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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 89

NOS ALIMENTAMOS, CRECEMOS Y SOMOS EDIFICADOS

  Lectura bíblica: Ef. 4:11-16; Ro. 14:1-3, 5-6; 16:17; 1 Co. 5:9-11; Tit. 3:10, 2 Jn. 1:7, 9-11

  Dios creó la humanidad con miras al cumplimiento de Su propósito eterno. Pero, a causa de la caída, la humanidad se dividió y se esparció. Cuando Cristo murió en la cruz para efectuar la redención, El abolió las ordenanzas a fin de que Sus escogidos volvieran a la unidad y a fin de crear en Sí mismo un solo y nuevo hombre. Con todo, el enemigo, Satanás, ha usado las ordenanzas para dividir al nuevo hombre que Cristo creó. Las divisiones, las denominaciones y las sectas del cristianismo tienen su origen en las ordenanzas.

LA CAUSA DE LA DIVISION

  El Señor está recobrando Su iglesia, sacando a Su pueblo de toda división. Salir de la división equivale a salir de las ordenanzas, la fuente de la división. Por lo tanto, para que el Señor recobre la iglesia, Su pueblo tiene que abandonar las ordenanzas, las cuales son la fuente de la división. Si no tenemos una visión clara acerca de las ordenanzas, introduciremos ordenanzas en la vida de iglesia y nos dividiremos como ha ocurrido en la historia del cristianismo. No quisiéramos que la historia del cristianismo se repitiera entre nosotros en el recobro del Señor.

  Hay hermanos muy queridos que aman el recobro del Señor, pero que no tienen el debido entendimiento en cuanto a las ordenanzas. Ellos deben darse cuenta de que si insisten en que se practiquen sus ordenanzas, causarán problemas en la iglesia. Aunque hemos visto la base de unidad de la iglesia, no podemos estar en la vida de iglesia de una manera segura si no comprendemos claramente lo que son las ordenanzas. No es suficiente rechazar la división, también debemos reconocer que las ordenanzas son la fuente de la división.

  A medida que se extienda el recobro del Señor por todo el mundo, vendrán personas de diferentes trasfondos; y puesto que el recobro no es una organización ni está bajo el control humano, se corre el riesgo de que en algunos lugares los santos insistan en tener diferentes prácticas. Si esto llegara a ocurrir, la vida de iglesia sería gravemente dañada por la división. Por consiguiente, los animo a todos a que llevemos este asunto de las ordenanzas al Señor. Pidámosle que nos dé una visión clara de la gravedad que representa el tener ordenanzas en la vida de iglesia. Nadie debe insistir en ninguna práctica. Por causa de la edificación de la iglesia, debemos estar dispuestos a abandonar todas las ordenanzas.

ORDENANZAS Y DOCTRINAS

  Hemos hecho notar que en Efesios, un libro que no trata de la salvación personal sino de la iglesia de manera corporativa, se habla de por lo menos cuatro categorías de cosas que dañan la vida de iglesia, a saber: las ordenanzas, la doctrina, el viejo hombre, y las manchas y arrugas. Después de dar varios mensajes acerca de las ordenanzas, llegamos ahora al tema de la doctrina. Por lo general, las doctrinas se basan en ordenanzas, y las ordenanzas son producidas por las doctrinas. Resulta difícil decir qué viene primero, si las doctrinas o las ordenanzas. Por una parte, las doctrinas producen las ordenanzas, y por otra, las ordenanzas conforman la base de las doctrinas. Con todo, sabemos claramente que estos dos asuntos están estrechamente relacionados y no se les puede separar.

SE NECESITA LA COOPERACION HUMANA

  El capítulo uno de Efesios habla del Cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo. El capítulo dos habla del nuevo hombre y al final habla del edificio de Dios. En el capítulo tres vemos que Dios se imparte a Sí mismo en Sus escogidos con miras a que se produzca el nuevo hombre. Los tres de la Deidad participan en dicha impartición. El Espíritu nos fortalece en nuestro hombre interior, para que Cristo haga Su hogar en nuestros corazones, lo cual da por resultado que somos llenos hasta la medida de toda la plenitud de Dios. En 3:8 Pablo habla de las riquezas de Cristo. Si el nuevo hombre ha de ser edificado como morada de Dios en el espíritu, ciertamente las riquezas de Cristo tienen que ser impartidas a cada parte del nuevo hombre. Para que se efectúe dicha impartición, el hombre interior de todos los que componen el nuevo hombre debe ser fortalecido por el Espíritu. Entonces Cristo, con todas Sus riquezas, podrá hacer Su hogar en nuestros corazones. Finalmente, el nuevo hombre será lleno hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Esto indica que el nuevo hombre será un hombre lleno de Dios, una entidad corporativa que ha sido mezclado con el Dios Triuno.

  Al final del capítulo tres de Efesios vemos a un nuevo hombre lleno hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Sin embargo, éste no es el final del libro; aún falta algo relacionado con la cooperación humana. Aunque Cristo abolió todas las ordenanzas para crear el nuevo hombre, la iglesia como nuevo hombre todavía necesita ser edificada. Cristo no edifica la iglesia directamente; más bien, El usa a los apóstoles, profetas, evangelistas, y pastores y maestros para perfeccionar a los santos con el fin de que ellos edifiquen la iglesia directamente. Cristo, la Cabeza, da ciertos dones a Su Cuerpo para que perfeccionen a los santos. Al ser perfeccionados por el ministerio de dichos dones, los santos edifican la iglesia directamente. Por lo tanto, ni Cristo ni los apóstoles, ni los profetas, ni los evangelistas, ni los pastores y maestros, edifican la iglesia directamente; ella es edificada directamente por los santos perfeccionados. Esto indica que la edificación de la iglesia requiere la cooperación del pueblo de Dios.

  Entre los que leen Efesios, algunos podrían pensar que Pablo debió haber concluido este libro al final del capítulo tres. Ellos consideran que el final de este capítulo representa la cumbre y la conclusión del libro. Ellos sólo ven que Cristo lo ha realizado todo. Sí, Cristo se encarnó, pasó por la vida humana y murió en la cruz para efectuar la redención y eliminar todas las cosas negativas, incluyendo las ordenanzas. Después de Su muerte todo-inclusiva, El descansó en la tumba. Este descanso fue un verdadero sábado. Luego, en el primer día de la semana, El resucitó de entre los muertos y se dio inicio a una nueva era, con una nueva humanidad. Por el lado de Dios, todo está hecho; pero con relación a Su economía, se necesita que el hombre coopere con El. Su economía está basada en el principio de la encarnación, es decir, que Dios se mezcla con el hombre y que ambos trabajan juntos para cumplir la meta de Dios. En Juan 15 el Señor Jesús dijo: “Separados de Mí nada podéis hacer” (v. 5). Sin embargo, también es cierto que separado de nosotros, Cristo no puede hacer nada. Podemos decirle al Señor: “Señor Jesús, te necesito a Ti, y Tú, a mí. No podemos hacer nada sin Ti, ni Tú sin nosotros”. Si le habláramos al Señor de esta manera, El estaría de acuerdo. El hecho de que Cristo se encarnó indica que la economía de Dios tiene el aspecto divino y también el humano.

  Este principio se aplica al libro de Efesios. Los tres primeros capítulos recalcan el aspecto divino. Ellos revelan que Cristo lo cumplió todo y que el nuevo hombre está lleno de las riquezas de Cristo hasta la medida de toda la plenitud de Dios. Luego, en los capítulos del cuatro al seis, vemos el aspecto humano, o sea, al aspecto de nuestra cooperación con el Señor. ¡Aleluya que necesitamos a Dios y que El nos necesita a nosotros! Si no cooperamos con El, causaremos un serio problema. Por consiguiente, es crucial que cumplamos nuestra responsabilidad de cooperar con Dios para que El lleve a cabo Su economía.

MAS QUE ENSEÑANZAS, NECESITAMOS CRECER

  Muchos cristianos piensan que por el lado humano la principal necesidad es la enseñanza. Es cierto que en el capítulo cuatro Pablo menciona a los pastores y maestros. Sin embargo, él se refiere a algo completamente distinto del concepto religioso del cristianismo actual. El cristianismo se ha convertido en una religión de doctrinas. Ninguna otra religión en el mundo tiene más doctrinas que el cristianismo. Consideren la cantidad de libros que editan los escritores cristianos cada año. Ciertamente, ninguna otra religión puede igualarse en esto. Sin embargo, la mayoría de estos libros únicamente fomentan el deseo de tener más pláticas doctrinales. Además, casi todos estos libros están relacionados con las ordenanzas. Alguien está a favor de cierta práctica, y escribe un libro para defenderla.

  El concepto que Pablo presenta en Efesios 4 es totalmente diferente del concepto del cristianismo actual. En este capítulo la idea básica es que debemos crecer hasta que todos lleguemos a la estatura de un hombre de plena madurez. Como todas las madres saben, lo que hace crecer a los niños es la alimentación, y no principalmente la enseñanza. Cuando todos lleguemos a la estatura de un hombre maduro, dejaremos de ser niños espiritualmente. Por el lado humano, la principal necesidad no es la doctrina, sino el crecimiento. Necesitamos crecer hasta que lleguemos a la estatura de un hombre maduro.

  Debemos llegar a la estatura de un hombre maduro para que “ya no seamos niños sacudidos por las olas y zarandeados por todo viento de enseñanza en las artimañas de los hombres en astucia, con miras a un sistema de error” (4:14). Observen que Pablo no se refiere a todo viento de herejía o de falsa doctrina, sino a todo viento de enseñanza. Dicha enseñanza puede incluir la doctrina sana, fundamental y bíblica. Sin embargo, aun esta clase de doctrina puede ser usada por las artimañas de los hombres en astucia con miras a un sistema de error. Cualquier enseñanza, aunque sea bíblica, que aleja a los creyentes de Cristo y la iglesia, es un viento doctrinal que aparta al creyente del propósito central de Dios. Las enseñanzas que nos apartan de la economía de Dios las fomenta Satanás, en su sutileza, por medio de las artimañas de los hombres, para evitar que se edifique el Cuerpo de Cristo. Las enseñanzas que Satanás sistematiza causan serios errores y dañan la unidad práctica de la vida del Cuerpo. Si este asunto no fuera grave, Pablo no emplearía expresiones tan contundentes para describirlo.

  La doctrina se parece al cebo que se pone en el anzuelo para atrapar peces. El pez, ignorante del anzuelo, pica el cebo y queda atrapado. De la misma manera, muchos cristianos han sido engañados por el “cebo” de la doctrina, y han quedado atrapados por el “anzuelo” oculto dentro de ésta. En el pueblo de Dios algunos no reconocen el “anzuelo” que está dentro de una doctrina atractiva, y han sido sutilmente sistematizados por el enemigo.

  En el versículo 15, Pablo dice además: “Sino que asidos a la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la Cabeza, Cristo”. Pablo no dice que creceremos en el conocimiento de la doctrina bíblica, sino en Aquel que es la Cabeza, Cristo. Esto indica que por el lado humano, lo que se necesita para que se cumpla la economía de Dios es que crezcamos. Sólo creciendo dejaremos de ser niños sacudidos por todo viento de enseñanza.

ALIMENTAR, COMER Y BEBER

  El crecimiento proviene de la alimentación, la cual recibimos comiendo y bebiendo. Sin este proceso, nadie crecería. Así que, lo que necesitamos hoy no es que se nos enseñe doctrina; lo que necesitamos es alimentarnos del alimento espiritual procesado. Debemos alimentar a otros con las riquezas de Cristo que hemos “cocinado” y procesado en nuestra experiencia. De esta manera, otros recibirán alimentación y podrán crecer. Según el concepto religioso, los miembros de la iglesia deben ser regulados por medio de la enseñanza; pero el concepto que se ve en la economía de Dios es que el pueblo de Dios necesita que se ministre las riquezas de Cristo como alimento.

  Todos los días mi esposa me sirve comida nutritiva; por eso soy fuerte, sano y lleno de vigor. No necesito que ella me enseñe, sino que me nutra. Pasa lo mismo en la vida de iglesia. Lo que necesitamos no es más enseñanza, sino que nos sean impartidas más de las riquezas de Cristo. Puedo testificar que a través de los años los santos han crecido por medio de la alimentación.

  El crecimiento toma tiempo; en cambio, cambiar la conducta de la gente por medio de reglamentos, se produce rápidamente. Por ejemplo, un nuevo creyente puede aprender la manera correcta de vestirse o cortarse el pelo; sin embargo, este proceder sólo causaría en él un cambio externo, sin ningún crecimiento en vida. El cambio que se produce mediante un crecimiento genuino toma tiempo. Por ejemplo, una flor artificial se puede hacer en una hora, pero toma meses para cultivar una flor de verdad. Lo que la iglesia necesita es que se le nutra para que pueda crecer en vida; y esta nutrición no la produce la doctrina.

  Como expresamos anteriormente, el cristianismo es una religión de doctrinas. Los llamados servicios del domingo por la mañana están llenos de enseñanzas doctrinales. Pero en el recobro del Señor las reuniones deben ser completamente diferentes. En vez de enseñar doctrinas, debemos ministrar a los santos alimentándolos; debemos nutrirlos con las riquezas de Cristo. De esta manera, los santos crecerán en vida gradualmente.

  Le doy gracias al Señor por toda la nutrición que ha recibido la iglesia en Los Angeles. Son pocos los casos en los que algunos hermanos han llegado a estar absortos en la doctrina. Dicha preocupación no sólo ha dañado a los involucrados sino también a otros. Por lo general, a los santos no les ha interesado adquirir únicamente un conocimiento doctrinal; más bien, ellos han apreciado el alimento que los nutre y fortalece. En el recobro del Señor, todas las iglesias necesitan ingerir más de las riquezas de Cristo y menos enseñanza doctrinal.

  Puedo testificar que no tengo ningún interés en discutir sobre asuntos doctrinales; no me es nada apetitoso. Cuando me preguntan acerca de cosas tales como la gracia absoluta, la seguridad eterna, el modo de bautizar, el hablar en lenguas o las distintas maneras de entender el arrebatamiento, sencillamente no tengo ganas de hablar de estas cosas de manera doctrinal. Mi único deseo es ministrar las riquezas de Cristo a los santos para que crezcan en El.

UN LIBRO DE VIDA

  ¿Han notado ustedes alguna vez que en Apocalipsis el énfasis no es la doctrina? Al contrario, este libro habla del Espíritu siete veces intensificado, el cual es los siete Espíritus que arden delante del trono de Dios. Además, Apocalipsis habla de las siete estrellas, los siete candeleros, el árbol de la vida y el río de agua de vida; no dice nada acerca de la gracia absoluta ni de la seguridad eterna. De hecho, la Biblia en su totalidad no es principalmente un libro de doctrina, sino un libro de vida. Debemos acudir a las Escrituras no simplemente para aprender doctrinas, sino más bien para nutrirnos del pan de vida. Debemos ser como el profeta Jeremías que dijo: “Fueron halladas Tus palabras, y yo las comí” (Jer. 15:16). Hagamos a un lado las doctrinas y las ordenanzas y concentrémonos en la alimentación. Si hacemos esto, llegaremos finalmente a la estatura de un hombre de plena madurez y ya no seremos sacudidos por ningún viento de enseñanza. Si alguien viene a nosotros con preguntas doctrinales, debemos leerle Efesios 4:14. Los que con el pretexto de tener comunión les guste discutir sobre doctrinas, posiblemente están bajo la influencia de las artimañas del astuto Satanás. Debemos ser cuidadosos de no morder el “anzuelo” oculto en el “cebo”.

LA NUTRICION APROPIADA Y EL CRECIMIENTO GENUINO

  Debemos hacer lo posible por no involucrarnos en discusiones doctrinales, particularmente cuando nos relacionamos con nuevos creyentes o cuando vamos a reuniones cristianas en otros sitios. Más aún, no debemos criticar a nadie por cuestiones doctrinales. En lugar de hablar sobre doctrinas, disfrutemos a Cristo y ministrémoslo a otros. Este es el camino que el Señor toma en Su recobro. En el recobro no necesitamos doctrinas, sino recibir la apropiada alimentación que produce el crecimiento genuino. Tengamos cuidado de la doctrina que Satanás utiliza tan sutilmente para apartarnos de la economía de Dios, y prestemos atención a la nutrición y al crecimiento. Esto es lo que se necesita hoy en el recobro del Señor.

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