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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 53

UN MISTERIOSO TIPO DE CRISTO Y LA IGLESIA

  En la exhortación que emite en el Ef. 5, el apóstol Pablo presenta a la iglesia como novia de Cristo. Este aspecto de la iglesia revela que ella procede de Cristo, así como Eva procedió de Adán (Gn. 2:21-22), que la iglesia posee la misma vida y naturaleza que Cristo, y que ella, Su complemento, llega a ser uno con El, así como Eva fue una sola carne con Adán (Gn. 2:24). La iglesia como nuevo hombre tiene que ver con la gracia y la verdad, mientras que en su aspecto de novia de Cristo, está relacionada con el amor y la luz. La exhortación del apóstol en el capítulo cuatro se enfoca en el nuevo hombre, cuyos elementos básicos son la gracia y la verdad, mientras que la exhortación que presenta en el capítulo cinco se centra en la novia de Cristo, cuyas sustancias básicas son el amor y la luz. Como nuevo hombre, debemos andar en la gracia y la verdad; y como novia, debemos conducirnos en amor y en luz.

  Muchos cristianos saben que el marido y la esposa son un tipo de Cristo y la iglesia; sin embargo, la mayoría de ellos conocen este tipo sólo de manera superficial. Lo que saben de este misterioso tipo no toca su ser ni afecta su modo de vivir. Debemos sumergirnos en las profundidades de lo que este tipo representa de manera que él transforme nuestro ser y nuestra vida.

UN CUADRO COMPLETO DE CRISTO Y LA IGLESIA

  La primera pareja mencionada en la Biblia, Adán y Eva, presenta un cuadro importante y completo de Cristo y la iglesia. Según el libro de Génesis, Dios no creó al hombre y a la mujer al mismo tiempo ni de la misma manera. Dios primero formó el cuerpo del hombre del polvo de la tierra. Después, sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre fue hecho un alma viviente (Gn. 2:7). Habiendo creado al hombre, Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Gn. 2:18). Y le trajo a Adán todos los animales y las aves para que les pusiera nombre; mas para Adán, “no se halló ayuda idónea” (Gn. 2:20). Adán deseaba tener una pareja, un complemento, pero no la encontró ni en el ganado, ni en las bestias ni en las aves. Para producir dicho complemento, “Jehová Dios hizo caer sueño profundo sobre Adán” (Gn. 2:21), y mientras Adán dormía, el Señor tomó una de sus costillas y de ella hizo una mujer (Gn. 2:22). Esta mujer era igual al hombre en vida, en naturaleza y en forma. Por tanto, cuando Dios llevó a la mujer a la presencia de Adán, éste exclamó: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gn. 2:23). Adán supo que por fin había hallado su complemento.

  Génesis 2:24 indica que el hombre y su esposa son una sola carne. No debemos considerar al hombre y la mujer como dos personas separadas, sino como una sola persona, como dos mitades de una sola unidad. El marido y su mujer, una unidad completa, forman un maravilloso cuadro de Cristo y la iglesia, quienes son una sola entidad.

  Debido a que en todo el universo no se halló una pareja para Cristo, Dios hizo morir a Cristo en la cruz y mientras dormía allí, le fue abierto Su costado, del cual salió sangre y agua (Jn. 19:34). Puesto que en Génesis 2 no había surgido el problema relacionado con el pecado, ese capítulo sólo hace mención de que la costilla fue tomada de Adán; no dice nada acerca de la sangre. Pero en Juan 19, debido a que ya existía el pecado, se menciona la sangre, la cual resuelve el problema del pecado. El agua que salió del costado de Cristo representa la vida que fluye de Cristo, la vida eterna, la cual produce a la iglesia. Esta vida también es tipificada por la costilla de Adán. Según Juan 19, ninguno de los huesos del Señor fue roto cuando El estuvo en la cruz. Esto sucedió en cumplimiento de la Escritura que dice: “El guarda todos sus huesos. Ni uno de ellos será quebrantado” (Sal. 34:20). Los huesos no quebrantados de Cristo tipifican Su vida eterna inquebrantable. Es con esta vida, con la vida eterna, que la iglesia se edifica como novia, como complemento, preparado para Cristo. Al ser edificada la novia, Cristo obtiene la iglesia como complemento Suyo.

  Ya mencionamos que Eva poseía la misma vida y naturaleza que Adán, y que esto significa que la iglesia tiene la misma vida y naturaleza que Cristo. Además, así como Eva tenía la misma imagen de Adán, la iglesia lleva la misma imagen que Cristo. Aún más, en estatura, Eva y Adán eran casi iguales. Esto indica que la iglesia tiene la misma estatura que Cristo.

UNA UNIDAD COMPLETA

  Adán y Eva forman una unidad completa. Según el mismo principio, Cristo y la iglesia también constituyen una unidad completa. La iglesia es la otra mitad de Cristo. Adán y Eva llegaron a ser una sola carne, pero Cristo y la iglesia son un solo espíritu (1 Co. 6:17). Por eso podemos decirle al Señor: “Señor Jesús, sin la iglesia, Tú sólo eres una mitad; no estás completo. De igual manera, sin Ti, nosotros tampoco estamos completos”. ¡Alabado sea el Señor porque cuando Cristo y la iglesia se unen, ellos conforman una unidad completa!

  En la iglesia no hay lugar para nuestra vida natural ni para nuestra naturaleza humana caída. La vida y la naturaleza humanas no son competentes como para corresponder a Cristo. Para ser el complemento de Cristo, debemos ser uno con El en vida y naturaleza. Esto significa que Cristo y la iglesia como una sola unidad tienen la misma vida y naturaleza. Además, Cristo y la iglesia poseen la misma imagen y la misma estatura. Sin embargo, no debemos conocer esto meramente como una doctrina, sino como una visión celestial. Tenemos que ver por qué debemos recibir a Cristo como nuestra vida y participar de Su naturaleza divina, y por qué debemos ser transformados en Su imagen de gloria en gloria. Además, debemos ver que, como complemento de Cristo, necesitamos llegar a la medida de la estatura de Su plenitud. Si tenemos esta visión, podremos entender el tipo de Cristo y la iglesia descrito en Efesios 5.

CRISTO SUSTENTA A LA IGLESIA

  Ahora debemos ver cómo Cristo sustenta y cuida con ternura a la iglesia. Ser sustentado consiste en que algo entra en nuestro ser y satisface nuestra necesidad. Así que, el sustento proviene de un suministro. Sin suministro es imposible que haya alimentación.

  Cristo sustenta a la iglesia con todas las riquezas del Padre. Cristo es la corporificación de la plenitud de la Deidad; por ende, todas las riquezas de Dios están en El, y El disfruta estas riquezas. Luego El nutre a la iglesia con las mismas riquezas de la Deidad que El mismo ha disfrutado.

  Esto lo comprueba Juan 15. En este capítulo el Señor Jesús dice que El es la vid y que el Padre es el labrador. El Padre es el labrador, el agricultor, y nosotros los creyentes somos los pámpanos. La vid sustenta a los pámpanos con lo que absorbe del suelo. Dios el Padre es el suelo, el agua y el todo para Cristo, quien es la vid. La vid absorbe las riquezas del suelo y del agua, las digiere y luego las trasmite a los pámpanos. En esto consiste la alimentación. Cristo sustenta a la iglesia con las riquezas del Padre que El mismo ha absorbido y asimilado. Al sustentar a la iglesia, El satisface la necesidad interior de ella.

  Es correcto afirmar que Cristo sustenta a la iglesia con Su vida y con Su Palabra; sin embargo, ni la vida ni la Palabra son la fuente; la fuente es el Padre. Lo que Cristo recibe del Padre llega a ser la vida y el suministro vital que se hallan en la Palabra. Por ello, la Palabra es la palabra de vida, incluso el pan de vida, el suministro de vida. Si queremos ser sustentados por Cristo, debemos permanecer en El y absorber Su vida y el suministro vital de ésta. Si deseamos experimentar esto de manera práctica, diariamente debemos tocar la Palabra viva, porque ella es la corporificación de la vida y del suministro de vida. Cuanto más permanecemos en el Señor y tenemos contacto con la Palabra, más El nos sustenta. Es de esta manera que Cristo nutre a la iglesia.

  Todos los miembros de la iglesia deben habituarse a permanecer en el Señor. No debemos permitir ningún aislamiento ni separación entre nosotros y El. Una vez que nos separamos de El, se interrumpe el suministro que nos sustenta. Además de permanecer en el Señor constantemente, debemos acudir a diario a la Palabra y tomarla como nuestra vida y suministro de vida. Entonces recibiremos el sustento. Además, todas las reuniones de la iglesia deben ser nutritivas. La vigilia matutina y nuestra comunión con los santos también deben ser oportunidades para alimentarnos.

  A medida que somos sustentados con la vida y el suministro de vida, crecemos y somos purificados. En el siguiente mensaje veremos que la palabra que sustenta, también lava y limpia. Es semejante al agua que bebemos, la cual limpia las fibras de nuestro ser. Al permanecer en el Señor y recibir las riquezas del Padre, y al leer la Palabra y recibir la vida y el suministro de vida, somos nutridos por Cristo. Así sustenta Cristo a Su amada iglesia.

CRISTO CUIDA CON TERNURA A LA IGLESIA

  Conforme al Nuevo Testamento, Cristo cuida a la iglesia en dos aspectos. El aspecto interno, que consiste en sustentarla, y el aspecto externo, que consiste en cuidarla con ternura. Ser nutridos es recibir algo interiormente, mientras que ser cuidados con ternura es ser acogidos y confortados por fuera. El cuidado tierno está ligado al ambiente que nos rodea. Cuando pasamos por ciertas circunstancias, el Señor Jesús a menudo viene a nosotros como una brisa cálida y suave que sopla sobre nosotros y nos conforta. Aunque esto se lleva a cabo en nuestro entorno, es algo que transciende el entorno, incluso la presencia del Señor. Cuando la presencia del Señor llega a ser una brisa suave, experimentamos Su cuidado tierno. Este cuidado trae consigo alivio, conforte y reposo.

  En el ambiente que rodea a la vida de iglesia, a menudo experimentamos el cuidado tierno del Señor, aunque tal vez no estemos conscientes de él. Sin embargo, si por un tiempo estamos en un lugar donde no hay iglesia, sentimos que el clima cambia y que el ambiente es diferente. Entonces comenzamos a sentir que hemos perdido algo, que ya no sopla sobre nosotros la brisa delicada y tibia. Es posible que tengamos todo lo necesario para existir físicamente, pero sabemos que nos falta algo, algo que antes disfrutábamos. Cuando regresamos a la vida de iglesia, entramos inmediata y espontáneamente en el ambiente, en la atmósfera del cuidado tierno del Señor, y de nuevo somos acogidos con ternura, aliviados y confortados. Eso es cuidar con ternura.

  Así como un niño es confortado por la presencia de su madre, nosotros somos confortados por la presencia del Señor. Mi nietecita siempre desea estar en la íntima presencia de su mamá. Simplemente el estar en la presencia de su madre la conforta. La presencia de su madre le provee una atmósfera cálida y tierna. Del mismo modo, la presencia del Señor produce una atmósfera de afecto y calor que cuida con ternura todo nuestro ser.

  En las reuniones de la iglesia experimentamos una atmósfera como ésta. Me da tristeza cuando veo que algunos santos no le dan importancia a las reuniones, y que prefieren tener comunión sólo en su casa. No importa cuán agradable sea la comunión en nuestro hogar, la atmósfera no es tan tierna como la que reina en las reuniones. ¡Cuán agradable es el ambiente espiritual que se experimenta en las reuniones de los santos! Tan pronto como entramos en esa atmósfera, somos confortados por la presencia del Señor. Es por medio de este ambiente, producido por la cálida presencia del Señor, que El cuida con ternura a la iglesia. Estar en este clima, en esta atmósfera, en este ambiente, nos trae reposo, conforte, alivio, limpieza y ánimo. Ningún otro ambiente puede compararse con el que se disfruta en las reuniones de la iglesia. Por esta razón no quisiera perderme ni una sola reunión de la iglesia.

  La alimentación y el cuidado tierno van juntos. Mediante la alimentación disfrutamos interiormente del suministro de vida, y mediante el cuidado tierno experimentamos exteriormente una atmósfera pacífica y reconfortante. Cada vez que nos encontramos en un ambiente donde recibimos un cuidado tierno, podemos absorber cada una de las palabras del ministerio. Esto indica que bajo el cuidado tierno, recibimos la nutrición. Una iglesia que ha sido sustentada y cuidada con ternura de esta manera será fuerte y saludable.

  Cuidar con ternura y nutrir son la porción de la iglesia y deben llevarse a cabo en cada reunión. Si en las reuniones no se nutre ni se cuida a nadie, se suscitarán problemas. Sin embargo, los problemas posiblemente seamos nosotros, no la iglesia. Si nuestra condición es adecuada, normal y saludable, disfrutaremos del ambiente tierno que produce la presencia del Señor en la iglesia, y en esta atmósfera recibiremos el suministro de vida, el cual nos sustentará. ¡Alabado sea el Señor por la manera en que El cuida a la iglesia! Los miembros de la iglesia tienen el privilegio de disfrutar al Señor de una manera fina, tierna, íntima y genuina.

EL AUMENTO DE CRISTO

  De igual manera que Eva era la mujer de Adán, la iglesia es la novia de Cristo (Jn. 3:29; Ap. 19:7; 21:2, 9). Además, así como Eva era el aumento de Adán, la iglesia es el aumento de Cristo (Jn. 3:30). Cuando Juan el Bautista oyó que muchos venían a Cristo, dijo: “El que tiene la novia es el novio” (Jn. 3:29). Luego, añadió: “Es necesario que El crezca, pero que yo mengüe” (v. 30). El crecimiento mencionado en el versículo 30 alude a la novia que se menciona en el versículo 29. El hecho de que el Señor crezca significa que El debe tener la novia. Todos los que le siguen deben ir a El, y todo aquel que cree en El debe seguirle y ser Su aumento. Aunque Juan habló claramente respecto a esto, no estuvo dispuesto a ponerlo en práctica. Debido a esto Dios permitió que Juan fuera encarcelado y, posteriormente, decapitado. Al final, Juan el Bautista no recibió nada, y todo el aumento, la novia, fue al Novio, para ser Su incremento. Así como Eva era el aumento de Adán, la iglesia como novia de Cristo, es el aumento de Cristo.

LA VIDA MATRIMONIAL Y LA VIDA DE IGLESIA

  Si los diversos aspectos del misterioso tipo de Cristo y la iglesia, revelados en este capítulo de Efesios, quedan grabados en nuestro ser, ellos nos ayudarán no sólo a llevar una vida de iglesia adecuada, sino también una vida marital equilibrada. Las casadas sabrán cuál es su responsabilidad, y así mismo los maridos. El deseo de Pablo era abarcar la vida matrimonial y la vida de iglesia al mismo tiempo. En sus escritos él no las separó; más bien, las combinó, porque sabía que en realidad la vida matrimonial forma parte de la vida de iglesia. Sin una vida matrimonial adecuada, es difícil llevar una vida de iglesia adecuada. Le agradecemos al Señor que por medio de una vida de iglesia apropiada, nuestra vida matrimonial también puede llegar a ser apropiada. ¡Qué maravilloso! Esto constituye un misterioso tipo de Cristo y la iglesia.

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