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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Efesios»
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Mensaje 90

ABANDONAR LAS DOCTRINAS AL CRECER EN VIDA

  Lectura bíblica: Ef. 4:11-14; 1 Ti. 1:19; 3:9; 6:12a; 2 Ti. 4:7; Tit. 1:13b; Jud. 1:3

  Hemos mencionado que la doctrina figura entre las cuatro categorías de cosas negativas que dañan la vida de iglesia. Las otras tres categorías son: las ordenanzas, el viejo hombre, y las manchas y arrugas. Puesto que según nuestro concepto natural y religioso, la doctrina es positiva, y dado que la mayoría de los cristianos la tienen como algo positivo, es difícil hablar de ella de una manera negativa. Sin embargo, la doctrina puede ser un estorbo para la edificación del Cuerpo de Cristo. En 4:14 Pablo expone el efecto negativo de la doctrina: “Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y zarandeados por todo viento de enseñanza en las artimañas de los hombres en astucia, con miras a un sistema de error”. No muchos cristianos le han prestado la debida atención a este versículo, un versículo que indica que la doctrina puede dañar el Cuerpo de Cristo.

  Según los cuatro evangelios, el Señor Jesús tuvo problemas con personas religiosas que estaban sumergidas en las doctrinas. Los escribas, los fariseos, los ancianos y los principales sacerdotes debatían constantemente con El sobre doctrinas. No tenían la menor idea de que estaban discutiendo con el propio Dios que había inspirado el Antiguo Testamento, en el cual ellos basaban sus doctrinas. En su ceguera, se valían de las Escrituras para discutir con Aquel que había inspirado las Escrituras y cuya venida fue predicha en ellas. Los que estaban absortos en la doctrina perdieron la oportunidad de obtener a Cristo; no se dieron cuenta de que cuando el Señor Jesús estuvo en la tierra, lo que a Dios le interesaba no era la doctrina, sino Cristo.

LA DOCTRINA Y LA FILOSOFIA CAUSAN DAÑO

  Después de que la iglesia se estableció y empezaba a extenderse, surgieron problemas en las iglesias a causa de la doctrina, según lo indica Romanos 14. Las doctrinas en cuanto a comidas y a la observancia de ciertos días se derivaron del judaísmo, no de la filosofía pagana. Aunque el imperio romano sí perseguía a la iglesia, esta persecución no dañó la vida de iglesia; lo que la dañó fue las doctrinas religiosas. El problema por el que se convocó la conferencia descrita en Hechos 15 surgió de la doctrina. Así como la doctrina causó daño a la vida de iglesia en el primer siglo, también puede afectarla hoy en el recobro del Señor.

  La vida de iglesia también se ha visto afectada por la filosofía, particularmente por el gnosticismo y sus conceptos. Si a la vida de iglesia introducimos conceptos provenientes de nuestro trasfondo cultural, causaremos muchos problemas. El caso es que la doctrina y la filosofía pueden dañar inclusive la vida de iglesia en el recobro del Señor.

  La mayoría de los cristianos admiran a personas versadas en las Escrituras. Pero, en cierto sentido, adquirir un conocimiento exhaustivo de la Biblia puede ser desastroso, si éste nos aparta de Cristo. Recordemos que los que conocían las Escrituras —los fariseos y los escribas— fueron quienes persiguieron al Señor Jesús y a los apóstoles. El principio es el mismo hoy. Los que se oponen más al recobro del Señor son aquellos que tienen bastante conocimiento bíblico.

LO QUE A DIOS LE INTERESA

  A Dios le interesa Cristo y la iglesia, y no la doctrina ni el conocimiento bíblico. Sin embargo, a muchos cristianos les interesa más el conocimiento que Cristo y la iglesia. La economía de Dios no consiste en tener un grupo de personas que conoce la Biblia, sino en forjar a Cristo en Su pueblo escogido para edificar el Cuerpo. Debemos condenar cualquier doctrina que nos aparte de Cristo o que nos impida ser edificados en el Cuerpo. El enemigo puede usar incluso doctrinas fundamentales basadas en las Escrituras, para distraernos y apartarnos de Cristo y de la iglesia. Satanás aborrece ver que el pueblo de Dios sea edificado en el Cuerpo. Aunque la meta de Dios consiste en producir el Cuerpo forjando a Cristo en nuestro ser, la gran mayoría de Su pueblo ha sido distraída y apartada de la economía de Dios y de Su propósito eterno. Las doctrinas se encuentran entre las buenas cosas que Satanás usa en su sutileza para distraer al pueblo de Dios y apartarlo de la voluntad de Dios. La razón por la cual Dios ha puesto Su sello sobre el recobro de la iglesia es que en el recobro nos interesa la meta de Dios, no un mero conocimiento doctrinal.

LA DOCTRINA EJERCE CONTROL SOBRE NOSOTROS CUANDO SOMOS SUBJETIVOS

  Es posible que en lo más recóndito de nuestro ser, aun sin darnos cuenta, todavía sigamos aferrados a ciertas doctrinas. Estas doctrinas, las cuales están escondidas en nosotros, podrían llevarnos un día a convertirnos en disidentes. Esto puede suceder tanto a hermanas como a hermanos. De hecho, las doctrinas muchas veces ejercen más control sobre las hermanas que los hermanos. Conforme a mi experiencia, una hermana tiene más dificultad en abandonar una doctrina, que un hermano. Esto se debe a que en lo relacionado con las doctrinas, las hermanas son subjetivas, mientras que los hermanos son objetivos. Por ende, a las hermanas les es difícil cambiar su doctrina. Muchas veces los problemas provocados por la doctrina en la vida de iglesia están respaldados, apoyados y fortalecidos por las hermanas. Esta tendencia de las hermanas a aferrarse a las doctrinas puede estorbar, dañar e incluso destruir la vida de iglesia.

  Hemos hecho notar que a pesar de que Cristo realizó todo lo necesario para producir la iglesia, ésta todavía necesita ser edificada de una manera práctica, lo cual requiere nuestra cooperación. Los últimos tres capítulos de Efesios ponen énfasis en cómo el hombre coopera en la edificación del Cuerpo.

PERFECCIONADOS MEDIANTE EL CRECIMIENTO

  Efesios 2:22 habla de la edificación de la iglesia, pero sólo presenta los principios; no da los detalles. Los detalles se encuentran en 4:16, donde dice: “De quien todo el Cuerpo, bien unido y entrelazado por todas las coyunturas del rico suministro y por la función de cada miembro en su medida, causa el crecimiento del Cuerpo para la edificación de sí mismo en amor”. Al crecer en la Cabeza, los miembros del Cuerpo tendrán algo que compartir unos con otros. Además, cada miembro funcionará en su medida, y como resultado, el Cuerpo crecerá y se edificará a sí mismo en amor. Si hemos de experimentar la realidad de este versículo, debemos permitir que los dones que la Cabeza dio al Cuerpo nos perfeccionen. Los santos no son perfeccionados simplemente por aprender la doctrina; al contrario, son perfeccionados por medio de la alimentación, pues la alimentación los ayuda a crecer. Por ejemplo, un niño no necesita que a su cuerpo se le añada nada para perfeccionarlo; mientras él crece, los miembros de su cuerpo se desarrollan y comienzan a funcionar normalmente. Una madre no perfecciona a su bebé enseñándole cómo utilizar los miembros de su cuerpo; ella lo perfecciona nutriéndolo. Cuanto más crezca el niño al recibir la nutrición adecuada, más los miembros de su cuerpo cumplirán su función. Según el mismo principio, lo que perfecciona a los miembros del Cuerpo de Cristo no es la enseñanza, sino la alimentación, la cual fomenta el crecimiento.

LA UNIDAD DE LA FE Y DEL PLENO CONOCIMIENTO DEL HIJO DE DIOS

  Conforme a 4:13, los santos deben ser perfeccionados hasta llegar a tres cosas: a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios; a la estatura de un hombre de plena madurez, y a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. Entonces ya no seremos niños sacudidos por las olas y zarandeados por todo viento de doctrina (v. 14), sino que nos asiremos a la verdad en amor y creceremos en todo hasta la medida de Aquel que es la Cabeza, Cristo (v. 15). Cuanto más crezcamos, más abandonaremos nuestras doctrinas. Una persona, después de ser salva, necesita que se le ministre Cristo como alimento y bebida espiritual; esto la ayudará a crecer, y a medida que crezca, irá dejando a un lado sus conceptos doctrinales. Con el tiempo se dará cuenta de que no hay nada más importante que el hecho de que Cristo se forje en ella.

  A medida que crecemos en vida, llegamos a la unidad de la fe. Sin embargo, si nos aferramos a nuestros conceptos doctrinales, no lograremos esta unidad. La unidad de los cristianos ha sido destruida por el marcado énfasis en la doctrina. No obstante, si nos alimentamos del elemento de Cristo y gradualmente hacemos a un lado nuestros conceptos doctrinales, llegaremos a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo Dios. Cuanto más crezcamos, más llegaremos a esta unidad.

  La unidad en este sentido tiene dos aspectos: la fe y el pleno conocimiento del Hijo de Dios. La fe, en este caso, no se refiere a la acción de creer, sino a aquello en lo que creemos, tal como la persona divina de Cristo y la obra redentora que El efectuó para salvarnos. Esta es la fe de la que se habla en Judas 3; 2 Timoteo 4:7; y 1 Timoteo 6:21. El pleno conocimiento del Hijo de Dios es la comprensión de la revelación acerca del Hijo de Dios, lo cual nos lleva a experimentarlo. Cuanto más crezcamos en vida, más nos asiremos a la fe y al Cristo hecho real en nuestra experiencia, y más abandonaremos los insignificantes conceptos doctrinales, los cuales causan división.

  En el Nuevo Testamento, la fe tiene un significado objetivo y otro subjetivo. Cuando se usa en el sentido subjetivo, la fe denota nuestra acción de creer; mientras que en el aspecto objetivo, denota el objeto de nuestra creencia. En 1 Timoteo 1:19 la palabra “fe” se emplea en un sentido tanto subjetivo como objetivo. Pablo declara: “Manteniendo la fe y una buena conciencia, desechando las cuales naufragaron en cuanto a la fe algunos”. La primera referencia a la fe es subjetiva y denota nuestra capacidad de creer. La segunda se refiere a la fe objetiva; denota el objeto de nuestra creencia.

  En Efesios 4:13, la fe alude a las cosas en las que creemos todos los cristianos. Todos creemos en el Dios Triuno: el Padre, el Hijo y el Espíritu. Creemos que Cristo, el Hijo de Dios, se encarnó, fue crucificado por nuestra redención, resucitó física y espiritualmente, ascendió a la diestra de Dios y va a regresar; además, creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, que fue inspirada palabra por palabra por el Espíritu Santo. Esta es nuestra fe, “la común fe” (Tit. 1:4), “la fe que ha sido trasmitida a los santos una vez para siempre” (Jud. 1:3).

LA FE Y LA DOCTRINA

  Es importante que sepamos diferenciar entre la fe y las doctrinas relacionadas con cosas tales como la observancia de días, las regulaciones dietéticas, el método de bautismo, el hablar en lenguas y el lavamiento de los pies. Recordemos que nuestra fe consiste de aquello que una persona necesita creer para ser salva. Para ser un creyente genuino, se necesita creer en el Dios Triuno y en Cristo, el Hijo de Dios, nuestro Salvador vivo, quien murió en la cruz por nuestros pecados y resucitó de entre los muertos corporalmente. Por otro lado, una persona puede ser salva aunque no crea en el lavamiento de los pies ni en el hablar en lenguas.

  Aunque Pablo hace una clara distinción entre la fe y la doctrina en Efesios 4, muchos cristianos todavía las confunden. En lugar de contender por la fe, ellos contienden por su propia doctrina. En ninguna parte de la Biblia se nos exhorta a pelear por la doctrina, pero sí se nos dice que debemos contender por la fe relacionada con nuestra “común salvación” (Jud. 1:3). La común salvación se recibe por medio de la común fe. Aunque todos los cristianos genuinos tenemos la fe y la salvación en común, tal vez no tenemos en común todas las doctrinas. Las diversas denominaciones ponen énfasis en distintas doctrinas y se aferran a ellas. Aunque no debemos pelear por las doctrinas, debemos estar dispuestos a pelear por la fe. En 1 Timoteo 6:12 Pablo exhorta a Timoteo: “Pelea la buena batalla de la fe”. Por consiguiente, debemos combatir por nuestra fe, mas no debemos luchar por nuestras doctrinas.

  En Romanos 14 Pablo nos muestra que mientras que una persona abrace la fe, debemos recibirla, aun cuando ella muestra diferencias en cuanto a la doctrina. No debemos disputar sobre cuestiones tales como la comida y la observancia de ciertos días. Si alguien considera que determinado día es especial, él es libre de pensar así; lo mismo sucede si considera que todos los días son iguales. En cuanto a las doctrinas, debemos ser liberales hacia los demás porque las doctrinas no tienen nada que ver con nuestra común salvación.

  Si alguien niega que Jesús es el Hijo de Dios, debemos contender arduamente por la fe. Debemos estar listos para contender por la verdad de que Jesucristo es el Hijo de Dios hecho carne. Sin embargo, no debemos discutir sobre cuestiones tales como el lavamiento de los pies. Si alguien promueve esta práctica, debemos decirle que lo único que nos interesa es Cristo y que no queremos discutir sobre doctrina. ¡Qué lástima es que tantos cristianos estén bajo el dominio de la doctrina y estén absortos en ella!

HACER A UN LADO LOS JUGUETES DOCTRINALES

  Muchos cristianos juegan con las doctrinas así como los niños juegan con sus juguetes. En mi experiencia con mis nietos he aprendido que la mejor manera de conseguir que un niño deje sus juguetes es ofrecerle algo bueno para comer. Pasa lo mismo cuando queremos ayudar a los cristianos a dejar las doctrinas que los tienen tan ocupados. Cuanto más disfrutemos a Cristo y seamos nutridos por El, más dispuestos estaremos a abandonar nuestras doctrinas. Hace algunos años, en cierto lugar había unos santos que estaban muy ocupados con sus juguetes doctrinales. Pero al paso de los años, y a medida que han disfrutado el ministerio de Cristo, gradualmente han ido dejando sus “juguetes”. Cuanto más han crecido en Cristo, menos atención han dado a sus juguetes.

  La única manera de hacer a un lado las doctrinas es crecer en vida. Necesitamos crecer hasta llegar a la unidad de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios. Es cierto que somos salvos, hemos venido a la vida de iglesia pero provenientes de diversos trasfondos. Debido a esto, tenemos diversas doctrinas y filosofías. Posiblemente afirmamos que sólo nos interesa Cristo y la iglesia, pero seguimos ocupados con la doctrina. No tratemos de enseñar a los demás a desechar sus doctrinas. Así como los niños jugarán con sus juguetes hasta que crezcan, del mismo modo los creyentes se interesarán por la doctrina hasta que crezcan más en Cristo. Si los santos crecen en el Señor, con el tiempo desecharán las doctrinas que tanto los distraen.

  A medida que crezcamos, llegaremos a la unidad, no de la doctrina, sino de la fe y del pleno conocimiento del Hijo de Dios. Esta es la unidad que deseamos alcanzar en las iglesias locales. Nuestra unidad no es la unidad del conocimiento bíblico, sino la unidad que se tiene en el conocimiento del Cristo vivo; una unidad compuesta de la común fe y del conocimiento de Cristo. Nuestro interés principal no es que los santos obtengan conocimiento bíblico, sino que conozcan al Señor Jesús de una manera viva. En las reuniones de la iglesia no hacemos hincapié en enseñar la Biblia, sino en ayudar a los santos a conocer al Cristo vivo y a crecer en El. Sólo cuando crezcamos de esta manera, dejaremos de ser niños sacudidos por las olas y zarandeados por todo viento de doctrinas.

EL PROCESO DEL CRECIMIENTO

  Mediante el crecimiento en vida, llegaremos a ser un hombre de plena madurez y a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo. La plenitud de Cristo es el Cuerpo de Cristo, Su expresión. Este Cuerpo tiene una estatura, y la estatura, una medida. Cuando la obra que el Señor realiza en Su recobro comenzó en este país hace algunos años, la medida de esa estatura era pequeña. Pero ¡alabado sea el Señor porque esa medida ha aumentado al paso de los años! Este aumento es fruto de los santos que fueron perfeccionados mediante el ministerio de Cristo. Con todo, todos reconocemos que todavía estamos en el proceso de crecimiento. Cuanto más crezcamos, más podremos funcionar y más crecerá el Cuerpo para la edificación de sí mismo en amor. Esta es nuestra necesidad en estos días.

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