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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 67

CONCLUSION

  En este mensaje llegamos a la conclusión de Efesios, a Ef. 6:21-24.

I. EL APOSTOL RECOMIENDA A TIQUICO

  En los versículos 19 y 20, Pablo pide a los santos que oren por él. Luego, en el versículo 21 añade: “Para que también vosotros sepáis mis asuntos, y cómo me va, todo os lo hará saber Tíquico, hermano amado y fiel ministro en el Señor”. Esto indica que, por un lado, Pablo necesitaba que los santos oraran por él, y por otro, él tenía una verdadera preocupación por ellos y les envió a Tíquico para que les llevara información acerca de él y para que consolara sus corazones (v. 22).

  Esto muestra que había una relación excelente y una buena comunión entre Pablo y los santos de Efeso. Además, en ello se ve la necesidad de que haya intermediarios como Tíquico. El apóstol, los creyentes y Tíquico eran uno. Primero, Pablo estableció un ejemplo al pedirles a los creyentes que orasen por él. Luego, les envió a Tíquico para que les llevara información en cuanto a él y para que los consolara. ¡Qué dulce y hermosa es esta práctica! Aunque en la actualidad raramente hacemos esto, deberíamos esforzarnos por practicarlo. Necesitamos esta clase de comunión.

  Tíquico no fue enviado a llevar a cabo una gran obra. Al contrario, su misión era informar a los santos respecto a la situación de Pablo y consolar sus corazones. Aunque en los tiempos de Pablo no existían medios modernos de transporte, tales como los barcos de vapor o los aviones, él le pidió a Tíquico que emprendiera el largo viaje desde Roma hasta Asia Menor sólo para que visitara a los santos en su nombre. La meta de esa larga travesía era fomentar la comunión entre el apóstol y los santos. Esto es tan importante que se registró en la Palabra de Dios. El apóstol se preocupaba por la iglesia, y la iglesia se preocupaba por el apóstol. Por lo tanto, Tíquico fue enviado desde Roma hasta Asia Menor con el fin de fomentar la comunión. Hoy es necesario que en el recobro del Señor se restaure tal afectuoso interés entre los apóstoles y las iglesias. Necesitamos esta preocupación, pero no para llevar a cabo una comisión o una obra, sino sencillamente para mantener la necesaria y debida comunión. Hoy en día también se necesitan mensajeros que visiten las iglesias con el fin de llevarles información y alentar a los santos.

  En el Cuerpo de Cristo necesitamos mucho más tráfico. El hecho de que el apóstol Pablo enviara a Tíquico creó una especie de tráfico. El tráfico siempre fortalece a un país. Pensemos en el impacto que han tenido las autopistas construidas por el gobierno federal. Estas son las “venas” de la prosperidad de Estados Unidos. El tráfico, aun entre grandes extensiones de terreno, fomenta el suministro y el desarrollo mutuos. Cuando yo era joven, se empleaba todo un día a pie para viajar de nuestra pequeña aldea a Chifú. Teníamos que hacer los preparativos del viaje desde un día antes para partir muy de mañana y poder llegar a nuestro destino por la tarde. Se requería tantos esfuerzos para recorrer tan pequeño tramo, que muchas personas vivían toda su vida en la aldea sin ir jamás a Chifú. Es el tráfico lo que ha hecho próspero a Estados Unidos. Además de las autopistas, las aerolíneas, con tantos vuelos que van de extremo a extremo del país, han aumentado la prosperidad de esta nación.

  Cuanto más tráfico haya entre las iglesias, mejor. Cada vez que nos reunimos, se genera un tráfico. Sin este tráfico las iglesias permanecen aisladas. Si nos mantenemos alejados de las reuniones y sólo nos reunimos con unos cuantos hermanos en nuestros hogares, el tráfico se interrumpe. Esto es lo que astutamente hace el enemigo para cortar nuestras “venas”. Una vez que la sangre deja de fluir, el resultado es la muerte. Sin embargo, con el tráfico apropiado entre los santos y las iglesias, la vida se multiplica. Por consiguiente, debemos prestar atención a lo que Pablo dijo en cuanto a este asunto en el último capítulo de Efesios.

  Al hablar de Tíquico, Pablo lo recomienda como un “hermano amado y fiel ministro en el Señor”. Como fiel ministro en el Señor, Tíquico era un siervo que ministraba. Como ya dijimos, él fue enviado para que diera a conocer todas las cosas a los santos y para que consolara sus corazones. Una vez más digo que esto revela la dulce comunión y la íntima preocupación que se debe restaurar en el recobro actual del Señor.

II. LA BENDICION

A. Paz y amor

  Los versículos 23 y 24 narran la bendición que emite Pablo: “Paz sea a los hermanos, y amor con fe, de Dios Padre y del Señor Jesucristo. La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo en incorrupción”. Al comienzo del libro, en el saludo del apóstol se menciona primero la gracia, la cual es un disfrute, y luego la paz, la cual resulta del disfrute (1:2). Pero en la conclusión es lo contrario; primero se menciona el resultado, que es la paz, y después el disfrute que tenemos de la gracia.

  En la introducción, Pablo únicamente menciona la gracia y la paz, mientras que en la conclusión, no sólo invierte el orden de estas dos frases, sino que también menciona el “amor con fe”. Es importante notar por qué se invierte el orden entre la gracia y la paz, y por qué se incluye el amor con la fe. Ya vimos que la gracia es el disfrute que tenemos del Señor, y que la paz es el resultado de dicho disfrute. Este libro comienza con la gracia, con el disfrute del Señor mismo como nuestra vida, como nuestro suministro de vida y como nuestro todo. Pero al final esta epístola nos introduce en la paz. Sin embargo, una vez que hemos entrado en la paz, todavía necesitamos la gracia. Entramos a la paz por medio de la gracia. Ahora, a medida que disfrutamos la paz, necesitamos más gracia. Esta es gracia sobre gracia. Esto también indica que nuestra experiencia va de gracia en gracia.

  Pero, ¿por qué se menciona el amor entre la paz y la gracia? Ninguna otra epístola escrita por Pablo tiene una inserción parecida. Esto se debe a que la única manera de mantenernos en una condición de paz es disfrutar continuamente al Señor en amor. La expresión “en amor” se usa seis veces en Efesios (1:4; 3:17; 4:2, 15, 16; 5:2). Esto vincula esta epístola con lo que Cristo dice a la iglesia de Efeso en Apocalipsis 2:1-7. En ese pasaje, el Señor reprende a la iglesia porque ésta ha dejado su primer amor (v. 4). El problema de la iglesia en Efeso no era la falta de obras o de conocimiento, sino la pérdida del primer amor. Debido a que Pablo se daba cuenta de que el amor es crucial, lo mencionó con relación a la paz y la gracia, lo cual indica que el amor es necesario para mantenernos en una condición de paz.

  Este amor proviene de Dios el Padre y del Señor Jesucristo. Esto indica que el amor no se origina en nosotros, sino en Dios. Sin embargo, al final, el amor de Dios llega a ser nuestro amor. Por esta razón, en el versículo 24 Pablo se refiere a aquellos que aman a nuestro Señor Jesucristo. El amor con que Dios nos ama llega a ser el amor con que nosotros lo amamos a El. Este es el amor que mantiene la paz. Al vivir en la intimidad de la presencia de Dios, el amor llega a nosotros. Luego, este amor regresa al Señor y se convierte en el amor con que nosotros lo amamos a El. Mediante este tráfico de amor, la paz es guardada y somos preservados en el disfrute de la gracia. Esto explica por qué Pablo habla de la paz, el amor y la gracia.

  Notemos que en el versículo 23 Pablo usa la expresión “amor con fe”, no amor y fe, como en 1 Timoteo 1:14. El amor y la fe son el medio por el cual participamos de Cristo y lo experimentamos. Con la fe recibimos a Cristo (Jn. 1:12) y con el amor le disfrutamos (Jn. 14:23). En el Evangelio de Juan se nos dice que primero creemos en el Señor Jesús para recibir la vida eterna (3:15); creer en El es recibirle. El Evangelio de Juan también hace hincapié en el amor. En el capítulo veintiuno el Señor le pregunta a Pedro que si le amaba (vs. 15-17). Además, en Juan 14:23 el Señor declara que el Padre y el Hijo harán morada con aquel que ame al Señor Jesús. Por consiguiente, con la fe recibimos al Señor Jesús, y con el amor lo disfrutamos. Por esta razón, en 1 Timoteo 1:14 Pablo une la fe y el amor.

  En 1 Tesalonicenses 5:8 Pablo habla también de la fe y el amor. En este versículo, él anima a los santos a vestirse de “la coraza de fe y de amor”. Si comparamos este versículo con Efesios 6:14, vemos que existen dos clases de corazas, una para nuestra vida diaria y la otra para la lucha. Para nuestro diario vivir, necesitamos la coraza de fe y de amor. Tanto la fe como el amor son tiernos, y en la Biblia son representados por los pechos. Estas partes, nuestros pechos espirituales, deben estar cubiertos con la coraza. La coraza preserva nuestra fe y nuestro amor, los cuales son necesarios para una vida cristiana adecuada. Por otra parte, la coraza de justicia, mencionada en 6:14, nos sirve en la batalla. Cada vez que nos involucramos en la batalla espiritual, tenemos que proteger nuestra consciencia de las acusaciones del diablo, cubriéndola con la coraza de justicia.

  Los versículos que mencionan la fe y el amor en el Evangelio de Juan, en 1 Tesalonicenses y en 1 Timoteo indican que la fe y el amor van juntos. Sin embargo, en Efesios 6:23 Pablo no habla de fe y amor ni de amor y fe, sino de amor con fe. Esto indica que necesitamos la fe para que complemente, apoye y sirva a nuestro amor. Según Gálatas 5:6, la fe opera por medio del amor. Esta operación es muy fina. En Gálatas, un libro que da énfasis a la justificación por fe, se nos dice en 5:6 que “en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe, que obra por medio del amor”. ¿Se ha dado usted cuenta de que creer en el Señor Jesús es una cuestión de amor? ¿Sabe que la fe de usted obra por medio del amor? Uno que escucha el evangelio, se arrepiente y llega a apreciar al Señor Jesús y lo considera digno de su amor, tendrá una fe muy firme. Esta fe opera por medio del amor que él siente por el Señor. Cuanto más amemos al Señor, más firme será nuestra fe en El. Este es el concepto que Pablo presenta en Gálatas.

  Efesios, en cambio, no da énfasis a la fe, sino al amor. Según Gálatas, cuanto más apreciemos y amemos al Señor Jesús, más creeremos en El. Esto se relaciona con nuestra salvación. Pero en Efesios, Pablo no recalca la salvación, sino la comunión que experimentamos después de ser salvos, para lo cual se requiere amor con fe. Si aceptamos dudas e interrogaciones se debilitará nuestra fe y nos resultará difícil amar al Señor. Cada vez que la fe sufre daño, el amor también se verá afectado. Para seguir en la comunión con el Señor amándole a El, se requiere una fe firme. Por lo tanto, necesitamos la fe que opera por medio del amor y el amor que va acompañado de la fe.

  Ya mencionamos que el amor proviene de Dios, lo cual significa que el amor se halla por el lado de Dios. La fe, por el contrario, tiene que ver con nosotros. Por consiguiente, la frase “amor con fe” implica que hay un tráfico entre Dios y nosotros y entre nosotros y Dios. El amor viene de Dios a nosotros, y la fe va de nosotros a Dios. Dios nos da Su amor, y nosotros respondemos a El con fe. Este es un tráfico entre el amor y la fe. Por medio de este tráfico la paz sigue siendo nuestra porción. El amor de Dios que viene a nosotros y nuestra fe que va hacia El nos guardan en paz.

B. La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo en incorrupción

  Este tráfico también nos guardará en la gracia, es decir, en el disfrute que tenemos del Señor. En el versículo 24 Pablo dice: “La gracia sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo en incorrupción”. Nosotros necesitamos la gracia para llevar una vida de iglesia que cumpla el propósito eterno de Dios y resuelva el problema que Dios tiene con Su enemigo. El disfrute del Señor como gracia es dado a todos los que le aman. Para mantener una vida de iglesia apropiada, es necesario que amemos al Señor en incorrupción, es decir, de forma incorruptible. Nuestro amor por el Señor debe ser incorruptible, inmortal e inmarcesible. Un amor así es genuino y sincero.

  La manera en que Pablo redactó la bendición en estos versículos es muy significativa. En la conclusión de esta epístola, somos introducidos en la paz y permanecemos en esta condición de paz por medio del amor que proviene de Dios y con la fe que proviene de nosotros. Mediante este tráfico de amor con fe, recibimos un continuo suministro de gracia. ¡Aleluya por la paz, por el amor con fe y por la gracia!

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