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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Ezequiel»
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Mensaje 19

LA VISIÓN DEL EDIFICIO SANTO DE DIOS

  Lectura bíblica: Ez. 40:1-27

  En los mensajes anteriores vimos la apariencia que tiene la gloria del Señor, el juicio de Dios por fuego y el recobro que el Señor efectúa mediante la vida. Ahora llegamos a la última sección del libro de Ezequiel (caps. 40—48), que trata sobre el edificio santo de Dios. Las tres secciones previas tienen por finalidad la última sección; esto es, la gloria del Señor, el juicio de Dios y el recobro que el Señor efectúa redundan, todos ellos, en el edificio santo de Dios. Incluso podríamos afirmar que el fruto de la gloria del Señor, del juicio de Dios y del recobro que el Señor efectúa es el edificio santo de Dios. El propósito eterno de Dios consiste en obtener un edificio. Todo cuanto Dios realiza entre Su pueblo en la tierra tiene por finalidad Su edificio.

EL TIEMPO DE LA VISIÓN

  Al inicio mismo de esta sección (40:1), se nos dice el tiempo de la visión: el año, el mes y el día. Si comparamos el año mencionado aquí con el mencionado al comienzo del capítulo 1, veremos que hay una diferencia de veinte años. La visión de la apariencia que tiene la gloria del Señor, la cual Ezequiel vio en el capítulo 1, fue vista en el quinto año del cautiverio. La visión del edificio santo de Dios, la cual Ezequiel vio en el capítulo 40, fue vista en el año veinticinco del cautiverio. Hay, pues, una diferencia de veinte años, lo cual no es un tiempo breve. Debemos recordar que cuando Ezequiel vio la primera visión, él tenía treinta años de edad, la edad en que un sacerdote comienza a desempeñar su función. Cuando vio la última visión, él tenía cincuenta años de edad, la edad en que un sacerdote se retiraba del servicio activo. Esto es muy significativo, pues indica que para ver el edificio de Dios, Ezequiel necesitaba mayor madurez en vida. Cuando vio la primera visión, Ezequiel era todavía bastante joven, ya que apenas tenía unos treinta años de edad. Pero cuando vio la visión del edificio de Dios, él se encontraba en el tiempo de su retiro, lo cual indica que había logrado mayor madurez en vida y podía ver el edificio del Señor. Para ver la visión del edificio de Dios se requiere la madurez en vida. Es debido a su inmadurez en la vida divina que muy pocos cristianos de hoy han visto algo con respecto al edificio del Señor. En términos espirituales, muchos están muy por debajo del nivel que corresponde a la edad de treinta años y, por ende, ni siquiera son aptos para ser aprendices. Por tanto, no es posible para ellos ver la visión del edificio santo de Dios.

  Es significativo que los años sean contados de cinco en cinco. La primera visión fue vista en el año cinco, y la última visión en el año veinticinco.

  Veinticinco es cinco veces cinco. En la Biblia, el número cinco significa el hombre más Dios. Cuatro es el número de la criatura, el hombre, y uno es el número del Creador, Dios. Cinco significa sobrellevar responsabilidad. Por tanto, el número cinco, que está compuesto por cuatro más uno, representa al hombre, la criatura, más Dios, el Creador, que juntos sobrellevan responsabilidades. El número veinticinco significa no solamente madurez, sino también ser plenamente apto para sobrellevar responsabilidades.

  Este año es también llamado el año catorce. El año veinticinco es resultado de contar los años a partir del tiempo en que se inició el cautiverio, mientras que el año catorce es resultado de contar los años a partir del tiempo de la destrucción de Jerusalén. Ezequiel 40:1 dice: “Después que la ciudad fue conquistada”.

  En la Biblia el número catorce está compuesto principalmente de siete veces dos. Siete es el número de compleción, y dos es el número de testimonio. Por tanto, siete veces dos denota un testimonio de compleción. Esto indica que por catorce años la destrucción de la ciudad de Jerusalén había sido un testimonio contundente para el pueblo. Originalmente, el pueblo no creía que la ciudad sería destruida; no obstante, Ezequiel les profetizó con respecto a la destrucción de la ciudad de Jerusalén, y su profecía se cumplió. Catorce años después de la destrucción de Jerusalén, Ezequiel vio más visiones. Esto significa que el testimonio de la destrucción de la ciudad había sido suficiente. Había permanecido por catorce años, y después de esos catorce años el pueblo que estaba en cautiverio había comprendido que aquel era un testimonio contundente.

  Además, se nos dice que Ezequiel vio las visiones al principio del año, en el primer mes. El primer mes indica un nuevo comienzo. Esto indica que con nosotros, en nuestra experiencia, es necesario que el edificio de Dios tenga un nuevo comienzo. Cuando vemos algo acerca de la edificación de la iglesia, éste es un nuevo comienzo en nuestra vida.

  En el relato también se nos habla del décimo día. Según Éxodo 12:3, el décimo día del primer mes era el día en que el pueblo de Israel preparaba el cordero para la Pascua. Ciertamente esto apunta a Cristo, nuestra Pascua, para nuestra redención. Con base en esto podemos ver que siempre que tengamos un nuevo comienzo en nuestra vida cristiana, éste tiene que estar basado en Cristo y Su redención. En nosotros mismos, en virtud de lo que somos y podemos hacer, jamás podríamos tener un nuevo comienzo. No somos aptos para tener un nuevo comienzo, y no tenemos mérito alguno que nos permita tener un nuevo comienzo. Todo nuevo comienzo que podamos tener en nuestra vida espiritual siempre se basa en Cristo, el Cordero pascual, y Su redención. Es únicamente por Cristo y Su redención que podemos tener un nuevo comienzo en nuestra vida cristiana.

EL LUGAR PARA VER LA VISIÓN

  Ahora debemos considerar el lugar para ver la visión. Ezequiel no vio la visión con respecto al edificio de Dios estando en la tierra del cautiverio, sino que él fue traído a la Tierra Santa, a la tierra de Israel (Ez. 40:2). Puesto que esta tierra representa a Cristo, ser traído de regreso a la tierra de Israel equivale a ser traído de regreso a Cristo. Además de ser traído de regreso a la tierra de Israel, Ezequiel fue puesto sobre un monte alto, que representa un lugar de resurrección y ascensión. Cuando regresamos a Cristo, quizás percibamos en nuestro espíritu que estamos en un lugar elevado, esto es, en el Cristo resucitado y ascendido. Además, Ezequiel fue traído de regreso a Jerusalén. Muchos podemos testificar que mientras estábamos en cautiverio en las denominaciones, no podíamos ver la visión de la edificación de la iglesia. Pero cuando regresamos a la Tierra Santa, a la vida de iglesia, pudimos ver la visión de la edificación de la iglesia.

  A fin de ver algo apropiadamente se requiere que tengamos la posición, la base y el ángulo correctos. Si estamos errados ya sea en cuanto a nuestra posición o base, no podremos ver. Por ejemplo, si queremos contemplar la ciudad de Los Ángeles, tenemos que estar en la posición y base correctas. Si queremos ver el edificio de Dios, debemos estar sobre el monte en Jerusalén.

  Ezequiel no fue el único que vio la visión del edificio de Dios. En el libro de Apocalipsis, el apóstol Juan nos dijo que él fue llevado en espíritu a un monte alto para ver la ciudad santa, la Nueva Jerusalén (21:10). La razón por la que debemos estar sobre un monte (que representa la resurrección y ascensión) es que el edificio de Dios está en la resurrección y ascensión de Cristo, por lo cual debemos estar en tal posición elevada para ver la visión del edificio de Dios.

  Cuando he ministrado acerca del edificio de Dios, algunos se han ofendido. La razón por la cual se han ofendido es que, con respecto a asuntos espirituales, tales personas son como niños entretenidos con sus juguetes. Si alguien toca sus “juguetes”, ellos se sentirán ofendidos. Si usted les dice que deben crecer en la vida espiritual y renunciar a sus juguetes, se sentirán muy molestos. Que el Señor tenga misericordia de nosotros a fin de que crezcamos y también ascendamos. No solamente necesitamos crecer, sino también ascender a la posición más elevada con la base más elevada y el mejor ángulo a fin de ver el edificio de Dios.

  Si Ezequiel hubiera permanecido en Babilonia en el cautiverio, no podría haber visto el edificio. Asimismo, si él hubiera permanecido en la llanura y no hubiera estado en la cima del monte, no podría haber visto la visión del edificio de Dios. Por tanto, si hemos de ver la visión, debemos crecer y ascender. Esto significa que tenemos necesidad de la madurez en vida y debemos estar sobre un monte alto; entonces podremos ver el edificio de Dios.

LA VISIÓN DE UN VARÓN

  Antes que Ezequiel viera la visión del edificio, él vio la visión de un varón. A diferencia del varón revelado en el capítulo 1, este varón no tenía la apariencia del electro sino que tenía la apariencia de bronce (Ez. 40:3). En el capítulo 1, en la visión de la gloria del Señor, el Señor Jesús estaba sentado en el trono como hombre que tenía la apariencia del electro. Pero en el capítulo 40, Él no está en el trono sino en la puerta del edificio, midiendo. En la Biblia, medir significa juzgar y tomar posesión. Cuando una hermana compra tela, primero la mide. Mientras mide la tela, ella juzga la calidad de dicha tela. Al medir la tela, la juzga. Asimismo, en el capítulo 40, medir se relaciona con juzgar. Aquí el Señor Jesús no está en el trono, sino que está en la puerta del edificio y tiene la apariencia de bronce para medir y tomar posesión.

  Cuando el Señor viene a medir algo, Él primero lo juzga. En tipología, el bronce o cobre representa juicio. Cuando el Señor Jesús estaba en la cruz, Él fue comparado a la serpiente de bronce (Nm. 4:9; Jn. 3:14). En el Antiguo Testamento, el altar del holocausto estaba recubierto de bronce. Estos dos ejemplos muestran que el bronce representa juicio.

  Una vez que algo ha sido juzgado, puede permanecer firme. Después que cierta cosa ha sido juzgada, podrá pasar por cualquier clase de prueba o examen; también puede soportar el juicio adicional. El Señor Jesús es tal clase de persona. Él pasó por el juicio de Dios y ahora se ha convertido en una prueba para otros. Debido a que Él pudo pasar toda clase de pruebas, exámenes y juicios, ahora Él es plenamente apto para medir todas las cosas, incluyendo el edificio de Dios. Mediante Su juicio Él mide todo cuanto pertenece al edificio de Dios.

SE LE ORDENA A EZEQUIEL QUE MIRE, OIGA Y APLIQUE SU CORAZÓN

  Ezequiel 40:4 dice: “Y me dijo aquel varón: Hijo de hombre, mira con tus ojos, oye con tus oídos y aplica tu corazón a todas las cosas que te muestro; porque con este propósito has sido traído aquí, para que te sea mostrado. Cuenta todo lo que ves a la casa de Israel”. Mientras Dios le mostraba la visión de Su edificio a Ezequiel, era necesario que el profeta tuviese una visión aguda y escuchase con mucha atención. Además, a fin de absorber las cosas que le serían mostradas, tenía que aplicar su corazón a ellas. Entonces, él podría declarar al pueblo de Dios todo cuanto había visto y oído.

EL EDIFICIO SANTO DE DIOS

  El templo santo es el lugar donde Dios está, la morada de Dios. Si queremos buscar a Dios, contactarle, tener comunión con Él y servirle, debemos comprender que Dios tiene Su morada. Por un lado, Dios es omnipresente; por otro, Él tiene Su lugar particular. Si queremos reunirnos con Él, tenemos que conocer Su ubicación exacta, Su habitación definida. Por tanto, debemos considerar la visión del edificio de Dios en Ezequiel, pues esta visión describe el lugar donde Dios mora: Su templo santo.

  Consideremos primero un diagrama general, o plano del terreno, del edificio de Dios. Por favor consulten el gráfico 1, el cual es el plano del terreno que muestra el templo, el atrio interior y el atrio exterior.

  El edificio es cuadrado, y cada uno de sus cuatro lados mide quinientos codos. Tres de los cuatro lados tienen una puerta. Hay puertas en los lados que miran al este, al sur y al norte, todas las cuales conducen al atrio exterior alrededor de los muros. En el atrio exterior hay seis superficies pavimentadas con piedra. En cada uno de estos pavimentos hay cinco cámaras edificadas como lugares en los que la gente podía comer y disfrutar de los sacrificios y ofrendas. Esto significa que estas treinta cámaras son lugares para que disfrutemos a Cristo.

  Dentro del atrio exterior hay un atrio interior, el cual también tiene puertas en tres lados, esto es, al este, al sur y al norte. Con éstas, tenemos un total de seis puertas: tres puertas que dan acceso al atrio exterior y tres puertas que dan acceso al atrio interior. Al respecto, debemos entender que el edificio visto por Ezequiel tenía dos muros alrededor, el muro que está del lado externo del atrio exterior y el muro que está del lado externo del atrio interior. En cada muro hay tres puertas. La medida y el diseño de los muros y puertas son exactamente iguales.

  Dentro del atrio interior está el altar. Este altar es el centro de todo el complejo que constituye el edificio de Dios. El altar tipifica la cruz. Por tanto, que el altar sea el centro del complejo indica que la cruz de Cristo ocupa el lugar central en la economía de Dios y en los intereses de Dios.

  En Ezequiel 40—48, una sección que trata sobre el edificio de Dios, se abordan tres asuntos principales: el templo santo, la ciudad santa y la Tierra Santa. El templo, la ciudad y la tierra son todos santos. Es significativo que Ezequiel comience su descripción no desde afuera, sino desde adentro. Ésta es la manera en que se realiza la economía de Dios. Al realizar Su economía Dios siempre comienza desde adentro, no desde afuera. Vemos un indicio de esto en 1 Tesalonicenses 5:23, que habla de “vuestro espíritu y vuestra alma y vuestro cuerpo”, y no del cuerpo, el alma y el espíritu. Esto revela que Dios comienza desde adentro, desde nuestro espíritu, y no desde afuera. La economía de Dios siempre comienza desde adentro, mientras que los movimientos humanos son siempre externos. A la luz de esto, debemos aprender en la vida de iglesia a no tener nada que comience de manera externa, sino siempre tener algo que comience desde adentro. Esto es aplicar lo que está revelado aquí respecto al edificio de Dios: primero el templo, después la ciudad y luego la tierra.

EL MURO

  El primer ítem que debemos ver con respecto al templo es el muro. El templo tiene un muro en sus cuatro lados. El muro sirve para hacer separación, separando lo que pertenece a Dios de lo que no puede pertenecerle; separa lo que debe pertenecer a Dios de lo que jamás debe pertenecerle. Así pues, el muro es una línea de separación.

  Las medidas del muro indican que el muro representa a Cristo mismo como línea de separación. Únicamente lo que está incluido en Cristo pertenece a los intereses de Dios y al edificio de Dios, pero todo lo que está fuera de Cristo está excluido de los intereses de Dios y del edificio de Dios. En una ciudad de millones de personas podemos saber quién es de Dios y quién no es de Dios por medio de Cristo como línea de separación. Todo aquel que está en Cristo pertenece a Dios, y todo aquel que está fuera de Cristo está separado de Dios. En otras palabras, todo aquel que pertenece a Cristo está del lado interno del muro, y todo aquel que está fuera de Cristo está del lado externo del muro.

  Las medidas del muro son algo fuera de lo común. No pienso que en todos los siglos de la historia humana haya habido alguna vez un muro así. Este muro tiene seis codos de altura y seis codos de espesor. Si pudiéramos ver un corte transversal del muro, veríamos un cuadrado de seis codos por seis codos. El número seis se refiere al hombre, quien fue creado el sexto día. Puesto que el muro tiene seis codos de altura y seis codos de espesor, y puesto que seis es el número referente al hombre, podemos decir que el muro representa al Señor Jesús como hombre “cuadrado”, recto, perfecto y completo. Por ser este hombre “cuadrado”, recto, perfecto, completo e, incluso, estar en resurrección, Cristo es la línea de separación. Debido a que Cristo es “cuadrado” y recto, Él es plenamente apto. En Él no hay imperfección; con Él no hay carencia alguna ni nada torcido. Más bien, con Él todo es derecho, recto, perfecto y completo. Nuevamente les reitero: tal hombre es la línea de separación.

  Si únicamente el Señor Jesús fuese tal hombre, estaríamos excluidos. Nosotros no somos “cuadrados”, derechos o rectos. Ciertamente no somos perfectos ni completos. Aunque somos tan deficientes, no debiéramos tratar de imitar a Cristo. Es imposible para cualquier ser humano imitar a Cristo, Aquel que es “cuadrado”, recto, perfecto y completo.

  Cuando venimos al Señor Jesús y nos comparamos con Él, somos puestos al descubierto y condenados. Por ejemplo, en Lucas 2 vemos que cuando el Señor Jesús era un niño de apenas doce años de edad, independientemente de cuán consagrado estaba a Su Padre, Él todavía obedecía a Sus padres. Jóvenes, ustedes no son obedientes a sus padres al mismo tiempo que procuran atender a los intereses de su Padre, pero el Señor Jesús sí era obediente. Con base en este ejemplo podemos darnos cuenta de que la historia de la vida que llevó el Señor Jesús es un factor que nos condena.

LA PUERTA

  Alabado sea el Señor que Él no solamente es el muro, sino también la puerta. En calidad de muro, Él nos excluye y condena, pero en calidad de puerta, Él nos introduce en el edificio de Dios. Si en la actualidad estamos en la esfera del edificio de Dios, es debido a que la puerta nos introdujo en éste.

  Cristo es nuestra puerta, nuestra entrada. En Juan 14:6 el Señor Jesús nos dijo que Él es el camino que lleva al Padre. Aparte de Él, nadie puede venir al Padre. Cristo es el medio por el cual entramos en Dios mismo así como el medio por el cual entramos a participar de los intereses de Dios, el edificio de Dios y el reino de Dios.

  Quizás entendamos que Cristo es la entrada, la puerta; pero tal vez no conozcamos a Cristo como la puerta de manera detallada. Sin embargo, Ezequiel vio los detalles referentes a Cristo como la puerta.

Las medidas

  La profundidad de la puerta, desde el frente hasta el fondo, es de cincuenta codos. La anchura de la puerta, de lado a lado, mide veinticinco codos. Ambas medidas son múltiplos de cinco, el número de responsabilidad.

Las gradas de siete peldaños

  Frente a la puerta hay unas gradas de siete peldaños. Los peldaños por los que se asciende son bastante elevados, lo cual indica que para entrar en el edificio tenemos que ascender. Siempre que alguien cree en el Señor Jesús, tal persona tiene el sentir de que está ascendiendo. Pero cuando participamos de ciertos entretenimientos mundanos, tenemos el sentir de que estamos descendiendo. Siempre que venimos al Señor Jesús, tenemos el sentir de que ascendemos por unas gradas.

Compuesta de cuatro secciones

  La puerta está compuesta de cuatro secciones: el umbral externo, el pasaje, el umbral interno y el vestíbulo. Hay tres umbrales, que son el umbral externo, el umbral interno y el pasaje ubicado entre estos dos umbrales, pasaje que podemos considerar un corredor. Esta parte de en medio, el pasaje, es también llamado un umbral, pero para entenderlo mejor le llamaremos un pasaje. Por tanto, aquí tenemos el umbral externo, el pasaje, el umbral interno y el vestíbulo. El vestíbulo es como un portal de entrada al templo. Al pasar por el umbral externo, el pasaje, el umbral interno y el vestíbulo, uno puede entrar en el templo. Después, uno debe ascender nuevamente por otras gradas; esta vez se asciende aún más alto, pues son ocho peldaños en lugar de siete.

La entrada de la puerta

  Si consultamos el gráfico 2, que es un dibujo detallado de la puerta, podemos ver que dentro de la puerta está la entrada de la puerta, la cual tiene exactamente diez codos de ancho. Es significativo que la abertura de la entrada tenga diez codos de ancho. En la Biblia, el número diez se refiere primero a los Diez Mandamientos. Todo cuanto es requerido por los Diez Mandamientos, es cumplido por la entrada de la puerta. La anchura de la entrada es exactamente lo abarcado por los Diez Mandamientos. Esto indica que el Señor Jesús cumplió con todos los requisitos de los Diez Mandamientos. Cuando somos confrontados con los Diez Mandamientos, somos excluidos por ellos. Sin embargo, el Señor Jesús pudo cumplir todos los mandamientos y ha llegado a ser la puerta por la que nosotros entramos en el edificio de Dios.

  Mientras que la entrada, o abertura, de la puerta tiene un ancho de diez codos, la puerta en sí tiene trece codos de anchura. En ambos lados de la puerta, el muro mide un codo y medio; al sumar los dos, tenemos tres codos. Tres es el número del Dios Triuno y también el número de la resurrección. Aquí el tres está dividido, con uno y medio a cada lado. Por favor recuerden que en el tabernáculo las tablas erguidas medían, cada una de ellas, un codo y medio de ancho y que dos tablas formaban una unidad de tres codos. Todos estos números son significativos. Estos números indican que el Señor Jesús, quien cumple con todos los requisitos de los Diez Mandamientos, es el Dios Triuno que llegó a ser un hombre, el cual fue muerto y fue resucitado. En Su muerte, Cristo fue “partido”, cortado en dos mitades, y después Él fue resucitado.

El umbral

  Después de la puerta viene el umbral, el cual mide seis codos por diez codos. Si ponemos juntos todos estos números, podemos ver que Cristo era el Dios Triuno (el número tres) quien se hizo hombre, que tiene el número seis. Él fue “partido” en Su muerte y fue resucitado, con lo cual cumplió con todos los requisitos de los Diez Mandamientos. De este modo, Él abrió la puerta.

El pasaje

  Del umbral procedemos al pasaje, el cual tiene muchos detalles.

Las cámaras de la guardia

  Ezequiel 40:10 dice que en este pasaje hay seis cámaras pequeñas. Algunas de las mejores traducciones usan la expresión cámaras de la guardia. Éstas eran las cámaras donde los guardas estaban para proteger el templo. Cada una de estas cámaras de la guardia es un cuadrado de seis codos por seis codos y, por ende, del mismo tamaño que el corte transversal del muro. Esto indica que el Señor Jesús en Su persona y obra es quien monta guardia sobre la gloria y la santidad de Dios.

  Si no hubiera muro, la gente pecaminosa podría entrar al templo, y ello constituiría un insulto a la gloria y santidad de Dios. Mientras que el muro separa a los pecadores de Dios, la puerta introduce a las personas en Dios mismo y en el edificio de Dios. A fin de poder ser la puerta, el Señor Jesús tenía que cumplir con todos los requisitos de los Diez Mandamientos. Él era un hombre “cuadrado”, recto y apropiado capaz de cumplir los Diez Mandamientos, y ahora Él mismo es las cámaras de la guardia que vela por la gloria y la santidad de Dios. Únicamente quienes sean aptos y conformes a la gloria y santidad de Dios pueden entrar en el templo. Si hemos de ser hechos aptos de este modo, debemos pasar por la puerta. Al pasar por Cristo como puerta, somos aptos para entrar en el edificio de Dios, el cual está lleno de la gloria y santidad de Dios.

  Las seis cámaras de la guardia están divididas en dos grupos de tres. Nuevamente tenemos el número tres, el cual denota al Dios Triuno que se hizo hombre y fue “partido” en la cruz. Esto indica que las cámaras de la guardia son una persona: Cristo mismo.

Los bordes

  Entre las tres cámaras de la guardia hay dos espacios de cinco codos cada uno. Nuevamente tenemos diez codos compuestos por dos grupos de cinco codos cada uno. Esto, una vez más, nos muestra que Cristo sobrelleva la responsabilidad de cumplir con todos los requisitos de los Diez Mandamientos; más aún, nuevamente tenemos el número dos, que significa un testimonio. A un costado tenemos dos espacios de cinco codos cada uno, y al otro costado también tenemos dos espacios de cinco codos. Esto indica que Cristo sobrelleva plenamente la responsabilidad con respecto a los Diez Mandamientos, y esto se convierte en un testimonio. El Señor Jesús como Dios Triuno se hizo hombre y murió en la cruz para cumplir con todas las responsabilidades propias de los Diez Mandamientos.

  De las cámaras de la guardia procedemos a los bordes (v. 12). En lugar de hablar de bordes, la versión King James usa la palabra space [espacio]; otras versiones hablan de platform [plataforma]. En la parte externa de las cámaras de la guardia hay un borde, un espacio, que mide un codo de ancho. Éstos conforman dos grupos de tres, los cuales representan al Dios Triuno en resurrección.

  Debemos recordar que el pasaje mide diez codos de ancho. Sin embargo, en cierto sentido también podemos decir que el pasaje mide ocho codos de ancho. Si deducimos un codo para el borde alrededor de las cámaras de la guardia a cada lado, esto nos dejaría con un pasaje de ocho codos de ancho. Ocho es el número de resurrección. El primer día de la semana, el día en el cual el Señor Jesús resucitó, es también el octavo día. Por tanto, el octavo día es el día de la resurrección y significa un nuevo comienzo. Cuando pasamos a través de Cristo, pasamos a través de la resurrección y tenemos un nuevo comienzo.

Los postes

  Ahora debemos considerar los postes, los cuales son de difícil localización. Ezequiel 40:14 dice que los postes tenían sesenta codos en total, y cada poste (columna) tenía dos lados. Cada poste, cada columna, tiene dos lados, y cada lado mide dos codos. A los costados del pasaje hay quince lados de dos codos cada uno. Por tanto, hay treinta codos a ambos costados del pasaje que, en total, equivalen a sesenta codos. El número quince está compuesto por tres veces cinco, lo cual representa al Dios Triuno en resurrección que sobrelleva toda la responsabilidad. El número dos, que indica testimonio, también está presente. El número treinta corresponde a las cámaras de todos los pavimentos dedicadas al disfrute de Cristo.

  Las columnas, que sustentan el techo de la estructura, indican que debemos ser sostenidos por la fuerza sustentadora de Cristo a fin de entrar en el disfrute de Cristo. La fuerza sustentadora se relaciona con el número treinta, y el disfrute de Cristo también se relaciona con el número treinta. Esto indica que podemos disfrutar únicamente hasta el grado en que Cristo puede sustentar. Como veremos en un mensaje posterior, la expresión de Cristo, según es representada por las cámaras laterales del templo, también se halla presente en el número treinta. Así pues, la expresión de Cristo, el disfrute de Cristo y el sustento que brinda Cristo están representados, todos ellos, por el número treinta. Podemos expresar únicamente aquello que hemos podido disfrutar, y podemos disfrutar únicamente aquello que Cristo puede sustentar.

Las palmeras

  A ambos lados de cada columna hay una palmera (v. 16). En la Biblia, la palmera representa la victoria, incluso una victoria imperecedera. Cristo, el guardián de la santidad y gloria de Dios, es aquella persona imperecedera y victoriosa que permanece de pie, que sobrelleva todo así como da sustento y prevalece.

El vestíbulo

  De los postes procedemos al vestíbulo, donde se usa el número ocho. En la sección anterior se usaron principalmente los números cinco, seis y diez; pero en el caso del vestíbulo se usa el número ocho. Esto indica que ahora estamos en resurrección, en un nuevo comienzo.

LAS VENTANAS

  Las ventanas sirven para dejar entrar la luz y el aire. Éstas no son ventanas estrechas, sino ventanas con celosías, es decir, que tienen franjas de materiales sobre ellas a fin de proteger al edificio de las cosas negativas. No obstante, las ventanas se mantienen abiertas para permitir el ingreso del aire y la luz.

  Estas ventanas con celosías representan al Espíritu vivificante. Son un total de treinta ventanas, quince a un lado y quince al otro lado. La puerta está llena de ventanas. Esto indica que Cristo está lleno del Espíritu vivificante. El Espíritu vivificante hace que entre el aire y la luz al mismo tiempo que mantiene fuera todo lo negativo.

  La palabra hebrea para celosía implica la idea de ángulo biselado. Esto significa que el lado externo de la ventana es estrecho, pero que el lado interno es más ancho (40:16). El Espíritu vivificante está siempre dirigido hacia adentro. Externamente, Él no es ancho, pero internamente Él es muy ancho.

SE EXTIENDE DE MANERA ESPACIOSA

  Si bien Ezequiel menciona la altura del muro, no menciona la altura de la puerta. Esta omisión es bastante significativa. Todo el complejo del templo no da la impresión de altura, sino de extensión espaciosa. Incluso la altura del muro es de apenas seis codos. De acuerdo con el plano del terreno, el complejo del templo es un cuadrado de quinientos codos. Por tanto, la altura no es muy grande, pero la anchura sí lo es.

  El concepto humano es que uno debe escalar cada vez más alto hasta llegar al cielo. Ése era el concepto en la edificación de la torre de Babel. Sin embargo, la intención de Dios es llegar a ser uno con el hombre en la tierra. El deseo de Dios es venir a la tierra y propagar Su testimonio en la tierra. Por tanto, Dios vino como hombre a la tierra a fin de propagar Su testimonio en toda la tierra.

  En este mensaje hemos visto que las puertas representan a Cristo como Dios Triuno. Cristo se hizo hombre, un hombre que era “cuadrado”, recto, perfecto y completo. Cristo sobrellevó la responsabilidad y cumplió con todos los requisitos de los Diez Mandamientos a fin de abrir para nosotros un camino para que entremos en Dios mismo y en los intereses de Dios; más aún, Cristo es el testimonio de Dios y, como Aquel que fue resucitado y que es el Espíritu vivificante, ahora Él es un testigo vivo de la victoria eterna.

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