enviados, debido a que también hablan de parte de Dios, son también profetas.

  Hago hincapié en esto debido a que los conceptos del cristianismo nos han afectado bastante. En el catolicismo se ha elevado a Pedro a la categoría de papa, y a otros se les ha dado posiciones elevadas en el llamado santo oficio. Sin embargo, todos los creyentes estamos en el “santo oficio”, y a todos se nos podría llamar “papas”, pues esta palabra simplemente significa “padre”. Si usted conduce una persona al Señor y la engendra con Cristo, usted se convierte en el padre espiritual de ella. En ese sentido, por ser un enviado y un profeta, usted es un “papa”, un padre. Asevero que todos los creyentes son tales padres basándome en el hecho de que cada creyente es un enviado y un profeta. Si usted no es un enviado ni un profeta, no es fiel al Señor ni le está siendo obediente. Supongamos que el Señor lo envía a una región remota para que ministre Cristo a los incrédulos de ese lugar. Esto significa que usted es el apóstol enviado a ese lugar. Y puesto que es enviado a hablar por Dios, también es profeta. Cómo apóstol y profeta, usted es el “papa”. Hasta el menor de los santos en el recobro del Señor puede ser enviado y ser un “papa”, un padre genuino.

  Con respecto a lo que es un apóstol y un profeta, todos hemos sido embotados por los conceptos religiosos. Espero que este mensaje sea un fuerte antídoto para esta droga. Cuando digo que todos somos apóstoles y profetas, lo digo en serio. Supongamos que cierta hermana es enfermera en un hospital. ¿Creen ustedes que Dios desea que ella esté ahí sólo para ser enfermera? ¡Claro que no! Dios la envía a ese hospital para que sea apóstol y profeta. La autoridad de Dios siempre es dada a personas así. Si usted pone en práctica su apostolado y su función de profeta, Dios estará con usted como su autoridad. Muchas veces no tenemos autoridad porque no ejercemos nuestro apostolado. Ya sea que estemos en la casa, en la escuela o en el trabajo, debemos ser personas enviadas por el Señor a ministrar a Cristo en las personas al hablar por El.

  No obstante, los apóstoles y los profetas deben llevar una señal particular que muestre que lo son; esta señal es la revelación del misterio. Si se presenta delante de alguien sin tener esta revelación, usted no es ni apóstol ni profeta. Cuando nos acercamos a las personas con el propósito de llevarlas a Cristo, debemos decirles de manera apropiada que hemos visto algo que ellas no han visto. Esta revelación nos da la confianza para afirmar que somos enviados de Dios y Sus portavoces. Si un joven tiene tal revelación, aunque su padre incrédulo tuviese un doctorado en física, él tendría la valentía de decirle: “Papá, tú sabes mucho de física, pero no sabes nada de Cristo. Yo conozco a Cristo porque he recibido la revelación acerca de El. Cristo es mi vida, El vive en mí; El es uno conmigo y El es todo para mí”. Si tenemos dicha revelación, somos apóstoles y profetas. ¿Acaso no hemos recibido la revelación acerca de Cristo y la iglesia? ¡Por supuesto que sí! Entonces, visitemos a nuestros parientes y amigos y contémosles lo que hemos visto.

A. En el espíritu

  El versículo 5 declara que el misterio les fue revelado a los apóstoles y profetas en el espíritu. La palabra “espíritu” en este contexto se refiere al espíritu humano de los apóstoles y profetas, un espíritu regenerado en el cual habita el Espíritu Santo de Dios. Puede considerarse un espíritu mezclado, el espíritu humano mezclado con el Espíritu de Dios. Tal espíritu es el medio por el cual se da a los apóstoles y profetas la revelación neotestamentaria acerca de Cristo y la iglesia. Necesitamos este espíritu para tener tal revelación.

  Cuando les hablemos a las personas acerca de Cristo y la iglesia, no debemos hablarles a partir de nuestra mente, parte emotiva o voluntad; antes bien, desde nuestro espíritu debemos contarles lo que hemos experimentado de Cristo y la iglesia. El principio que rige en esto es que las emociones tocan las emociones, la mente toca la mente y la voluntad toca la voluntad. Del mismo modo, sólo el espíritu puede tener contacto con el espíritu. Si hablamos a partir de nuestra parte emotiva, no podremos tocar el espíritu de los demás. Pero si hablamos empleando nuestro espíritu, tocaremos el espíritu de las personas.

B. En cuanto a Cristo y la iglesia

  La revelación que recibieron los apóstoles y profetas no se centra en aspectos secundarios de la Biblia, sino en Cristo y la iglesia. Se deseamos impartir a Cristo en las personas, es imprescindible que recibamos esta revelación.

II. EL MISTERIO DE CRISTO

  En 3:4 Pablo habla del misterio de Cristo. El misterio de Dios en Colosenses 2:2 es Cristo; mientras que el misterio de Cristo en Efesios 3:4 es la iglesia. Dios es un misterio, y Cristo, quien es Su corporificación que lo expresa, es el misterio de Dios. Además, Cristo también es un misterio, y la iglesia, la cual es el Cuerpo que lo expresa, es el misterio de Cristo.

A. No fue dado a conocer en otras generaciones, mas fue revelado en la era neotestamentaria

  Este misterio estaba escondido en otras generaciones, pero ha sido revelado en la era neotestamentaria. El misterio de Cristo, la iglesia, la cual es Su Cuerpo, estaba escondido en la era del Antiguo Testamento. Ninguno de los santos de esa época sabía nada acerca de este misterio. Sin embargo, en el Nuevo Testamento, este misterio se revela a todos los creyentes por medio de los apóstoles y profetas. Hoy nuestro ministerio consiste simplemente en llevar a cabo esta revelación.

B. La iglesia, el Cuerpo de Cristo

1. Compuesta de los gentiles, que son coherederos y copartícipes de la promesa

  Ya mencionamos que el misterio de Cristo es la iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo, acerca de lo cual el versículo 6 declara que “en Cristo Jesús los gentiles son coherederos y miembros del mismo Cuerpo, y copartícipes de la promesa por medio del evangelio”. La palabra “coherederos” denota que en la economía neotestamentaria de Dios, los gentiles escogidos y redimidos son herederos de Dios juntamente con los creyentes judíos. La expresión “un mismo Cuerpo” denota que los gentiles salvos y los judíos salvos juntamente son miembros del Cuerpo de Cristo, el cual es Su expresión. La palabra “copartícipes” denota que los creyentes gentiles y los creyentes judíos juntamente participan de las promesas de Dios dadas en el Antiguo Testamento con respecto a todas las bendiciones de la economía neotestamentaria de Dios. El ser coherederos está relacionado con la bendición de la familia de Dios; el ser miembros del mismo Cuerpo, con la bendición del Cuerpo de Cristo, y el ser copartícipes de la promesa, con la bendición de las promesas de Dios, como se ve en Génesis 3:15; 12:3; 22:18; 28:14; e Isaías 9:6. Tanto la bendición de la familia de Dios como la bendición del Cuerpo de Cristo son específicas, mientras que la bendición de la promesa de Dios es general y lo incluye todo.

2. Producto de las inescrutables riquezas de Cristo

  La iglesia como Cuerpo de Cristo es producto de las inescrutables riquezas de Cristo (3:8). La iglesia no se produce por medio de doctrinas ni de sistemas de organización. La iglesia es el Cuerpo de Cristo y lo único que la puede producir es las riquezas de todo lo que Cristo es.

3. Expresa la multiforme sabiduría de Dios a los principados y potestades en los lugares celestiales

  Conforme a la intención de Dios, la función de la iglesia es expresar la multiforme sabiduría de Dios a los principados y potestades en los lugares celestiales (3:10), lo cual es avergonzar a Satanás y sus seguidores. Las maquinaciones de Satanás le brindan a Dios la oportunidad de expresar Su sabiduría de manera multiforme por medio de la iglesia.

4. Conforme al propósito eterno que Dios hizo en Cristo

  La iglesia como Cuerpo de Cristo se produce en conformidad con el propósito eterno que Dios hizo en Cristo en la eternidad pasada (3:11). La iglesia se forma no por casualidad, sino conforme al plan eterno.

5. Con el propósito de que Dios se imparta en el hombre

  Dios obtiene la iglesia con el propósito de impartirse a Sus escogidos (3:9). Por tanto, la iglesia como Cuerpo de Cristo es producto de la impartición divina.

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