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Mensajes del libro «Estudio-Vida de Hechos»
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Mensaje 42

LA PROPAGACION EN ASIA MENOR Y EUROPA MEDIANTE EL MINISTERIO DE LA COMPAÑIA DE PABLO

(8)

  Lectura bíblica: Hch. 15:1-34

  Hechos 15:1-34 relata los problemas causados por los que afirmaban que para obtener la salvación, era necesario circuncidarse conforme a la costumbre de Moisés (v. 1). A causa de este conflicto, se celebró una conferencia con los apóstoles y los ancianos de Jerusalén (vs. 1-21). En este mensaje examinaremos lo que sucedió en dicha conferencia, y a qué solución se llegó (vs. 22-33).

EL TESTIMONIO DE PEDRO

La purificación de nuestros corazones por la fe

  “Y después de mucha discusión, Pedro se levantó y les dijo: Varones hermanos, vosotros sabéis cómo desde los primeros días Dios me escogió entre vosotros para que los gentiles oyesen por mi boca la palabra del evangelio y creyesen. Y Dios, que conoce los corazones, les dio testimonio, dándoles el Espíritu Santo lo mismo que a nosotros; y ninguna diferencia hizo entre nosotros y ellos, purificando por la fe sus corazones” (vs. 7-9). Las palabras de Pedro acerca de la purificación de nuestros corazones por medio de la fe, indican que a Dios no le importan las ordenanzas legalistas externas, las cuales no pueden purificar el ser interior del hombre; a El sólo le interesa la purificación interior del corazón del hombre. Esto concuerda con lo que el Señor recalcó en Marcos 7:1-23. La purificación del corazón del hombre sólo puede ser efectuada por el Espíritu Santo con la vida divina, y no por las ordenanzas externas de la letra muerta.

Tentaron a Dios

  En Hechos 15:10, Pedro añade: “Ahora, pues, ¿por qué tentáis a Dios, poniendo sobre la cerviz de los discípulos un yugo que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido llevar?” Este es el yugo de la ley, el cual consiste en estar atado bajo esclavitud (Gá. 5:1). El yugo de esclavitud mencionado en Gálatas 5:1, es la esclavitud de la ley, la cual convierte a los que la guardan en esclavos bajo un yugo que los ata. Exigir que el pueblo guarde la ley, no solamente esclaviza al pueblo, sino que además pone a prueba a Dios. Ni siquiera Dios podría, ni quiere, hacer que el hombre guarde la ley de la letra muerta.

Salvos por gracia

  En Hechos 15:11, Pedro agrega: “Antes creemos que por la gracia del Señor Jesús somos salvos, de igual modo que ellos”. Esta gracia incluye a la persona del Señor y Su obra redentora (Ro. 3:24). Pedro y los creyentes judíos fueron salvos por esta gracia, y no por guardar la ley de Moisés. En lo que a la salvación de Dios se refiere, guardar la ley no significa nada para los judíos ni para los gentiles.

Las deficiencias del testimonio de Pedro

  Según 15:7, Pedro no habló sino hasta después que hubo mucha discusión. En realidad, él no debió haber esperado hasta ese punto; más bien, debió haber dicho inmediatamente: “Hermanos, permitidme recordaros las palabras que el Señor Jesús nos habló. El dijo que nosotros seríamos Sus testigos en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta las partes más remotas de la tierra. ¿Creéis acaso vosotros que el Señor quería que circuncidáramos a los gentiles? Por supuesto que no”. Si Pedro hubiera respondido de esta manera, todos los que estaban reunidos le habrían hecho caso.

  Las palabras de Pedro en 15:7-11 fueron aceptables, pero carecían de firmeza. ¿Por qué él no citó lo dicho por el Señor en 1:8? ¿Por qué simplemente dijo que Dios lo había escogido para que los gentiles oyesen por su boca la palabra del evangelio y creyesen? Pedro más bien debió decirles: “Vosotros sabéis que desde el principio, el Señor Jesús nos comisionó para que fuésemos Sus testigos hasta lo último de la tierra”. Sin embargo, es probable que en Hechos 15 Pedro se sintiera intimidado. El no tuvo valentía ni ejerció la autoridad que la Cabeza le había conferido. Si lo hubiera hecho, habría solucionado el problema y habría detenido el “veneno” de dicha herejía desde su origen. No obstante, Pedro fracasó al no cumplir con su deber.

  En 15:8, Pedro señaló que Dios es Aquel que conoce los corazones, lo cual fue una expresión bastante débil. En lugar de esto, debió haber dicho que Dios es Aquel que planea Su economía, Su dispensación. Pablo, quien era más valiente que Pedro, habló de este modo en sus epístolas. ¿Acaso Dios les dio el Espíritu Santo a los gentiles sólo porque conocía sus corazones? ¿Fue ésta la única razón por la cual Dios purificó sus corazones por fe? ¿Creen que el Señor le dio a Pedro las llaves del reino solamente para purificar los corazones de los gentiles? Sin duda, el mensaje de Pedro contenía muchos puntos positivos, pero la presentación que hizo fue demasiado débil. Dicha debilidad nos lleva a cuestionar si él realmente conocía la economía de Dios.

  En 15:10 Pedro hace una pregunta: “¿Por qué tentáis a Dios?” En realidad, los judíos religiosos no solamente tentaban a Dios, sino que anulaban Su economía. Nuevamente, las palabras de Pedro en el versículo 10 fueron buenas, pero muy débiles. El era el principal de los apóstoles y tenía la autoridad conferida por el Señor, pero en Hechos 15 no la usó. De todos modos, alabamos al Señor por el testimonio de Pedro y por su participación.

  Ya mencionamos que Pedro debió haber recordado a todos los presentes en esa conferencia las palabras que el Señor dijo en 1:8. Además, también debió haber testificado acerca de la visión que recibió en Jope (10:9-16) y haber dicho: “Permitidme referiros lo que me aconteció en Jope. Mientras oraba en una azotea, recibí la visión de un gran lienzo en el cual había de todos los cuadrúpedos y reptiles de la tierra y aves del cielo. Entonces el Señor me ordenó que matara y comiera. Como me rehusé a hacerlo, el Señor volvió a mí una segunda y tercera vez, y me dijo lo mismo. También me dijo que lo que Dios limpió, yo no debía tenerlo por común. Después de recibir esta visión, me fui a Cesárea, y mientras hablaba a los de la casa de Cornelio, el Espíritu Santo cayó sobre todos ellos.” Por consiguiente, Pedro debió haber testificado de las palabras del Señor en 1:8, de la visión que había recibido en Jope y de lo sucedido en la casa de Cornelio. Debió haberse basado en esto para instar a todos los presentes a poner a un lado la ley, la circuncisión y las ordenanzas sobre la dieta levítica. Sin embargo, le faltó denuedo.

  Cuando el Señor Jesús se refirió a los casos de la viuda de Sarepta de Sidón, y de Naamán el sirio (Lc. 4:25-27), con lo cual implicaba que Su evangelio se volvería a los gentiles, los que estaban reunidos en la sinagoga se airaron y procuraron matarlo. En contraste con el Señor en Lucas 4, Pedro obró con mucha cautela, y no se atrevió a hablar de la visión que había recibido. El hecho de que no lo hiciera no sólo indica que le faltara denuedo, sino también que la atmósfera religiosa de Jerusalén era muy densa.

  En realidad, desde el primer momento en que brotó la herejía de la circuncisión en Jerusalén, Pedro debió haber ejercido la autoridad que recibió de parte del Señor para aclarar la situación confusa que reinaba en Jerusalén, en cuanto a la economía neotestamentaria de Dios. El debió haberse basado en la revelación dada por el Señor a él y a los demás apóstoles en 1:8, y en la visión que había recibido en Jope en el capítulo diez, la cual tenía que ver con los gentiles. Si lo hubiera hecho, tal herejía habría sido exterminada desde un principio en Jerusalén, y no se habría extendido a las iglesias del mundo gentil. No obstante, él no hizo nada al respecto, y, por consiguiente, le tocó a Pablo actuar y llevar a cabo una operación quirúrgica para cortar el cáncer racial, que bien pudo haber acabado con la economía neotestamentaria de Dios, y haber destruido el Cuerpo de Cristo.

LA INTERVENCION DE JACOBO

  Cuando Pedro terminó de hablar, toda la multitud de los que estaban reunidos calló. Luego, “oyeron a Bernabé y a Pablo, que contaban cuantas señales y prodigios había hecho Dios por medio de ellos entre los gentiles” (v. 12). Después que ellos hubieron terminado, intervino Jacobo (v. 14-21).

La manera en que citó el Antiguo Testamento

  En 15:13-14, Jacobo, mientras todos callaban, respondió diciendo: “Varones hermanos, oídme. Simeón ha contado cómo Dios visitó por primera vez a los gentiles, para tomar de ellos pueblo para Su nombre”. El nombre “Simeón” equivale a Simón (Jn. 1:40, 42).

  En los versículos 16 y 17, Jacobo cita el libro de Amos para demostrar que las palabras de los profetas concuerdan con el hecho de que Dios tomaría a los gentiles como pueblo para Su nombre: “Después de esto volveré y reedificaré el tabernáculo de David, que está caído; y repararé sus ruinas, y lo volveré a levantar, para que el resto de los hombres busque al Señor, y todos los gentiles, sobre los cuales es invocado Mi nombre”. El tabernáculo de David se refiere al reino de Israel. Reedificar el tabernáculo de David es restaurar el reino de Israel.

Exaltó a la nación de Israel

  La cita que Jacobo escogió del Antiguo Testamento exalta a la nación de Israel. En Hechos 1:6, vimos que los apóstoles le preguntaron al Señor Jesús: “¿Señor, restaurarás el reino de Israel en este tiempo?” El reino de Israel, el cual los apóstoles y otros judíos devotos buscaban, era un reino material, a diferencia del reino de Dios, el cual es un reino de vida que Cristo edifica mediante la predicación de Su evangelio. Cuando los apóstoles le hicieron esta pregunta al Señor respecto de la restauración del reino de Israel, El les contestó: “No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre dispuso por Su propia potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y seréis Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” (vs. 7-8). A pesar de que el Señor ya había pronunciado estas palabras, vemos que Jacobo, al tratar de corregir el problema en Hechos 15, exaltó una vez más a la nación de Israel. Las palabras “para que” en 15:17 indican que primero el Señor reedificaría a la nación de Israel y que luego los gentiles, el resto de la humanidad, buscaría al Señor.

Una profecía acerca de la era venidera

  En realidad, el pasaje del Antiguo Testamento que Jacobo citó no correspondía con la situación de Hechos 15, pues éste trata sobre una profecía relacionada con la reedificación de la nación de Israel, lo cual tendrá lugar cuando el Señor regrese. Según dicha profecía, cuando venga ese tiempo, todas las naciones buscarán al Señor. En Zacarías 8 hay otra profecía similar, según la cual, después de que la nación de Israel sea restaurada, “vendrán muchos pueblos y fuertes naciones a buscar a Jehová de los ejércitos en Jerusalén, y a implorar el favor de Jehová” (Zac. 8:22). Si estudiamos detenidamente las Escrituras, veremos que estos pasajes no se aplican a la era presente de la gracia, sino al tiempo que sigue al regreso del Señor. En la era venidera, el Señor reedificará el tabernáculo caído de David, es decir, restaurará a la nación de Israel. Entonces los gentiles vendrán a Israel a buscar al Señor.

  Al escuchar que el pasaje usado por Jacobo en Hechos 15 se refiere a la era venidera, tal vez algunos digan: “Ustedes no deberían interpretar los versículos que usó Jacobo de esa manera; más bien deberían interpretarlos tomándolos como principio. Lo que Jacobo trataba de decir es que en principio, tarde o temprano, el Señor vendrá a los gentiles”. Sin embargo, con relación a la situación de Hechos 15, no es acertado decir que tarde o temprano vendrán los gentiles. En este capítulo, Jacobo citó el Antiguo Testamento sin ningún discernimiento, pues los versículos que citó no se aplican a la era presente, sino a la venidera. Por tanto, todo lo que hizo Jacobo fue tomar una cita del Antiguo Testamento.

La manera en que el Señor Jesús y Pablo citaron el Antiguo Testamento

  En este momento resultaría útil comparar la forma en la que Jacobo citó el Antiguo Testamento, con la forma en que el Señor Jesús lo hizo en Lucas 4. Al citar los casos de la viuda y de Naamán, el Señor indicó que Dios estaba a punto de desechar a la nación de Israel, y que se volvería a los gentiles. El habló con tal denuedo, que los que se encontraban en la sinagoga se ofendieron y quisieron matarlo. Jacobo, por el contrario, trató de congraciarse con los judaizantes, pues en lugar de decirles que Dios desecharía a la nación de Israel, les dijo que Dios iba a reedificar primero la nación de Israel y que luego se volvería a los gentiles. Si comparamos la manera en que Jacobo usó el Antiguo Testamento con la forma en que el Señor lo hizo, veremos que Jacobo citó las Escrituras muy débilmente.

  Al igual que el Señor Jesús, Pablo también fue muy osado al citar el Antiguo Testamento. Observe lo que él hizo en Hechos 13. Cuando los judíos rechazaron la palabra del evangelio, Pablo les dijo con denuedo: “A vosotros era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; más puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles” (v. 46), e inmediatamente después citó Isaías 49:6: “Te he puesto para luz de los gentiles, a fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra”. Como ya hemos indicado, este pasaje se refiere a Cristo como el Siervo de Dios, a quien Dios puso por luz de los gentiles a fin de que Su salvación llegara hasta lo último de la tierra. Puesto que el apóstol Pablo era uno con Cristo al llevar a otros la salvación de Dios, él se aplicó a sí mismo estas palabras proféticas, al ministrar el evangelio, para que éste pasara de los judíos a los gentiles, a causa del rechazo de aquéllos. El Señor, durante Su ministerio terrenal, dijo lo mismo a los obstinados judíos en Lucas 4:24-27. En Hechos 13, Pablo dijo que ellos se volvían a los gentiles, no porque Dios ya hubiera reedificado la nación de Israel, sino debido a que los judíos rechazaron la palabra de Dios.

  Las palabras de Jacobo en Hechos 15, y la cita que usó, fueron bien recibidas. Si él hubiera sido tenido la misma firmeza del Señor Jesús y de Pablo, y si hubiera citado los pasajes correctos del Antiguo Testamento, los cuales revelan que Dios desecharía a la nación de Israel y se volvería a los gentiles, los judaizantes se habrían vuelto en su contra.

  La manera errónea en que Jacobo citó el Antiguo Testamento, debe enseñarnos que debemos aprender a estudiar la Biblia apropiadamente. Debemos ver más allá de la palabra escrita. Si verdaderamente conocemos la Biblia, daremos un juicio acertado con respecto a la manera en que Jacobo citó el Antiguo Testamento. Me pregunto por qué Jacobo no citó las palabras que el Señor habló en Hechos 1:8, las cuales eran muy claras y contundentes, en lugar de haber dado una cita del Antiguo Testamento que no venía al caso. Esto demuestra que Jacobo permanecía en el Antiguo Testamento, más que en la economía neotestamentaria de Dios.

Emitió su juicio

  En 15:19 y 20, Jacobo prosiguió con su discurso, y finalmente dictaminó su juicio: “Por lo cual yo juzgo que no se inquiete a los gentiles que se convierten a Dios, sino que se les escriba que se abstengan de las contaminaciones de los ídolos, de fornicación, de ahogado y de sangre”. Estas palabras están muy por debajo del nivel de las palabras de Pablo, cuando éste habló a los creyentes en los capítulos trece y catorce. Supongamos que alguien nos dijera: “Queridos santos, ustedes saben que vivimos en una generación perversa, llena de idolatría y de fornicación. Por lo tanto, les exhorto a que se abstengan de las contaminaciones de los ídolos, de la fornicación, y de todo lo ahogado y de sangre”. No creo que quedaríamos satisfechos con tal exhortación; sin embargo, esto fue lo que Jacobo comunicó en Hechos 15.

  En el versículo 21, Jacobo declara las razones por las que emitió su juicio: “Porque Moisés desde antiguas generaciones tiene en cada ciudad quien lo proclame en las sinagogas, donde es leído cada día de sábado”. Este versículo revela la base de las palabras dichas por Jacobo, según la cual, para solucionar el problema causado por los judaizantes heréticos, debía tomarse en cuenta el hecho de que la ley de Moisés era leída en las sinagogas cada sábado. Sobre esta base, Jacobo exhortó a los gentiles a que se abstuviesen de las contaminaciones de los ídolos, de la fornicación, de todo lo ahogado y de sangre. Tal solución no debe haberle satisfecho a Pablo, quien declaró en Gálatas 2:19: “Yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios”. Lo que Jacobo comunicó contrasta con estas palabras, y causa que los creyentes neotestamentarios regresen a la ley. Esto indica que la conclusión dada por Jacobo estaba bajo la influencia de la ley mosaica, debido a sus profundas raíces judías. Como veremos, él seguía bajo la influencia de este trasfondo, aun durante la última visita de Pablo a Jerusalén (Hch. 21:20-26).

  Según lo que declara Jacobo en su epístola, podemos deducir que él era muy religioso. Posiblemente debido a esto y a su perfección cristiana práctica, él era considerado una columna de la iglesia en Jerusalén, junto con Pedro y Juan, entre los cuales él era considerado la columna principal (Gá. 2:9). Sin embargo, carecía de una revelación clara acerca de la economía neotestamentaria de Dios en Cristo, puesto que aún se encontraba bajo la influencia de la vieja religión judía, cuyos rudimentos eran adorar a Dios con ceremonias y llevar una vida en el temor a Dios. Esto comprueba lo dicho en Hechos 21:20-24 y Jacobo 2:2-11.

  Jacobo 2:8-11 indica que los judíos contemporáneos de Jacobo que habían creído seguían observando celosamente la ley del Antiguo Testamento. Esto corresponde con lo que Jacobo y los ancianos de Jerusalén le dijeron a Pablo en 21:20. Jacobo, los ancianos de Jerusalén, y miríadas de creyentes judíos aún permanecían en una mezcla de fe cristiana y ley mosaica. Incluso le aconsejaron a Pablo que practicara tal mezcla judaica (Hch. 21:17-26). Ignoraban que la dispensación de la ley ya había terminado, y que ahora debían honrar la dispensación de la gracia. Hacer caso omiso a la distinción entre estas dos dispensaciones, contradecía la administración dispensacional de Dios, y dañaba en gran manera el plan de Dios en Su economía con respecto a la edificación de la iglesia como expresión de Cristo.

  Cuanto lamento que el juicio de Jacobo se basara totalmente en su piedad, en su vida religiosa, lo cual indicó al referirse a la abstención del culto a los ídolos, de la fornicación, de lo ahogado, y de sangre. El no se basó en lo absoluto en la administración de la economía neotestamentaria de Dios. Esto demuestra que aún permanecía bajo la densa atmósfera de su trasfondo judío, y no bajo el cielo despejado de la economía neotestamentaria de Dios.

LA SOLUCION

  Hechos 15:22-33 describe la solución dada al problema. Dicha solución en realidad fue una simple negociación, pero fue mejor que nada.

  Los versículos 23-29 presentan la carta que escribieron los de Jerusalén, la cual enviaron por medio de Pablo y Bernabé a Antioquía. En el versículo 26, vemos que Bernabé y Saulo eran considerados como “hombres que han arriesgado sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesucristo”. La palabra “vidas” se traduce literalmente “almas”, y se refiere no solamente a sus vidas, sino al propio ser de ellos, al cual habían renunciado por causa del nombre del Señor.

  Leamos los versículos 30-31: “Ellos, pues, habiendo sido despedidos, descendieron a Antioquía, y reuniendo a la multitud, entregaron la carta; habiendo leído la cual, se regocijaron por la consolación”. Por una parte, los creyentes de Antioquía se regocijaron porque no necesitaban ser circuncidados. Por otra, todavía tenían que guardar ciertos requisitos de la ley. El “zorro” de la ley había sido sepultado, pero aún quedaba la “cola” al descubierto. La solución a la que se llegó fue una simple negociación.

  El capítulo dieciocho de Hechos revela que ni siquiera Pablo estuvo exento de la influencia judaica. Leamos el versículo 18: “Mas Pablo, habiéndose detenido aún muchos días allí, después se despidió de los hermanos y navegó a Siria, y con él Priscila y Aquila, habiéndose rapado la cabeza en Cencrea, porque tenía hecho voto”. Este era un voto privado que los judíos hacían en cualquier lugar, según el cual se rapaban la cabeza en señal de acción de gracias. Difería del voto nazareo, el cual se tenía que llevar a cabo en Jerusalén, rasurándose la cabeza. Pablo era judío, y por ende, guardaba dicho voto, pero nunca lo impuso a los gentiles. Conforme al principio de su enseñanza con respecto a la economía neotestamentaria de Dios, Pablo debió haber renunciado a todas las prácticas judías, las cuales pertenecían a la dispensación del Antiguo Testamento. Sin embargo, practicó ese voto. Aún no logro entender que Pablo, el autor de las epístolas a los Romanos y a los Gálatas, hiciera tal voto. En principio, él estaba equivocado, aunque no en el mismo grado que Jacobo en Hechos 21. Como veremos más adelante, el Señor no toleró que Pablo se uniera a los que habían hecho un voto nazareno.

  El hecho que queremos recalcar es que la solución dada al problema de Hechos 15 fue una negociación. A pesar de que se proveyó una solución, y se calmó la tormenta, la raíz del veneno no se extirpó totalmente, debido a lo cual volvió a aflorar en el capítulo veintiuno. La mezcla que observamos en Hechos 21, era la misma que se encontraba en Hechos 15. Era una mezcla religiosa, que confundía la economía neotestamentaria de Dios con la religión judía, la cual pertenecía a la antigua dispensación. Dicha mezcla fue el resultado de haber hecho concesiones, lo cual impidió que se llegara a una solución definitiva. Con todo y eso, una solución parcial fue mejor que nada.

DEBEMOS APRENDER A CONFRONTAR LA ACTUAL TENDENCIA A TRANSIGIR

  En principio, la situación actual es semejante a la que encontramos en el libro de Hechos. Hoy en día existe una marcada tendencia a transigir. Por consiguiente, al estudiar la Biblia no sólo debemos aprender doctrinas, sino también recibir las advertencias y ser perfeccionados en cuanto a cómo confrontar la situación actual.

  En 1964, compuse algunos himnos que revelaban que Cristo es el Espíritu. Un día, un colaborador y amigo mío me dijo: “Es cierto que el Nuevo Testamento declara que Cristo es el Espíritu, pero si enseñamos esto, los cristianos no lo recibirán muy bien. Así que es mejor que no enseñemos esta verdad”. Entonces le respondí: “Martín Lutero recobró la verdad de la justificación por la fe, y la Iglesia Católica se opuso a ello. Si debido a la resistencia de la Iglesia Católica Lutero hubiera decidido no enseñar esta verdad, ¿Cómo podía ser recobrada?”

  Algunos santos que antes estuvieron entre nosotros en el recobro del Señor transigieron en cuanto a las enseñanzas del hermano Nee. Pese a que sabían lo que él enseñaba, no se atrevieron a enseñar lo mismo por temor al cristianismo tradicional, sino que prefirieron transigir. En la traducción de ciertos libros del hermano Nee, el traductor incluso cambió algunas de sus palabras para evitar ser blanco de críticas.

  En 1964 me invitaron a hablar por cuarta o quinta vez a un grupo cristiano en Dallas. El hermano que me hospedaba me advirtió: “Hermano Lee, le recomiendo que no hable de la iglesia, pues esto no le gustará a la gente de aquí. Es mejor que dé mensajes que presenten a Cristo como nuestra vida. Esto es lo que más nos gusta y más ayuda nos proporciona”. En lugar de responderle con un sí o un no, le dije: “Hermano, mientras ministre a Cristo como vida, esto inevitablemente me llevará a la verdad de la iglesia. ¿Cómo puede pedirme que ministre a Cristo y esperar que luego no hable de la iglesia?” Le dije además que mi ministerio es uno que imparte a Cristo, y que dicho ministerio siempre resultará en la verdad de la iglesia.

  Estuve una semana ministrándole a dicho grupo cristiano, y no hablé de la iglesia sino hasta la última noche de la conferencia. No pude contener más en mi espíritu el callar la verdad de la iglesia. Así que, no me importó si no me volvían a invitar. Yo sentí que debía hablar sobre la iglesia. Cuando le pedí a la congregación que leyera Romanos 12, el hermano que me hospedaba supo en ese momento que yo iba a hablar del Cuerpo de Cristo, la iglesia. Los hermanos que me habían invitado se sintieron decepcionados. Sin embargo, esa noche hablé de la iglesia con denuedo y gracias a ese mensaje, una persona fue ganada para el recobro del Señor.

  Casos como estos nos enseñan que no debemos ceder. Espero que este estudio de Hechos nos lleve a aprender cómo afrontar la situación actual, en la que se tiende tanto a transigir.

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