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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 47

NOS DESPOJAMOS DEL VIEJO HOMBRE Y NOS VESTIMOS DEL NUEVO

  En los treinta y tres años y medio que el Señor Jesús vivió en la tierra, El formó el molde, el patrón, al cual deben ser conformados todos los que creen en El. Según la crónica de los cuatro evangelios, la vida del Señor Jesús fue una vida llena de verdad. La verdad es el resplandor de la luz. La luz es la fuente, y la verdad es su expresión. Como dice Hebreos 1:3, el Señor Jesús es el resplandor de la gloria de Dios. Esto quiere decir que El es el resplandor de Dios, quien es la luz. Debido a que cada aspecto del vivir del Señor irradiaba la luz, Su vida era una vida llena de verdad, de realidad, una vida en la que Dios resplandecía. Esa vida llena de la verdad era la expresión misma de Dios. Por esta razón, Pablo declara que nosotros aprendemos a Cristo conforme a la realidad que está en Jesús; en otras palabras, aprendemos a Cristo conforme al molde de la vida de Jesús. El molde de Su vida es la verdad, la realidad.

  Después de que Cristo estableció este molde, El pasó por la muerte y la resurrección, y en resurrección se hizo el Espíritu vivificante. Como tal Espíritu, El entra en nosotros para ser nuestra vida. Cuando creímos en El y fuimos bautizados, Dios nos puso en Cristo, en este molde, tal como se pone la masa en un molde. Al ser puestos en el molde, aprendimos el molde, o sea, que al ser puestos en Cristo, aprendemos a Cristo. Por un lado, Dios nos puso en Cristo; por otro, Cristo entró en nosotros para ser nuestra vida. Ahora podemos vivir por medio de El conforme al molde en el cual Dios nos puso.

  Tal vez muchos de nosotros no hayan notado cuánto los cuatro evangelios influyen en nosotros. Cuando leemos en ellos acerca del molde que estableció el Señor Jesús, ese molde espontáneamente afecta nuestro vivir. Al amar al Señor, al tocarle y al orar a El, le vivimos automáticamente conforme al molde descrito en los evangelios. De esa manera somos amoldados, conformados, a la imagen de dicho molde. Esto es lo que significa aprender a Cristo.

  Aprender a Cristo de esta manera es totalmente distinto a tomarlo como un ejemplo objetivo y tratar de imitarlo valiéndonos de nuestra vida natural. Dios nos puso en el molde que formó la vida de Jesús en la tierra, y simultáneamente, Cristo como Espíritu vivificante entró en nosotros como vida. Cuanto más le amamos y le tocamos, más le vivimos conforme a dicho molde. Como resultado de esto, somos espontáneamente conformados a la imagen del mismo. Por consiguiente, podemos declarar junto con Pablo: “Porque para mí el vivir es Cristo” (Fil. 1:21). Nosotros vivimos a Cristo en la forma de Su propia vida, en la forma descrita en los evangelios.

  Debemos ver que vivir de esta manera es muy distinto de lo que enseñan los modernistas en cuanto a tomar a Cristo como ejemplo e imitarlo. Ellos enseñan erradamente que Cristo no es Dios, sino un hombre que estableció una norma elevada, la cual debemos seguir. Esto requiere que ejercitemos nuestra vida natural para imitar a Cristo y alcanzar Su norma. Esta enseñanza, además de ser herética, no tiene nada que ver con la verdad que está en Jesús. Ella niega el hecho de que todo verdadero creyente está en Cristo y tiene a Cristo en él. En contraste con esta enseñanza herética modernista, nosotros afirmamos, según establece el Nuevo Testamento, que cuando un pecador se arrepiente, cree en Cristo y es bautizado en El, Dios le pone en Cristo, en este molde. Al mismo tiempo, Cristo, como Espíritu vivificante, entra en él para ser su vida. De ahí en adelante, el creyente debe vivir por Cristo como vida conforme al molde. Cuanto más viva por El, más será moldeado en la forma del molde. Esta es una vida que se experimenta en Cristo y en la que Cristo está en nosotros. Nosotros estamos en el Cristo, quien es nuestro molde, y El está en nosotros como nuestra vida. De este modo aprendemos a Cristo conforme a la verdad, a la realidad, que está en Jesús.

  Efesios 4 abarca tres aspectos en cuanto a una vida digna del llamamiento de Dios: guardar la unidad (vs. 1-14), crecer en la Cabeza (vs. 15-16) y aprender a Cristo conforme a la realidad que está en Jesús (vs. 17-32). Con respecto a aprender a Cristo conforme a la realidad que está en Jesús, Pablo primeramente exhorta y testifica que ya no andemos como los gentiles, que viven en la vanidad de su mente (v. 17); que en lugar de ello, debemos andar en la vida que concuerda con la realidad que está en Jesús. Los gentiles andan en la vanidad de su mente, mas nosotros andamos en la realidad expresada en la vida de Jesús, según consta en los evangelios. En la vida de Jesús vemos realidad, verdad, y el resplandor de la luz, la expresión de Dios. Como creyentes, debemos andar en tal realidad.

  El versículo 21 dice que fuimos enseñados en Cristo conforme a la realidad que está en Jesús, y los versículos 22 y 24 nos muestran lo que hemos aprendido, a saber, que nos despojamos del viejo hombre y nos vestimos del nuevo. Esto se nos enseñó cuando fuimos puestos en el molde, es decir, cuando fuimos bautizados. En nuestro bautismo se nos enseñó que nuestro viejo hombre fue crucificado y que tenía que ser sepultado mediante el bautismo. Además se nos enseñó que al salir del agua fuimos resucitados y hechos el nuevo hombre. Por consiguiente, por medio del bautismo se nos instruyó que nos despojamos del viejo hombre y nos revestimos del nuevo.

  A estas alturas debemos examinar lo que dice Romanos 6:3-5. El versículo 3 declara: “¿O ignoráis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en Su muerte?” Ser bautizados en Cristo Jesús equivale a ser puestos en El. Además, mediante el bautismo fuimos sepultados en Su muerte. En los versículos 4 y 5 tenemos el molde. Estos versículos indican que por medio del bautismo se nos enseñó que nos despojamos del viejo hombre y nos vestimos del nuevo. Esta es la experiencia cristiana normal.

  Por lo general, cuando le predicamos el evangelio a los pecadores, les hablamos de la vida, muerte y resurrección del Señor Jesús. Luego animamos a aquellos que desean creer en Cristo, a que le reciban como su vida. El siguiente paso es bautizarlos. Esto indica que los ponemos en Cristo, el molde. De allí en adelante ellos deben vivir por Cristo según el molde. Por medio del bautismo se les enseñó que se despojaron del viejo hombre y que se vistieron del nuevo. Al ser sepultados por el bautismo, aprendieron a Cristo conforme a la realidad que está en Jesús.

  No debemos tratar de entender versículos como Efesios 4:20-24 con nuestra mente natural; debemos considerarlos más bien a la luz de nuestra experiencia cristiana. Si hacemos esto, la luz resplandecerá en nosotros poco a poco y veremos la verdad. Esta verdad consiste en que cuando fuimos bautizados se nos enseñó que nos despojamos del viejo hombre y nos vestimos del nuevo. Nuestro viejo hombre fue sepultado en las aguas del bautismo; fue así que nos despojamos de él. Además, cuando nos levantamos del agua en resurrección, nos vestimos del nuevo hombre. Por consiguiente, fuimos enseñados en Cristo conforme a la realidad que está en Jesús que nos hemos despojado del viejo hombre y vestido del nuevo.

I. UN REQUISITO PARA APRENDER A CRISTO

  Despojarse del viejo hombre y vestirse del nuevo es un requisito para aprender a Cristo. Esto difiere totalmente de la enseñanza modernista diabólica que asevera que Cristo estableció la norma de vida humana más elevada y que nosotros debemos esforzarnos por copiarlo y vivir a la altura de esa norma. Si queremos aprender a Cristo conforme a la realidad que está en Jesús, debemos cumplir el requisito de habernos despojado del viejo hombre y vestido del nuevo. Esta no es una verdad superficial.

II. NOS DESPOJAMOS DEL VIEJO HOMBRE

A. En cuanto a la pasada manera de vivir

  El versículo 22 declara que nos despojamos del viejo hombre en cuanto a la pasada manera de vivir. Esta manera de vivir consistía en andar en la vanidad de la mente. A esa manera de vivir ya se le dio fin y ya se le desechó.

B. El viejo hombre

  El versículo 22 también declara que el viejo hombre “se va corrompiendo conforme a las pasiones del engaño”. El viejo hombre pertenece a Adán, fue creado por Dios y cayó por medio del pecado. El artículo que precede a la palabra “engaño” es enfático e indica que dicha palabra alude a una personificación. Por consiguiente, “el engaño” se refiere al engañador, el diablo, de quien provienen las lujurias del viejo hombre corrupto. El viejo hombre se sigue corrompiendo conforme a las pasiones del diablo, el engañador. Por fuera, el viejo hombre anda en la vanidad de la mente; y por dentro, se corrompe conforme a las pasiones del diablo, las pasiones del engaño.

  El viejo hombre fue crucificado con Cristo (Ro. 6:6) y fue sepultado en el bautismo (Ro. 6:4). ¡Aleluya, nos despojamos del viejo hombre en el bautismo!

III. SER RENOVADOS

  Pablo, al hablar en cuanto a despojarnos del viejo hombre y vestirnos del nuevo, inserta el concepto de ser renovados en el espíritu de nuestra mente (v. 23). Con base en el hecho de que nos despojamos del viejo hombre y nos vestimos del nuevo, el versículo 23 nos exhorta a renovarnos en el espíritu de nuestra mente. La renovación nos transforma a la imagen de Cristo (Ro. 12:2; 2 Co. 3:18). El espíritu en este contexto alude al espíritu regenerado de los creyentes, el cual está mezclado con el Espíritu de Dios, que mora en nosotros. El espíritu mezclado se extiende a nuestra mente y llega a ser el espíritu de nuestra mente. En tal espíritu somos renovados a fin de ser transformados. De esta manera nuestra mente natural es vencida, subyugada y sometida al espíritu. Sin lugar a dudas, esto conlleva un proceso de transformación metabólica. A medida que se lleva a cabo este proceso, el espíritu mezclado entra a nuestra mente, toma posesión de ella y llega a ser el espíritu de nuestra mente.

  Por medio del espíritu de nuestra mente somos renovados y experimentamos el hecho de habernos despojado del viejo hombre y revestido del nuevo. Ya nos despojamos del viejo hombre y nos revestimos del nuevo; ahora debemos experimentar estos hechos siendo renovados en el espíritu de nuestra mente. A medida que estos hechos se convierten en nuestra experiencia, llevamos una vida que corresponde a la vida que vivió Jesús; es decir, llevamos una vida llena de verdad, una vida que irradia luz y que expresa a Dios. Cuando somos renovados en el espíritu de nuestra mente y así ponemos en efecto el hecho de habernos despojado del viejo hombre y vestido del nuevo, llevamos una vida conforme a la realidad que está en Jesús.

IV. NOS VESTIMOS DEL NUEVO HOMBRE

A. Corporativo

  El nuevo hombre es de Cristo; es Su Cuerpo, el cual fue creado en El en la cruz (2:15-16). El nuevo hombre no es individual, sino corporativo (Col. 3:10-11), lo cual se confirma por el hecho de que fue creado de dos pueblos. Además, Colosenses 3:10 y 11 revela que el nuevo hombre lo conforman muchos pueblos. En el nuevo hombre corporativo no hay griego ni judío, esclavo ni libre, bárbaro ni escita, sino que Cristo es el todo y en todos. Las palabras “el todo” de Colosenses 3:11 aluden a personas, o sea, que en el nuevo hombre, Cristo es todas las personas y está en todas ellas. Por consiguiente, en el nuevo hombre corporativo, Cristo es el todo y está en todos.

  El libro de Efesios revela que la iglesia es el Cuerpo de Cristo (1:22-23), el reino de Dios, la familia de Dios (2:19), el templo, y la morada de Dios (2:21-22). También revela que la iglesia es el nuevo hombre. Este es el aspecto más elevado de la iglesia. La palabra griega que se traduce iglesia es ekklesía y se refiere a la asamblea de los llamados. Este es el aspecto inicial de la iglesia, a partir del cual el apóstol menciona otros aspectos, tales como el de los ciudadanos del reino de Dios y los miembros de la familia de Dios. Estos aspectos son más avanzados que el inicial, pero no como lo es la iglesia en calidad del Cuerpo de Cristo. No obstante, el aspecto del nuevo hombre es todavía más elevado que el del Cuerpo de Cristo. Por lo tanto, la iglesia no es sólo una asamblea de creyentes, un reino de ciudadanos celestiales, una familia compuesta de los hijos de Dios, y no sólo un Cuerpo para Cristo; en su aspecto más avanzado, la iglesia es un nuevo hombre. Es como el nuevo hombre que la iglesia da cumplimiento al propósito eterno de Dios. Como Cuerpo de Cristo, la iglesia necesita a Cristo como su vida; mientras que como nuevo hombre, necesita a Cristo como su persona. Esta persona nueva y corporativa debe llevar una vida como la que vivió Jesús en la tierra, es decir, una vida llena de la verdad, una vida que exprese a Dios y haga que el hombre le experimente como realidad. Así que, el nuevo hombre es el centro de la exhortación que el apóstol da en esta sección (vs. 17-32).

B. Creado según Dios

  El versículo 24 dice que el nuevo hombre fue creado según Dios. El viejo hombre fue creado conforme a la imagen de Dios externamente, mas sin Su vida ni Su naturaleza (Gn. 1:26-27), mientras que el nuevo hombre fue creado según el ser interior de Dios, con la vida y la naturaleza divinas (Col. 3:10).

C. En la justicia y santidad de la realidad

  Además, el nuevo hombre fue creado en la justicia y santidad de la realidad. La justicia consiste en estar bien con Dios y con el hombre conforme al camino justo de Dios, mientras que la santidad consiste en estar separado para Dios de todo lo común y ser saturado de la naturaleza santa de Dios. La justicia tiene que ver con hechos externos, mientras que la santidad alude a la naturaleza interna. Exteriormente, todo lo relacionado con el nuevo hombre es justo; e interiormente, todo lo que tiene que ver con él es santo.

  La justicia y la realidad del nuevo hombre pertenecen a la verdad. En Efesios 4, el artículo que precede la palabra realidad en el versículo 24 es enfático. Así como el engaño del versículo 22, en relación con el viejo hombre, es la personificación de Satanás, la realidad aquí, en relación con el nuevo hombre, es la personificación de Dios. Esta realidad, esta verdad, fue exhibida en la vida de Jesús, como lo menciona el versículo 21. En la vida de Jesús, siempre se manifestaron la justicia y la santidad de la realidad. Fue en la justicia y santidad de esta realidad, la cual es Dios hecho real y expresado, que el nuevo hombre fue creado.

  El engaño es el diablo mismo, y la verdad es el propio Dios. El viejo hombre se va corrompiendo conforme a las pasiones del diablo, y el nuevo hombre fue creado en la justicia y santidad de Dios. Es un grave error traducir la frase, “santidad de la realidad” como “verdadera santidad”, tal como figura en una Biblia de habla inglesa. Pablo no se refiere a una santidad que sea verdadera, sino a la santidad de la verdad, de la realidad. La santidad en este contexto es la santidad de la Persona divina. El nuevo hombre fue creado según Dios en la justicia y santidad de Dios mismo.

  Con el fin de que aprendamos a Cristo, Pablo presenta un fuerte contraste entre el viejo hombre y el nuevo, entre el diablo y Dios, y entre las pasiones, por un lado, y la justicia y la santidad por otro lado. Se nos enseñó que ya nos despojamos del viejo hombre y que nos revestimos del nuevo. Esto significa que nos despojamos de las pasiones y de la falsedad del diablo, y que nos vestimos de la justicia y la santidad de Dios. Dios mismo es la verdad, y esta verdad, esta realidad, se puede ver en la vida que llevó Jesús en la tierra. Jesús vivió conforme a la verdad, o sea, según Dios mismo, lleno de justicia y santidad. ¡Alabado sea el Señor porque hemos aprendido a Cristo conforme a la realidad que está en Jesús!

  Si aprendemos a Cristo despojándonos del viejo hombre y vistiéndonos del nuevo, estaremos en la vida de iglesia, porque el nuevo hombre es en realidad la iglesia. Si aprendemos a Cristo conforme a la realidad que está en Jesús, podremos llevar una vida de iglesia genuina, adecuada y práctica.

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