Mostrar cabecera
Ocultar сabecera
+
!
NT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Nuevo Testamento
AT
-
Navega rápidamente por los libros de vida del Antiguo Testamento
С
-
Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hechos»
Чтения
Marcadores
Mis lecturas


Mensaje 22

La propagacion en jerusalen, judea y samaria mediante el ministerio de la compañia de pedro

(17)

  Lectura bíblica: Hch. 8:4-13

  En el capítulo 8 de Hechos, encontramos muchos ejemplos que nos sirven de modelo a nosotros hoy, los cuales tienen que ver principalmente con la predicación del evangelio. En este mensaje, consideraremos cada uno de estos modelos.

EL EVANGELIO ES PREDICADO POR LOS SANTOS QUE FUERON ESPARCIDOS

  Leamos Hechos 8:4: “Así que, los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando la palabra de Dios como evangelio”. Por la soberanía de Dios los creyentes fueron dispersados desde Jerusalén hacia otras localidades mediante la persecución, y así se llevó a cabo la propagación del evangelio a fin de que se cumpliera lo dicho por el Señor en 1:8 (véase 11:19).

Un modelo que podemos aplicar a nuestra predicación del evangelio

  El primer modelo que hallamos en Hechos 8 es el de la predicación del evangelio que se efectuó por medio del esparcimiento de los santos. En Jerusalén, la predicación del evangelio la llevaron a cabo principalmente los apóstoles. Sin duda, éste es otro modelo del cual podemos aprender, pero no es el único. De serlo así, entonces la predicación del evangelio sería muy limitada. Por consiguiente, en 8:4 tenemos otro modelo de predicación: la predicación del evangelio por el esparcimiento, es decir, la emigración de los santos.

  En Hechos 8, no encontramos las palabras “emigrar” ni “emigración”. Sin embargo, la emigración está implícita en la palabra “esparcidos”. En realidad, el esparcimiento de los santos fue una emigración.

  Antes del esparcimiento de los santos en 8:4, había millares de creyentes en Jerusalén. Es probable que al igual que muchos, no quisieran mudarse; tal vez preferían quedarse donde estaban, pero el Señor fue soberano. El es el Príncipe, el Soberano de los reyes, y aunque Satanás instigó la persecución en contra de la iglesia, el Señor ejerció Su soberanía por encima de él. Todo lo que hace Satanás se halla bajo la soberanía del Señor. Por consiguiente, la persecución del capítulo ocho, en la cual miles de creyentes fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, sirvió más bien para que se extendiera el evangelio. Mediante esta dispersión, las buenas nuevas llegaron a muchas ciudades. Por consiguiente, en este capítulo encontramos el modelo de la predicación del evangelio por medio de la emigración de los santos.

  En el recobro del Señor hemos practicado por muchos años el asunto de la emigración. Por ejemplo, de 1962 a 1970 tuvimos muchos santos que se reunían con nosotros en la ciudad de Los Angeles. Luego, en 1970, empezaron algunos a emigrar, lo cual se produjo con muy buenos resultados. Cuando los santos emigran, el evangelio los acompaña. Los santos que emigran llevan el evangelio adondequiera que vayan.

  Todas las iglesias deben seguir el modelo de la emigración revelado en 8:4. Los santos no deben permanecer mucho tiempo en lugar determinado. Por el contrario, todos debemos ser emigrantes, siguiendo los pasos de nuestro padre Abraham. Abraham cruzó los ríos al emigrar de Caldea a Canaán. Así como Abraham, todos debemos aprender a emigrar y a no permanecer mucho tiempo en un mismo lugar.

Un fluir en dos direcciones

  Por algunos años muchos santos de este país no estaban dispuestos a emigrar, pero le damos gracias al Señor porque recientemente han empezado a emigrar de nuevo. En el último año, muchas iglesias han sido establecidas por medio de la emigración de los santos.

  Los santos de todas las iglesias necesitan ser motivados a emigrar. Si los santos de cierta localidad no emigran, esa localidad se convertirá en un “mar Muerto”. El mar Muerto recibe el agua del río Jordán. Una vez que el agua del río Jordán desemboca al mar Muerto, queda estancada. Si la iglesia de una localidad determinada desea evitar convertirse en un “mar Muerto”, debe cavar un “canal” que permita que el “agua” fluya hacia afuera. Quizá sería conveniente que el diez por ciento de los santos de una localidad emigren cada año. Esto permitiría una salida de “agua” sin dejar a la iglesia asolada. Por otra parte, si se permite que el agua salga, más agua entrará.

  Tomemos una manguera como ejemplo de esto. Podríamos decir que cada iglesia debe ser una “manguera” abierta en ambos extremos. Cuando una manguera está abierta de este modo, el agua puede fluir libremente, pero si tapamos la salida, el agua no podrá entrar más. Por consiguiente, la cantidad de agua que entra depende de la cantidad de agua que sale. Si deseamos obtener aumento en la iglesia, el fluir debe salir. Es sólo cuando se da un flujo hacia el exterior que la iglesia local puede ser preservada de convertirse en un mar Muerto.

  No obstante, la emigración de los santos no debe convertirse en una práctica legalista. Lo que tratamos de recalcar es que las iglesias deben seguir el modelo presentado en 8:4. Esto significa que en principio debemos estar dispuestos a emigrar.

  Por experiencia puedo testificar en cuanto a la importancia de la emigración. En un principio, yo no estaba dispuesto a mudarme sino que prefería establecerme en un solo lugar. No obstante, el Señor, quien es el Soberano de los reyes, no me permitió echar raíces y a cambio de esto, hizo de mi vida una vida de constantes viajes. Me mudé de un lado a otro, y finalmente llegué a los Estados Unidos. Después de pasar más de veinte años en este país, siento la carga de pasar más tiempo en Taiwán a causa de las necesidades de las iglesias.

Emigrar por causa del evangelio

  Deseo alentar a todos a que tomen la carga de emigrar. En lugar de emigrar por nuestro propio bienestar, debemos hacerlo por causa del evangelio. El Señor llamó a Abraham y Abraham emigró. Mientras siguió al Señor, él no tuvo ninguna carencia. Asimismo, si emigramos por el bien del evangelio, el Señor se encargará de todas nuestras necesidades. Emigrar por el evangelio equivale a emigrar por el Señor, puesto que el evangelio es el Señor mismo. El primer modelo que encontramos en el capítulo ocho de Hechos es el de la emigración de los santos con miras a la extensión del evangelio.

FELIPE PREDICA EN LA CIUDAD DE SAMARIA

Se manifiesta como evangelista

  Leamos Hechos 8:5: “Entonces Felipe, descendiendo a la ciudad de Samaria, les proclamaba el Cristo”. Este no era el apóstol Felipe (1:13), sino el Felipe que formaba parte de los siete discípulos que los apóstoles designaron para servir a las mesas (6:5). Por medio de su ministerio en la predicación del evangelio como lo relata el capítulo ocho, se manifestó que él era evangelista (21:8).

  La predicación de Cristo que Felipe efectuó en Samaria fue un paso adicional en el mover evangelístico del Señor. Con esto El se propagó como la semilla del reino de Dios desde los judíos étnicamente puros hasta los samaritanos, un pueblo mixto, para que se cumpliera la profecía que dio en 1:8.

  Según 8:4 y 5, entre los santos que emigraron de Jerusalén hubo por lo menos un evangelista. Felipe participó en esta emigración y tenía el don extraordinario de predicar el evangelio. Debido a esto finalmente le dieron el nombre de “Felipe el evangelista” (21:8).

Predica a Cristo y el reino

  En cuanto a la predicación del evangelio por parte de Felipe, 8:12 declara que él “anunciaba el evangelio del reino de Dios y el del nombre de Jesucristo”. Felipe predicó a Jesucristo como evangelio. En otras palabras, él predicó a Cristo y Cristo era su evangelio.

  Hechos 8:12 indica también que Felipe anunció como evangelio el reino de Dios, tal como lo hizo el Señor (Mr. 1:14-15; Lc. 4:43). Al igual que Felipe, nosotros también debemos predicar el evangelio cuyo contenido es Jesucristo y el reino de Dios. De hecho, Jesucristo es el reino de Dios, y como tal debemos predicarle.

  El reino de Dios es el Señor Jesús, el Salvador, como semilla de vida sembrada en Sus creyentes, el pueblo escogido de Dios (Mr. 4:3, 26), la cual se desarrolla hasta convertirse en un dominio en el que Dios puede gobernar como reino Suyo en Su vida divina. La entrada al reino se obtiene por la regeneración (Jn. 3:5), y su desarrollo se efectúa mediante el crecimiento de los creyentes en la vida divina (2 P. 1:3-11). El reino en la actualidad es la vida de iglesia, en la cual viven los creyentes fieles (Ro. 14:17), y se desarrollará hasta ser el reino venidero, el cual será una recompensa que han de heredar (Gá. 5:21; Ef. 5:5) los santos vencedores en el milenio (Ap. 20:4-6). Finalmente, tendrá su consumación en la Nueva Jerusalén como el reino eterno de Dios, la cual será el dominio eterno que contiene la bendición eterna de la vida eterna de Dios, de la cual todos los redimidos de Dios disfrutarán en el cielo nuevo y la tierra nueva por la eternidad (Ap. 21:1-4; 22:1-5, 14). Este reino, el reino de Dios, es lo que el Señor Jesús y Felipe anunciaron como evangelio, es decir, como buenas nuevas.

  En los evangelios, el Señor mismo era la semilla del reino. En Hechos vemos la propagación de esta semilla. Específicamente esta semilla fue propagada al predicar Felipe el evangelio de Jesucristo y el reino de Dios. Hoy, la mayor parte de la predicación realizada por el cristianismo excluye el reino de Dios. Por consiguiente, debemos predicar un evangelio que tenga a Cristo como contenido y que también presente a Cristo como el reino de Dios.

  Debemos experimentar a Cristo no solamente como nuestro Salvador y nuestra vida, sino también como el reino de Dios. Cuando recibimos a Cristo, recibimos un Salvador, una vida y un reino. Ahora debemos aplicar la vida del reino a nuestra vida diaria. Sólo así sabremos predicar el reino de Dios como evangelio.

  En la actualidad existen predicadores elocuentes que saben cómo motivar e inspirar a la gente. Aunque sus mensajes contienen muchas historias y ejemplos, si usted analiza el contenido de ellos, encontrará que muy poco se habla acerca de Cristo o del reino. Nuestra predicación del evangelio debe ser diferente. Debemos predicar un evangelio alto y rico que presente a Cristo como el reino de Dios. En nuestra predicación, debemos anunciar que Cristo no solamente es el Salvador y la vida, sino también el reino.

  Me alegra que Lucas hubiera señalado en su relato que Felipe predicó el evangelio de Jesucristo y del reino de Dios. Aunque Lucas no proporcionó detalles sobre la predicación de Felipe, sí declaró que Felipe predicaba a Cristo y al reino de Dios como evangelio. Debemos incorporar este modelo a nuestra predicación del evangelio.

LOS SANTOS ANUNCIAN LA PALABRA DE DIOS COMO EVANGELIO

  Ya vimos que conforme a 8:4, los que fueron esparcidos llevaron las buenas nuevas de la palabra. Además señalamos que este versículo nos presenta el modelo de la emigración de los santos para la extensión del evangelio. Ahora debemos examinar otro modelo que se menciona en este versículo: los santos anuncian la palabra de Dios como evangelio.

Llenos de la palabra del Señor

  La mayoría de la predicación de hoy contiene muy poco de la Palabra de Dios. En cambio, abundan las historias y los ejemplos. Nuestra predicación debe ser distinta. Debemos primeramente aprender la palabra contenida en el Nuevo Testamento, es decir, tenemos que estudiar el Nuevo Testamento hasta impregnarnos de él. De este modo cuando abramos nuestra boca las palabras fluirán espontáneamente y no necesitaremos valernos de tantas historias y ejemplos. Simplemente debemos ministrar la palabra a las personas.

  Aunque las personas se entretengan con las historias y ejemplos que dé un predicador, no recibirán mucho de la palabra. Esto refleja la escasez que existe en la actualidad.

  Nosotros quienes estamos en el recobro del Señor debemos abundar en la palabra del Señor. Pese a que los mensajes de Estudio-vida no contienen muchas historias, sí son ricos en Palabra de Dios. Lo que los santos necesitan no es historias; sino la palabra sólida y divina.

La palabra que trasmite a Cristo y al reino

  El evangelio que propaguemos al salir, debe anunciar el evangelio de Cristo y del reino presentados en la palabra. Sólo la palabra divina puede contener y trasmitir a Cristo y el reino de Dios. Las enseñanzas de Confucio ciertamente no pueden trasmitir a Cristo. Estas enseñanzas no pueden llevar a Cristo a los demás. Sólo la palabra santa y divina, tiene la capacidad de trasmitir a Cristo como reino de Dios a los demás.

  Cuando plantamos la palabra en los demás, plantamos también a Cristo en ellos. Los evangelios revelan que no podemos separar a Cristo de la palabra. Cristo es la semilla, y la semilla es la palabra. Por consiguiente, debemos estar llenos de la palabra y plantarla en los demás.

  En este mensaje tratamos algunos puntos cruciales relacionados con nuestra predicación del evangelio. Vimos que el contenido de nuestro evangelio debe ser Jesucristo y el reino de Dios. Además de esto, vimos que necesitamos predicar a Cristo y el reino de Dios con la palabra, tal como ella lo presenta. Si deseamos predicar a Cristo y el reino, incluso predicar que Cristo es el reino de Dios, debemos conocer las Escrituras. Debemos llenarnos e impregnarnos de la palabra divina contenida en el Nuevo Testamento.

Biblia aplicación de android
Reproducir audio
Búsqueda del alfabeto
Rellena el formulario
Rápida transición
a los libros y capítulos de la Biblia
Haga clic en los enlaces o haga clic en ellos
Los enlaces se pueden ocultar en Configuración