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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 38

LOS DONES PERFECCIONAN A LOS SANTOS

  Efesios 4:7 dice: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”. Con respecto al Cuerpo, todos los elementos básicos son uno. Esto consta en los versículos del Ef. 4:4-6, donde vemos que hay un solo Cuerpo, un Espíritu, una esperanza, un Señor, una fe, un bautismo y un Dios y Padre. Sin embargo, aunque los elementos del Cuerpo son uno, los dones, o funciones, son muchos y variados. La palabra “pero” al principio del versículo 7 presenta el contraste entre la unidad del Cuerpo y la variedad de dones.

LA GRACIA ES DADA CONFORME AL DON

  El versículo 7 declara que a cada uno de nosotros nos fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. En este pasaje, la gracia es dada conforme al don, mientras que en Romanos 12:6, los dones difieren conforme a la gracia. En realidad, la gracia es la vida divina que produce y provee los dones. En Romanos 12 la gracia produce el don; por lo tanto, el don se da conforme a la gracia. En Efesios 4 la gracia suministra al don; por ende, la gracia se da conforme al don, conforme a la medida de éste. Esto es similar a la provisión que nuestra sangre da a los miembros de nuestro cuerpo de acuerdo a su tamaño. La medida del don de Cristo corresponde al tamaño de los miembros de Su Cuerpo.

CRISTO DA DONES A LOS HOMBRES

  El versículo 8 añade: “Por lo cual la Escritura dice: ‘Subiendo a lo alto, llevó cautivos a los que estaban bajo cautiverio, y dio dones a los hombres’”. La expresión “lo alto” en la cita de Salmos 68:18 se refiere al monte de Sión (Sal. 68:15-16), el cual simboliza el tercer cielo, donde Dios mora (1 R. 8:30). El salmo 68 implica que fue en el arca donde Dios ascendió al monte de Sión después de que ésta había ganado la victoria.

  El versículo 1 del salmo 68 es una cita de Números 10:35, lo cual indica que el trasfondo del salmo 68 es el mover de Dios en el tabernáculo con el arca como centro. El arco tipificó claramente a Cristo. Dondequiera que iba el arca, se ganaba la victoria. Con el tiempo, el arca ascendió triunfante a la cima del monte de Sión. Esto muestra cómo Cristo ganó la victoria y ascendió triunfante a los cielos.

  En el versículo 8, la expresión “los que estaban” se refiere a los santos redimidos quienes fueron tomados cautivos por Satanás antes de ser salvos por la muerte y resurrección de Cristo. En Su ascensión, Cristo los llevó cautivos, es decir, los rescató del cautiverio satánico y los tomó para Sí mismo. Esto indica que El conquistó y venció a Satanás, quien los había capturado por medio del pecado y la muerte.

  Otra manera de traducir las palabras “llevó cautivos a los que estaban bajo cautiverio”, es: “llevó un séquito de enemigos vencidos”. La frase “enemigos vencidos” tal vez se refiera a Satanás, a sus ángeles, y a nosotros los pecadores, lo cual alude de nuevo a la victoria de Cristo sobre Satanás, el pecado y la muerte. En la ascensión de Cristo se hizo una procesión con estos enemigos vencidos, como se hace con los cautivos de una guerra, para celebrar la victoria de Cristo.

  La palabra “dones” no se refiere a las habilidades o aptitudes para llevar a cabo diversos servicios, sino a las personas dotadas que se mencionan en el versículo 11, que son los apóstoles, los profetas, los evangelistas, y los pastores y maestros. Después de que Cristo, por medio de Su muerte y resurrección, venció a Satanás y rescató de ambos a los pecadores, El en Su ascensión hizo que los pecadores rescatados fueran dones por medio de Su vida de resurrección, y los dio a Su Cuerpo para la edificación del mismo.

  Los versículos del 9 al 10 forman un paréntesis, o sea, que el versículo 8 continúa en el 11. El versículo 8 dice que Cristo dio dones a los hombres, y el versículo 11 declara que El dio a unos como apóstoles, a otros como profetas, a otros como evangelistas y a otros como pastores y maestros. En el versículo 7 “cada uno” se refiere a cada uno de los miembros del Cuerpo de Cristo, quienes individualmente reciben un don general, mientras que las cuatro clases de personas dotadas que se mencionan en el versículo 11 son aquellos que reciben un don especial. Como veremos, éstos son los primeros apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros. Como seguidores de ellos, todos nosotros podemos ser dones para el Cuerpo.

  Los versículos del 9 al 10 explican cómo Cristo dio los dones al Cuerpo: “Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo”. La expresión “las partes más bajas de la tierra” se refiere al Hades, el cual está bajo la tierra, donde Cristo fue después de Su muerte (Hch. 2:27). Primeramente, en Su encarnación, Cristo descendió de los cielos a la tierra. Luego, en Su muerte, descendió aún más, de la tierra al Hades. Finalmente, en Su resurrección, ascendió del Hades a la tierra, y en Su ascensión, de la tierra a los cielos. Al descender mediante Su muerte y al ascender mediante Su resurrección, El dio dones a los hombres.

CRISTO LO LLENA TODO

  Al descender y ascender, Cristo abrió el camino para poder llenarlo todo. Este pensamiento es muy profundo. Primero Cristo estaba en los cielos. En Su encarnación, bajó a la tierra, y como hombre, vivió ahí por treinta y tres años y medio. Después murió en la cruz y descendió al Hades. En resurrección ascendió del Hades a la tierra, y más tarde subió al tercer cielo. Por medio de este recorrido de descender y ascender, El lo llena todo. Ahora, Cristo está en todas partes; en la tierra y también en los cielos.

A FIN DE PERFECCIONAR A LOS SANTOS

  En el versículo 12 vemos la razón por la cual Cristo dio los dones: “A fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo”. La palabra griega traducida “a fin de” tiene mucho peso y significado. Indica que Cristo dio apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros con el propósito de perfeccionar a los santos. Los santos son perfeccionados “para la obra del ministerio”. La palabra griega traducida “para” significa “dando por resultado”. Por consiguiente, el perfeccionamiento de los santos da por resultado la obra del ministerio. Las muchas personas dotadas que se mencionan en el versículo 11 tienen un solo ministerio, el de ministrar a Cristo en las personas para que se edifique el Cuerpo de Cristo, la iglesia. Este es el único ministerio en la economía neotestamentaria (2 Co. 4:1; 1 Ti. 1:12). Según la construcción gramatical, “la edificación del Cuerpo de Cristo” es “la obra del ministerio”. Todo lo que las personas dotadas del versículo 11 hagan como parte de la obra del ministerio, debe tener como fin la edificación del Cuerpo de Cristo.

PARA LLEGAR A TRES COSAS

  El versículo 13 añade: “Hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a un hombre de plena madurez, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. Según este versículo, los santos perfeccionados llegarán a tres cosas: a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios, a un hombre de plena madurez, y a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Cristo tiene una plenitud, esta plenitud tiene una estatura, y esta estatura tiene una medida. Tenemos que llegar a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Hablaremos de esto en un mensaje posterior.

EL RECORRIDO UNIVERSAL DE CRISTO

  Ahora examinemos detalladamente cómo Cristo dio los dones al Cuerpo. Hemos visto que, con respecto al Cuerpo, todos los elementos básicos son uno. Sin embargo, los dones y las funciones son diferentes. Cristo viajó de los cielos a la tierra, de la tierra al Hades, del Hades de regreso a la tierra, y de la tierra al tercer cielo. Por medio de este recorrido universal, Cristo dio los dones al Cuerpo.

  Consideremos el caso del apóstol Pablo. ¿Cómo podía un pecaminoso y maligno perseguidor de la iglesia, como lo fue Saulo de Tarso, llegar a ser un don para el Cuerpo de Cristo? Solamente por medio del recorrido que Cristo hizo por todo el universo. Cristo viajó de los cielos a la tierra. El nació en un pesebre en Belén y por treinta años y medio vivió en Nazaret, un pequeño pueblo. Después de ser crucificado, El descendió al Hades y se paseó por esa región durante tres días. Posteriormente salió del Hades el día de Su resurrección. Entre Su resurrección y Su ascensión, se apareció a Sus discípulos por un período de cuarenta días, y después, ascendió a los cielos.

  Sin el salmo 68, dudo que nos daríamos cuenta, al leer Efesios 4, que cuando Cristo ascendió a los cielos, llevó consigo un séquito de cautivos. Cristo entró a los cielos como un vencedor llevando consigo dicho séquito, y lo presentó a Su Padre, quien a Su vez se los regresó a El como dones. Entonces Cristo dio todos estos cautivos como dones a los hombres. Uno de ellos era Saulo de Tarso. Es de esta manera que Cristo dio dones a los hombres.

  Por medio de este recorrido universal, Cristo no solamente logró reunir a muchos pecadores, sino que también derrotó a quien los había capturado, a Satanás. En otro tiempo, todos éramos cautivos, es decir, habíamos sido capturados por Satanás, el pecado y la muerte. Cristo, por un lado, al viajar del cielo a la tierra, de la tierra al Hades, del Hades de regreso a la tierra y de allí otra vez al cielo, nos obtuvo a todos nosotros y, por otro, venció a Satanás, quien nos había usurpado y nos retenía bajo su poder mortal. Ya libertados del dominio de Satanás, del pecado y de la muerte, somos cautivos de Cristo. Todos los ángeles saben que cuando Cristo ascendió al tercer cielo, El llevó allá un séquito de cautivos y que éstos fueron presentados al Padre. ¡Esta procesión debe de haber sido una gran celebración de la victoria de Cristo! Aunque este glorioso evento estuvo oculto a los ojos de los hombres, los ángeles sí lo presenciaron. Ellos sabían que un evento sumamente importante se llevaba a cabo en la historia del universo. Esto no es producto de nuestra imaginación; es un hecho maravilloso.

CAPTURADOS POR CRISTO

  Hace más de diecinueve siglos, Cristo nos capturó y nos puso en Su séquito de cautivos. Como personas que han sido capturados por el, no podemos escaparnos. Aunque nunca hemos visto al Señor Jesús, no podemos más que creer en El, pues nos ha capturado. Ahora que estamos en Su séquito, no podemos escapar de El. Además, Cristo no sólo nos capturó, sino que también nos presentó al Padre, quien, después de contemplarnos con gran aprecio, nos regresó al Hijo como dones. Fue así que Cristo, por medio de Su recorrido universal, nos hizo dones para el Cuerpo.

  En ese recorrido Cristo murió por nuestros pecados y realizó todo lo necesario para que se cumpliera el propósito de Dios. El derrotó al enemigo, Satanás, y nos liberó de la mano usurpadora de éste. Antes éramos cautivos de Satanás, pero ahora somos cautivos de Cristo; fuimos llevados en Su séquito a lo más alto del universo, luego fuimos presentados al Padre, y el Padre nos dio de regreso al Hijo como dones para los hombres.

  Según el Nuevo Testamento nosotros fuimos salvos antes de nacer. Cuando se me pregunta cuándo fui salvo, a veces contesto que hace más de mil novecientos años, cuando Cristo fue crucificado, resucitó y ascendió a los cielos. Fuimos redimidos en la crucifixión de Cristo, y regenerados en Su resurrección. Aun antes de que Cristo nos pusiera en Su séquito de cautivos, ya éramos salvos. Para cuando El nos presentó al Padre, ya habíamos sido salvos y regenerados.

DONES PARA EL CUERPO Y PARA LOS HOMBRES

  Ahora podemos ver los pasos por los cuales los pecadores fueron hechos dones para el Cuerpo de Cristo. Estos pasos incluyen la encarnación de Cristo, Su vivir humano, Su muerte en la cruz, Su sepultura, Su descenso al Hades, Su resurrección de entre los muertos y Su ascensión a los cielos, de regreso al Padre. Por medio de estos pasos, nosotros, los pecadores, fuimos hechos apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros. Ahora somos dones dados a los hombres. A dondequiera que el Señor nos envíe en los días venideros, seremos enviados allí como dones para la gente.

  Los primeros apóstoles y profetas no son los únicos dones; cada miembro del Cuerpo es un don. Por ejemplo, mi meñique es un don para mi cuerpo. Este dedo puede hacer por mi cuerpo lo que ningún otro miembro puede lograr. Ninguno de nosotros debe considerarse demasiado pequeño como para ser un don. A veces los miembros más pequeños resultan más útiles y le proporcionan mayor consuelo al Cuerpo. Así que, todos nosotros somos dones que Cristo dio a Su Cuerpo. Como resultado del recorrido universal de Cristo, ya no somos pecadores, sino hijos de Dios, “trofeos” para el Padre, y dones para el Cuerpo.

  En Efesios 4 vemos cómo los dones son dados, mientras que en Salmos 68 vemos cómo son recibidos. Conforme al salmo, el Hijo recibió “trofeos” de parte del Padre como dones. Luego, según Efesios 4, el Hijo los entrega como dones a la iglesia. Nosotros, los salvos, no solamente fuimos dados como dones a la iglesia, sino también a todo el mundo. Así que, a dondequiera que vayamos, seremos una gran bendición para los demás.

  En algunos de los mensajes anteriores, expresé que todos los santos pueden ser los apóstoles y profetas de hoy. En este mensaje quisiera señalar que también podemos ser evangelistas, aquellos que predican las buenas nuevas, que proclaman noticias de gozo. Al relacionarnos con las personas en nuestro vivir cotidiano, es necesario que les comuniquemos las buenas nuevas. Si somos fieles y lo hacemos, somos evangelistas. Nosotros también somos pastores y maestros, es decir, los que cuidan a los demás y los instruyen en el camino del Señor y en todo lo relacionado con la economía de Dios.

NI CLERO NI LAICADO

  Efesios 4:11 hace mención de algunos apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros. Quizás se pregunte cómo puedo yo afirmar que todos los santos pueden ser semejantes dones para el Cuerpo. Los dones mencionados en 4:11 son los primeros apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros. Nosotros, por supuesto, no podemos formar parte de ese grupo; sin embargo, como sus seguidores, podemos ser lo mismo que ellos. En lo personal, ciertamente no me considero un apóstol como Pablo, uno de los primeros apóstoles; pero como su seguidor, me considero uno de los apóstoles contemporáneos, uno de los enviados de hoy. Todos debemos tener este concepto; todos deberíamos ser seguidores de los principales apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros. Si no somos seguidores de ellos, caeremos en una gran herejía: la del sistema de clérigos y laicos. Haremos de los que toman la delantera, el clero, y de los seguidores, el laicado. Sin embargo, en la iglesia, el Cuerpo de Cristo, no existe tal cosa como clero ni laicado. Como dones dados al Cuerpo, todos somos apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros. Como dones que Cristo dio al Cuerpo y a la humanidad, todos podemos ser una gran bendición para el mundo.

  Efesios 4 declara que la gracia es dada conforme a la medida, al tamaño, del don. La gracia produce a las personas dotadas y luego les provee lo que necesitan conforme a la medida del don. La función de todas las personas dotadas es perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del Cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a las tres cosas mencionadas en el versículo 13. En un mensaje futuro estudiaremos estas cosas en detalle.

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