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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 73

TRES ELEMENTOS QUE DAÑAN A LA IGLESIA

  Lectura bíblica: Ef. 1:5-7, 13, 17, 22-23; 2:4-5, 15, 18, 22; 3:8, 16-17, 19, 21; 4:4-6, 15; 5:18, 26-27; 6:11, 18

  En este mensaje consideraremos en qué manera se degradó la iglesia. Pero antes de hacerlo, veamos primero algunos versículos claves en cada capítulo de Efesios.

LA META FINAL DE DIOS

  En 1:5 Pablo dice que Dios nos predestinó para filiación, es decir, nos predestinó para que fuésemos Sus hijos. Por creación, Dios es nuestro Creador, no nuestro Padre. Ninguno de nosotros nació de El cuando nos creó. El hecho de que Dios nos haya predestinado o marcado de antemano para que fuésemos Sus hijos significa que fuimos predestinados para que naciéramos de El. Esto implica que Dios tiene que entrar en nosotros y que nosotros debemos recibir Su vida y tener una relación de vida con El. Por tanto, ser predestinados para filiación significa ser predestinados para nacer de Dios a fin de que El sea nuestro Padre y nosotros seamos Sus hijos.

  En 1:6 y 7 vemos que Dios nos agració en el Amado y nos redimió en El. Habiendo llegado a ser el objeto de la gracia de Dios, hemos sido favorecidos en Cristo, y tenemos redención por medio de la sangre de Cristo.

  Efesios 1:13 dice que fuimos sellados con el Espíritu Santo de la promesa. El día que creímos en el Señor Jesús, Dios nos selló con el Espíritu, el cual es El mismo.

  En 1:17 Pablo habla de la necesidad de recibir un espíritu de sabiduría y de revelación. El espíritu al cual se refiere aquí es nuestro espíritu regenerado, en el cual mora el Espíritu de Dios.

  La conclusión del primer capítulo de Efesios tiene que ver con la iglesia, la cual es el Cuerpo de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo (vs. 22-23).

  Al unir estos versículos tenemos una nueva perspectiva de Efesios 1. Nosotros fuimos predestinados, sellados y recibimos un espíritu de sabiduría y de revelación, para que conociéramos el Cuerpo. La elección, la predestinación, la redención y el sello no son un fin en sí mismos; todo esto se cumplió con miras al Cuerpo. Fuimos escogidos, predestinados, favorecidos, agraciados, redimidos y sellados para ser parte del Cuerpo. Además, con miras al Cuerpo se nos dio un espíritu de sabiduría y de revelación. En Efesios 1, el Cuerpo es la meta final de Dios.

  En el pasado muchos de nosotros escuchamos sermones acerca de la predestinación y la redención. También hemos oído temas en cuanto a ser agraciados y ser sellados con el Espíritu. Pero, ¿había escuchado usted alguna vez que la meta por la cual Dios nos escogió, predestinó, favoreció, redimió y selló es el Cuerpo?

LA MORADA DE DIOS

  En 2:4 y 5 vemos que aun cuando estábamos muertos en delitos, Dios nos dio vida juntamente con Cristo. No sólo éramos pecaminosos, sino que también estábamos muertos. Pero Dios vino y nos vivificó. Si El sólo nos hubiera redimido y perdonado, sin darnos vida, Dios habría obtenido muchas personas redimidas, pero muertas. ¡Alabado sea el Señor que además de redimirnos, El también nos dio vida!

  Dios también creó de nosotros un solo y nuevo hombre (2:15). Además, se nos dio acceso al Padre en el Espíritu (v. 18). Finalmente, estamos siendo edificados para morada de Dios en nuestro espíritu (v. 22). Así como el capítulo uno concluye con el Cuerpo, el capítulo dos concluye hablando de la edificación de la morada de Dios. Esto significa que no hemos sido vivificados sólo por ser vivificados, sino con el objetivo de que se edifique la morada de Dios. En otras palabras, Dios nos vivificó por causa de la iglesia. Lo que Dios dice al final tanto del capítulo uno como del capítulo dos, tiene que ver con la iglesia. Al final del capítulo uno tenemos la iglesia como Cuerpo de Cristo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. Al final del capítulo dos tenemos la iglesia como morada de Dios en nuestro espíritu.

EL OBJETIVO NO ES LA ESPIRITUALIDAD INDIVIDUAL, SINO LA IGLESIA

  En 3:8 Pablo dice que él anunciaba el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo. El no predicaba doctrina, ni siquiera la doctrina de las riquezas de Cristo; lo que él predicaba era las riquezas de Cristo en sí. Además, en este capítulo Pablo oró para que fuéramos fortalecidos en nuestro hombre interior por el Espíritu, para que Cristo hiciera Su hogar en nuestros corazones (vs. 16-17). La meta de este fortalecimiento y de que Dios more en nosotros es que seamos llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios (v. 19). El resultado de esto es que sea dada gloria a Dios en la iglesia (v. 21). Por lo tanto, el capítulo tres, al igual que los capítulos anteriores, concluye hablando de la iglesia. Esto quiere decir que el objetivo de que se anuncien las inescrutables riquezas de Cristo, de que seamos fortalecidos en nuestro hombre interior, de que Cristo haga Su hogar en nuestros corazones, y de que seamos llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios no es nuestra espiritualidad individual, sino la iglesia.

CRECER POR CAUSA DEL CUERPO

  En 4:4-6 vemos al Dios Triuno (el Padre, el Hijo y el Espíritu) y el Cuerpo. Según 4:15, necesitamos crecer hasta la medida de Cristo en todas las cosas; y la meta de este crecimiento es el Cuerpo, la iglesia.

LLENOS Y LAVADOS POR AMOR A LA IGLESIA

  En 5:18 Pablo nos exhorta a ser llenos en el espíritu. Esto está relacionado con el hecho de ser llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Al llenarnos de esta manera obtenemos el agua que está en la Palabra; mediante esta agua son quitadas nuestras manchas y arrugas (vs. 26-27). El resultado de este lavamiento es que somos santificados de forma corporativa. La santificación no es algo que experimentamos de forma individual, sino corporativamente; es algo que tiene que ver con el Cuerpo. Además, en este capítulo vemos que Cristo sustenta y cuida con ternura al Cuerpo (v. 29).

VESTIRNOS DE TODA LA ARMADURA PARA SER EL GUERRERO DE DIOS

  Finalmente, en el capítulo seis Pablo nos manda a vestirnos de toda la armadura de Dios (v. 11). Debemos recibir la espada del Espíritu, el cual es la Palabra de Dios, con toda oración y petición orando en todo tiempo en el espíritu (v. 18). Esto tiene como fin que la iglesia sea el guerrero de Dios.

TENER LA VISION DE LA IGLESIA

  Al considerar todos estos versículos, vemos que en la iglesia verdadera no hay religión, tradición, reglas, formas, ni ritos; lo único que encontramos en ella es al Dios Triuno, quien como Espíritu todo-inclusivo, opera en nuestro espíritu para producir el Cuerpo, el nuevo hombre. Espero que todos leamos-oremos estos versículos hasta que recibamos la visión de la iglesia. Entonces comprenderemos que Dios nos predestinó para esto mismo; que nos dio vida para hacernos Su morada, y que el objetivo por el que disfrutamos las riquezas de Cristo es que seamos la iglesia. La iglesia es el producto de la mezcla del Dios Triuno con la humanidad redimida. La vida de iglesia es la mezcla corporativa del Espíritu divino y el espíritu humano. Si Cristo es una realidad para nosotros, las ordenanzas o formas desaparecen; y en lugar de ello, experimentamos al Cristo vivo en nuestro espíritu.

EL JUDAISMO: UN FACTOR DE DEGRADACION

  Al estudiar la historia de la iglesia, vemos cómo la iglesia se degradó. En primer lugar, Satanás se valió del judaísmo, una religión fundada y formada conforme al oráculo de Dios, para corromper a la iglesia. Astutamente causó que el judaísmo se infiltrara en la iglesia. Como ya vimos, la iglesia es una entidad producida por la mezcla del Espíritu Santo con el espíritu humano. En esta entidad no hay lugar para las reglamentaciones, la organización, las formas ni las doctrinas. En ella sólo hay cabida para el Dios Triuno, quien, como Espíritu todo-inclusivo, se mezcla con nuestro espíritu de manera corporativa. Así era la iglesia en el día de Pentecostés. En aquel tiempo no existían los llamados cultos de servicio ni los métodos de adoración. Los santos no estaban absortos en el conocimiento doctrinal, ni se regían por ningún tipo de organización. En el día de Pentecostés, no estaba presente la religión, sólo un grupo de personas que vivían en el espíritu mezclado y que experimentaban la vida genuina de iglesia.

  No obstante, más tarde se infiltró el judaísmo con sus formas y ordenanzas, particularmente las ordenanzas en cuanto a la circuncisión, el sábado y las comidas. Pablo escribió el libro de Gálatas con el propósito de reparar el daño que había provocado el judaísmo, la religión.

EL CONOCIMIENTO: UNA FUENTE DE CORRUPCION

  En segundo lugar, Satanás dañó a la iglesia usando la filosofía, particularmente una mezcla de diversas filosofías llamada gnosticismo. En algunas formas de gnosticismo se hallan elementos del judaísmo y del cristianismo. En esencia, Satanás usó el conocimiento y el ejercicio de la mente natural para corromper a la iglesia. La epístola a los colosenses se escribió para combatir estas cosas, así como Gálatas se escribió para hacerle frente a la religión. La sutileza del enemigo se ve en el hecho de que procura que la iglesia se vuelva del espíritu mezclado a la mente natural, o sea, procura que los santos se vuelvan del árbol de la vida al árbol del conocimiento. Al principio, los que estaban en la vida de iglesia se alimentaban del árbol de la vida. Luego Satanás intervino y los desvió del árbol de la vida al árbol del conocimiento. William Law, un contemporáneo de Juan Wesley, vio esto, y en un libro titulado El poder del Espíritu se cita algo que él expresó:

  ...Poner la confianza en la sabiduría de los hombres y en la letra de las Escrituras ha ocasionado que la iglesia cayera de su estado inicial del evangelio, prácticamente de la misma manera en que Adán cayó al comer del árbol del conocimiento. Podría decirse que los maestros de la Biblia y los líderes religiosos, quienes han obtenido posiciones eclesiásticas por sus logros intelectuales y su elocuencia, se destacan entre hombres inferiores de la misma manera en que la serpiente, por ser más sutil, se destacaba entre las demás bestias del campo.

  Además, al hablar en cuanto a los que dejan el árbol de la vida por el árbol del conocimiento, Law declara:

  En la iglesia apostólica la sabiduría de palabras así como la amistad con el mundo, la cual es enemistad con Dios, fueron igualmente desechadas. En aquella iglesia recién nacida, el árbol de la vida, que crecía en medio del Paraíso, se arraigó y creció nuevamente, esparciendo gloria y virtud a medida que los hombres se alimentaban de él. En la iglesia actual se menosprecia el árbol de la vida y se considera como alimento quimérico de extremistas; mientras que el árbol de la muerte, llamado el árbol del conocimiento, ha capturado la atención y el interés de los sacerdotes y del pueblo, quienes creen que la medida del bien que hace para los cristianos es comparable con la medida del mal que le causó a los primeros moradores del paraíso.

  Al final de Génesis 3, el camino al árbol de la vida quedó cerrado para el hombre caído. Pero por medio de la redención efectuada por Cristo, la iglesia fue llevada de nuevo al árbol de la vida. Sin embargo, Satanás intervino y desvió a la iglesia, volviéndola del árbol de la vida y dirigiéndola al árbol del conocimiento.

DISPUTAS SOBRE LA PERSONA DE CRISTO

  El cambio al árbol del conocimiento pronto se hizo manifiesto en las controversias que se suscitaron con respecto a la cristología, tan comunes en los primeros siglos de la historia de la iglesia. Estos debates y disputas giraban en torno a la persona de Cristo. Este debate surgió principalmente a raíz de la amenaza que representaba el gnosticismo, el cual enseñaba herejía acerca de la persona de Cristo, diciendo que El en realidad no era Dios encarnado como hombre. Muchos buenos instructores cristianos se levantaron para refutar esa herejía gnóstica. Sin embargo, el resultado de ello fue que surgieron diversas opiniones y debates con respecto a Cristo. Algunos decían que Cristo sólo era Dios y que no era hombre; mientras que otros afirmaban que El era solamente un hombre y no Dios. Otros enseñaban que Cristo tenía la naturaleza humana, pero que esta naturaleza no era real o completa. Algunos de los que sostenían esta perspectiva decían que Cristo tenía alma y cuerpo, mas no espíritu. Unos incluso enseñaban que Cristo era un hombre que llegó a ser Dios. Otros afirmaban que Cristo no sólo tenía dos naturalezas, sino también dos personas. Según otra perspectiva, las naturalezas de Cristo se mezclaban al grado de producir una tercera naturaleza. Todas estas diferentes opiniones generaron un sinnúmero de discusiones entre los primeros padres de la iglesia. Fue en gran parte debido a estos debates que se dividió la iglesia. Esto muestra cómo el enemigo, en su sutileza, hizo que los santos dejaran el espíritu y empezaran a ejercitar su mente natural, con el fin de analizar la doctrina y sistematizarla.

  Debemos aprender de todo esto a simplemente tomar la Palabra pura de Dios y no hacer ningún intento por sistematizarla. Debemos creer todo lo que la Biblia afirma, y decir amén a ello. Por ejemplo, Juan 1:1 dice: “En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios”. Este versículo enseña que el Verbo estaba con Dios; también dice que el Verbo era Dios. Decimos amén a ambas afirmaciones. El Nuevo Testamento revela también que Cristo es el Hijo de Dios y también el Hijo del hombre. Creemos en estos dos hechos y decimos amén.

DISFRUTAR EN LUGAR DE DISPUTAR

  ¡Cuán insensato es atreverse a analizar a Cristo! No podemos analizarnos ni a nosotros mismos, mucho menos podremos analizar al Señor Jesucristo. Si entendiéramos cabalmente quién es Cristo, El no sería Cristo. Simplemente no podemos comprender cabalmente quién es Cristo ni qué es El. En lugar de disputar acerca de la persona de Cristo, recibamos sencillamente todo lo que las Escrituras revelan acerca de El. Para nosotros, ya terminó la era de la disputa; lo único que nos interesa es disfrutar al Cristo maravilloso.

  El cristianismo actual está absorto en las doctrinas, pero no disfruta al Cristo todo-inclusivo. Casi todas las sectas o denominaciones fueron establecidas sobre la base de cierta doctrina. Por ejemplo, la denominación bautista se estableció sobre la doctrina del bautismo por inmersión. Ciertos grupos bautistas van hasta el extremo de exigir que la gente se bautice en su bautisterio, y no le dan validez a ningún otro bautismo. Por consiguiente, la denominación bautista es una división provocada por la adhesión a la enseñanza acerca del bautismo. Con esto vemos que hasta el día de hoy a la iglesia la sigue corrompiendo y dañando el conocimiento. Los que defienden ciertas doctrinas, por lo general no les interesa el Cuerpo de Cristo.

GUARDAR LA UNIDAD

  Ya que Satanás ha usado la religión y el conocimiento para dañar a la iglesia, nosotros en el recobro del Señor debemos testificar firmemente que no nos interesa ni la religión, ni el conocimiento. Satanás es sutil. Primero, usó el árbol del conocimiento para corromper la vieja creación; luego usó el mismo árbol para corromper a la iglesia, la nueva creación de Dios. Hoy él opera de la misma manera. Por tanto, no debemos tomar la senda del conocimiento, ni siquiera el conocimiento bíblico según la letra. Si dejamos el árbol de la vida y nos volvemos al conocimiento doctrinal, perderemos la unidad.

  Para muchas personas que han visitado a la iglesia en Los Angeles nuestra unidad dejó en ellos una profunda impresión. Este ha sido el aspecto más convincente de la vida de iglesia. La razón por la cual hay unidad entre nosotros es que condenamos el árbol del conocimiento y no le damos ninguna importancia. Desde el comienzo, desde que se estableció la vida de iglesia en esta localidad, no tuvimos nada que ver con el árbol del conocimiento. A esto se debe que hayamos sido guardados y preservados en unidad.

LA ORGANIZACION: UN FACTOR QUE DAÑA

  La organización es el tercer elemento que ha dañado y corrompido a la iglesia a lo largo de su historia. Este elemento, que daña y corrompe, comenzó a aparecer en el segundo siglo, principalmente por la influencia de un líder espiritual llamado Ignacio, quien enseñaba que los obispos eran distintos de los ancianos. Según las Escrituras, sin embargo, los términos griegos traducidos “anciano” y “obispo” se refieren a la misma persona. La palabra traducida “anciano” hace referencia a la persona, mientras que el término traducido “obispo”, o “el que vigila”, se refiere a su función. Según el Nuevo Testamento, los ancianos vigilan los diferentes aspectos de la vida de iglesia. La enseñanza que asevera que los obispos están por encima de los ancianos fue el preludio del desarrollo de la estructura jerárquica, o sea, de la elaborada organización que consta de obispos, arzobispos, cardenales y el papa. El resultado de todo esto fue que el Espíritu Santo quedó desplazado en la llamada iglesia. Ahora, para sustentar la organización, se necesitan reglamentaciones, formas y liturgias. A esto se debe el que estas cosas sean prevalecientes en la llamada iglesia.

  La religión, el conocimiento y la organización ciertamente han dañado a la iglesia. Hoy aun los cristianos nominales tienen alguna forma de religión, aunque no tengan ninguna experiencia del Cristo vivo. Más aún, casi todos los cristianos, sean creyentes sinceros o falsos maestros, poseen cierto conocimiento doctrinal. Además, en el cristianismo actual abunda la organización. Pero muy pocos cristianos conocen al Espíritu vivificante o la realidad del Cuerpo de Cristo. Al parecer el léxico que usa la mayoría de cristianos no incluye estos términos; lo único que incluye son términos relacionados con la religión, el conocimiento, la organización, las reglamentaciones, las formas y los ritos.

  ¡Alabado sea el Señor que hemos escapado de todo eso! Si entendemos claramente cuáles son los factores que han dañado y corrompido a la iglesia, seremos guardados de tomar el viejo camino del cristianismo. No daremos lugar a la religión, al árbol del conocimiento ni a la organización.

EL ESPIRITU SEPTUPLE

  En la vida de iglesia dentro del recobro del Señor no nos interesa la organización, la cual hace un marcado énfasis en posiciones o rangos. No es incorrecto hablar de ancianos y diáconos; no obstante, en el libro de Apocalipsis no se mencionan estos términos. Este libro habla más bien de los siete Espíritus, del Espíritu siete veces intensificado, que trata el problema de la iglesia caída y degradada. Nosotros no somos partidarios de doctrinas, ritos ni rangos, sino del Espíritu siete veces intensificado. Todo lo que no sea este Espíritu todo-inclusivo es estiércol (Fil. 3:8).

  Recientemente tuve una comunión con el Señor en la que me sentí sumergido en el Espíritu. Interiormente estaba lleno del Espíritu, y exteriormente estaba revestido de El. La vida de iglesia consiste en que experimentemos al Espíritu mezclado de manera corporativa; no tiene nada que ver con la religión, la doctrina ni la organización con sus títulos, rangos y posiciones. Como dijo Pablo en Filipenses 3, estimamos como estiércol todo lo que no sea Cristo, quien es el Espíritu vivificante todo-inclusivo.

DESPRENDIDOS Y LIBERADOS

  Delante del Señor, sé cuál es mi carga hoy. No tengo ningún interés en impartir enseñanzas a los santos; mi carga es que todos quedemos inservibles para todo lo que no sea Cristo y la iglesia, y que nos desprendamos de los elementos viejos del cristianismo. En el recobro del Señor, debemos volver al principio, donde se comía del árbol de la vida. En el principio sólo estaba la Palabra con la cual alimentarnos; no había religión, ni árbol de conocimiento, ni organización. ¡Cuánto necesitamos desprendernos de los tres factores diabólicos que corrompen y dañan a la iglesia! Por la misericordia del Señor, muchos ya nos desprendidos de todo eso, y otros van desprendiéndose reunión tras reunión. Al relacionarme con los santos me di cuenta de que muchos se han liberado plenamente de la religión, del conocimiento y de la organización. Puesto que nos hemos desprendido y liberado de esos elementos, podemos ser vivientes y fervientes por Cristo y la iglesia adondequiera que vayamos. Habiéndonos desprendido de todos esos obstáculos, ahora somos uno, y el amor fraternal ha dejado de ser una doctrina y se ha convertido en una realidad.

  A veces nos preguntan si hablamos en lenguas y si ejercitamos los dones del Espíritu. Lo que podemos testificar es que estamos llenos, saturados y poseídos del Espíritu. En esta experiencia del Espíritu experimentamos la vida de iglesia.

LA VIDA DE IGLESIA SE EXPERIMENTA EN EL ESPIRITU TODO-INCLUSIVO

  Ojalá que quede en nosotros la profunda impresión de que la vida de iglesia no tiene nada que ver con la religión, el conocimiento ni la organización. En la iglesia no hay lugar para reglamentaciones, formas ni rituales. No nos interesa ni siquiera el conocimiento bíblico según la letra. Para nosotros, cada palabra de la Biblia debe ser espíritu y vida (Jn. 6:63). Entonces la iglesia será viviente y será preservada en unidad. Nuestra unidad es el Espíritu vivificante. Todo lo que necesitamos para la vida de iglesia se halla en el Espíritu todo-inclusivo. Al acudir a la Palabra santa, debemos ejercitar nuestro espíritu y orar. Entonces, en nuestra experiencia, la Palabra se convertirá en el Espíritu, y llevaremos una vida de iglesia auténtica y adecuada. Mientras tengamos la vida de iglesia, lo tenemos todo: la salvación, la redención, la santificación, una vida que lo vence todo, el arrebatamiento y el reino. En la vida de iglesia, todo lo que existe en el tiempo y en la eternidad es nuestro.

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