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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 7

EL MISTERIO DE LA VOLUNTAD DE DIOS

  Los versículos del Ef. 1:3-14 conforman una sola oración gramatical, por tanto, no se debe aislar ningún versículo, cláusula ni frase de la misma. El versículo 5 declara que Dios nos predestinó para filiación por medio de Jesucristo para Sí mismo según el beneplácito de Su voluntad. La alabanza de la gloria de Su gracia, mencionada en el versículo 6, es el resultado de la filiación del versículo 5. La filiación está totalmente ligada a la gracia. La gracia de Dios nos hace Sus hijos. El Espíritu del Hijo, la vida del Hijo, la posición del Hijo, la imagen del Hijo, la culminación de la filiación, la herencia de todo lo que Dios es en la filiación, todos tienen que ver con la gracia. Ya hicimos notar que la gracia es Dios mismo. Dios vino a realizar todo lo que se necesitaba para hacernos Sus hijos, los que participan de la plena filiación. Con esta gracia Dios nos agració en el Amado (v. 6).

  El versículo 7 revela que la gracia de Dios efectuó la redención por nosotros y nos aplicó el perdón. El cumplimiento de la redención comenzó con la encarnación de Cristo y continuó a través de Su ascensión. Cuando El ascendió a los cielos, la redención se cumplió plenamente. En Su ascensión, Dios le otorgó el arrepentimiento y el perdón para que fueran derramados mediante la venida del Espíritu (Hch. 5:31). La venida del Espíritu alude al descenso de Cristo. A partir del descenso de Cristo, el arrepentimiento y el perdón fueron traídos a la tierra y derramados sobre los elegidos de Dios. Como resultado, recibimos el arrepentimiento; el arrepentimiento fue derramado en nuestro corazón. Después del arrepentimiento vino el perdón. El cumplimiento de la redención y la aplicación del perdón hicieron posible que fuéramos regenerados y hechos hijos de Dios. Todo esto se realizó según las riquezas de la gracia de Dios.

  Otros aspectos de la gracia de Dios se revelan en el versículo 8, donde dice que Dios hizo sobreabundar Su gracia para con nosotros en toda sabiduría y prudencia. Luego, el versículo 9 dice: “Dándonos a conocer el misterio de Su voluntad, según Su beneplácito, el cual se había propuesto en Sí mismo”. El versículo 10 trata de que en Cristo todas las cosas sean reunidas bajo una cabeza; y el versículo 11, de que fuimos hechos herencia “habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el consejo de Su voluntad”. La sobreabundante gracia de Dios nos hizo la herencia de Dios, Su posesión. El versículo 14 indica que nosotros también tendremos una herencia. Por la gracia de Dios fuimos hechos Su herencia, y por la misma gracia, El es hecho nuestra herencia. ¡Cuán abundante es Su gracia! Los versículos del 3 al 14 están llenos de buenas palabras que Dios ha expresado con respecto a nosotros. Estos versículos también deben ser el contenido con el cual hablamos bien de El.

  La expresión “para alabanza de Su gloria” se encuentra tres veces en este pasaje de la Palabra, en los versículos 6, 12 y 14. Cada vez se usa para concluir las buenas palabras con las que el Dios Triuno nos bendice. En el versículo 6 es la conclusión de la bendición de Dios el Padre; en el versículo 12, de Dios el Hijo; y en el versículo 14, de Dios el Espíritu. Las veces que se emplea esta expresión aluden a los Tres de la Deidad en el contexto de cómo El habla bien de nosotros.

I. EL MISTERIO HABIA ESTADO OCULTO DESDE LOS SIGLOS

  En este mensaje llegamos al tema del misterio de la voluntad de Dios. La voluntad de Dios tiene un misterio, el cual había estado escondido desde los siglos (3:5; Col. 1:26). El universo es un misterio. ¿Por qué existe el cielo, y por qué existe la tierra? ¿Por qué hay millones de cosas en el universo? ¿Por qué está el hombre en la tierra? Todas estas preguntas son misterios, y han dado lugar a diversas filosofías. El misterio, el cual es la voluntad de Dios, fue dado a conocer a la iglesia mediante los apóstoles. Una voluntad es una intención, y la voluntad de Dios es Su intención. La intención de Dios está íntimamente relacionado con el deseo de Su corazón. Así que, el misterio del universo tiene que ver con la voluntad de Dios, la cual está ligada al deseo de Su corazón. Necesitamos conocer el misterio, la voluntad de Dios y el deseo de Su corazón.

  Algunos dirán que la voluntad de Dios es obtener la iglesia, y que la iglesia es el deseo de Su corazón. Esto es correcto, pero debemos preguntarnos qué es la iglesia. Muchos cristianos, incluyendo a maestros, no tienen un entendimiento claro acerca de la iglesia. La iglesia no es simplemente un grupo de personas. Por nuestra propia cuenta, no somos la iglesia; somos unos desdichados pecadores. La única manera de llegar a ser la iglesia es que Dios en Su Hijo se forje en nuestro ser. La mayoría de los creyentes no ven el asunto crucial y vital de que Dios en Su Hijo se forja en los que El eligió y redimió. Tal vez saben algo acerca de la elección y la redención, que ellos son personas escogidas y redimidas, pero no ven que el mismo Dios que los escogió y redimió desea, en la persona del Hijo, forjarse en ellos. Ni la elección ni la redención es la meta; son simplemente pasos que llevan a ella. La meta de Dios es forjarse a Sí mismo en nuestro ser.

  Estoy consciente de que esto puede parecerle extraño a muchos. Por años estuve en diversos ramas del cristianismo, tales como el cristianismo fundamental, Asambleas de los Hermanos, los que siguen la línea de la vida interior, y el movimiento pentecostal. Pero nunca se me dijo que en la persona del Hijo, Dios se forja en Sus redimidos. Este es el misterio del universo.

  El Nuevo Testamento afirma que Dios se forja en nuestro ser. El Padre, el Hijo y el Espíritu están en nosotros (Ef. 4:6; 2 Co. 13:5; Jn. 14:17). Según 1 Juan, nosotros estamos en Dios, y Dios está en nosotros (4:15). Además, nosotros permanecemos en El, y El permanece en nosotros (Jn. 15:4). En Filipenses 1:21 el apóstol Pablo logró declarar: “Para mí el vivir es Cristo”. En Gálatas 2:20 afirma que ya no vive él, sino que Cristo vive en él. Todos estos versículos muestran que Dios, en el Hijo, se está forjando en nosotros.

  El debido entendimiento de la iglesia revela también esta misma verdad. La Biblia dice que la iglesia es el Cuerpo de Cristo. Sin embargo, algunos cristianos no toman esta declaración como un hecho, como una realidad, sino simplemente como una representación. ¡Esto es terrible! La iglesia es el Cuerpo de Cristo, y su Cabeza es el propio Cristo (Col. 1:18). Además, 1 Corintios 12:12 revela que el Cuerpo es Cristo. Así que, Cristo no sólo es la Cabeza, sino también el Cuerpo, lo cual indica que Dios se forja en nosotros, los miembros del Cuerpo. Esto también se ve en el ejemplo de la vid en Juan 15. En Juan 15:5 el Señor Jesús dijo: “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”. ¿No está la vid en los pámpanos? ¡Por supuesto que sí! Por eso dijo el Señor: “Permaneced en Mí, y Yo en vosotros” (Jn. 15:4). Todo lo que la vid es, está en los pámpanos. Nosotros, como pámpanos de la vid y miembros del Cuerpo de Cristo, contenemos todo lo que Cristo es. Esto significa que hemos sido hechos partes de El. ¿Acaso los pámpanos de la vid no son parte de la vid? Claro que lo son. Por tanto, debemos atrevernos a declarar: “Yo soy parte de Cristo”. Ya que los creyentes son partes de Cristo, Pablo pudo afirmar que para él el vivir era Cristo.

  El misterio del universo es la iglesia, y ella se compone de personas en quienes Dios se forja. Un día, la iglesia será totalmente saturada de Dios y en su consumación llegará a ser la santa ciudad, la Nueva Jerusalén. La iglesia no sólo será saturada de Dios, sino que también se mezclará con El. Esto no significa, sin embargo, que llegaremos a ser la Deidad. No, esto no es ni lo que decimos ni lo que queremos decir. No obstante, como personas que están siendo saturadas de Dios y mezcladas con El, seremos la misma expresión de Dios. La Nueva Jerusalén será la manifestación corporativa de Dios. Como ya hemos mencionado en varias ocasiones, tanto el Dios que está en el trono (Ap. 4:3) como la Nueva Jerusalén (Ap. 21:11) tienen la apariencia de jaspe. Esto significa que toda la ciudad tiene la apariencia de Dios y es la expresión de Dios. Este es el misterio del universo.

  ¡Qué liberación les traería a los cristianos si pudieran ver esto! Muchos sólo saben que son salvos, regenerados, que son hijos de Dios y que un día irán al cielo. Pero el concepto de ser salvos con el simple fin de ir al cielo es muy inferior al misterio de la voluntad de Dios. El misterio de la voluntad de Dios consiste en tener una iglesia compuesta de aquellos que han sido saturados y mezclados con Dios.

  Al escuchar algunos de ustedes esta definición de la iglesia, tal vez dirán: “He estado en la iglesia por muchos años, pero jamás he visto una iglesia que concuerde con esta descripción”. Esto se debe a que aún estamos siendo “cocinados” en la “cocina” de la desordenada vida de iglesia. Durante este proceso de “cocimiento”, debemos ser pacientes. De hecho, el “cocimiento” mismo es la gracia sobreabundante.

  Muchos han venido a mí entristecidos por la condición de su iglesia local, y me han dicho que ya no pueden tolerarla. Pero aunque sintamos que ya no podemos sufrirla, tenemos que sobrellevarla. Esta situación es el “cocimiento”, el “hornear” de la vida de iglesia. La vida de iglesia hoy es un horno donde somos cocinados. No se desanimen por la situación actual, y no vean la iglesia sólo desde el ángulo de los problemas. Todos los que estamos en la iglesia tenemos una porción de Cristo, pues El se ha forjado en nosotros. Nos sintamos contentos o no, tengo la certeza de que una porción de Cristo se ha forjado en usted desde que llegó a la vida de iglesia. Haga lo que haga, esa porción permanece en usted porque se ha forjado en usted. Me consuela ver la porción de Cristo que se ha forjado en todos los santos. Me regocijo ver que los santos tienen más de Cristo hoy que lo que tenían algunos años atrás. Aunque no siempre estemos contentos con la vida de iglesia, Cristo se sigue forjando en nosotros. ¡Qué misterio!

  El misterio del universo consiste en que Dios se forje en nosotros. Todas las cosas cooperan para este propósito (Ro. 8:28); todo contribuye a esta meta, a que Dios se forje en nuestro ser. Esto es muy diferente a tener simplemente una vida feliz. Tal vez usted se sienta muy feliz hoy, pero mañana no. Tal vez se sienta feliz en una reunión, pero cuando vuelve a casa, su cónyuge le hace pasar un mal rato. El misterio de la voluntad de Dios no consiste en hacer de nosotros personas plenamente felices. Hoy no es el tiempo de ser plenamente feliz, porque todavía no ha llegado el debido momento. Puesto que muchos carecen de una visión o revelación adecuada, no saben lo que en realidad está ocurriendo en la vida de iglesia. Piensan que estamos aquí simplemente para pasar un buen rato, pero esto no es el misterio de la voluntad de Dios. Dicho misterio es que Dios se imparte continuamente en nosotros a fin de producir la iglesia para Sí mismo. Este es el misterio que había estado escondido desde los siglos.

II. LA VOLUNTAD DE DIOS ES SU INTENCION DE OBTENER LO QUE EL DESEA PARA SI MISMO

  La voluntad de Dios es Su intención de llevar a cabo lo que se propuso en la eternidad pasada y lo que desea para Sí mismo en la eternidad futura. El se propuso y desea tener la iglesia. Esta es Su voluntad y Su intención.

III. EL MISTERIO DE LA VOLUNTAD DE DIOS NOS FUE DADO A CONOCER POR REVELACION

  Efesios 1:9 dice que Dios nos dio a conocer el misterio de Su voluntad. Darnos a conocer el misterio de Su voluntad es un aspecto de la sabiduría y prudencia de Dios. En la eternidad, Dios planeó una voluntad, y esa voluntad había estado escondida en El; así que, era un misterio. En Su sabiduría y prudencia nos dio a conocer este misterio escondido por medio de Su revelación en Cristo, es decir, por medio de la encarnación, crucifixión, resurrección y ascensión de Cristo. Fue un beneplácito para Dios revelarnos el misterio de Su voluntad.

IV. SEGUN EL BENEPLACITO DE DIOS

  El beneplácito de Dios es el deseo de Su corazón, a saber, obtener la iglesia; y revelar Su voluntad escondida concuerda con el deseo de Su corazón, lo cual concuerda con Su beneplácito.

V. DIOS SE PROPUSO SU BENEPLACITO

A. En Sí mismo

  Dios se propuso Su beneplácito en Sí mismo. Esto quiere decir que El es la iniciación, el origen y la esfera de Su propósito eterno. Dios tiene un plan, un deseo, y conforme a Su plan, tiene un propósito. El universo existe en conformidad con el propósito de Dios. Los cielos, la tierra, los millones de cosas en el universo y el linaje humano concuerdan con el deseo propuesto por Dios. Un día, todas estas cosas propiciarán el cumplimiento del deseo de Dios. En el universo hay un solo deseo, el deseo de Dios. Puesto que Dios se propuso este deseo, nada ni nadie puede derrocarlo. Todo lo que ocurre en la tierra contribuye a este propósito. Nosotros, los hijos de Dios, en quienes sobreabunda Su gracia, somos el centro de Su propósito, y todas las cosas cooperan para nuestro bien. Dios se propuso este deseo en Sí mismo. El no tomó consejo de nadie al respecto.

B. Para una administración

  El beneplácito de Dios es lo que El se propuso en Sí mismo para una administración (v. 10). Al final, todo el universo será regido por una sola administración. La palabra griega traducida “administración” es oikonomía, de la cual se deriva la palabra “economía”. Dios se propuso tener una economía. Todos los reinos del universo —el angelical, el reino demoniaco, el reino humano, el reino animal y el reino vegetal— existen por causa de esta economía, de esta administración, y se van encaminado hacia ella. Por ejemplo, la actual situación del mundo, cuyo centro es el Medio Oriente, concuerda con la Biblia. Desde que se volvió a formar la nación de Israel en 1948, y especialmente desde que le fue devuelta la ciudad de Jerusalén en 1967, el Medio Oriente se ha convertido en el centro de las relaciones internacionales. Esto concuerda totalmente con la Biblia y es una señal de que el universo se va encaminando hacia la administración de Dios. Esta administración es lo que Dios planeó y se propuso conforme a Su deseo. Todos los reinos estarán bajo esta administración, la cual consiste en reunir todas las cosas bajo una cabeza en Cristo.

  Actualmente el universo está en caos; en vez de estar reunido bajo una cabeza, se ha convertido en una montaña de escombros. Dicho caos se produjo por medio de dos rebeliones, la de Satanás y la de Adán. Antes de crear al linaje humano, Dios hizo a un arcángel, quien más tarde llegó a ser Satanás, la cabeza de todas las criaturas. Pero ese arcángel se rebeló contra Dios. Dios entonces creó el linaje humano y puso a Adán por cabeza de todo lo creado. Según Génesis 1, Dios le dio a Adán autoridad sobre toda la creación, lo cual indica que Adán era la cabeza. Sin embargo, Adán fue seducido a revelarse contra Dios. Así que, mediante la rebelión angelical y la humana, el universo cayó en un caos y quedó reducido a un monte de escombros. A esto se debe que la sociedad humana y la creación misma se hallen en tal desorden. Vemos la rebelión por todas partes; aun los mosquitos se rebelan contra el hombre. Esto muestra que el universo está lleno de luchas provocadas por la rebelión. No obstante, Dios se ha propuesto establecer Su administración para someter todas las cosas a Cristo.

  Ahora debemos preguntarnos lo siguiente: ¿Sostiene el cuerpo a la cabeza o la cabeza al cuerpo? La respuesta es que la cabeza sostiene al cuerpo. Esto lo comprueba el hecho de que si se decapita a una persona, el cuerpo se desploma. Por consiguiente, el cuerpo es sostenido por la cabeza. Del mismo modo, la vida de iglesia es una vida en la que nos sometemos a la Cabeza. Si de verdad queremos tener una iglesia gloriosa, debemos estar dispuestos a someternos. En todo lo que nos rodea, en la escuela, en el trabajo y en el gobierno, no vemos otra cosa que un desplome; nada está en orden. En cambio, en la vida de iglesia adecuada estamos en el proceso de ser sometidos a la Cabeza, lo cual sirve de preludio para que Dios someta todas las cosas. Bajo Cristo y mediante la iglesia, Dios someterá todas las cosas del universo. En esto consiste el misterio de la voluntad de Dios. Finalmente, el misterio de la voluntad de Dios en el universo es hacer que en Cristo todas las cosas sean reunidas bajo una cabeza.

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