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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 72

LA OBRA QUE DIOS REALIZO CON RESPECTO A LA IGLESIA

  Lectura bíblica: Ef. 1:4-5, 7, 13-14, 17-18; 2:4-6, 8, 10, 13, 16; 3:16-17, 19; 4:4, 7, 12-13, 15-16, 23; 5:26, 29; 6:11-13

  En este mensaje estudiaremos más de treinta aspectos relacionados con la obra que Dios realizó con respecto a la iglesia. En su mayoría, estos aspectos son expresados como verbos en varios versículos a lo largo del libro de Efesios.

NOS ESCOGIO

  En 1:4 Pablo dice: “Según nos escogió en El antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de El en amor”. Dios nos escogió en la eternidad pasada, cuando concebía Su plan de tener la iglesia. El hecho de que fuéramos escogidos en la eternidad significa que nuestra salvación comenzó antes de la fundación del mundo y antes de que existiera el tiempo. La palabra “escogidos” da a entender que algunos fueron elegidos y otros no. ¡Alabado sea el Señor porque nosotros estamos entre los elegidos! Si nos volvemos a nuestro espíritu y tenemos contacto con el Señor respecto a este asunto, nos daremos cuenta de que así como Dios es eterno, el hecho de que El nos escogió también está relacionado con la eternidad.

NOS PREDESTINO

  Efesios 1:5 dice que fuimos predestinados para filiación. La palabra griega traducida “predestinándonos” quiere decir que fuimos marcados de antemano. Dios, en la eternidad pasada y mediante Su presciencia, nos marcó a nosotros de entre un sinnúmero de personas. Debido a que fuimos marcados desde antes de la creación del universo, no podemos escaparnos de Dios. Quizás nosotros pensemos abandonarlo a El, pero El nunca nos abandonará. Lo que Dios hace con nosotros no lo iniciamos nosotros en el tiempo; El lo inició en la eternidad.

NOS AMO

  Dios, después de escogernos y predestinarnos, nos creó en Adán. Pero nosotros los hombres que El creó, caímos. Con todo, Dios nos siguió amando. En 2:4 Pablo habla del gran amor con el cual Dios nos amó. El nos amó aun cuando estábamos muertos en delitos y pecados, cuando seguíamos la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire (2:1-2). En 5:25 Pablo declara que Cristo amó a la iglesia y se dio a Sí mismo por ella. Por consiguiente, no sólo somos los escogidos y predestinados, sino también los amados.

  La Biblia subraya el amor que Dios nos tiene especialmente después de que caímos; Efesios 2 confirma este hecho. Aun después de que nos convertimos en hijos de desobediencia, Dios nos siguió amando. Nuestra caída le dio la oportunidad de mostrarnos Su amor.

NOS LLAMO

  En 4:4 Pablo dice que fuimos llamados en una misma esperanza de nuestra vocación. Muchos de nosotros sabemos el momento y el lugar exacto en que fuimos llamados. Todavía recuerdo aquella tarde en que Dios me llamó. Dios vino a mí, concediéndome Su amorosa visita, y me llamó. Desde ese momento fui capturado por el Señor. Los que hemos sido capturados, no podemos alejarnos de El; aunque lo intentemos, sencillamente no podemos. Si nos apartamos temporalmente, con el tiempo El nos hará volver. El hecho de que no podamos alejarnos del Señor prueba que fuimos llamados por El.

NOS REDIMIO

  En 1:7 Pablo habla de la redención, diciendo: “En quien tenemos redención por Su sangre, el perdón de los delitos según las riquezas de Su gracia”. La redención es parte de la obra que Dios realiza por la iglesia.

NOS RECONCILIO

  Dios también nos reconcilió consigo mismo (2:16). Necesitábamos ser reconciliados porque éramos enemigos de Dios y nos habíamos rebelado en contra de El. Había enemistad entre nosotros y Dios, pero mediante la muerte del Señor en la cruz, fuimos salvos de nuestra condición caída y fuimos reconciliados con Dios. ¡Alabado sea el Señor porque no hay nada que nos separe de El! Posiblemente todavía seamos débiles, pero estamos reconciliados. Cuando tenemos comunión con el Señor, nos sentimos contentos; pero cuando perdemos contacto con El, nos sentimos tristes. No obstante, sin importar cómo nos sintamos, fuimos reconciliados con El.

NOS SALVO

  En 2:8 Pablo nos dice: “Por gracia habéis sido salvos por medio de la fe”. Antes de ser salvos, disfrutábamos ciertos entretenimientos mundanos, pero después de recibir la salvación, nuestros gustos cambiaron espontáneamente. Si volviéramos a participar de las cosas que nos gustaban antes de ser salvos, nos parecerían muy diferentes. ¡Qué tremenda diferencia hace la salvación de Dios!

NOS AGRACIO

  Pablo, usando la forma verbal de la palabra griega que significa gracia, declara en 1:6 que Dios “nos agració en el Amado”. Dios nos puso en una posición de gracia para que seamos objetos de Su gracia y Su favor, a fin de que disfrutemos de todo lo que Dios es para nosotros. Algunas versiones dicen que Dios nos favoreció. El nos agració, nos favoreció, en el Amado.

NOS DIO VIDA

  En 2:5 vemos que Dios nos dio vida juntamente con Cristo. Por ser enemigos de Dios, necesitábamos ser reconciliados con El; por estar perdidos, necesitábamos ser salvos; y por estar muertos en delitos y pecados, necesitábamos que El nos diera vida. Cuando invocamos el nombre del Señor Jesús, recibimos al Espíritu de vida, lo cual nos vivificó. Cuando Cristo entró en nosotros, El tenía consigo la vida divina. De esta manera, nos vivificó. Al ser la vida dentro de nuestro ser, nos vivifica. La vida con la cual somos vivificados incluye la ley de vida, el sentir de vida, la comunión de vida y todos los demás aspectos relacionados con la experiencia de vida.

NOS RESUCITO

  En 2:6 vemos que fuimos resucitados juntamente con Cristo. No solamente estábamos muertos, sino también sepultados. Por lo tanto, Dios no sólo nos vivificó, sino que también nos resucitó de entre los muertos. ¡Alabado sea el Señor porque nos levantó de la sepultura!

NOS SENTO

  En 2:6 vemos que Dios también “nos hizo sentar en los lugares celestiales en Cristo Jesús”. Muchos cristianos esperan ir al cielo, pero de hecho ya estamos en el cielo. En Cristo, Dios nos hizo sentar a todos en los lugares celestiales de una vez y para siempre. Esto se llevó a cabo cuando Cristo ascendió a los cielos, y es el Espíritu de Cristo quien nos lo aplica. Hoy experimentamos esta realidad en nuestro espíritu, por la fe en el hecho cumplido. Si genuinamente ejercitamos nuestro espíritu, sentiremos que estamos sentados en los lugares celestiales y desde ahí veremos lo que ocurre en la tierra. Pero si en lugar de ejercitar nuestro espíritu ejercitamos nuestros razonamientos naturales, sentiremos que estamos en la tierra. Con todo, según la revelación de las Escrituras, estamos sentados con Cristo en los lugares celestiales.

NOS COMPRO

  En 1:14 Pablo habla de la redención de la posesión adquirida. El Nuevo Testamento revela que Dios nos compró a un gran precio: la sangre preciosa de Cristo. El tuvo que pagar ese elevado precio para adquirirnos.

NOS SELLO

  Efesios 1:13 dice que fuimos “sellados con el Espíritu Santo de la promesa”. Este versículo indica que Dios nos selló; El nos puso Su sello. Este sello es el propio Espíritu Santo. Después de comprarnos con la sangre de Cristo, Dios nos selló. Puesto que fuimos sellados, llevamos una marca, la imagen de Dios. Aunque tal vez caigamos y nos contaminemos, nada puede quitar de nosotros este sello, esta marca.

NOS HIZO SU POSESION

  En 1:14 Pablo dice que hemos llegado a ser la posesión de Dios, la posesión adquirida. Siempre debemos tener presente que le pertenecemos a El.

NOS DIO UNA GARANTIA

  Por un parte, le pertenecemos a Dios, y por otra, El nos pertenece a nosotros. Puesto que le pertenecemos, somos sellados y poseídos por El; y ya que El es nuestro, hemos recibido la garantía de que El es nuestra porción, nuestra herencia. Nuestra herencia no tiene nada que ver con cosas materiales; es el propio Dios, y tenemos al Espíritu Santo como la garantía, las arras, el pago inicial, el depósito, el anticipo y la muestra, de nuestra herencia.

NOS CREO

  En Efesios 2:10 dice: “Porque somos Su obra maestra, creados en Cristo Jesús para buenas obras”. Este versículo no habla de la primera creación, sino de la segunda, la creación del nuevo hombre. Todos nosotros fuimos creados como la obra maestra de Dios, el poema de Dios. La palabra griega traducida “obra maestra” significa aquello que ha sido hecho, una obra de artesanía, o algo que ha sido escrito o compuesto como poema. La iglesia es un poema escrito por Dios. En el universo no hay nada más significativo que la iglesia. La iglesia, el nuevo hombre corporativo, es la obra maestra de Dios.

  En Efesios se usa tres veces la palabra creada con relación a la iglesia. Además de 2:10, se usa en 2:15, que dice que Cristo abolió la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas para crear un solo y nuevo hombre. En 4:24 se nos dice que el nuevo hombre fue creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Desde el punto de vista humano, en la iglesia hay muchas deficiencias y fallas, pero desde la perspectiva de Dios en la eternidad, la iglesia es un producto terminado, algo que Dios ya realizó. Dios está satisfecho y puede gloriarse ante Su enemigo, diciéndole: “Satanás, por mucho que te esfuerces, Yo ya terminé Mi obra, ya produje un solo y nuevo hombre”. A los ojos de Dios, la iglesia ya está edificada.

NOS HIZO CERCANOS

  Efesios 2:13 dice: “Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo”. En otro tiempo estábamos lejos de Dios y distanciados los unos de otros, pero en Cristo Jesús, Dios nos hizo cercanos. Antes de ser salvos y de ser hechos cercanos, no podíamos decir que éramos hermanos o hermanas. Pero ahora tenemos el profundo sentir de que en Cristo estamos más cerca los unos de los otros que de nuestros hermanos y hermanas en la carne.

NOS ALUMBRA

  Ahora examinaremos ciertos asuntos que desde la perspectiva de Dios ya se cumplieron, pero que desde el punto de vista de nuestra experiencia todavía están en el proceso de cumplirse. El primero de éstos es ser alumbrados. En 1:18 Pablo habla de que los ojos de nuestro corazón deben ser alumbrados, y en 5:14, que Cristo nos alumbra. En cierto sentido, Dios ya nos alumbró, pero en otro sentido, todavía nos hace falta iluminación. Es posible que haya ciertas cosas que cubren nuestro entendimiento; por lo cual necesitamos tornarnos a la luz a fin de que ésta resplandezca sobre nosotros.

  Si deseamos ser alumbrados, tenemos que volvernos al espíritu. Según 1:17 y 18, la iluminación está ligada al espíritu de sabiduría y de revelación, el cual nos conduce al pleno conocimiento de Dios. Si permanecemos en nuestra mente natural, estaremos en tinieblas; pero si nos tornamos a nuestro espíritu regenerado, seremos alumbrados.

  Me preocupan las personas que no abren su ser en las reuniones. Cerrarse de esta manera es estar en tinieblas. Debemos abrirnos diciendo algo de parte del Señor en las reuniones. Cuando nos volvemos de nuestros razonamientos a nuestro espíritu, somos iluminados. Nosotros nos levantamos, y Cristo nos alumbra. Cuando nos ponemos de pie y expresamos algo, la luz resplandece sobre nosotros y somos iluminados. Cuanto más seamos iluminados, más experimentaremos la obra que Dios realizó con respecto a nosotros.

NOS FORTALECE

  En el capítulo tres Pablo oró para que nuestro hombre interior, nuestro espíritu regenerado, en el cual mora el Espíritu Santo, fuera fortalecido con poder (v. 16). Cuando somos alumbrados, nos damos cuenta de que nuestro hombre interior necesita ser fortalecido.

MORA EN NOSOTROS

  Nuestro hombre interior necesita ser fortalecido para que Cristo haga Su hogar en nuestros corazones (3:17). Que Cristo haga Su hogar en nosotros significa que El mora en nosotros. Cristo, Aquel que es viviente, desea morar en nosotros, desea llenar consigo mismo cada parte de nuestro ser. Cada parte de nuestro ser interior debe ser un hogar para Cristo de tal manera que El nos ocupe plenamente.

SOMOS ARRAIGADOS Y CIMENTADOS

  Cuando Cristo haga Su hogar en nosotros, disfrutaremos a El como el amor que no tiene límite. En las palabras de 3:17, seremos “arraigados y cimentados en amor”. Somos arraigados en Cristo con el fin de crecer, y somos cimentados en El con el fin de ser edificados.

SOMOS LLENOS

  Cuando somos fortalecidos en nuestro hombre interior, cuando Cristo hace Su hogar en nuestros corazones, y cuando somos arraigados y cimentados en amor, somos llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios (3:19). Es en nuestro espíritu que somos llenos hasta la medida de toda la plenitud del Dios Triuno y que llegamos a ser Su expresión.

SOMOS DOTADOS

  En 4:7 Pablo dice: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”. Puesto que cada miembro ha recibido gracia, cada miembro es un don para el Cuerpo de Cristo. Por muy insignificantes que seamos, todos somos dotados. No debemos pensar que Pedro, Jacobo, Juan y Pablo eran dotados, pero que nosotros no. Puesto que todos somos dotados, todos debemos funcionar en las reuniones. Muchas veces, lo que expresa un anciano no ayuda tanto como cuando lo dice otro santo. Dios ha efectuado una obra completa a nuestro favor. En vista de dicha obra, todos debemos aprender a cumplir nuestra función. Después de todo lo que hemos abarcado hasta ahora, no tenemos ninguna excusa para no funcionar. ¿Acaso no es verdad que todas estas maravillas se han efectuado por nosotros? Dios nos escogió, nos predestinó, nos amó, nos llamó, nos redimió, nos reconcilió, nos salvó, nos agració, nos vivificó, nos resucitó, nos sentó, nos compró, nos selló, nos poseyó, nos dio una garantía, nos creó, nos hizo cercanos, nos alumbró, nos fortalece, mora en nosotros, nos arraigó, nos cimentó y nos llena. ¿Será posible tener todo esto y no ser dotado? Por supuesto que no. ¡Alabado sea el Señor porque todos somos dotados!

  Ya mencionamos varias veces que el Señor aborrece las obras de los nicolaítas (Ap. 2:6), o sea, que El detesta el sistema de clérigos y laicos, el cual es una abominación ante El. No obstante, muchos creyentes, debido a la influencia del cristianismo degradado, aún no funcionan en las reuniones. Si queremos deshacernos de esta influencia, todos debemos aprender a ejercer nuestra función.

SOMOS PERFECCIONADOS

  En 4:12 Pablo habla del perfeccionamiento de los santos. La palabra griega traducida “perfeccionar” también puede traducirse equipar. Como personas dotadas, nos perfeccionamos y nos equipamos mutuamente con nuestros dones. Tal vez algunos argumenten que sólo los apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros pueden perfeccionar a los santos. Sin embargo, el versículo 16 alude a todas las coyunturas del rico suministro y a la operación de cada miembro en su medida. Todos formamos parte del Cuerpo, y si ejercemos nuestra función, ayudaremos a otros a ser perfeccionados. Además, al funcionar, somos los primeros en ser perfeccionados. Cada vez que ministro la Palabra, yo soy el primero en recibir el beneficio de mi ministerio. Todos necesitamos funcionar y así perfeccionar a otros y a nosotros mismos. Si usted siente que ha sido perfeccionado cuando ha funcionado, esto indica que otros también lo han sido. Ojalá que todos nos perfeccionemos unos a otros.

CRECEMOS

  Como resultado de ser perfeccionados, crecemos hasta la medida de Cristo (4:15-16). Nosotros nos perfeccionamos unos a otros ayudándonos mutuamente a crecer en vida. Perfeccionar a los santos significa nutrirlos al darles a comer. Puedo testificar que los santos me han alimentado mucho, y esta alimentación me ha ayudado a crecer.

ESTAMOS BIEN UNIDOS

  Según 4:16 el Cuerpo está bien unido. La meta de esto es la edificación. La medida en que hemos sido unidos a otros depende de nuestro perfeccionamiento y crecimiento. Al ser alimentados, crecemos, y por medio del crecimiento llegamos a estar bien unidos a los santos.

ESTAMOS ENTRELAZADOS

  Además, en 4:16 vemos que estamos entrelazados. Esto está estrechamente relacionado con estar unidos. Sin embargo, ser entrelazado alude más a una adherencia. Es necesario que nos adhiramos unos a otros. Cuando nos unimos y somos entrelazamos, somos edificados. Una vez que hemos sido edificados en la vida de iglesia, será muy difícil irnos de la iglesia. Esto es totalmente distinto a afiliarnos a una denominación. Nosotros no nos afiliamos a la iglesia; más bien, llegamos a ser la iglesia al ser edificados. A los que han sido edificados en la iglesia, nada los puede expulsar ni apartar de la iglesia.

SOMOS RENOVADOS

  Efesios 4:23 habla de ser renovados en el espíritu de nuestra mente. Todos necesitamos ser renovados. Es imprescindible que el viejo elemento sea eliminado, y un nuevo elemento sea forjado en nosotros. El viejo elemento, el de Adán, es eliminado y reemplazado por el elemento eterno, el elemento de Cristo.

SOMOS SANTIFICADOS

  Según 5:26, Cristo santifica a la iglesia. Ser santificado significa que la naturaleza divina se forja en la naturaleza humana. Usemos de nuevo el ejemplo del té. Cuando el té se añade al agua, el agua es té-ificada. Según el mismo principio, cuando el elemento divino se agrega a nosotros, somos santificados. Cristo, el “té” celestial, se forja en nosotros. Ser santificado no consiste en vestirse o peinarse de cierto modo. Estos son cambios meramente externos. No estoy a favor del pelo largo ni del pelo corto, sino de un corte de pelo santificado. Cuando el elemento de Dios se forja en nuestro ser, somos verdaderamente santificados.

SOMOS PURIFICADOS

  En 5:26 vemos que Cristo purifica a la iglesia por el lavamiento del agua en la Palabra. Este lavamiento nos purifica de toda arruga, causada por la vejez, y de toda mancha, causada por las heridas. Esta purificación es una purificación metabólica, en la que un nuevo elemento se añade a nosotros y reemplaza al elemento viejo.

CRISTO NOS SUSTENTA Y CUIDA CON TERNURA

  En 5:29 Pablo hace notar que Cristo también sustenta y cuida con ternura a la iglesia. Sustentar es alimentar; y cuidar con ternura es criar con un amor tierno y abrigar con un cuidado tierno. Una madre sustenta a su hijo dándole alimento saludable. Además, lo cuida con ternura al abrazarlo con amor. Cuando Cristo nos cuida con ternura, El nos abraza, nos tranquiliza y nos consuela, así como una madre, con un tierno abrazo, tranquiliza a su hijo.

NOS VESTIMOS DE LA ARMADURA

  Por último, según 6:11 y 13, debemos armarnos, o sea, vestirnos de toda la armadura de Dios, a fin de estar firmes contra las estratagemas del diablo. Ponernos una armadura es prepararnos para la batalla. Cuando nos armamos de toda la armadura de Dios, nos convertimos en el ejército de Dios, que pelea la batalla por causa de Su propósito y Su reino.

  Si queremos llevar una vida de iglesia adecuada, debemos experimentar cada aspecto de la obra de Dios mencionado en este mensaje. Debemos orar sobre cada uno de ellos, orar-leer los versículos que hablan de ellos, hasta que cada aspecto se convierta en nuestra realidad. Que todos ejercitemos nuestro espíritu para aplicar todos los aspectos de la obra que Dios realizó con respecto a la iglesia.

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